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sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Cuál es el trasfondo existente, detrás del relato de “Las diez plagas de Egipto”?


Y partiendo de la base que dicho relato, que encontramos en los capítulos del 5 al 12 del libro de Éxodo, es junto con el del diluvio del día de Noé y el de la destrucción de Sodoma y Gomorra, de los más conocidos eventos del registro escritural por el ser humano y en especial, por los aquellos que se reconocen como “cristianos”; sin embargo y en una total falta de interés en lo que nos quiere enseñar Dios, el mundo en general pasa por alto la enseñanza contenida en ellos y que, lógicamente, trasciende al relato es sí mismo. Por ejemplo, cuando analizamos los hechos del episodio mencionado en el titular que da pie a este escrito, vemos que ocurrió algo muy interesante: cuando Moisés y Aarón, representando a Jehová, empezaron a ejecutar ante Faraón las plagas contra Egipto, los “sacerdotes practicantes de magia” de este (Janes y Jambres, entre otros) lograban imitarlas, como también anteriormente habían logrado convertir su varas en culebras grandes: si Aarón golpeaba las aguas y las convertía en sangre, los sacerdotes del Faraón hacían lo mismo; si Aarón golpeaba el río con su vara y subían las ranas sobre Egipto, los sacerdotes también lo hacían. Seguramente y a esas alturas de la película, Faraón y sus brujos creían que estaban poniendo en ridículo a Moisés, a Aarón y, en consecuencia, al mismísimo Dios de Israel que los había enviado. Pero ya en la tercera plaga (la de los “jejenes” o piojos), la historia comienza a dar un giro para ellos insospechado: los sacerdotes de Faraón, viendo que la plaga de los piojos se volvía incontenible y que ellos no podían producirlos, reconocen ante este la indudable intervención divina en el asunto:

Y trataron de hacer lo mismo los sacerdotes practicantes de magia por sus artes ocultas, a fin de producir jejenes, pero no pudieron. Y los jejenes llegaron a estar sobre hombre y bestia. 19 Por lo tanto, los sacerdotes practicantes de magia dijeron a Faraón: “¡Es el dedo de Dios!”. Pero el corazón de Faraón continuó obstinado y no les escuchó, tal como había hablado Jehová.” (Éxo. 8:18-19).

Pero dichos sacerdotes, practicantes de magia, tenían que haber reconocido mucho antes este extremo, por la siguiente cuestión: si bien esos sacerdotes y hechiceros pudieron imitar las tres primeras muestras de poder llevadas a cabo por Moisés pues, por ejemplo, en el caso de las culebras y que no era propiamente una plaga, sino una señal, pudieron también transformar sus varas en reptiles, resultó que la vara de Aarón trasformada en culebra se “merendó” a las culebras de ellos; y en el caso de la primera plaga y la segunda (agua en sangre y ranas), si bien es cierto que pudieron copiarlas, no es menos cierto que no pudieron eliminarlas y por lo que Faraón tuvo que recurrir a Moisés, para que este intercediera ante Jehová y se les librara de esas plagas, así como ocurrió con las restantes. Y es que una cosa era copiar una plaga y otra muy distinta, poderla erradicar, pues sólo Dios podía hacer eso, ya que el infinito poder de Este tiene esa peculiaridad inimitable…… y lo que llevó a entender a los sacerdotes de Egipto, aquello que a Faraón le costó sufrir otras siete para darse cuenta de ello: el auténtico poder de Jehová no se manifestaba solo trayendo la plaga, sino erradicándola y algo que dichos sacerdotes en ningún momento pudieron hacer.

Ahora bien, volviendo a la esencia que inspira este artículo ¿qué ocurrió con aquellos que fueron liberados de la esclavitud en Egipto y salieron de este, aún sobrecogidos ante la visión del inmenso poder desplegado por su Dios? Nos dicen las Escrituras que, además de los israelitas, también salió con ellos una “vasta compañía mixta” de personas no israelitas, atónitas y convencidas ante lo que acababan de ver; y es que no podemos olvidar que durante el tiempo en que Israel fue residente forastero en Canaán y Egipto, muchas personas de esas naciones llegaron a formar parte de las casas de los hijos de Jacob y sus descendientes. Esto se debió, a que contrataron siervos que vivían con la familia y compraron esclavos que, de acuerdo con los términos expresados en el pacto con Abrahán, tenían que ser circuncidados (Gén. 17:9-14); por otra parte, sumémosle a ello algunos matrimonios mixtos y su lógica descendencia, que también figuraban entre los que componían dicha “vasta compañía mixta” que acompañó a los israelitas en su éxodo hacia una nueva tierra y con lo que el total de personas que salieron de Egipto, probablemente, rondaría los tres millones de almas (Éxo. 12:37-38)…… pero veamos cómo nos resume Pablo, las “andanzas” de esas personas tras su salida de Egipto:

Ahora bien, estas cosas llegaron a ser nuestros ejemplos, para que nosotros no seamos personas que deseen cosas perjudiciales, tal como ellos las desearon. 7 Ni nos hagamos idólatras, como hicieron algunos de ellos; así como está escrito: “Se sentó el pueblo a comer y beber y se levantaron para divertirse”. 8 Ni practiquemos fornicación, como algunos de ellos cometieron fornicación, de modo que cayeron, veintitrés mil de ellos en un día. 9 Ni pongamos a Jehová a prueba, como algunos de ellos lo pusieron a prueba, de modo que perecieron por las serpientes. 10 Ni seamos murmuradores, así como algunos de ellos murmuraron, de modo que perecieron por el destructor. 11 Pues bien, estas cosas siguieron aconteciéndoles como ejemplos y fueron escritas para amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado.” (1 Cor. 10:6-11).

No pasemos por alto, que estamos hablando de personas que habían visto el inmenso poder de Dios en acción en múltiples ocasiones (luego no podían alegar ignorancia), pues no solo los sacó de Egipto, el imperio más poderoso del mundo en ese momento, sino que les partió un mar para proveerles escape y los mantuvo por mucho tiempo, dándoles comida y agua en medio de un desierto “grande e inspirador de temor”, mientras que “ni su ropa se ajó, ni si sus sandalias se gastaron de sobre sus pies” (Deut. 1:19; 29:5). Y con respecto del agua, no olvidemos que el pueblo de Israel tenía como requisito el ser un pueblo limpio, tanto en lo moral como en lo físico y para esto último se precisaba de mucha agua…… y estamos hablando de un transitar por cuarenta años en un desierto; luego queda claro que las divinas manifestaciones de poder las podían percibir a diario (con el “maná”, por ejemplo).

