Cuando la Tierra esté llena del conocimiento de Jehová
Imaginémonos por un momento a un artista, un escultor por ejemplo, que acaba de culminar una preciosa obra. El hombre considera, quizás con razón, que es una escultura muy buena, una verdadera obra maestra; pero lamentablemente y durante la noche, un rival suyo, celoso, la estropea. Es comprensible que el artista en cuestión se duela mucho al ver lo sucedido y que piense, cuán justo sería que el autor de semejante acto vandálico fuera castigado; y puede imaginarse, por otra parte, cuánto se esfuerza en restaurar su obra para que recobre su anterior belleza.
Pues bien, Jehová y al igual que el artista de la ilustración, realizó en su momento una obra maestra al preparar la Tierra y colocar en ella a la raza humana. Después de crear al hombre y la mujer, como cumbre de su obra maestra, Dios manifestó su complacencia diciendo que todo lo que había hecho en la Tierra era “muy bueno” (Gén. 1:31). Adán y Eva eran hijos de Dios y consecuentemente, Él los amaba: eran Su creación y había preparado un futuro feliz y glorioso para ellos:
“Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 28 Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra” (Gén. 1:27-28).
Jehová había colocado al hombre en un hermoso jardín o paraíso, diseñado y plantado por Él mismo y comisionando a la primera pareja humana a extender dicho paraíso de placer por todo el planeta y siendo el caso, que de haber mantenido lealtad a su Creador, habrían podido vivir eternamente en ese entorno y gozando además, de la perfección física, mental y espiritual de la que los había dotado Jehová (Gén. 2:17). Pero aun siendo cierto que un “enemigo” actuó, ya que fue Satanás el que los indujo a rebelarse y por ello, la perfecta y maravillosa creación de Dios resultó dañada, ciertamente no lo fue de forma irreparable.
Y aunque Dios decidió de forma inmediata hacer los pertinentes ajustes para reconducir la situación, lo cierto es que temporalmente esa vida perfecta de la que gozaba el hombre cambió radicalmente:
“Y a Adán dijo: “Porque escuchaste la voz de tu esposa y te pusiste a comer del árbol respecto del cual te di este mandato: “No debes comer de él”, maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida. 18 Y espinos y cardos hará crecer para ti y tienes que comer la vegetación del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás.”
Tristemente y debido a su falta de aprecio, Adán perdió aquél hogar paradisíaco, quedó sujeto al sufrimiento, la enfermedad, a los estragos de la vejez y finalmente, a la muerte...... resumiendo, que la vida de la que en un día disfruto, nada tenía que ve con la que acabó viviendo: la primera, era la vida que “realmente lo es”, según nos menciona Pablo en 1 Tim. 6:19, pero la segunda no. Y es que a nuestra breve y atribulada existencia, no puede llamársele de ninguna manera “la vida que realmente lo es”, pues dista mucho del propósito original de Jehová: la vida que realmente lo es y que Dios desea para todos nosotros, es “vida eterna” en las mismas condiciones perfectas que disfrutaron Adán y Eva (Juan 3:16; Hech. 3:21).
Teniendo esto presente, pasemos ahora a considerar la importancia que para nosotros tiene el conocer esta información acerca de la persona y de los planes de Dios para con nosotros y con este propósito, ya Jesús nos habló acerca de la estrecha relación existente, entre la vida eterna y el conocimiento de Dios:
“Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo.” (Juan 17:3).
Pero también es cierto, que dicho conocimiento conlleva una responsabilidad ante Jehová:
“Por lo tanto, si uno sabe hacer lo que es correcto y sin embargo, no lo hace, es para él un pecado.” (Sant. 4:17).
Pero piense en las bendiciones que usted tendrá si adquiere y utiliza ese conocimiento para conseguir la vida eterna. En su Palabra (la Biblia), Jehová Dios nos da una hermosa descripción de cómo será la vida en esa Tierra paradisíaca que tan próxima está; por supuesto, no debe ser el deseo de una recompensa lo que nos lleve a servir a Dios y ajustarnos a sus preceptos, sino más bien, el amor que hacía a Él sentimos, por ser quién es. Amor que no se puede desarrollar, a menos que tengamos ese conocimiento de Él, dado que es una máxima ampliamente aceptada, que solo se ama aquello que se conoce y por ello, el primer y más grande mandamiento, según el propio Hijo de Dios, es el siguiente:
“Jesús contestó: “El primero es: Oye, oh Israel, Jehová nuestro Dios es un solo Jehová, 30 y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Mar. 12:29-30).
Además, algo que es muy importante saber, es que la vida no se gana sirviendo a Jehová: la vida eterna es un regalo de Dios:
“Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” (Rom. 6:23).
Conviene que meditemos en esa vida, porque la esperanza del paraíso puesta ante nosotros, nos recuerda la clase de Dios que es Jehová, el amoroso “remunerador de los que le buscan solícitamente” (Heb. 11:6). Por ello, si mantenemos viva la esperanza en nuestra mente y corazón, nos costará muchísimo menos aguantar las dificultades que este mundo gobernado por Satanás nos impone:
“La cólera de Jehová no se volverá atrás hasta que él haya llevado a cabo y hasta que haya realizado las ideas de su corazón. En la parte final de los días ustedes darán su consideración a ello con entendimiento.” (Jer. 23:20).
Y puesto que según todos los indicios, ya estamos en esa parte final de esos días, centremos nuestra atención seguidamente en la esperanza bíblica de vida eterna en el futuro Paraíso terrestre; ahora bien ¿cómo será la vida cuando la Tierra esté llena del conocimiento de Dios? (Isa. 11:9b).
Cuando se cumpla el tiempo determinado, Jehová Dios destruirá el actual sistema de cosas inicuo y que de acuerdo al calendario profético, vemos que el mundo se aproxima rápidamente a lo que la Biblia llama Har-Magedón, o Armagedón. Y aunque a algunas personas este término quizás les haga pensar en un holocausto nuclear provocado por naciones en guerra, nada tiene que ver con ello, pues como indica Rev. 16:14-16, Armagedón es “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” y una guerra en la que participan “los reyes de toda la tierra habitada”, es decir, todas las naciones por una parte y el Hijo de Jehová Dios, su Rey designado Jesucristo, por la otra y que pronto entrarán en batalla y siendo el desenlace absolutamente seguro: todos los que se opongan al reino de Dios y que formen parte del sistema inicuo de Satanás, serán eliminados. (Rev. 19:11-20:3). Únicamente sobrevivirán los que se mantengan leales a Jehová (Sof. 2:3).
Pero imagínese que usted ha sobrevivido a ese cataclismo, lo cual sinceramente deseamos ¿no le mueve un poquitín la curiosidad por saber cómo será la vida en la Tierra, en el nuevo mundo (o “nueva tierra”) que Dios ha prometido? (2 Ped. 3:13). Y la verdad es que no hay razón para especular, pues la Biblia nos da una perspectiva por adelantado y lo que nos dice acerca de ello, es muy emocionante. De entrada y como ya hemos considerado, se inhabilitará a Satanás y sus demonios, es decir, serán encerrados en un abismo de inactividad durante el Reinado Milenario de Jesucristo; luego esas perversas criaturas ya no seguirán acechándonos, causando problemas y tratando de empujarnos a cometer actos de infidelidad contra Dios (Rev. 20:1-3).
Otra bendición de la que seremos receptores, es que también desaparecerá toda clase de enfermedad:
“Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error.” (Isa. 33:24).
Entonces los cojos podrán ponerse de pie, caminar, correr y saltar, pues tendrán piernas fuertes y sanas. Después de haber vivido durante años en un mundo de silencio, los sordos oirán los alegres sonidos de su entorno...... los ciegos se sobrecogerán al ver aparecer ante sus ojos un mundo de formas y colores de un hermoso entorno, totalmente distinto al que conocemos ahora, porque hasta el medio ambiente se beneficiará de la obra regeneradora de Dios mediante su Hijo Jesucristo:
“En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.” (Isa. 35:5-7).
Y más aún: ¡Por fin podrán contemplar el rostro de sus seres amados! Y puede que entonces se les nuble la vista momentáneamente, a causa de las lágrimas de alegría, pero esa…... ya es otra cuestión.
¡Imagínese! Ya no harán falta lentes, ni muletas, ni bastones, ni medicinas, ni clínicas dentales, ni hospitales; nunca más habrá depresión ni enfermedades emocionales que priven de felicidad a la gente, ni ningún niño estará enfermo. Incluso los estragos causados por la edad avanzada o vejez, desaparecerán:
“Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).
Estaremos más sanos y fuertes y en la plenitud de nuestra juventud. Todas las mañanas y tras una noche de sueño apacible y reparador, despertaremos con energías renovadas, llenos de vigor y con ganas de empezar un nuevo día de vida apasionante y de trabajo satisfactorio y remunerador.
Los supervivientes del Armagedón, junto con aquellas personas que vayan resucitando, tendrán mucho trabajo agradable que hacer, puesto que tendrán que reemprender la tarea que apenas inició Adán: convertir la Tierra en un paraíso. Se eliminará todo vestigio del viejo sistema contaminado y donde antes había barrios insalubres y tierra arruinada, habrá parques, huertos y frondosos bosques; además, todo el mundo dispondrá de una vivienda agradable, cómoda y a su gusto:
“Y ciertamente edificarán casas y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. 22 No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá. Porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos usarán a grado cabal.” (Isa. 65:21-22).
Con el paso del tiempo, las zonas paradisíacas de la Tierra se extenderán y unirán gradualmente, hasta que todo el globo terráqueo alcance la elevada norma de belleza que el Creador fijó en el jardín de Edén. ¡Qué satisfacción dará participar en esa labor de restaurar la Tierra!
A diferencia de lo que ocurre actualmente y para no perjudicar el medio ambiente, todas las tareas se efectuarán siguiendo la dirección divina, por lo que el hombre estará en paz con los animales y ya no los matará sin piedad, al grado de casi acabar con especies enteras, sino que cuidará bien de ellos, pues habrá vuelto a asumir la administración responsable de la Tierra que en su momento fue delegada en Adán. Imagínese por un momento, ver comer juntos a lobos y corderos, leones y becerros; luego los animales salvajes, serán totalmente inofensivos para con los de su raza y lo que es más, no siendo ya un peligro para el ser humano:
“Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero, y el leopardo mismo se echará con el cabrito, y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado.” (Isa. 11:6-8).
Ya no existirán hombres crueles y violentos que perturben la tranquilidad del nuevo mundo:
“En cuanto a los inicuos, serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, serán arrancados de ella.” (Prov. 2:22).
El hambre, esa plaga silenciosa y silenciada, que a día de hoy tiene a más de 1.000 millones de personas al borde de la muerte por inanición, 1.000 millones de seres humanos y que se dice pronto, será cosa del pasado:
“Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” (Sal. 72:16).
En Isa. 11:9, se nos explica el por qué no se hará daño alguno en todo el planeta:
“La tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar”.
Estas palabras se refieren evidentemente a los seres humanos, pues los animales no pueden, obviamente, adquirir el “conocimiento de Jehová” y efectuar cambios, ya que no han sido creados con esa capacidad y se rigen por el instinto. Ahora bien, el conocimiento de nuestro Creador sí cambia a las personas y quizás usted, conozca a personas ya que han efectuado cambios en sus vidas al aplicar dicho conocimiento de Dios en sus vidas. De hecho, por todo el mundo hay miles de personas a las que las difíciles circunstancias por las que actualmente estamos enfrentando y que cumplen profecía, les ha hecho reflexionar acerca de este asunto e intentar adquirir ese conocimiento dador de vida del que nos habla Juan 17:3, mediante un estudio personal y concienzudo de las Escrituras y llevándolas a efectuar, como hemos señalado, cambios significativos en sus vidas. Algunas de ellas se asocian con algún tipo de organización religiosa, otras sin embargo no, pero en todas se manifiestan las palabras de Heb. 4:12:
“Porque la palabra de Dios es viva y ejerce poder (“es eficaz”, según versiones) y es más aguda que toda espada de dos filos y penetra hasta dividir entre alma y espíritu y entre coyunturas y su tuétano y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón.” (Acotación nuestra).
Lo cual también señala al tiempo en que todas las personas del mundo, no solo unos miles, se habrán despojado por completo de sus características agresivas o violentas y vivirán pacíficamente para siempre. Pero...... ¿qué hay de la muerte, ese implacable enemigo que siempre nos gana la partida?; veámoslo:
“Él realmente se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro. Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.” (Isa. 25:8).
¿Se imagina qué maravilloso será, cuando la Tierra esté llena del conocimiento de Dios? Y es que bajo la dirección del Rey Jesucristo y sus corregentes asociados, se llevará a cabo un extenso programa educativo, en el que se usarán nuevos “rollos” y que seguramente serán nuevas instrucciones escritas procedentes de Dios para educar a los habitantes de la Tierra. (Rev. 20:12). La humanidad no aprenderá más la guerra, sino que la paz será la norma y todas las armas destructivas desaparecerán para siempre (Sal. 46:9), a la vez que a todos los componentes de esa nueva sociedad humana, se les enseñará a tratar a su prójimo con amor, respeto y dignidad. La humanidad llegará a ser una familia unida y jamás volverán a existir barreras divisivas que obstaculicen la unidad y la hermandad (Sal. 133:1-3). Ya nunca más nadie tendrá que cerrar con llave su casa por temor a los ladrones, porque la paz reinará en todo corazón, en todo hogar y en todo rincón de la Tierra (Miq. 4:4).
Por otra parte, durante ese milenio tendrá lugar el más maravilloso acontecimiento jamás experimentado por la humanidad: la resurrección de los muertos. Todos aquellos que estén en la memoria de Jehová, tanto justos como injustos, volverán a la vida y se les ofrecerá la oportunidad y la ayuda necesaria para poder alcanzar en un futuro y al final de los mil años, el derecho a la vida eterna. En lugar de oír informes de guerras, desastres y muerte, los bendecidos de Jehová recibirán maravillosas noticias sobre la resurrección y será sencillamente emocionante enterarse al debido tiempo de ellos, del regreso de hombres y mujeres fieles como Abel, Noé, Abrahán, Sara, Job, Moisés, Rahab, Rut, David, Daniel, Elías, Ester….. y tantos otros de los que hoy leemos en las Escrituras, que son ejemplos a seguir por nosotros. Cuántos detalles aclaratorios de hechos históricos interesantes conoceremos, cuando esos resucitados aporten sus vivencias sobre muchos de los relatos bíblicos y acerca de los cuales tenemos puntos oscuros; y a la vez, que tanto ellos como los justos que hayan muerto en tiempos anteriores a nuestra era, también querrán conocer detalles acerca de cómo fue el fin del sistema de Satanás y de cómo Jehová santificó su santo nombre y vindicó su soberanía...... y eso, usted podrá explicárselo personalmente si está allí.
Estos hombres y mujeres fieles, así como aquellos que sobrevivan a la “gran tribulación” (Mat. 24:21), serán de mucha ayuda durante esta segunda fase de la resurrección, cuando se vayan soltando de las cadenas de la muerte a miles de millones de “injustos”. La mayor parte de la humanidad jamás tuvo la oportunidad de conocer a Jehová, pues Satanás “cegó su mente” (2 Cor. 4:4), pero la obra del Diablo será desbaratada. Los injustos regresarán a una Tierra hermosa en la que reinará la paz y en la que personas bien organizadas (las que hemos citado), los recibirán para enseñarles acerca de Jehová y su Hijo reinante, Jesucristo. Cuando los miles de millones de resucitados lleguen a conocer y amar a su Creador, el conocimiento de Jehová llenará la Tierra de una manera sin precedentes.
¡Y cuánta alegría producirá la resurrección! Porque, ¿quién no ha sufrido a causa de la muerte, nuestro gran enemigo? Es más, ¿quién no se ha sentido destrozado cuando la enfermedad, la vejez, un accidente o algún acto violento se ha cobrado la vida de un ser querido y ha roto así el lazo de amor o amistad que le unía a esa persona? Imagínese, entonces, el júbilo que habrá en el paraíso cuando de forma progresiva vayan apareciendo personas y reuniéndose con los suyos. Madres y padres, hijos e hijas, amigos y parientes correrán a abrazarse, riendo y llorando de alegría...... ¿se ve usted allí, formando parte de ese comité de recepción).
¡¡Perfección!! ¿Se ha preguntado alguna vez, qué supondrá ser perfectos? Supondrá ni más ni menos que volver a vivir como vivían Adán y Eva antes de pecar contra Jehová Dios; supondrá volver a vivir “la vida que realmente lo es”, mencionada por Pablo, ya que los seres humanos perfectos se conformarán plenamente a las elevadas normas de Dios, tanto a nivel físico, como mental, emocional, moral y espiritual, es decir, en todo aspecto imaginable. ¿Quiere decir esto que todas las personas serán idénticas? En absoluto, ya que la misma creación de Jehová (los árboles, las flores y los animales), nos enseñan que a él le gusta la variedad. Los seres humanos perfectos tendrán personalidades, habilidades y talentos distintos y gozando todos ellos de la vida tal y como Dios se propuso en un principio. Rev. 20:5 dice:
“Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil años”.
Y evidentemente eso no significa que su resurrección acontezca al fin de los mil años, como erróneamente afirman algunos “maestros” de la Escrituras, sino que al igual que la gran muchedumbre de supervivientes del Armagedón, los resucitados no llegarán a vivir en el sentido pleno de la palabra, hasta que habiendo alcanzado la perfección, al final de los mil años consigan superar la última prueba...... pero veamos cómo será la cosa.
Al final de esos mil años, el objetivo se habrá cumplido y la humanidad habrá sido devuelta al mismo estado de perfección del que disfrutaron en su momento Adán y Eva. Entonces será cuando la humanidad perfecta se enfrentará a una última prueba, ya que al final del Milenio se soltará del abismo a Satanás y sus demonios por un tiempo breve y se les permitirá un último intento de apartar a la gente de Jehová (Rev. 20:7-10). Tendrán la oportunidad, al igual que nuestros primeros padres, de hacer uso de su libre albedrío y decidir a quién se deciden sujetar: si a Jehová o a su opositor Satanás. De forma lamentable y según nos cuenta el registro bíblico, muchas personas de nuevo antepondrán los deseos impropios al amor a Dios, pero esa rebelión será sofocada rápidamente: Jehová ejecutará de inmediato a todos aquellos rebeldes junto con Satanás y todos sus demonios, con lo cual habrán desaparecido para siempre todos los malhechores (Rev. 20:7-10).
Los que amen a Jehová Dios y vivan en la Tierra paradisíaca tendrán toda la eternidad por delante y de ninguna manera podemos siquiera, imaginar la felicidad que sentirán ¿será usted uno de ellos? Los logros del hombre perfecto en las artes, las ciencias o en cualquier otra disciplina, superarán por mucho a las mejores obras de los mayores maestros de este mundo decadente, lo cual no es de extrañar, pues la humanidad será perfecta y dispondrá de tiempo ilimitado y capacidades ilimitadas: imagínese lo que se podrá hacer siendo perfectos. Piense también en lo que usted y el resto de la humanidad aprenderán acerca de la creación de Jehová, desde los miles de millones de galaxias que hay en el universo hasta las minúsculas partículas subatómicas. Todo lo que logre el ser humano redundará en gloria y alabanza de nuestro amoroso Padre celestial, Jehová (Sal. 150:1-6). Por lo tanto, no pensemos que entonces la vida será aburrida, sino todo lo contrario: con el paso del tiempo será cada vez más interesante; recuerde que el conocimiento de Dios no tiene fin:
“¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11:33).
Por lo tanto y por toda la eternidad, siempre habrá cosas que aprender y nuevos horizontes que explorar:
“Todo lo ha hecho bello a su tiempo. Aun el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos, para que la humanidad nunca descubra la obra que el Dios verdadero ha hecho desde el comienzo hasta el fin.” (Ecl. 3:11).
Recuerdo en cierta ocasión y con motivo de un discurso público que tuve que dar, para poder transmitir el significado de este texto me inventé una ilustración (no sé si muy lograda, pero funcionó), a la que siempre cito como “La Teoría de las líneas convergentes y divergentes”. Como usted sabe, las líneas convergentes son aquellas que partiendo de puntos separados en el espacio, a medida que van avanzando se van acercando hasta converger (o encontrarse) en un mismo punto...... por el contrario, las líneas divergentes son aquellas que partiendo de un mismo punto, al avanzar en dicho espacio, se van separando cada vez más y teniendo ante sí por ello, un horizonte cada vez más amplio.
