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sábado, 7 de mayo de 2016

Obviamente, nuestra “liberación” está más cerca, pero…… ¿cuánto más cerca?


Permítannos, de entrada, advertirles que con lo que vamos a exponer a continuación no pretendemos hacer catastrofismo y ni muchísimo menos enredarnos en el mundo de la futurología, eso es, el “profetizar” acerca de cosas a ocurrir en un futuro inmediato, sino sencillamente el poner negro sobre blanco acerca de lo que nosotros entendemos que se nos dice en las Escrituras y que es una cosa muy distinta; ya, a partir de ahí, que cada uno y en función de lo que sabe sobre el tema, saque sus propias conclusiones: nosotros solo exponemos aquello que “creemos” pueda pasar.

Y es que si usted es una persona que ha seguido con cierta asiduidad los artículos que han ido apareciendo en este blog, estará al tanto de nuestra particular opinión en el sentido de que estamos ya muy cerca del cumplimiento de lo que en las Escrituras se conoce como “la 70 semana de Daniel” y con todo lo que ello conlleva, pues dicho evento tiene que ver con los últimos siete años (dado que estaríamos hablando de una “semana” de años, según dicha profecía) del mundo tal como lo hemos contemplado hasta el día de hoy. Ya para las postrimerías del año 2.013, concretamente el 29/12/13, publicamos un artículo titulado “¿Se ha preguntado usted alguna vez…… cuán cerca estamos del cumplimiento de Dan. 9:27?” y en el que ya argumentábamos en el sentido de cómo todo apunta en que estamos en los tiempos para cuando dicho cumplimiento está “al caer”. Poco tiempo después, para el 22/04/14, incidíamos en el hecho de que la ocurrencia de una serie de acontecimientos astronómicos, estaba relacionada con lo profetizado por Jesús y que tendría que marcar el momento de su inminente regreso a la tierra; proféticas palabras que encontramos en Luc. 21:25-28:

También, habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación, 26 mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada; porque los poderes de los cielos (gobiernos humanos, según Isa. 65:17-19) serán sacudidos. 27 Y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria. 28 Pero al comenzar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen la cabeza, porque su liberación se acerca.” (Acotación nuestra).

Lo primero que notamos en este pasaje bíblico y algo que ya pusimos de manifiesto en posteriores artículos publicados (ver por ejemplo, nuestros escritos del 20/02/15, del 02/03/15 o el del 24/08/15), tiene que ver con el hecho de la coincidencia en el tiempo de unas señales astronómicas, con una situación de extrema dificultad en la tierra como nunca se había dado y con unas perspectivas de futuro para la humanidad más “negras” que el carbón: la violencia, bien sea mediante conflictos bélicos abiertos entre distintos países (lo raro a día de hoy, es encontrar a un país que no ande “a la greña” con su vecino), o de terrorismo, o de la llamada “violencia de género”, o de total corrupción de las instituciones que nos gobiernan, así como de una “justicia” nada beligerante con el poderoso (violencia al fin y al cabo, ambas cosas), campan hoy por sus respetos en todas las direcciones en la que uno mire. Si a ello le sumamos el total desmoronamiento de nuestro entorno medioambiental, con una brutal disminución de agua potable cada vez más acuciante, polución “a manta” de nuestras ciudades, contaminación de nuestro ríos, lagos, mares y acuíferos, no podemos más que concordar que realmente estamos en la situación descrita por las palabras de Jesús en el pasaje leído del evangelio de Lucas.

Pero claro, así como toda cosa tiene un inicio, también tiene que llegar finalmente a una conclusión y de eso es de lo que hablábamos en esos artículos mencionados del año 2.015, pues en alguno de ellos apuntábamos la posibilidad de que dicha conclusión se produjera en el verano de dicho año o en próximo, eso es, en el verano del año 2.016 y que es en el que nos encontramos actualmente; cierto es que uno podría objetar en el sentido de que, si bien esas palabras de Jesús eran constatables en 2.014 y 2.015 y que es cuando ocurrieron dichos fenómenos estelares, eso es, las señales en el Sol (eclipses) y en la Luna (el fenómeno de los “lunas de sangre”) y continúa sin ocurrir nada ¿por qué tendría que ser ahora cuando todo se precipite? De hecho, la gran expectación que dichos fenómenos despertaron en ese momento entre la “concurrencia” (se escribió mucho acerca del tema) ha ido diluyéndose en el tiempo, hasta el punto de hacer perder de vista lo más importante del asunto y que no está tanto en la ocurrencia en sí misma del hecho contemplado, sino el que estábamos ante una profecía bíblica que se estaba cumpliendo ante nuestras propias narices.

No olvidemos, sin embargo, que lo que se nos dice en las palabras de Lucas es que cuando veamos comenzar estas cosas, tenemos que saber que nuestra liberación “está cerca”…… luego habría cierto tiempo entre el cumplimiento de la profecía y la llegada de la esperada “liberación”; lo que sí está claro en cualquier caso, es que el pistoletazo de salida ya se ha dado, si bien la pregunta podría continuar siendo la de ¿cuánto más cerca, estamos de la susodicha “liberación”? Para averiguarlo, tenemos que continuar con las palabras de Jesús, dichas a continuación de las ya consideradas y tomadas, en este caso, del relato paralelo de Mat. 24:32-35:

Ahora bien, aprendan de la higuera como ilustración este punto: Luego que su rama nueva se pone tierna y brota hojas, ustedes saben que el verano está cerca. 33 Así mismo también, ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que él (Jesucristo) está cerca, a las puertas (expresión esta que transmite la idea de gran inmediatez). 34 En verdad les digo que de ningún modo pasará esta generación (la que contempló determinados acontecimientos) hasta que sucedan todas estas cosas. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras de ningún modo pasarán.” (Acotaciones nuestras).

Señalar el hecho de que, puesto que ya en fecha 26/09/15 profundizábamos en el tema de esa “generación que no pasará” sin que antes ocurra todo lo profetizado, no creemos necesario repetirnos en lo mismo (aunque sí recomendamos la lectura del mismo, para entender de qué realmente estamos hablando en este momento), por lo que nos dedicaremos a hablar acerca de qué es lo que tenemos que esperar y en una fecha tan temprana como pudiera ser, a lo sumo, dentro de dos o tres meses…… sí, sí, como lo están leyendo: dos o tres meses y partiendo de estos primeros días de Mayo. Luego de lo que vamos a hablar es de lo que tenemos que esperar suceda y que señalará el inicio del fin de esa “generación” mencionada, lo que nos lleva indefectiblemente a la profecía de Dan. 9:24-27:

Hay setenta semanas que han sido determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para acabar con el pecado, para hacer expiación por el error, para introducir la justicia para tiempos indefinidos, para imprimir un sello sobre visión y profeta y para ungir el Santo de los Santos. 25 Y debes saber y tener la perspicacia de que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas. Ella volverá y será realmente reedificada, con plaza pública y foso, pero en los aprietos de los tiempos.

26 Y después de las sesenta y dos semanas Mesías será cortado, con nada para sí. Y a la ciudad y al lugar santo el pueblo de un caudillo que viene los arruinará. Y el fin del tal será por la inundación. Y hasta el fin habrá guerra; lo que está decidido es desolaciones.

27 Y él (el caudillo mendionado) tiene que mantener el pacto en vigor para los muchos por una semana; y a la mitad de la semana hará que cesen el sacrificio y la ofrenda de dádiva. Y sobre el ala de cosas repugnantes habrá el que cause desolación; y hasta un exterminio, la misma cosa que se ha decidido irá derramándose también sobre el que yace desolado”. (Acotación nuestra).

De lo que se nos está hablando en los versos 26-27 acerca del “caudillo que viene”, es de un personaje que descenderá del pueblo que, como etnia, arruinó a Jerusalén y su Templo y que identificamos como “el anticristo”…… en todo caso, estaríamos hablando de un poderoso gobernante que tiene que aparecer y momento en el que inicia dicha “semana 70”, cuya tarjeta de presentación será el establecimiento de un pacto de paz o de no agresión entre “los muchos por una semana” (siete años), eso es, entre Israel y sus vecinos árabes (recordemos que el foco de atención de la Biblia está dirigida, fundamentalmente, a esa parte del mundo que conocemos como Oriente Medio). De ahí, la necesidad de averiguar sobre dicho personaje y lo que pasa por averiguar qué “pueblo” fue el que en el año 70 E.C. arrasó con Jerusalén y su Templo; porque aunque en el acervo popular se afirma que fue el pueblo “romano” el causante de tal “desaguisado”, ello no se ajusta de ningún modo a la realidad…… porque lo cierto es que fueron mercenarios pagados por Roma y originarios de un terreno situado al norte de Israel, que en su momento fue el poderoso Imperio Asirio, eso es, la antigua nación de Asiria. Luego esos soldados supuestamente “romanos” que conformaban la legiones que Roma mandó llevar a cabo la destrucción mencionada, no eran más que descendientes de dicha nación y ancestral enemiga de Israel, para más señas, que desapareció en la noche de los tiempos sin que se volviera a tener noticia alguna de ella (Rev. 13:1-3).

Debido a lo cual, es del todo necesario que dicha antigua nación reaparezca (como en su momento ocurrió con Israel), ya que de lo contrario no habría “anticristo” y con ello, sería imposible el inicio de dicha “semana 70” y por tanto, la final instauración del reino de Dios en la tierra…... pues todo está perfectamente concatenado; sin embargo y aunque hemos dicho al final del párrafo anterior, que el rastro de dicha nación se pierde en la noche de los tiempos, parece que se vislumbra en nuestros días un revivir de la misma, pues continuamente tenemos noticias que nos hablan de los actuales descendientes de la antigua Asiria, porque ¿les suenan de algo esas personas a las que llaman “kurdos” y que últimamente tienen un gran protagonismo en Oriente Medio? Pues son tal y como les acabamos de señalar, los descendientes de esa otrora poderosa nación que ocupaba la franja territorial que actualmente se denomina como el Kurdistán y por la que están sus moradores luchando a “cara de perro” contra el DAESH o EI y organizaciones terroristas satélites…… tanto es ello así, que algún medio de información ya no se refieren a esas personas como “kurdos”, sino como “asirios”; pensemos, por otra parte, que dichas personas tienen el total apoyo de Rusia, pues esta considera a los “kurdos” como aliados imprescindibles en ese enclave estratégico que es el Medio Oriente, para adquirir el dominio predominante de una zona en extremo conflictiva.

De hecho, Rusia está negando repetidamente que dicho aliado pueda ser Siria y a la que aparentemente están ayudando frente al EI, cuando lo que se está cociendo entre bambalinas por parte de los rusos es la protección de los “kurdos” de Siria, Irak e Irán…… de ahí el enfrentamiento más o menos soterrado de Rusia contra Turquía, por su política de demolición de esa etnia asiria que mora dentro de sus fronteras, pues de serles concedida la independencia de su territorio a los “kurdos”, esta última tendría que ceder casi el 40% del suyo y a lo que el Sr. Endorgan, a la sazón presidente de Turquía, no está dispuesto a ello ni “por el forro”: y como solución “salomónica” al problema, aplica aquella máxima de “muerto el perro, muerta la rabia” y que traducido, equivale a borrar a los “kurdos” de su territorio mediante masacrarlos. Por lo tanto y para no extendernos, queda claro que la aparición del personaje “anticristo” está directamente relacionada con la aparición de nuevo en la escena mundial, de la nación de Asiria (actualmente Kurdistán), pues dicho personaje tiene que ser precisamente de ascendencia asiria (Isa. 31:8); recordemos que según la profecía de Daniel, estaríamos hablando de un destacado personaje que como tarjeta de presentación y que no está nada mal, pues nadie ha triunfado en ese empeño, conseguiría un tratado de paz o no agresión por siete años entre dos partes irreconciliables…… ni uno más, ni uno menos y además, de una notable mejoría en la situación mundial.

