miércoles, 5 de mayo de 2010

La conclusión del sistema de cosas

Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?” (Mat. 24:3).

Con esa pregunta, dio inicio una de las más grandes profecías que jamás se hayan pronunciado y en esta ocasión, directamente por boca del mismo Hijo de Dios, Jesús. Profecía que tendría su cumplimiento precisamente en nuestros días y de la que, como se suele decir, seríamos espectadores privilegiados, es más, tendremos acomodo en primera fila. Es de notar sin embargo, que ya bastante antes, Jesús había relacionado la expresión “conclusión del sistema de cosas” a una siega; y el tiempo de la siega por lo general y más en aquellos tiempos, producía gran gozo a medida que se cosechaba el fruto de meses de trabajo y se juntaba la producción para que hubiera provisión durante los meses futuros. Sin embargo, hay una siega figurada y que es a la que hizo referencia Jesús, que no solo producirá gozo a algunos, sino también horror y desesperación a otros muchos. Esta es una siega de alcance mundial y a ella se refirió Jesús, cuando declaró:

El campo es el mundo (……) La siega es una conclusión de un sistema de cosas.” (Mat. 13:38-39).

Cuando usted oye expresiones como “el fin del siglo”, “el cierre de la era”, “el fin del mundo” (según versiones) o como más acertadamente traduce la versión NM de los TJ “la conclusión del sistema de cosas” en ese pasaje de Mat. 24:3 citado ¿qué idea tiene de lo que sucederá? Note que Jesús, dio mucho énfasis al hecho de que habría un fin del presente sistema mundial con todas sus dificultades y se refirió a la siega, como la conclusión de un sistema establecido de cosas. La explicación de esta parábola o ilustración y de la que hemos adelantado una pequeña idea, la encontramos en Mat. 13:36-43 y nos dice así:

Luego, después de despedir a las muchedumbres, entró en la casa. Y sus discípulos vinieron a él y dijeron: “Explícanos la ilustración de la mala hierba en el campo”. 37 En respuesta dijo: “El sembrador de la semilla excelente es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; en cuanto a la semilla excelente, estos son los hijos del reino; pero la mala hierba son los hijos del inicuo 39 y el enemigo que la sembró es el Diablo. La siega es una conclusión de un sistema de cosas y los segadores son los ángeles. 40 De manera que, así como se junta la mala hierba y se quema con fuego, así será en la conclusión del sistema de cosas 41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y ellos juntarán de su reino todas las cosas que hacen tropezar y a los que cometen desafuero 42 y los arrojarán en el horno de fuego. Allí es donde será su llanto y el crujir de sus dientes. 43 En aquel tiempo los justos resplandecerán tan brillantemente como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, escuche.”

En esta explicación, él dijo que los ángeles serían los segadores y saldrían para efectuar una separación entre los inicuos y los justos; pero los ángeles nunca y de forma literal, han efectuado semejante tarea, ya que eso siempre lo han hecho los hombres, como lo demuestra la tarea emprendida por Jesús y sus seguidores. Y es que la expresión “ángel” significa literalmente “mensajero” y que es la labor que desempeña aquél o aquellos, que transmiten un mensaje divino y acción que como señaló más adelante el propio Jesús, tendría que ver con una gran predicación de las buenas nuevas del reino y de la que se habló en Mat. 24:14 y a continuación de la cual predicación, vendría “el fin”, o conclusión del sistema de cosas anunciado. Sin embargo, lo que dijo a sus apóstoles, fue que continuaran predicando todas las cosas que les había mandado y que él estaría con ellos hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mat. 28:20). Pero sus apóstoles murieron y la conclusión predicha del sistema de cosas, en esos momentos quedó reducida a la destrucción de Jerusalén en el año 70 y que efectivamente fue el final del sistema de cosas judío, porque a partir de ese momento llegaron incluso a desaparecer como nación. No obstante, esa predicación de Mat. 24:14, tenía un cumplimiento futuro, ya que fue una parte de la respuesta dada a sus apóstoles sobre las señales que marcarían su regreso a la tierra, hecho que precede al momento del fin del mundo (sociedad humana), tal como lo conocemos:

Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Pero quizás usted pregunte, cómo podemos identificar el tiempo de esa “conclusión del sistema de cosas” o “el tiempo del fin” y por qué debería interesarnos ahora; y siendo cierto que a muchos se les hace difícil imaginarse un cambio en el presente sistema de cosas en la Tierra, aparentemente tan bien establecido, sin embargo, es precisamente de esto de lo que Jesús habló. El enseño a sus discípulos que oraran pidiendo que el reino de Dios se estableciera en la tierra, que Su voluntad se hiciera en ella como en el cielo; y por supuesto, el que llegara a regir este reino con poder y autoridad, significaría un gran cambio en la historia de la humanidad. Y es que en Dan. 2:44, se predijo proféticamente que este reino trituraría y pondría fin a todos los otros reinos que existieran en todo el mundo en el “tiempo del fin” y que dicho reino, subsistiría para siempre. Luego nada que ver, con ser este reino una mera condición de corazón, como algunas religiones erróneamente afirman que es, sino que será algo muy real y que tendrá dramáticas consecuencias para los diversos sistemas de gobiernos establecidos por toda la tierra y de aquellos que los apoyan.

Por otra parte, no debería sorprender a nadie que la Biblia hable acerca de esto; porque ¿deberíamos pensar que Jehová Dios, el gran Creador, continuaría dejando que la Tierra fuera arruinada y estropeada, que Su Santo Nombre fuese vilipendiado y profanado, mientras la gente y ante la actual situación por la que pasa la humanidad, se pregunta y casi responsabilizando al propio Dios de los males que nos aquejan…… ¿por qué no hace algo Dios?; Si existe Dios ¿por qué no hace nada? ¿Se habrá muerto, quizás? Por otra parte ¿por qué debería el Creador del universo continuar dejando que Satanás, extravíe a la gente mediante una multitud de religiones falsas que enseñan doctrinas que no están en armonía con su voluntad y propósito? Y la realidad, es que en vez de dejar Dios que continúen esas condiciones, la Biblia muestra de forma clara que Jehová ha fijado un límite de tiempo y que ha determinado una conclusión o momento final, para este sistema de cosas:

El gran día de Jehová está cerca. Está cerca, y hay un apresurarse muchísimo de él. El sonido del día de Jehová es amargo. Allí un hombre poderoso da un grito. 15 Ese día es día de furor, día de angustia y de zozobra, día de tempestad y de desolación, día de oscuridad y de tenebrosidad, día de nubes y de densas tinieblas, 16 día de cuerno y de señal de alarma, contra las ciudades fortificadas y contra las elevadas torres de las esquinas. 17 Y ciertamente causaré angustia a la humanidad y ciertamente andarán como ciegos; porque han pecado contra Jehová. Y su sangre realmente será derramada como polvo y sus entrañas como el estiércol. 18 Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día del furor de Jehová; sino que por el fuego de su celo toda la tierra será devorada, porque él hará un exterminio, realmente uno terrible, de todos los habitantes de la tierra.” (Sof. 1:14-18).

Después de eso y mediante su reino, es su promesa el traer un sistema mejor con incalculables bendiciones a toda persona que ejerza fe en Él (Gén. 22:18). Mientras tanto ¿qué vemos a nuestro alrededor en todo el mundo? Pues toda clase de dificultades...... cada vez más crímenes y falta de honradez; muchos países padecen de forma aumentante grandes sequías, con sus inevitables secuelas de hambre y plagas, cuando no, desastrosas inundaciones con el inevitable de dolor y sufrimiento, por las pérdidas, sobre todo en vidas humanas; la gente sufre de enfermedades, vejez y muerte; brutales terremotos, tsunamis, constante aumento en el nivel del mar, huracanes y otros desmanes causados por un medio ambiente desmadrado y a lo que hay que sumar, entre otras cosas, los despropósitos de la inmoralidad humana, como violencia de todo tipo, abortos, matrimonios contra natura (hombres con hombres y mujeres con mujeres), divorcios, etc., etc. Por otra parte, las guerras causan estragos en muchos países, con su resultante pérdida de vidas y propiedad, derivando de ella, huérfanos lastimosos, viudas acongojadas y una larga lista de mutilados que han visto sus vidas arruinadas para siempre. Y en donde no hay guerras, la gente está atribulada por los impuestos elevados, viviendas deficientes, el desempleo, la inflación y muchos otros problemas. Y por otra parte y por si faltara algo, el riesgo de una inminente guerra de proporciones incalculables en Oriente Medio y que fácilmente podría degenerar en un conflicto de alcance mundial, con sus catastróficas consecuencias para la humanidad en general. Y eso no nos lo inventamos nosotros, esto lo puede leer, ver u oír, en los distintos medios de difusión a su alcance, todos los días.