Sin embargo, estaremos de acuerdo en que su conducta no parece estar acorde con la de personas que han percibido en su propia carne, los directos beneficios de la actuación divina y con lo que llegamos al meollo de la cuestión que nos ha impulsado a publicar este escrito y cuestión que se podría caricaturizar con la siguiente historia (real o ficticia, no lo sabemos, pero en todo caso extremadamente ilustrativa de lo que queremos decir), en donde se ve reflejado el estúpido actuar del ser humano en general. Y es que se cuenta que, estando de viaje el Rabí Menajem Najum, el Maguid de Chernobyl (1730 – 1787) y fundador de dicha dinastía, decidió pernoctar en una posada del camino; el dueño de la posada, también judío y bastante simple, viendo a Rabí Najum y ya muy adentrada la noche, en una posición de recogimiento que le intrigó, se atrevió a preguntarle qué estaba haciendo. El Rabí Najum interrumpió su rezo y le dijo que estaba implorando a Dios, para que llegara el Mesías y regresara a todos los judíos de vuelta a su tierra Israel. Anonadado, el hombre subió las escaleras que llevaban a sus aposentos personales, despertó a su mujer y le dijo:

¡Querida! Hay un judío abajo que está rezando para que llegue el Mesías y podamos volver todos a Israel”.

La mujer, medio dormida, se restregó los ojos y después de un instante de vacilación, le dijo:

¿Y qué va a ser de nuestra granja, nuestras vacas y nuestros caballos?”.

Perturbado, el hombre volvió a bajar e interrumpiendo nuevamente al Rabí Najum, le dijo:

Pero Rabí… ¿qué va a ser de nuestra granja, de nuestras vacas y de nuestros caballos?”.

El Rabí Najum se le quedó mirando por un momento y viendo el poco alcance del hombre, intentó razonar con él:

Vamos a ver, querido amigo: cuando vienen los cosacos y saquean todo lo que tienes ¿eres feliz? ¿Es eso, acaso, lo que te gusta? ¿Quieres que tu vida sea siempre igual? Sin embargo, cuando llegue el Mesías, vamos a poder volver todos a Israel y se acabaron los cosacos…… ¿entiendes? ¡Adiós cosacos! ¡Se acabaron todos nuestros problemas!

De nuevo el hombre quedó impresionado y volvió a subir desesperado dónde a su mujer y le contó la respuesta del Rabí Najum.

Querida... Llega el Mesías... ¡Adiós cosacos! ¡Se acabaron nuestros problemas!”.

La mujer miró con fijeza a su marido y después de meditar por unos segundos, le dijo:

Baja a ver a ese tal Rabí Najum y dile que rece para que el Mesías se lleve a los cosacos a Israel y nos deje a nosotros aquí, con nuestra granja, nuestras vacas y nuestros caballos”.

Y la conclusión de dicho relato, ficticio o real y al que nuestro amigo el castizo calificaría su razonamiento final como del “ser más corto que una cuerda que no llega”, nos sirve de moraleja para nuestros días, pues no es más que un reflejo de cual era en realidad el verdadero problema con el que se enfrentaba Moisés y que no era tanto Faraón, como la obstinación del pueblo de Israel; porque no se trataba tanto de lidiar con Faraón para sacar a la nación de Israel de Egipto y que se llevó a cabo en apenas un mes, como el sacar a Egipto de la mente Israel y que implico 40 años de vagar en un desierto y el que Jehová eliminara la generación entera de aquellos que habían vivido en Egipto…… dificultad que queda probada, con lo que ocurrió solo 45 días después de haber experimentado la sobrecogedora manifestación de poder que los libró de la esclavitud y de la que probablemente aún no se habían recuperado, pero en dónde su “yo” interno ya empezaba a tomar cartas en el asunto:

Más tarde partieron de Elim y por fin llegó toda la asamblea de los hijos de Israel al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de haber salido de la tierra de Egipto. 2 Y toda la asamblea de los hijos de Israel empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto. 3 Y siguieron diciéndoles los hijos de Israel: “¡Si siquiera hubiéramos muerto por la mano de Jehová en la tierra de Egipto, mientras nos sentábamos junto a las ollas de carne, mientras comíamos pan hasta quedar satisfechos, porque ustedes nos han sacado a este desierto para hacer que toda esta congregación muera de hambre!”.” (Éxo. 16:1-3).

Ello llevó a que ese pueblo viviera otra gran manifestación del poder de Jehová, cuando les llenó el campamento de codornices y por la mañana se encontraron con el maná que caía del cielo; pero ni eso fue suficiente, pues poco tiempo después, volvieron “con la burra en el pesebre”, exclamando:

Y la muchedumbre mixta que se hallaba en medio de ellos expresó anhelo egoísta y también los hijos de Israel se pusieron a llorar de nuevo y a decir: “¿Quién nos dará carne para comer? 5 ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto (y olvidándose que allí no eran más que esclavos y se les trataba a latigazos), de los pepinos y las sandías y los puerros y las cebollas y el ajo! 6 Pero ahora nuestra alma se halla seca. Nuestros ojos no se posan en cosa alguna sino en el maná”.” (Núm. 11:4-6). (Acotación nuestra).

O sea, que no solo no valoraron lo que se les estaba dando de manera milagrosa, sino que incluso llegaron a despreciarlo, además de no valorar el hecho de que eran libres y algo por lo que por tanto tiempo suspiraron; pero es que para más inri, cuando estaban ya a punto de entrar en la tierra prometida y de la que “manaba leche y miel” (Éxo. 3:8), merced a un mal informe de algunos de los espías que se mandaron a inspeccionar el terreno (y circunstancia que no hizo más que resaltar lo que había en el corazón de aquel pueblo, que dos años y algunos meses antes había sido sacado con gran poder de la esclavitud en Egipto), aquellas personas se lamentaron en los siguientes términos:

Entonces toda la asamblea alzó la voz y el pueblo siguió dando salida a su voz y llorando durante toda aquella noche. 2 Y todos los hijos de Israel empezaron a murmurar contra Moisés y Aarón y toda la asamblea empezó a decir contra ellos: “¡Si siquiera hubiéramos muerto en la tierra de Egipto, o si siquiera hubiéramos muerto en este desierto! 3 ¿Y por qué está Jehová llevándonos a esta tierra para caer a espada? (estaban imputando malos motivos a Jehová). Nuestras esposas y nuestros pequeñuelos llegarán a ser botín. ¿No es mejor volvernos a Egipto?”. 4 Hasta se pusieron a decir unos a otros: “¡Nombremos un cabeza y volvámonos a Egipto!”.” (Núm. 14:1-4). (Acotación nuestra).

Luego queda claro, que nada de lo habían visto durante todo el tiempo en que Jehová había estado obrando en su favor, fue suficiente para hacerles desistir de su idea de retornar a un pasado en el que habían sido esclavos de un sistema opresivo y que les mantenía apartados de su relación con su Dios…… como hemos dicho, fueron necesarios cuarenta años más de vagar por el desierto (Núm. 14:28-34), para que se extinguiera aquella generación y se levantara otra que no conocía Egipto:

Pero todos los hombres que han estado viendo mi gloria y mis señales que he ejecutado en Egipto y en el desierto y, no obstante, han seguido poniéndome a prueba estas diez veces y no han escuchado mi voz, 23 nunca verán la tierra acerca de la cual juré a sus padres, sí, ninguno de los que me tratan sin respeto la verán.” (Núm. 14:22-23).