Pues bien, si aplicamos esta teoría al ser humano, nos encontramos con lo siguiente: cuando un hombre nace, tiene ante sí un inmenso espacio de tiempo y cosas por hacer, luego las líneas que delimitan su vida, por decirlo de alguna manera, se encuentran muy separadas. Pero a medida que va aumentando en años y su vida va pasando, dichas líneas se van acercando hasta que convergen en un solo punto, evidentemente en el momento de la muerte de esa persona y ahí se acaba todo. Sin embargo, cuando una persona conoce y entabla una relación con su Creador, parte de un punto cero ¿no es cierto? Y a medida que va progresando en esta relación, esas líneas imaginarias se van separando de tal manera, que cada pasito que vamos avanzando en el conocimiento de nuestro Creador, más separadas están las trayectorias de esas líneas y consecuentemente, más amplio es el horizonte que nos queda por explorar y más son las cosas que nos quedan por aprender de nuestro Dios. Luego usted, está caminando hacia el infinito o la vida eterna, como prefiera y cuanto más avance en su conocimiento de Jehová, muchísimo más le quedará por aprender: o sea, cuanto más avance usted, mucho más separadas le quedarán siempre las líneas y resultando que lo que tiene ante sí, ese infinito, es sencillamente el conocimiento de Jehová, inalcanzablemente alto para el ser humano. ¿Entiende la idea, verdad? Pero al continuar aprendiendo de Jehová Dios, usted seguirá viviendo, no solo por unos cuantos años, sino ¡para siempre! (Sal. 22:26). ¿Acaso un futuro dichoso en una Tierra paradisíaca, no merece todo el esfuerzo o los sacrificios que pueda hacer ?; por supuesto que sí. Pues bien, Jehová le ofrece la llave de ese magnífico futuro: el conocimiento de Dios...... ¿la utilizará usted?
Si ama a Jehová, hacer Su voluntad le será un placer:
“En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado y tu ley está dentro de mis entrañas.” (Sal. 40:8). ¡Cuántas bendiciones experimentará al seguir ese camino! Si utiliza el conocimiento de Dios, no solo llegará a vivir en un futuro cercano “la vida que lo es realmente”, sino que podrá disfrutar de una vida más feliz incluso en este mundo turbulento, porque usted tendrá una esperanza real y verdadera, cimentada en la promesa de Dios “que no puede mentir” (Tito 1:2). Y las recompensas futuras son incalculables, pues el conocer a su Creador, es lo que le llevará a vida eterna; y ahora, más que nunca, es el tiempo favorable para actuar, por lo que es solo apropiado que se resuelva a vivir con arreglo a ese conocimiento de Dios. Demuestre su amor y lealtad a Jehová y honre Su Santo Nombre a pesar de cualquier dificultad y pruebe que Satanás es un mentiroso. A su vez, Jehová Dios, la Fuente de toda sabiduría y conocimiento verdaderos, se complacerá en usted desde lo más profundo de su corazón y le amará para siempre (Jer. 31:3; Sof. 3:17) y le otorgará Su bendición.
Ahora bien, todo considerado, la pregunta es la siguiente: ¿de verdad dedica usted el necesario tiempo y esfuerzo, para adquirir el verdadero conocimiento de Dios? En fin, si nos perdona la inmodestia, le diremos que en nuestra opinión y si usted, es una de esas personas que nos va leyendo asiduamente y sobre todo, haciendo caso a nuestro consejo de ir comprobando en su propia Biblia si lo que decimos es verdad, está en la dirección correcta.
MABEL
viernes, 11 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Juan 5:28-29
Parece increíble, pero cierta, la manera como se puede deformar una información, hasta el grado de hacerla inentendible y llegar con ello a decir la cantidad de disparates que se pueden decir, a cuenta de un texto mal entendido o mal interpretado, como prefieran. Y ese es el caso, por ejemplo, del que da título a este comentario y que para empezar nuestro planteamiento, leeremos primero y por aquello de ponernos en situación, el contenido del citado pasaje:
“No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.”
Y es que resulta y siempre según los “entendidos” en materia bíblica, que la explicación o interpretación del mismo es la siguiente: hay dos resurrecciones, una primera para vida eterna y una segunda, para condenación y en consecuencia, destrucción eterna; pero que además según dichos “entendidos” y en virtud de una total falta de comprensión con respecto a Rev. 20:5, colocan dicha segunda resurrección al final de la era milenaria. Y claro, de lo mezclado en esa coctelera lo que sale es una segunda resurrección al final de los mil años de condenación o destrucción eterna, para todos aquellos que han muerto sin tener el favor de Jehová y que lo tanto, necesariamente y por lógica, la primera tiene que incluir a todos aquellos que sí acepta Dios y sin pensar esos señores, en las incongruencias que de esa reflexión se derivan, como veremos a continuación. Y es que aunque estamos de acuerdo en que hay dos resurrecciones, en lo que ya no estamos tan de acuerdo, es en que esto lo diga el citado texto de Juan y en el caso de donde si se nos da a entender dicha circunstancia y que es en el libro de Revelación, discrepamos acerca de quiénes participan en cada una de ellas y cuando. Porque hay que recordar que Revelación o Apocalipsis, nos habla de una primera resurrección (Rev. 20:6), pero nunca hace mención expresa de una “segunda” y algo que solo asumimos por deducción: si hay una primera, es porque obviamente habrá una segunda, pero repetimos porque es un detalle importante...... en ningún lugar se nos menciona de una “segunda” resurrección. Formulada esta matización, entremos de lleno en el asunto.
Y es que el primer problema ya aparece cuando se afirma, que en la primera resurrección participan todas aquellas personas, que desde Abel hasta nuestros días han muerto contando con el favor de Dios y lo cual, ya nos disculparán, pero es un disparate como un piano y al que se suma el otro disparate, de colocar una supuesta “segunda” resurrección, al término de los mil años de gobierno mesiánico y para aquellos que debido a su conducta, murieron sin el favor del Altísimo; y por ello siendo condenados irremisiblemente a la destrucción eterna, con lo cual es fácil deducir, que quién eso afirma no tiene ni remota idea de lo que dice la Biblia. Esta última conclusión, basándose (repetimos) en lo afirmado en Rev. 20:5 y que obviamente, su contenido tampoco es entendido correctamente; porque claro, el dicho entendimiento ya viene condicionado, como al principio hemos dicho, por la errónea interpretación de Juan 5:28-29. Luego lo que hacen los susodichos “maestros” en interpretación bíblica y para que todo cuadre, es ajustar textos aunque para ello haya que retorcerlos lo que haga falta y si conviene, hasta sacarlos de su contexto natural, para así poder apoyar lo que simplemente es la pésima interpretación de un pasaje bíblico.
Vamos a empezar, por averiguar quiénes participan de lo que se conoce como la “primera” resurrección (más adelante explicaremos, porqué se le llama la “primera”) y para ello, leeremos Rev. 20:6:
“Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.”
Luego algo que queda meridianamente claro, es que los que participen de esa primera resurrección, tendrán el privilegio de gobernar junto a Cristo, en calidad de reyes y sacerdotes, durante su reinado milenario. Y algo que también nos queda claro, es que la muerte segunda, no tiene autoridad sobre ellos, o sea, ellos pasan y en el mismo momento de su resurrección, directamente a gozar de la vida eterna, luego ya no están sujetos a ningún juicio ni a la posibilidad de morir de nuevo, pues ya se les ha concedido la inmortalidad.
Ahora bien, se nos ha dicho y siempre según estos “expertos” en cuestiones bíblicas, que en esa primera resurrección (algo les hemos comentado ya), participan todos aquellos que en toda época (lo cual incluye a los fieles del AT), han muerto contando con el favor de Jehová. Y ellos tienen necesidad de que sea así, porque como hemos visto y según su especial interpretación de Juan 5:28-29, solo les queda la “segunda” resurrección de condenación o destrucción eterna y claro, pensar que los Abraham, David, etc., tengan que ser destruidos, como que queda un poco fuerte ¿no? Luego para solventar ese “pequeño asuntillo”, pues nada, los metemos a todos en el mismo saco, o sea, en la primera resurrección y ¡hala! todos a gobernar con Cristo. Pero no olvidemos, que solo los que han de gobernar con Jesucristo, toman parte en esa primera resurrección, según el texto de Rev. 20:6, considerado con anterioridad y por lo cual sería interesante, saber cuántos y si ello se puede saber, acceden a dicho privilegio. Por lo tanto, ya tenemos el problema servido y como consecuencia, repetimos, de una mala interpretación, porque de ser eso así como ellos nos dicen, la cantidad de gobernantes asociados con Cristo alcanzaría cifras cuasi estelares; y cifra que según nuestro amigo Mario Olcese, que ya en su momento cuantificó dicha cantidad, se llegaría a “millones, miles de millones” de co-gobernantes del reino...... y el problema está, en que la Biblia no dice nada de esto.
Este es un debate interminable y si se nos permite la observación, irreconciliable y cuya dificultad queda circunscrita al hecho de que mientras unos leemos un texto e intentamos explicar y por supuesto ajustar, nuestro punto de vista a lo que en él se dice, otros y que son legión, desarrollan una idea y luego buscan textos que la apoyen, aunque sea forzándolos un “poquitín”, inclusive sacándolos de su contexto si ello conviene, con tal de que apoyen su disparatada percepción de la realidad escritural...... y eso es lo que ocurre en este caso, e intentaremos explicarles la razón de ello. Una constante en todos aquellos que escriben de temas bíblicos, pertenezcan a la organización cristiana a la que pertenezcan o vayan por libre, es que declaran sin lugar a dudas que han sido “ungidos” como Hijos de Dios, luego hechos hermanos de Cristo y en consecuencia, llamados a co-gobernar con Este en el reino de Dios...... todo eso en el mismo momento de su bautismo y de forma automática, lo cual no deja de ser otra barbaridad. Y si para conseguir demostrar la veracidad de semejante disparate, hay que hacer interminable el número de miembros de ese gobierno, pues se hace y punto; luego ya todo lo que resta, solo es asunto de conseguir el hacer ver a los demás, que algunos textos dicen aquello que en realidad no dicen y con el fin de convencernos de que tienen razón.
Sin embargo, en las Escrituras sí se nos da una cantidad específica en cuanto al número exacto de integrantes de dicha gobernación. Y aún cuando dicha circunstancia, es fuertemente contestada por parte de esas personas, la realidad es la que es y ahí están los dos pasajes que citan dicha cantidad; el primero en Rev. 7:4:
“Y oí el número de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de toda tribu de los hijos de Israel.”
Y el segundo lugar en donde también aparece dicho número, es en Rev. 14:1 y 3:
“Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre (…….), 3 Y están cantando como si fuera una canción nueva delante del trono y delante de las cuatro criaturas vivientes y de los ancianos; y nadie pudo dominar aquella canción sino los ciento cuarenta y cuatro mil, que han sido comprados de la tierra.”
Luego como pueden ver, lo de los 144.000, no nos lo inventamos nosotros: lo dice la Biblia; y aunque esos textos, para el común de los mortales serían concluyentes, no así para esas personas que se califican a sí mismas de “ungidas” y que no pueden aceptar esa posibilidad, ya que de ser así, se les viene abajo su “chiringuito”...... luego ¿cómo hacen para negar lo innegable? Pues sencillamente, afirmando con todo el descaro del mundo, que en estos pasajes se hace referencia a una cantidad “simbólica”, o sea, que cuando leemos “ciento cuarenta y cuatro mil”, lo que hay que entender en realidad, es “millones, miles de millones” (según expresión, como hemos dicho, de Apologista Mario Olcese), en definitiva, una cantidad astronómica. Y si para muestra vale un botón, vean solo el título de un artículo de Apologista, que hablaba del tema: “La muchedumbre incalculable de 144.000, viene de la Gran Tribulación.”; coherente la idea, ¿no? Pues bien, con eso mimbres tenemos que hacer el cesto e intentarles hacer ver, que su planteamiento no tiene sentido.
Sin embargo y en primer lugar, hay que decir que en ningún lugar de las Escrituras, absolutamente en ningún lugar, se nos habla de tal simbolismo, ni nada que nos dé a entender esa idea, ni siquiera algo que se le parezca o se le acerque mínimamente. En segundo lugar, vamos a analizar algo que sí nos dice Rev. 14:1 (antes citado) y que arroja un poco de luz a esta cuestión: “
Y vi, y ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”
Tengamos presente que nos encontramos en el marco de una revelación, acerca de cosas que tiene que suceder aquí en la tierra. Y para poder entender el alcance de este pasaje, tenemos que acudir a unas palabras profética pronunciadas por el mismo Jehová y que se encuentran en el Salmo 2:6, en donde leemos:
“…..diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.”
Pero ¿qué es Sión? Originalmente era una fortaleza jebusea, que con el tiempo se llamó “la Ciudad de David” (1 Rey. 8:1; 1 Cró. 11:5), ya que después de tomar el monte Sión, David fijó allí su residencia real (2 Sam. 5:9). Por tanto, las palabras de Jehová: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña” (Sal. 2:6) apuntan, a tenor del contexto de dicho Salmo, a un futuro distante en el tiempo. Esta montaña llegó a ser especialmente santa para Jehová, cuando David hizo que se trasladase allí el arca sagrada (2 Sam. 6:17) y siendo más tarde, que la designación “Sión” llegó a abarcar también el recinto del templo, ubicado en el monte Moria (adonde se llevó el Arca durante el reinado de Salomón) y aplicándose en realidad ese término, a toda la ciudad de Jerusalén. Como el Arca estaba relacionada con la presencia de Jehová (Éxo. 25:22; Lev. 16:2) y Sión era el símbolo de esa realidad, se hablaba de Sión como el lugar de la morada de Dios y el lugar de donde procedería, en un futuro aún lejano, la ayuda, la bendición y la salvación de parte de Jehová. Y puesto que desde allí gobernaba el rey escogido por Dios, se consideraba a Sión y por extensión a Jerusalén, el lugar desde donde gobernaba Jehová.
Luego lo que Juan vio en visión, fue el cumplimiento del restablecimiento futuro del reino de Dios de nuevo aquí en la tierra en la persona de Su Hijo Jesucristo y…….de 144.000 asociados, ni uno más, ni uno menos. Y repetimos, estamos en el contexto de una revelación de “las cosas que tienen que suceder” (Rev. 4:1b) y no en un concurso de acertijos, por lo cual debemos de entender que lo que Juan vio sobre ese monte Sión, era exactamente lo que Jesucristo y Jehová en último extremo, querían que este viera ¿o no es razonable pensar eso? Y si esto es así, ¿por qué hay que afirmar entonces, que esos 144.000, no son realmente 144.000? ¿Por qué deberíamos ir más allá, de lo que dicen las Escritura (1 Cor. 4:6)? ¿O deberíamos entender que a Juan se le mintió? Porque mucho nos tememos que no hay otra opción: o eran 144.000 o no y si no lo eran, pues efectivamente a Juan (y por extensión a todos nosotros) se le mintió. Luego a partir de ahí, la Palabra de Dios no sería fiable, pero claro, eso es imposible:
“…..sobre la base de una esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración.” (Tito 1:2).
Siendo eso así entonces, lo único que nos queda es pensar que los que mienten y adulteran la Palabra de Dios, son esas personas que sostienen tan disparatadas ideas, en función de no sabemos qué objetivos ¿no creen? Ahora bien, partiendo de ahí ¿en dónde metemos ahora, al resto de los “millones, miles de millones”, que se quedan sin su puesto de gobernante y que por ello ¡ojo al dato!, no participarán de la primera resurrección? Porque recordemos que en esa, solo participan los que con Cristo han de gobernar y que según Revelación, tal y como hemos visto es un número concreto y reducido. Algo en lo que además, estaba de acuerdo Jesús y que suponemos algo sabría del tema, cuando (sin citar cantidad alguna) dijo lo siguiente:
“No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).
Luego ¿qué idea deseaba transmitir el Hijo de Dios, con esas palabras? ¿Dudan ustedes de que Jesús, desconociera el significado de la expresión “rebaño pequeño”?...... pues eso, nosotros tampoco. Pero veamos otro problema que se nos presenta y que tiene que ver, en si es posible o no, que los fieles de la antigüedad accedan en calidad de gobernantes a ese reino y con lo cual sabremos y que es realmente lo que nos interesa, si se levantarán en esa primera resurrección o no.
Bien, ya tenemos completada la primera resurrección y ahora, solo nos queda una segunda y que según los “entendidos” en la materia, se produce al final de los mil años del reinado de Cristo y es para destrucción eterna. Luego ¿qué hacemos con esos personajes de la antigüedad, que murieron con el favor y la bendición de Jehová, como Noé, Abraham, David, Daniel y tantos y tantos otros? Porque lo que queremos dejar claro, es que esos personajes no pueden participar de esa primera resurrección y aunque hemos visto de entrada, que el limitado número de participantes que conforman el gobierno del reino, ya sería un obstáculo considerable a tener en cuenta, vamos no obstante, a señalar otras dos razones que entendemos de peso y que nos dan la razón en nuestro planteamiento.
Una primera razón, es que cuando Jesús estuvo aquí en la Tierra, estableció una condición sine qua non para poder acceder a la gobernación del Reino:
“Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5).
Luego esta es una condición indispensable que, por cierto, no podían reunir de ninguna manera aquellas personas que habían vivido siglos antes de Jesús, porque el bautismo con Espíritu Santo y que determinaba un nuevo nacimiento, dio inicio en el Pentecostés de 33 d.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles. Y una segunda razón, es que Jesús estableció lo que podríamos llamar una línea divisoria, entre aquellos que si podían acceder a dicho privilegio y aquellos que no:
“Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres y los que se adelantan con ardor se asen de él.” (Mat. 11:12).
Y si bien es cierto que hay un poco de confusión, en la traducción de este texto, lo que queda claro, es que el punto de partida para cualquier cosa que tuviera que ver con el Reino, se inició después de Juan el Bautista. Luego para todos aquellos fieles que vivieron antes de Juan, no existió la posibilidad de afanarse, luchar o de hacer algo, fuera lo que fuera y con relación a este reino, sencillamente porque aún no existía la oportunidad.
Pero es que Jesús y en el versículo anterior a este que acabamos de considerar, dijo algo que dejó las cosas muy claras, si acaso ya no estaban bastante claras, acerca de si los fieles del AT tendrían acceso al reino en calidad de gobernantes y en consecuencia (que es realmente de lo que se discute), si participarían de la primera resurrección; veamos las palabras de Jesús:
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.” (Mat. 11:11).
O sea, que por lo menos aquí tenemos a uno que seguro, no formará parte de ese gobierno de hechura divina y que por lo tanto, no estará en esa primera resurrección. Y es que con esas palabras citadas, fue el propio Jesús el que señaló que Juan no reinaría con él….. ¿o queda alguna duda? Pero ¿por qué fue eso así?: pues sencillamente, porque Juan murió antes de que fuera derramado el Espíritu Santo y por lo tanto, abierta la oportunidad de nacer del Espíritu y Jesús sabía eso, por lo que pudo afirmar que Juan el Bautista, no se levantaría en la primera resurrección; entonces ¿qué hacemos con él?
Tengamos presente, que lo que pretendemos establecer, es el asunto de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29 y no quien gobernara con Cristo, pero hemos de entrar también en ello, dado que las dos cosas están estrechamente relacionadas. Dicho esto y para que no se pierdan, continuemos ahora, con la palabras que dijo Jesús acerca de Juan el Bautista, asegurando que este no estaría gobernando con Él y lógicamente, no participaría de esa primera resurrección. Repasemos de nuevo, las palabras de Jesús y en donde vemos una derivada de la idea primaria que esas palabras establecieron:
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.”
Bien, vamos a ver: si entre los nacidos de mujer, no había sido levantado uno mayor (en orden de importancia entendemos) que Juan, es evidente que este era mayor que los Abraham, David, Daniel y compañía ¿no es cierto? Luego, si el menor en el reino de los cielos, era mayor que él y por lo tanto, obviamente Juan quedaba excluido, cuanto más aquellos que eran menores que Juan en ese citado orden de importancia. Entonces queda claro que los fieles anteriores a Juan, él incluido, no pueden gobernar con Cristo y con lo cual, de ninguna manera participan de la primera resurrección de Juan 5:28-29, a pesar de lo que digan los que defienden dicho planteamiento...... luego ¿qué hacemos con ellos, Sres. “entendidos”?
El error fundamental que cometen los que defienden la teoría de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, tanto en ese pasaje, como en el de Daniel 12:2 y al que también citan para dar fuerza a su argumento, es que no entienden el hecho de que tanto en ese pasaje de Juan como en el de Daniel, de lo que se nos está hablando es de una sola resurrección con dos distintas retribuciones y que estaría de acuerdo con Hech. 24:15:
“…..y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”
Por lo cual, lo que ellos están diciendo, no tiene sentido: es sencillamente imposible. Pero para que ustedes capten lo que queremos decir, vamos a aceptar por un momento que tienen razón en su planteamiento y veamos entonces, el problema que se nos crea. Porque al solo existir, dos resurrecciones, una primera para salvación y una segunda para condenación, tal como ellos entienden de los pasajes de Juan y Daniel, eso significaría que todas aquellas personas que hubieran muerto en el favor de Dios, en cualquier tiempo, tendrían inevitablemente que participar de esa primera resurrección y en consecuencia, según Rev. 20:6, pasarían a convertirse todos ellos, en reyes y sacerdotes para Dios y el Cristo, reinando con Este los mil años. Por otra parte, ya conocemos la opinión de Apologista Mario Olcese y compartida en el 99% de los que escriben sobre temas bíblicos en Internet, en el sentido de que la gran muchedumbre de Rev. 7:9, en realidad también pasa a formar parte del grupo gobernante de los 144.000; porque puesto que hasta donde nosotros sabemos, nadie ha rebatido semejante dudosa idea, tendremos que entender que es de general aceptación.