Y sin embargo y aunque Jesús previó esas dificultades, oró confiadamente a su Padre celestial y enseñó a los cristianos que hicieran lo mismo, diciendo “hágase tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mat. 6:10), pero, ¿cómo llegará a suceder esto? No mediante una conversión general de alcance mundial, como algunos simplistas bien intencionados afirman, sino más bien, como dijo el apóstol Pedro, mediante la conclusión de este sistema de cosas y la introducción de “nuevos cielos y una nueva tierra” en los cuales la justicia habrá de morar (2 Ped. 3:13). Es interesante notar que exactamente la misma esperanza fue registrada por escritores inspirados en Isa. 65:17 y Rev. 21:1. Estos tres escritores bíblicos: Isaías, Pedro y Juan, fueron inspirados por Dios; de modo que tenemos la promesa positiva de Dios de que él va a establecer nuevos cielos y una nueva tierra (un nuevo sistema justo de gobernación, por medio de su reino) y Dios no miente (Tito 1:2).

Hay buena razón, por lo tanto, para regocijarse a causa de que se acerque este nuevo sistema, al tomar en cuenta las bendiciones y cambios provechosos que traerá a la humanidad. Como dice Sal. 37:9-11:

Porque los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. 10 Y solo un poco más de tiempo y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar y él no será. 11 Pero los mansos mismos poseerán la tierra y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.”

Solo Jehová Dios, la gran fuente de sabiduría y poder, puede efectuar esto; se le describe en la profecía de Daniel, como el “Anciano de Días”, el de mayor edad del universo, el único sin principio y sin fin, o sea, el único eterno. Y Él es el que da a su Hijo Jesucristo, la gobernación de este mundo:

Seguí contemplando en las visiones de la noche y, ¡pues vea!, con las nubes de los cielos sucedía que venía alguien como un hijo del hombre; y al Anciano de Días obtuvo acceso y lo presentaron cerca, aun delante, de Aquel. 14 Y a él fueron dados gobernación y dignidad y reino, para que los pueblos, grupos nacionales y lenguajes todos le sirvan aun a él. Su gobernación es una gobernación indefinidamente duradera que no pasará y su reino uno que no será reducido a ruinas.” (Dan. 7:13-14).

Extendiéndose por tanto, su gobernación hasta los cabos de la Tierra, no habrá más límites ni fronteras entre los países, divisiones tribuales o nacionales. Todos los humanos serán súbditos del Rey nombrado por Creador del Universo, con lo cual ya no habrá más división ni guerras bajo la gobernación del Príncipe de Paz. Condiciones de vida deficientes e injustas, ya no fomentarán revoluciones ni cambios traumáticos de gobierno, puesto que su gobernación será “indefinidamente duradera”, con paz abundante y seguridad para todas las personas.

Y hay que tener en cuenta que la paz, no es tan solo ausencia de guerra. Para que haya paz genuina y entre otros graves problemas, este nuevo sistema de cosas tendrá que promover la total erradicación de los barrios bajos y la pobreza que conllevan la falta de un trabajo digno. En este sentido, la profecía registrada en Isa. 65:21-22, dice que los que vivan en el nuevo sistema por venir, edificarán sus propios hogares y plantarán sus propios jardines (o huertos), no para que algún otro derive el provecho de su trabajo, sino para que ellos mismos disfruten de estas cosas con sus familias. Todos disfrutarán de salud perfecta y nunca más los habitantes de la Tierra dirán “…… estoy enfermo” (Isa. 33:24). De hecho, el hambre en el mundo dejará de ser un problema (Sal. 72:16) y aun la muerte dejará de ser una amenaza para la humanidad obediente (Rev. 21:4); y los que hayan muerto con anterioridad, serán resucitados de nuevo a la vida para recibir instrucción en justicia en una Tierra paradisíaca, teniendo en mira la posibilidad de alcanzar la vida eterna (Juan 5:27-28). También aquellas personas que sufren los estragos de la edad avanzada, verán como su cuerpo rejuvenece hasta alcanzar el pleno vigor de la juventud:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).

Aun los animales serán pacíficos y convivirán en paz con los hombres: ¡Imagínese un becerro y un león o una vaca y una osa paciendo juntos! Los padres no temerán si ven a su hijo jugar con un león o un leopardo. De hecho, el texto de Isaías 11:6-9 pinta a un lobo y un cordero viviendo juntos pacíficamente y a los niños de pecho jugando sobre el agujero de la cobra, “sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado”. Y con la garantía del propio Jehová, de que no harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda Su santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Su Santo Nombre, como las aguas cubren el mismísimo mar.

Con estas bendiciones procedentes de Dios, ya nadie preguntará ¿Quién es Jehová?”, como lo hizo Faraón de la antigüedad; más bien, el conocimiento de Jehová llenará la tierra como las aguas cubren el mar y toda la gente que viva en ese entonces, llegará a inclinarse delante de Él en adoración pura (Isa. 66:23); ciertamente nuestro Creador y mediante el instrumento del reino, en manos de su Hijo Jesucristo y asociados, hará nuevas todas las cosas (Rev. 21:5).

Pero quizás usted pregunte ¿cómo sabemos que estas cosas realmente vendrán…… que verdaderamente habrá una conclusión de este sistema impío de cosas? Bien, hay varias pruebas de las que nos habla la historia y que se han registrado algunos de esos acontecimientos, de cuando ciertos sistemas de cosas de tiempos anteriores terminaron y acontecimientos, que fueron representaciones típicas, que proféticamente señalaban a un tiempo futuro...... nuestro tiempo; pero veamos cómo nos lo resume Pablo:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4)

También tenemos el testimonio de Jesús y el de otros escritores inspirados tocante a la conclusión de este sistema y la cronología bíblica nos indica que se acerca rápidamente el fin de este viejo sistema que está bajo el poder del dios de este mundo, Satanás (Juan 14:30). Entre las muchas pruebas adicionales, se incluyen profecías bíblicas que ahora están cumpliéndose y el testimonio de líderes mundiales de nuestros tiempos que muestran preocupación aumentante en cuanto al sistema actual, al no ver salida de los problemas cada vez más insolubles y agobiantes de éste (Luc. 21:25:26). De modo que hoy esta pregunta que los discípulos le hicieron a Jesús es especialmente apropiada:

Dinos: ¿Cuándo serán estas cosas y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?” (Mat. 24:3).

Al dar respuesta a esa pregunta y en una amplia profecía para un futuro aún lejano, Jesús comparó su segunda presencia y el fin de este sistema, a los acontecimientos del día de Noé y que concluyeron con el diluvio (Mat. 24:36-39). En aquellos días la gente comía, bebía y se casaba, ajena a la advertencia de Noé, hasta que el diluvio los barrió a todos; Jesús y haciendo referencia a nuestros días, comentó:

“…… y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre.” (Versículo 39).

Con este paralelo, Jesús indicó que también tendría su final, no el mundo literal (el planeta Tierra), sino el grueso de la humanidad apoyadora del presente y caduco sistema de cosas, que comenzando después del diluvio y perpetuándose hasta nuestros días, finalizará en la “gran tribulación” y con el encarcelamiento de Satanás en el abismo (Mat. 24:21). Pero Jesús ya advirtió en cuanto a la importancia de estar alerta a este tiempo de cambio, ya que dijo que dos hombres estarían en el campo “uno sería tomado y el otro abandonado” (Mat. 24:40); por eso Jesús aconsejó:

Demuestren estar listos, porque a una hora que no piensan que es, viene el Hijo del hombre.” (Mat. 24:44).

