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domingo, 15 de mayo de 2016
¿Qué cree usted que es más fácil: entender las Escrituras…… o resucitar un muerto?
Y no piensen que se nos han “cruzado los cables” al hacer esta pregunta, pues lo único que pretendemos es resaltar el hecho de que al leer los Sagrados Escritos (vulgo La Biblia), hay un montón de cosas que normalmente nos pasan desapercibidas; y que si bien es cierto que no alteran la comprensión de lo fundamental del mensaje recibido, no es menos cierto que nos privan el disfrutar de aquello a lo que Pablo, en una profunda reflexión, calificó de la siguiente manera:
“¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios e ininvestigables sus caminos!” (Rom. 11:33).
Sin tener eso en mente, es cierto que la pregunta tal pudiera parecer como muy rebuscada y fuera de lugar, pues el común de la gente concordaría en que mientras lo primero es perfectamente accesible, ya que tal parece que las Escrituras las entiende hasta “el tonto del pueblo”, lo segundo (eso es, el resucitar a un muerto), no pasa de ser una simple quimera. Lo cierto, por otra parte, es que estamos ante algo que se nos cuenta en la Biblia y que se nos dice que pasó fundamentalmente en tiempos de Jesús…… pero no deja de ser menos cierto, en contraste, que de hecho no hay constancia de que en siglos posteriores se repitiera dicho fenómeno que, incluso para la ciencia más avanzada, representa un logro totalmente inalcanzable. Luego todo lleva a perpetuar la idea generalizada de que la Biblia no es más que un libro de mitos y que cuando uno muere, ahí se acaba todo y se nos haya contado, lo que se nos haya contado…… conclusión lógica: mientras que entender las Escrituras es accesible a cualquiera, resucitar a un muerto está fuera del alcance del ser humano.
De hecho, con lo que nos hemos encontrado a lo largo de la historia es con una gran cantidad de personajes que, creyéndose “tocados” por el dedo divino, por tanto elevados a la categoría de “ungidos” (el equivalente a ser considerado uno como un Hijos de Dios) y con toda la autoridad moral que supuestamente ello les concede ante el “personal”, han afirmado y continúan afirmando entenderla plenamente, creando alrededor de dicha idea el fenómeno que se ha dado en llamar “la religión verdadera” (Testigos de Jehová, entre otras muchas). Y que sin el concurso de la cual, faltaría más, el resto de mortales que no estamos “tocados” por el dedo de Dios no tendríamos acceso al conocimiento del propósito divino y por lo que estaríamos apartados del favor del Dios Altísimo…… luego o te arrimas al “pilón” y echas mano a la cartera (la contribución “voluntaria”, diezmo o como quieran llamarle y que en cualquier organización religiosa que se precie, no falta), o te pierdes “la fiesta”.
Tan es esto así, que dentro de la llamada “cristiandad” y heredera según se afirma, de las prístinas enseñanzas del Hijo de Dios, hay más de 30.000 denominaciones diferentes más o menos populosas, con doctrinas distintas, líderes distintos, ritos distintos, celebraciones distintas, etc. aunque, eso sí, con un común denominador en todas ellas y como les acabamos de señalar: todos sus líderes “se forran” y viven como “reyes” ya en este sistema de cosas, con el dinero de sus afiliados; y ello sin contar con aquellos que van por libre, eso es, que dicen no militar en denominación alguna y que solo publican sus particulares “enseñanzas” por Internet…… todo este “pandemónium”, montado a partir de un mismo punto neurálgico y que es la Biblia. Lo que vendría a poner en tela de juicio la afirmación de que esta es fácil de entender para una clase “privilegiada” (todas esas personas supuestamente “ungidas”), máxime cuando lo que se lee en las Escrituras es lo siguiente:
“Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar.” (1 Cor. 1:10).
Queda claro entonces que algo está fallando aquí; porque lo que muestra la realidad es que si reunimos en una sala a un católico, un adventista, un mormón, un pentecostal, un evangélico, un metodista, un anglicano o un ortodoxo (por citar algunas de las organizaciones de más raigambre dentro del cristianismo) y les damos una Biblia para que se pongan de acuerdo en algún punto, al final ocurre como con los dos gatos encerrados en una habitación para ver cuál de los dos es el que gana: abres la puerta pasado un tiempo y solo encuentras los dos rabos…… es decir, que ninguno de esos contertulios se pondría de acuerdo con los restantes y partiendo todos, insistimos, de un punto en común: la Biblia.
Llegados a esta situación y visto lo visto, resulta que la pregunta inicial ya no es tan estrambótica como parece a simple vista y que tiene, además, una respuesta que para muchos será sorprendente: es tan difícil (o tan fácil, según se mire), el entender las Escrituras, como el resucitar a un muerto…… porque algo a lo que pocos han prestado atención, es al hecho de que tanto para una cosa como para la otra, se precisa del poder del espíritu santo que proviene de Dios; veamos al respecto, lo relatado acerca del momento en que Jesús envió a sus doce apóstoles a predicar:
“De manera que mandó llamar a sus doce discípulos y les dio autoridad (o un poder sobrehumano procedente de Dios y que ellos no tenían) sobre espíritus inmundos, para expulsarlos y para curar toda suerte de dolencia y toda suerte de mal (……).
5 A estos doce Jesús los envió, dándoles estas órdenes: “No se vayan por el camino de las naciones y no entren en ciudad samaritana; 6 sino, más bien, vayan continuamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Al ir, prediquen, diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”. 8 Curen enfermos, levanten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Recibieron gratis (dicho poder), den gratis”.” (Mat. 10:1-8). (Acotaciones nuestras).
Ha quedado meridianamente claro, entonces, que la capacidad de resucitar muertos estaba intrínsecamente relacionada con el poder que habían recibido de Jehová Dios esos enviados y que identificamos como el “espíritu santo” o fuerza activa que proviene de Este; pero veamos ahora cómo la historia se repite, en lo tocante a algo aparentemente menos complicado como pueda ser la comprensión de la Palabra de Dios y reflejado esto, en unas palabras que les dijo Jesús a sus apóstoles poco antes de su muerte y tomadas en este caso de la versión BLP:
“Tendría que deciros muchas cosas más, pero no podríais entenderlas ahora (eso es, partiendo de la limitada capacidad de comprensión humana respecto de las cosas divinas). 13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. No hablará por su propia cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder.” (Juan 16:12-13). (Acotación nuestra).
Todo parece indicar, leído lo leído, que esas personas tan próximas a Jesús y enseñadas por él (no pasemos por alto este detalle), en su estado natural y sin el concurso del espíritu santo de Dios, estaban totalmente inhabilitadas para poder entender a cabalidad los propósitos de Este; de hecho, lo que Jesús les había dicho instantes antes y reflejado en el versículo 7 de ese mismo capítulo 16 de Juan, confirma lo que les estamos diciendo en el sentido de que sin la operación del espíritu santo en uno, este uno no puede entender las Escrituras:
“No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo de Jehová Dios) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación nuestra).
¿Y qué haría dicho “ayudante” en esas personas a las que sería enviado? Pues algo que Jesús ya les había aclarado momentos antes y registrado en Juan 14:26:
“Más el ayudante, el espíritu santo, que el Padre enviará en mi nombre, ese les enseñará todas las cosas (las que ellos no podían entender sin dicha ayuda) y les hará recordar todas las cosas que les
he dicho.” (Acotación nuestra).
Pero sin duda alguna, que esto es tal cual se lo explicamos, queda refrendado por unas palabras que Jesús en su momento dijo en una oración dirigida a su Padre Celestial y que nos explicaría el porqué de tanta confusión actual, en lo referente al entendimiento correcto del contenido bíblico y en donde nos encontramos de todo (menos coherencia), dentro de ese “maremágnum” de creencias que resulta ser “la cristiandad”…… pero veamos esas interesantes palabras:
“En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos (o “a los que son como niños”). Sí, oh Padre, porque el hacerlo así vino a ser la manera aprobada por ti”.” (Acotación nuestra).
Luego lo que se deduce de esas palabras, es que el entender correctamente las Escrituras o no, está totalmente supeditado a que Jehová Dios se lo permita a uno…… y si algo queda claro en nuestros días y visto lo visto, tal parece que se lo permite a unos pocos, muy pocos para ser más exactos; pero ¿por qué a unos pocos sí y a una inmensa mayoría no? Y es que no podemos sustraernos al hecho de que la Biblia fue escrita para ser leída por el hombre y con el propósito de traer consuelo y esperanza a este, lo que haría del entenderla la condición sine qua non para conseguir dicho objetivo; pero veamos qué se nos dice en la misma al respecto:
“Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).
Algo imposible de conseguir, si resulta que la Biblia no se puede entender por una inmensa mayoría y lo que nos lleva a la cuestión de fondo: ¿por qué si Dios dio Su Palabra de forma escrita para conseguir esos fines, resulta que es Él mismo el que obstaculiza su entendimiento a muchos, según lo leído en Luc. 10:21? La respuesta a esta pregunta la tenemos en los versículos que siguen al que acabamos de leer en Rom. 15:4, eso es, el 5 y 6, en donde se nos explica lo que resulta ser la clave para que a uno se le permita entender las Escrituras y con ello sacar el debido provecho; pero leamos esos versos 5 y 6:
“Ahora, que el Dios que suministra aguante y consuelo les conceda tener entre sí la misma actitud mental que tuvo Cristo Jesús, 6 para que, de común acuerdo, con una sola boca (eso es, dando todos el mismo mensaje) glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” (Acotación nuestra).
Y dado que esas personas a las que hemos aludido (bien sean líderes de organizaciones religiosas o “teólogos” que vayan por libre), no cumplen con el requisito exigido en ese verso 6, eso es, el de hablar “con una sola boca” o, dicho de otra manera, todos hablando de acuerdo y enseñando lo mismo, ello solo puede significar que no tienen la misma actitud mental del Hijo de Dios y que se nos señala en el pasaje de Fil. 2:5-11:
“Mantengan en ustedes esta actitud mental que también hubo en Cristo Jesús, 6 quien, aunque existía en la forma de Dios (eso es, tenía condición divina al no ser engendrado por un hombre, sino por el propio Dios), no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios. 7 No: antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres. 8 Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento. 9 Por esta misma razón, también, Dios lo ensalzó a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, de los que están sobre la tierra y de los que están debajo del suelo; 11 y reconozca abiertamente toda lengua que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios el Padre.” (Acotación nuestra).
Ahora bien ¿de qué manera, esas personas a las que nos referimos no manifiestan la “actitud mental” que caracterizó a Jesús? Veamos para entender esa cuestión, lo que dice de sí mismo uno de esos incapacitados personajes, en este caso el “teólogo” Apologista Mario Olcese y cuyas palabras reflejan exactamente la misma línea de razonamiento de todos esos “mandangas” que a sí mismos se reconocen como “ungidos” o Hijos de Dios:
“Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.” (Negritas nuestras).