Bien, ahora tenemos por otro lado, a aquellos que habiendo muerto sin tener el favor de Dios, no se levantan (se nos dice) hasta pasados los mil años, para recibir su justo castigo. Luego, ¿nos podrían decir ustedes y durante ese espacio de tiempo de mil años, sobre quienes gobernarán como reyes y lo que es más importante, sobre quienes ejercerán su función de sacerdotes, los innumerables miembros de ese gobierno? Porque si la cosa es como ellos afirman, en la tierra no habrá personas que gobernar ni a las que beneficiar con su tarea sacerdotal: sencillamente será un reino sin súbditos. Luego la pregunta es la siguiente: ¿para ese viaje, hacían falta tantas alforjas? Porque no se les olvide, que el tema principal de la Biblia es el reino de Dios y los beneficios restauradores que de él se derivarán, además del hecho de que Jesús fue enviado precisamente para anunciar “las buenas nuevas del reino.” Veamos que nos dijo Jesús, acerca de su primordial comisión:
“Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).
Luego ¿todas las expectativas generadas, así como los esfuerzos realizados para la consecución de este logro, tienen que quedarse solo en eso, en mil años desperdiciados? Luego ¿para qué mil años? ¿De qué utilidad son? ¿Para qué se ha establecido dicho período? Y no sabemos qué pensarán ustedes, pero se nos antoja que la reflexión que acabamos de hacer, es solo de pura lógica y las preguntas formuladas, bastante razonables.
Es cierto por otra parte, que la primera resurrección lo es, tanto en orden de tiempo como en orden de calidad. De tiempo, porque ocurre entes de dar inicio el milenio y coincidiendo con el regreso de Cristo (1 Tes. 4:16), ya que se tiene que habilitar el gobierno que ha de regir durante los mil años y primera en orden de calidad, porque esas personas son las únicas resucitadas directamente a la inmortalidad (Rev. 20:6). Pero no es menos cierto, que los judíos del tiempo de Jesús (y anteriores por supuesto), no era esta la resurrección que esperaban, es más, no tenían ni la más remota idea de su existencia. Las hermanas de Lázaro, por ejemplo, no era esa la resurrección que tenían en mente para su hermano, cuando esperaban ansiosas que Jesús hiciera algo por este, recién fallecido:
“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día final.” (Juan 11:24).
¿Estaba hablando Marta acaso, de una última resurrección de juicio y destrucción eterna, “en el día final”? ¿O acaso, estaba hablando de una resurrección, que llevara a su hermano a reinar junto a Cristo y de la que, repetimos, ella no tenía ni idea? Pues ni la una ni la otra. De lo que ella estaba hablando, era de una resurrección en un tiempo en que sería restablecido el reino de Dios aquí en la tierra y al ser humano se le daría la oportunidad de recuperar la perfección y, mediante demostrar su lealtad a Jehová, el conseguir acceder de nuevo a la posibilidad de vivir eternamente; pero veamos como confirma ese extremo, el relato de Revelación.
Cuando usted lee Rev. 19:19 hasta 20:3, está viendo el final de este sistema de cosas tal como lo conocemos, finiquitado por Cristo y sus hermanos, en la gran y final batalla de Armagedón. En Rev. 20:4-6, ya está viendo lo que podríamos considera como la toma de posesión de sus respectivos tronos de aquellos que han de gobernar con Cristo; ya en el versículo 11, lo que está viendo es la majestuosa presencia del Rey presidente de ese gobierno, Jesucristo, sentado en su imponente trono y dando inicio a una nueva era: el milenio:
“…. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”
Y dado que en términos proféticos, “tierra” significa la sociedad humana y “cielos”, denotando lo alto o encumbrado, a los gobiernos que actúan sobre dicha sociedad (Isaías 65:17; 66:22; 2 Pedro 3:13), lo que usted está viendo, es la total renovación de dicha sociedad humana y del sistema de gobierno que pasa a regirla. Y una vez establecido esto, es cuando empieza la resurrección general de los muertos, o lo que se podría considerar como una segunda resurrección y también el proceso a seguir, para saber quién será digno de conseguir la vida eterna o por el contrario, ser merecedor de destrucción eterna. Y si hemos obviado los versículos del 7 al 10 de este cap. 20, es porque ese pasaje, no es más que un inciso para señalar algo, que nada tiene que ver con lo que se está explicando y que tiene que producirse al cabo de los mil años. Pero que para nada significa que la acción que se estaba desarrollando y es interrumpida, se tenga que trasladar mil años en el futuro. Por lo tanto y después de dicho inciso, los acontecimientos continúan teniendo su orden lógico, luego de nuevo se vuelve al inicio del milenio.
Porque eso es lo que va a ocurrir: durante el milenio y de forma gradual, se irá levantando a los muertos, tanto justos como injustos (Hech. 24:15) y mediante los oficios sacerdotales de los gobernantes del reino, se les irá ayudando a conseguir la perfección (recuerden que se abren nuevos rollos de instrucciones), tanto física, como mental y sobre todo espiritual, lo que les llevará al término de los mil años, a enfrentar con éxito la última gran prueba a la que será sometida la humanidad y de la que ya hemos sido “advertidos” en los versículos 7-10, antes omitidos. Lo cual permitirá al ser humano, probar su lealtad a Jehová y conseguir así la vida eterna, la cual vida eterna habrían mantenido Adán y Eva, si no hubieran fracasado miserablemente en mostrar lealtad a su Creador. Y lamentablemente eso de nuevo volverá a ocurrir, con aquellos que faltos de aprecio, disfruten de las bendiciones materiales que se impartirán durante el milenio, pero no presten atención a las más importantes que son las espirituales. Estos no pasarán la prueba y su nombre, por tanto, no será inscrito en el libro de la vida, por lo que serán arrojados al lago de fuego, como símbolo de destrucción eterna:
“Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:14-15).
Y es en ese sentido, que Juan 5:28-29 y Daniel 12:2, nos hablan de una resurrección de vida y una de juicio o condenación. Leamos:
“No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación.”
Y si analizamos con cuidado dicho texto, es evidente que no nos habla de dos resurrecciones distintas y separadas en el tiempo por mil años. Los que apoyan dicha teoría, han tenido que apartar un texto de su contexto (Rev. 20:5) y que nada tiene que ver con Juan 5:28-29, para conseguir este apoyo. Y es que según el texto de Juan, los que oirán la voz serán todos, luego entonces ¿quiénes saldrán? ……. pues según dicho texto todos (de forma progresiva, claro), tanto justos como injustos (Hech. 24:15). Ahora bien, se nos dice que los que hicieron el bien, tienen una recompensa y los que hicieron el mal, otra. Luego se confirma lo que ya hemos dicho con anterioridad: una sola resurrección, con dos retribuciones distintas. Pero puesto que leemos que son juzgados por las cosas que hicieron bien o que hicieron mal, entonces la pregunta sería: que hicieron bien o mal ¿cuándo? Pues evidentemente después de su resurrección, aunque cierto es que dicho texto no está demasiado bien logrado en la inmensa mayoría de traducciones y dando la sensación, de que es por las cosas que hicieron antes de morir.
Y no ayuda en nada la torpe interpretación que del mismo han hecho los “entendidos” en la materia; porque claro, al decir que los que resucitan en la segunda resurrección al cabo de los mil años, se encaminan a la destrucción, están dando a entender que es por lo que hicieron antes de morir, ya que al resucitar al término de los mil años, es evidente que ya no tienen tiempo de hacer nada, ni bueno ni malo y lo cual es un nuevo disparate. Y es que olvidan que por encima de lo que parezca decir un texto, está lo que se conoce como contexto general y que tiene que ver, con lo idea que nos transmite el mensaje bíblico, prescindiendo de lo que nos diga un texto en particular. Veamos un ejemplo de eso, contrastando lo que parece decir Juan 5:28-29, con la idea que transmite el contexto general y veamos porque eso no puede ser así, aunque el texto citado parezca decir lo contrario. Escribiendo a los hermanos de Roma, Pablo dijo lo siguiente:
“Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”
Luego lo que entendemos de este pasaje, es que al morir, uno cancela la deuda contraída, porque con su muerte ya ha pagado el precio, luego si volviera a la vida, como es el caso de los que por la misericordia de Jehová, resucitan, ya no tiene la deuda del pecado. Que eso es así, Pablo lo dejó claro unos versículos antes, concretamente en el 7, al decir:
“Porque el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado.” (“justificado” o “librado” o “redimido”, según versiones). (Acotación nuestra).
Luego no pueden ser juzgados de nuevo, por el mismo delito (el pecado heredado y sus consecuencias) y por el que han pagado con la muerte. Es por eso, que los rollos que se abren en Rev. 20:12, de ninguna manera tienen que ver con un registro de las cosas hechas antes de la muerte de aquellos que son resucitados y como de forma errónea e incomprensible, afirman los “expertos” en la materia. Sencillamente, con la muerte ya han pagado por sus pecados, porque además, ese fue el precio fijado por el pecado, cuando Jehová advirtió a Adán:
“Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.” (Gén. 2:17).
Desobedecer a Dios, era pecar y el precio a pagar era la muerte...... punto. Luego, si dichos libros o rollos, no son un registro de cosas pasadas y por lo considerado, vemos que no pueden serlo, evidentemente tiene que tratarse de nueva información que se abre, para ponerla en práctica y tendente a la restauración física, mental y espiritual del ser humano y que sería la base, sobre la que uno calificaría para conseguir una resurrección de vida o una de condenación y para ello, el requisito indispensable es tiempo y por eso se nos dan mil años. Luego solo el sentido común nos dice, que de ninguna manera podría ser una resurrección al final del milenio, sino muy por el contrario, al principio del mismo; de lo contrario ¿para qué abrir nueva información, si no habría quién la usara, por no existir tiempo material para llevarla a cabo? Y es que solo la torpeza de usar un texto fuera de su contexto, en este caso Rev. 20:5, ha hecho que un pasaje como Juan 5:28-29, parezca decir aquello que realmente no dice. Porque ese texto de Revelación, sencillamente nos habla de otra cosa que para nada tiene que ver con el pasaje de Juan; y es que lo que pretende dicho texto de Juan al señalar una segunda resurrección para juicio, es que solo al final del período milenario, se sabrá si la resurrección de la persona ha sido para vida o para destrucción y siempre en función del aprovechamiento que uno haya hecho de la ayuda recibida, como ya hemos apuntado. Circunstancia que será puesta en evidencia, mediante la última prueba (que no una resurrección) a la que se enfrentará la humanidad al final de los mil años (Rev. 20:7-10) y por eso, repetimos, no se puede saber si una resurrección será para vida o para muerte, hasta llegar a ese momento; eso, sencillamente, es lo que nos quiere decir Juan 5:28-29.
Pensamos que con lo dicho, es suficiente para que una persona coherente y dispuesta a razonar, entienda lo que realmente nos dice el pasaje bíblico que da título a este artículo; por ello y aunque hay más por añadir, creemos que es suficiente. Y nosotros, de nuevo hacemos hincapié en la necesidad de la comprobación personal para ver si lo que afirmamos, es cierto o no. Porque es nuestro consejo, que nunca pongan su confianza en ninguna afirmación, venga de donde venga, sin antes haberla considerado y contrastado adecuadamente:
“Ahora bien, estos eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así.” (Hech. 17:11).
Y recuerden que el que hablaba, era el mismísimo Pablo: ni más…... ni menos.
MABEL
Parece increíble, pero cierta, la manera como se puede deformar una información, hasta el grado de hacerla inentendible y llegar con ello a decir la cantidad de disparates que se pueden decir, a cuenta de un texto mal entendido o mal interpretado, como prefieran. Y ese es el caso, por ejemplo, del que da título a este comentario y que para empezar nuestro planteamiento, leeremos primero y por aquello de ponernos en situación, el contenido del citado pasaje:
“No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.”
Y es que resulta y siempre según los “entendidos” en materia bíblica, que la explicación o interpretación del mismo es la siguiente: hay dos resurrecciones, una primera para vida eterna y una segunda, para condenación y en consecuencia, destrucción eterna; pero que además según dichos “entendidos” y en virtud de una total falta de comprensión con respecto a Rev. 20:5, colocan dicha segunda resurrección al final de la era milenaria. Y claro, de lo mezclado en esa coctelera lo que sale es una segunda resurrección al final de los mil años de condenación o destrucción eterna, para todos aquellos que han muerto sin tener el favor de Jehová y que lo tanto, necesariamente y por lógica, la primera tiene que incluir a todos aquellos que sí acepta Dios y sin pensar esos señores, en las incongruencias que de esa reflexión se derivan, como veremos a continuación. Y es que aunque estamos de acuerdo en que hay dos resurrecciones, en lo que ya no estamos tan de acuerdo, es en que esto lo diga el citado texto de Juan y en el caso de donde si se nos da a entender dicha circunstancia y que es en el libro de Revelación, discrepamos acerca de quiénes participan en cada una de ellas y cuando. Porque hay que recordar que Revelación o Apocalipsis, nos habla de una primera resurrección (Rev. 20:6), pero nunca hace mención expresa de una “segunda” y algo que solo asumimos por deducción: si hay una primera, es porque obviamente habrá una segunda, pero repetimos porque es un detalle importante...... en ningún lugar se nos menciona de una “segunda” resurrección. Formulada esta matización, entremos de lleno en el asunto.
Y es que el primer problema ya aparece cuando se afirma, que en la primera resurrección participan todas aquellas personas, que desde Abel hasta nuestros días han muerto contando con el favor de Dios y lo cual, ya nos disculparán, pero es un disparate como un piano y al que se suma el otro disparate, de colocar una supuesta “segunda” resurrección, al término de los mil años de gobierno mesiánico y para aquellos que debido a su conducta, murieron sin el favor del Altísimo; y por ello siendo condenados irremisiblemente a la destrucción eterna, con lo cual es fácil deducir, que quién eso afirma no tiene ni remota idea de lo que dice la Biblia. Esta última conclusión, basándose (repetimos) en lo afirmado en Rev. 20:5 y que obviamente, su contenido tampoco es entendido correctamente; porque claro, el dicho entendimiento ya viene condicionado, como al principio hemos dicho, por la errónea interpretación de Juan 5:28-29. Luego lo que hacen los susodichos “maestros” en interpretación bíblica y para que todo cuadre, es ajustar textos aunque para ello haya que retorcerlos lo que haga falta y si conviene, hasta sacarlos de su contexto natural, para así poder apoyar lo que simplemente es la pésima interpretación de un pasaje bíblico.
Vamos a empezar, por averiguar quiénes participan de lo que se conoce como la “primera” resurrección (más adelante explicaremos, porqué se le llama la “primera”) y para ello, leeremos Rev. 20:6:
“Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.”
Luego algo que queda meridianamente claro, es que los que participen de esa primera resurrección, tendrán el privilegio de gobernar junto a Cristo, en calidad de reyes y sacerdotes, durante su reinado milenario. Y algo que también nos queda claro, es que la muerte segunda, no tiene autoridad sobre ellos, o sea, ellos pasan y en el mismo momento de su resurrección, directamente a gozar de la vida eterna, luego ya no están sujetos a ningún juicio ni a la posibilidad de morir de nuevo, pues ya se les ha concedido la inmortalidad.
Ahora bien, se nos ha dicho y siempre según estos “expertos” en cuestiones bíblicas, que en esa primera resurrección (algo les hemos comentado ya), participan todos aquellos que en toda época (lo cual incluye a los fieles del AT), han muerto contando con el favor de Jehová. Y ellos tienen necesidad de que sea así, porque como hemos visto y según su especial interpretación de Juan 5:28-29, solo les queda la “segunda” resurrección de condenación o destrucción eterna y claro, pensar que los Abraham, David, etc., tengan que ser destruidos, como que queda un poco fuerte ¿no? Luego para solventar ese “pequeño asuntillo”, pues nada, los metemos a todos en el mismo saco, o sea, en la primera resurrección y ¡hala! todos a gobernar con Cristo. Pero no olvidemos, que solo los que han de gobernar con Jesucristo, toman parte en esa primera resurrección, según el texto de Rev. 20:6, considerado con anterioridad y por lo cual sería interesante, saber cuántos y si ello se puede saber, acceden a dicho privilegio. Por lo tanto, ya tenemos el problema servido y como consecuencia, repetimos, de una mala interpretación, porque de ser eso así como ellos nos dicen, la cantidad de gobernantes asociados con Cristo alcanzaría cifras cuasi estelares; y cifra que según nuestro amigo Mario Olcese, que ya en su momento cuantificó dicha cantidad, se llegaría a “millones, miles de millones” de co-gobernantes del reino...... y el problema está, en que la Biblia no dice nada de esto.
Este es un debate interminable y si se nos permite la observación, irreconciliable y cuya dificultad queda circunscrita al hecho de que mientras unos leemos un texto e intentamos explicar y por supuesto ajustar, nuestro punto de vista a lo que en él se dice, otros y que son legión, desarrollan una idea y luego buscan textos que la apoyen, aunque sea forzándolos un “poquitín”, inclusive sacándolos de su contexto si ello conviene, con tal de que apoyen su disparatada percepción de la realidad escritural...... y eso es lo que ocurre en este caso, e intentaremos explicarles la razón de ello. Una constante en todos aquellos que escriben de temas bíblicos, pertenezcan a la organización cristiana a la que pertenezcan o vayan por libre, es que declaran sin lugar a dudas que han sido “ungidos” como Hijos de Dios, luego hechos hermanos de Cristo y en consecuencia, llamados a co-gobernar con Este en el reino de Dios...... todo eso en el mismo momento de su bautismo y de forma automática, lo cual no deja de ser otra barbaridad. Y si para conseguir demostrar la veracidad de semejante disparate, hay que hacer interminable el número de miembros de ese gobierno, pues se hace y punto; luego ya todo lo que resta, solo es asunto de conseguir el hacer ver a los demás, que algunos textos dicen aquello que en realidad no dicen y con el fin de convencernos de que tienen razón.
Sin embargo, en las Escrituras sí se nos da una cantidad específica en cuanto al número exacto de integrantes de dicha gobernación. Y aún cuando dicha circunstancia, es fuertemente contestada por parte de esas personas, la realidad es la que es y ahí están los dos pasajes que citan dicha cantidad; el primero en Rev. 7:4:
“Y oí el número de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de toda tribu de los hijos de Israel.”
Y el segundo lugar en donde también aparece dicho número, es en Rev. 14:1 y 3:
“Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre (…….), 3 Y están cantando como si fuera una canción nueva delante del trono y delante de las cuatro criaturas vivientes y de los ancianos; y nadie pudo dominar aquella canción sino los ciento cuarenta y cuatro mil, que han sido comprados de la tierra.”
Luego como pueden ver, lo de los 144.000, no nos lo inventamos nosotros: lo dice la Biblia; y aunque esos textos, para el común de los mortales serían concluyentes, no así para esas personas que se califican a sí mismas de “ungidas” y que no pueden aceptar esa posibilidad, ya que de ser así, se les viene abajo su “chiringuito”...... luego ¿cómo hacen para negar lo innegable? Pues sencillamente, afirmando con todo el descaro del mundo, que en estos pasajes se hace referencia a una cantidad “simbólica”, o sea, que cuando leemos “ciento cuarenta y cuatro mil”, lo que hay que entender en realidad, es “millones, miles de millones” (según expresión, como hemos dicho, de Apologista Mario Olcese), en definitiva, una cantidad astronómica. Y si para muestra vale un botón, vean solo el título de un artículo de Apologista, que hablaba del tema: “La muchedumbre incalculable de 144.000, viene de la Gran Tribulación.”; coherente la idea, ¿no? Pues bien, con eso mimbres tenemos que hacer el cesto e intentarles hacer ver, que su planteamiento no tiene sentido.
Sin embargo y en primer lugar, hay que decir que en ningún lugar de las Escrituras, absolutamente en ningún lugar, se nos habla de tal simbolismo, ni nada que nos dé a entender esa idea, ni siquiera algo que se le parezca o se le acerque mínimamente. En segundo lugar, vamos a analizar algo que sí nos dice Rev. 14:1 (antes citado) y que arroja un poco de luz a esta cuestión: “
Y vi, y ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”
Tengamos presente que nos encontramos en el marco de una revelación, acerca de cosas que tiene que suceder aquí en la tierra. Y para poder entender el alcance de este pasaje, tenemos que acudir a unas palabras profética pronunciadas por el mismo Jehová y que se encuentran en el Salmo 2:6, en donde leemos:
“…..diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.”