No obstante, este pasaje no solo nos sirve de advertencia, sino también de esperanza, ya que siendo el caso que Noé y su familia sobrevivieron a través del fin cataclísmico de aquel sistema de cosas temprano, también eso tiene que tener su correspondencia en estos tiempos, por lo cual entendemos que hay fundada esperanza de sobrevivir al fin de este viejo orden. Porque si bien Jehová fijó un límite de tiempo para el fin del sistema inicuo que existía antes del Diluvio (Gén. 6:3), también hizo provisión para la protección de los que le servían en ese momento, mediante la construcción de un arca. Notamos que Noé halló favor a los ojos de Jehová, puesto que conservó una familia en seguridad, crió a sus hijos en justicia separados de la violencia que los rodeaba y como resultado, todos fueron salvados con sus esposas pasando vivos a través de aquel cataclismo.

Luego para ser sobrevivientes del fin de este sistema de cosas en nuestro día, es preciso que tengamos presentes las palabras de advertencia de Jesús y sigamos el ejemplo fiel de Noé. Éste se apegó con firmeza a la dirección dada por Jehová y se convirtió en un ejemplo amonestador para su generación, al tiempo que no se abstuvo de advertir de las cosas por venir y eso es lo que tiene que hacer hoy, todo aquel que desee sobrevivir a esta nueva debacle a la que se enfrenta el mundo (2 Ped. 2:5). Es preciso que entremos en el sistema de cosas cristiano, que fue representado por el arca; porque si el Arca en su momento significó un lugar de salvación, lo mismo ocurre ahora con el verdadero cristianismo y no se olvide que ser cristiano, no es otra cosa que ser seguidor de Cristo…… no de una u otra organización religiosa de hechura humana, como tampoco de algún iluminado que vaya haciendo ostentación de un supuesto “ungimiento” como Hijo de Dios y que nos pretenda engañar con sus enseñanzas apartadas de la verdad contenida en la Palabra de Dios.

Este salvador sistema cristiano, empezó a ser edificado por Jesús y ha reemplazado al sistema de cosas mosaico que terminó legalmente cuando este aplicó el valor de su muerte en el madero de tormento (Col. 2:14) Este sistema cristiano incluye la adoración pura de Jehová, siguiendo las normas elevadas de la conducta cristiana que Jesús promulgó, como el ser fiel a tu cónyuge, la honradez en toda ocasión, el ser personas pacíficas y como no, el mostrar los frutos del espíritu de Dios, entre otras muchas cosas. Significa cooperar en la edificación de este sistema cristiano tal como los hijos de Noé ayudaron a construir el arca, mostrándose en todo tiempo separado de este inicuo sistema impío y apartado de Jehová. Nadie puede esperar ser preservado a través del fin de este sistema, a menos que muestre estar sujeto al sistema cristiano y de dar adelanto a sus intereses (Mat. 6:33), al grado que le sea posible.

Jesús también profetizó, de forma paralela, el fin del sistema de cosas judío que existía en su tiempo (Mat. 23:37-38) y que había comenzado más de quince siglos antes, cuando Jehová dio la Ley a los israelitas en el monte Sinaí, siendo que dicho sistema judío abarcaba el Pacto de la Ley con su sacerdocio, sacrificios, adoración en el tabernáculo o templo y fiestas, así como también un sistema organizado nacional en que estaba envuelto un rey humano y su correspondiente gobierno. Llegó a su fin legal en 33 E.C. cuando el establecimiento del nuevo pacto hizo anticuado al pacto antiguo (Heb. 8:13); y sin embargo y como muestra la historia, Israel lejos de tomar nota de dicha circunstancia, rechazó al Mesías enviado por su Dios Jehová y continuó practicando los diversos arreglos sacerdotales y sacrificiales bajo el Pacto de la Ley hasta 70 E.C., cuando los romanos finalmente capturaron y destruyeron a Jerusalén…... en fiel correspondencia a las palabras de Jesús “Miren, su casa se les deja abandonada a ustedes” (Luc. 13:35).

Este acontecimiento, como en el caso de Noé, es de interés particular para nosotros debido a que en aquel entonces, también algunos judíos fueron sobrevivientes del fin de un sistema de cosas, ya como cristianos. Ellos habían reconocido y aceptado, el fin legal de aquel sistema de cosas bajo la Ley y que un nuevo arreglo o sistema se había hecho posible mediante la muerte, resurrección y ascensión al cielo de Jesucristo. Comprendieron que tenían un nuevo mediador, un nuevo pacto y una nueva relación con Dios mediante Jesucristo; por lo tanto, prestaron atención a la advertencia de Jesús acerca de echar a huir a las montañas cuando vieran a Jerusalén cercada de ejércitos acampados (Luc. 21:20-22). Por eso, cuando los romanos se retiraron después de rodear inicialmente la ciudad en 66 E.C., los que tenían puesta su fe en las palabras de Jesús y que reconocían que el sistema cristiano estaba en vigor, aunque el sistema judío todavía funcionaba exteriormente, salieron de Jerusalén y huyeron lo más lejos posible, mostrando fe y perseverancia hasta que Jerusalén fue arrasada en la terrible matanza del año 70 E.C.

Su huida a las montañas y su permanencia en Pela de Perea hasta que se cumplió la profecía de Jesús, puede asemejarse a la huida a la seguridad de los cristianos de la actualidad, que lejos de seguir doctrinas falsas de organizaciones llamadas cristianas, tendentes a la confusión y dispersión, se han apegado a la sana enseñanza de las Escrituras y permiten que estas dirijan sus vidas. Ellos no se dejan envolver en las falsas promesas de este sistema de cosas actual con su política y conjuntos de religiones falsas y han optado por huir al lugar de protección que ha provisto Jehová: la plena y total confianza en Él y en sus promesas, a través de las Escrituras:

El nombre de Jehová es una torre fuerte. A ella corre el justo y se le da protección.” (Prov. 18:10).

Así como las palabras proféticas de Jesús resultaron veraces en cuanto a Jerusalén, podemos estar seguros de que su profecía acerca de la “conclusión del sistema de cosas” también ha de ser veraz, puesto que estas palabras “fueron escritas para amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado” (1 Cor. 10:11). Por eso considere ahora, cómo la respuesta de Jesús a la pregunta de los apóstoles acerca de la señal de su presencia, nos ayuda a identificar con seguridad los tiempos que marcan el fin de este sistema. Para subrayar su importancia, se registraron en la Biblia diversos rasgos de dicha señal, en los capítulos 24 y 25 de Mateo; el 13 de Marcos; el 21 de Lucas; el 3 de 2 Timoteo y el 6 de Revelación. Probablemente nosotros hoy en día, somos parte de esa generación que tendrá que experimentar dichos angustiosos tiempos, de hecho las circunstancias nos señalan la evidencia de que ya estamos inmersos en ellos. Y es que hoy por todos lados, vemos el fruto de la incompetencia del ser humano en su intento de auto gobernarse y la Tierra dista mucho de ser aquel paraíso que Jehová se propuso en un principio. Seguramente a no tardar, dará inicio la última gran predicación profetizada por Jesús en Mat. 24:14, en donde las personas deberán de decidir a favor de quién se pondrán: si del gobierno mundial de hechura humana auspiciado por Satanás, próximo a emerger y encabezado por el “anticristo”, o del heredero legal del reino de Dios establecido aquí en la Tierra, Jesucristo...... dilucidada dicha cuestión y como dice el texto, “entonces vendrá el fin.”