Bien, dicho lo cual, veamos qué hay de moraleja en toda esta historia y que al igual que en relato del Rabí Najum, se nos señala a grado cabal la capacidad de estupidez que atesora el ser humano, porque veamos: estamos en el momento en que la humanidad y al igual que el pueblo de Israel en su momento, será liberada de la brutal opresión de los gobiernos humanos bajo el dominio satánico, por el Moisés Mayor, eso es, Jesucristo, para ser introducidos en una tierra en la que realmente “manará leche y miel” (sinónimo de abundancia, calidad y excelencia) y que se conoce por “El reino de Dios”, en donde disfrutaremos del gozo de una vida plena, o lo que es lo mismo, libres ya de cosas tales como enfermedades, vejez o muerte y bajo el amoroso cuidado de nuestro Creador. Sin embargo, pocas personas en la humanidad aceptan dicho mensaje esperanzador y contenido en las Escrituras, pues están apegadas como en esclavitud a este “Egipto” atípico que es el mundo actual en el que vivimos y lo prefieren, pues se apegan a la vieja máxima de que “más vale malo conocido, que bueno por conocer” y con lo que están rechazando la amorosa dádiva de Dios, de restaurar a la humanidad a la perfección…… pues al igual que la mujer de la ilustración mencionada, se aferran a lo miseria de lo que poseen (por mucho que esto sea), pues está destinado a la destrucción, antes que aceptar la riqueza de tener una buena relación con nuestro Dios Jehová y disfrutando de una vida eterna en deleitable abundancia de paz y felicidad, bajo su gobierno eterno (Sal. 37:10-11).

Y es que estableciendo una correlación en los tiempos, estamos actualmente en una situación tan convulsa como la que vivieron esas gentes durante las plagas y poco antes de ser liberadas; luego ahora es el momento de tomar acción y poder ser de la partida de los que entrarán en esa venidera tierra en la que “mana leche y miel” y que como hemos dicho es el reino de Dios en manos de Jesucristo…… y que estamos en tiempos convulsos que se asemejan a aquellos del antiguo Egipto en el momento de las plagas, nos lo recuerdan unas palabras que encontramos en las Escrituras y dirigidas a nosotros, los que vivimos en los últimos días de este mundo tal como lo conocemos:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos: “Todavía una vez -es poco tiempo- y voy a mecer los cielos y la tierra y el mar y el suelo seco. 7 Y ciertamente meceré todas las naciones y las cosas deseables de todas las naciones tienen que entrar; y ciertamente llenaré de gloria esta casa”, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Ageo 2:6-7).

Que estas palabras tenían un contenido futuro, queda probado por el hecho de que el escritor de la carta a los hebreos, las cita como un acontecimiento aún distante en su tiempo (Hebr. 12:26-28); ahora bien ¿qué se nos quiere decir con la expresión “y las cosas deseables de las naciones tienen que entrar”? Pero antes de responder a dicha cuestión, sería menester considerar el hecho de que hay una total disensión entre las distintas traducciones, acerca del contenido de dicho pasaje y que nosotros transcribimos, como tenemos por costumbre, de la TNM de los TJ y que es por mucho la más clarificadora y entendible de las que usted puede encontrar en el mercado, pues es la que generalmente, más se ajusta al verdadero sentido del texto del que se trate (ya harina de otro costal, es la aplicación que dichos señores hagan de su buena interpretación); dicho lo cual, veamos como vierte dicho pasaje de Ageo 2:6-7, la versión RV 1960:

Porque así dice Jehová de los ejércitos: “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7 y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos”.”

Esta traducción, una de las más nefastas a nuestro entender de cuantas tenemos a nuestro alcance, dirige su atención a la venida del “Deseado de todas las naciones”, obviamente apuntando a Jesucristo o en todo caso, al reino de Dios y que vendría a ser lo mismo; pero la pregunta es la siguiente: ¿Es cierto que en estos días finales y que son a los que apunta dicha profecía, las naciones “suspiran” por la venida de este personaje, o por la pronta instauración del reino de Dios? ¿O no será más bien, que las “naciones” ni quieren oír hablar de ambos? Siendo cierto esto último, vemos que nos encontramos ante una interpretación de dicho pasaje y por decirlo de manera suave, manifiestamente mejorable; luego veamos que nos dicen del mismo, otras traducciones:

DHH: “…… “Dentro de poco haré temblar el cielo y la tierra, el mar y la tierra firme. 7 Haré temblar a todas las naciones y traerán sus riquezas, y mi templo se llenará de gloria”. El Señor todopoderoso lo afirma.”

NTV: “El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: “Dentro de poco, haré temblar los cielos y la tierra, los océanos y la tierra firme una vez más. 7 Haré temblar a todas las naciones y traerán los tesoros de todas las naciones a este templo. Llenaré este lugar de gloria -dice el Señor de los Ejércitos Celestiales-”.”

BLP: “Porque dice también el Señor del universo: Dentro de poco tiempo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y los continentes; 7 haré temblar a todas las naciones. Llegarán aquí todas las naciones con sus valiosos tesoros, y llenaré este Templo de esplendor -oráculo del Señor del universo-”.”

TLA: “Yo soy el Dios de Israel y dentro de poco tiempo haré temblar el cielo y la tierra; ¡sacudiré el mar y la tierra firme! 7 Haré que tiemblen todas las naciones; haré que me traigan todas sus riquezas para llenar con ellas mi templo.”

PDT: “…… pues esto dice el SEÑOR Todopoderoso: Una vez más, muy pronto, voy a sacudir los cielos y la tierra, 7 el mar y la tierra firme. Voy a sacudir a todas las naciones, llegarán aquí todos sus tesoros y llenaré este templo de esplendor”, dice el SEÑOR Todopoderoso.”

NVI: “…… porque así dice el Señor Todopoderoso: “Dentro de muy poco haré que se estremezcan los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme; 7 ¡haré temblar a todas las naciones! Sus riquezas llegarán aquí, y así llenaré de esplendor esta casa -dice el Señor Todopoderoso-”.”