Y tal como están las cosas que sabemos y que nunca es el “todo” de lo que realmente se está cociendo entre bastidores, ello podría ocurrir el día menos pensado; sin embargo notarán, que en los artículos de referencia a los que hemos hecho mención, hemos puesto especial atención en el hecho de que tal ocurrencia podría tener lugar en los meses de verano; pero ¿por qué, esa presunción? Veamos: los autores de este blog consideramos que todo lo que está escrito en la Biblia tiene un significado concreto, tendente a darnos las pistas necesarias a aquellos que escudriñamos en ella o, lo que es lo mismo, que nada en las Escrituras puede ser considerado como superfluo y por lo que no puede ser nada pasado por alto; porque recordemos que al unísono con dicho personaje “el anticristo”, aparecen también unos poderosos personajes a los que Dios identifica como “sus dos testigos” y enviados para una comisión específica, como es el anunciar la inmediata instauración del reino de Dios a la tierra:

Y haré que mis dos testigos profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco.” (Rev. 11:3).

Notemos primero que dicha actividad tiene una duración de 1.260 días o tres años y medio, justo el tiempo en que tarda el “anticristo” en romper su pacto (por lo que tienen que aparecer en el mismo espacio temporal) y lo que resulta en la muerte de esos “dos testigos”, como se nos explica en ese mismo capítulo 11, pero en los versos 7 al 9 y en donde encontramos un dato sumamente revelador:

Y cuando hayan terminado de dar su testimonio (a los tres años y medio), la bestia salvaje que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará. 8 Y sus cadáveres estarán en el camino ancho de la gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también el Señor de ellos fue fijado en el madero. 9 Y los de los pueblos y tribus y lenguas y naciones mirarán sus cadáveres por tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en una tumba (eso es, que son dejados a la intemperie). (Acotaciones nuestras).

La pregunta sería ¿por qué se nos da el dato de que dichos cuerpos tienen que permanecer por espacio de tres días y medio insepultos? ¿Hay algún propósito detrás de tan, en principio, irrelevante cuestión? Nosotros pensamos que sí, amparándonos en el hecho ya señalado que nada es las Escrituras ha sido escrito sin un propósito definido, eso es, que nada es casual, sino que todo está magistralmente diseñado con un propósito determinado…… otra cosa distinta es que seamos capaces de encontrarlo. Luego partiendo de dicha premisa (no de que seamos capaces de encontrarlo, sino de que todo en el registro sagrado tiene un propósito determinado), lo que nosotros nos barruntamos es que estamos ante una señal temporal que nos indica para qué época del año podemos situar el hecho esperado, porque veamos: Israel al estar situada en una latitud algo más cercana al Ecuador que España, tiene también calurosos y secos veranos, acentuados estos por un fenómeno denominado “khamsin” (en hebreo “sharav”), que son unos vientos secos y calientes procedentes del desierto de Arabia, que contribuyen a generar temperaturas muy elevadas. Súmenle a ello, el de por sí complicado “cambio climático” y que está aumentando a “ojos vista” la temperatura media mundial y con lo que nos encontramos que sería muy “complicadillo” en esa época del año, el mantener un cuerpo sin vida a la intemperie y sin que este entre en el lógico proceso de descomposición en unas pocas horas de exposición al fuerte calor.

Tengamos presente que el proceso de descomposición en una temperatura moderada, comienza dentro de los primeros tres días de ocurrida la muerte, mientras que la putrefacción se empieza a notar entre los días 4 y 10, siempre teniendo en cuenta que la influencia de factores climáticos puede acelerar o demorar el proceso…… si hay calor y como es el caso que planteamos, se podría calcular el inicio del proceso a partir del segundo día y en circunstancias mucho más frías (ambiente invernal), estaríamos hablando de unos siete u ocho días. Ello nos inclina a razonar, que la muerte de esos “dos testigos”, en todo caso representantes divinos, tiene que situarse en la época invernal y por lo tanto su aparición tiene que producirse, para que cuadren los tres años y medio de tarea, en época veraniega; ello, parece estar respaldado por unas palabras del apóstol Pablo registradas en el siguiente pasaje:

¡Miren! Les digo un secreto sagrado: No todos nos dormiremos en la muerte, pero todos seremos cambiados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, durante la última trompeta. Porque sonará la trompeta y los muertos serán levantados incorruptibles y nosotros seremos cambiados. 53 Porque esto que es corruptible tiene que vestirse de incorrupción y esto que es mortal, tiene que vestirse de inmortalidad.” (2 Cor. 15:51-53).

La expresión “toque final de la trompeta” hace referencia al momento en que se produce la llamada “primera” resurrección (Rev. 20:6) y en donde los apóstoles de Jesús y resto de seguidores del I siglo que con él tienen que reinar, recibirán cuerpos nuevos (los originales ya no existen desde hace siglos) dotados de la inmortalidad…… pero ¿qué ocurre con los cuerpos de esos “dos testigos”, cuando son asesinados por el “anticristo”? Veamos que nos dicen las Escrituras:

Y después de los tres días y medio, espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos (eso es, en esos mismos cuerpos), y se pusieron de pie y gran temor cayó sobre los que los contemplaban. 12 Y oyeron una voz fuerte procedente del cielo decirles: “Suban acá”. Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los contemplaron.” (Rev. 11:11-12). (Acotación nuestra).

Es en ese preciso instante cuando se produce la citada “primera” resurrección y los muertos de hace casi 2.000 años reciben los nuevos e inmortales cuerpos…… sin embargo, esos “dos testigos” son levantados con el mismo cuerpo, pero ya con la condición de inmortal y que no tenía dicho cuerpo, tres días y medio antes: de ahí que el apóstol Pablo mencionara el hecho de que los que sobrevivieran hasta la presencia de Jesucristo (1 Tes. 4:15), serían “transformados”, eso es, que el mismo cuerpo mortal que tenían en vida, es el que será levantado ya en inmortalidad. Pero claro, para que ello sea así, se precisa de un “pequeño” requisito: esos cuerpos no pueden tener el menor signo de descomposición para que en ellos se produzca dicha “transformación”, pues de lo contrario y de alguna manera, se estaría violentando la siguiente condición:

Sin embargo, esto digo, hermanos: que carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni tampoco la corrupción (en este caso, un cuerpo ya afectado por la descomposición) hereda la incorrupción.” (1 Cor. 15:50). (Acotación nuestra).

Es cierto que algunos dirán que la aplicación de este pasaje está muy “cogida por los pelos”, pues lo que Pablo pretendía señalar con el mismo era otra cosa…… pero en todo caso, no es menos cierto que como máxima es perfectamente aplicable: Jehová Dios, por definición, no levantaría jamás de algo ya inmerso en un proceso de degradación y como sería el caso, algo de naturaleza incorrupta. Luego lo que todo parece indicar y si no erramos en el diagnóstico, es que estaríamos esperando una resolución que tiene que producirse a caballo en la época de verano y este, meteorológicamente hablando, inicia el 21 de Junio en la zona del hemisferio norte; y en el bien entendido, de que lo que estamos esperando es la aparición del “anticristo” y esos “dos testigos”, para ponernos en acción aquellos que confiamos en el propósito divino. Lo que ocurre a continuación de la puesta en escena de los citados personajes, es el inicio de la “gran predicación” de Mat. 24:14 por espacio, repetimos, de tres años y medio, a ser seguidos estos por la “gran tribulación” o “el día de la ira de Jehová” y que se extenderá por los restantes tres años y medio, para juicio y destrucción eterna de aquellos que hayan reusado aceptar el mensaje transmitido por esos “dos testigos” y sus colaboradores, cómo claramente se nos muestra en 2 Tes. 1:7-9:

“… pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen a Dios (porque no han querido) y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús (más bien se oponen a ellas). 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza…” (Acotaciones nuestras)

Por lo que la perspectiva colocada ante aquellos, insistimos en ello, que esperamos en Jehová y que, repetimos, podría ser alcanzada en unos dos/tres meses, está directamente relacionada con lo dicho en la parábola conocida como la de “las ovejas y las cabras”, en donde aquellos colocados a la derecha del rey se garantizan la vida eterna, por el hecho de que han colaborado con esos “hermanos más pequeños” de Jesucristo, en la difusión del mensaje anunciado…… esperado momento, insistimos, que puede producirse en el breve espacio de tiempo señalado.

Es cierto y opción que no es descartable, que aquí “los mendas” estuviéramos totalmente equivocados en nuestra percepción de las cosas…… pero no es menos cierto, que todo nuestro argumentario está basado en hechos reales que hemos contemplado y que responden a profecías bíblicas cumplidas: las señales en el Sol y la Luna ahí están; la angustiosa situación de la humanidad, confluyendo con la anterior, ahí está también; la “generación” que no tiene que pasar hasta que ocurran todas las cosas, está perfectamente identificada. Por si fuera poco, tenemos la “radiografía” que hizo en su momento el apóstol Pablo para los “tiempos del fin” y que se ajusta como un guante a lo que vemos a nuestro alrededor, según se lee en 2 Tim. 3:1-5:

Más sabe esto, que en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar (situación que se corresponde plenamente a lo dicho en Luc. 21:26). 2 Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, 3 sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, 4 traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios, 5 teniendo una forma de devoción piadosa, pero resultando falsos a su poder; y de estos apártate.” (Acotación nuestra).

Añádanle a ello, la extrema decadencia moral de las personas precisamente dentro de la llamada “cristiandad”, estableciendo el aborto como un derecho, al tiempo que se legisla por ley la unión de personas del mismo sexo y con lo que Sodoma y Gomorra resulta un chiste al lado de lo que está ocurriendo en nuestros días; y por si alguno duda de “cómo está el percal”, vean cómo se “cuecen las habas” por esta España de nuestras entretelas, en una notica tomada de un artículo de prensa el 06/05/16…… con el agravante, todo ello, de que quién osa posicionarse en contra de tan depravadas prácticas, es prácticamente “lapidado” por el sentir mayoritario de una sociedad totalmente desquiciada y más allá de todo sentido moral, con la que uno tiene que “lidiar” todos los días ¡vamos, que las circunstancias que llevaron al diluvio del día de Noé, eran una broma al lado de lo que ocurre hoy! Actitud, por otra parte, perfectamente resumida en las siguientes proféticas palabras y que no auguran nada bueno para los transgresores de las normas morales, en su momento establecidas por Jehová Dios:

¡Ay de los que dicen que lo bueno es malo y lo malo es bueno, los que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad, los que ponen amargo por dulce y dulce por amargo!” (Isa. 5:20).