Pero ¿qué es Sión? Originalmente era una fortaleza jebusea, que con el tiempo se llamó “la Ciudad de David” (1 Rey. 8:1; 1 Cró. 11:5), ya que después de tomar el monte Sión, David fijó allí su residencia real (2 Sam. 5:9). Por tanto, las palabras de Jehová: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña” (Sal. 2:6) apuntan, a tenor del contexto de dicho Salmo, a un futuro distante en el tiempo. Esta montaña llegó a ser especialmente santa para Jehová, cuando David hizo que se trasladase allí el arca sagrada (2 Sam. 6:17) y siendo más tarde, que la designación “Sión” llegó a abarcar también el recinto del templo, ubicado en el monte Moria (adonde se llevó el Arca durante el reinado de Salomón) y aplicándose en realidad ese término, a toda la ciudad de Jerusalén. Como el Arca estaba relacionada con la presencia de Jehová (Éxo. 25:22; Lev. 16:2) y Sión era el símbolo de esa realidad, se hablaba de Sión como el lugar de la morada de Dios y el lugar de donde procedería, en un futuro aún lejano, la ayuda, la bendición y la salvación de parte de Jehová. Y puesto que desde allí gobernaba el rey escogido por Dios, se consideraba a Sión y por extensión a Jerusalén, el lugar desde donde gobernaba Jehová.
Luego lo que Juan vio en visión, fue el cumplimiento del restablecimiento futuro del reino de Dios de nuevo aquí en la tierra en la persona de Su Hijo Jesucristo y…….de 144.000 asociados, ni uno más, ni uno menos. Y repetimos, estamos en el contexto de una revelación de “las cosas que tienen que suceder” (Rev. 4:1b) y no en un concurso de acertijos, por lo cual debemos de entender que lo que Juan vio sobre ese monte Sión, era exactamente lo que Jesucristo y Jehová en último extremo, querían que este viera ¿o no es razonable pensar eso? Y si esto es así, ¿por qué hay que afirmar entonces, que esos 144.000, no son realmente 144.000? ¿Por qué deberíamos ir más allá, de lo que dicen las Escritura (1 Cor. 4:6)? ¿O deberíamos entender que a Juan se le mintió? Porque mucho nos tememos que no hay otra opción: o eran 144.000 o no y si no lo eran, pues efectivamente a Juan (y por extensión a todos nosotros) se le mintió. Luego a partir de ahí, la Palabra de Dios no sería fiable, pero claro, eso es imposible:
“…..sobre la base de una esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración.” (Tito 1:2).
Siendo eso así entonces, lo único que nos queda es pensar que los que mienten y adulteran la Palabra de Dios, son esas personas que sostienen tan disparatadas ideas, en función de no sabemos qué objetivos ¿no creen? Ahora bien, partiendo de ahí ¿en dónde metemos ahora, al resto de los “millones, miles de millones”, que se quedan sin su puesto de gobernante y que por ello ¡ojo al dato!, no participarán de la primera resurrección? Porque recordemos que en esa, solo participan los que con Cristo han de gobernar y que según Revelación, tal y como hemos visto es un número concreto y reducido. Algo en lo que además, estaba de acuerdo Jesús y que suponemos algo sabría del tema, cuando (sin citar cantidad alguna) dijo lo siguiente:
“No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).
Luego ¿qué idea deseaba transmitir el Hijo de Dios, con esas palabras? ¿Dudan ustedes de que Jesús, desconociera el significado de la expresión “rebaño pequeño”?...... pues eso, nosotros tampoco. Pero veamos otro problema que se nos presenta y que tiene que ver, en si es posible o no, que los fieles de la antigüedad accedan en calidad de gobernantes a ese reino y con lo cual sabremos y que es realmente lo que nos interesa, si se levantarán en esa primera resurrección o no.
Bien, ya tenemos completada la primera resurrección y ahora, solo nos queda una segunda y que según los “entendidos” en la materia, se produce al final de los mil años del reinado de Cristo y es para destrucción eterna. Luego ¿qué hacemos con esos personajes de la antigüedad, que murieron con el favor y la bendición de Jehová, como Noé, Abraham, David, Daniel y tantos y tantos otros? Porque lo que queremos dejar claro, es que esos personajes no pueden participar de esa primera resurrección y aunque hemos visto de entrada, que el limitado número de participantes que conforman el gobierno del reino, ya sería un obstáculo considerable a tener en cuenta, vamos no obstante, a señalar otras dos razones que entendemos de peso y que nos dan la razón en nuestro planteamiento.
Una primera razón, es que cuando Jesús estuvo aquí en la Tierra, estableció una condición sine qua non para poder acceder a la gobernación del Reino:
“Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5).
Luego esta es una condición indispensable que, por cierto, no podían reunir de ninguna manera aquellas personas que habían vivido siglos antes de Jesús, porque el bautismo con Espíritu Santo y que determinaba un nuevo nacimiento, dio inicio en el Pentecostés de 33 d.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles. Y una segunda razón, es que Jesús estableció lo que podríamos llamar una línea divisoria, entre aquellos que si podían acceder a dicho privilegio y aquellos que no:
“Pero desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres y los que se adelantan con ardor se asen de él.” (Mat. 11:12).
Y si bien es cierto que hay un poco de confusión, en la traducción de este texto, lo que queda claro, es que el punto de partida para cualquier cosa que tuviera que ver con el Reino, se inició después de Juan el Bautista. Luego para todos aquellos fieles que vivieron antes de Juan, no existió la posibilidad de afanarse, luchar o de hacer algo, fuera lo que fuera y con relación a este reino, sencillamente porque aún no existía la oportunidad.
Pero es que Jesús y en el versículo anterior a este que acabamos de considerar, dijo algo que dejó las cosas muy claras, si acaso ya no estaban bastante claras, acerca de si los fieles del AT tendrían acceso al reino en calidad de gobernantes y en consecuencia (que es realmente de lo que se discute), si participarían de la primera resurrección; veamos las palabras de Jesús:
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.” (Mat. 11:11).
O sea, que por lo menos aquí tenemos a uno que seguro, no formará parte de ese gobierno de hechura divina y que por lo tanto, no estará en esa primera resurrección. Y es que con esas palabras citadas, fue el propio Jesús el que señaló que Juan no reinaría con él….. ¿o queda alguna duda? Pero ¿por qué fue eso así?: pues sencillamente, porque Juan murió antes de que fuera derramado el Espíritu Santo y por lo tanto, abierta la oportunidad de nacer del Espíritu y Jesús sabía eso, por lo que pudo afirmar que Juan el Bautista, no se levantaría en la primera resurrección; entonces ¿qué hacemos con él?
Tengamos presente, que lo que pretendemos establecer, es el asunto de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29 y no quien gobernara con Cristo, pero hemos de entrar también en ello, dado que las dos cosas están estrechamente relacionadas. Dicho esto y para que no se pierdan, continuemos ahora, con la palabras que dijo Jesús acerca de Juan el Bautista, asegurando que este no estaría gobernando con Él y lógicamente, no participaría de esa primera resurrección. Repasemos de nuevo, las palabras de Jesús y en donde vemos una derivada de la idea primaria que esas palabras establecieron:
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.”
Bien, vamos a ver: si entre los nacidos de mujer, no había sido levantado uno mayor (en orden de importancia entendemos) que Juan, es evidente que este era mayor que los Abraham, David, Daniel y compañía ¿no es cierto? Luego, si el menor en el reino de los cielos, era mayor que él y por lo tanto, obviamente Juan quedaba excluido, cuanto más aquellos que eran menores que Juan en ese citado orden de importancia. Entonces queda claro que los fieles anteriores a Juan, él incluido, no pueden gobernar con Cristo y con lo cual, de ninguna manera participan de la primera resurrección de Juan 5:28-29, a pesar de lo que digan los que defienden dicho planteamiento...... luego ¿qué hacemos con ellos, Sres. “entendidos”?
El error fundamental que cometen los que defienden la teoría de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, tanto en ese pasaje, como en el de Daniel 12:2 y al que también citan para dar fuerza a su argumento, es que no entienden el hecho de que tanto en ese pasaje de Juan como en el de Daniel, de lo que se nos está hablando es de una sola resurrección con dos distintas retribuciones y que estaría de acuerdo con Hech. 24:15:
“…..y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.”
Por lo cual, lo que ellos están diciendo, no tiene sentido: es sencillamente imposible. Pero para que ustedes capten lo que queremos decir, vamos a aceptar por un momento que tienen razón en su planteamiento y veamos entonces, el problema que se nos crea. Porque al solo existir, dos resurrecciones, una primera para salvación y una segunda para condenación, tal como ellos entienden de los pasajes de Juan y Daniel, eso significaría que todas aquellas personas que hubieran muerto en el favor de Dios, en cualquier tiempo, tendrían inevitablemente que participar de esa primera resurrección y en consecuencia, según Rev. 20:6, pasarían a convertirse todos ellos, en reyes y sacerdotes para Dios y el Cristo, reinando con Este los mil años. Por otra parte, ya conocemos la opinión de Apologista Mario Olcese y compartida en el 99% de los que escriben sobre temas bíblicos en Internet, en el sentido de que la gran muchedumbre de Rev. 7:9, en realidad también pasa a formar parte del grupo gobernante de los 144.000; porque puesto que hasta donde nosotros sabemos, nadie ha rebatido semejante dudosa idea, tendremos que entender que es de general aceptación.
Bien, ahora tenemos por otro lado, a aquellos que habiendo muerto sin tener el favor de Dios, no se levantan (se nos dice) hasta pasados los mil años, para recibir su justo castigo. Luego, ¿nos podrían decir ustedes y durante ese espacio de tiempo de mil años, sobre quienes gobernarán como reyes y lo que es más importante, sobre quienes ejercerán su función de sacerdotes, los innumerables miembros de ese gobierno? Porque si la cosa es como ellos afirman, en la tierra no habrá personas que gobernar ni a las que beneficiar con su tarea sacerdotal: sencillamente será un reino sin súbditos. Luego la pregunta es la siguiente: ¿para ese viaje, hacían falta tantas alforjas? Porque no se les olvide, que el tema principal de la Biblia es el reino de Dios y los beneficios restauradores que de él se derivarán, además del hecho de que Jesús fue enviado precisamente para anunciar “las buenas nuevas del reino.” Veamos que nos dijo Jesús, acerca de su primordial comisión:
“Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).
Luego ¿todas las expectativas generadas, así como los esfuerzos realizados para la consecución de este logro, tienen que quedarse solo en eso, en mil años desperdiciados? Luego ¿para qué mil años? ¿De qué utilidad son? ¿Para qué se ha establecido dicho período? Y no sabemos qué pensarán ustedes, pero se nos antoja que la reflexión que acabamos de hacer, es solo de pura lógica y las preguntas formuladas, bastante razonables.
Es cierto por otra parte, que la primera resurrección lo es, tanto en orden de tiempo como en orden de calidad. De tiempo, porque ocurre entes de dar inicio el milenio y coincidiendo con el regreso de Cristo (1 Tes. 4:16), ya que se tiene que habilitar el gobierno que ha de regir durante los mil años y primera en orden de calidad, porque esas personas son las únicas resucitadas directamente a la inmortalidad (Rev. 20:6). Pero no es menos cierto, que los judíos del tiempo de Jesús (y anteriores por supuesto), no era esta la resurrección que esperaban, es más, no tenían ni la más remota idea de su existencia. Las hermanas de Lázaro, por ejemplo, no era esa la resurrección que tenían en mente para su hermano, cuando esperaban ansiosas que Jesús hiciera algo por este, recién fallecido:
“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día final.” (Juan 11:24).
¿Estaba hablando Marta acaso, de una última resurrección de juicio y destrucción eterna, “en el día final”? ¿O acaso, estaba hablando de una resurrección, que llevara a su hermano a reinar junto a Cristo y de la que, repetimos, ella no tenía ni idea? Pues ni la una ni la otra. De lo que ella estaba hablando, era de una resurrección en un tiempo en que sería restablecido el reino de Dios aquí en la tierra y al ser humano se le daría la oportunidad de recuperar la perfección y, mediante demostrar su lealtad a Jehová, el conseguir acceder de nuevo a la posibilidad de vivir eternamente; pero veamos como confirma ese extremo, el relato de Revelación.
Cuando usted lee Rev. 19:19 hasta 20:3, está viendo el final de este sistema de cosas tal como lo conocemos, finiquitado por Cristo y sus hermanos, en la gran y final batalla de Armagedón. En Rev. 20:4-6, ya está viendo lo que podríamos considera como la toma de posesión de sus respectivos tronos de aquellos que han de gobernar con Cristo; ya en el versículo 11, lo que está viendo es la majestuosa presencia del Rey presidente de ese gobierno, Jesucristo, sentado en su imponente trono y dando inicio a una nueva era: el milenio:
“…. De delante de él huyeron la tierra y el cielo y no se halló lugar para ellos.”
Y dado que en términos proféticos, “tierra” significa la sociedad humana y “cielos”, denotando lo alto o encumbrado, a los gobiernos que actúan sobre dicha sociedad (Isaías 65:17; 66:22; 2 Pedro 3:13), lo que usted está viendo, es la total renovación de dicha sociedad humana y del sistema de gobierno que pasa a regirla. Y una vez establecido esto, es cuando empieza la resurrección general de los muertos, o lo que se podría considerar como una segunda resurrección y también el proceso a seguir, para saber quién será digno de conseguir la vida eterna o por el contrario, ser merecedor de destrucción eterna. Y si hemos obviado los versículos del 7 al 10 de este cap. 20, es porque ese pasaje, no es más que un inciso para señalar algo, que nada tiene que ver con lo que se está explicando y que tiene que producirse al cabo de los mil años. Pero que para nada significa que la acción que se estaba desarrollando y es interrumpida, se tenga que trasladar mil años en el futuro. Por lo tanto y después de dicho inciso, los acontecimientos continúan teniendo su orden lógico, luego de nuevo se vuelve al inicio del milenio.
Porque eso es lo que va a ocurrir: durante el milenio y de forma gradual, se irá levantando a los muertos, tanto justos como injustos (Hech. 24:15) y mediante los oficios sacerdotales de los gobernantes del reino, se les irá ayudando a conseguir la perfección (recuerden que se abren nuevos rollos de instrucciones), tanto física, como mental y sobre todo espiritual, lo que les llevará al término de los mil años, a enfrentar con éxito la última gran prueba a la que será sometida la humanidad y de la que ya hemos sido “advertidos” en los versículos 7-10, antes omitidos. Lo cual permitirá al ser humano, probar su lealtad a Jehová y conseguir así la vida eterna, la cual vida eterna habrían mantenido Adán y Eva, si no hubieran fracasado miserablemente en mostrar lealtad a su Creador. Y lamentablemente eso de nuevo volverá a ocurrir, con aquellos que faltos de aprecio, disfruten de las bendiciones materiales que se impartirán durante el milenio, pero no presten atención a las más importantes que son las espirituales. Estos no pasarán la prueba y su nombre, por tanto, no será inscrito en el libro de la vida, por lo que serán arrojados al lago de fuego, como símbolo de destrucción eterna:
“Y la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esto significa la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:14-15).
Y es en ese sentido, que Juan 5:28-29 y Daniel 12:2, nos hablan de una resurrección de vida y una de juicio o condenación. Leamos:
“No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación.”
Y si analizamos con cuidado dicho texto, es evidente que no nos habla de dos resurrecciones distintas y separadas en el tiempo por mil años. Los que apoyan dicha teoría, han tenido que apartar un texto de su contexto (Rev. 20:5) y que nada tiene que ver con Juan 5:28-29, para conseguir este apoyo. Y es que según el texto de Juan, los que oirán la voz serán todos, luego entonces ¿quiénes saldrán? ……. pues según dicho texto todos (de forma progresiva, claro), tanto justos como injustos (Hech. 24:15). Ahora bien, se nos dice que los que hicieron el bien, tienen una recompensa y los que hicieron el mal, otra. Luego se confirma lo que ya hemos dicho con anterioridad: una sola resurrección, con dos retribuciones distintas. Pero puesto que leemos que son juzgados por las cosas que hicieron bien o que hicieron mal, entonces la pregunta sería: que hicieron bien o mal ¿cuándo? Pues evidentemente después de su resurrección, aunque cierto es que dicho texto no está demasiado bien logrado en la inmensa mayoría de traducciones y dando la sensación, de que es por las cosas que hicieron antes de morir.
Y no ayuda en nada la torpe interpretación que del mismo han hecho los “entendidos” en la materia; porque claro, al decir que los que resucitan en la segunda resurrección al cabo de los mil años, se encaminan a la destrucción, están dando a entender que es por lo que hicieron antes de morir, ya que al resucitar al término de los mil años, es evidente que ya no tienen tiempo de hacer nada, ni bueno ni malo y lo cual es un nuevo disparate. Y es que olvidan que por encima de lo que parezca decir un texto, está lo que se conoce como contexto general y que tiene que ver, con lo idea que nos transmite el mensaje bíblico, prescindiendo de lo que nos diga un texto en particular. Veamos un ejemplo de eso, contrastando lo que parece decir Juan 5:28-29, con la idea que transmite el contexto general y veamos porque eso no puede ser así, aunque el texto citado parezca decir lo contrario. Escribiendo a los hermanos de Roma, Pablo dijo lo siguiente:
“Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”
Luego lo que entendemos de este pasaje, es que al morir, uno cancela la deuda contraída, porque con su muerte ya ha pagado el precio, luego si volviera a la vida, como es el caso de los que por la misericordia de Jehová, resucitan, ya no tiene la deuda del pecado. Que eso es así, Pablo lo dejó claro unos versículos antes, concretamente en el 7, al decir:
“Porque el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado.” (“justificado” o “librado” o “redimido”, según versiones). (Acotación nuestra).
Luego no pueden ser juzgados de nuevo, por el mismo delito (el pecado heredado y sus consecuencias) y por el que han pagado con la muerte. Es por eso, que los rollos que se abren en Rev. 20:12, de ninguna manera tienen que ver con un registro de las cosas hechas antes de la muerte de aquellos que son resucitados y como de forma errónea e incomprensible, afirman los “expertos” en la materia. Sencillamente, con la muerte ya han pagado por sus pecados, porque además, ese fue el precio fijado por el pecado, cuando Jehová advirtió a Adán:
“Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás.” (Gén. 2:17).
Desobedecer a Dios, era pecar y el precio a pagar era la muerte...... punto. Luego, si dichos libros o rollos, no son un registro de cosas pasadas y por lo considerado, vemos que no pueden serlo, evidentemente tiene que tratarse de nueva información que se abre, para ponerla en práctica y tendente a la restauración física, mental y espiritual del ser humano y que sería la base, sobre la que uno calificaría para conseguir una resurrección de vida o una de condenación y para ello, el requisito indispensable es tiempo y por eso se nos dan mil años. Luego solo el sentido común nos dice, que de ninguna manera podría ser una resurrección al final del milenio, sino muy por el contrario, al principio del mismo; de lo contrario ¿para qué abrir nueva información, si no habría quién la usara, por no existir tiempo material para llevarla a cabo? Y es que solo la torpeza de usar un texto fuera de su contexto, en este caso Rev. 20:5, ha hecho que un pasaje como Juan 5:28-29, parezca decir aquello que realmente no dice. Porque ese texto de Revelación, sencillamente nos habla de otra cosa que para nada tiene que ver con el pasaje de Juan; y es que lo que pretende dicho texto de Juan al señalar una segunda resurrección para juicio, es que solo al final del período milenario, se sabrá si la resurrección de la persona ha sido para vida o para destrucción y siempre en función del aprovechamiento que uno haya hecho de la ayuda recibida, como ya hemos apuntado. Circunstancia que será puesta en evidencia, mediante la última prueba (que no una resurrección) a la que se enfrentará la humanidad al final de los mil años (Rev. 20:7-10) y por eso, repetimos, no se puede saber si una resurrección será para vida o para muerte, hasta llegar a ese momento; eso, sencillamente, es lo que nos quiere decir Juan 5:28-29.
Pensamos que con lo dicho, es suficiente para que una persona coherente y dispuesta a razonar, entienda lo que realmente nos dice el pasaje bíblico que da título a este artículo; por ello y aunque hay más por añadir, creemos que es suficiente. Y nosotros, de nuevo hacemos hincapié en la necesidad de la comprobación personal para ver si lo que afirmamos, es cierto o no. Porque es nuestro consejo, que nunca pongan su confianza en ninguna afirmación, venga de donde venga, sin antes haberla considerado y contrastado adecuadamente:
“Ahora bien, estos eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así.” (Hech. 17:11).
Y recuerden que el que hablaba, era el mismísimo Pablo: ni más…... ni menos.