Ahora bien ¿qué son esas riquezas o tesoros que tienen que llegar al templo de Dios, para que este se llene “de esplendor y de gloria”? ¿Estaríamos hablando de oro, plata o piedras preciosas, eso es, tesoros literales? Obviamente no, pues se nos está hablando de un templo espiritual (1 Cor. 3:16-17; 2 Cor. 6:16); por otra parte y dado que en Ageo 2:8, Jehová menciona que tanto el oro como la plata ya “son suyos”, no se entiende que nadie se los tenga que traer para gloria de ningún templo; luego ¿de qué estaríamos hablando con ese “hacer temblar”, “sacudir”, estremecer” o el “mecer” a todas las naciones y que tiene que resultar en “tesoros” que llegarán a “la casa de Jehová”, para gloria y esplendor de esta? Pero para entenderlo, leamos de nuevo dicho pasaje de Ageo 2:6-7 en la primera versión que hemos utilizado, eso es, la TNM:

Porque esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos: Todavía una vez -es poco tiempo- y voy a mecer los cielos y la tierra y el mar y el suelo seco. 7 Y ciertamente meceré todas las naciones y las cosas deseables de todas las naciones tienen que entrar; y ciertamente llenaré de gloria esta casa”, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

O sea que, todavía “una vez más” luego no es la primera vez que Jehová ejecuta un “mecimiento” de las naciones para que estas den un “producto”; recordemos que la primera vez que lo hizo y en el caso de Egipto, apareció un “pueblo” y que Él tomó como suyo, con una maravillosa promesa por delante (Éxo. 19:5-6)…… ya en una segunda ocasión en que Jehová convulsionó a las naciones, tuvo que ver con la venida de Jesús y en la que este vino cumplimentar la promesa de Dios hecha en el desierto de Sinaí, eso es, a buscar a aquellos que con él tenían que gobernar como “reyes y sacerdotes” en el reino de Dios. Luego solo se puede esperar, de esta tercera ocasión en la que de nuevo serán “mecidas las naciones”, hoy ya a nivel mundial y solo comparable dicho mecimiento, a como con un cedazo y por fuerte movimiento, se separa el producto fino de otro más grueso…… o como cuando en las eras antiguas se aventaba el trigo para separar el grano de la paja; y siendo el resultado de tal mecimiento, la aparición de personas que aman a Jehová y que son las cosas deseables que glorifican y llenan Su Templo de esplendor:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. 10 Y siguen clamando con voz fuerte y dicen: “La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono y al Cordero”.” (Rev. 7:9-10).

Luego esa “gran muchedumbre, venida de todo lugar, se entiende que son las cosas deseables de las naciones, que tienen que entrar en algún tipo de lugar y que no es otro que al reino de Dios y que son el resultado directo del mencionado “sacudir”, “hacer temblar” o “mecer” a las naciones…… pero ¿por qué esto así, eso es, el tener que hacer una selección por “mecimiento” o pasar por un cedazo? Pues porque al igual que aquellas personas que salieron de Egipto (y ahí está el trasfondo del que les hemos hablado en el titular de nuestro escrito), estaban totalmente impregnadas de la esencia del mundo en el que vivieron, así es el caso de la inmensa mayoría de la humanidad a día de hoy y que está aferrados a esta forma de vida actual y no desean otra, pues no creen en las promesas divinas; y si no, vaya usted a explicarle a su vecino que tiene ante sí la oportunidad de entrar en un mundo nuevo, en donde la salud, la felicidad, la paz y la justicia serán lo normal y no lo extraordinario…… y a ver si su respuesta no va por el mismo camino de aquello de ¿y qué de mi auto, de mi casa y de mi “chabolita” junto al mar, para pasar el verano? Recuerden que Jesús, ya nos advirtió de eso cuando avisó acerca de no ser “parte del mundo” (Juan 15:19), eso es, el no dejarnos atrapar por la atracción de las cosas del mundo y que el apóstol Juan, que entendió perfectamente la idea, lo expuso de la siguiente manera, según nos lo vierte la Nueva Traducción Viviente:

No amen (o tengan aprecio) a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman (o desean intensamente) al mundo, no tienen el amor del Padre en ustedes. 16 Pues el mundo sólo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; 17 y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada, vivirá para siempre.” (1 Juan 2:15-17). (Acotaciones nuestras).

Entonces lo que está claro, es que para poder entrar en el reino de Dios tenemos que renunciar a sentir aprecio alguno por las cosas de este mundo nos ofrece (Fil. 3:8); y siendo este el trasfondo o moraleja que encontramos en el relato de la diez plagas de Egipto y que nos tiene que servir de amonestación, pues esta es la idea o pensamiento que nos quiso transmitir el apóstol Pablo (que obviamente sabía de qué nos hablaba), cuando dijo aquello de que “las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción” (Rom. 15:4). Y no vale el pensar que ya cuando llegue el momento, uno prescindirá de sus posesiones o pertenencias como si nunca las hubiera tenido y tranquilamente se pasará al “otro bando” y ¡aquí paz y después gloria! Recordemos que el trasfondo del que les estamos hablando, tenía que ver con el que aquellas personas que siguieron a Moisés y por espacio de casi dos años, mantuvieron en su corazón el anhelo por las cosas pasadas, antes de las por vivir según la promesa divina y lo que las llevó a ser exterminadas en el desierto, pues Jehová no permitió a esa gente que anhelaba el pasado, entrar a la tierra de la que “manaba leche y miel”. Y ese será el caso de aquellas personas que, aunque afirmando que creen en Dios y en sus promesas, van retrasando en momento de entrar en acción para desmarcarse de este mundo y con ello, desligarse en su corazón de las cosas en las que actualmente tienen puestas sus miras (el bienestar personal, el deseo por alcanzar más cosas y el orgullo de sus respectivos logros y posesiones, sean estos de la índole que sean), razonando dentro de su fuero interno o corazón, que cuando quieran prescindirán de ello y olvidándose, si acaso es que lo conocen, de lo que dijo en su momento un profeta de Dios:

El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo? 10 Yo, Jehová, estoy escudriñando el corazón, examinando los riñones (estos figuran entre los órganos más inaccesibles del cuerpo humano), aun para dar a cada uno conforme a sus caminos, conforme al fruto de sus tratos.” (Jer. 17:9-10). (Acotación nuestra).

Fijémonos en que Jehová, más que en las actitudes o palabras de uno, tiene en cuenta las motivaciones detrás de dichas actitudes o, dicho de otra manera, lo que realmente hay en el corazón de la persona en cuestión y por lo que a Jehová no se le puede engañar, pues alcanza a ver hasta lo más recóndito de nuestro ser; entonces no pasarán al reino de Dios, aquellos que dicen pero no hacen, eso es y aunque digan lo contrario, que estén “amando” las cosas que este mundo ofrece en detrimento de las por venir y que nos dará Dios.

Y esto que les acabamos de contar, queridos amigos que nos leen, es y siempre según nuestro particular punto de vista, lo que nosotros entendemos como el trasfondo o moraleja que subyace, en el relato bíblico de “las diez plagas de Egipto”; ya ustedes determinarán y partiendo de su estudio personal sobre el asunto, si hemos dado “en el clavo”…… o no.

MABEL

sábado, 4 de diciembre de 2010

¿En qué quedamos?