Noten que el argumento “de peso” es sencillamente que él se cree ser un “ungido”…… y si uno duda de ello, es porque no ha entendido de qué va la “película”; veamos ahora esto otro:
“Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas nuestras).
Con lo que subliminalmente nos está diciendo que tiene un plus de autoridad en conocimiento escritural que el resto de la gente no tiene; o esto otro:
“Al contrario, soy un hombre muy feliz y dichoso, ya que por fin tengo la libertad que no gozan ellos para escribir y tener mi sitio web donde puedo exponer mis creencias personales y mis “descubrimientos” bíblicos según me lo revela el Espíritu de Dios. Sólo el Espíritu de Dios nos guía a la verdad.” (Negritas nuestras).
Bien, con estas u otras palabras parecidas (todos están cortados con el mismo “patrón”), lo que estos señores supuestamente “ungidos” nos vienen a decir es que son Hijos de Dios y parten de la “autoridad” que dicha condición les concede para enseñar a otros, pues se reconocen directamente guiados por el espíritu de Dios y con lo que nos encontramos, volviendo a lo de la correcta actitud mental desplegada por Jesús, con lo siguiente: Jesús era Hijo de Dios y se rebajó a la condición de hombre, mientras que esos personajes son hombres y se ensalzan a la condición de Hijos de Dios; por otra parte, mientras Jesús esperó que fuera su Padre Celestial el que lo “ensalzara” a una posición de privilegio, esos personajes se ensalzan a sí mismos y diciéndole por tanto a Jehová Dios de forma altanera, lo que Este tiene que hacer con respecto a ellos…… eso es, “reconocerlos” como hijos suyos, dado que ellos ya se han autoproclamado como tales. Es por esta presuntuosa y altanera actitud, que en armonía con lo dicho en las Escrituras el Altísimo no les permite entender su palabra escrita:
“Porque Jehová es alto y, no obstante, al humilde lo ve; pero al altanero lo conoce solo de distancia.” (Sal. 138:6).
Eso es, que no tiene la más mínima relación con los altaneros o presuntuosos; pero claro, en este pasaje se nos habla también de los “humildes” y que según el pasaje leído de Luc. 10:21, es a los que el Dios Altísimo “revela” el sentido de su palabra y algo que ya ocurrió en su momento…… véanlo:
“Y él (Jesús) procedió a decirles: “A ustedes (a los fieles y sinceros seguidores de este) se les ha dado el secreto sagrado del reino de Dios, más a los de afuera (a los que despreciaban las enseñanzas del Hijo de Dios) todas las cosas ocurren en ilustraciones, 12 para que, aunque estén mirando, miren y sin embargo no vean y, aunque estén oyendo, oigan y sin embargo no capten el sentido de ello, ni nunca se vuelvan y se les dé perdón”.” (Mar. 4:11-12). (Acotaciones nuestras).
Partiendo de aquí, la pregunta obligada es ¿y quiénes son, esos a los que se les permite captar el sentido correcto de las Escritura? Pues por ejemplo, sin ir más lejos, a todos los lectores de este blog y que están totalmente de acuerdo con lo que en el mismo se publica…… y a partir de ahí es cuando a usted que nos está leyendo por primera vez, se le ponen los pelos como “escarpias” y razona aquello tan manido de ¡“Ya están aquí los “enteradillos” de turno, afirmando que solo ellos entienden las Escrituras…… todos son iguales”! Pero “quieto parao” querido amigo, pues nosotros no hemos dicho esto; porque los autores de este blog (Manuel Bel Bordes y Armando López Golart) y a diferencia de los personajes señalados, jamás hemos dicho que seamos “ungidos”, sino que hemos afirmado exactamente por activa y por pasiva es todo lo contrario, eso es, que nosotros no somos “ungidos” o cosa que se le parezca y por lo que no tenemos más relevancia que usted que nos está leyendo. Solo somos y como consta en alguno de nuestros escritos, personas sencillas, sin estudios superiores de ninguna clase (uno un excelente carpintero –mi compañero y maestro “Manolo”– y aquí el “menda” –Armando y responsable de todo lo que se publica– un simple camionero en toda su vida), que por años nos ha apasionado el estudio de las Escrituras (muchos de ellos como miembros activos de la secta Testigos de Jehová) y que como nos sorprendía la falta de concordancia entre lo que leíamos en estas, con lo que otros nos “enseñaban” que estas decían, un día nos plantamos, les mandamos a hacer puñetas a todos y nos decidimos a denunciar dicha situación…… y esa es toda la historia.
Por otra parte, nunca hemos presentado nuestros planteamientos como “enseñanzas” y contrario a lo que hacen los personajes de los que hemos hablado, sean lideres representantes de alguna denominación religiosa dentro de la “cristiandad” o vayan por libre, como es el caso del que les hemos citado, Apologista Mario Olcese y que no deja de ser uno más entre tanto “zumbao” que se cree Hijo de Dios…… es más: cuando usted entra en nuestro blog y lee en nuestra entradilla de presentación los motivos que nos inspiraron a publicar en Internet, verá nuestra clara afirmación en el sentido de que nunca ha sido nuestra pretensión “el enseñar ni crear doctrina”, sino sencillamente el contrastar lo dicho por algunos “entendidos” en la materia, con aquello que dicen las Escrituras y cuestión que siempre nos había “chirriado”, pues había y hay en algunos casos un desfase brutal. Súmele a ello, querido y suspicaz lector, el hecho de que en muchos de nuestros escritos hemos señalado que la responsabilidad de decidir con qué quedarse de nuestras opiniones publicadas, está en la persona que nos lee, pues nosotros “ni quitamos ni ponemos rey” sino que solo constatamos una situación de flagrante contradicción entre lo que uno lee de algunos autores bíblicos u organización religiosa, con lo que de ello se nos dice en la Biblia…… a partir de ahí, lo que haga cada uno de nuestros lectores con dicha información, ya es asunto suyo.
Por ejemplo, querido lector y que aún continúa con la “mosca detrás de la oreja”, eso es, no demasiado “convencidillo” de que estemos nosotros entre aquellos pocos a los que se les permite entender las Escrituras, ahí tiene lo que acaba de leer en este artículo: primero vea si alguien le ha hablado jamás de ello y luego contraste por sí mismo si lo dicho se ajusta o no, a lo que usted lee en el texto escritural; por nuestra parte continuamos afirmando que, a menos que intervenga el espíritu santo de Dios, la misma dificultad entraña el entender correctamente la Biblia, que el resucitar un muerto: es imposible hacerlo. Recuerde que los apóstoles hicieron las dos cosas y, ambas, con la imprescindible ayuda del espíritu santo de Jehová Dios; y como dicho lo dicho, todo parece indicar que nosotros tenemos la razón en lo que estamos proponiendo, ello significaría y para aclarar las dudas que aún le puedan quedar, que a nosotros y a diferencia de la inmensa mayoría sí parece que se nos permite el entender correctamente las Escrituras…… ¿o no? ¿Qué opina usted?
MABEL
viernes, 4 de marzo de 2016
¿Cuán “importante” es el bautismo en nuestros días?
Pues depende de a quién se lo pregunte usted: si se lo pregunta a una persona que milite en una organización religiosa (obviamente dentro de la cristiandad) que lo practica, le dirá que es fundamental; mientras que si se lo pregunta a una cuya confesión no tiene entre sus doctrinas dicho ritual, le dirá que es totalmente intranscendente…… ya si nos lo pregunta a los autores de este blog, lisa y llanamente le diremos que no es más que una “chorrada” que solo sirve para identificarse con la “ganadería” a la que uno pertenece. Sin embargo y por aquello de que de todo hay en la viña del Señor, están aquellos que dándoselas de “entendidos” en la materia van publicando surrealistas afirmaciones en el sentido de que la “salvación” (y con lo que la cosa ya cobra una dimensión más seria), pasa ineludiblemente por el ser uno bautizado en agua…… porque a partir de ese mismo instante y de forma automática (siempre según nos cuenten esas personas), uno recibe ya el espíritu santo que lo convierte en un Hijo de Dios y por tanto, en coheredero del reino en calidad de inmortal rey y sacerdote al lado de Cristo durante el milenio. De ahí, la importancia vital del bautismo en agua para conseguir la susodicha “salvación”, como primer paso o detonante para poner en marcha ese proceso…… pero ¿es realmente esto así? ¿Qué argumentos presentan esas personas, para defender su posición? Pues empiezan por recordarnos unas palabras del apóstol Pablo, según se leen en Rom. 15:4 y que dicen así:
“Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.”
Pero claro: una cosa es lo que dijo Pablo en el sentido que de lo contenido en las Escrituras se puedan derivar diferentes enseñanzas o directrices para nuestros días y otra muy distinta, que los citados “entendidos” sepan por donde les sopla el aire en cuanto a su particular entendimiento de las tales. De entrada, habría que tener en cuenta que el significado del término griego bá·pti·sma se refiere al proceso de inmersión en agua, es decir, de un sumergirse y de un emerger del individuo que se somete a dicha ceremonia del líquido elemento; término este que se deriva del verbo griego bá·ptō y que en español se vierte como “sumergir” y por lo que en la Biblia, “bautismo” e “inmersión” son términos sinónimos…… en todo caso, ello tendría que ver simplemente con el llegar uno a estar totalmente cubierto de agua y sin connotación añadida alguna, que nos pueda hacer pensar en otra cosa más allá del simple ritual que en su momento llegó a ser dicho acto. Partiendo de esa premisa, veamos algunos de los ejemplos que según nos cuentan esos “entendidos”, en su momento llegaron a ser una prefiguración del mencionado “bautismo” y que inician citando la peripecia vivida por Noé y otras siete personas en el llamado “Diluvio Universal”, pero que en todo caso estaríamos ante un ejemplo muy forzado y tomado por los pelos, porque preguntémonos y partiendo siempre de la premisa que acabamos de enunciar…… ¿fueron las aguas las que “salvaron” de algún modo a Noé y resto de familia? Obviamente no, pues aparte de que las mismas no fueron enviadas para salvación, sino para ejecutar juicio sobre una humanidad pervertida y apartada de Dios, tenemos el siguiente pasaje y que aclara cualquier duda sobre el particular:
“Por fe Noé, habiéndosele dado advertencia divina de cosas todavía no contempladas, mostró temor piadoso y construyó un arca para la salvación de su casa; y por esta fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que es según fe.” (Hebr. 11:7).