Jesús predijo que debido a dicha intensa predicación de las buenas nuevas del reino de Dios, aunada al odio contra los que las predicaran, que el amor de muchos a Dios se enfriaría y que se levantarían falsos profetas. Advirtió del establecimiento de algo repugnante a la vista de Dios que causaría desolación; subrayó que habría un tiempo de dificultad mayor que cualquier otro, desde el principio del mundo hasta aquel tiempo y cualquiera que sucediera después de eso (Mat. 24:6-21). Y a usted, querido lector, le ha tocado vivir en esos días, pero no obstante y si ya está barruntando en cuál es la dirección correcta, le aplican las siguientes palabras:

Pero al comenzar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen la cabeza, porque su liberación se acerca.” (Luc. 21:28).

¿Y qué hacer para tomar esa dirección correcta? Pues si nos permite la sugerencia, continúe leyéndonos y comprobando cuidadosamente que lo que le decimos, encaja perfectamente con lo que usted lee y entiende en su propio ejemplar de las Escrituras. Si así lo hace, usted podrá ver y lo que es más importante, podrá sobrevivir, a la conclusión de este sistema de cosas.

MABEL

domingo, 2 de mayo de 2010

¿Es usted una persona “deseable”?

Y ciertamente meceré todas las naciones y las cosas deseables de todas las naciones tienen que entrar; y ciertamente llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Ageo 2:7).

Así dice una profecía registrada en las Escrituras señalando a tiempos futuros y que dicho sea de paso, parece ser que ya los tenemos aquí. Sin embargo, hay que reconocer que existe cierta confusión, cuando no autentica contradicción entre los estudiosos, acerca del sentido correcto en este pasaje en cuanto a la expresión “las cosas deseables de todas las naciones.” Los propios y diferentes traductores, coinciden en que el sentido de antiguos manuscritos llegados hasta nosotros, acerca de este texto, es muy confuso y ambiguo.

Ahora bien, está claro que lo que ha llegado hasta nuestras manos, de ninguna manera son los escritos originales de las Escrituras, sino copias de otras copias, que a su vez procedían de más copias de otras copias.….. en fin, para que continuar. Luego y teniendo en cuenta que el libro de Ageo se completó aproximadamente en 520 a.E.C., nos podemos hacer una idea de la cantidad de veces que ha tenido que ser copiado a mano (el uso de la impresión no se utilizó hasta 1.500 E.C.) y de la facilidad, con que se pudieron cometer involuntarios errores de transcripción. Hasta el uso de la imprenta en Europa, como hemos señalado, los libros eran difundidos a través de las copias manuscritas de monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. Tengamos en cuenta por otra parte y que pesar de lo que se pueda creer, no todos los monjes copistas sabían leer y escribir. Meramente realizaban la función de copistas, o sea, imitadores hábiles de signos y siendo el caso, que en muchas ocasiones no entendían lo que copiaban, lo cual era fundamental y muy conveniente, para copiar libros prohibidos (en su día, la Biblia era uno de ellos) que hablasen de medicina interna, de sexo o de alguna otra materia prohibida, sobre todo para aquellas personas o entidades que encargaban el trabajo y que no deseaban la divulgación de dicho contenido. Pero claro, ello conllevaba el riesgo de que ante el desconocimiento, una pequeña alteración en un signo determinado, sin importancia para el copista de turno, con el tiempo y a través de más copias de estas copias, se llegara al extremo de incluso alterar el sentido o significado de una frase entera.

Por ello y puesto que si bien el sentido de una frase, de un texto bíblico en el caso que nos ocupa, sí podía ser alterado, lo que no podía serlo de ningún modo era el contexto general de las Escrituras, porque de lo contrario ya no estaríamos hablando de la Biblia, sino de otra cosa. Por ello entendemos que lo que puede dar el verdadero sentido a dicho pasaje, es considerarlo a la luz de ese contexto general y al hacerlo así, lo que nos sale como el contenido más lógico y razonable, por lo menos nos parece a nosotros, es lo que hemos transcrito al principio de este escrito. Ya aceptado este extremo y para aquellos que obviamente lo acepten, pasemos al asunto que nos ocupa: ¿por qué ser deseable?

Es sabido que el mundo en el que vivimos, tiene sus propias normas por medio de las cuales juzgar si una persona es deseable o no. Y a menos que usted sobresalga en la política o en los deportes, en el arte, en las riquezas o en el campo de la diversión, no es demasiado probable que el mundo lo considere como algo deseable. Pero en fin, no deje que eso le preocupe. Cuando Jesucristo, el Hijo de Dios, estuvo en la Tierra, los hombres tampoco lo consideraron deseable, cosa que ciertamente, ya se sabía de antemano:

Y él subirá como una ramita delante de uno y como una raíz de tierra árida. No tiene forma regia, ni ningún esplendor; y cuando lo veamos, no hay la apariencia que haría que lo deseáramos. 3 Fue despreciado y fue evitado por los hombres, un hombre que era para dolores y para estar familiarizado con la enfermedad. Y hubo como si fuera el ocultar uno su rostro de nosotros. Fue despreciado y lo consideramos como de ninguna importancia.” (Isa. 53:2-3).

Y sin embargo, era el mismísimo hijo de Dios. No obstante, lo que vale a efectos prácticos, no es que usted sea deseable a los hombres, sino que usted sea deseable a su Creador, Jehová Dios, porque es de Él y no de otros, de quién usted recibirá bendiciones en un futuro ya inmediato, si es considerado como tal. Pero, ¿puede una criatura humana, débil e imperfecta, realmente parecerle deseable al magnífico Creador del universo?...... ciertamente puede. Y si esa idea le parece a usted, difícil de creer, entonces note lo que la Biblia, citando de las palabras de un ángel o mensajero de Dios, dice acerca del profeta Daniel:

Oh Daniel...... yo mismo he venido a dar informe, porque eres alguien muy deseable”...... “Oh Daniel, hombre muy deseable”...... “No tengas miedo, oh hombre muy deseable”.” (Dan. 9:22-23; 10:11, 19).

Así, a Daniel se le describe tres veces no solo como deseable, sino “muy deseable. (Otras traducciones vierten “muy amado” o “muy preferido”). Luego, ¿qué fue, lo que hizo a Daniel una persona tan deseable a los ojos de Dios? Evidentemente no fue su apariencia personal, ni fue su erudición (aunque tuvo una educación muy esmerada), porque Dios y a diferencia del ser humano, no juzga por la apariencia exterior, sino por el corazón. Él mismo aclaró esto cuando en una ocasión le dijo a su profeta Samuel y en ocasión de la elección de David como rey:

No de la manera que el hombre ve es la manera que Dios ve, porque el simple hombre ve lo que aparece a los ojos; pero en cuanto a Jehová, él ve lo que es el corazón.” (1 Sam. 16:7).

Y Daniel, obviamente, tenía un buen corazón; y el buen corazón de Daniel se manifestó en su genuina honradez, en su rectitud de comportamiento. Aunque ocupaba un puesto gubernamental muy encumbrado, no lo explotó para provecho propio y egoísta, siendo en vano que sus envidiosos enemigos trataran de hallar alguna falta contra él, pues leemos:

No había pretexto ni cosa corrupta alguna que pudieran hallar, puesto que él era digno de confianza y no se hallaba en él ninguna negligencia o cosa corrupta.” (Dan. 6:4).

¿Verdad que nos gustaría que de nosotros, se escribiera algo parecido? Pues si queremos ser personas a quienes Dios halle deseables, nosotros también, tenemos que guardar nuestro corazón y vivir irreprochablemente, como lo hizo Daniel (Pro. 4:23).

Otra manera en la cual Daniel sin duda, se hizo muy deseable, fue alabando a Dios. Le interesaba y amaba intensamente el nombre de Dios, por ello cuando Este contestó su oración, revelándole el sueño de Nabucodonosor y su interpretación, Daniel dijo:

Que el nombre de Dios llegue a ser bendito de tiempo indefinido aun a tiempo indefinido, porque la sabiduría y el poderío... porque pertenecen a él.” (Dan. 2:20).