Todo considerado, entendemos que no podemos por más que pensar que la cosa tiene que estar al caer, pues jamás la humanidad había llegado a semejante límite porque, por tener, tiene hasta la capacidad nuclear para destruirse a sí misma varias veces; entonces que cada uno y a partir de lo leído, saque sus propias conclusiones acerca de si nuestro Creador va a esperar más o va a actuar ya de inmediato. Por cierto y tómenlo como una pequeña apostilla, pero creemos que para aquellos que decidan el colaborar con esos “hermanos más pequeños” de Jesús y mencionados en la citada parábola de “las ovejas y las cabras”, a partir del momento de iniciar dicha colaboración, sus problemas ya se habrán terminado…… es cierto que no estarán aún en el reino de Dios, pero no es menos cierto que estarán trabajando para el Supremo Hacedor de todas las cosas, Jehová Dios y por lo que estarán atendidos y protegidos durante ese tiempo de actividad en favor del “resto ungido” por aparecer (los “dos testigos”), de cualquier acechanza maligna:

¡Miren! El ojo de Jehová está hacia los que le temen, hacia los que esperan su bondad amorosa, 19 para librar el alma de ellos de la muerte misma y para conservarlos vivos en tiempos de hambre.” (Sal. 33:18-19).

Terminada dicha labor y ya en el tiempo de la “gran tribulación”, los que hayan tomado parte en ella serán “ocultados” y protegidos durante ese período de tiempo:

Anda, pueblo mío, entra en tus cuartos interiores y cierra tus puertas tras de ti. Escóndete por solo un momento hasta que pase la denunciación. 21 Porque, ¡mira!, Jehová está saliendo de su lugar para pedir cuenta por el error del habitante de la tierra contra él; y la tierra ciertamente, expondrá su derramamiento de sangre y ya no encubrirá a los de ella a quienes han matado.” (Isa. 26:20-21).

Tema este del que tienen más información, en distintos artículos publicados en este blog y siempre partiendo de la base que contamos las cosas según nosotros las entendemos; circunstancia esta que exime a nuestros lectores de concedernos credibilidad alguna, sino más bien y partiendo de lo leído, hacer una personal investigación y sacando de ella sus propias conclusiones. Y es que como tantas veces les hemos señalado, nosotros…… también nos podemos equivocar.

MABEL


viernes, 4 de marzo de 2016

¿Cuán “importante” es el bautismo en nuestros días?


Pues depende de a quién se lo pregunte usted: si se lo pregunta a una persona que milite en una organización religiosa (obviamente dentro de la cristiandad) que lo practica, le dirá que es fundamental; mientras que si se lo pregunta a una cuya confesión no tiene entre sus doctrinas dicho ritual, le dirá que es totalmente intranscendente…… ya si nos lo pregunta a los autores de este blog, lisa y llanamente le diremos que no es más que una “chorrada” que solo sirve para identificarse con la “ganadería” a la que uno pertenece. Sin embargo y por aquello de que de todo hay en la viña del Señor, están aquellos que dándoselas de “entendidos” en la materia van publicando surrealistas afirmaciones en el sentido de que la “salvación” (y con lo que la cosa ya cobra una dimensión más seria), pasa ineludiblemente por el ser uno bautizado en agua…… porque a partir de ese mismo instante y de forma automática (siempre según nos cuenten esas personas), uno recibe ya el espíritu santo que lo convierte en un Hijo de Dios y por tanto, en coheredero del reino en calidad de inmortal rey y sacerdote al lado de Cristo durante el milenio. De ahí, la importancia vital del bautismo en agua para conseguir la susodicha “salvación”, como primer paso o detonante para poner en marcha ese proceso…… pero ¿es realmente esto así? ¿Qué argumentos presentan esas personas, para defender su posición? Pues empiezan por recordarnos unas palabras del apóstol Pablo, según se leen en Rom. 15:4 y que dicen así:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.”

Pero claro: una cosa es lo que dijo Pablo en el sentido que de lo contenido en las Escrituras se puedan derivar diferentes enseñanzas o directrices para nuestros días y otra muy distinta, que los citados “entendidos” sepan por donde les sopla el aire en cuanto a su particular entendimiento de las tales. De entrada, habría que tener en cuenta que el significado del término griego bá·pti·sma se refiere al proceso de inmersión en agua, es decir, de un sumergirse y de un emerger del individuo que se somete a dicha ceremonia del líquido elemento; término este que se deriva del verbo griego bá·ptō y que en español se vierte como “sumergir” y por lo que en la Biblia, “bautismo” e “inmersión” son términos sinónimos…… en todo caso, ello tendría que ver simplemente con el llegar uno a estar totalmente cubierto de agua y sin connotación añadida alguna, que nos pueda hacer pensar en otra cosa más allá del simple ritual que en su momento llegó a ser dicho acto. Partiendo de esa premisa, veamos algunos de los ejemplos que según nos cuentan esos “entendidos”, en su momento llegaron a ser una prefiguración del mencionado “bautismo” y que inician citando la peripecia vivida por Noé y otras siete personas en el llamado “Diluvio Universal”, pero que en todo caso estaríamos ante un ejemplo muy forzado y tomado por los pelos, porque preguntémonos y partiendo siempre de la premisa que acabamos de enunciar…… ¿fueron las aguas las que “salvaron” de algún modo a Noé y resto de familia? Obviamente no, pues aparte de que las mismas no fueron enviadas para salvación, sino para ejecutar juicio sobre una humanidad pervertida y apartada de Dios, tenemos el siguiente pasaje y que aclara cualquier duda sobre el particular:

Por fe Noé, habiéndosele dado advertencia divina de cosas todavía no contempladas, mostró temor piadoso y construyó un arca para la salvación de su casa; y por esta fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que es según fe.” (Hebr. 11:7).

Luego es obvio que no fue el agua la que obró a modo de “salvación”, sino la obra que hizo Noé, eso es, el arca; por lo tanto, a ese relato se le podrá dar la consideración que se quiera, pero nunca como la prefiguración de un bautismo salvador. Otro ejemplo que se nos propone de lo que pudiera ser otra alegoría del bautismo, es la experiencia vivida por los israelitas en el Mar Rojo en su huida de Egipto y partiendo de esta afirmación:

Ahora bien, no quiero que ignoren, hermanos, que nuestros antepasados todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar 2 y todos fueron bautizados en Moisés por medio de la nube y del mar; 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual. Porque bebían de la masa rocosa espiritual que los seguía y aquella masa rocosa significaba el Cristo. 5 Sin embargo, sobre la mayor parte de ellos Dios no expresó su aprobación, pues quedaron tendidos en el desierto.” (1 Cor. 10:1-5).

Y aunque es cierto que ahí aparece incomprensiblemente el término “bautizados”, no es menos cierto que en este caso se añade la coletilla de “en Moisés” y que tal parece querer indicar que se nos está hablando de una cosa distinta a la que se nos intenta proponer; de hecho, la realidad es que esos seguidores del personaje Moisés no fueron “sumergidos” en las aguas, sino que lo que se nos dice que ocurrió fue lo siguiente:

Por fin los hijos de Israel fueron por en medio del mar sobre tierra seca, mientras las aguas eran un muro para ellos a su derecha y a su izquierda.” (Éxo. 14:22).

Luego de nuevo nada que ver, con el estricto sentido del término “sumergir en agua” y que es lo que significa únicamente la expresión “bautismo”; por otra parte, se nos pone también como ejemplo el ritual del lavado ceremonial de los sacerdotes como prefiguración de un futuro “bautismo” y lo que no es más que un disparate, propio del que no tiene ni la más remota idea de lo que dicen las Escrituras, porque veamos qué es lo que se le impuso realmente a los miembros del sacerdocio:

Y Jehová habló adicionalmente a Moisés, y dijo: 18 “Tienes que hacer una fuente de cobre y su base de cobre para el lavado y tienes que ponerla entre la tienda de reunión y el altar y poner agua en ella. 19 Y Aarón y sus hijos tienen que lavarse las manos y los pies allí. 20 Cuando entren en la tienda de reunión se lavarán (no “se sumergirán”) con agua para que no mueran, o cuando se acerquen al altar para ministrar, a fin de hacer humear una ofrenda hecha por fuego a Jehová. 21 Y tienen que lavarse las manos y los pies (no así, el resto del cuerpo) para que no mueran; y esto tiene que servirles de disposición reglamentaria hasta tiempo indefinido, a él y a su prole durante todas sus generaciones”.” (Éxo. 30:17-21). (Acotaciones nuestras).

Por lo que usar tal ejemplo como prefiguración del bautismo por venir, es propio de una persona que, totalmente ignorante de lo que las Escrituras nos enseñan realmente, hace particulares interpretaciones del texto escritural con el objetivo, no de enseñar la verdad, sino la de salirse con su idea aunque sea a costa de tergiversar dicha verdad…… pero es que la cosa no acaba ahí, porque además se nos presenta el episodio de Naamán, caudillo del ejército sirio que luchaba contra Israel, también como una prefiguración del bautismo por venir y lo que no deja de ser otro disparate, propio del iletrado que ignora los fundamentos más básicos del registro escritural, porque veamos qué es lo que se nos cuenta en el susodicho relato:

De manera que Naamán fue con sus caballos y sus carros de guerra y se paró a la entrada de la casa de Eliseo. 10 Sin embargo, Eliseo le envió un mensajero, que dijo: “Yendo allá, tienes que bañarte siete veces en el Jordán para que vuelva a ti tu carne; y sé limpio”. 11 Ante esto, Naamán se indignó y empezó a irse y a decir: “Mira que yo me había dicho: ‘Saldrá a mí hasta afuera y ciertamente estará de pie e invocará el nombre de Jehová su Dios, y moverá su mano de acá para allá sobre el lugar y realmente dará recobro al leproso’. 12 ¿No son el Abaná y el Farpar, los ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y ciertamente ser limpio?”. Con eso se volvió y se fue furioso.

13 Sus siervos ahora se acercaron y le hablaron y dijeron: “Padre mío, si hubiera sido una cosa grande la que te hubiera hablado el profeta mismo ¿no la harías? ¿Cuánto más, pues, dado que te dijo: ‘Báñate y sé limpio’?”. 14 Por lo cual él bajó y empezó a sumergirse en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre del Dios verdadero; después de lo cual su carne se volvió como la carne de un muchachito y quedó limpio.” (2 Rey. 5:9-14).

Por lo que tampoco en este caso podríamos estar ante la prefiguración de un futuro bautismo, pues este requiere de una sola inmersión y no de siete, como se le exigió al personaje Naamán y con la salvedad, de que solo se le pidió que se “bañara” o se “lavara” y no que se “sumergiera” por completo y por siete veces en la enlodadas aguas del rio Jordán en esos momentos…… es obvio, entonces, que lo contenido en ese pasaje no tiene otro propósito que el de señalar una simple lección de humildad a la que fue sometido un altivo personaje y por lo tanto, nada que tuviera que ver con la prefiguración de un bautismo salvador que estaría que venir. Luego solo lo dicho hasta el momento y por sí solo, ya muestra el escaso conocimiento que sobre el contenido escritural tienen algunos que se las dan de “teólogos” y lo que les descalifica totalmente para ir dando lecciones de “entendimiento” bíblico; pero es que además y en su disparatada deriva “teologal”, no se les ocurre y para sostener su insostenible proposición (disculpen la redundancia) de la necesidad de un bautismo “salvador”, nada menos que acudir al pasaje de Mar. 16:16 y en donde se lee como sigue:

El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado.”