Luego es obvio que no fue el agua la que obró a modo de “salvación”, sino la obra que hizo Noé, eso es, el arca; por lo tanto, a ese relato se le podrá dar la consideración que se quiera, pero nunca como la prefiguración de un bautismo salvador. Otro ejemplo que se nos propone de lo que pudiera ser otra alegoría del bautismo, es la experiencia vivida por los israelitas en el Mar Rojo en su huida de Egipto y partiendo de esta afirmación:
“Ahora bien, no quiero que ignoren, hermanos, que nuestros antepasados todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar 2 y todos fueron bautizados en Moisés por medio de la nube y del mar; 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual. Porque bebían de la masa rocosa espiritual que los seguía y aquella masa rocosa significaba el Cristo. 5 Sin embargo, sobre la mayor parte de ellos Dios no expresó su aprobación, pues quedaron tendidos en el desierto.” (1 Cor. 10:1-5).
Y aunque es cierto que ahí aparece incomprensiblemente el término “bautizados”, no es menos cierto que en este caso se añade la coletilla de “en Moisés” y que tal parece querer indicar que se nos está hablando de una cosa distinta a la que se nos intenta proponer; de hecho, la realidad es que esos seguidores del personaje Moisés no fueron “sumergidos” en las aguas, sino que lo que se nos dice que ocurrió fue lo siguiente:
“Por fin los hijos de Israel fueron por en medio del mar sobre tierra seca, mientras las aguas eran un muro para ellos a su derecha y a su izquierda.” (Éxo. 14:22).
Luego de nuevo nada que ver, con el estricto sentido del término “sumergir en agua” y que es lo que significa únicamente la expresión “bautismo”; por otra parte, se nos pone también como ejemplo el ritual del lavado ceremonial de los sacerdotes como prefiguración de un futuro “bautismo” y lo que no es más que un disparate, propio del que no tiene ni la más remota idea de lo que dicen las Escrituras, porque veamos qué es lo que se le impuso realmente a los miembros del sacerdocio:
“Y Jehová habló adicionalmente a Moisés, y dijo: 18 “Tienes que hacer una fuente de cobre y su base de cobre para el lavado y tienes que ponerla entre la tienda de reunión y el altar y poner agua en ella. 19 Y Aarón y sus hijos tienen que lavarse las manos y los pies allí. 20 Cuando entren en la tienda de reunión se lavarán (no “se sumergirán”) con agua para que no mueran, o cuando se acerquen al altar para ministrar, a fin de hacer humear una ofrenda hecha por fuego a Jehová. 21 Y tienen que lavarse las manos y los pies (no así, el resto del cuerpo) para que no mueran; y esto tiene que servirles de disposición reglamentaria hasta tiempo indefinido, a él y a su prole durante todas sus generaciones”.” (Éxo. 30:17-21). (Acotaciones nuestras).
Por lo que usar tal ejemplo como prefiguración del bautismo por venir, es propio de una persona que, totalmente ignorante de lo que las Escrituras nos enseñan realmente, hace particulares interpretaciones del texto escritural con el objetivo, no de enseñar la verdad, sino la de salirse con su idea aunque sea a costa de tergiversar dicha verdad…… pero es que la cosa no acaba ahí, porque además se nos presenta el episodio de Naamán, caudillo del ejército sirio que luchaba contra Israel, también como una prefiguración del bautismo por venir y lo que no deja de ser otro disparate, propio del iletrado que ignora los fundamentos más básicos del registro escritural, porque veamos qué es lo que se nos cuenta en el susodicho relato:
“De manera que Naamán fue con sus caballos y sus carros de guerra y se paró a la entrada de la casa de Eliseo. 10 Sin embargo, Eliseo le envió un mensajero, que dijo: “Yendo allá, tienes que bañarte siete veces en el Jordán para que vuelva a ti tu carne; y sé limpio”. 11 Ante esto, Naamán se indignó y empezó a irse y a decir: “Mira que yo me había dicho: ‘Saldrá a mí hasta afuera y ciertamente estará de pie e invocará el nombre de Jehová su Dios, y moverá su mano de acá para allá sobre el lugar y realmente dará recobro al leproso’. 12 ¿No son el Abaná y el Farpar, los ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y ciertamente ser limpio?”. Con eso se volvió y se fue furioso.
13 Sus siervos ahora se acercaron y le hablaron y dijeron: “Padre mío, si hubiera sido una cosa grande la que te hubiera hablado el profeta mismo ¿no la harías? ¿Cuánto más, pues, dado que te dijo: ‘Báñate y sé limpio’?”. 14 Por lo cual él bajó y empezó a sumergirse en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre del Dios verdadero; después de lo cual su carne se volvió como la carne de un muchachito y quedó limpio.” (2 Rey. 5:9-14).
Por lo que tampoco en este caso podríamos estar ante la prefiguración de un futuro bautismo, pues este requiere de una sola inmersión y no de siete, como se le exigió al personaje Naamán y con la salvedad, de que solo se le pidió que se “bañara” o se “lavara” y no que se “sumergiera” por completo y por siete veces en la enlodadas aguas del rio Jordán en esos momentos…… es obvio, entonces, que lo contenido en ese pasaje no tiene otro propósito que el de señalar una simple lección de humildad a la que fue sometido un altivo personaje y por lo tanto, nada que tuviera que ver con la prefiguración de un bautismo salvador que estaría que venir. Luego solo lo dicho hasta el momento y por sí solo, ya muestra el escaso conocimiento que sobre el contenido escritural tienen algunos que se las dan de “teólogos” y lo que les descalifica totalmente para ir dando lecciones de “entendimiento” bíblico; pero es que además y en su disparatada deriva “teologal”, no se les ocurre y para sostener su insostenible proposición (disculpen la redundancia) de la necesidad de un bautismo “salvador”, nada menos que acudir al pasaje de Mar. 16:16 y en donde se lee como sigue:
“El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado.”
Notemos, de entrada, que el ser “salvo” no depende de ser uno bautizado o no, sino en el creer o no creer…… por lo que no estamos más que ante el uso torticero del texto escritural, para engañar a los incautos que confían en la palabra de esos “maleantes” intelectuales, que no saben de lo que están hablando; porque si continuamos con el contexto de dicho pasaje e inseparable del mismo, lo que se nos dice a continuación es esto:
“Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18, con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero, no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.
19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:17-20).
¿Qué notamos, entonces, en esas palabras? Pues en primer lugar, que aquellos que creyeran y fueran bautizados tendrán la capacidad de llevar a cabo las obras poderosas mencionadas; recordemos que dicha capacidad, estaba intrínsecamente asociada con el “creer”, mientras que por otra parte, las tales eran la manera en la que Jesucristo “apoyaba” el mensaje emitido y lo que nos lleva a la siguiente encrucijada: si los actuales “bautizados” y toda esa inmensa patulea de supuestos “ungidos” que nos rodean por tierra, mar y aire, afirman haberlo sido mediante el bautismo y que de hecho es el “producto” que nos quieren “vender” ¿por qué, son incapaces de llevar a cabo esas señales que Jesucristo dijo “acompañarían” a los que creyeran y como muestra evidente de su apoyo a la expansión del “evangelio” que afirman predicar? ¿Deberíamos de entender y ante la ausencia de esas señales, que estamos ante personas que realmente no han creído (luego no pueden ser “salvos” por muy bautizados que estén) y que con sus afirmaciones, nos están intentando extraviar de la enseñanza verdadera? Porque o es eso, o es que resulta que el bautismo que preconizan como el medio esencial para alcanzar la “salvación”, no es más que una pura mamarrachada…… dicho lo cual, recuperemos el pasaje de Rom. 15:4, con el que se nos pretende hacer creer que en las Escrituras se nos habla de la necesidad del bautismo como conducto salvador:
“Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.”
Y es que lo que se nos dice en las Escrituras acerca del tema que nos ocupa, es que el bautismo en agua y desde que fue instaurado por Juan “el bautizante”, no tenía más finalidad que la del reconocimiento público del que participaba en el mismo de su condición de pecador, así como el firme deseo y ante testigos presenciales, de cambiar su derrotero desde ese momento en adelante:
“De modo que él entró en toda la comarca del Jordán, predicando bautismo en símbolo de arrepentimiento para perdón de pecados.” (Luc. 3:3).
Y que la NTV vierte se la siguiente manera:
“Entonces Juan fue de un lugar a otro, por ambos lados del río Jordán, predicando que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada.”
En todo caso, no era el bautismo en sí mismo, eso es, el hecho de ser uno sumergido en agua, lo que arreglaba la situación de este ante su Creador, sino el sincero arrepentimiento del que se sometía a dicho bautismo y lo que dejaba el mero hecho de la inmersión física, en un simple acto protocolario por el que se manifestaba públicamente la decisión personal de uno con respecto de Dios…… dicho en otras palabras: el bautismo en sí mismo no era otra cosa que un mero ritual sin más trascendencia; por otra parte, este acto y lejos de la idea que se nos quieren “vender” los supuestos “ungidos” de la actualidad, nunca implicó el que mediante dicho acto uno tuviera que ser adoptado por Dios como Hijo Suyo y para lo cual, se precisaba de otro bautismo distinto, según se deduce de las siguientes palabras de Juan “el bautizante”:
“Juan también dio testimonio y dijo: “Vi el espíritu bajar como paloma del cielo y permaneció sobre él. 33 Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo”.” (Juan 1:32-33).
Entonces estaríamos ante dos bautismos distintos el uno del otro y que el segundo de ellos solo podía ser impartido por Jesús…… y ello, solo después de su muerte:
“No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7).
Que ello es así, queda probado por las palabras del apóstol Pedro:
“A este Jesús lo resucitó Dios, del cual hecho todos nosotros somos testigos. 33 Por eso, debido a que fue ensalzado a la diestra de Dios y recibió del Padre el espíritu santo prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.” (Hech. 2:32-33).
Pedro estaba hablando de las consecuencias inmediatas de haber sido bautizados en espíritu santo (el otro bautismo) instantes antes y que nada tenía que ver con el bautismo de agua al que se habían sometido años antes, pues del mismo no derivaron ningún poder especial; circunstancia que deja claro que la afirmación actual de que el ser bautizado en agua, ya conlleva la inmediata recepción por parte del bautizado de la condición de Hijo de Dios y por tanto, de la “salvación”, no es más que un puro disparate propagado por fanáticos ignorantes que solo están “vendiendo” humo. Porque ese otro bautismo y que sí concedía dicha condición, además de los poderes consustanciales de ella derivados, solo fue impartido por Jesús a sus apóstoles, que a su vez recibieron la autoridad para poder impartírselo a otros, mediante el ritual de la “imposición de manos”. En el capítulo ocho del libro de “Hechos de los Apóstoles”, queda patente dicho aspecto de la cuestión, eso es, que si bien los apóstoles podían investir a uno de dicha condición de Hijo de Dios y con los poderes que eran consustanciales a dicha condición, aquellos que habían recibido de manos de los apóstoles dicho estado, ya no podían transmitírselo a otros; porque lo que allí se nos narra, es la peripecia de un tal Felipe y uno de los primeros de recibir la adopción como Hijo de Dios por medio de los apóstoles (recordemos que los apóstoles la había recibido directamente de Jesucristo) y del que se nos cuenta lo siguiente:
“No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.