Y cuando le contó a Nabucodonosor el sueño y su significado, Daniel dio énfasis al hecho de que solo era Dios el que podía revelar estas cosas (Dan. 2:28). Además, es patente que Daniel en todos sus caminos tomaba en cuenta a Jehová (Pro. 3:6) y una de las maneras en que hizo esto, fue mediante sus oraciones. Cuando afrontó la amenaza de ejecución si no podía interpretar el sueño de Nabucodonosor, lo primero que Daniel hizo fue dirigirse a Dios en oración (Dan. 2:18); y Daniel continuó fiel en su orar, aun a riesgo de su vida (Dan. 6:10-11). Ciertamente, eso lo hizo muy deseable a la vista de Dios.

Si queremos ser personas deseables a Jehová, también tenemos que interesarnos intensamente en la honra y el nombre de Dios y apreciar el privilegio precioso de la oración. Como nos aconseja el apóstol Pablo, debemos “persistir en la oración” y “orar incesantemente.” (Rom. 12:12; 1 Tes. 5:17). Otra cosa que también hizo que Daniel se hiciera deseable, fue el confiar plenamente en Jehová y Este, tiene en gran estima a las criaturas suyas que hacen esto. La confianza que Daniel tenía en Jehová era tal, que estuvo dispuesto a arriesgarse a ser arrojado al foso de los leones y por eso, debido a que confió en Dios, fue librado de una muerte segura, tal como leemos:

Daniel fue alzado del foso y no se halló ningún daño en él, porque había confiado en su Dios.” (Dan. 6:23).

De manera semejante, si su deseo es que Jehová Dios lo halle deseable, usted tiene que confiar en él aunque su vida pareciera estar bajo amenaza. Como lo expresa el apóstol Pablo, usted debe de tener una actitud de buen ánimo y también decir:

Jehová es mi ayudante; no tendré miedo. ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Heb. 13:6).

Si su manera de proceder en la vida es irreprochable, si se interesa intensamente en alabar a Jehová y honrar su nombre, si toma en cuenta a Dios en todos sus caminos, persistiendo en la oración y si usted confía tanto en Dios que no teme lo que el hombre pueda hacerle, entonces usted, también, llegará a ser una persona verdaderamente deseable a Dios. Y así, solo así, se le podrá contar entre las “cosas deseables” a las cuales nos hemos referido al inicio de este artículo, al citar de Ageo 2:7.

Hoy, como resultado de la difícil situación por la que está atravesando el mundo, en todos sus aspectos, se pudiera decir que Jehová Dios está meciendo a las naciones. Sin embargo, el momento en que usted tendrá que poner de manifiesto su condición de persona deseable o no, aún no ha llegado. Antes tienen que producirse cambios dramáticos en esta tierra y que ya se están gestando, así como una gran predicación a escala mundial, aún por efectuarse, momento en el que uno sí realmente tendrá que decidir del lado de quién está:

Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mat. 24:14).

El mensaje de los juicios de Dios a una humanidad corrupta y alejada de ÉL, pronto se pregonarán para consternación a las naciones, pero sin embargo y al mismo tiempo, esa predicación conseguirá que los amadores de Dios que son de corazón sincero y honrado, se identifiquen como “cosas deseables.” De hecho, por sacudimiento serán sacados de entre las naciones y serán recogidos en una “gran muchedumbre” que sobrevivirá a la “gran tribulación” final (Mat. 24:21; Rev. 7:9; 14). Sí, Jehová tiene grandes bendiciones para esas personas “deseables” y que se realizarán cuando el Reino de Dios, ese reino que Jesús nos enseñó a pedir en la oración modelo del Sermón del Monte (Mat. 6:9-13), conocida como el Padrenuestro y al que muy pocas personas hacen caso (si es que siquiera saben de dicho reino), sea instaurado aquí en la tierra para bendición de la humanidad obediente.

El fiel profeta Daniel y por su conducta ejemplar ante su Creador, al final de sus días recibió la siguiente promesa:

Y en cuanto a ti mismo, ve hacia el fin; y descansarás, pero te pondrás de pie para tu porción al fin de los días.” (Dan. 12:13).

Efectivamente, querido lector, Daniel recibió la promesa divina de ser levantado de nuevo a la vida, en un mundo muy distinto del que él y nosotros hemos conocido. Un mundo en donde la paz será la constante; un mundo sin enfermedades, vejez ni muerte; un mundo en donde la justicia residirá de forma permanente y en el que se gozará de un medio ambiente limpio, restaurado, ajustado perfectamente a nuestras necesidades. Un mundo, en el que usted puede estar y fíjese bien, sin necesidad de tener que experimentar la muerte. Pero, ¿realmente puede ser eso así?, quizás se pregunte. Y claro que puede ser así, de lo contrario no se lo diríamos; continúe leyendo por favor.

En la actualidad, estamos literalmente viviendo los últimos estertores de una sociedad humana violenta y corrupta, alejada voluntariosamente de su Creador y que se está encaminando rápidamente hacia su destrucción, en una confrontación directa con Jehová Dios en lo que se conoce como la Batalla de Armagedón. Usted puede leerlo en el último libro de la Biblia, conocido como Apocalipsis o Revelación, según traducciones. En su capítulo 16, verso 16, usted puede leer lo siguiente: “Y los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Har-Magedón.” ¿Y a quiénes se reúne en este lugar? Pues al conjunto de ejércitos de la humanidad rebelde e instigados por Satanás, el actual gobernante de este mundo (2 Cor. 4:4) y en franca oposición a los ejércitos celestiales dirigidos por el Rey nombrado por Jehová, ya en funciones, Jesucristo y sus gobernantes asociados; léalo usted mismo:

Y vi a la bestia salvaje y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer la guerra contra el que iba sentado en el caballo y contra su ejército.” (Rev. 19:19).

En cómo acaba esta batalla, lo puede averiguar en los versículos siguientes al que le acabamos de transcribir y ya nosotros le hemos explicado, que usted puede sobrevivir a estos acontecimientos pasando con vida y sin tener que experimentar la muerte, a través de los mismos...... mejor dicho, se lo dice su propio Creador a través de Su Palabra escrita, la Biblia. Fíjese que se nos dice en Rev. 7:9-17:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos. 10 Y siguen clamando con voz fuerte y dicen: “La salvación se la debemos a nuestro Dios, que está sentado en el trono y al Cordero (…..) 13 Y en respuesta, uno de los ancianos me dijo: “Estos que están vestidos de la larga ropa blanca, ¿quiénes son y de dónde vinieron?”. 14 De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios; y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo; y El que está sentado en el trono (y en señal de aprobación) extenderá su tienda sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni tendrán más sed, ni los batirá el sol ni ningún calor abrasador, 17 porque el Cordero, que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Acotación nuestra).

Nosotros, querido amigo/a que tiene la amabilidad de seguirnos en nuestros contenidos, le rogamos que lea de nuevo esa porción que le acabamos de transcribir y si puede ser directamente de su propio ejemplar de las Escrituras, mucho mejor. Y cuando lo haya hecho y después de meditarlo un poco, respóndanos una pregunta, por favor...... ¿cree usted, que vale la pena imitar el ejemplo de Daniel?

MABEL

viernes, 30 de abril de 2010

La oración

Algo evidente en el ser humano, es que está hecho para comunicarse. Y cuando la comunicación trasciende del ámbito humano, en una forma más elevada de comunicación, o sea, cuando nos dirigimos a nuestro Creador, a eso se le llama oración. Tanto es así, que no hay organización religiosa en el mundo y ya sea, de la orientación que sea, que no tenga esa actividad como fundamento de su razón de ser; de hecho, las organizaciones religiosas han sido concebidas para, supuestamente, ayudarnos a alcanzar una buena relación con nuestro Creador, le den el nombre que le den. En todo caso, facilitarnos el medio para acceder a una fuente de ayuda superior y más elevada que el hombre y siendo el camino para ello, la oración...... y siendo esto así, lo razonable sería preguntarnos ¿qué es la oración?