Y es que Apologista Mario Olcese, publicó el día 27 del pasado mes de Noviembre, un artículo contribuido (suponemos) y muy relacionado con el tema estrella de su blog (el reino de Dios) y titulado “Un gobierno ideal, que regirá a los gobiernos imperfectos de esta Tierra” y sobre el cual, nuestra sincera impresión es que ha sido escrito por un TJ, dado que es exactamente lo mismo que nosotros (los autores de este blog), predicábamos durante nuestra infausta membresía en dicha organización…… ¿y dónde está el problema, se preguntarán ustedes? Evidentemente, no en el hecho de que D. Mario cuelgue en su blog ese artículo, aún viniendo aparentemente de un TJ (con toda su carga de contrarias enseñanzas a las tesis de D. Mario), ya que si algo caracteriza a dicho personaje, es su proverbial apertura a toda clase de ideas y sin ningún tipo de censura previa: el Sr. Olcese y en una actitud que le honra, discute lo que cree oportuno, pero nunca discrimina nada. El problema y por llamarlo de alguna manera, está en el hecho de que las afirmaciones que se vierten en ese escrito, van totalmente en contra a lo que podríamos considerar como la línea editorial de su blog, o sea, de los postulados que defiende el amigo Mario; porque claro, si bien es cierto que el escrito no está firmado y por lo tanto ignoramos la identidad de su autor, no es menos cierto que el hecho de que Apologista lo cuelgue tal cual en su blog, nos mostraría una cierta conformidad con el contenido del citado artículo.

Y es que nosotros recordamos, que el primer tema que en su día publicamos, lo hicimos precisamente y gracias a su gentileza, en el propio blog de Apologista (nosotros aún no habíamos abierto ninguno) y escrito que éste preludió, con un comentario en el que negaba cualquier mínimo acuerdo con lo que nosotros afirmábamos. Y actitud a lo cual no hay nada que objetar por lo razonable; por ello y dado que en esta ocasión no se ha producido dicha circunstancia, obviamente deberíamos entender la implícita asunción del contenido del citado artículo. Dicho esto, pasaremos a la consideración del texto referido y que por lo breve, transcribiremos en su totalidad, e iremos intercalando comentarios aclaratorios de las diferencias de criterio señaladas. Y les rogamos que no saquen sus conclusiones, hasta acabar le lectura de este comentario, dado que nuestros argumentos no siguen un orden correlativo o razonable, sino que nos ajustamos más bien y de forma puntual, a lo que nos demanda la porción de texto que estemos analizando y que aparece siempre en cursiva. Vamos a ello:

En esta época en que la mayoría de nosotros ha perdido la confianza en los gobernantes y en su capacidad para resolver los problemas, la Biblia anuncia un Gobierno que promete acabar con todas las injusticias, abusos y problemas de la humanidad.
¿De qué Gobierno se trata?
Hace unos dos mil años Jesucristo comenzó a predicar: “Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos está cerca”. Además de hacer esto, ejecutó obras como alimentar a miles de personas, curar enfermedades y hasta resucitar personas que habían muerto.
Con estas pruebas Jesucristo demostró que está capacitado para ser el mejor gobernante que haya existido y para resolver los problemas que los gobiernos humanos nunca podrían.” (Negritas nuestras).

Vemos en primer lugar, que el acento se carga en el hecho de que lo que se establecerá, será un gobierno (o administración), en su gobernante principal y en las cosas que este hará, no dándole por tanto y como debe ser, la connotación que le da al tema el Sr. Olcese en su tendencia de mostrar al reino de Dios, casi como un ente en sí mismo y con personalidad propia, a la par que objetivo final y último de todo cristiano; o sea, el convertir al reino en un fin en sí mismo y no en el medio que realmente es, para la consecución de un logro. Por otra parte, es cierto que durante el período de vigencia de dicho reino (o gobierno) y según las escrituras, se llevarán a cabo obras maravillosas para los seres humanos que alcancen a vivir bajo su influencia y que es precisamente en donde radica toda su importancia; de hecho, uno de los propósitos de dichos actos prodigiosos llevados a cabo por Jesús, era precisamente el mostrar de forma reducida y anticipada, las cosas de que sería capaz ese gobierno o administración cuando ejerciera como tal. El problema está, en que para que esto se produzca se necesitan súbditos en dicho reino y sobre los que poder llevar a cabo dichas obras; y esto que parece ser una “perogrullada”, no parece serlo tanto cuando uno repasa las enseñanzas del Sr. Olcese.

Porque resulta que las creencias del amigo Mario y ampliamente difundidas por tan prolífico autor, cuando se comparan con las del artículo de referencia, muestran de forma patente una aguda contradicción entre ambas opiniones. Y es que por ejemplo, para dicho caballero, ese gobierno del reino lo conformarían tanto los notables del A.T. (los Abraham, Noé, David, Isaac, etc., etc.), como todos aquellos bautizados mediante inmersión y en el nombre de Jesucristo. Pero es que ya no siendo cierta dicha afirmación, porque es falsa, además y con lo que ya se empieza a disparatar la cosa, es que nos coloca también como miembros de ese gobierno a los sobrevivientes de la “gran tribulación” de Rev. 7:14, con la resultante de que todas las personas citadas, sin excepción, gobernarían con Cristo en el reino en calidad de reyes y sacerdotes (Rev. 20:6). Y enseñanza que la promulgue quien la promulgue, no deja de ser un solemne disparate y ajena por supuesto, no solo al contexto general de las Escrituras, sino a un mínimo razonable de lógica y sentido común.

Porque si esto fuera así, se nos plantearía un problema de difícil solución: ¿de dónde se sacan entonces a los súbditos de ese reino, gobierno o administración (y que tanto monta, monta tanto), sobre quienes repetir y ya a escala global, los benéficos actos asombrosos realizados por Jesús? Porque no olvidemos que esa fase restauradora, por llamarla de alguna manera, se realizaría de forma progresiva durante el período del reino y después, lógicamente, de la resurrección del individuo; pero claro, resulta que los gobernantes con Cristo y ya en el mismo momento de ser resucitados, gozan de la inmortalidad, luego con todos esos beneficios incluidos, por lo que ellos y después de ser resucitados, no precisan ya de ningún tipo de ayuda: son perfectos e inmortales (1 Cor. 15:53). Y como segunda cuestión, que añade más fuerza a nuestro argumento, está el hecho de que Jehová dotara a esos cogobernantes con Cristo, con los atributos de sacerdotes y condición que tiene que ver, con la capacidad de mediación entre Dios y…… se supone que los hombres, a tenor de lo leído en 1 Tim. 2:5. Pero si como dice el Sr. Olcese y entorno más inmediato, entendiendo por entorno más inmediato a aquellas personas que colaboran en su blog, tales como los Sres. Rivas, Apolos, Buzzard, Dávila, Morales, etc., solo habrá personas ya inmortales al dar inicio el reino y por tanto, exentas de la necesidad de mediación alguna…… ¿para qué entonces Jehová, les habría dotado de semejante capacidad? ¿O es que este es un “pequeño detalle”, que se le escapó al Altísimo al organizar su plan?