9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre, que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (obviamente, por medio de Felipe).
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo (con el mismo, la condición de Hijo de Dios y los poderes consustanciales a dicha relación paterno/filial con el Creador). 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.
18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles (no de Felipe y siendo este como era también un Hijo de Dios) se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”.” (Hech. 8:4-19). (Acotaciones nuestras).
Entonces lo que notamos, es que, primero, el bautismo en agua que esas personas habían recibido en el nombre de Jesucristo no les había conferido capacidad alguna para llevar a cabo obras poderosas y que era como se manifestaba el poder del espíritu santo recibido, algo que se nos muestra en el siguiente pasaje:
“Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.” (Hech. 19:6).
Pero lo que también se nos muestra, en segundo lugar, es que solo los apóstoles de Jesucristo tenían la autoridad de poder extender a otros la condición de Hijos de Dios y, repetimos, los poderes que le eran consustanciales a la misma; pues si bien Felipe podía desarrollarlos y como se nos muestra en el pasaje leído, es obvio que no podía transferírselos a otros, como al tal Simón…… ¡cuánto menos entonces, el poder transmitir la condición de Hijos de Dios a otros! Circunstancias estas que nos llevan a una importante derivada, como es la de que con la muerte de los apóstoles, obviamente cesó el poder bautizar en espíritu santo y con ello el poder hacer de otros Hijos de Dios, lo que nos lleva a la siguiente conclusión: sabemos que el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo, era preceptivo para poder acceder al segundo bautismo en espíritu santo mediante la imposición de manos y ritual por el que se escenificaba públicamente el hecho de que uno recibía dicho bautismo…… luego desaparecido el bautismo en espíritu santo con el último de los apóstoles ¿qué sentido tenía el bautismo en agua a partir de ese momento? Obviamente ninguno y de ahí que desapareciera de la historia bíblica, pues ya no tenía valor práctico alguno el bautizarse y circunstancia que se ha mantenido hasta el día de hoy; es cierto que la Iglesia Católica y supuesta sucesora del apostolado del I siglo, lo convirtió en obligatorio en el Concilio de Nicea (325 d.C.)…… pero ya no estaríamos hablando de lo mismo, porque lo que cuenta es lo que se nos dice en el registro sagrado y no lo dicho en documentos posteriores y lejos de toda inspiración divina (2 Tim. 3:16).
Sin embargo, a todo lo dicho habría que añadir otra cuestión que los que defienden el bautismo como requisito previo a la salvación, pasan olímpicamente por alto y que es la siguiente ¿quién hoy en día tiene la autoridad para poder bautizar? Porque no olvidemos que Juan “el bautizante” tenía y como hemos leído al principio de este escrito, dicha tarea encomendada por el propio Jehová Dios. Tarea que posteriormente asumió el propio Hijo de Dios y que tenía un bautismo mayor que ofrecer, que posteriormente delegó en sus apóstoles…… y autoridad que desapareció con la muerte del último de estos, siempre a tenor de los datos que nos aportan las Escrituras; luego, repetimos la pregunta ¿quién o quiénes, están autorizados hoy a bautizar? La cosa ya se agrava, cuando lo que se nos dice por parte de esos “entendidos” en el texto escritural es que cuando uno es bautizado en agua, ya recibe de forma automática el bautismo en espíritu santo y por tanto, pasa a convertirse en un Hijo de Dios con la “salvación” en perspectiva…… o lo que es lo mismo, dos bautismos al “precio” de uno; sin embargo, nada parecido a eso es lo que se nos dice en las Escrituras sino que más bien y volviendo a las palabras de Pablo en Rom. 15:4, la “instrucción” que recibimos de estas es que a día de hoy no hay nada parecido a un bautismo que tenga la aprobación de Dios.
En todo caso y por aquello de que cada uno puede hacer “de su capa un sayo” en función de su libre albedrío, el “personal” se puede bautizar y hacerse todas las ilusiones que quiera; pero que cada uno sepa, que lo de ser “salvo”, aquello que se dice ser “salvo”…… ¡nada de nada!
MABEL
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martes, 7 de julio de 2015
El “evangelio del reino”: ¿Un mensaje lineal que haya permanecido hasta nuestros días…… o más bien un compendio de “tres” mensajes distintos, para distintos momentos?
Sí, sí, ya sabemos que a algunos y ante semejante planteamiento se les habrán puesto los pelos como escarpias, fundamentalmente a toda esa ingente recua de supuestos “continuadores” de la obra de predicación del “evangelio del reino” anunciado por Jesús y que tienen la desfachatez de declararse a sí mismos “ungidos” o Hijos de Dios, por lo tanto herederos con este del reino milenario en calidad de inmortales reyes y sacerdotes (Rev. 20:6)…… y “personajillos” de los que les hablaremos en un momento. Pero volviendo a lo que íbamos, sí les adelantamos que para entender lo que vamos a explicar en defensa de nuestra idea y que no tiene más pretensión, que la de ahondar un poco más en ese complejo tema acerca de una actual predicación del “evangelio” salvador que predicó Jesús y que como mínimo suena raro (nada en las Escrituras sugiere tal cosa), hay que tener un punto perfectamente asimilado: el término “evangelio” no significa más que “buena nueva” o “buena noticia” y por lo que no hay que hacer de esa expresión algo místico u objeto de reverencia alguna; por lo que de ahora en adelante y para que tengan una nueva perspectiva del contenido escritural, sustituiremos el término “evangelio” por la expresión “buena noticia” y verán cómo cambian las cosas.
Entonces y partiendo de ese supuesto que queremos plantear, tendríamos que Jesús lo que vino a hacer es dar una buena noticia al “personal” y que tenía que ver, con la primera de tres buenas nuevas o fracciones en las que se puede subdividir la buena noticia o “evangelio” del reino de Dios tomada como un todo y a las que hacemos referencia en el titular de este escrito; buena noticia, la dada por Jesús, que estaba directamente relacionada con algo que se le había prometido al pueblo judío siglos atrás:
“… “Y ahora, si ustedes obedecen estrictamente mi voz y verdaderamente guardan mi pacto, entonces ciertamente llegarán a ser mi propiedad especial de entre todos los demás pueblos, porque toda la tierra me pertenece a mí. 6 Y ustedes mismos llegarán a ser para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel”.” (Éxo. 19:5-6).
Entonces la “buena noticia” que Jesús fue enviado a dar al pueblo judío, tenía que ver con el hecho de que esa promesa hecha siglos antes a sus antepasados en las llanuras del desierto del Sinaí, había llegado ya al momento crítico de su cumplimiento, pues por fin había aparecido el sucesor legal al trono del rey David en la persona de Jesús y con lo que dicha promesa empezaba a tomar cuerpo…… pues si ya había rey, es obvio que también habría reino:
“Pues bien, cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagué en el monte de los Olivos, entonces Jesús envió a dos discípulos, 2 diciéndoles: “Pónganse en camino a la aldea que está a su vista y en seguida hallarán un asna atada y un pollino con ella; desátenlos y tráiganmelos. 3 Y si alguien les dice algo, tienen que decir: “El Señor los necesita’”. Con eso él los enviará inmediatamente”.
“Esto verdaderamente se efectuó para que se cumpliera lo que se había hablado mediante el profeta, que dijo: 5 “Digan a la hija de Sión: ¡Mira! Tu Rey viene a ti, de genio apacible y montado sobre un asno, sí, sobre un pollino, prole de una bestia de carga”.
6 De modo que los discípulos se pusieron en camino e hicieron exactamente como les había ordenado Jesús. 7 Y trajeron la asna y su pollino, pusieron sobre estos las prendas de vestir exteriores de ellos y él se sentó sobre estas. 8 La mayor parte de la muchedumbre tendió sus prendas de vestir exteriores en el camino, mientras otros se pusieron a cortar ramas de los árboles y a tenderlas por el camino (forma característica con la que en Jerusalén se proclamaba y daba la bienvenida al nuevo rey de Israel). 9 En cuanto a las muchedumbres, los que iban delante de él y los que seguían, clamaban: “¡Salva, rogamos, al hijo (o descendiente) de David! ¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová! ¡Sálvalo, rogamos, en las alturas!”.” (Mat. 21:4-5). (Acotaciones nuestras).
Y este era el que podríamos considerar como el primero de esos tres distintos mensajes en que estaba fraccionada la buena noticia del reino de Dios y que a nuestro entender, conforman como un todo aquello que se entiende como la buena nueva anunciada al mundo: en este caso, se anunciaba que el momento del cumplimiento de esa promesa dada en Sinaí había llegado y con ello, un futuro de esperanza para la humanidad…… y a anunciar esta esperanzadora noticia, es a lo que fue enviado Jesús:
“Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).
Pero esta buena noticia se podría considerar que llegó a su conclusión con la muerte y resurrección del Hijo de Dios, circunstancia que abrió el camino para la difusión del segundo mensaje o buena noticia que, aunque muy relacionada con la anterior, tenía ya sin embargo una connotación totalmente distinta. Porque tenemos que notar que los apóstoles ya no fueron enviados a anunciar la llegada del tiempo del cumplimiento de esa promesa hecha siglos atrás a sus antepasados en Sinaí, en el sentido de que Jehová sacaría de entre ellos “un pueblo para Su nombre” (Hech. 15:14) y que eso ya lo había hecho Jesús, sino a anunciar la buena noticia de que Jehová ya había empezado a “recolectar” o tomar de entre el pueblo de Israel, a aquellos que en conjunto conformarían ese reino de sacerdotes y nación santa anunciados, algo de lo que ellos mismos eran el máximo exponente y por ello, el mejor reclamo. Pero circunstancia que no se sustanció, sino hasta después de que el Hijo de Dios hubiera sido elevado a los cielos y concretada en el Pentecostés de 33 E.C., cuando ya se hizo realidad la toma expresa o selección de los primeros miembros de aquellos que tenían que conformar ese conjunto de reyes y sacerdotes que junto a Cristo tenían que gobernar y en armonía con la promesa recibida siglos antes, al ser derramado sobre los apóstoles el espíritu santo de adopción como Hijos de Dios (condición indispensable para poder heredar el reino de Dios en calidad de gobernante del mismo) y con ello, los poderes que eran consustanciales con dicha condición…… ese era el “nuevo” mensaje que a partir de ese mismo momento y como “buena noticia” tenían que dar los apóstoles; ello parece quedar confirmado, por una palabras que fueron dichas con respecto de estos por el mismo Jesús:
“Hago petición, no respecto a estos (sus apóstoles) solamente, sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.” (Juan 17:20). (Acotación nuestra).