Notemos, de entrada, que el ser “salvo” no depende de ser uno bautizado o no, sino en el creer o no creer…… por lo que no estamos más que ante el uso torticero del texto escritural, para engañar a los incautos que confían en la palabra de esos “maleantes” intelectuales, que no saben de lo que están hablando; porque si continuamos con el contexto de dicho pasaje e inseparable del mismo, lo que se nos dice a continuación es esto:

Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18, con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero, no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:17-20).

¿Qué notamos, entonces, en esas palabras? Pues en primer lugar, que aquellos que creyeran y fueran bautizados tendrán la capacidad de llevar a cabo las obras poderosas mencionadas; recordemos que dicha capacidad, estaba intrínsecamente asociada con el “creer”, mientras que por otra parte, las tales eran la manera en la que Jesucristo “apoyaba” el mensaje emitido y lo que nos lleva a la siguiente encrucijada: si los actuales “bautizados” y toda esa inmensa patulea de supuestos “ungidos” que nos rodean por tierra, mar y aire, afirman haberlo sido mediante el bautismo y que de hecho es el “producto” que nos quieren “vender” ¿por qué, son incapaces de llevar a cabo esas señales que Jesucristo dijo “acompañarían” a los que creyeran y como muestra evidente de su apoyo a la expansión del “evangelio” que afirman predicar? ¿Deberíamos de entender y ante la ausencia de esas señales, que estamos ante personas que realmente no han creído (luego no pueden ser “salvos” por muy bautizados que estén) y que con sus afirmaciones, nos están intentando extraviar de la enseñanza verdadera? Porque o es eso, o es que resulta que el bautismo que preconizan como el medio esencial para alcanzar la “salvación”, no es más que una pura mamarrachada…… dicho lo cual, recuperemos el pasaje de Rom. 15:4, con el que se nos pretende hacer creer que en las Escrituras se nos habla de la necesidad del bautismo como conducto salvador:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.”

Y es que lo que se nos dice en las Escrituras acerca del tema que nos ocupa, es que el bautismo en agua y desde que fue instaurado por Juan “el bautizante”, no tenía más finalidad que la del reconocimiento público del que participaba en el mismo de su condición de pecador, así como el firme deseo y ante testigos presenciales, de cambiar su derrotero desde ese momento en adelante:

De modo que él entró en toda la comarca del Jordán, predicando bautismo en símbolo de arrepentimiento para perdón de pecados.” (Luc. 3:3).

Y que la NTV vierte se la siguiente manera:

Entonces Juan fue de un lugar a otro, por ambos lados del río Jordán, predicando que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada.”

En todo caso, no era el bautismo en sí mismo, eso es, el hecho de ser uno sumergido en agua, lo que arreglaba la situación de este ante su Creador, sino el sincero arrepentimiento del que se sometía a dicho bautismo y lo que dejaba el mero hecho de la inmersión física, en un simple acto protocolario por el que se manifestaba públicamente la decisión personal de uno con respecto de Dios…… dicho en otras palabras: el bautismo en sí mismo no era otra cosa que un mero ritual sin más trascendencia; por otra parte, este acto y lejos de la idea que se nos quieren “vender” los supuestos “ungidos” de la actualidad, nunca implicó el que mediante dicho acto uno tuviera que ser adoptado por Dios como Hijo Suyo y para lo cual, se precisaba de otro bautismo distinto, según se deduce de las siguientes palabras de Juan “el bautizante”:

Juan también dio testimonio y dijo: “Vi el espíritu bajar como paloma del cielo y permaneció sobre él. 33 Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo.” (Juan 1:32-33).

Entonces estaríamos ante dos bautismos distintos el uno del otro y que el segundo de ellos solo podía ser impartido por Jesús…… y ello, solo después de su muerte:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7).

Que ello es así, queda probado por las palabras del apóstol Pedro:

A este Jesús lo resucitó Dios, del cual hecho todos nosotros somos testigos. 33 Por eso, debido a que fue ensalzado a la diestra de Dios y recibió del Padre el espíritu santo prometido, él ha derramado esto que ustedes ven y oyen.” (Hech. 2:32-33).

Pedro estaba hablando de las consecuencias inmediatas de haber sido bautizados en espíritu santo (el otro bautismo) instantes antes y que nada tenía que ver con el bautismo de agua al que se habían sometido años antes, pues del mismo no derivaron ningún poder especial; circunstancia que deja claro que la afirmación actual de que el ser bautizado en agua, ya conlleva la inmediata recepción por parte del bautizado de la condición de Hijo de Dios y por tanto, de la “salvación”, no es más que un puro disparate propagado por fanáticos ignorantes que solo están “vendiendo” humo. Porque ese otro bautismo y que sí concedía dicha condición, además de los poderes consustanciales de ella derivados, solo fue impartido por Jesús a sus apóstoles, que a su vez recibieron la autoridad para poder impartírselo a otros, mediante el ritual de la “imposición de manos”. En el capítulo ocho del libro de “Hechos de los Apóstoles”, queda patente dicho aspecto de la cuestión, eso es, que si bien los apóstoles podían investir a uno de dicha condición de Hijo de Dios y con los poderes que eran consustanciales a dicha condición, aquellos que habían recibido de manos de los apóstoles dicho estado, ya no podían transmitírselo a otros; porque lo que allí se nos narra, es la peripecia de un tal Felipe y uno de los primeros de recibir la adopción como Hijo de Dios por medio de los apóstoles (recordemos que los apóstoles la había recibido directamente de Jesucristo) y del que se nos cuenta lo siguiente:

No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.

9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre, que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (obviamente, por medio de Felipe).

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo (con el mismo, la condición de Hijo de Dios y los poderes consustanciales a dicha relación paterno/filial con el Creador). 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.

18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles (no de Felipe y siendo este como era también un Hijo de Dios) se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”.” (Hech. 8:4-19). (Acotaciones nuestras).

Entonces lo que notamos, es que, primero, el bautismo en agua que esas personas habían recibido en el nombre de Jesucristo no les había conferido capacidad alguna para llevar a cabo obras poderosas y que era como se manifestaba el poder del espíritu santo recibido, algo que se nos muestra en el siguiente pasaje:

Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.” (Hech. 19:6).

Pero lo que también se nos muestra, en segundo lugar, es que solo los apóstoles de Jesucristo tenían la autoridad de poder extender a otros la condición de Hijos de Dios y, repetimos, los poderes que le eran consustanciales a la misma; pues si bien Felipe podía desarrollarlos y como se nos muestra en el pasaje leído, es obvio que no podía transferírselos a otros, como al tal Simón…… ¡cuánto menos entonces, el poder transmitir la condición de Hijos de Dios a otros! Circunstancias estas que nos llevan a una importante derivada, como es la de que con la muerte de los apóstoles, obviamente cesó el poder bautizar en espíritu santo y con ello el poder hacer de otros Hijos de Dios, lo que nos lleva a la siguiente conclusión: sabemos que el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo, era preceptivo para poder acceder al segundo bautismo en espíritu santo mediante la imposición de manos y ritual por el que se escenificaba públicamente el hecho de que uno recibía dicho bautismo…… luego desaparecido el bautismo en espíritu santo con el último de los apóstoles ¿qué sentido tenía el bautismo en agua a partir de ese momento? Obviamente ninguno y de ahí que desapareciera de la historia bíblica, pues ya no tenía valor práctico alguno el bautizarse y circunstancia que se ha mantenido hasta el día de hoy; es cierto que la Iglesia Católica y supuesta sucesora del apostolado del I siglo, lo convirtió en obligatorio en el Concilio de Nicea (325 d.C.)…… pero ya no estaríamos hablando de lo mismo, porque lo que cuenta es lo que se nos dice en el registro sagrado y no lo dicho en documentos posteriores y lejos de toda inspiración divina (2 Tim. 3:16).

Sin embargo, a todo lo dicho habría que añadir otra cuestión que los que defienden el bautismo como requisito previo a la salvación, pasan olímpicamente por alto y que es la siguiente ¿quién hoy en día tiene la autoridad para poder bautizar? Porque no olvidemos que Juan “el bautizante” tenía y como hemos leído al principio de este escrito, dicha tarea encomendada por el propio Jehová Dios. Tarea que posteriormente asumió el propio Hijo de Dios y que tenía un bautismo mayor que ofrecer, que posteriormente delegó en sus apóstoles…… y autoridad que desapareció con la muerte del último de estos, siempre a tenor de los datos que nos aportan las Escrituras; luego, repetimos la pregunta ¿quién o quiénes, están autorizados hoy a bautizar? La cosa ya se agrava, cuando lo que se nos dice por parte de esos “entendidos” en el texto escritural es que cuando uno es bautizado en agua, ya recibe de forma automática el bautismo en espíritu santo y por tanto, pasa a convertirse en un Hijo de Dios con la “salvación” en perspectiva…… o lo que es lo mismo, dos bautismos al “precio” de uno; sin embargo, nada parecido a eso es lo que se nos dice en las Escrituras sino que más bien y volviendo a las palabras de Pablo en Rom. 15:4, la “instrucción” que recibimos de estas es que a día de hoy no hay nada parecido a un bautismo que tenga la aprobación de Dios.

En todo caso y por aquello de que cada uno puede hacer “de su capa un sayo” en función de su libre albedrío, el “personal” se puede bautizar y hacerse todas las ilusiones que quiera; pero que cada uno sepa, que lo de ser “salvo”, aquello que se dice ser “salvo”…… ¡nada de nada!

MABEL


domingo, 30 de noviembre de 2014

¡Hombre, si se es un “justo”…… pues ni tan mal!


Hace unos días y buscando información en la red sobre un tema del que trataremos en breve, nos apareció un video de Apologista Mario Olcese que se nos había pasado por alto y publicado el 11/11/14, bajo el título de “Si eres un justo de Dios, te sentarás en tu propio trono junto con otros reyes” y que en principio, si uno no está muy puesto en estas cosas, parece que no hay nada a objetar a tan tajante aseveración. Obviamente con dicho planteamiento, el autor mencionado se está refiriendo a aquellos (entre los que dice contarse) que en el momento actual, u séase en nuestros días, supuestamente tengan la condición de “justos” o “ungidos”, en todo caso de Hijos de Dios y que son los únicos que se pueden sentar en un trono al lado de Jesucristo en el reino milenario…… el problema está en que en la actualidad y desde la muerte del último apóstol al final del primer siglo, no existen en la tierra personas que ostenten dicha condición y eso por un espacio de tiempo de casi ¡2.000 años!