Porque claro, si todos los personajes ya citados, pasaran a gobernar con Jesucristo ¿sobre quiénes se aplicaría su benéfica función sacerdotal? Y se nos ocurre pensar a nosotros, que tampoco es asunto de que vayan a derramárselos unos a otros, entre otras cosas, porque sería una estupidez ya que esos cogobernantes no necesitan de dichos beneficios y además, porque más bien al contrario, ellos son los que deben derramarlos sobre otros, ya que para eso los elige Jehová…... pero claro ¿de dónde sacamos a esos otros, Sr. Olcese? Porque estamos hablando de un reino, gobierno o administración (como prefieran), en el que hasta el momento el citado caballero nos mete a todo bicho viviente a gobernar con el rango de rey y sacerdote, luego ¿de dónde salen los gobernados, parte fundamental del objetivo de ese reino y hacia quienes va dirigido todo el arreglo de Jehová y como últimos beneficiarios? Y es que no podemos olvidar, que la “fiesta” (o arreglo) y contrario a lo que apunta el amigo Mario, no se hace para los “ungidos” como él pretende, sino para el resto de la humanidad obediente; luego todo lo contrario de lo que dicho caballero y otros muchos, nos quieren dar a entender:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad (con el hombre, según versiones) y él residirá con ellos y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos.” (Rev. 21:3). (Acotación nuestra).

Luego parece quedar claro, que el punto central del arreglo de Jehová acerca de una restauración y alrededor de la que gira todo el proyecto divino, para nada tiene que ver con los “ungidos” (o elegidos para gobernar con Cristo) como objetivo o logro final, sino con el conjunto del resto de la humanidad obediente y que es la directa beneficiaria de dicho arreglo de restauración...... y circunstancia que pone en claro Juan 3:16:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.”

Luego es obvio que Jehová al dar a su Hijo, lo hizo para poner al mundo de la humanidad, ante la oportunidad de poder conseguir la salvación de una muerte segura, consecuencia directa del pecado adánico y poder acceder de esta manera, a la posibilidad de vivir eternamente, como en su momento tuvo en sus manos nuestro antepasado Adán. Eso es sencillamente lo que entendemos por restaurar, mientras que Jesucristo y resto de “cristos” asociados, no serían la restauración de nada, como señalaremos más adelante. Luego eso de montarse la película de que todos los que se quieran salvar, tienen que llegar a ser Hijos de Dios y por tanto hermanos de Cristo y herederos consecuentemente del reino, en calidad de reyes/sacerdotes, es pasarse siete pueblos o para usar terminología bíblica, ir más allá de lo que dicen las Escrituras y de lo cual nos advirtió Pablo:

Ahora pues, hermanos, estas cosas las he transferido de modo que nos apliquen a mí y a Apolos para el bien de ustedes, para que en nuestro caso aprendan la regla: “No vayas más allá de las cosas que están escritas”, a fin de que no se hinchen ustedes individualmente a favor de uno y en contra de otro.” (1 Cor. 4:6).

Y es que semejante disparate, de ninguna manera está escrito en la Biblia…… y si no, que nos lo demuestren. ¿A que no lo hacen? Pero como ya nos imaginamos que en este momento y al leer semejante planteamiento, a más de uno de esos señores ya se le pondrán los pelos como escarpias, permítannos y antes de que se produzca algún infarto, que les razonemos nuestra visión de la “jugada”; veamos: Jehová se propone restaurar todas las cosas, tal como leemos en Hech. 3:21 y que no es otra cosa que devolver al ser humano a las condiciones de perfección de las que gozaban Adán y Eva, antes del pecado. Ello evidentemente implica el eliminar dicho pecado y las nefastas consecuencias de él derivadas y por todos conocidas: extremo deterioro tanto físico, moral, espiritual y ya extendiéndonos un poco más, medioambiental. Y para ello nuestro Creador, prepara un plan: 1º determinar una porción de tiempo razonable para la consecución de Su propósito (mil años); 2º retomar el gobierno por medio de un representante humano como en su día fue en el caso de David y lo cual nos es anunciado, como la “restauración” del reino de David y que no era otra cosa, que Jehová gobernando sobre su pueblo a través de un representante delegado; 3º designar al sucesor legal a ese trono, que en este caso recae en la persona de Su Propio Hijo y por último, 4º seleccionar una cantidad determinada de colaboradores que participarán en dicha tarea gubernamental. Ya preparado el medio para conseguir un propósito y dispuesto para entrar en acción, solo queda anunciarlo debidamente (Mateo 24:14), salvaguardar a aquellos que lo acepten (Rev. 7:14) y proceder a la eliminación de aquellos que lo rechacen (Rev. 9:5-6, por ejemplo). Acto seguido, toma posesión ese gobierno auspiciado por el Altísimo, empieza a contar el tiempo del milenio y se procede en primer lugar, a la organización de esa “gran muchedumbre” de sobrevivientes del juicio divino a esta tierra; ya todo debidamente organizado (1 Cor. 14:33), da inicio de forma gradual, ese acontecimiento tan esperado y esperanza fundamental de la humanidad obediente: la resurrección. A partir de ahí, la progresiva restauración física, mental y espiritual de todo ser humano, camino ya de la perfección y consecuentemente de la vida eterna, así como del deteriorado entorno medioambiental y extremos estos, explicitados en las distintas profecías y que aplican a la humanidad en general y no a los miembros de ese gobierno, que forman parte del medio a usar por Jehová para la consecución de su propósito y que ya son resucitados en perfección e inmortalidad.

Pero claro, esto choca frontalmente con la idea de D. Mario y otros, para quienes el objetivo único y esencial para el cristiano, es conseguir alcanzar un puesto de gobernante en dicho reino en calidad de Hijo de Dios, ya que de lo contrario, lo que a uno le espera como hijo de Satanás (según el Sr. Olcese, o eres lo uno o eres lo otro) es una segunda resurrección de condenación o destrucción eterna y siempre según una particular interpretación del “ínclito” Dr. Rivas de Juan 5:28-29 y que como mínimo, D. Mario compartirá con él, ya que nunca se la ha rebatido. Pero resulta que las Escrituras, no solo no nos dicen nada que siquiera se parezca a esto, sino que además, para nada tiene que ver la citada afirmación con la idea que transmite el término “restauración” y del que en su día el amigo Olcese y contradiciéndose a sí mismo, publicó una amplia explicación del significado de esa expresión. Porque es cierto que la idea o propósito de Jehová, es restaurar al ser humano a su anterior condición (antes del pecado) ya que de otra manera no se entendería dicho término; pero paradójicamente, resulta que ni Jesucristo ni sus asociados (u otros “Cristos”), son la restauración de nada, sino que son una “nueva creación”, necesaria a Dios para llevar a cabo su propósito, según 2 Cor. 5:17:

Por consiguiente, si alguien está en unión con Cristo, es una nueva creación (o criatura, según versiones)…...” (Acotación nuestra).