¿Y qué mensaje se transmitía mediante esa “palabra de ellos? Pues la buena noticia de que las personas que ejercieran fe en la buena nueva que ellos les transmitían, no solo mediante palabra, sino también mediante las obras poderosas que les eran permitidas llevar a cabo (Mat. 10:7), también adquirirían la condición de Hijos de Dios que ellos mismos ostentaban y por tanto, miembros de pleno derecho de ese “reino de sacerdotes y nación santa” (Éxo. 19:6) que acompañaría a Cristo en su gobernar. Aclarar que el tiempo en que esta oferta se mantuvo en pie, abarcó desde el momento en que los apóstoles recibieron la condición de Hijos de Dios, hasta el momento en que murió el últimos de ellos (Juan, sobe el 99 E.C.) y período conocido como “el tiempo de la gracia”, eso es, el tiempo en el que el hombre tuvo a su alcance el poder optar a alcanzar la condición de Hijo de Dios…… por lo que dicho “período de gracia” y contrario a lo que sostienen la mayoría de los teólogos, predicadores, pastores, ancianos o ministros de las distintas iglesias de la cristiandad actuales (algo tienen que “inventarse” para mantener abierto el “chiringuito”) en el sentido de que ha permanecido accesible hasta nuestros días y de ahí, tanto “ungido” suelto por estos lares, cuando la realidad es que dicha posibilidad finalizó en el mismo momento de la desaparición de los apóstoles y que como veremos a continuación, eran los únicos que podían transmitir dicha condición de Hijo de Dios a otros.
Porque, lo que es cierto y como acabamos de señalar, es que con la muerte del último apóstol se acabó el poder bautizar en espíritu santo y con ello el poder transmitir la condición de Hijo de Dios a otros, pues solo estos estaban autorizados para ello y bautismo que se llevaba a cabo mediante la figura ritual de la imposición de manos…… y a la que seguía de forma inmediata, la capacidad por parte del que se había sometido a dicha imposición de manos, de poder llevar a cabo las obras poderosas que le eran consustanciales a esa nueva condición de Hijo de Dios y que hacían las veces de “credencial” o de “tarjeta de presentación”, en aquellos enviados por Jehová Dios para representarle:
“…… y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse.” (Hech. 2:4).
“Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.” (Hech. 19:6).
Sin embargo, la cuestión era que aquellos que recibieron de manos de los apóstoles dicho espíritu santo de adopción, eso es, que no lo recibieron directamente de Jesucristo como fue en el caso de los apóstoles, si bien podían llevar a cabo obras poderosas parecidas a las de los apóstoles (Hech. 6:8; 8:5-7), lo que ya no podían era transmitir dicha condición de Hijos de Dios a otros y por lo que con aquellos que lo habían recibido directamente de los apóstoles, se acababa la “saga” de esos poderosos personajes de sobre la tierra…… luego es obvio que en el momento de desaparecer los apóstoles, llegó también a su término ese período “de gracia”, pues ya a partir de ese momento ningún otro ser humano podría, mediante su esfuerzo personal, acceder a la condición de Hijo de Dios. Que ello es como se lo contamos, queda claro en el capítulo ocho de Hechos de los Apóstoles en donde se nos narran las peripecias de un tal Felipe (y que junto a otros, había recibido de los apóstoles mediante imposición de manos, la condición de Hijo de Dios y según se nos narra en Hech. 6:5-6), que asombraba al “personal” en la zona de Samaria por las grandes señales que ejecutaba…… pero que sin embargo, precisó de la directa intervención de los apóstoles para que aquellos samaritanos que le habían creído en su predicción y bautizado en agua en el nombre de Jesucristo , pudieran ser también bautizados (nada que ver un bautismo con el otro) con el espíritu santo de adopción como Hijos de Dios; pero veamos cómo nos cuentan las Escrituras el suceso en cuestión:
“No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.
9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre, que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (por medio de Felipe).
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.” (Hech. 8:4-17). (Acotación nuestra).
Luego no fue sino hasta después de que los apóstoles actuaran y según el verso 17, que esas personas empezaron a desarrollar los poderes inherentes a la condición de Hijo de Dios y muestra evidente de que Jehová Dios, mediante Jesucristo, les había concedido dicho reconocimiento…… repetimos: la prueba “del algodón” en el sentido de que uno pasaba a ostentar la condición de Hijo de Dios, no quedaba restringida a esa pública imposición de manos en sí misma, sino a la inmediata capacidad de la persona envuelta en el asunto para poder desarrollar acciones alejadas del alcance del común de los mortales, como pudieran ser el sanar enfermos, restaurar ciegos, hablar en lenguas, expulsar demonios, etc. Y que eso, es decir, el transmitir dicha condición de Hijo de Dios a uno mediante el ritual de la imposición de manos (el ritual era lo de menos, pues no era más que eso, un ritual o escenificación pública de algo que se demandaba de Dios, sino la autoridad concedida divinamente a la persona que imponía las manos era la que actuaba sobre la persona que recibía dicha imposición), se producía sobre aquellos que cifraban fe en los razonados argumentos de esos enviados de Jesucristo y, sobre todo, en la prueba vívida que daban mediante esas manifestaciones poderosas y que significaba para el creyente un cambio radical en su vida que le convertían en un potencial Hijo de Dios, para posteriormente y en el momento oportuno, ser resucitado como inmortal rey y sacerdote al lado de su hermano mayor Jesucristo, para gobernar en el milenio…… lo que trae de nuevo a la palestra a todos esos “fantasmas” que actualmente se llaman a sí mismos “ungidos” o Hijos de Dios, con afirmaciones tan categóricas como disparatadas, como algunas que les mostramos a continuación:
“Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.” (Negritas nuestras).
O esta otra:
“Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas nuestras).
Ya en el colmo de la estulticia, vean lo que nos quieren hacer creer esa pandilla de farsantes y “mercachifles” de la teología, de los que dando una patada a un adoquín de debajo del mismo te aparecen “tropecientos mil”:
“La Biblia nos dice que los cristianos, los que hemos sido bautizados para el perdón de los pecados, hemos sido automáticamente ungidos por Dios para ser ‘Cristos’, y por lo tanto, coherederos con él del reino de Dios.” (Negritas nuestras).
Sin embargo, resulta que en las Escrituras dicha taxativa afirmación o algo que mínimamente se le parezca, en el sentido de que el bautismo de agua conceda “automáticamente” la condición de Hijo de Dios, no se encuentra por ningún sitio sino que más bien y como hemos comprobado, lo que se nos dice en el pasaje leído de Hech. 8:4-17 es exactamente todo lo contrario, eso es, que sin el concurso de un apóstol o persona autorizada divinamente (como fue posteriormente en el caso de Pablo) a impartir dicho bautismo en espíritu, no se podía adquirir dicha condición de Hijo de Dios. Y por lo que, repetimos, desde que desapareció el último de ellos (Pablo incluido, pues también es considerado un apóstol), con él desapareció también de sobre la tierra la posibilidad de adquirir uno la condición de “ungido” o heredero del reino en calidad de inmortal rey y sacerdote; y así, hasta el día de hoy: porque si no hay apóstoles, no hay “ungidos”…… y si no hay “ungidos”, tampoco hay “evangelio” o buena noticia alguna que predicar.
Pero a todo esto, resulta que hemos hablado de “tres” mensajes distintos o fracciones de un todo llamado “evangelio” o buena noticia del reino de Dios y solo hemos hablado los dos primeros: uno, el anuncio de la llegada del momento en que entraba en vigor la promesa hecha en el Sinaí y que difundió Jesús hasta su muerte; segundo, el anuncio de que ya se estaba recogiendo a aquellos que junto a Cristo gobernarían en el reino de Dios y que tuvo como máximos portavoces a los apóstoles…… y que nuestra propuesta de subdividir en tres partes del “evangelio” del reino es correcta, queda probado por el hecho de que una tercera parte de ese todo que conforma la “buena noticia” del reino de Dios aún no ha sido dada a conocer y que es tan esperada como las dos primeras: el anuncio del momento en que dicho reino toma definitivamente su posición y que, como hemos dicho, aún está en el futuro, muy cercano este, es cierto, pero futuro al fin y al cabo.
Lo que significa, por tanto, que no existe persona alguna a día de hoy que pueda estar predicando un evangelio o buena noticia de nada, pues como ya hemos señalado, dos de las tres noticias que como un todo conforman el mensaje completo del reino de Dios, se dieron en el primer siglo de nuestra era y la que falta, aún no se ha dado; porque no podemos olvidar el hecho de que Jesús anunció una nueva predicación mundial, de la tres que han sido establecidas con relación al reino de Dios: la que protagonizó el mismo y para la que fue expresamente enviado:
“Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado”.” (Luc. 4:43).
Una segunda, la protagonizada por los apóstoles y a los que él comisionó para llevarla a cabo:
“Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. 19 Vayan, por lo tanto y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre…”.” (Mat. 28:18-19a).
¿Y qué mensaje se transmitía mediante la palabra de esos envidos de Jesucristo? Pues sencillamente que si el oyente ejercía fe en “la palabra de ellos”, este y al igual que ellos, también alcanzaría un lugar de gobernante al lado de Jesucristo y quién les había enviado para dar a conocer esa nueva buena noticia a los que quisieran escucharla; a tal efecto, recordemos lo dicho por Jesús a sus enviados:
“El que les escucha a ustedes me escucha a mí también. Y el que los desatiende a ustedes me desatiende también a mí. Además, el que me desatiende a mí, desatiende también al que me envió.” (Luc. 10:16).
Pero acabada dicha predicación con la muerte del último de los apóstoles (Juan, aproximadamente en el 99 E.C.), se abrió un impasse de casi 2.000 años en el que nadie ha sido enviado de parte de Dios a dar mensaje alguno y tiempo al que Jesús, lejos de identificarlo como el “período de la gracia” y según lo consideran los teólogos actuales, lo que le llamó fue el “tiempo señalado de las naciones” (Luc. 21:24), eso es, el tiempo en el que las naciones dominarían al mundo hasta llevarnos a la desesperada situación actual y que maldita la gracia que ello tiene…… ya otra cosa, es que haya “entendidos” sueltos por ahí que nieguen dicho extremo, como el ejemplo del que hemos citado y que se las den de “ungidos” y pregoneros de Dios, pero que de ninguna manera y contrario a lo registrado en el texto sagrado, pueden demostrar el haber sido enviados por Este; recordemos lo que dijo Jesús cuando comisionó a sus onces apóstoles a iniciar la “segunda” de las tres predicaciones del reino:
“Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen la buena nueva (la aparición de los primeros co-gobernantes del reino) a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas, 18 con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero, no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.
19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:15-20). (Acotación nuestra).