Esta pregunta es muy interesante, dado que hemos dicho que es el instrumento que nos acerca a Dios, luego uno no puede menos que pensar, que como en todos los órdenes de la vida, habrá alguna fórmula apropiada para ello. Y puesto que es el único medio que tiene el ser humano para acercarse a su Creador, deberíamos de averiguar qué requisitos, si los hubiera, son necesarios para que nuestra oración tenga los resultados que deseamos, o sea, que sea escuchada. Por lo tanto y analizando debidamente la cuestión, nos daremos cuenta que en la inmensa mayoría de religiones, sean las llamadas “cristianas” o las llamadas “paganas” y todo, según desde el lado que uno se lo mire, la oración se circunscribe a una serie de frases repetitivas, escritas en algún “libro de oraciones” o devocionario y que se recitan de forma insulsa, monótona, monocorde.

Tan eso es así, que hasta lo que ha sido considerado como la oración modelo, dada por Jesús en el llamado Sermón del Monte (Mat. 6:9-13), se ha convertido en un mero instrumento repetitivo sin ningún sentido. Por ejemplo y dentro de la Iglesia Católica es costumbre, por lo menos lo era en mi juventud, que después del “sacramento” de la confesión, la penitencia impuesta para la remisión de los “pecadillos” de uno fuera la de rezar, por ejemplo, diez Padrenuestros, cinco Ave María y algún par de Credos. En eso quedo dicho modelo y lo que demuestra, que no se han enterado de lo que Jesús quiso enseñar, porque la Biblia o Palabra de Dios, no enseña para nada el uso de esta fórmula repetitiva, sino muy al contrario, fue criticada por el propio Hijo de Dios cuando estuvo aquí en la Tierra:

Mas al orar, no digas las mismas cosas repetidas veces, así como la gente de las naciones, porque ellos se imaginan que por su uso de muchas palabras se harán oír.” (Mat. 6:7).

Y es que lo que Jesús propuso a continuación, al enseñarnos como orar, era que nosotros y no otros, determináramos qué decirle a Dios, o sea, que de sus palabras no se puede deducir, que necesitemos de alguien que por medio de algún libro de oraciones o algo parecido, nos “guie” acerca de qué es apropiado o no, decirle a Dios. Pero ahora bien, dado que hay tanta “información” de cómo dirigirse al Altísimo...... ¿será que eso es muy complicado, lo de dirigirnos a Dios? ¿Cómo hacerlo? Veamos.

En el registro bíblico, tenemos ejemplos de cientos de oraciones que hombres que amaban a Dios, usaron para dirigirse a Él; el mismo Jesús, fue el máximo exponente y mayor ejemplo en esta cuestión. Ahora bien, ¿qué es lo que notamos ahí? ¿Un conjunto de frases repetidas monótonamente o por el contrario, palabras sinceras salidas de un corazón agradecido o dolido, según fuera el caso? Tomemos como ejemplo, la oración de dedicación del templo de Jerusalén, pronunciada por el rey Salomón y registrada en el libro de 2 Cró. 6:12-42 y que es una hermosa oración, de la que podemos tomar ejemplo, no de su extensión ya que eso depende de cada cual, pero sí como de unas palabras sinceras salidas de un corazón agradecido: eso, era una oración. Pero ¿le agradó al Altísimo esa manera de orar, o sea, de dirigirse a Él?...... veamos como respondió Jehová:

Ahora bien, tan pronto como Salomón acabó de orar, el fuego mismo bajó de los cielos y procedió a consumir la ofrenda quemada y los sacrificios y la gloria misma de Jehová llenó la casa. 2 Y los sacerdotes no pudieron entrar en la casa de Jehová porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. 3 Y todos los hijos de Israel estuvieron de espectadores cuando el fuego bajó y la gloria de Jehová estuvo sobre la casa, e inmediatamente se inclinaron rostros a tierra sobre el pavimento y se postraron y dieron gracias a Jehová, “porque él es bueno, porque su bondad amorosa es hasta tiempo indefinido.”(2 Cró. 7:1-3).

Sí, a Jehová le agradó esa forma de orarle ¿va entendiendo, que es en realidad una oración, querido lector/a? Sin embargo, sí hay algunas cosas a tener en cuenta, pero veamos cómo nos lo explicó el escritor del libro de Hebreos:

Y sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebr. 11:6).

Si usted reúne esos requisitos, está en el buen camino para acceder ante el trono de bondad inmerecida de Jehová y establecer una buena relación con su Creador. Y en nuestro deseo de ayudarle, en el caso de que lo necesite, permítanos unos pequeños apuntes que esperamos que le sean útiles.

En primer lugar, recuerde que orar, es hablar humildemente con Dios y que hay que hacerlo con regularidad: vea el consejo inspirado del apóstol Pablo: “Orad constantemente.” (1 Tes. 5:17). ¿Por qué? Pues porque si lo hacemos así, nos sentiremos más allegados a Él, a la manera de un amigo muy querido, amigo que nunca te falla y que tanto en la alegría como en la tristeza, siempre está a tu lado...... y es que aunque Jehová es Infinito y Todopoderoso, escucha nuestras oraciones. Vea como el rey David, un hombre que lo conocía mucho, lo definió:

Oh Oidor de la oración, aun a ti vendrá gente de toda carne.” (Sal. 65:2).

Y fíjese que, aunque Jehová en innumerables ocasiones ha delegado en otros el llevar a cabo su voluntad, no es así en el caso de la oración, sino que es Él, quién oye su oración directamente, pues no tiene intermediarios. Otra cosa es, que tenga un mediador entre Él y nosotros y por medio de cuyo sacrificio, se nos hace accesible el llegar ante su presencia por decirlo así, pero eso es otro asunto; pues si bien Jesucristo, actuando de mediador, le permite acceder (figurativamente hablando, por supuesto) ante la presencia del Ser más Excelso del Universo, el que le tiene que contarle sus cosas a Jehová, es usted...... por lo que su oración, le llega directamente a Dios; por lo tanto ¿ora usted a Dios, regularmente? O mejor dicho ¿habla usted a diario con su Creador? Por otra parte y dado que la oración es parte de nuestra adoración y Jehová no comparte su Gloria con otros dioses, solo a Él deberíamos de dirigirnos; notemos cómo nos lo explica el propio Jehová:

No debes hacerte una imagen tallada ni una forma parecida a cosa alguna que esté en los cielos arriba o que esté en la tierra debajo o que esté en las aguas debajo de la tierra. 5 No debes inclinarte ante ellas ni ser inducido a servirlas, porque yo Jehová tu Dios soy un Dios que exige devoción exclusiva…...” (Exo. 20:4-5).

Por eso, nuestras oraciones, únicamente deben de dirigirse a Jehová Dios; observen que cuando Jesús estuvo en la Tierra, siempre oraba a su Padre, a nadie más. Luego nosotros y puesto que la oración forma parte de la adoración a Dios, hemos de hacer lo mismo, si tomamos a pecho, unas palabras que Jesús dirigió a un ser que pretendía apartarle de adorar a Dios:

Entonces Jesús le dijo: “¡Vete, Satanás! Porque está escrito: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado.” (Mat. 4:10; 6:9.)

Ahora bien, requisito indispensable para que su oración sea acepta y llegue a donde tiene que llegar, es que debe de dirigir su oración a Jehová, siempre en el nombre de Jesucristo:

Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los nombré para que vayan adelante y sigan llevando fruto y que su fruto permanezca; a fin de que sin importar qué le pidan al Padre en mi nombre, él se lo dé a ustedes.”

Así además, queremos indicar que respetamos la posición de Jesús y que tenemos fe en su sacrificio de rescate. (Juan 14:6; 1 Juan 2:1-2).

Luego lo que está claro, es que cuando oramos a Dios, debemos hablarle desde el corazón y no debemos recitar nuestras oraciones de memoria ni leerlas de un devocionario (Mat. 6:7-8). Sin embargo, lo que no es necesario es el adoptar alguna posición determinada, ya que podemos hacerlo de cualquiera y siempre que sea respetuosa, en cualquier momento y en cualquier lugar...... y es que Dios oye hasta las oraciones que hacemos en silencio, en lo más recóndito de nuestro corazón; veamos un ejemplo:

“Y sucedió que, mientras ella oraba prolongadamente delante de Jehová, Elí estaba observándole la boca. 13 En cuanto a Ana, ella estaba hablando en su corazón; solo sus labios temblaban y no se oía su voz.” (1 Sam. 1:12-13).