Extremo este que hemos mantenido siempre los autores de este blog y con la argumentación necesaria para probar veracidad de nuestro planteamiento, al que el Sr. Olcese (claro exponente de las disparatadas ideas que pululan por ahí acerca del tema en cuestión) no ha podido objetar nada en absoluto, como no sea el reafirmarse en sus postulados y apoyados estos en textos sacados totalmente de su contexto…… y así cualquiera ¡claro! Porque resulta que dicho personaje apoya su argumentación con pasajes sacados de las cartas paulinas (básicamente), cuando el caso es que los pasajes utilizados en esas misivas tenían destinatarios concretos y contemporáneos de los apóstoles, con distintas necesidades y distintas circunstancias a las actuales…… no obstante y para aquellos que deseen profundizar un poco más en este tema y comprobar la razón que nos asiste en nuestra afirmación, en el sentido de que actualmente no existen “justos”, “ungidos”, “Hijos de Dios” o como ustedes quieran llamarles, les recomendamos nuestro escrito del 17/09/14 titulado “Sin huevos…… no se pueden hacer tortillas” (sí, sí, ya sabemos que el “títulillo” tiene su aquél, pero les aseguramos que está muy bien traído para el tema que explicamos). Luego ya puestos, permitan que les demos una nueva razón por la que no es posible la existencia de esos personajes, no solo en los tiempos actuales, sino durante esos casi 2.000 años transcurridos desde la muerte del último apóstol (ocurrida aproximadamente en 99 E.C.)…… y razón señalada que tiene que ver con el siguiente pasaje:

Porque él dice: “En un tiempo acepto te oí y en día de salvación te ayudé”. ¡Miren! Ahora es el tiempo especialmente acepto. ¡Miren! Ahora es el día de salvación.” (2 Cor. 6:2).

Entonces la pregunta sería a qué espacio de tiempo se refería Pablo con ese “ahora” es el tiempo o día de salvación, lo que nos lleva a preguntarnos y si eso es a lo que se estaba refiriendo dicho apóstol y que todo parece indicar que sí, cuándo empezó dicho tiempo y cuando terminó, en el supuesto de que terminará en algún momento de la historia y no haya estado vigente hasta el momento actual, como nos plantean los teólogos actuales e idea que los autores de este blog descartamos totalmente. Por lo tanto, habría que empezar por averiguar cuando inició dicho “tiempo de salvación” y en el bien entendido que por “salvación” se entiende lo que consiguen unos pocos que, participando de la llamada “primera” resurrección (Rev. 20:6), ya se levantan con la inmortalidad concedida (eso es la salvación) y reinan con Cristo en calidad de reyes y sacerdotes y por lo que ya son invulnerables al desafió de Satanás, en la mal llamada “prueba final” propiciada por la suelta de este al término de los mil años del reinado de Jesucristo (Rev. 20:7-10)…… y en la que todo aquél que no ande “fino” en ese momento, será destruido eternamente; por lo que continuando con lo que íbamos, veamos un pasaje que parece nos acerca al tiempo del que estaba hablando Pablo:

"Y ahora si ustedes obedecen estrictamente mi voz y verdaderamente guardan mi pacto, entonces ciertamente llegarán a ser mi propiedad especial de entre todos los demás pueblos, porque toda la tierra me pertenece a mí. 6 Y ustedes mismos llegarán a ser para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” (Éxo. 19:5-6).

Estas palabras, dichas por Jehová a una nación de Israel recién liberada de Egipto, señalaban a un tiempo futuro en el que serían escogidos determinados miembros de dicha nación y que, junto a un también futuro personaje por aparecer (Jesús), tendrían que reinar durante un periodo de mil años sobre la humanidad…… luego el sentido común nos dice que hasta que no apareciera el personaje Jesús (se entiende que en el momento de iniciar su ministerio y que vino a sustituir al de Juan “el bautizante”, como se nos indica en Juan 3:30), no podían aparecer esos que según la promesa divina hecha por Dios más de 1.500 años atrás en el tiempo, tenían que acompañarle en su reinar; pero es que además, fue el propio Hijo de Dios el que nos dijo cuándo inició ese periodo de tiempo (y del que nos habla el apóstol Pablo) en el que se podía tener la oportunidad de alcanzar la “salvación” mencionada por el apóstol, cuando afirmó lo siguiente:

Pero desde los días de Juan el Bautista (eso es, desde que este fue detenido y ejecutado, con lo que acabó su ministerio) hasta ahora, el reino de los cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los hombres; y los que se adelantan con ardor, se asen de él.” (Mat. 11:12). (Acotación nuestra).

Entonces lo que se nos está diciendo, es que antes de los días de Juan “el bautizante” no existía posibilidad alguna de pelear por la “meta” de formar parte del gobierno del reino de Dios y con ello el llegar a ser “salvo”, sino que esta inició a partir de la aparición de Jesús, pues esto es lo que leemos respecto de él:

Vino a su propia casa, pero los suyos no lo recibieron. 12 No obstante, a cuantos lo recibieron, a ellos les dio autoridad de llegar a ser hijos de Dios, porque ejercían fe en su nombre.” (Juan 1:11-12).

Luego este pasaje no solo nos indica el momento en el que se abrió el camino a la “salvación”, sino que derriba por sí solo la esperpéntica “enseñanza” mantenida por ese “genio” de la interpretación bíblica Apologista Mario Olcese y a cuantos como él opinan, en el sentido que personajes como los Noé, Abrahán, David, Job y un larguísimo etc. de prohombres del AT, también heredar con Cristo el reino de Dios…… cuando el caso es que para hacerlo hay que ser Hijo de Este y queda claro que no lo pueden ser, pues fallecieron siglos (cuando no milenios) antes de que Jesús apareciera y les pudiera dar también a ellos la “autoridad” para adquirir dicha relación paterno/filial con el Altísimo. Tenemos por otra parte, que para alcanzar dicha condición se tenía que estar en posesión del bautismo de agua y del bautismo de espíritu santo (Juan 3:5), requisito del que ni Jesús pudo librase y algo que se deduce de las siguientes palabras:

Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán a Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero este trató de impedírselo, diciendo: “Yo soy el que necesito ser bautizado por ti ¿y vienes tú a mí?”. 15 En respuesta Jesús le dijo: “Deja que sea, esta vez, porque de esa manera nos es apropiado llevar a cabo todo lo que es justo”. Entonces él dejó de impedírselo.” (Mat. 3:13-15).

De hecho, esa acción marcó un modelo a seguir y como quedó claro en Juan 3:5, pues continuemos observando lo que ocurrió durante el bautismo de Jesús y según nos lo cuentan las Escrituras:

Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron y él vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él. 17 ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”.” (Mat. 3:16-17).

Si observamos la secuencia de los acontecimientos, vemos que Jesús primero recibió el bautismo de agua, a continuación el bautismo en espíritu santo que descendió en forma de paloma (en el caso de los apóstoles fue en llamitas o lenguas de fuego) y ya después, es cuando lo voz del Altísimo lo reconoce como Hijo Suyo…… y nada de eso ocurrió en el caso de los notables del AT mencionados, pues en sus días no existían tales bautismos. Como tampoco concurre en ellos el haber sufrido una muerte de sacrificio por defender su fe, como les es exigido a todos aquellos que tienen que reinar con Cristo:

Y vi tronos y hubo quienes se sentaron en ellos y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios y los que no habían adorado ni a la bestia salvaje ni a su imagen y que no habían recibido la marca sobre la frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir y reinaron con el Cristo por mil años.” (Rev. 20:4).

El hecho de que lo que le fue presentado en visión a Juan, tuviera que ver solo con personas “ejecutadas con hacha” o asesinadas por mantener su integridad a Dios, ya nos muestra que los que no hayan sido muertos de esa manera (como es en el caso de la totalidad de esos personajes mencionados del AT), no pueden alcanzar tan alto privilegio. Pero volviendo al tema que nos ocupa y ya conociendo el momento en que inició esa carrera para conseguir la “salvación”, solo nos resta por averiguar en qué momento cesó o finalizó dicha oportunidad, o si bien no cesó y ha continuado vigente hasta el día de hoy, como afirma la inmensa mayoría de dirigentes religiosos actuales y con el Sr. Olcese de abanderado; para ello nos tenemos que ir al contenido de Hechos de los Apóstoles, pues es allí donde se nos cuenta como era el paso para adquirir dicha condición de “salvo” (recuerden que hemos dicho que ello tiene relación con el ser resucitado uno en condición de inmortalidad) y que tenía que ver, como hemos señalado, con el ser bautizado, no solo en agua, sino también en espíritu santo y siguiendo los pasos de Jesús…… bautismo en espíritu santo que este recibió de su Padre Celestial, pero que en el caso de los apóstoles fue él quien lo impartió y eso después de su resurrección:

Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5).

Recordemos que ya antes y estando con vida, les había señalado a sus apóstoles la necesidad de que él muriera para que se lo pudiera enviar, con lo que queda claro que en vida no podía hacerlo:

No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7).

Dicho esto, tenemos que a partir de ese momento y como los hechos narrados en las Escrituras nos demuestran, solo los apóstoles podían bautizar en espíritu santo y transmitir con ello a uno, la condición de Hijo de Dios…… ya otra cuestión es que este uno la perdiera por el camino, como resultado de una conducta incorrecta y como ocurrió con no pocos de ellos (1 Juan 2:19). Pero el caso, es que solo los apóstoles tenían la “autoridad” para impartir dicho bautismo y que era consustancial con el adquirir la condición de Hijo de Dios y los poderes inherentes a dicha condición, como queda claro en Hech. 8:1:20 y que sienta un precedente a seguir de cómo funcionaban las cosas en la primitiva congregación cristiana…… y que por tanto continúa siendo válido en nuestros días, pues nada en las Escrituras se nos dice en el sentido de que ello hubiera sido cambiado; por ello les rogamos, que presten mucha atención a lo que en dicho pasaje escritural se nos dice:

En aquel día se levantó gran persecución contra la congregación que estaba en Jerusalén; todos salvo los apóstoles fueron esparcidos por las regiones de Judea y de Samaria. 2 Pero varones reverentes se llevaron a Esteban para sepultarlo, e hicieron gran lamentación sobre él. 3 Sin embargo, Saulo empezó a tratar atrozmente a la congregación. Iba invadiendo una casa tras otra y, sacando a rastras tanto a varones como a mujeres, los entregaba a la prisión.

4 No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos (recordemos que este personaje fue uno de los siete primeros que, según Hech. 6:3-6, recibió de mano de los apóstoles el bautismo en espíritu santo y con ello, el ungimiento como Hijo de Dios y condición que se ponía de manifiesto por la capacidad de llevar a cabo obras poderosas, lejos del alcance del hombre común), bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.

9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre, que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (obviamente por medio de Felipe).

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados (en agua y por un poderoso personaje como era Felipe) en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.

18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”. 20 Pero Pedro le dijo: “Perezca tu plata contigo, porque pensaste conseguir posesión de la dádiva gratuita de Dios mediante dinero. 21 No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto a vista de Dios.” (Acotaciones nuestras).

Luego está claro que solo los apóstoles tenían la “autoridad” para bautizar en espíritu santo y con ello transmitir la unción de uno como Hijo de Dios, pero dándose la circunstancia de que ya no era así en el caso de los que recibieron dicha unción de manos de estos y como queda patente en el caso de Felipe…… que si bien como poderoso Hijo de Dios que era podía llevar a cabo grandes obras milagrosas y más allá del alcance del ser humano común, además que estaba autorizado para bautizar en agua en el nombre de Jesucristo, ya no podía sin embargo impartir el bautismo en espíritu santo; la pregunta podría ser entonces ¿y cuándo recibieron dicha autoridad los apóstoles? Veámoslo:

Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra. 19 Vayan, por lo tanto y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos…” (Mat. 28:18-19 a).