Luego si son una nueva creación, no pueden ser la restauración de nada, eso es obvio; luego no tienen sitio en el resultado final del propósito de Jehová de restaurar todas las cosas a su anterior condición, sino que son un “instrumento” nuevo y necesario en los planes de Jehová, para la consecución de ese objetivo final y que es una cosa muy distinta; luego es un disparate que se nos diga que todos los seres humanos (eso afirma en su planteamiento el Sr. Olcese) y para alcanzar la salvación, han de ser miembros integrantes de ese gobierno y planteamiento que nos lleva a eso tan psicodélico de los “millones, miles de millones” de hermanos cogobernantes con Cristo y que se da de bofetadas, con lo expresado por Jesús y que se supone, algo sabría del tema:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).

Y que por cierto, aunque lo hemos pedido hasta cansarnos, aún estamos esperando que el Sr. Olcese nos explique, cómo se pueden conciliar ambas afirmaciones; porque lo que nos dice el citado caballero está clarísimo y lo que afirmó Jesús aún más, o sea, que nosotros no nos inventamos nada: solo preguntamos de qué manera se come eso ¿con cuchara o tenedor? En fin…… continuemos:

Como sabemos, Jesús sólo estuvo por poco tiempo en la tierra y sólo visitó un territorio limitado, pero prometió volver (Mateo capítulo 25) y ahora demostraría su poder a escala mundial pues lo haría desde el cielo, es por eso que a su gobierno se le llama “el Reino de los cielos” (Mateo 4:17 véase también Daniel 2:44; 7:13,14).
¡Este es el gobierno que pedimos cuando oramos: “venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, también sobre la tierra”!” (Negritas nuestras).

¿Y cuál es la idea contradictoria en este pasaje? Pues la afirmación característica de los TJ, en el sentido de que (si no entendemos mal la redacción del escrito) Jesucristo gobernaría “desde el cielo”. Y es que correctamente, Mario en sus escritos ubica dicha gobernación en la terrenal Jerusalén, por lo cual, no entendemos su actitud de aceptar dicha afirmación, sin siquiera colocar una nota aclaratoria. Pero en fin, él sabrá…… prosigamos:

Ahora bien, ¿qué hará este reino por nosotros?
La Biblia responde: “Dios residirá con ellos y ellos serán sus pueblos y Dios mismo estará con ellos como su Dios; y secará todas las lágrimas de ellos y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado” (Apocalipsis 21:3-4).
¿Qué le parece vivir así, incluso sin que exista la muerte? Además, la tierra volverá a ser un paraíso como en el principio, allí habrá trabajo, salud y alimento para todos y además, no habrá más delincuencia. Estas promesas las hace el Creador, no nosotros, búsquelas en su propia Biblia: Isaías 65:21-25; Isaías 33:24; Salmos 37:10,11.” (Negritas nuestras).

Vemos que el planteamiento inicial de estos tres párrafos, tiene que ver con la cuestión de qué es lo que va ha hacer ese reino o gobierno (un rey y un conjunto de gobernantes asociados) por nosotros, o sea, personas distintas a las que componen el organigrama de dicho gobierno o administración. Y a partir de esa cuestión, nos enfrentamos a dos contradicciones, con respecto a las enseñanzas del Sr. Olcese; en la primera de ellas, nos encontramos con lo siguiente: en esta porción transcrita, se nos cita de Rev. 21:3-4 y en donde se nos hace referencia, a las bendiciones que recibirán las personas que se beneficiarán de las bondades de dicho gobierno o administración, auspiciado por el Altísimo. Y dado que las únicas personas que podrían hacer esto, serían los sobrevivientes de la “gran tribulación” de Rev. 7:14, ello nos plantea un dilema; pero leamos el texto:

De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.”

Y el tal dilema, es que D. Mario afirma que esas personas también serán gobernantes en el reino de Dios, con lo cual de nuevo nos enfrentamos a la cuestión de quiénes serán entonces, los súbditos de dicho gobierno. Porque no olvidemos, por lo importante y aclaratorio que resulta, que las personas citadas en ese pasaje bíblico, son las únicas que sobreviven aquí en la tierra al juicio divino; luego siendo esto así, el milenio echaría a andar, razonablemente y según nuestro entender, por una parte con los miembros que conformarían ese gobierno o administración y por otra, con esas personas sobrevivientes que necesariamente conformarían el grupo de súbditos de ese reino, ya que resulta que no hay nadie más para ocupar esa posición, absolutamente nadie más. Por lo tanto, si las convertimos a ellas también en gobernantes del citado reino y habida cuenta de que aparte de la primera resurrección y en la que solo participan aquellos que han de gobernar en dicha administración (Rev. 20:6), no existe otra hasta al cabo de mil años (según nos cuentan esos señores) ¿de dónde nos sacan a los súbditos de ese reino? ¿Sobre quien reinarán esos reyes/sacerdotes? ¿Y a favor de quiénes usaran sus atributos sacerdotales? Porque el panorama que nos ofrece el Sr. Olcese, es una tierra llena de gobernantes, pero sin nadie a quien gobernar y lo cual, como chiste, no está nada mal. Y cuestión ésta (dicho sea de paso), en la que hemos insistido hasta la saciedad, pero sin que tampoco hasta el momento, ni el Sr. Olcese ni nadie de ese entorno haya sido capaz de aclararnos…… y aclararse, por supuesto. Y lo que prueba que estos sobrevivientes serán efectivamente súbditos y no gobernantes en dicho reino, aparte del razonamiento lógico y el sentido común, es lo siguiente:

Ya no tendrán hambre ni tendrán más sed, ni los batirá el sol ni ningún calor abrasador, 17 porque el Cordero, que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Rev. 7:16-17).

Luego estaríamos hablando de personas que precisan para poder conseguir la vida eterna, de ser pastoreadas y guiadas (palabras que llevan implícita la idea de una acción progresiva) a fuentes de aguas de vida y circunstancia que para nada necesitan los cogobernantes con Jesucristo que, como ya hemos visto, son levantados en inmortalidad, o sea, con vida en sí mismos y no precisando por ello ser guiados o pastoreados a ningún sitio. Ellos son los que colaboran con el Cordero, en ese guiar y pastorear a otros, hacia la vida eterna y en virtud de su condición de gobernantes sacerdotales. Luego dado que hay una sustancial diferencia entre unos y otros, obviamente no pueden pertenecer al mismo grupo o clase, según parece dictarnos la lógica y el sentido común. Entonces, nosotros rogaríamos a dicho caballero que nos informara acerca de con qué postura se queda: la que defiende por acción (publica en sus artículos) o la que acepta por omisión (sin ninguna nota aclaratoria o de rechazo), al publicar en su propio blog dicho contenido.