Extremo este que se produjo durante la campaña de predicación que lideró Jesús (Luc. 10:17), así como también en la posterior que lideraron los apóstoles y ahí están los ejemplos, no solo de los mismos apóstoles, sino de algunos de sus seguidores como Esteban o Felipe (Hech. 6:8: 8:6-7) y como ocurrirá, con la que liderarán en un futuro ya inmediato los llamados “dos testigos” (un pequeño resto “ungido” nombrado “a dedo” por Jehová Dios) y que ya fue anunciada por Jesús en Mat. 24:14 y relacionada con el fin de los tiempos…… luego veamos qué es lo que se nos dice en cuanto a cómo se las “gastarán” esos poderosísimos personajes por aparecer:
“Y haré que mis dos testigos profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros, que están de pie delante del Señor de la tierra.
5 Y si alguien quiere hacerles daño, de la boca de ellos sale fuego y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, tiene que ser muerto de esta manera. 6 Estos tienen la autoridad para cerrar el cielo de modo que no caiga lluvia durante los días de su profetizar y tienen autoridad sobre las aguas para tornarlas en sangre; y para herir la tierra con toda clase de plaga cuantas veces deseen.” (Rev. 11:3-6).
Luego si ello ya fue así en su momento y así será también en un futuro ¿por qué no pueden esos “ungidos” actuales manifestar algún tipo de acción poderosa que los distinga del resto del “personal” y que les identifique como “enviados” de Dios? Pues sencillamente porque no lo son, sino que estamos tan solo ante unos auténticos farsantes y que le hacen el “caldo gordo” a Satanás, por medio de extraviar a la gente con sus disparatadas propuestas totalmente alejadas de lo que es la verdadera enseñanza de los propósitos de Dios para con nosotros…… y algo que no es nuevo en la historia:
“Y Jehová pasó a decirme: “Falsedad es lo que los profetas están profetizando en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he ordenado, ni les he hablado. Una visión falsa y adivinación y una cosa que nada vale y la artimaña de su corazón es lo que ellos les están hablando proféticamente”.” (Jer. 14:14).
En definitiva, estaríamos ante esos falsos “maestros” de los que ya en su momento nos advirtió Pedro con que aparecerían:
“Sin embargo, llegó a haber también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá falsos maestros entre ustedes. Estos mismísimos introducirán calladamente sectas destructivas y repudiarán hasta al dueño que los compró, trayendo sobre sí mismos destrucción acelerada.” (2 Ped. 2:1).
Pero dicho lo cual ¿qué es lo que se anunciará en esa tercera predicación anunciada por Jesús en Mat. 24:14 y que se iniciará en breve? Pues sencillamente algo que ya hace siglos está registrado en el texto escritural y que es esto:
“Y vi a otro ángel que volaba en medio del cielo y tenía buenas nuevas eternas que declarar como noticias gozosas a los que moran en la tierra y a toda nación y tribu y lengua y pueblo 7 y decía con voz fuerte: “Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora del juicio por él, de modo que adoren al que hizo el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas”.” (Rev. 14:6-7).
Dicho de otra manera y para entendernos, se anunciará el momento en que el reino de Dios toma acción directa sobre la tierra y establece su justicia…… y tercer mensaje al mundo que como buena noticia será proclamado en todas la tierra por espacio de 1.260 días (Rev. 11:3), o tres años y medio, que está aún pendiente de ser anunciada. Por tanto y por aquello de resumir la cuestión (aunque con ello nos repitamos un poco), es que si por una parte tenemos que la buena noticia anunciada por Jesús y, por otra, la no menos buena difundida por los apóstoles, ambas se produjeron en el primer siglo, mientras que la tercera de esa trilogía de buenas noticias con respecto del reino, aún está en el futuro…… ¿qué “evangelio” de Jesucristo, entonces, es el que están predicando esos “sacamantecas” actuales y que así mismos se llaman “ungidos” o Hijos de Dios y afirmando que reinarán con este en el reino milenario? Es más ¿quién les ha comisionado para anunciar algo? ¿Dónde, por otra parte, están esos poderes que les acreditan como “enviados” del Dios Altísimo y que siempre han sido inseparables acompañantes de los comisionados por Jehová Dios...... o será que Jesús nos mintió en ese pasaje de Mar. 16:15-20?
Porque solo quedan dos alternativas: o que Jesús nos mintiera en esas palabras, o que nosotros tengamos razón en nuestro planteamiento acerca de la existencia de “tres” distintos mensajes, para tiempos distintos, en relación con el “un todo” que conforma la “buena noticia” del reino de Dios en general y que es lo que parecen apoyar las Escrituras…… ya a partir de ahí, que cada uno saque sus propias conclusiones.
MABEL
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jueves, 27 de febrero de 2014
¡Y es que por no saber…… no sabe ni leer!
Vaya por delante, queridos lectores, que la imagen que acompaña a este escrito “no es lo que parece” y algo que entenderán a medida que vayan adelantando en la lectura del mismo; porque este artículo no tiene más intención que la de enseñar al “personal” cómo hacer para enfrentar a las innumerables “enseñanzas” impartidas por tanto “falso maestro” que pulula por este valle de lágrimas (1 Ped. 2:1) y a los que a todos les une el mismo común denominador: todos se creen ser “ungidos”, eso es, Hijos de Dios y por tanto, herederos del reino milenario junto a Cristo en calidad de inmortales reyes y sacerdotes (Rev. 20:6); afirmación con la que ya nos ponen en antecedentes de que nos encontramos ante uno de tantos “fantasmas” sueltos por ahí y por lo que nada de lo que nos proponga tiene que ser creído, pues la realidad es que a día de hoy no existen sobre la tierra personas que ostenten dicha condición…… luego el que afirme ser depositario de la misma, no solo nos está mintiendo, sino que demuestra no tener ni puñetera idea de lo que nos dicen las Escrituras y por tanto, sin credibilidad alguna.
Y volviendo al titular de este escrito, digamos que eso le aplica al personaje del que les voy a hablar y máximo exponente de cualquier enseñanza falsa que circule por ahí, pues todo lo que dicho autor nos explica es falso (no dice la verdad ni cuando se le pregunta la hora), eso es, que no solo desconoce totalmente el contenido escritural, sino que ni siquiera es capaz de entender lo que lee del mismo, a la luz del contexto que envuelve dicho contenido; y como probablemente se habrán imaginado ustedes, estoy hablando del ínclito personaje que se identifica como Apologista Mario Olcese y que nos ha dado una prueba más que confirma lo que les estoy diciendo. Y digo una prueba más, porque ya hace unos pocos días publicó un video/artículo en donde nos explicaba, sorprendentemente, que el primer ser humano en conocer el nombre Jehová como tal fue Moisés; para ello usaba como apoyo el texto de Éxo. 3:15, en donde se lee lo siguiente:
“Esto es lo que habrás de decir a los hijos de Israel: “Jehová el Dios de sus antepasados, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes”. Este es mi nombre hasta tiempo indefinido y este es la memoria de mí a generación tras generación.”
Basándose en dicho pasaje, el Sr. Olcese y como he señalado, ya interpreta que fue Moisés el primer ser humano en conocer el nombre divino Jehová o Yahveh (según versiones), pero olvidándose (o desconociendo en su ignorancia y que es lo más probable) que en las Escrituras se lee algo parecido a esto:
Gén. 4:1: “Ahora bien, Adán tuvo coito con Eva su esposa y ella quedó encinta. Con el tiempo ella dio a luz a Caín y dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová”.”
Por lo que es solo obvio que Eva ya conocía el nombre divino, evidentemente a través de su esposo Adán; pero veamos ahora un hecho que se nos menciona en el registro sagrado y que ocurrió nada menos que unos 2.000 años antes de que naciera el “amigo” Moisés:
Gén. 4:26: “Y a Set también le nació un hijo y él procedió a llamarlo por nombre Enós. En aquel tiempo se dio comienzo a invocar el nombre de Jehová.”
Pero no contento con esa “salida de pata de banco”, ese “caballero” nos remata la jugada diciéndonos que tampoco Abraham, ni Isaac ni Jacob conocían dicho nombre, cuando la realidad contextual nos muestra exactamente todo lo contrario, eso es, que dichos personajes sí lo conocían:
Gén. 12:8: “Más tarde (Abraham) se mudó de allí a la región montañosa, al este de Betel y asentó su tienda, con Betel al oeste y Hai al este. Entonces edificó allí un altar a Jehová y empezó a invocar el nombre de Jehová.” (Acotación mía).
Gén. 26:25: “Por consiguiente, él (Isaac) edificó allí un altar e invocó el nombre de Jehová y asentó allí su tienda; y los siervos de Isaac se pusieron a excavar un pozo allí.” (Acotación mía).
Probablemente concordará usted conmigo, querido lector, que es un “pelín” difícil el invocar un nombre que no se conoce en toda su dimensión; pero veamos lo ocurrido con Jacob:
Gén. 28:13; 16: “Y, ¡mire!, allí estaba Jehová apostado por encima de ella y procedió a decir: “Yo soy Jehová el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac. La tierra sobre la cual estás acostado, a ti te la voy a dar y a tu descendencia (……). 16 Entonces Jacob despertó de su sueño y dijo: “Verdaderamente Jehová está en este lugar y yo mismo no lo sabía”.”
Luego es obvio que esos tres personajes también conocían el nombre Jehová, pues los dos primeros edificaron altares para invocar (adorar u ofrecer sacrificios) precisamente a dicho nombre y al tercero y por si quedaba duda alguna, es el propio Dios Altísimo el que se identifica ante él por nombre; por lo que es obvio que dichos personajes y contrario a lo que afirma ese “genio” de la teología al que estoy aludiendo, sí conocían el nombre del Dios verdadero…… y cuestión, que habiéndosela señalado en un artículo de respuesta al personaje en cuestión, aún es el momento en el que me tiene que aclarar algo al respecto y en una actitud que le es característica: cuando mete la pata y se le señala dicha circunstancia, como no sabe por dónde salirse y en una vergonzante actitud, no se da por enterado y se olvida del tema como si este no existiera, esperando que el tiempo pase y así el “personal” se olvide de ello.