Entonces vemos que en función de la autoridad recibida por Jesucristo de su Padre Celestial, este podía delegar a sus apóstoles el “poder” para bautizar en espíritu santo y que él recibió cuando llegó al cielo, lo que se sustanció cuando lo derramó en Pentecostés de 33 E.C. sobre ellos…… recordemos que hemos leído en Juan 16:7 que solo si Jesús proseguía su camino al Padre, podría transmitirles dicho poder. Por lo tanto y volviendo al tema central de este escrito, puesto que nada en las Escrituras nos habla de un cambio en el procedimiento señalado en el relato considerado de Hech. 8:1-20, tenemos que aceptar el hecho de que con la muerte del último de los apóstoles, en este caso Juan y sobre el año 99 E.C., se acabó el poder impartirse el bautismo en espíritu santo y con ello la oportunidad de conseguir la adopción de uno como Hijo de Dios…… que conlleva la “salvación”, dado que estos participan de una resurrección que, como ya hemos señalado, lleva aparejada la inmortalidad (Rev. 20:6). Dicho esto, volvamos a ese tiempo señalado por Pablo en 2 Cor. 6:2 y pasaje que recordaremos por aquello de refrescar la memoria al “personal”, en el que uno podía alcanzar la “salvación”:

Porque él dice: “En un tiempo acepto te oí y en día de salvación te ayudé”. ¡Miren! Ahora es el tiempo especialmente acepto. ¡Miren! Ahora es el día de salvación.”

Por lo tanto, solo es aceptable pensar que ese tiempo mencionado por Pablo y en el que se podía intentar alcanzar la “salvación”, tenía que ver con aquél que iba desde el momento del bautismo de Jesús, hasta el momento de la muerte del último de los apóstoles (unos sesenta y pocos años) y en donde estuvo en vigor el bautismo en espíritu santo…… ya después de los apóstoles, este desapareció de la tierra y con él, la posibilidad de alcanzar la condición de Hijo de Dios y los poderes sobrenaturales inherentes en ella. Luego si ello es así y así parece ser a tenor del registro escritural, no pueden existir a día de hoy personas “ungidas” o Hijos de Dios que estén pululando por estos andurriales “terrenos”, por lo que nadie puede esperar y a esto es a lo que anima disparatadamente el Sr. Olcese, a sentarse con otros reyes en el gobierno del reino de Dios; por lo que estaríamos hablando de una brutal distorsión del texto escritural (pues este no dice tal cosa ni por el forro), que puede hacer que muchas personas de buena fe y llevadas por un “subidón” emocional, lleguen a creerse “ungidas” y por tanto seguras candidatas a reinar con Jesucristo en el reino de Dios…… máxime si el que tal cosa enseña, afirma ser un “ungido” al que el espíritu santo le “sopla” al oído nuevos “descubrimientos bíblicos” y según nos contaba el autor en cuestión, en un artículo del 28/08/07 titulado “Consejos oportunos para miles de testigos de Jehová desanimados”, en el que nos hacía la siguiente y presuntuosa afirmación:

Al contrario, soy un hombre muy feliz y dichoso, ya que por fin tengo la libertad que no gozan ellos para escribir y tener mi sitio web donde puedo exponer mis creencias personales y mis “descubrimientos” bíblicos según me lo revela el Espíritu de Dios. Sólo el Espíritu de Dios nos guía a la verdad.” (Negritas nuestras).

Luego lo que tendría que hacer el Sr. Olcese, en lugar de decir las “gilipolleces” que dice, sería tomar en seria consideración unas palabras que dijo Jesús en su momento y que es un aviso a “navegantes”:

Pero cualquiera que haga tropezar (con enseñanzas que generen falsas expectativas) a uno de estos pequeños que ponen fe en mí, más provechoso le es que le cuelguen alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y que lo hundan en alta mar.” (Mat. 18:6). (Acotación nuestra).

Nosotros ya sabemos que en su desquiciada e irreflexiva forma de ver las cosas dicho personaje, cree tener toda la razón en sus distintas “enseñanzas” a pesar de que es consciente de que nunca ha sido capaz de desbaratar nuestros planteamientos mediante el refutar los textos bíblicos que usamos en los mismos, pues a lo máximo que llega es a reafirmarse en sus disparates aunque para ello tenga que sacar textos de su contexto o apoyarse en determinada expresión que se cita en alguno de ellos y que dan pie a sus esperpénticas afirmaciones. Sin embargo, nos permitimos recordarle al Sr. Olcese que en el tema de los “millones, miles de millones” que tenían que reinar con Cristo en el gobierno milenario y defendido a lo largo de años (los mismos en los que nosotros se lo estuvimos rebatiendo), también uso cientos de textos bíblicos para apoyar dicho disparate para al final tener que reconocer, que no solo él no sabía si esto era así, sino que las Escrituras no dicen nada acerca de algo que nos pudiera llevar a sacar semejante conclusión…… luego está claro que su entendimiento o interpretación de dichos textos “demostrativos”, no podía ser más disparatada y alejada de la verdad.

Por lo tanto, mucha precaución con lo que dice determinado texto bíblico o el valor que se le da a determinada expresión, porque no es esto lo que determina lo razonable de una idea o planteamiento, sino lo que se dice en el contexto bíblico, tanto el más inmediato al pasaje del que se trate, como el general de las Escrituras…… y de esto el Sr. Olcese, nos demuestra en cada cosa que publica que no tiene ni puñetera idea de por dónde le sopla el viento. Por cierto ¿saben cuál es la novedosa forma del personaje en cuestión para rebatir nuestros planteamientos y sin que ustedes se enteren? Pues ¡asómbrense!: mandándonos correos en los que se nos remite a videos por él publicados y que son precisamente los que nosotros le estamos rebatiendo…… ¡no nos negarán que es un “genio” el tío!

MABEL


viernes, 21 de marzo de 2014

Pero…… ¿es cierto que todos alcanzamos la “salvación”?


¡Una vez salvo, siempre salvo!” ¿Les suena esa exclamación, queridos amigos que nos leen? De entrada (ustedes ya conocen como nos las gastamos en este blog), no deja de ser una más de las muchas “chorradas” que nos han querido “vender” las distintas denominaciones religiosas, obviamente de tendencia cristiana y que nos rodean por tierra, mar y aire y que se da de bofetadas, con lo que nos dicen las Escrituras…… aunque eso sí, con alguna matización por parte de algunas de ellas, como por ejemplo que ello será así, mientras uno mantenga una conducta acorde con las normas más elementales requeridas en el comportamiento cristiano y como no se entendería de otra manera; ahora bien ¿qué es eso a lo que llaman “salvación” y que según nos cuentan, está al alcance de “to quisqui” como diría un castizo?

En líneas generales, dicho término no significa otra cosa que la liberación de un peligro o de un sufrimiento, pues el sentido último de la expresión “salvado” no es otro que el que uno es liberado o protegido de determinado peligro; dicho vocablo, por otra parte, encierra también connotaciones de victoria, salud, o preservación de cualquier circunstancia adversa a la que uno se enfrente. Bíblicamente y que es el tema que nos interesa, se suelen usar los términos “salvado”, “salvo” o “salvación” para referirse a algo temporal, como cuando Moisés fue “salvado” (rescatado o sacado) de las aguas” (Éxo. 2:10) y que es lo que significa el nombre del personaje en cuestión; o en su defecto, como fue en el caso de la “salvación” del apóstol Pablo y que tenía que ver con su liberación de la prisión en la que estaba recluido (Fil. 1:19). Sin embargo, con más frecuencia la palabra “salvación” y fundamentalmente en el NT, se refiere a una eterna liberación de orden espiritual: por ejemplo, cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para “ser salvo”, se estaba refiriendo al destino eterno de dicho personaje (Hech. 16:30-31)…… y ya extendiéndonos un poco más en la idea, vemos que Jesús pone en un mismo plano el “ser salvo” con la entrada al reino de Dios (Mat. 19:23-25). Lo que ocurre es que se ha hecho una mala interpretación de las palabras de Jesús, al ser sacado dicho pasaje de su contexto temporal y con lo que se está difundiendo una idea falsa para el común de los mortales, acerca de lo que realmente significa la “salvación” y a quiénes aplica…… porque en todo caso, cualquier ser humano de los muchos que han pululado durante siglos por la tierra ¿de qué es salvado? Vamos un texto clave para averiguarlo:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Podríamos resumir entonces la cuestión, diciendo que en la doctrina cristiana de la “salvación”, la humanidad en general es “salvada” de la “ira de Dios”, esto es, del juicio que Este ejecuta sobre el pecado (Rom. 5:9), porque el pecado es el que nos separó de Dios y la consecuencia de dicho alejamiento, fue la muerte (Gén. 2:17). Luego la “salvación” bíblica y merced al sacrificio de Jesús, se refiere básicamente a nuestra liberación de las consecuencias del pecado y que por lo tanto, implica la remisión de dicho pecado…… y en consecuencia, el ser liberado el ser humano de su eterna condena a muerte. Ello conllevará que cuando sea instaurado el reino de Dios aquí en la tierra (y ello está al caer), las personas que estén vivas en ese preciso momento entrarán en el mismo sin haber muerto (Rev. 7:14) y con la posibilidad de jamás experimentar dicha muerte; y en el caso de aquellos que a lo largo de la historia humana hayan muerto hasta ese entonces (excepto aquellos que han sido ejecutados por un juicio divino), se les devolverá a la vida (Hech. 24:15) y con la posibilidad de no volver a morir jamás.

Y hablamos de “posibilidad” en ambos casos y aquí está el meollo del asunto, porque si bien es cierto que por haber sido perdonados de su pecado por la sangre de Cristo, ya no se puede volver a morir como consecuencia del pecado adámico, no es menos cierto que sí se puede ver la muerte, al ser uno destruido debido a un castigo divino…… y circunstancia que hay que contemplarla muy seriamente, como algo muy factible. Porque fíjense cómo será la cosa, que ya se nos avisa con casi ¡3.000 años de antelación! (los aproximadamente 2.000 desde que se escribió la Revelación, más los 1.000 del reinado de Cristo), de que al final de dicho período milenial será soltado Satanás de su aprisionamiento y que de nuevo volverá a hacer “el burro”, promoviendo otra rebelión en contra del Dios Altísimo y en la que será seguido por muchísimas personas (Rev. 20:7-10)…… esos rebeldes serán destruidos eternamente mediante intervención divina (v. 9), mientras que los que hayan permanecido leales, continuarán viviendo eternamente. De ahí que en la actualidad y contrario a lo que se nos está diciendo por parte de toda esa patulea de “entendidos” que nos rodea, nadie pueda pensar en alcanzar la “salvación” definitiva que le permitiría vivir eternamente, hasta que no haya sido superada dicha prueba final y que tenemos (no lo olvidemos) a mil años vista como mínimo…… excepción hecha, eso sí, de unos pocos individuos y de los que hablaremos a continuación.