MABEL
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lunes, 7 de junio de 2010
La guerra de Gog de Magog
Un fenómeno que últimamente se ha producido a raíz del asalto por comandos israelís, a la denominada “Flotilla de la Libertad” con destino a Gaza, ha sido el resurgimiento de cierta profecía que se encuentra en el libro bíblico de Ezequiel, capítulos 38 y 39 y que nos habla de un tal Gog de Magog, que desencadena una brutal agresión militar en contra de Israel. La mayoría de los articulistas bíblicos que publican en Internet y que son casi todos, dan por sentado que estamos a las puertas de tal confrontación y que el incidente reseñado, no es más que la espoleta que pudiera desencadenar dicha explosión de violencia. Luego según ellos, esta confrontación bélica está al caer y con ella darán comienzo los acontecimientos que derivarán en la segunda venida de Cristo para establecer su gobierno aquí en la tierra. También en los mismos términos se ha pronunciado recientemente el Consejo Rabínico de Judea y Samaria emitiendo un comunicado el jueves día 3 en Jerusalén, en el que se afirmaba, más o menos, lo siguiente:
“Los resultados del incidente en el que Israel interceptó una flotilla que intentaba romper el bloqueo naval al que Israel tiene sometida a Gaza, parece la descripción bíblica de "el principio de Gog y Magog” proceso donde el mundo está contra nosotros, pero que termina con la tercera y la redención final.”
Sin embargo, un análisis pormenorizado de dicha profecía y según nuestro entender, las cosas como que no están tan claras en el sentido de que esto pudiera ser así. Es más, en nuestra opinión, la Biblia no dice esto. En primer lugar, hay que tener en cuenta que solo en dos lugares de las Escrituras se nos habla de dicho personaje: en Ezeq. 38/39 y en Rev. 20:7-10 y siendo en este último libro, en donde se nos da una clave que parece colocar las cosas en su sitio:
“Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”
Luego se debería de entender, que el relato de Ezequiel acerca de Gog de Magog, es el mismo que se cita en Revelación y que por lo tanto, queda aún distante en el tiempo. O sea, en Ezequiel se explicarían los acontecimientos proféticos a ocurrir y en Revelación, se nos ubicaría dicha profecía en la corriente del tiempo. Sin embargo, si aceptáramos las afirmaciones de tantos “entendidos” en el estudio de la profecía bíblica, nos encontraríamos con la paradoja de que existirían dos Gog de Magog, uno prácticamente para ya, dado lo avanzado de los tiempos y otro para el final de los mil años, como nos indica Revelación. Y lo cual y ya nos perdonarán, pero suena un poco a disparate, ¿no creen?
Pero es que además y tratándose de dos sucesos de tanta importancia, que requieren ambos de la actuación directa del Altísimo, es sorprendente como mínimo, que al primero de ellos en Ezequiel, se le dediquen dos capítulos enteros (38/39) y al segundo, tan solo cuatro versículos del cap. 20 de Revelación (7-10). ¿Les parece razonable? Teniendo en cuanta además, que esta “segunda” hipotética aparición del mencionado Gog de Magog, será el instrumento usado por Jehová y que tiene que ver con la última y definitiva gran prueba de lealtad a la que será sometida la humanidad de una vez para siempre y de la que dependerá el conseguir, o bien la vida eterna, o bien la destrucción eterna. Y que tan extraordinario evento, con una directísima y personal intervención del Altísimo y con sus increíbles y definitivas consecuencias eternas, quede reducido en las Escrituras a solo cuatro escuetos versículos, pues que quieren que les digamos, pero nos parece muy extraño ¿no opinan igual?
No obstante y antes de continuar con nuestra reflexión, permítannos poner algo en claro: y es que nosotros, los dos autores de este blog, de ninguna manera podríamos calificarnos como expertos en temas bíblicos, careciendo además de los muchos conocimientos que atesoran la mayoría de las personas que normalmente publican en distintos blogs, como por ejemplo, estudios en teología, hermenéutica, conocimiento de las lenguas originales en que se escribió la Biblia u otro tipo de conocimientos varios relacionados con el tema y que según dicen, son necesarios para una correcta interpretación del texto bíblico. Por el contrario, somos personas sin estudios superiores y que solo podemos hacer uso de la lógica, el sentido común, la capacidad de razonar y sobre todo, la habilidad de leer correctamente que nos adorna, como herramientas a nuestro alcance para entender las Escrituras. Pero habida cuenta de que la Biblia no se escribió para intelectuales, sino para pastores, agricultores, pescadores y demás gente humilde, creemos que nos sobra y nos basta. Porque no podemos pasar por alto, que para el correcto entendimiento de la Palabra de Dios, no es precisamente necesario el poseer grandes estudios, sino más bien al contrario y a tenor de las palabras de Jesús, son un estorbo:
“En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos. Sí, oh Padre, porque el hacerlo así vino a ser la manera aprobada por ti.” (Luc. 10:21).
Por lo tanto y a partir de esta premisa, continuamos con nuestra exposición. Luego para poder averiguar, si realmente tendremos que enfrentar en nuestros días a un supuesto primer Gog de Magog, deberíamos empezar, analizando debidamente la profecía de Daniel. Y la razón de ello, tiene que ver con el hecho de que en dicho libro, está reflejada la completa trayectoria de los gobiernos mundiales hasta su total destrucción a manos del reino de Dios. Y porque si bien se nos habla de la aparición de un siniestro personaje, conocido por el Anticristo, protagonista destacado de los desenvolvimientos por acontecer en estos últimos días del sistema mundial de cosas y por su franca oposición al Altísimo, al grado de erigirse él mismo como un dios, nada en absoluto se nos dice sin embargo, del personaje de Gog de Magog. Y ello es muy extraño, porque los hechos que envuelven su aparición, así como los de su destrucción, son de una magnitud tal (intervención divina directa y terribles consecuencias), que no pudieron pasar desapercibidos, ni a Daniel ni al ángel que le transmitió dicha profecía...... luego si no están registrados en ese contexto de la profecía de Daniel, obviamente es porque dicho evento, no tiene lugar en nuestros días.
Por otra parte, en el libro de Revelación y en donde se nos hace una narración de todos los hechos que están por acontecer en esta parte final de la historia humana, se centra la atención básicamente en la aparición de un tiránico gobierno mundial, denominado “la bestia” y auspiciado por “el dragón” (Satanás, Rev. 12:9), que tendrá como cabeza visible al personaje citado del Anticristo y en lo que podríamos considerar, una profecía complementaria a la de Daniel. Dicho gobierno ya se está fraguando y cuyo final se produce cuando se envuelve en confrontación directa, con el “Cordero” (Cristo) y su ejército celestial (Rev. 19:11-21). Pero sin embargo, en todo este largo proceso que culmina con el establecimiento del reino de Dios aquí en la Tierra, como por ejemplo, la apertura de los sellos, los distintos toques de trompetas, las posteriores plagas derramadas por la ira de Dios y que incluye todo acontecimiento a ocurrir dentro de la “séptima semana” de la profecía de Daniel, no encontramos ni rastro tampoco, del cumplimiento de un acontecimiento de las dimensiones de la profecía de Ezequiel sobre Gog de Magog y lo cual, no nos negarán ustedes, que es como mínimo sorprendente. La única referencia a ello, está en Rev. 20:7-10 y para explicarnos que la aparición de semejante personaje, está programada para el final de los mil años del reinado de Cristo (versículo 7). ¿Les dice algo eso a ustedes?
Pero es que cuando nos dirigimos a la profecía de Ezequiel sobre Gog de Magog y la analizamos con cuidado, también nos damos cuenta que de ninguna manera se puede referir a un suceso por acontecer en nuestros días y antes de la batalla de Armagedón. Porque el marco de circunstancias en el que se nos colocan los acontecimientos, de ninguna manera cuadran con los tiempos actuales y a los que tenemos que enfrentar. Veamos lo que nos dicen los partidarios de una primera intervención de Gog de Magog y que dicho sea de paso, son la inmensa mayoría, por no decir todos: puesto que no pueden colocar dicha confrontación como última y determinante, porque ahí está la citada batalla de Armagedón entre el Anticristo y el Cordero y sus respectivos seguidores, cerrando la profética semana 70 de Dan. 9:27 y con ello, dando paso a la instauración del Reino Milenario, la colocan dentro de la primera mitad de dicha semana, aún por iniciarse:
“Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva.” (Dan. 9:27).
Permítanos señalar que esta última “semana” profética, se inicia precisamente con la firma de ese pacto, entre Israel y el Anticristo que actúa en representación de “la Bestia”. Pero ¿por qué sitúan la intervención de Gog en la primera mitad de esa semana profética de Daniel? Pues porque ellos entienden, que puesto que en esos momentos ya existe un pacto de paz, sí se darán las circunstancias requeridas por la profecía. Pasemos en primer lugar, a considerar un texto de esa profecía:
“De aquí a muchos días serás convocado. Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción. Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.” (Ezeq. 38:8).
Luego parece ser que esos señores piensan, que de pronto la firma de ese documento puede ser la clave para conseguir que la nación de Israel ya confíe en el mundo Islámico, que recordemos, se ha conjurado para borrarla del mapamundi y lo cual, sería de una candidez rayana en la estupidez y el absurdo. Pero veamos más información que nos da Ezequiel acerca de Gog y que parece ser un “pendón verbenero” de mucho cuidado:
“Así ha dicho el Señor Jehovah: “En aquel día sucederá que subirán palabras a tu corazón y concebirás un plan malvado. 11 Dirás: “Subiré contra una tierra indefensa; iré a un pueblo tranquilo que habita confiadamente. Todos ellos habitan sin murallas y no tienen cerrojos ni puertas”.” (Ezeq. 38:10-11).
Luego según esos “expertos” en profecía bíblica, después de la firma de dicho tratado de paz, se darán las pacíficas circunstancias para la intervención del tal Gog de la tierra de Magog y que se pueda así cumplir la profecía. O sea, que Israel será al fin, un pueblo tranquilo, confiado y sin capacidad defensiva, que es lo que significa el que habiten “sin murallas”. Vamos a ver unas cuantas objeciones a ese planteamiento.
Decir primero, que dada la situación actual en Oriente Medio, es muy difícil que se produzcan semejantes idílicas condiciones. Una primerísima potencia nuclear como Israel (aunque no lo hayan reconocido en ningún momento), rodeada por un enjambre de naciones hostiles, también poseedoras de un buen y variado surtido bélico y acosada continuamente por grupos terroristas, no es el marco más idóneo para estar tranquilo y habitar confiadamente. Imaginémonos el panorama: En el grave momento actual de la citada zona, con la crisis de los misiles de Irán; la creciente hostilidad, cada vez más acentuada, contra Israel por las naciones árabes de su entorno y a la que solo le ha faltado el último incidente con los barcos de apoyo a Gaza y que le ha llevado a perder un aliado como Turquía; la declarada hostilidad de Siria y que se traduce con su apoyo constatado a los grupos terroristas que continuamente hostigan a Israel, como Hezbollah; Hamas; Jihad Islámica, así como el apoyo y protección a los prófugos de la justicia israelí, hace prácticamente impensable que se den las condiciones proféticas requeridas de un Israel confiado y desarmado, que permitan la intervención de Gog de Magog. Porque según el relato bíblico, no lo olvidemos, las reflexiones de Gog, son las siguientes:
“Así ha dicho el Señor Jehovah: "En aquel día sucederá que subirán palabras a tu corazón y concebirás un plan malvado. 11 Dirás: “Subiré contra una tierra indefensa; iré a un pueblo tranquilo que habita confiadamente. Todos ellos habitan sin murallas y no tienen cerrojos ni puertas”.”
Y evidentemente para llegar a esas reflexiones, hacen falta circunstancias coherentes con las mismas y que desde luego hoy no se dan, ni parece que, según Revelación, se vayan a dar en un futuro. Sin embargo, dicha aparición, sí nos la colocan después de la firma del tratado de paz. Pero aun así, con tratado y todo ¿quién se cree que semejantes condiciones se van a dar? ¿Desde cuándo la firma de un simple papel, ha significado algo entre los firmantes políticos y más, en esa zona del mundo? ¿O es que de golpe, van a desaparecer los rencores y odios desarrollados en decenas de años de enfrentamientos, entre esas naciones? Evidentemente la lógica y el sentido común, nos indican que no, además de ser impensable que de pronto Israel desmilitarice su ejército y desmonte todo su arsenal nuclear, quedando por ello totalmente indefensa, o sea, “sin murallas” solo porque se ha firmado un "papelito". La realidad es que continuará rodeada de enemigos irreconciliables, que se han juramentado para echar a los israelitas al mar, como mal menor y por lo tanto, lo lógico y razonable, es el mantener su capacidad disuasoria, mediante la preservación de su potencial bélico y nuclear. Además, aunque se firme un pacto, eso no quiere decir que haya paz efectiva, es más, no hay nada en el relato de Revelación, que nos permita pensar en un tiempo que se ajuste a este requisito de paz y tranquilidad. Porque ¿recuerda usted, que nos dice 1 Tes. 5:3? Veamos:
“Cuando los hombres estén diciendo: “¡Paz y seguridad!”, entonces destrucción repentina ha de sobrevenirles instantáneamente, como el dolor de angustia a la mujer encinta; y no escaparán de ninguna manera.”
Fíjese por favor, en el matiz: cuando digan que hay paz y lo cuál, no significa de ninguna manera que la haya de forma efectiva: solo lo dicen. Luego entonces, tampoco en ese tiempo de la primera mitad de la semana 70, se dan las condiciones proféticas necesarias que permitan la intervención de Gog de Magog. Pero es que se produce otra cuestión a tener en cuenta: si en ese intermedio de tres años y medio, supongamos y que ya es mucho suponer, de relativa tranquilidad (ya que el pacto no se rompe hasta transcurrido ese tiempo), entrara en escena el personaje en cuestión y cumpliéndose así la profecía, lo que ocurriría es que se incumpliría otra, ya que entonces el que rompería el pacto de no agresión, no sería el Anticristo tal y como está profetizado, sino la actitud agresiva de Gog de Magog:
“Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen (él, el Anticristo) el sacrificio y la ofrenda de dádiva” (Dan. 9:27).(Acotación nuestra).
Y puesto que ello no puede ser, la cosa se nos complica un poco más, para una primera aparición de semejante sujeto. Pero es que resulta que aún queda otro obstáculo, porque veamos ahora las palabras de Jehová, después de haber actuado en contra de Gog de Magog y haberlo destruido:
“Y mi santo nombre daré a conocer en medio de mi pueblo Israel y ya no dejaré que mi santo nombre sea profanado; y las naciones tendrán que saber que yo soy Jehová, el Santo en Israel.” (Ezeq. 39:7).
Luego si Gog apareciera antes de que ocurran los hechos que conducen a la batalla final de Armagedón, Jehová se habría equivocado, porque su nombre si vuelve a ser profanado, en este caso por el Anticristo y que se las pinta solo, no solamente para profanar Su nombre, sino llegando al mismísimo extremo de colocarse en el lugar de Dios:
“Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios.” (2 Tes. 2:4).
Pero es que además, resultaría que al cabo de los mil años, de nuevo sería profanado Su santo nombre al enfrentársele el segundo Gog de Magog:
“Cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá para engañar a las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la batalla. El número de ellos es como la arena del mar.” (Rev. 20:7-8).
Y como eso no tendría sentido, la situación continúa complicándose cada vez más. Pero analicemos otra hipótesis.
Imaginémonos que de pronto y ya hasta las narices de la injerencia de Siria en sus asuntos, Israel bombardea y destruye Damasco mediante un artefacto nuclear de “efecto reducido” y conforme a la profecía de Isa. 17:1-3 (circunstancia que se producirá a no tardar), lo que conllevaría la intervención de los aliados de Siria, probablemente entre ellos Rusia y que tampoco es muy seguro que se metiera en ese fregado, pero supongámoslo. Y aunque este es un marco de circunstancias posible, de ser así, hay un detalle que nos muestra que no puede significar de ninguna manera la aparición de Gog de Magog en ese momento. Veamos: mientras que esta hipotética situación, de producirse, es aliviada y reconducida por el Anticristo mediante la confirmación de un pacto de no agresión por siete años (en ese momento inicia la semana 70), entre las naciones involucradas, ello implicaría que dicho suceso ocurriera fuera de los límites de la semana 70 y contrario por tanto, a lo afirmado por tanto “entendido” que sitúan dicho evento en la primera mitad de la misma. Y dándose el caso además, que si tenemos en cuenta la profecía de Gog de Magog y según Ezeq. 38: 18-23, es Jehová en persona quién actúa en contra de ese personaje y sus huestes y liquida la situación y no el Anticristo, lo cual se ajustaría perfectamente a lo citado por Rev. 20:9b, pero que crea un serio problema a esos “maestros” de la Biblia:
“Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró.”
Luego lo que acabamos de ver, es que de nuevo nos encontramos con algo que tampoco encaja en el planteamiento de una intervención de un primer Gog de Magog para nuestros días y antes del regreso de Cristo en el poder del Reino. Entonces ¿cómo se puede resolver este enigma? Veamos:
Algo aceptado por todos los expertos en temas bíblicos es que el capítulo 37 de Ezequiel comprende la restauración, evidentemente progresiva, de la nación de Israel en el lugar o tierra que siempre le perteneció por voluntad divina. Dicho capítulo finaliza, en lo que parece ser el inicio del milenio. Sin embargo, el capítulo 40 y aparentemente, ya nos traslada a acontecimientos por ocurrir, dentro de la era milenaria. Luego más bien da la sensación, de que los capítulos 38 y 39, son como un inciso o intercalación que se hubiera colocado para manifestar algo por ocurrir en otra parcela de tiempo. Porque los versículos 24 al 28 del capítulo 37, sencillamente son la conclusión de algo que ya está finiquitado y que solo le puede continuar, el inicio del milenio del cap. 40. Exactamente lo mismo que ocurre con el capítulo 20 de Revelación, en donde los versículos del 7 al 10, son solo una acotación para señalar algo que nada tiene que ver con lo que se está explicando y que tiene que producirse al cabo de mil años. Pero para nada quiere decir que la acción que se estaba desarrollando y es interrumpida, se tenga que trasladar a mil años vista, porque después de dicho inciso, los acontecimientos continúan teniendo su orden lógico, luego de nuevo se vuelve al inicio del milenio. Y si no, pruebe usted cuando lea ese capítulo 20, poner algo que le tape esos cuatro versos y vea si todo el relato que le queda a la vista, no es correlativo, armonioso y coherente.
Y veamos ahora, algo que hemos dejado para el final y que entendemos como concluyente, siempre y cuando usemos la lógica, el sentido común, la capacidad de razonar y como no, el leer correctamente. Vamos a analizar, lo que nos dice Ezeq. 38:8 y prestemos por favor, mucha atención:
“De aquí a muchos días serás convocado. Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción. Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.”
Y para un correcto y pormenorizado análisis, subdividiremos dicho pasaje, en las tres frases que contiene y las analizaremos una por una. Veamos la primera: “De aquí a muchos días serás convocado.” Visto así, esas palabras no nos dicen mucho, ¿no es cierto? Pero ahora considerémoslas, a partir del contexto en el que están colocadas y veamos que ocurre. Tengamos en cuenta, que todos los estudiosos que han tratado esta profecía, están de acuerdo en que los capítulos del 37 al 40 en adelante son correlativos. Y todas esas personas están de acuerdo también, como ya hemos señalado, en que el capítulo 37 nos habla de la restauración progresiva de Israel, hasta el momento de la toma de posesión de Cristo como Rey, o sea, al inicio del milenio, después de Armagedón. Luego si los capítulos son correlativos, resulta que es después de que comienza el milenio, que se nos empieza a hablar de Gog de Magog y se nos dicen las palabras: “De aquí a muchos días serás convocado.” Luego este evento, no puede haber ocurrido antes del establecimiento del reino, porque los “muchos días” empiezan a contar a partir de que Cristo toma posición de su gobierno y siempre según este relato correlativo de sucesos (Ezeq. 37:24-28). Entonces dicha acción, aún queda en el futuro ¿o no? Pero recuerde sin embargo, que los “expertos” en profecía bíblica, nos han colocado la intervención del primer Gog de Magog, al principio o mitad de la “última semana”, luego ya tendría que haberse producido dicha intervención ¿no es cierto? Sin embargo, es el propio Ezequiel y a juzgar (según nos dicen dichos “expertos”) por lo correlativo del relato, quién nos coloca dicho evento y según se desprende de la frase que estamos considerando, aún distante en el tiempo. Ahora bien…… ¿cuán de distante? Para averiguarlo, pasemos a analizar la segunda frase de ese pasaje; veamos entonces como la siguiente porción de ese pasaje de Ezeq. 38:8, nos despeja dicha incógnita:
“Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción.”