Pero por aquello de que no hay dos sin tres, el personaje mencionado nos acaba de dar y como les he dicho, una muestra más de su total ignorancia en cuanto al registro escritural y que tiene que ver con su total incapacidad para leer con un mínimo de corrección, amén de su ignorancia en cuanto el contexto de aquello que lee y factor fundamental para una correcta comprensión del relato considerado; y es que en un nuevo video/artículo publicado en el que me voy a centrar (si lo visionan, empezarán a entender el porqué de la leyenda que acompaña a este escrito) y en donde objeta dos de mis planteamientos, lo inicia diciéndonos que en el Pentecostés de 33 E.C. el espíritu santo fue derramado sobre 120 personas y no solo sobre los apóstoles, para lo cual nos cita de Hech. 1:15 y en donde se lee lo siguiente:
“Ahora bien, durante estos días Pedro se levantó en medio de los hermanos y dijo (la muchedumbre de personas era en conjunto como de ciento veinte)……”
Ese texto el Sr. Olcese y en el colmo de la ignorancia en materia escritural, amén de una grave deficiencia en entender aquello que lee, toma dicho pasaje como correlativo con Hech. 2:1-4 y en el que se lee como sigue:
“Ahora bien, mientras estaba en progreso el día de la fiesta del Pentecostés, todos se hallaban juntos en el mismo lugar 2 y de repente ocurrió desde el cielo un ruido exactamente como el de una brisa impetuosa y fuerte y llenó toda la casa en la cual estaban sentados. 3 Y lenguas como de fuego se les hicieron visibles y fueron distribuidas en derredor y una se asentó sobre cada uno de ellos; 4 y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse.”
Como puede ver cualquiera que lea con cierta corrección, estamos hablando de dos momentos distintos en el tiempo; pero no obstante para no extenderme en demasía y para demostrarles a ustedes la capacidad “teológica” de dicho caballero y su “extremado dominio” del contexto escritural, me remito a un artículo que se publicó en este blog el 19/07/11 y en donde bajo el título 120 ungidos…… ¿o no?, se dejaba perfectamente claro y con todo lujo de detalles que eso no podía ser tal como nos lo presenta el Sr. Olcese, sino que solo 12 personas estaban reunidas en ese lugar y en ese preciso momento, por lo que fueron las únicas receptoras de dicho bautismo en espíritu santo …… decir lo contrario como hace el Sr. Olcese, no puede ser tomado más que como una muestra de su manifiesta incapacidad para entender lo que se lee en las Escrituras. Y si una persona ya parte de estos dos ejemplos de entendimiento bíblico que les he señalado, para objetar determinado planteamiento…… credibilidad, aquello que se dice credibilidad, no es que tenga demasiada; máxime cuando resulta que le tengo por ahí presentadas algunas cuestiones y a las que hasta el momento ha sido incapaz de darnos explicación alguna, como por ejemplo, las siguientes:
En primer lugar, su “enseñanza” en el sentido de que las personas que en un futuro conformarán la “gran muchedumbre” que sobrevive a la “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14) y siendo que pasan con vida al reino de Dios, puedan participar en el gobierno de dicho reino en calidad de inmortales reyes y sacerdotes, cuando el caso es que solo pueden adquirir dicha condición aquellos que participen de la llamada “primera” resurrección de Rev. 20:6 y algo que esos “sobrevivientes” no pueden hacer, pues como indica la propia expresión, resulta que no han muerto…… pero es que para más inri, es el propio Sr. Olcese el que nos afirma que según él entiende, esas personas no morirán durante la “gran tribulación” y lo que las incapacita para participar de resurrección alguna; luego nos tendría que explicar cómo “se come eso”.
En segundo lugar, que nos explique porqué sí Jehová ya tiene tantos “ungidos” sobre la tierra y siempre según se deduce de las “enseñanzas” del autor en cuestión (el mismo afirma ser uno de los tales) ¿qué necesidad tiene Este de enviar a más de ellos en un futuro inmediato, en la forma de un “pequeño resto” y que es lo que se infiere de Rev. 6:9-11 y 11:3? ¿O es que dichos pasajes no dicen lo que un servidor entiende que dicen?
Una tercera, tiene que ver con el porqué de la necesidad de ser “nombrados” príncipes sobre la tierra esos antepasados de Jesús mencionados en el Sal. 45:16 y que según el Sr. Olcese también tienen que reinar con él y en otra original “enseñanza”, si resulta que en Rev. 20:6 los que se levantan en esa “primera” resurrección que se nos menciona, ya lo hacen en calidad de inmortales reyes y sacerdotes y condición que solo se puede adquirir mediante el participar en ella; y es que si los citados antepasados de Jesús precisan de un nombramiento “posterior” a su resurrección y como es el caso (algo que no se nos dice de los 144.000 y que ya resucitan con una condición infinitamente superior a la de “príncipe”), ello solo puede significar que los Abrahán, Isaac, Daniel, David, etc., etc., no han participado de dicha “primera” resurrección…… sino de otra diferente ¿o no es eso lo que nos dice la lógica más elemental?
Sin embargo y en línea con lo dicho en el párrafo anterior, ese planteamiento nos genera una derivada, pues ¿cómo se puede explicar el tema de una “segunda” resurrección, no durante el milenio como sostenemos desde este blog y según se infiere del registro escritural, sino al final del mismo y según propone el Sr. Olcese, para juicio o destrucción eterna de los “injustos”, sin que ello se dé de bofetadas con el contexto escritural? Porque de ser así, entonces nos tendría que aclarar y si no es mucho pedir, en cuál resurrección se levantan esos antepasados de Jesús, siendo como hemos visto que no es en la “primera” y que tampoco puede ser en esa segunda propuesta por D. Mario, pues en lugar de ser destruidos se les concede un nombramiento como “príncipes” sobre la tierra (Sal. 45:16). Y lo cual, repito para énfasis, significa que no han participado de la “primera”, pero por otra parte tampoco participan de la segunda que D. Mario nos plantea para el final del milenio para “juicio” o destrucción eterna, pues en lugar de destrucción reciben nombramientos; lo que nos llevaría, forzosamente, a la existencia de una resurrección intermedia en la que a esos antepasados de Jesús sí se les pueda “nombrar” lo que sea, pero de la que nada se nos habla en las Escrituras (y por lo que nos encontraríamos ya con tres diferentes resurrecciones: una para aquellos que reinan con Cristo, otra para dar nombramientos a los antepasados de Jesús y otra al final del milenio, para destrucción de los “injustos”)…… entonces ¿cómo nos aclara este “guirigay” el Sr. Olcese? Eso es ¿en cuál resurrección participan esos personajes del AT?
Ya por último y para no “castigarle” más, resulta que dicho caballero aún tiene pendiente de responderme otra cuestión, esta sobre el tema de los 144.000 que tienen que reinar con Cristo y que ese “genio” de la teología nos dice que no es un número literal, sino que serán muchísimos más los que gobernarán con Jesucristo…… pero si ello es así ¿cómo se debe entender entonces, Rev. 14:1 a la luz del Sal. 2:5-6? Pero dicho lo cual (¡ya saben ustedes, la carne es débil y todas esas cosas!), no me resisto el mencionarles otro disparatado planteamiento de ese “genio” de la interpretación bíblica, en el que nos afirma que el malhechor arrepentido que murió al lado de Jesús, también estará con él en dicho gobierno del reino durante el milenio…… algo imposible a tenor de las palabras de Jesús en Juan 3:5 y en donde leemos lo siguiente:
“Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”
Eso es, que a menos que uno hubiera recibido el bautismo de agua y el bautismo de espíritu santo, distintos totalmente el uno del otro, no se podía acceder al reino de Dios en calidad de inmortal rey y sacerdote…… estando el problema entonces, en que aun suponiendo y que ya es mucho suponer en el caso del delincuente en cuestión, que hubiera recibido el bautismo en agua (sus “andares” no parecen ir en esa dirección), no así el bautismo en espíritu santo, pues este solo pudo ser impartido por Jesús después de su resurrección y posterior ascenso a los cielos y no mientras estuvo con vida aquí en la tierra:
“Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5).
Luego es del todo punto impensable que el citado malhechor pudiera reinar con Cristo en el milenio, pues no reunía los dos requisitos exigidos por Jesús en Juan 3:5; pero es que hay más, pues para reinar con Cristo se exigía un tercer requisito y del que tampoco era poseedor el personaje citado, porque veamos:
“Y vi tronos; y hubo quienes se sentaron en ellos y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios y los que no habían adorado ni a la bestia salvaje ni a su imagen y que no habían recibido la marca sobre la frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir y reinaron con el Cristo por mil años.” (Rev. 20:4).
Entonces y a tenor de lo que hemos leído, los que acceden a la gobernación en el reino de Dios son aquellos que han sido “ejecutados con hacha”, eso es, asesinados por “el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios” y algo que no se puede decir del personaje en cuestión; y ello confirmado por él mismo, pues estas fueron sus palabras dirigidas al otro malhechor que se burlaba de Jesús:
“En respuesta, el otro le reprendió y dijo: “¿No temes tú a Dios de ninguna manera, ahora que estás en el mismo juicio? 41 Y nosotros, en verdad, justamente, porque estamos recibiendo de lleno lo que merecemos por las cosas que hicimos; pero este no ha hecho nada indebido”.” (Luc. 23:40-41).
Todo considerado, queda claro que a la luz del contexto escritural y dicho sea coloquialmente, que “ni por el forro” puede ese personaje reinar con Cristo en el reino de Dios…… no obstante, eso es lo que el Sr. Olcese absurdamente defiende y violando con ello una máxima en el estudio de las Escrituras que nos dice que “un texto fuera de su contexto, no es más que un pretexto”; claro, partiendo de esos antecedentes que les he mencionado, que dicho personaje se meta a objetarme un planteamiento, la cosa ya adquiere tintes caricaturescos. Sin embargo, eso es lo que ha hecho en elreciente video/artículo del que les he mencionado y en el que me rebate en primer lugar, la idea expuesta en este blog en el sentido de que la observancia de la “conmemoración” o “memorial” establecido por Jesús en la última cena con sus apóstoles, aplicaba a aquellos que posteriormente recibieron la condición de Hijos de Dios, eso es, el bautismo en espíritu santo…… lo curioso es el cómo lo hace. En primer lugar y para ir “preparando” el terreno en un intento de desacreditarme, hace mención expresa a mi anterior condición de TJ y con lo que no hace más que agravar su situación, porque veamos: si resulta que un ex-TJ y supuestamente influenciado aún por las enseñanzas recibidas de estos, según afirma dicho “caballero”, es capaz de plantearle cuestiones como las que acabo de mencionar y a las que no puede dar respuesta (de haber podido responderlas, ya lo habría hecho), como mínimo se lo tendría que hacer mirar: ¡un ex-TJ le está dando “sopas con honda” y poniéndole en ridículo en cuanto a conocimiento bíblico! Pero volvamos a las dos objeciones que me plantea y que las presenta a partir de lo que digo en el cuarto párrafo empezando por el final del artículo en cuestión y sacando afirmaciones de su contexto, porque lo que yo digo en parte del mismo es lo siguiente:
“En todo caso y sea como fuere, lo explicado hasta el momento no tiene más de lo que pudiera ser una simple anécdota, dado que en el momento actual no hay “ungidos” sobre la tierra y por lo tanto personas que tengan que observar el mandato de Jesús “sigan haciendo esto en memoria de mí”. Porque no podemos olvidar, que dicha observancia aplicaba solo a aquellos que mediante la acción del espíritu santo habían recibido la condición de Hijos de Dios; es cierto que cuando los apóstoles entraron en ese pacto con Jesús al participar del pan y del vino en la mencionada cena, aún no habían recibido el bautismo en espíritu santo que les otorgaría dicha condición…… pero no es menos cierto que 50 días después de la muerte de Jesús, solo sobre aquellos que habían participado en dicho pacto, fue derramado el bautismo en espíritu santo, eso es, en el pentecostés de 33 E.C. y declarados Hijos de Dios.”