Porque eso que nosotros les hemos planteado es una cosa y lo que nos cuentan la mayoría de denominaciones cristianas, con sus respectivos “teólogos” al frente (amén de aquellos que van por libre), es otra muy distinta acerca de lo que realmente es la “salvación”; porque lo que nos cuentan y tomándose al pie de la letra los relatos del NT, es que cuando uno ejerce fe en Jesucristo y se bautiza, ya desde ese momento adquiere la “salvación” y se convierte en un “ungido” o Hijo de Dios. Condición que de mantenerla mediante una conducta apropiada, le llevará en un futuro a reinar con Cristo en el milenio en calidad de inmortal rey y sacerdote…… y eso no es lo que dice la Biblia: porque mientras uno puede ser “salvado” sin ser Hijo de Dios y por ello no poder heredar el reino en calidad de co-gobernante con Cristo (como ocurre con los sobrevivientes de la “gran tribulación” y que son “salvados” sencillamente de perecer en ella), no se puede, por definición, ser Hijo de Dios si no se es “salvo”. Es cierto que hemos dicho que Jesús relacionó la salvación con el participar en el reino de Dios, o que en muchas de las cartas paulinas se hace referencia a “los que somos salvados”, o “los que están siendo salvados”, o “los que han sido salvados” y frases por el estilo, todas relacionadas con el poder reinar con Cristo en el reino de Dios…… pero las cosas hay que colocarlas en su debido contexto y saber de qué, de cuándo y de quiénes estamos hablando. Porque cuando Jesús estuvo aquí a la tierra, fundamentalmente tenía dos objetivos a cumplir: dar su vida como rescate por la humanidad y localizar a aquellos que tenían que reinar con él en el reino de Dios, a tenor de la oferta que hizo a sus apóstoles:

Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; 29 y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, 30 para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Luc. 22:28-30).

Luego el pacto por “un reino” para ser gobernante en el mismo, no se hizo con toda la humanidad, ni siquiera con el numerosísimo resto de seguidores que tenía Jesús en ese momento, a los que podía haber aludido y no lo hizo, sino solo con aquellas personas que en ese momento estaban allí presentes y que no representaban a nadie (contrario a lo que afirman algunos “entendidos”), sino que se representaban a sí mismas y que aceptaron los términos de dicho pacto, mediante el participar del pan y beber del vino. Que dicho pacto tenía que ser extendido a otros y en una cantidad limitada, es obvio a tenor de lo que leemos en Juan 17:20:

Hago petición, no respecto a estos solamente (a los que en ese momento estaban con él), sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.” (Acotación nuestra).

Por lo que tendríamos que entender de esas palabras, que la petición de Jesús se circunscribía a sus apóstoles en ese momento y se extendería posteriormente, a aquellos que por la directa palabra o intervención de estos y que eran los únicos que les podían transmitir el “ungimiento” como Hijos de Dios, aceptarían las condiciones del pacto en cuestión y pasarían también a reinar con él durante su gobernación milenaria; en definitiva, que hasta dónde alcanzaran los apóstoles en su comisión y que concluyó en el momento de su muerte, hasta ahí llegaría la captación de miembros para ese gobierno de hechura celestial…… en todo caso, un número reducido de personas y que las Escrituras nos cuantifican en 144.000 individuos. No olvidemos, que la primera vez que se da el número concreto de aquellos que tenían que reinar con Cristo en el reino de Dios y que hasta ese momento era desconocido, es en Rev. 14:1 donde ya se nos los muestra en su posición de gobernantes:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él, ciento cuarenta y cuatro mil, que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”

Pero pausemos un poco y analicemos este pasaje, pues muchos son los indoctos que afirman que dicha cantidad es simbólica y es “representativa” del total de “ungidos” o Hijos de Dios aparecidos a lo largo de la historia, eso es, desde Jesucristo hasta nuestros días y por lo que actualmente nos salen “ungidos” hasta de debajo de las piedras (algunos “iluminados” incluyen en el lote a los llamados “notables” del AT, eso es, a los Abraham, Moisés, Noé, Isaac, etec. etc. etc.). Que eso no puede ser así, tendría que quedar claro solo por lo leído en Juan 17:20; pero dado que la cosa parece que “no cuela” en las “preclaras mentes” de ese personal citado, intentémoslo con otro argumento: mientras que en Rev. 14:1, Juan y bajo inspiración divina nos dice que “vio” la citada cantidad, en Rev. 7:4 leemos que Juan “oyó” el número “de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil” y lo que ya tendría que despejar cualquier duda sobre la literalidad de dicha cifra. Porque si las Escrituras nos dicen que al bueno de Juan, se le dio dicho número por dos veces, de viva voz primero (lo oyó) y posteriormente le fue dado en una visión (lo vio), ello apunta a la posibilidad de que a lo mejor “alguien” quería que nos enteráramos de la cantidad correcta de aquellos que van a gobernar el mundo al lado de Cristo…… y ese solo puede ser aquél en que se originó la Revelación y que no es otro que el Altísimo Jehová Dios (Rev. 1:1); luego ¿cómo se puede tener el atrevimiento de sostener la idea de que estamos ante una cantidad simbólica y no literal? No olvidemos que el contexto en el que se mueve dicho pasaje nos habla de un reino literal, de un monte Sión literal y de un Jesucristo literal ya ejerciendo en su función de rey, entonces ¿cómo hay que entender esa cantidad de 144.000 individuos que aparecen a su lado y “comprados de entre la humanidad como primicias” (Rev. 14:4)? Todo nos indica, que solo podríamos estar hablando de aquellos que le acompañan en su gobernar y que, obviamente, dicha cantidad tiene que ser tan literal como lo es el propio Jesucristo como rey, el reino de Dios como tal o el monte Sión que está al lado de Jerusalén…… porque dentro de Juan 14:1 o todo es simbólico o todo es literal, pero una cosa sí y la otra no, como que queda algo “rarito”.

Pero es que además, resulta que Juan contrasta a esos 144.000 sellados, con una “gran muchedumbre que ningún hombre podía contar” (que a diferencia de esos “sellados”, se les podía contar), que serían sobrevivientes de la “gran tribulación”…… que además y a diferencia de los primeros no tenían sello alguno en sus frentes; si a ello le añadimos que en Rev. 7: se nos habla de los dos únicos grupos que aparecen en el momento de iniciar su andadura el reino de Dios aquí en la tierra, es obvio que estamos hablando de una cantidad literal y concreta, que gobernará sobre una también literal gran multitud de personas y de la que sí se desconoce su número, pues este no ha sido predeterminado por Dios. A todo esto y como refuerzo de nuestro planteamiento, habría que reseñarse de la visión de Rev. 14:1, que no es más que el cumplimiento por adelantado y mostrado a Juan, del Sal. 2:5-6 y en donde se lee como sigue:

En aquel tiempo les hablará en su cólera y en su ardiente desagrado los perturbará, 6 diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.”

Entonces razonemos: si lo que se le mostró a Juan en una visión, fue a Jesucristo ya entronizado y ejerciendo como rey desde el monte Sión, como cumplimiento de la profecía mencionada ¿en función de qué, están junto a él 144.000 individuos como acompañantes, que “tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre”? Es obvio que estamos ante un número o cantidad concreta y literal de aquellos que ocuparán un puesto en esa gobernación de hechura divina y que se corresponde, con los 144.000 de Rev. 7:4, que han sido sellados con el “sello del Dios vivo” en sus frentes, como muestra de pertenencia. Es cierto que hay mucha confusión acerca del origen de esos 144.000 resultantes de las 12 tribus de Israel, del que muchos afirman sobre su simbolismo y que lo repercuten al contenido de Rev. 14:1, cuando es este último pasaje y como cumplimiento de una profecía, el que prevalece y nos tiene que orientar acerca del significado de Rev. 7:4-8…… pero que en todo caso, eso ya sería tema para otro debate. Pero retomando el hilo conductor de este escrito, vemos que los únicos que alcanzan la “salvación” en el más estricto sentido bíblico del término, son esas personas, pues veamos lo que se nos dice de ellas:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad (eso significa la inmortalidad), sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.” (Rev. 20:6). (Acotación nuestra).

Luego estos personajes, que murieron “ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios” (Rev. 20:4), eso es, asesinados por defender su lealtad a Dios y al “cordero”, cuando se levantan en esa “primera” resurrección ya lo hacen vestidos de inmortalidad y por lo que ya no pueden volver a morir…… luego están por encima de cualquier prueba o juicio que se efectúe, pues ya en vida fueron probados hasta la misma muerte y de ahí que reciban dicho galardón:

Al que venza, le concederé sentarse conmigo en mi trono, así como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” (Rev. 3:21).

Y siendo que esas personas, cuyo número final es de 144.000 individuos y que aún no se ha completado, son las únicas de entre la humanidad que sí alcanzan la “salvación” como tal, pues les es concedida en el mismo momento de su muerte en sacrificio, según se sobreentiende de Rev. 2:10; y decimos que aún no se ha completado dicha cantidad, porque lo que leemos en las Escrituras es esto:

Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener. 10 Y clamaban con voz fuerte y decían: “¿Hasta cuándo, Señor Soberano santo y verdadero, te abstienes de juzgar y de vengar nuestra sangre en los que moran en la tierra?”. 11 Y a cada uno de ellos se dio una larga ropa blanca; y se les dijo que descansaran por un poco de tiempo más, hasta que se completara también el número de sus coesclavos y de sus hermanos que estaban a punto de ser muertos como ellos también lo habían sido.” (Rev. 6:9-11).

Por lo que de este pasaje se pueden sacar algunas conclusiones interesantes: primero, que existe un número de “salvos” predeterminado por Jehová y que aún se tiene que completar; lo que elimina de golpe la idea que nos quieren vender algunos “entendidos”, en el sentido de que todos los seguidores de Cristo a lo largo de la historia desde el siglo I hasta el momento actual, que se pueden contar por cientos de millones y que como “salvos” supuestamente tengan que reinar con él, pues dicha posibilidad no se contempla en las Escrituras. En segundo lugar, si como nos da a entender el pasaje que acabamos de citar, aún queda un resto de “ungidos” o Hijos de Dios por aparecer, dotados de grandes poderes y prefigurados por los “dos testigos” de los que se nos habla en Rev. 11:3-6, ello solo puede significar que en el momento actual no existen “ungidos” sobre la tierra, pues nadie y hasta donde sabemos nosotros responde a las características que se nos señalan en dicho pasaje…… lo que nos lleva a pensar, que todos aquellos que a día de hoy (y son legión) se identifican como tales y que se auto proclaman directos candidatos a la “salvación”, no son más que unos “fantasmas” que no saben ni de lo que hablan.

En tercer lugar y por aquello de que “para que falte, más vale que sobre” podríamos señalar que el pasaje citado nos habla de que los miembros de ese “resto” por aparecer, tienen que morir como habían muerto sus hermanos, eso es, “degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener”, en definitiva asesinados por llevar adelante su comisión divina y que es lo que se nos dice que les ocurrirá también a ese “resto por aparecer, en Rev. 11:7. Sin embargo y para desmentir la enseñanza mencionada de que todos los cristianos bautizados son “salvos” y reinarán con Cristo, lo que vemos actualmente y ello desde hace un par de siglos en que aparecieron esa “marabunta” de denominaciones religiosas llamadas cristianas y que nos quieren vender esa “milonga”, es que sus respectivos “ungidos” han vivido y viven hoy día como “reyes”, mientras que una innumerable cantidad de ellos han muerto a causa de la edad, enfermedad, accidentes u otras circunstancias, pero no asesinados por desarrollar su ministerio…… luego ello no se ajusta a lo leído, ni por supuesto a la exigencia que estableció Jesucristo para aquellos que quisieran reinar con él: que murieran como él murió, eso es, asesinado por su lealtad a Dios y en el cumplimiento de su asignación. (Rev. 3:21).