Y es que usted no encontrará en todo el registro bíblico, que el tiempo designado para el cumplimiento de una profecía se mida en término de años: en el día de Jehová; en los días de aquellos reyes….; después de muchos días y expresiones similares a estas, sí las encontrará, pero en término de años, no. Luego la pregunta razonable sería: “pero al cabo ¿de qué años?”; y la respuesta solo está en un lugar y que casualmente, es en Rev. 20:7-10:
“Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”
Y es cierto que dichos “entendidos”, se esfuerzan en decir que ambas expresiones, “los días” o “los años”, son expresiones equivalentes y lo cual no puede ser cierto; la realidad es que eso lo dicen ellos porque les conviene, ya que cuando Jehová ha hecho esta distinción y solo en esta ocasión, lo razonable es pensar que algún propósito habrá detrás de ello. Luego es evidente que hay que establecer una relación lógica entre los dos pasajes que nos hablan de Gog de Magog, concluyendo que estamos hablando de un mismo y único suceso, previsto para después del milenio.
Porque eso es lo que la lógica y el sentido común nos dicen, después de analizar la tercera frase del pasaje que estamos considerando:
“Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.”
Vamos a ver y razonando con lógica ¿de verdad se cree usted, que en el breve espacio de tiempo que le queda a esta mundo tal como lo conocemos, se pueden crear las condiciones necesarias, para que los ciudadanos de Israel, lleguen a habitar confiadamente? ¿No es más razonable pensar, que esas condiciones se den después de un largo período, en donde la paz sea la norma y no la excepción? ¿Y no cuadraría eso perfectamente, después de un período de mil años de paz y seguridad, al amparo del gobierno milenario de Cristo? ¿Qué cree honestamente usted?
Luego nuestra conclusión, porque eso es lo que dicen las Escrituras y no otra cosa (lo demás son meras especulaciones) es que solo hay un Gog de Magog a aparecer al final de los mil años y que será el instrumento usado por Jehová, para llevar a cabo la última prueba de lealtad a la que será sometida la humanidad, del mismo modo a cómo fueron probados Adán y Eva. Es entonces cuando se verá el aprovechamiento que habrán hecho las personas de las provisiones espirituales que habrán sido derramadas durante el milenio, “...... para la curación de las naciones.” (Rev. 22:2b) y cuando se cumplirán las siguientes palabras:
“Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:15).
Y por supuesto que muchos no estarán de acuerdo con esa visión de las cosas, pero esa es nuestra opinión y basada totalmente, como han podido comprobar, en aquello que menciona el propio texto sagrado...... nosotros, ni añadimos ni quitamos. Sin embargo, ahora le toca a usted, mediante el uso de su propia Biblia y si así lo cree oportuno, comprobar si es cierta nuestra afirmación de que solo nos limitamos a señalar lo que dice la propia Biblia y a partir de ahí, analizar la situación desde su perspectiva y sacar sus propias conclusiones, ya que solo así, es como sacará provecho de lo que acaba de leer.
MABEL
Un fenómeno que últimamente se ha producido a raíz del asalto por comandos israelís, a la denominada “Flotilla de la Libertad” con destino a Gaza, ha sido el resurgimiento de cierta profecía que se encuentra en el libro bíblico de Ezequiel, capítulos 38 y 39 y que nos habla de un tal Gog de Magog, que desencadena una brutal agresión militar en contra de Israel. La mayoría de los articulistas bíblicos que publican en Internet y que son casi todos, dan por sentado que estamos a las puertas de tal confrontación y que el incidente reseñado, no es más que la espoleta que pudiera desencadenar dicha explosión de violencia. Luego según ellos, esta confrontación bélica está al caer y con ella darán comienzo los acontecimientos que derivarán en la segunda venida de Cristo para establecer su gobierno aquí en la tierra. También en los mismos términos se ha pronunciado recientemente el Consejo Rabínico de Judea y Samaria emitiendo un comunicado el jueves día 3 en Jerusalén, en el que se afirmaba, más o menos, lo siguiente:
“Los resultados del incidente en el que Israel interceptó una flotilla que intentaba romper el bloqueo naval al que Israel tiene sometida a Gaza, parece la descripción bíblica de "el principio de Gog y Magog” proceso donde el mundo está contra nosotros, pero que termina con la tercera y la redención final.”
Sin embargo, un análisis pormenorizado de dicha profecía y según nuestro entender, las cosas como que no están tan claras en el sentido de que esto pudiera ser así. Es más, en nuestra opinión, la Biblia no dice esto. En primer lugar, hay que tener en cuenta que solo en dos lugares de las Escrituras se nos habla de dicho personaje: en Ezeq. 38/39 y en Rev. 20:7-10 y siendo en este último libro, en donde se nos da una clave que parece colocar las cosas en su sitio:
“Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”
Luego se debería de entender, que el relato de Ezequiel acerca de Gog de Magog, es el mismo que se cita en Revelación y que por lo tanto, queda aún distante en el tiempo. O sea, en Ezequiel se explicarían los acontecimientos proféticos a ocurrir y en Revelación, se nos ubicaría dicha profecía en la corriente del tiempo. Sin embargo, si aceptáramos las afirmaciones de tantos “entendidos” en el estudio de la profecía bíblica, nos encontraríamos con la paradoja de que existirían dos Gog de Magog, uno prácticamente para ya, dado lo avanzado de los tiempos y otro para el final de los mil años, como nos indica Revelación. Y lo cual y ya nos perdonarán, pero suena un poco a disparate, ¿no creen?
Pero es que además y tratándose de dos sucesos de tanta importancia, que requieren ambos de la actuación directa del Altísimo, es sorprendente como mínimo, que al primero de ellos en Ezequiel, se le dediquen dos capítulos enteros (38/39) y al segundo, tan solo cuatro versículos del cap. 20 de Revelación (7-10). ¿Les parece razonable? Teniendo en cuanta además, que esta “segunda” hipotética aparición del mencionado Gog de Magog, será el instrumento usado por Jehová y que tiene que ver con la última y definitiva gran prueba de lealtad a la que será sometida la humanidad de una vez para siempre y de la que dependerá el conseguir, o bien la vida eterna, o bien la destrucción eterna. Y que tan extraordinario evento, con una directísima y personal intervención del Altísimo y con sus increíbles y definitivas consecuencias eternas, quede reducido en las Escrituras a solo cuatro escuetos versículos, pues que quieren que les digamos, pero nos parece muy extraño ¿no opinan igual?
No obstante y antes de continuar con nuestra reflexión, permítannos poner algo en claro: y es que nosotros, los dos autores de este blog, de ninguna manera podríamos calificarnos como expertos en temas bíblicos, careciendo además de los muchos conocimientos que atesoran la mayoría de las personas que normalmente publican en distintos blogs, como por ejemplo, estudios en teología, hermenéutica, conocimiento de las lenguas originales en que se escribió la Biblia u otro tipo de conocimientos varios relacionados con el tema y que según dicen, son necesarios para una correcta interpretación del texto bíblico. Por el contrario, somos personas sin estudios superiores y que solo podemos hacer uso de la lógica, el sentido común, la capacidad de razonar y sobre todo, la habilidad de leer correctamente que nos adorna, como herramientas a nuestro alcance para entender las Escrituras. Pero habida cuenta de que la Biblia no se escribió para intelectuales, sino para pastores, agricultores, pescadores y demás gente humilde, creemos que nos sobra y nos basta. Porque no podemos pasar por alto, que para el correcto entendimiento de la Palabra de Dios, no es precisamente necesario el poseer grandes estudios, sino más bien al contrario y a tenor de las palabras de Jesús, son un estorbo:
“En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos. Sí, oh Padre, porque el hacerlo así vino a ser la manera aprobada por ti.” (Luc. 10:21).
Por lo tanto y a partir de esta premisa, continuamos con nuestra exposición. Luego para poder averiguar, si realmente tendremos que enfrentar en nuestros días a un supuesto primer Gog de Magog, deberíamos empezar, analizando debidamente la profecía de Daniel. Y la razón de ello, tiene que ver con el hecho de que en dicho libro, está reflejada la completa trayectoria de los gobiernos mundiales hasta su total destrucción a manos del reino de Dios. Y porque si bien se nos habla de la aparición de un siniestro personaje, conocido por el Anticristo, protagonista destacado de los desenvolvimientos por acontecer en estos últimos días del sistema mundial de cosas y por su franca oposición al Altísimo, al grado de erigirse él mismo como un dios, nada en absoluto se nos dice sin embargo, del personaje de Gog de Magog. Y ello es muy extraño, porque los hechos que envuelven su aparición, así como los de su destrucción, son de una magnitud tal (intervención divina directa y terribles consecuencias), que no pudieron pasar desapercibidos, ni a Daniel ni al ángel que le transmitió dicha profecía...... luego si no están registrados en ese contexto de la profecía de Daniel, obviamente es porque dicho evento, no tiene lugar en nuestros días.
Por otra parte, en el libro de Revelación y en donde se nos hace una narración de todos los hechos que están por acontecer en esta parte final de la historia humana, se centra la atención básicamente en la aparición de un tiránico gobierno mundial, denominado “la bestia” y auspiciado por “el dragón” (Satanás, Rev. 12:9), que tendrá como cabeza visible al personaje citado del Anticristo y en lo que podríamos considerar, una profecía complementaria a la de Daniel. Dicho gobierno ya se está fraguando y cuyo final se produce cuando se envuelve en confrontación directa, con el “Cordero” (Cristo) y su ejército celestial (Rev. 19:11-21). Pero sin embargo, en todo este largo proceso que culmina con el establecimiento del reino de Dios aquí en la Tierra, como por ejemplo, la apertura de los sellos, los distintos toques de trompetas, las posteriores plagas derramadas por la ira de Dios y que incluye todo acontecimiento a ocurrir dentro de la “séptima semana” de la profecía de Daniel, no encontramos ni rastro tampoco, del cumplimiento de un acontecimiento de las dimensiones de la profecía de Ezequiel sobre Gog de Magog y lo cual, no nos negarán ustedes, que es como mínimo sorprendente. La única referencia a ello, está en Rev. 20:7-10 y para explicarnos que la aparición de semejante personaje, está programada para el final de los mil años del reinado de Cristo (versículo 7). ¿Les dice algo eso a ustedes?
Pero es que cuando nos dirigimos a la profecía de Ezequiel sobre Gog de Magog y la analizamos con cuidado, también nos damos cuenta que de ninguna manera se puede referir a un suceso por acontecer en nuestros días y antes de la batalla de Armagedón. Porque el marco de circunstancias en el que se nos colocan los acontecimientos, de ninguna manera cuadran con los tiempos actuales y a los que tenemos que enfrentar. Veamos lo que nos dicen los partidarios de una primera intervención de Gog de Magog y que dicho sea de paso, son la inmensa mayoría, por no decir todos: puesto que no pueden colocar dicha confrontación como última y determinante, porque ahí está la citada batalla de Armagedón entre el Anticristo y el Cordero y sus respectivos seguidores, cerrando la profética semana 70 de Dan. 9:27 y con ello, dando paso a la instauración del Reino Milenario, la colocan dentro de la primera mitad de dicha semana, aún por iniciarse:
“Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva.” (Dan. 9:27).
Permítanos señalar que esta última “semana” profética, se inicia precisamente con la firma de ese pacto, entre Israel y el Anticristo que actúa en representación de “la Bestia”. Pero ¿por qué sitúan la intervención de Gog en la primera mitad de esa semana profética de Daniel? Pues porque ellos entienden, que puesto que en esos momentos ya existe un pacto de paz, sí se darán las circunstancias requeridas por la profecía. Pasemos en primer lugar, a considerar un texto de esa profecía:
“De aquí a muchos días serás convocado. Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción. Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.” (Ezeq. 38:8).
Luego parece ser que esos señores piensan, que de pronto la firma de ese documento puede ser la clave para conseguir que la nación de Israel ya confíe en el mundo Islámico, que recordemos, se ha conjurado para borrarla del mapamundi y lo cual, sería de una candidez rayana en la estupidez y el absurdo. Pero veamos más información que nos da Ezequiel acerca de Gog y que parece ser un “pendón verbenero” de mucho cuidado:
“Así ha dicho el Señor Jehovah: “En aquel día sucederá que subirán palabras a tu corazón y concebirás un plan malvado. 11 Dirás: “Subiré contra una tierra indefensa; iré a un pueblo tranquilo que habita confiadamente. Todos ellos habitan sin murallas y no tienen cerrojos ni puertas”.” (Ezeq. 38:10-11).
Luego según esos “expertos” en profecía bíblica, después de la firma de dicho tratado de paz, se darán las pacíficas circunstancias para la intervención del tal Gog de la tierra de Magog y que se pueda así cumplir la profecía. O sea, que Israel será al fin, un pueblo tranquilo, confiado y sin capacidad defensiva, que es lo que significa el que habiten “sin murallas”. Vamos a ver unas cuantas objeciones a ese planteamiento.
Decir primero, que dada la situación actual en Oriente Medio, es muy difícil que se produzcan semejantes idílicas condiciones. Una primerísima potencia nuclear como Israel (aunque no lo hayan reconocido en ningún momento), rodeada por un enjambre de naciones hostiles, también poseedoras de un buen y variado surtido bélico y acosada continuamente por grupos terroristas, no es el marco más idóneo para estar tranquilo y habitar confiadamente. Imaginémonos el panorama: En el grave momento actual de la citada zona, con la crisis de los misiles de Irán; la creciente hostilidad, cada vez más acentuada, contra Israel por las naciones árabes de su entorno y a la que solo le ha faltado el último incidente con los barcos de apoyo a Gaza y que le ha llevado a perder un aliado como Turquía; la declarada hostilidad de Siria y que se traduce con su apoyo constatado a los grupos terroristas que continuamente hostigan a Israel, como Hezbollah; Hamas; Jihad Islámica, así como el apoyo y protección a los prófugos de la justicia israelí, hace prácticamente impensable que se den las condiciones proféticas requeridas de un Israel confiado y desarmado, que permitan la intervención de Gog de Magog. Porque según el relato bíblico, no lo olvidemos, las reflexiones de Gog, son las siguientes:
“Así ha dicho el Señor Jehovah: "En aquel día sucederá que subirán palabras a tu corazón y concebirás un plan malvado. 11 Dirás: “Subiré contra una tierra indefensa; iré a un pueblo tranquilo que habita confiadamente. Todos ellos habitan sin murallas y no tienen cerrojos ni puertas”.”
Y evidentemente para llegar a esas reflexiones, hacen falta circunstancias coherentes con las mismas y que desde luego hoy no se dan, ni parece que, según Revelación, se vayan a dar en un futuro. Sin embargo, dicha aparición, sí nos la colocan después de la firma del tratado de paz. Pero aun así, con tratado y todo ¿quién se cree que semejantes condiciones se van a dar? ¿Desde cuándo la firma de un simple papel, ha significado algo entre los firmantes políticos y más, en esa zona del mundo? ¿O es que de golpe, van a desaparecer los rencores y odios desarrollados en decenas de años de enfrentamientos, entre esas naciones? Evidentemente la lógica y el sentido común, nos indican que no, además de ser impensable que de pronto Israel desmilitarice su ejército y desmonte todo su arsenal nuclear, quedando por ello totalmente indefensa, o sea, “sin murallas” solo porque se ha firmado un "papelito". La realidad es que continuará rodeada de enemigos irreconciliables, que se han juramentado para echar a los israelitas al mar, como mal menor y por lo tanto, lo lógico y razonable, es el mantener su capacidad disuasoria, mediante la preservación de su potencial bélico y nuclear. Además, aunque se firme un pacto, eso no quiere decir que haya paz efectiva, es más, no hay nada en el relato de Revelación, que nos permita pensar en un tiempo que se ajuste a este requisito de paz y tranquilidad. Porque ¿recuerda usted, que nos dice 1 Tes. 5:3? Veamos:
“Cuando los hombres estén diciendo: “¡Paz y seguridad!”, entonces destrucción repentina ha de sobrevenirles instantáneamente, como el dolor de angustia a la mujer encinta; y no escaparán de ninguna manera.”
Fíjese por favor, en el matiz: cuando digan que hay paz y lo cuál, no significa de ninguna manera que la haya de forma efectiva: solo lo dicen. Luego entonces, tampoco en ese tiempo de la primera mitad de la semana 70, se dan las condiciones proféticas necesarias que permitan la intervención de Gog de Magog. Pero es que se produce otra cuestión a tener en cuenta: si en ese intermedio de tres años y medio, supongamos y que ya es mucho suponer, de relativa tranquilidad (ya que el pacto no se rompe hasta transcurrido ese tiempo), entrara en escena el personaje en cuestión y cumpliéndose así la profecía, lo que ocurriría es que se incumpliría otra, ya que entonces el que rompería el pacto de no agresión, no sería el Anticristo tal y como está profetizado, sino la actitud agresiva de Gog de Magog:
“Y él tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen (él, el Anticristo) el sacrificio y la ofrenda de dádiva” (Dan. 9:27).(Acotación nuestra).
Y puesto que ello no puede ser, la cosa se nos complica un poco más, para una primera aparición de semejante sujeto. Pero es que resulta que aún queda otro obstáculo, porque veamos ahora las palabras de Jehová, después de haber actuado en contra de Gog de Magog y haberlo destruido:
“Y mi santo nombre daré a conocer en medio de mi pueblo Israel y ya no dejaré que mi santo nombre sea profanado; y las naciones tendrán que saber que yo soy Jehová, el Santo en Israel.” (Ezeq. 39:7).
Luego si Gog apareciera antes de que ocurran los hechos que conducen a la batalla final de Armagedón, Jehová se habría equivocado, porque su nombre si vuelve a ser profanado, en este caso por el Anticristo y que se las pinta solo, no solamente para profanar Su nombre, sino llegando al mismísimo extremo de colocarse en el lugar de Dios:
“Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios.” (2 Tes. 2:4).
Pero es que además, resultaría que al cabo de los mil años, de nuevo sería profanado Su santo nombre al enfrentársele el segundo Gog de Magog:
“Cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá para engañar a las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la batalla. El número de ellos es como la arena del mar.” (Rev. 20:7-8).
Y como eso no tendría sentido, la situación continúa complicándose cada vez más. Pero analicemos otra hipótesis.
Imaginémonos que de pronto y ya hasta las narices de la injerencia de Siria en sus asuntos, Israel bombardea y destruye Damasco mediante un artefacto nuclear de “efecto reducido” y conforme a la profecía de Isa. 17:1-3 (circunstancia que se producirá a no tardar), lo que conllevaría la intervención de los aliados de Siria, probablemente entre ellos Rusia y que tampoco es muy seguro que se metiera en ese fregado, pero supongámoslo. Y aunque este es un marco de circunstancias posible, de ser así, hay un detalle que nos muestra que no puede significar de ninguna manera la aparición de Gog de Magog en ese momento. Veamos: mientras que esta hipotética situación, de producirse, es aliviada y reconducida por el Anticristo mediante la confirmación de un pacto de no agresión por siete años (en ese momento inicia la semana 70), entre las naciones involucradas, ello implicaría que dicho suceso ocurriera fuera de los límites de la semana 70 y contrario por tanto, a lo afirmado por tanto “entendido” que sitúan dicho evento en la primera mitad de la misma. Y dándose el caso además, que si tenemos en cuenta la profecía de Gog de Magog y según Ezeq. 38: 18-23, es Jehová en persona quién actúa en contra de ese personaje y sus huestes y liquida la situación y no el Anticristo, lo cual se ajustaría perfectamente a lo citado por Rev. 20:9b, pero que crea un serio problema a esos “maestros” de la Biblia:
“Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró.”
Luego lo que acabamos de ver, es que de nuevo nos encontramos con algo que tampoco encaja en el planteamiento de una intervención de un primer Gog de Magog para nuestros días y antes del regreso de Cristo en el poder del Reino. Entonces ¿cómo se puede resolver este enigma? Veamos:
Algo aceptado por todos los expertos en temas bíblicos es que el capítulo 37 de Ezequiel comprende la restauración, evidentemente progresiva, de la nación de Israel en el lugar o tierra que siempre le perteneció por voluntad divina. Dicho capítulo finaliza, en lo que parece ser el inicio del milenio. Sin embargo, el capítulo 40 y aparentemente, ya nos traslada a acontecimientos por ocurrir, dentro de la era milenaria. Luego más bien da la sensación, de que los capítulos 38 y 39, son como un inciso o intercalación que se hubiera colocado para manifestar algo por ocurrir en otra parcela de tiempo. Porque los versículos 24 al 28 del capítulo 37, sencillamente son la conclusión de algo que ya está finiquitado y que solo le puede continuar, el inicio del milenio del cap. 40. Exactamente lo mismo que ocurre con el capítulo 20 de Revelación, en donde los versículos del 7 al 10, son solo una acotación para señalar algo que nada tiene que ver con lo que se está explicando y que tiene que producirse al cabo de mil años. Pero para nada quiere decir que la acción que se estaba desarrollando y es interrumpida, se tenga que trasladar a mil años vista, porque después de dicho inciso, los acontecimientos continúan teniendo su orden lógico, luego de nuevo se vuelve al inicio del milenio. Y si no, pruebe usted cuando lea ese capítulo 20, poner algo que le tape esos cuatro versos y vea si todo el relato que le queda a la vista, no es correlativo, armonioso y coherente.