La otra contradicción, tiene que ver con la afirmación vertida en esa porción transcrita (y que nosotros por supuesto defendemos), en el sentido de que ya dentro de ese período milenario, la muerte como causa del pecado dejará de existir. Ya otra cosa será, que en un momento determinado, Jehová tenga que tomar medidas drásticas con aquellos posibles pecadores impenitentes:

Aunque se muestre favor al inicuo, simplemente no aprenderá justicia. En la tierra de derechura actuará injustamente y no verá la eminencia de Jehová.” (Isa. 26:10).

Sin embargo, en la mayoría de artículos publicados en Internet acerca de este tema, hemos leído que en dicho período milenario y tomando como apoyo Isa. 65:20, la vida sería más larga (literal) y en mejores condiciones de las que hoy disfrutamos. Pero resulta que aceptando dicha idea y tomándola por pasiva, se nos estaría diciendo que esa vida no sería indefinida y con lo cual se nos da a entender, que después de haber resucitado y aunque contando con más años de vida…… se volvería a morir; y lo cual es una burrada de tamaño considerable. Y aunque nos parece recordar que algo de eso también hemos leído en los blogs de los Sres. Olcese y Rivas, lo cierto es que no tenemos localizados los artículos en cuestión; por lo tanto, no nos pronunciamos y nos limitaremos tan solo a preguntarle a D. Mario, qué opina al respecto ¿se morirá durante el milenio, sí o no?

Por nuestra parte, tenemos perfectamente claro que una vez resucitados durante el milenio, ya no hay razón objetiva para morir de nuevo, sino que uno solo tiene que preocuparse de mantener fidelidad a Jehová (no como Adán) y ya no tiene que temer nada, porque no va a morir jamás. Solo al término de los mil años, al afrontar la prueba final con la suelta de Satanás del abismo y dependiendo de la actitud voluntariosa de cada uno de pecar contra Jehová (a la manera de Adán y Eva y cuya muerte no se debió a un pecado heredado), una gran cantidad de personas “……. el número de estos es como la arena del mar” (Rev. 20: 8b), sí morirán al ser destruidas en “el lago de fuego”…… pero por rebeldía y como castigo divino, lo cual es otra cuestión. Pero aquellas personas que sobreviviendo a la gran tribulación, hayan mantenido una actitud correcta y superen la citada prueba, no solo habrán vivido durante esos mil años, sino que continuarán viviendo eternamente al igual que les habría ocurrido a Adán y Eva, de no haberse rebelado contra Jehová. A ellos obviamente y en igualdad de circunstancias, habría que añadir a los que vayan resucitando, o vayan naciendo, durante ese período de tiempo...... y esa es toda la historia, sencilla y simple a la vez que grandiosa, no hay más; porque eso es lo que nos dicen las Escrituras:

Y así como está reservado a los hombres morir una vez para siempre, pero después de esto un juicio……” (Hebr. 9:27).

Luego queda claro que después de una resurrección y estamos hablando de la clase gobernada o súbditos de ese reino, ya no existe más posibilidad de muerte a causa del pecado heredado, según Rom. 6:7:

Porque el que ha muerto ha sido absuelto (redimido, rescatado, liberado, o libertado según versiones) de su pecado.” (Acotación nuestra).

O sea que cuando uno murió, ya pagó por su pecado y cuando resucita, el que su resurrección devenga en vida o en destrucción eterna (Juan 5:28-29), dependerá únicamente de que haya aprovechado cabalmente o no, los recursos puestos ante él durante el milenio y que no solo le han de llevar a la perfección, sino que le equipan con el necesario bagaje espiritual, para afrontar con éxito el encuentro pendiente con el archi-enemigo de Jehová y de todos aquellos que nos sometemos a Su Voluntad, Satanás el Diablo (Rev. 20:7-8). Por eso nos habla el texto de Juan, de una resurrección de vida y otra de condenación, pero circunstancia que solo se resolverá al final del milenio y en función de lo que sea el resultado que coseche cada uno en la citada prueba final. Y resultado en el que cada cual, será perfectamente responsable de su propia actitud. Luego lo que queda claro, entre otras cosas, es que al resucitar uno durante el milenio, que no al final del mismo (y cuya afirmación, es un disparate como un piano), ya tiene el camino abierto hacía la vida eterna, siempre que, como hemos dicho y apoyándose en la guía divina, supere la prueba final al ser soltado Satanás de su abismamiento, al término de dicho período de tiempo (Rev. 20:7-8)…… continuemos.

¿Qué debemos hacer para vivir para siempre en la tierra bajo el gobierno del reino de Dios?
En primer lugar, debemos aprender más acerca de Él, Su Hijo Jesucristo y Sus justas normas (Juan 17:3), ésta es la única manera de construir una sociedad verdaderamente justa.
El conocimiento de Dios y Sus amorosos propósitos para la humanidad te hará feliz ahora y te traerá enormes bendiciones en el futuro.
Dios te bendiga
” (Negritas nuestras).

Evidentemente al plantear esa perspectiva de vivir “bajo el gobierno” del reino, se está reconociendo implícitamente la existencia de una clase que será gobernada (esa es una esperanza), a diferencia de otra que será la que gobernará (una esperanza distinta y solo al alcance de los “elegidos” por Dios) y que para nada cuadra con el planteamiento de la una sola esperanza defendida por los Sres. Olcese, Dávila, Rivas, etc., etc. Luego de nuevo tenemos que insistir, en el sentido de que el amigo Mario nos diga con cuál de las dos se queda, si con la que por acción defiende, publicada en sus blogs (la una sola esperanza), o bien en la que por omisión y citada en el artículo contribuido (dos esperanzas distintas) no discute y por tanto, parece dar su bendición. O sea y para entendernos ¿estaríamos hablando de dos esperanzas perfectamente definidas, o de una sola esperanza y por la cual se inclinan dichos caballeros? Y puesto que creemos que el tema es bíblicamente, no solo de una notable importancia, sino fundamental, pensamos que no estaría de más que dichos caballeros, todos a la altura del “egregio” erudito, evangelizador, investigador y maestro bíblico Dr. Rivas, nos respondieran algo como orientación a los que tenemos dudas acerca de esa importante cuestión y que bien pudiera afectar nuestro futuro.

Y en fin, nosotros ahí dejamos el tema, no sin antes afirmar, que excepción hecha de la ubicación de dicho reino, suscribimos el planteamiento general del artículo objeto de análisis y que es una autentica negación de algunas de las enseñanzas del Sr. Olcese y compañía. Y continuamos esperando (somos así de optimistas) que alguien tenga a bien decir algo, aunque solo sea por aquello de ir animando el cotarro; pero en fin, igual en esta ocasión…… pues eso.

De todas formas y por nuestra parte, queridos lectores, no nos queda más que recuperando ese consejo que siempre les dábamos al final de nuestros artículos, animarles a que hagan uso de sus ejemplares de la Biblia, contrasten las ideas expuestas en este escrito y saquen sus lógicas y personales conclusiones. Y es que nosotros, también nos podemos equivocar.

MABEL