Y podríamos citar otro caso, en el que un siervo de Jehová, Nehemías y que estaba como copero al servicio del rey persa Artajerjes, quien un día y al verle, se dio cuenta de que Nehemías estaba cariacontecido, por lo que exigió respuesta acerca de lo qué le sucedía. Nehemías le reveló el motivo de su preocupación: el lamentable estado de Jerusalén y cuando el rey le preguntó qué intentaba conseguir, inmediatamente oró a Jehová en su corazón y solicitó permiso al rey para regresar y reedificar Jerusalén...... y su oración fue escuchada y el rey accedió a la petición formulada (Neh. 2:1-9). Y sería bueno también y al grado que nos sea posible, que hagamos nuestras oraciones personales en un lugar tranquilo y aislado de otras personas (Mar. 1:35)...... y no olvide nunca, que se está dirigiendo al Ser más Excelso y encumbrado del Universo: Jehová Dios. Pero ¿sobre qué asuntos puede usted orar?

Evidentemente sobre cualquier cosa que pudiera tener efecto en su amistad con Él (Fil. 4:6-7), pues la oración que Jesús nos dejó como modelo, nos muestra una pauta a seguir: debemos orar por ejemplo, a favor de la vindicación del nombre y el propósito de Jehová; también podemos pedirle que satisfaga nuestras necesidades materiales, que perdone nuestros pecados y que nos ayude a resistir las tentaciones (Mat. 6:9-13). Todas esas cosas las necesitamos, pero..…. ¿tiene usted en este momento, algún problema que le perturbe? Pues bien, ya tiene ahí un tema de conversación con su Creador; ahora bien, no permitamos que nuestras oraciones sean egoístas, pues solo debemos pedir cosas que estén en armonía con la voluntad de Dios (1 Juan 5:14). Por ejemplo, que le pidamos por nuestro sustento diario, al tiempo que hacemos todo lo posible por nuestra parte para conseguirlo, entra dentro de lo razonable...... pero el pedirle, por ejemplo, que nos toque la bonoloto o una lotería para aliviar nuestra economía y darnos cierto desahogo, pues que quiere que le digamos, pero no parece ser demasiado apropiado y acorde con su voluntad ¿no cree usted? Ahora bien ¿cuándo debemos orar? ¿Solo cuando necesitemos de su ayuda?

No necesariamente, pues usted puede orar siempre que su corazón le motive a dar gracias a Dios o a alabarlo (1 Cró. 29:10-13); no deje de orar tal y como le hemos dicho, cuando tenga problemas y su fe se vea sometida a prueba (Sal. 55:22; 120:1). Por otra parte, también sería apropiado y si el ambiente o circunstancias lo permiten, orar antes de las comidas (Mat. 14:19), pues recuerde que Jehová nos invita a que oremos “en toda ocasión” (Efe. 6:18). Sin embargo, no haga de ese tipo de oración un rito, o sea, que no pueda comer tranquilo si no lo ha llevado a cabo y como si le faltara algo, pero que su motivación, no sea fruto de un sincero agradecimiento a Jehová...... eso, no le valdría para nada.

Y si nos hemos equivocado gravemente o dicho de otra manera, hemos cometido un pecado grave, tenemos que orar sin falta y rogar a Jehová que nos muestre misericordia y nos perdone; no se retraiga de ello por el peso del pecado cometido, pues nunca olvide, que Dios está “listo para perdonar” (Sal. 86:5), siempre y cuando, le confesemos nuestros pecados y hagamos todo lo posible, por no volver a cometerlos:

Porque tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar; y la bondad amorosa para con todos los que te invocan es abundante.” (Prov. 28:13).

Pero ¿escucha Dios todas las oraciones, vengan de quién vengan? Vamos a ver, de entrada, Jehová solo escucha las oraciones de los justos (Prov. 15:29). Por lo tanto, para que Dios escuche sus oraciones, usted debe esforzarse al máximo por vivir en conformidad con Sus leyes y disposiciones reglamentarias expuestas en su Palabra y para ello, evidentemente, tiene que conocerlas (Prov. 28:9; 2:1-5) y lo cual implica un sincero esfuerzo, por aprender lo que se nos dice en Su Palabra, la Biblia...... y cuando ore, no se olvide nunca de a Quién se está dirigiendo, por lo tanto, debe hacerlo con humildad (Luc. 18:9-14). Por otra parte, sus obras tienen que respaldar lo que pide en oración; solo así demostrará que tiene fe y que ora con sinceridad por aquello que solicita...... solo entonces contestará Jehová sus oraciones (Hebr. 11:6).

Y en fin, querido amigo o amiga que nos lee, eso solo han sido unas pequeñas pinceladas de por dónde van las cosas, pero permítanos una pequeña observación: todo esto que usted ha leído, solo le será útil, si contrasta cada uno de los textos que le hemos citado, con la traducción de que disponga en este momento y se asegure, de que lo que le hemos explicado, es correcto y se ajusta a lo escrito en la Biblia. De otro modo y prescindiendo de que le haya gustado lo que ha leído y haya disfrutado con ello, podría manifestar cierta falta de aprecio e interés, por aquello que su Creador desea comunicarle, para su propio beneficio. Y puesto que ya sabe cuál es nuestro deseo al respecto, pues eso…. que lo disfrute.

MABEL

jueves, 29 de abril de 2010

La Biblia y la muerte

Es cierto que uno de los peores momentos por el que puede pasar el ser humano, es ese en que tiene que enfrentarse a la muerte de un ser querido y si bien, cuando se trata de una persona ya entrada en años la que fallece, lo solemos aceptar con un poco más de resignación, la cosa ya cambia cuando el fallecido es una persona de poca edad, o en la flor de su juventud, como se suele decir...... sencillamente el dolor es insoportable. Con esto en mente, pensemos por un momento en la cantidad inmensa de personas que han perdido la vida en actos violentos, como guerras, terrorismo, asesinatos, enfermedades mortales, violencia de género, accidentes (de tráfico o de cualquier otra naturaleza), etc., a lo largo de la historia humana e intente imaginarse la cantidad de dolor y amargura acumulados, que se han llegado a vivir en esta tierra por siglos o milenios.

El ser humano actualmente y con una conciencia ya cauterizada por la dureza de esta experiencia inevitable, con el añadido de la violencia y derramamiento de sangre que a diario vemos en películas, videos, videojuegos y que se quiera o no, en algo influye en una involuntaria actitud de no valorar adecuadamente la vida, damos poca o ninguna importancia a la muerte de miles de personas, a menos que alguna de ellas nos sea cercana. Hoy día, por ejemplo, la noticia de los casi 250.000 muertos del terremoto de Haití, nos han sonado como una simple cifra más a añadir a las del tsunami de Sumatra, a las constantes victimas de inundaciones, otros terremotos, o que debido al hambre y según la FAO, 1.020 millones de personas, 1.020 millones de personas que se dice pronto, están al borde de la muerte por inanición, o sea, dicho de forma clara y entendible, de hambre. Sin embargo por otra parte y en un ambiente más cercano, nos damos cuenta que continuamos sin aceptar la muerte como un hecho normal y natural. Por ello, constantemente, nos asaltan algunas preguntas.