Y veamos ahora, algo que hemos dejado para el final y que entendemos como concluyente, siempre y cuando usemos la lógica, el sentido común, la capacidad de razonar y como no, el leer correctamente. Vamos a analizar, lo que nos dice Ezeq. 38:8 y prestemos por favor, mucha atención:
“De aquí a muchos días serás convocado. Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción. Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.”
Y para un correcto y pormenorizado análisis, subdividiremos dicho pasaje, en las tres frases que contiene y las analizaremos una por una. Veamos la primera: “De aquí a muchos días serás convocado.” Visto así, esas palabras no nos dicen mucho, ¿no es cierto? Pero ahora considerémoslas, a partir del contexto en el que están colocadas y veamos que ocurre. Tengamos en cuenta, que todos los estudiosos que han tratado esta profecía, están de acuerdo en que los capítulos del 37 al 40 en adelante son correlativos. Y todas esas personas están de acuerdo también, como ya hemos señalado, en que el capítulo 37 nos habla de la restauración progresiva de Israel, hasta el momento de la toma de posesión de Cristo como Rey, o sea, al inicio del milenio, después de Armagedón. Luego si los capítulos son correlativos, resulta que es después de que comienza el milenio, que se nos empieza a hablar de Gog de Magog y se nos dicen las palabras: “De aquí a muchos días serás convocado.” Luego este evento, no puede haber ocurrido antes del establecimiento del reino, porque los “muchos días” empiezan a contar a partir de que Cristo toma posición de su gobierno y siempre según este relato correlativo de sucesos (Ezeq. 37:24-28). Entonces dicha acción, aún queda en el futuro ¿o no? Pero recuerde sin embargo, que los “expertos” en profecía bíblica, nos han colocado la intervención del primer Gog de Magog, al principio o mitad de la “última semana”, luego ya tendría que haberse producido dicha intervención ¿no es cierto? Sin embargo, es el propio Ezequiel y a juzgar (según nos dicen dichos “expertos”) por lo correlativo del relato, quién nos coloca dicho evento y según se desprende de la frase que estamos considerando, aún distante en el tiempo. Ahora bien…… ¿cuán de distante? Para averiguarlo, pasemos a analizar la segunda frase de ese pasaje; veamos entonces como la siguiente porción de ese pasaje de Ezeq. 38:8, nos despeja dicha incógnita:
“Al cabo de años vendrás a la tierra restaurada de la espada y recogida de entre muchos pueblos, contra los montes de Israel, que continuamente han sido objeto de destrucción.”
Y es que usted no encontrará en todo el registro bíblico, que el tiempo designado para el cumplimiento de una profecía se mida en término de años: en el día de Jehová; en los días de aquellos reyes….; después de muchos días y expresiones similares a estas, sí las encontrará, pero en término de años, no. Luego la pregunta razonable sería: “pero al cabo ¿de qué años?”; y la respuesta solo está en un lugar y que casualmente, es en Rev. 20:7-10:
“Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.”
Y es cierto que dichos “entendidos”, se esfuerzan en decir que ambas expresiones, “los días” o “los años”, son expresiones equivalentes y lo cual no puede ser cierto; la realidad es que eso lo dicen ellos porque les conviene, ya que cuando Jehová ha hecho esta distinción y solo en esta ocasión, lo razonable es pensar que algún propósito habrá detrás de ello. Luego es evidente que hay que establecer una relación lógica entre los dos pasajes que nos hablan de Gog de Magog, concluyendo que estamos hablando de un mismo y único suceso, previsto para después del milenio.
Porque eso es lo que la lógica y el sentido común nos dicen, después de analizar la tercera frase del pasaje que estamos considerando:
“Sus habitantes han sido sacados de entre las naciones y todos ellos habitan confiadamente.”
Vamos a ver y razonando con lógica ¿de verdad se cree usted, que en el breve espacio de tiempo que le queda a esta mundo tal como lo conocemos, se pueden crear las condiciones necesarias, para que los ciudadanos de Israel, lleguen a habitar confiadamente? ¿No es más razonable pensar, que esas condiciones se den después de un largo período, en donde la paz sea la norma y no la excepción? ¿Y no cuadraría eso perfectamente, después de un período de mil años de paz y seguridad, al amparo del gobierno milenario de Cristo? ¿Qué cree honestamente usted?
Luego nuestra conclusión, porque eso es lo que dicen las Escrituras y no otra cosa (lo demás son meras especulaciones) es que solo hay un Gog de Magog a aparecer al final de los mil años y que será el instrumento usado por Jehová, para llevar a cabo la última prueba de lealtad a la que será sometida la humanidad, del mismo modo a cómo fueron probados Adán y Eva. Es entonces cuando se verá el aprovechamiento que habrán hecho las personas de las provisiones espirituales que habrán sido derramadas durante el milenio, “...... para la curación de las naciones.” (Rev. 22:2b) y cuando se cumplirán las siguientes palabras:
“Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:15).
Y por supuesto que muchos no estarán de acuerdo con esa visión de las cosas, pero esa es nuestra opinión y basada totalmente, como han podido comprobar, en aquello que menciona el propio texto sagrado...... nosotros, ni añadimos ni quitamos. Sin embargo, ahora le toca a usted, mediante el uso de su propia Biblia y si así lo cree oportuno, comprobar si es cierta nuestra afirmación de que solo nos limitamos a señalar lo que dice la propia Biblia y a partir de ahí, analizar la situación desde su perspectiva y sacar sus propias conclusiones, ya que solo así, es como sacará provecho de lo que acaba de leer.
MABEL
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viernes, 4 de junio de 2010
¿Eres Hijo de Dios?
Hace unos días, se publicó un artículo en el blog de Apologista titulado “Testigo de Jehová: ¿Eres un hijo de Dios” y en que al final del mismo y sin venir a cuento, eso por lo menos entiendo yo, se me aludía de forma directa en los siguientes términos:
“A Armando López Golart, y a otros ex- Testigos de Jehová decepcionados, les digo que Dios les está ofreciendo la posibilidad de ser parte de su familia… no rechacen esta maravillosa oportunidad … ¡Mañana puede ser tarde!”.
Bien, aunque excuso decir que agradezco tan buenos deseos, no obstante y por alusiones, voy a formular algunas pequeñas objeciones que se me ocurren ante el planteamiento del citado artículo. Vaya en primer lugar, que no sé quién es el autor del mismo al no estar firmado, pero puesto que se ha publicado en el blog de D. Mario Olcese, voy a aceptar que él es el autor de dicho escrito y a él me voy a dirigir.
De entrada, no estoy para nada de acuerdo con dicho planteamiento y él lo sabe porque muchas veces hemos intercambiado opiniones discrepantes acerca de ello. Según el Sr. Olcese, el destino último de cada cristiano es el de convertirse en hijo de Dios y en el bien entendido de que estos, los que son Hijos de Dios, son en consecuencia hermanos de Cristo y por tanto, herederos del Reino en calidad de gobernantes del mismo; al menos, eso es lo que nos explica Pablo:
“Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Rom. 8:17).
Pero de ser la cosa tal como la plantea D. Mario, aquí se nos presenta un problema y es el siguiente: servidor lleva sirviendo a Jehová desde que tenía 27 años, que fue cuando me bauticé como Testigo de Jehová. Cierto es, que en un principio en un lugar equivocado (lo reconozco) hasta mi expulsión de dicha secta, de ello hará ya casi ocho años, pero que nada tiene que ver el que estuviera en un momento determinado, en el lugar equivocado, con la sinceridad de mi corazón en cuanto a mi deseo de servirle y puesto que Jehová ve lo que es el corazón, eso le consta. (1 Sam. 16:7). Desde mi expulsión y hasta este momento, en el que voy a cumplir los 65 años, es cierto que he tenido que reconsiderar algunos puntos acerca de lo se me había enseñado durante dicha militancia. Pero hechas las oportunas correcciones, el caso es y para resumir, que yo continuo amando a Jehová, ejerciendo fe en el sacrificio redentor de Cristo, cifrando toda mi esperanza en la cercana venida del reino de Dios, a instaurarse aquí en la tierra y en la restauración de todas las cosas, según el propósito original de nuestro Creador. O sea que, básicamente, creo lo mismo que el Sr Olcese y sin embargo, lejos de pensar que voy a gobernar con Cristo, el deseo de mi corazón es el de vivir en ese paraíso restaurado aquí en la tierra, como súbdito de dicho reino, poder tener una familia que ame a Jehová y disfrutar de las bendiciones que serán derramadas sobre nosotros y siempre por supuesto, estando a Su servicio.
Y el que yo piense de esta manera, no me descalifica en absoluto como buen cristiano a pesar de la afirmación de D. Mario y al grado de merecer destrucción eterna en el “lago de fuego”; lo que ocurre es que dicho caballero, comete un error de bulto en el argumento que usa como base para dar cuerpo a su planteamiento: que la potestad de ser reconocido como hijo de Dios, depende de cada uno de nosotros, cuando en realidad, la Biblia no dice esto. Y que eso es lo que pretende hacernos creer, lo confirman las siguientes palabras registradas en uno de sus párrafos, en el citado artículo:
“Sin embargo, Dios nos da la oportunidad de ser adoptados para ser hijos suyos.”
Luego y según Apologista, parece que es usted el que decide y en función de dicha oportunidad, ser Hijo de Dios o no; sin embargo, constantemente leemos en las cartas de Pablo y otros, expresiones tales como “elegidos”, “escogidos” “llamados” o “ungidos” y que nada tienen que ver con la toma de una decisión personal, sino con la decisión de un tercero, en esta caso, Jehová. Veamos cómo nos lo explica Pablo, según Rom. 9:15-16:
“Porque a Moisés dice: “Tendré misericordia de quien tenga misericordia y mostraré compasión a quien muestre compasión”. 16 Así, pues, no depende del que desea ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia.”
Y veamos como hace Jehová para señalar a aquellos que han sido escogidos por Él para la tan alta comisión de gobernar con su Hijo:
“Ahora bien, porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el espíritu de su Hijo a nuestros corazones y este clama: “¡Abba, Padre!”.” (Gál. 4:6).
Luego es Dios quien toma la iniciativa, enviando Su Espíritu sobre aquellos que Él escoge y así de esta manera, reconocen estos su nueva condición de Hijos de Dios; pero no quiere decir esto, que aquellos que no manifiestan ser de tal condición, son por ello menos cristianos: sencillamente que no han recibido tal llamamiento, eso es todo. Y siendo cierto que todo cristiano, puede ser “elegido”, de ninguna manera significa, que todos los cristianos serán elegidos y que es el mensaje que se nos quiere transmitir.
Ahora bien, a partir de ahí la pregunta es la siguiente: puesto que no me considero un Hijo de Dios, ni por tanto hermano de Cristo y por ello, no seré gobernante en el reino ¿quiere decir esto que mi nombre no estará inscrito en ese “libro de la vida”, como da a entender Mario Olcese en este artículo? ¿Será mi fin entonces, por desear vivir en ese paraíso como súbdito y no como gobernante, el lago de fuego o muerte eterna tal como apunta dicho autor? Pero ¿es que acaso no es esto lo que Jehová ha prometido a la humanidad obediente, o sea, la restauración del paraíso y no otra cosa? ¿O es que nuestro Creador se lo ha pensado mejor y hora nos quiere hacer a todos reyes y sacerdotes, durante el milenio? Luego ¿estaríamos hablando de una restauración (Hech. 3:21), o de una nueva creación (2 Cor. 5:17)? Porque de ser así como dice Mario, que todos tenemos que ser reyes y sacerdotes...... ¿sobre quién reinaríamos y a favor de quienes ejerceríamos labores sacerdotales durante el milenio? Y no olvidemos la importancia que en esa cuestión tiene, la forma tan personal con la que Mario y al igual que otros muchos, como el Dr. Javier Rivas Martínez, interpretan Juan 5:28-29 y que es en donde está el meollo de la cuestión. Y lo cual nos lleva a comprobar, cómo la incorrecta interpretación de un pasaje bíblico, en este caso el citado de Juan, puede llevar a planteamientos tan erróneos como el que estamos considerando.
Y sin embargo, es el propio Mario y en el artículo anterior a este que estamos comentando, titulado “Una reflexión sobre el vocablo ‘restaurar’.”, el que nos estimula a esperar eso, o sea, la esperanza de vivir en un paraíso, al enseñarnos el significado del término “restaurar” y lo que este significa en el contexto bíblico. Pero es que además ¿qué es lo que le prometió Jesús, el día que fue vilmente ejecutado, a uno de los delincuentes que junto a él estaba agonizando? Veamos las palabras que le dirigió:
“Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso.” (Luc. 23:42-43).
Luego las preguntas que se nos plantean y si las cosas son como afirma Mario, son las siguientes: ¿en calidad de qué, entonces, estará ese delincuente en el paraíso? ¿Cómo gobernante o como gobernado? ¿Está inscrito entonces el nombre de ese delincuente en el libro de la vida y por tanto, declarado ya Hijo de Dios? Porque no podemos pasar por alto, que ese personaje recibió la garantía de su presencia en el paraíso, del propio Jesucristo y según nuestro amigo Mario cita textualmente en ese artículo “si quieres entrar al reino, tu nombre tiene que estar escrito en el libro de la vida”, de lo contrario y en armonía con lo añadido a continuación “y si no, tu destino es este: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:15)”. Y si solo los Hijos de Dios son los inscritos en ese libro de la vida, según el Sr. Olcese y puesto que hay más que razonables dudas de que ese malhechor pueda haber sido adoptado en ese momento como tal, la cosa que está un poco complicadilla, respecto al destino final de dicho personaje ¿no es cierto?...... pero no olvidemos que tiene la promesa del propio Jesús, de que estará en el paraíso con él.
En fin, esperamos que Mario nos sepa explicar cómo se puede solventar ese “pequeño” problema acerca del delincuente en cuestión y al que Jesús le hizo la promesa de estar en el paraíso y por lo que repetimos la pregunta ¿en condición de que estará, como gobernante o como súbdito? Y estoy convencido de que Mario sí responderá a esas interrogantes y no hará como el Dr. Javier Rivas Martínez, que aún tiene a sus lectores sobre ascuas, pensando en cuál resurrección de las dos que según su particular interpretación de Juan 5:28-29, se tienen que producir, nos coloca a Juan el Bautista. Pues lo que sí ha demostrado hasta ahora el citado caballero, es que insultando en un lince, pero a la hora de interpretar correctamente los textos bíblicos, como que la cosa le queda un poco grande. Y si no es así, cosa que estamos dispuestos a aceptar, que de una vez por todas de respuesta a esa pregunta que en su momento le formulamos desde este blog, para que los ignorantes como nosotros, podamos aprender y, aunque solo sea por aquello de enseñar al que no sabe, valdría la pena que se esforzara un poco ¿no lo creen así? Aunque sinceramente, tenemos nuestras dudas acerca de que lo haga; pero en fin, continuemos con D. Mario.
Y es que el Sr. Olcese, como antes hemos apuntado, también cree acerca de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, lo mismo que el Sr. Rivas y otros, una vez más cae en contradicción con sus propias ideas y si no, vean que dice en un párrafo del artículo que estamos considerando y en el que después de la afirmación “Naturalmente, el que no ha recibido a Cristo, no puede ser guiado por su Espíritu” (entendemos que mediante nacer de nuevo y según palabras de Jesús en Juan 3:5), D. Mario nos dice como sigue:
“Sólo los hijos de Dios pueden heredar el reino de los cielos. Esto va a ocurrir cuando se pase lista con el libro de la vida. En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios. En términos humanos, se podría decir que es como la libreta de familia, en donde aparecen los nombres de los padres y sus hijos legítimos.” (Negritas nuestras).
Pero claro, en primer lugar y siendo esto así, los Abraham y compañía, puesto que ellos no recibieron a Cristo, porque no “nacieron de nuevo” al no existir en su tiempo dicha oportunidad, no pueden ser declarados Hijos de Dios y por tanto sus nombres, no pueden estar inscritos en el libro de la vida, con las consecuencias ya apuntadas por el propio Mario, citando de Rev. 20:15. Y es que según Mario y permítannos que repitamos parte del último párrafo transcrito, para enfatizar el asunto:
“En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios.”
Luego es obvio, que los nombres de Abraham, Isaac, Jacob, etc., no pueden estar inscritos en dicho libro, porque ellos no recibieron a Cristo: sencillamente, vivieron en otra época. Y por lo tanto, según Mario, les espera lo siguiente:
“Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:15). Interesante ¿no?
Pero es que el autor de este artículo, comete otro error y que tiene que ver con el uso de los textos, al no respetar el contexto en el que se hallan, porque nos habla del “libro de la vida”, relacionándolo con los Hijos de Dios, los cuales han de gobernar con Cristo. Y el problema surge, porque esas personas acceden a sus privilegiados puestos de gobernantes, antes de que aparezcan los libros entre los cuales está el libro de la vida (Rev. 20:12), ya que ellos toman posesión de sus cargos al iniciarse el milenio, o sea, después de que Satanás es derrotado y prendido en la batalla de Armagedón. Veamos de qué va el tema: según Rev. 19:19 a 20:3, se nos muestra la derrota de la bestia y el falso profeta, así como el apresamiento de Satanás y su confinamiento en el abismo por un espacio de mil años. Lo que se produce a continuación y según Rev. 20:4, es lo que podríamos considerar como la toma de posesión de esos hermanos de Cristo, de sus tronos correspondientes para empezar su cometido en el gobierno del Reino.
Pero resulta que como los Mario Olcese, Javier Rivas y compañía, entienden la secuencia de este cap. 20 como correlativa (evidentemente están equivocados), la aparición del gran Trono Blanco del versículo 11, se produciría al final del milenio ya que (siempre según ellos), los versículos del 7 al 10, establecen este lapsus de mil años. Y claro, es ahí en donde se le presenta a Mario el problema, porque el citado “libro de la vida”, aparece en el versículo 12, después de la aparición del gran Trono Blanco y de que se inicie la resurrección de los muertos:
“Vi también a los muertos, grandes y pequeños, que estaban de pie delante del trono y los libros fueron abiertos. Y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida. Y los muertos fueron juzgados a base de las cosas escritas en los libros, de acuerdo a sus obras.”
Luego al susodicho libro de la vida y del que según Mario escribe en su artículo, lo que sigue:
“Sólo los hijos de Dios pueden heredar el reino de los cielos. Esto va a ocurrir cuando se pase lista con el libro de la vida. En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios.”
Por lo tanto, es a ese libro de la vida y que aparece en el contexto de Revelación, al que hay que acudir para comprobar quien está inscrito o no, para acceder al reino en calidad de Hijos de Dios y por tanto, como gobernantes del mismo. Pero claro, si la aparición del citado libro ocurre, como hemos visto, mil años después de establecido dicho Reino aquí en la tierra, algo nos falla. Porque si como Mario afirma, solo estos hijos de Dios pueden heredar el reino y solo, cuando se pase lista en el mencionado libro de la vida y que como hemos dicho, aparece después de que haya sido colocado el gran Trono Blanco, o sea, mil años después de que los hermanos de Cristo ya hayan recibido su galardón (ver Rev. 20: 4-6), ¿en qué “libro de la vida” se pasó lista para ver si se hallaban escritos sus nombres?
Y es que Mario y siempre según nuestro entender, cuando apoya una idea con un texto bíblico, no parece preocuparse demasiado si el contexto del mismo se lo permite o no. Veamos un ejemplo: en un párrafo del artículo que estamos considerando, dice lo siguiente:
“Como leímos anteriormente, dice que “a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Aquí Mario, está citando de Juan 1:12, que nos dice así:
“No obstante, a cuantos sí lo recibieron, a ellos les dio autoridad de llegar a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre.”
Veamos ahora, la conclusión a la que llega Mario, de la lectura de ese texto:
“Esto se refiere a que debemos de recibir a Cristo en nuestras vidas para que seamos hijos de Dios.”