Es cierto que alguien y si no entiende demasiado de qué va la “película” (¡y que no son pocos!), nos podría decir que a lo largo de la historia del mundo muchos “cristianos” han muerto simplemente por serlo, bien hayan sido protestantes, católicos, ortodoxos, etc. y por lo que a estas personas sí les aplicaría la condición de “salvos”, pues reúnen dicho requisito; pero hay que tener en cuenta que estaríamos hablando de miembros seguidores de religiones falsas (todas las iglesias cristianas actuales son escisiones de lo que a partir de inicios del siglo II degeneró en la apóstata Iglesia Católica o escisiones de dichas escisiones) y por lo que obviamente, no pueden haber muerto “por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios” (Rev. 20:4), sino por otra cosa distinta y por tanto, nada que ver con lo que nos quieren “vender”. Hay otro factor a tener en cuenta y que es muy importante, que normalmente suele ser pasado por alto dentro de la inmensa mayoría de los llamados “teólogos” y que señalan a esas personas mencionadas como “los mártires de todas las épocas”; sin embargo, solo puede aplicar dicha condición, eso es, el morir como mártir al servicio de Dios, eso es, en “acto de servicio” y para entendernos, a aquellos que han sido divinamente elegidos o comisionados para hablar en nombre de Este o, dicho de otra forma, “enviados” por Él para una comisión determinada. Recordemos que el propio Jesús aseguró haber sido “enviado” por Jehová (Juan 5:30), así como él a su vez y en función de la autoridad que le fue dada (Mat. 28:18-19 a), “envió” o comisionó a sus apóstoles a continuar con la obra que le fue asignada y que como hemos dicho, tenía que ver con el buscar al grueso de aquellos que con él tenían que reinar:

¡Miren! Los estoy enviando como ovejas en medio de lobos; por lo tanto, demuestren ser cautelosos como serpientes y, sin embargo, inocentes como palomas.” (Mat. 10:16).

Y estos a su vez, cuando recibieron el bautismo en espíritu santo y con ello los poderes y autoridad que les fueron conferidos, “enviaron” o comisionaron a aquellos que les escucharon a ellos…… y ahí se acabó la historia, pues estos últimos “enviados” ya no tenían autoridad para enviar a otros. Que ello es como lo decimos, queda claro cuando leemos lo que Jesucristo les dijo a sus apóstoles, momentos antes de su ascensión a los cielos:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18 y con las manos tomarán serpientes; y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:15-20).

Por lo que si a partir de inicios del siglo II hasta nuestros días (para cuando ya habían desaparecido los directos seguidores de los apóstoles y que habían recibido de estos la condición de Hijos de Dios, pero que ya no la pudieron transmitir a otros y con ella, la autoridad para continuar con dicha obra), no vemos estas señales en aquellos que afirmaron en su momento y afirman hoy día hablar en nombre de Dios al predicar el evangelio, ello solo puede significar que o bien Jesucristo nos mintió, o que nosotros tenemos razón al afirmar que desde ese siglo I en adelante dejaron de aparecer sobre la tierra personas “enviadas” por el Altísimo (por medio de aquellos que estaban autorizados para hacerlo y que habían desaparecido de la escena), para llevar a cabo comisión divina alguna; pero es que además, si fuera cierto lo que afirman esos llamados “ungidos” actuales en el sentido de que ellos son “continuadores” de la comisión dada por Jesucristo para predicar el verdadero evangelio del reino ¿por qué no se cumplen en ellos las palabras de éste y que acabamos de citar? Es más ¿para qué tendría Jehová que “enviar” a alguien como los mencionados “dos testigos” (poderosísimos personajes, no lo olvidemos), con la comisión de “profetizar (o predicar) por 1.260 días” (Rev. 11:3), si ya tuviera la tierra llena de Hijos Suyos dando “la vara al personal”? Todo considerado, queda claro que nadie a día de hoy puede arrogarse el actuar en nombre de Jehová Dios (en su defecto, en nombre de Jesucristo y en quién el Altísimo delegó toda autoridad en el cielo y sobre la tierra, como ya hemos señalado), esto es, que no existen actualmente “ungidos” o “enviados” por Este y por lo que no pueden haber personas entre la humanidad actual que tengan acceso a la “salvación” y que como hemos planteado, solo alcanza un reducido grupo de personas que murieron como consecuencia directa del cumplimiento de la comisión que tenían asignada.

Ya otra cosa es el que uno y en función de sus creencias personales lo haga por su cuenta y riesgo y que está muy bien, pero que ello en modo alguno obliga a Jehová a reconocerlo como “enviado” Suyo y en consecuencia, premiarlo con la “salvación”; por lo que en el caso de que muriera por llevar a cabo dicha tarea y como ejemplo de lo que pretendemos mostrar, no se levantaría en la “primera” resurrección y que es la que da la inmortalidad, pues Dios no le comisionó para llevar a cabo tarea alguna; pero veamos cómo se nos explica este importante punto en las Escrituras:

Sin embargo, el profeta que tenga la presunción de hablar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hable en el nombre de otros dioses, ese profeta tiene que morir.” (Deut. 18:20).

Y puesto que en Jehová no existe “la variación del giro de la sombra” (Sant. 1:17), lo que valía para esos tiempos de igual manera aplica en los nuestros. Por lo que todo aquel que se las dé “profeta” o “ungido”, eso es, “enviado” de Jehová para hablar en Su nombre y ello no sea cierto, según el juicio divino no merece más recompensa que la muerte…… así es de serio el asunto; luego malamente pueden esos “evangelistas” o “predicadores” actuales y las denominaciones religiosas a las que estos representan, así como aquellos las siguen, recibir la llamada “salvación” si lo que están haciendo es violar un mandamiento directo de Dios. Luego la “historia” la podríamos resumir de la siguiente manera: cuando el pecado entró en el mundo, Dios estructuró un plan para desbaratar la obra del diablo; ello pasaba por la aparición de una descendencia y la elección de un pueblo del que saliera dicha descendencia; además de entre ese pueblo, se tenía que sacar un grupo de reyes y sacerdotes y que junto a la descendencia prometida, tendrían a su cargo y por espacio de mil años y lo que conocemos por “el reino de Dios”, el restaurar las condiciones de la humanidad a su origen de perfección y santidad ante Dios…… más o menos y a grosso modo la cosa va por ahí. Todo esto formaba parte del plan de Dios y para la consecución de un objetivo concreto: la restauración de la humanidad; luego estaríamos hablando de que todas las partes que conforman dicho Plan Divino, incluyendo al milenio, o al propio Jesucristo y a sus hermanos (aquellos que recibieron la condición de Hijos de Dios), no son más y en conjunto que el medio o “instrumento” que Jehová usa para la consecución de un logro y no el logro en sí mismo y que es la idea que nos venden los teólogos actuales: eso es, que el fin de todo cristiano pasa por ser Hijo de Dios y reinar junto a Cristo en el milenio y sobre no sabemos quién…… y eso sencillamente es una burrada. Que ello es como se lo planteamos, en el sentido de que no todos, eso es, una inmensísima mayoría de cristianos o seguidores de Cristo no gobernarán con éste, queda claro cuando se lee lo que el propio Jesús explicó a sus apóstoles en la que se conoce como la parábola de “las ovejas y las cabras”, en la que dijo lo siguiente:

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.” (Mat. 25:34).

Obviamente no preparado para los 144.000, sino para la humanidad en general, que es la que será ayudada por esos personajes a los que Jehová usa como magnífico “instrumento” (Sus Hijos) para guiar hasta la perfección a dicha humanidad; ello queda claro, porque en dicha parábola y si se lee con la atención debida (algo que no hacen la inmensa mayoría de “teólogos”), vemos que el reino fue preparado para aquellos que habían actuado en favor de otros y a los que Jesucristo identifica como “los más pequeños de estos hermanos míos” (v. 40), que por tanto, no podían ser parte del grupo de esos hermanos de Jesucristo y por lo que no podían coheredar el reino con él, en calidad de gobernantes…… y es que unos (las ovejas) son los que actúan en favor de otros y estos otros (los hermanos de Cristo), el referente sobre el que se actúa y por lo que no pueden ser la misma cosa. Y con ello se hace alusión, a los que durante el profetizar de esos “dos testigos” (o “resto” de Hijos de Dios por aparecer y “hermanos más pequeños” de Jesucristo) de Rev. 11:3, colaborarán con ellos en extender el mensaje divino por toda la tierra…… estos y los que acepten su mensaje serán salvaguardados por Jehová de la gran tribulación y pasarán con vida al reino de Dios, en tanto que los que lo rechacen serán destruidos eternamente, junto a la “bestia” y al “falso profeta” (Rev. 19:20-21), mientras que Satanás será apresado por mil años y a continuación, se establece el reino de Dios sobre la tierra (Rev. 20:1-4). Y reino que, como hemos dicho, inicia su andadura con esos 144.000 gobernantes como acompañantes de Jesucristo por una parte y los componentes de la “gran muchedumbre” que sobrevive a la “gran tribulación” por otra, directa beneficiaria esta de la labor salvificadora de Jesucristo y sus hermanos…… y sin nadie más “en el ruedo”, hasta que aparezcan los primeros resucitados; de ahí, que en el párrafo anterior hayamos señalado que no sabemos sobre quiénes reinarán, esa supuesta infinidad de cristianos que supuestamente han de alcanzar la “salvación”.

Pero retomando el tema central de esta escrito, estos colaboradores necesarios (una “gran muchedumbre” según las Escrituras), junto con aquellos que vayan resucitando durante el milenio, no adquirirán la “salvación”, eso es, el derecho a vivir eternamente, hasta que transcurran los mil años y enfrenten la prueba final con la suelta de Satanás, que sale “a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra”…… y si lo que les explicamos no fuera como se lo explicamos, ya nos contarán ustedes para qué serviría entonces el guardar a Satanás por mil años y el “show” que se montará al final de estos. Por lo tanto y resumiendo, excepto esos 144.000 gobernantes que adquirirán la inmortalidad en el mismo momento de su resurrección, cuya inmensa mayoría desaparecieron de la tierra hace más de 19 siglos y un pequeño resto de ellos aún está por aparecer, no existe entre la humanidad nadie ni vivo ni muerto, que tenga acceso a la “salvación” o a la vida eterna (que no inmortal y que esta es otra) hasta pasados los mil años del reino de Dios, les digan lo que les digan esa pandilla de “enteraos” que andan sueltos por ahí…… y estén “atentos a la pantalla”, porque en el próximo artículo les hablaremos de los “intríngulis” de dicha prueba final y a la que será sometida la humanidad, así como cosas relacionadas con la misma.

MABEL