Y lo que hace ese indocumentado, es poner el énfasis en el hecho de que ya aclaro que cuando los apóstoles participaron en dicho pacto, aún no eran “ungidos” y señalando (mezclando “churras con merinas”, como siempre suele hacer) que los TJ dicen que el pacto se formalizó con personas ya “ungidas”…… pero es que una cosa y como tantas veces llevo repitiendo, es lo que dicen esos señores y otra bien distinta es lo que yo digo, que solo hablo de aquello que está reflejado en las Escrituras y que, además en este caso y según reconoce dicho “caballero”, yo afirmo todo lo contrario de lo que dicen esos señores y lo cual desbarata la afirmación del Sr. Olcese en el sentido de que un servidor sigue enseñanzas “wachtowerianas”, pues repito, afirmo en este caso algo totalmente opuesto de lo que esos señores dicen. Pero es que además, lo que vemos es una total incapacidad de razonar con lógica y sentido común del personaje mencionado, en una clara demostración de no entender siquiera lo que lee; porque lo que yo digo es lo siguiente: solo aquellos que recibieran el bautismo en espíritu santo, podrían participar de dicha “conmemoración” o “memorial” y lo que de entrada, nos lleva a averiguar de qué estamos hablando con dichas expresiones; veamos:
Conmemoración: “Recuerdo de una persona o acontecimiento y ceremonia o celebración con que se recuerda.”
Memorial: “Acto que se hace para honrar la memoria de un personaje.”
Luego cuando los apóstoles estaban en ese momento celebrando el pacto para un reino con Jesús, no estaban celebrando en ese momento ningún memorial y por lo que yo en mis palabras no entro en contradicción como quiere dar a entender dicho indocumentado, sino que estaban participando del acto que posteriormente Jesús estableció como “memorial”, al decir aquello de “hagan esto en memoria de mí”. Lo que significaba que un año después, en el mismo día y hora en que se había producido dicho evento, este se tenía que repetir como recordatorio del mismo…… y solo podrían participar del mismo, aquellos que hubieran sido declarados Hijos de Dios y por tanto hermanos de Jesucristo, mediante el bautismo en espíritu santo y que empezó a ser derramado sobre los 53 días después de haber sido establecido dicho “memorial”; y que se tenía que empezar a celebrar dicha “conmemoración” diez meses y siete días después de celebrado dicho pacto, por lo que ninguna importancia tiene el que en ese momento los apóstoles aún no hubieran sido “ungidos”, dado que no estaban celebrando dicha observancia, sino el acto del que derivó, precisamente, dicha observancia. Por lo tanto, si alguno de aquellos apóstoles no hubiera recibido dicho bautismo en espíritu y para ejemplificar lo que yo pretendía señalar en mi escrito, no hubiera podido participar con otros en celebrar dicha “conmemoración”, eso es, un año después de los sucesos a los que yo me refiero.
Pero recordemos algo y que ya desde este blog se señaló en un artículo publicado el 26/01/12 y que con el título Desmitificando el término “ungido”, que el sentido primario de dicho término no tiene más connotación que el de ser uno “elegido”, “escogido” o “separado” con respecto de otros, para una comisión divina y siendo ya después en una ceremonia pública, que se procedía al acto ritual del ungimiento con aceite y posteriormente mediante el rito de la imposición de manos, para mostrar a la “concurrencia” que dicha persona había sido apartada para un servicio divino (el que fuera) y como ocurrió, por ejemplo, en el caso de David. Sin embargo y en el caso de los apóstoles fíjense que, curiosamente, nadie fue testigo visual de su ungimiento, sino que la gente se apercibió de ello por los hechos poderosos que a partir de ese momento les fue permitido llevar a cabo…… pero volviendo a donde estábamos, me permito señalar algo que, como siempre, el Sr. Olcese ignora totalmente y es que los apóstoles ya fueron reconocidos como Hijos de Dios, mucho antes de ser bautizados en espíritu santo y que lo único que se hizo en ese momento de ser derramado sobre ellos el espíritu santo, fue sencillamente el dotarles de los poderes consustanciales a dicha condición y a modo de “credencial” ante sus contemporáneos; pero veamos lo que el “teólogo” en cuestión ignora y que está contenido en unas palabras que dijo Jesús a María Magdalena momentos después de ser resucitado, eso es, tres días después de su muerte y por tanto, 50 antes de que fuera derramado el espíritu santo sobre los apóstoles:
“Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”.” (Juan 20:17).
Es obvio entonces, que en ese momento los apóstoles ya tenían la condición de Hijos de Dios (pues de lo contrario Jesucristo habría mentido) y que en mi opinión personal y, repito, no es más que una opinión, ello se produjo en el mismo momento en que entraron en pacto con Dios a través de Jesús, según se nos relata en Luc. 22:28-30 y sin necesidad alguna de derramamiento del espíritu santo; lo que ocurrió, fue que al cabo de 50 días de pronunciadas las palabras de Jesucristo, se hizo pública dicha circunstancia mediante las manifestaciones de poder que les fueron dadas e inherentes a la condición de Hijos de Dios. Por lo que el Sr. Olcese y antes de objetar algo, se tendría que documentar un poco más para no meter “la gamba” como ha hecho en este caso (y ya he perdido la cuenta) y algo a lo que nos tiene acostumbrados; pero no contento con eso, resulta que en el mismo artículo al que estoy respondiendo, afirma también que yo me equivoco al decir que solo los apóstoles podían transferir a otros la condición de Hijos de Dios y algo que ya no podían hacer aquellos que lo recibieron de ellos, cuando eso no lo digo yo sino que eso es lo que dicen las Escrituras cuando uno las lee correctamente y capacidad que no parece estar al alcance de dicho “genio” de la teología.
Y es que desde este blog, se ha mencionado muchas veces del capítulo ocho del libro de Hechos de los Apóstoles y en donde queda perfectamente reflejada la veracidad de mi planteamiento en el sentido de que solo estos podían impartir el bautismo en espíritu santo y a lo que el Sr. Olcese responde que ello no es así, pues según él afirma Pablo fue bautizado en espíritu santo por un desconocido discípulo de nombre Ananías y algo de lo que he hablado ampliamente en mi escrito titulado Una reflexión sobre Hech. 9:17…… y ¡hombre! yo ya asumo que ese “genio” de la interpretación bíblica no alcance a entender argumentos tan intrincados, dado que su mente no parece dar para más, pero como mínimo podría hacerse la siguiente reflexión: si según él y citando del ejemplo de Ananías, todos los discípulos de Jesús podían bautizar en espíritu santo y transmitir con ello la condición de Hijo de Dios, así como los poderes que dicha condición llevaba inherentes ¿por qué no lo pudo hacer un personaje tan poderoso como Felipe y que es exactamente lo que nos muestra el registro sagrado? (Hech. 8:4-17). Pues sencillamente porque eso solo lo podían hacer los apóstoles; pero veamos un dato que refuerza mi planteamiento y se nos da en las Escrituras, que tiene que ver con algo ocurrió en ese momento y que es muy revelador:
“Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu, les ofreció dinero 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”.” (Hech. 8:18-19).
Luego la pregunta es ¿por qué el tal Simón no hizo esta oferta a Felipe y con el que le unía una estrecha relación, según el registro escrito y se la hizo a Pedro y Juan, que eran dos perfectos desconocidos para él? Pues porque Simón se dio cuenta que estos podían hacer algo que Felipe no podía hacer y siendo este como era, también un poderoso Hijo de Dios…… luego la pregunta es obvia: ¿si no lo podía hacer un poderoso personaje como Felipe, que expulsaba demonios, restauraba paralíticos, devolvía la vista a los ciegos, sanaba enfermos aquejados de cualquier dolencia y otras “minucias” por el estilo, cómo lo pudo hacer un personaje tan anónimo como el tal Ananías? Entiendo que eso es lo que nos tendría que responder el Sr. Olcese, antes de tirar la piedra y esconder la mano, eso es, decir que algo no es como un servidor lo plantea, pero sin dar una opción alternativa y que pueda ser enfrentada a lo que yo propongo…… porque no se trata solo de decir que lo que yo afirmo es incorrecto, sino de ofrecer una oferta alternativa bien fundada en las Escrituras y que es lo que se debe de hacer, cuando se rebate cualquier planteamiento.
Yo ya sé que dicho personaje no lo hará, porque no es más que un indocumentado dominado por un ego indomable, alimentado constantemente por un orgullo y una soberbia que le ciegan la mente; porque solo el mero hecho de que a los temas que he expuesto al inicio de este escrito no les haya podido dar respuesta (¡y no ha podido, que conste!), ya tendría que indicarle al Sr. Olcese que algo le falla en su formulación. Me permito recordarle y a modo de ejemplo de que yo no hablo por hablar, que tras dos años de duros enfrentamientos dialecticos, al final le obligué a retractarse de su famosa “enseñanza” de que “millones, miles de millones” gobernarían con Cristo en el milenio…… o sea y resumiendo: que un aprendiz ex-TJ, le está dando “sopas con honda” continuamente y lo que le relega en toda esta historia, a la simple condición de “monigote del pim, pam, pum” de esos que en las ferias hay que tumbar de un pelotazo; eso es, que cada vez que abre la boca le llueven los pelotazos por todos lados. Y todo esto que les estoy diciendo y por incidir en algo que ya he señalado en el primer párrafo de este escrito, solo será practico para usted que me lee si saca el debido provecho, eso es, si le coge el tranquillo a como hay que actuar para distinguir entre a una enseñanza verdadera y otra falsa: leer con mucha atención los textos bíblicos envueltos en el asunto, contrastarlos con otras versiones bíblicas y siempre a la luz de su contexto (tanto el más inmediato, como el general de las Escrituras) y luego el razonar con lógica y sentido común sobre lo que ha leído…… y a partir de ahí sacar las oportunas conclusiones. Solo así, se puede aprender de Jehová y se puede librar uno de la influencia engañosa de esperpentos como el personaje Apologista Mario Olcese…… y al que animo a que monte un video, dando respuesta a esas cuestiones que le planteo en este escrito ¡a que no es capaz, Sr. Olcese!
Armando López Golart
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