Pero vamos a ver ¿de quién estaba hablando el texto? Pues de las personas que en tiempos de Jesús y sus apóstoles, creyeron en él y de eso hace casi dos mil años, luego nada que nos haga pensar que nos pueda aplicar a nosotros hoy en día: Juan nos explica sencillamente lo que pasó en aquél tiempo, nada más ¿o es que el texto dice “a todos los que le recibirán...... les dará poder para ser hechos hijos de Dios”? No, la frase de Juan está en tiempo pasado, no en tiempo futuro y claro, lo razonable es pensar, que los tiempos verbales están para respetarlos ¿o no? Pero siempre ocurre lo mismo y es que para defender su condición de “ungido”, Mario usa un montón de textos sacados de las cartas escritas por Pablo u otros y que iban dirigidas a personas determinadas y en circunstancias determinadas. Esas cartas no fueron dirigidas a nosotros, aunque su lectura nos pueda ser instructiva, así como parte de las promesas a Israel por parte de Jehová, tampoco nos aplican a nosotros y sin embargo, sacamos una gran enseñanza de su contenido. Y es que no se puede, para defender una idea, no bíblica por cierto (la de que al bautizarse, automáticamente uno ya es declarado Hijo de Dios), usar cualquier texto que creamos apoya aquello que queremos afirmar, sin tener en cuenta ni el contexto, ni el destinatario del mensaje, ni las circunstancias en las que fue escrito. Y por último, una afirmación que me ha sorprendido:
“Si insistes en creer en que todo el mundo es hijo de Dios, o piensas que sólo Dios tiene 144,001 hijos, estarás creyendo en religiones falsas y juzgando que la Biblia es mentirosa, dadas las evidencias antes expuestas.”
Pero es que resulta que no siendo la Biblia mentirosa y por mucho que le pese a Mario, las Escrituras sí nos hablan de esa cantidad específica, concretamente en Rev. 7:4 y 14:1 y 3 y sin embargo, en ningún lugar de la Biblia se nos dice, es más, ni se nos da la más mínima idea de que dicho grupo de gobernantes asociados con Cristo, se componga de “millones, miles de millones” como defiende Mario en otros artículos publicados. Y siempre teniendo en cuenta, que a tenor de las palabras pronunciadas por Jesús, este de ninguna manera tenía eso entendido así y nos imaginamos que algo sabría del asunto ¿no?:
“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” (Luc. 12:32).
¿O es que Jesús no sabía de qué estaba hablando, cuando usó la expresión “manada pequeña”? En fin, otra cuestión que le dejo planteada a Mario y a ver qué explicación tiene.
De todas maneras, reitero mi agradecimiento por los buenos deseos, pero mi esperanza es una muy distinta a la de mi amigo Mario y de esa ingente cantidad de “ungidos” de toda creencia, sea del color que sea (dentro del cristianismo, por supuesto) y que todos afirman sin lugar a dudas, que ellos han sido “llamados” a gobernar con Cristo. Yo no voy a discutir ese extremo, allá ellos y su idea, lo único que afirmo, es que yo no siento en mi corazón este llamamiento. Por lo tanto mi pretensión, desde luego no va tan lejos y con que se me conceda el poder disfrutar del Paraíso como un simple súbdito de ese Reino, me doy por más que satisfecho. Según expone Mario Olcese en el artículo objeto de comentario, eso no es posible; según la Biblia y en mi opinión, si es posible. Luego hora les toca a ustedes y si lo desean, el coger sus ejemplares de las Escrituras y mediante investigación personal, dilucidar a que parte se decanta la balanza. Solo así, disfrutarán del correspondiente y provechoso beneficio espiritual.
Armando López Golart
Hace unos días, se publicó un artículo en el blog de Apologista titulado “Testigo de Jehová: ¿Eres un hijo de Dios” y en que al final del mismo y sin venir a cuento, eso por lo menos entiendo yo, se me aludía de forma directa en los siguientes términos:
“A Armando López Golart, y a otros ex- Testigos de Jehová decepcionados, les digo que Dios les está ofreciendo la posibilidad de ser parte de su familia… no rechacen esta maravillosa oportunidad … ¡Mañana puede ser tarde!”.
Bien, aunque excuso decir que agradezco tan buenos deseos, no obstante y por alusiones, voy a formular algunas pequeñas objeciones que se me ocurren ante el planteamiento del citado artículo. Vaya en primer lugar, que no sé quién es el autor del mismo al no estar firmado, pero puesto que se ha publicado en el blog de D. Mario Olcese, voy a aceptar que él es el autor de dicho escrito y a él me voy a dirigir.
De entrada, no estoy para nada de acuerdo con dicho planteamiento y él lo sabe porque muchas veces hemos intercambiado opiniones discrepantes acerca de ello. Según el Sr. Olcese, el destino último de cada cristiano es el de convertirse en hijo de Dios y en el bien entendido de que estos, los que son Hijos de Dios, son en consecuencia hermanos de Cristo y por tanto, herederos del Reino en calidad de gobernantes del mismo; al menos, eso es lo que nos explica Pablo:
“Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Rom. 8:17).
Pero de ser la cosa tal como la plantea D. Mario, aquí se nos presenta un problema y es el siguiente: servidor lleva sirviendo a Jehová desde que tenía 27 años, que fue cuando me bauticé como Testigo de Jehová. Cierto es, que en un principio en un lugar equivocado (lo reconozco) hasta mi expulsión de dicha secta, de ello hará ya casi ocho años, pero que nada tiene que ver el que estuviera en un momento determinado, en el lugar equivocado, con la sinceridad de mi corazón en cuanto a mi deseo de servirle y puesto que Jehová ve lo que es el corazón, eso le consta. (1 Sam. 16:7). Desde mi expulsión y hasta este momento, en el que voy a cumplir los 65 años, es cierto que he tenido que reconsiderar algunos puntos acerca de lo se me había enseñado durante dicha militancia. Pero hechas las oportunas correcciones, el caso es y para resumir, que yo continuo amando a Jehová, ejerciendo fe en el sacrificio redentor de Cristo, cifrando toda mi esperanza en la cercana venida del reino de Dios, a instaurarse aquí en la tierra y en la restauración de todas las cosas, según el propósito original de nuestro Creador. O sea que, básicamente, creo lo mismo que el Sr Olcese y sin embargo, lejos de pensar que voy a gobernar con Cristo, el deseo de mi corazón es el de vivir en ese paraíso restaurado aquí en la tierra, como súbdito de dicho reino, poder tener una familia que ame a Jehová y disfrutar de las bendiciones que serán derramadas sobre nosotros y siempre por supuesto, estando a Su servicio.
Y el que yo piense de esta manera, no me descalifica en absoluto como buen cristiano a pesar de la afirmación de D. Mario y al grado de merecer destrucción eterna en el “lago de fuego”; lo que ocurre es que dicho caballero, comete un error de bulto en el argumento que usa como base para dar cuerpo a su planteamiento: que la potestad de ser reconocido como hijo de Dios, depende de cada uno de nosotros, cuando en realidad, la Biblia no dice esto. Y que eso es lo que pretende hacernos creer, lo confirman las siguientes palabras registradas en uno de sus párrafos, en el citado artículo:
“Sin embargo, Dios nos da la oportunidad de ser adoptados para ser hijos suyos.”
Luego y según Apologista, parece que es usted el que decide y en función de dicha oportunidad, ser Hijo de Dios o no; sin embargo, constantemente leemos en las cartas de Pablo y otros, expresiones tales como “elegidos”, “escogidos” “llamados” o “ungidos” y que nada tienen que ver con la toma de una decisión personal, sino con la decisión de un tercero, en esta caso, Jehová. Veamos cómo nos lo explica Pablo, según Rom. 9:15-16:
“Porque a Moisés dice: “Tendré misericordia de quien tenga misericordia y mostraré compasión a quien muestre compasión”. 16 Así, pues, no depende del que desea ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia.”
Y veamos como hace Jehová para señalar a aquellos que han sido escogidos por Él para la tan alta comisión de gobernar con su Hijo:
“Ahora bien, porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el espíritu de su Hijo a nuestros corazones y este clama: “¡Abba, Padre!”.” (Gál. 4:6).
Luego es Dios quien toma la iniciativa, enviando Su Espíritu sobre aquellos que Él escoge y así de esta manera, reconocen estos su nueva condición de Hijos de Dios; pero no quiere decir esto, que aquellos que no manifiestan ser de tal condición, son por ello menos cristianos: sencillamente que no han recibido tal llamamiento, eso es todo. Y siendo cierto que todo cristiano, puede ser “elegido”, de ninguna manera significa, que todos los cristianos serán elegidos y que es el mensaje que se nos quiere transmitir.
Ahora bien, a partir de ahí la pregunta es la siguiente: puesto que no me considero un Hijo de Dios, ni por tanto hermano de Cristo y por ello, no seré gobernante en el reino ¿quiere decir esto que mi nombre no estará inscrito en ese “libro de la vida”, como da a entender Mario Olcese en este artículo? ¿Será mi fin entonces, por desear vivir en ese paraíso como súbdito y no como gobernante, el lago de fuego o muerte eterna tal como apunta dicho autor? Pero ¿es que acaso no es esto lo que Jehová ha prometido a la humanidad obediente, o sea, la restauración del paraíso y no otra cosa? ¿O es que nuestro Creador se lo ha pensado mejor y hora nos quiere hacer a todos reyes y sacerdotes, durante el milenio? Luego ¿estaríamos hablando de una restauración (Hech. 3:21), o de una nueva creación (2 Cor. 5:17)? Porque de ser así como dice Mario, que todos tenemos que ser reyes y sacerdotes...... ¿sobre quién reinaríamos y a favor de quienes ejerceríamos labores sacerdotales durante el milenio? Y no olvidemos la importancia que en esa cuestión tiene, la forma tan personal con la que Mario y al igual que otros muchos, como el Dr. Javier Rivas Martínez, interpretan Juan 5:28-29 y que es en donde está el meollo de la cuestión. Y lo cual nos lleva a comprobar, cómo la incorrecta interpretación de un pasaje bíblico, en este caso el citado de Juan, puede llevar a planteamientos tan erróneos como el que estamos considerando.
Y sin embargo, es el propio Mario y en el artículo anterior a este que estamos comentando, titulado “Una reflexión sobre el vocablo ‘restaurar’.”, el que nos estimula a esperar eso, o sea, la esperanza de vivir en un paraíso, al enseñarnos el significado del término “restaurar” y lo que este significa en el contexto bíblico. Pero es que además ¿qué es lo que le prometió Jesús, el día que fue vilmente ejecutado, a uno de los delincuentes que junto a él estaba agonizando? Veamos las palabras que le dirigió:
“Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso.” (Luc. 23:42-43).
Luego las preguntas que se nos plantean y si las cosas son como afirma Mario, son las siguientes: ¿en calidad de qué, entonces, estará ese delincuente en el paraíso? ¿Cómo gobernante o como gobernado? ¿Está inscrito entonces el nombre de ese delincuente en el libro de la vida y por tanto, declarado ya Hijo de Dios? Porque no podemos pasar por alto, que ese personaje recibió la garantía de su presencia en el paraíso, del propio Jesucristo y según nuestro amigo Mario cita textualmente en ese artículo “si quieres entrar al reino, tu nombre tiene que estar escrito en el libro de la vida”, de lo contrario y en armonía con lo añadido a continuación “y si no, tu destino es este: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:15)”. Y si solo los Hijos de Dios son los inscritos en ese libro de la vida, según el Sr. Olcese y puesto que hay más que razonables dudas de que ese malhechor pueda haber sido adoptado en ese momento como tal, la cosa que está un poco complicadilla, respecto al destino final de dicho personaje ¿no es cierto?...... pero no olvidemos que tiene la promesa del propio Jesús, de que estará en el paraíso con él.
En fin, esperamos que Mario nos sepa explicar cómo se puede solventar ese “pequeño” problema acerca del delincuente en cuestión y al que Jesús le hizo la promesa de estar en el paraíso y por lo que repetimos la pregunta ¿en condición de que estará, como gobernante o como súbdito? Y estoy convencido de que Mario sí responderá a esas interrogantes y no hará como el Dr. Javier Rivas Martínez, que aún tiene a sus lectores sobre ascuas, pensando en cuál resurrección de las dos que según su particular interpretación de Juan 5:28-29, se tienen que producir, nos coloca a Juan el Bautista. Pues lo que sí ha demostrado hasta ahora el citado caballero, es que insultando en un lince, pero a la hora de interpretar correctamente los textos bíblicos, como que la cosa le queda un poco grande. Y si no es así, cosa que estamos dispuestos a aceptar, que de una vez por todas de respuesta a esa pregunta que en su momento le formulamos desde este blog, para que los ignorantes como nosotros, podamos aprender y, aunque solo sea por aquello de enseñar al que no sabe, valdría la pena que se esforzara un poco ¿no lo creen así? Aunque sinceramente, tenemos nuestras dudas acerca de que lo haga; pero en fin, continuemos con D. Mario.
Y es que el Sr. Olcese, como antes hemos apuntado, también cree acerca de las dos resurrecciones de Juan 5:28-29, lo mismo que el Sr. Rivas y otros, una vez más cae en contradicción con sus propias ideas y si no, vean que dice en un párrafo del artículo que estamos considerando y en el que después de la afirmación “Naturalmente, el que no ha recibido a Cristo, no puede ser guiado por su Espíritu” (entendemos que mediante nacer de nuevo y según palabras de Jesús en Juan 3:5), D. Mario nos dice como sigue:
“Sólo los hijos de Dios pueden heredar el reino de los cielos. Esto va a ocurrir cuando se pase lista con el libro de la vida. En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios. En términos humanos, se podría decir que es como la libreta de familia, en donde aparecen los nombres de los padres y sus hijos legítimos.” (Negritas nuestras).
Pero claro, en primer lugar y siendo esto así, los Abraham y compañía, puesto que ellos no recibieron a Cristo, porque no “nacieron de nuevo” al no existir en su tiempo dicha oportunidad, no pueden ser declarados Hijos de Dios y por tanto sus nombres, no pueden estar inscritos en el libro de la vida, con las consecuencias ya apuntadas por el propio Mario, citando de Rev. 20:15. Y es que según Mario y permítannos que repitamos parte del último párrafo transcrito, para enfatizar el asunto:
“En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios.”
Luego es obvio, que los nombres de Abraham, Isaac, Jacob, etc., no pueden estar inscritos en dicho libro, porque ellos no recibieron a Cristo: sencillamente, vivieron en otra época. Y por lo tanto, según Mario, les espera lo siguiente:
“Además, cualquiera a quien no se halló escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Rev. 20:15). Interesante ¿no?
Pero es que el autor de este artículo, comete otro error y que tiene que ver con el uso de los textos, al no respetar el contexto en el que se hallan, porque nos habla del “libro de la vida”, relacionándolo con los Hijos de Dios, los cuales han de gobernar con Cristo. Y el problema surge, porque esas personas acceden a sus privilegiados puestos de gobernantes, antes de que aparezcan los libros entre los cuales está el libro de la vida (Rev. 20:12), ya que ellos toman posesión de sus cargos al iniciarse el milenio, o sea, después de que Satanás es derrotado y prendido en la batalla de Armagedón. Veamos de qué va el tema: según Rev. 19:19 a 20:3, se nos muestra la derrota de la bestia y el falso profeta, así como el apresamiento de Satanás y su confinamiento en el abismo por un espacio de mil años. Lo que se produce a continuación y según Rev. 20:4, es lo que podríamos considerar como la toma de posesión de esos hermanos de Cristo, de sus tronos correspondientes para empezar su cometido en el gobierno del Reino.
Pero resulta que como los Mario Olcese, Javier Rivas y compañía, entienden la secuencia de este cap. 20 como correlativa (evidentemente están equivocados), la aparición del gran Trono Blanco del versículo 11, se produciría al final del milenio ya que (siempre según ellos), los versículos del 7 al 10, establecen este lapsus de mil años. Y claro, es ahí en donde se le presenta a Mario el problema, porque el citado “libro de la vida”, aparece en el versículo 12, después de la aparición del gran Trono Blanco y de que se inicie la resurrección de los muertos:
“Vi también a los muertos, grandes y pequeños, que estaban de pie delante del trono y los libros fueron abiertos. Y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida. Y los muertos fueron juzgados a base de las cosas escritas en los libros, de acuerdo a sus obras.”
Luego al susodicho libro de la vida y del que según Mario escribe en su artículo, lo que sigue:
“Sólo los hijos de Dios pueden heredar el reino de los cielos. Esto va a ocurrir cuando se pase lista con el libro de la vida. En el libro de la vida se registran todos los nombres de todos los hombres que han recibido a Cristo, y por lo tanto, son hijos de Dios.”
Por lo tanto, es a ese libro de la vida y que aparece en el contexto de Revelación, al que hay que acudir para comprobar quien está inscrito o no, para acceder al reino en calidad de Hijos de Dios y por tanto, como gobernantes del mismo. Pero claro, si la aparición del citado libro ocurre, como hemos visto, mil años después de establecido dicho Reino aquí en la tierra, algo nos falla. Porque si como Mario afirma, solo estos hijos de Dios pueden heredar el reino y solo, cuando se pase lista en el mencionado libro de la vida y que como hemos dicho, aparece después de que haya sido colocado el gran Trono Blanco, o sea, mil años después de que los hermanos de Cristo ya hayan recibido su galardón (ver Rev. 20: 4-6), ¿en qué “libro de la vida” se pasó lista para ver si se hallaban escritos sus nombres?
Y es que Mario y siempre según nuestro entender, cuando apoya una idea con un texto bíblico, no parece preocuparse demasiado si el contexto del mismo se lo permite o no. Veamos un ejemplo: en un párrafo del artículo que estamos considerando, dice lo siguiente:
“Como leímos anteriormente, dice que “a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Aquí Mario, está citando de Juan 1:12, que nos dice así:
“No obstante, a cuantos sí lo recibieron, a ellos les dio autoridad de llegar a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre.”
Veamos ahora, la conclusión a la que llega Mario, de la lectura de ese texto:
“Esto se refiere a que debemos de recibir a Cristo en nuestras vidas para que seamos hijos de Dios.”
Pero vamos a ver ¿de quién estaba hablando el texto? Pues de las personas que en tiempos de Jesús y sus apóstoles, creyeron en él y de eso hace casi dos mil años, luego nada que nos haga pensar que nos pueda aplicar a nosotros hoy en día: Juan nos explica sencillamente lo que pasó en aquél tiempo, nada más ¿o es que el texto dice “a todos los que le recibirán...... les dará poder para ser hechos hijos de Dios”? No, la frase de Juan está en tiempo pasado, no en tiempo futuro y claro, lo razonable es pensar, que los tiempos verbales están para respetarlos ¿o no? Pero siempre ocurre lo mismo y es que para defender su condición de “ungido”, Mario usa un montón de textos sacados de las cartas escritas por Pablo u otros y que iban dirigidas a personas determinadas y en circunstancias determinadas. Esas cartas no fueron dirigidas a nosotros, aunque su lectura nos pueda ser instructiva, así como parte de las promesas a Israel por parte de Jehová, tampoco nos aplican a nosotros y sin embargo, sacamos una gran enseñanza de su contenido. Y es que no se puede, para defender una idea, no bíblica por cierto (la de que al bautizarse, automáticamente uno ya es declarado Hijo de Dios), usar cualquier texto que creamos apoya aquello que queremos afirmar, sin tener en cuenta ni el contexto, ni el destinatario del mensaje, ni las circunstancias en las que fue escrito. Y por último, una afirmación que me ha sorprendido:
“Si insistes en creer en que todo el mundo es hijo de Dios, o piensas que sólo Dios tiene 144,001 hijos, estarás creyendo en religiones falsas y juzgando que la Biblia es mentirosa, dadas las evidencias antes expuestas.”
Pero es que resulta que no siendo la Biblia mentirosa y por mucho que le pese a Mario, las Escrituras sí nos hablan de esa cantidad específica, concretamente en Rev. 7:4 y 14:1 y 3 y sin embargo, en ningún lugar de la Biblia se nos dice, es más, ni se nos da la más mínima idea de que dicho grupo de gobernantes asociados con Cristo, se componga de “millones, miles de millones” como defiende Mario en otros artículos publicados. Y siempre teniendo en cuenta, que a tenor de las palabras pronunciadas por Jesús, este de ninguna manera tenía eso entendido así y nos imaginamos que algo sabría del asunto ¿no?:
“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” (Luc. 12:32).
¿O es que Jesús no sabía de qué estaba hablando, cuando usó la expresión “manada pequeña”? En fin, otra cuestión que le dejo planteada a Mario y a ver qué explicación tiene.
De todas maneras, reitero mi agradecimiento por los buenos deseos, pero mi esperanza es una muy distinta a la de mi amigo Mario y de esa ingente cantidad de “ungidos” de toda creencia, sea del color que sea (dentro del cristianismo, por supuesto) y que todos afirman sin lugar a dudas, que ellos han sido “llamados” a gobernar con Cristo. Yo no voy a discutir ese extremo, allá ellos y su idea, lo único que afirmo, es que yo no siento en mi corazón este llamamiento. Por lo tanto mi pretensión, desde luego no va tan lejos y con que se me conceda el poder disfrutar del Paraíso como un simple súbdito de ese Reino, me doy por más que satisfecho. Según expone Mario Olcese en el artículo objeto de comentario, eso no es posible; según la Biblia y en mi opinión, si es posible. Luego hora les toca a ustedes y si lo desean, el coger sus ejemplares de las Escrituras y mediante investigación personal, dilucidar a que parte se decanta la balanza. Solo así, disfrutarán del correspondiente y provechoso beneficio espiritual.
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