Por ejemplo ¿quién no se ha preguntado alguna vez, qué pasa cuando un una persona muere? Y es que cuando un ser amado está debatiéndose entre la vida y la muerte, todavía hay esperanza de que el cuerpo rechace con éxito los efectos de la enfermedad o del accidente, si este es el caso y continúe con vida. Pero cuando esa persona es vencida por la muerte, entonces ¿qué? ¿Ha desaparecido para siempre la esperanza de volverlo a tener entre nosotros? ¿Sencillamente, ahí se ha acabado todo? Cuando usted visita la casa que está de duelo ¿puede compartir con los afligidos alguna esperanza razonable y consistente, o quizás se siente impotente cuando se encara a la tragedia que les ha sobrevenido? Sabido es que la esperanza alivia la carga del dolor, porque la tal esperanza despeja la oscuridad que desciende sobre los dolientes como un paño mortuorio. Pero claro, tiene que ser una esperanza genuina, una esperanza bien fundada...... tiene que ser una esperanza basada en una autoridad indisputable, por ello, tiene que ser la verdad. ¿Cree usted que esté disponible esa clase de esperanza consoladora? Y es que puede ser, que al hallarse usted en una situación en que haya necesidad de consuelo, ofrezca las mismas expresiones de condolencia que ha oído que ofrecen los clérigos en los funerales, a los dolientes familiares y amigos del finado. Y siendo cierto que muchas personas acuden a su iglesia para obtener consuelo en tiempos de pesar, no es menos cierto también, que muchos caen en un sentimiento más intenso de pérdida y frustración, por lo que se les ha enseñado a creer acerca de la muerte, en dichas iglesias.

Porque póngase usted por un momento, en el lugar de unos padres que están de duelo por la muerte de un hijo y algo obviamente muy difícil, pero inténtelo: ¿Cómo respondería usted, si viniera un clérigo, un representante religioso de su iglesia y le dijera que no se apesadumbrara, porque Dios se ha llevado a su hijo para que esté con Él? Esa declaración no es rara, sino que la oímos con frecuencia y siendo el caso que muchos clérigos adoptan el punto de vista que expresó cierto escritor religioso, al decir: “¿Quién sabe si Dios no se llevó su bebé a casa al Cielo, para volver el corazón de usted también al Cielo?”...... ingenioso el hombre ¿no le parece? Pero, ¿lo consolaría a usted eso? Más bien no, ¿verdad? Y es que lo que realmente han conseguido esa clase de consuelos, es hundir a las personas en la amargura, que han seguido preguntándose por qué un Dios de amor, infligiría tal pérdida, con el consiguiente dolor y desesperación de los que han perdido aquello que tanto amaban...... y con el consiguiente sentimiento de rechazo hacia un Dios, capaz de semejante crueldad.

Por otra parte y algo que también hay que tener en cuenta, es ¿qué consuelo puede darse a las multitudes de personas que al pensar en que un día, inevitablemente tienen que enfrentarse a la muerte, se llenan de terror? Porque se nos ha enseñado que la muerte realmente no es muerte, o sea, el estar sumidos en la inconsciencia más absoluta, sino que para algunos de conducta algo "dudosilla", es un tiempo de castigo en tormentos terribles. Incluso algunos sistemas religiosos han representado vívidamente las llamas del infierno y han arengado a los feligreses de sus congregaciones, en cuanto a lo interminables que son las aflicciones que sufrirán los “condenados.” Luego y ante semejante panorama, pregúntese ¿qué clase de consuelo puede usted ofrecer a los que están de duelo y que han sido sometidos a esta clase de religión de terrorismo? ¿Serán muy felices pensando que quizás a su difunto, le espera semejante futuro eterno?

Sin embargo y siendo más positivos, quizás algunos crean que han llevado una vida más o menos decente y puedan consolarse con el pensamiento de que “todos los buenos van al cielo.” Porque eso es también, lo que se les ha enseñado a esperar, pero aun así, las personas puede que tengan sus recelos. Y es que realmente ¿a cuántas personas conoce usted, que afirmen tener esa expectativa y que estén ansiosas por morir, para experimentar semejante transición a ese lugar, supuestamente paradisíaco?...... ninguna ¿verdad? Y es que la mayoría de las personas y de forma razonable, creen que la vida presente, aunque angustiosa, es preferible a la incertidumbre que hay después de ese obstáculo insalvable que significa la muerte.

Porque ¿qué hay si una persona supuestamente encaminada al cielo al morir, resulta que realmente no va allá? ¿Que eso no fuera así y que se nos hubieran engañado? Entonces es obvio que los afligidos estarían inquietos e inseguros y es de esperar que uno, en su propio interés personal, no quiera ser engañado así ¿verdad? Y es que aunque usted obtuviera cierto grado de consuelo del engaño, ciertamente solo sería de índole temporal, porque el verdadero consuelo, el sólido, el que dura y al que podemos adherirnos con seguridad, tiene que estar en armonía con la verdad. Si nos adherimos a una mentira, a algo que es contrario a la Palabra de verdad de Dios, entonces toda la adoración que nos esforcemos en darle a Dios, dentro de esas organizaciones religiosas que nos engañan, será dada inútilmente, porque Cristo declaró que “los que lo adoran (al Padre) tienen que adorarlo con espíritu y con verdad.” (Juan 4:23-24). (Acotación nuestra).

Uno verdaderamente se ve en una posición muy embarazosa cuando entra en la casa de los dolientes y en esencia, solo puede decir a los afligidos algo parecido a...... “Bueno, su muerto amado con el tiempo llegará al cielo. Simplemente tengan fe.” ¿No es probable que la mente de algunos dolientes, en este caso católicos, se llene de angustia al pensar que quizás el difunto primero tenga que pasar un período larguísimo de aflicción en el purgatorio (ellos creen en eso), antes de que satisfaga los requisitos para ir al cielo? Recuerde que las “misas” para difuntos, tienen esa finalidad: se ofrecen (mediante pago, faltaría más) para acortar esa estancia en semejante lugar de refinamiento. Por otra parte ¿se le ha ocurrido a usted alguna vez, pensar a qué se debe que se encuentre en este dilema...... de querer consolar a sus amigos y/o parientes apesadumbrados y no obstante, no tener ningún mensaje claro de esperanza que ofrecer, solo unas inútiles y poco consoladoras frases hechas? Porque quizás se le haya enseñado, que el hombre tiene alguna clase de alma invisible que abandona al cuerpo al sobrevenir la muerte y mora en otro lugar como criatura consciente, sea en el cielo, el purgatorio o un infierno de fuego; pero por otra parte y contradictoriamente, también es probable que en la misma organización religiosa se le haya enseñado que hay una resurrección de los muertos, ya que en la Biblia, se nos habla de una resurrección de los mismos:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:28-29).

Pero pause ahora y considere el asunto con atención: si los muertos realmente no están muertos, sino realmente vivos en otra esfera o dimensión (llamémosle así) ¿por qué sería necesario resucitarlos? Además, si el alma del muerto ha sido relegada a un “infierno” de tormento para siempre ¿cómo sería posible resucitar a dicha persona?...... sin embargo, la Biblia nos habla de una resurrección, en que tanto “justos como injustos”, serán resucitados (Hech. 24:15). Y por otra parte, si el alma del difunto se ha ido al cielo, habría muchísima menos razón para restaurarla en la resurrección y que tiene que acontecer aquí en la Tierra, luego ¡el que estuviera en el cielo tan ricamente, ciertamente querría permanecer allí! ¿O no? Pero es que además y llevando la cosa, al campo de lo racional, no se puede resucitar aquello que no ha muerto. Veamos: según la RAE de la lengua, la expresión “resucitar” se define básicamente como “volver a la vida”; pero claro, según esas enseñanzas citadas, la persona realmente no ha muerto, sino que ha sido transmutada y llevada a otro lugar, llámesele cielo, purgatorio o infierno, pero en esencia no ha muerto, luego continúa viva. Entonces ¿cómo se la puede resucitar y para qué?

Por supuesto, si fuera verdad que el hombre tiene un “alma inmortal”, entonces posiblemente concordaríamos en que al sobrevenir a la muerte, el alma tiene que ir a algún lugar. Pero aun clérigos que por mucho tiempo se han adherido a esa idea, de la existencia de un alma inmortal, ahora expresan dudas acerca del asunto. Ya muchos ministros de diversas confesiones cristianas, aseguran que la doctrina de la inmortalidad del alma no es una doctrina que se hubiera derivado del Nuevo Testamento; sino que es un concepto que tuvo su origen, al parecer, en la filosofía griega, particularmente en Platón (siglo IV a.C.). Luego la pregunta es: ¿puede derivarse algún consuelo genuino, de una creencia que tiene su base en la filosofía pagana? Y es que la fuente más autorizada de la verdad religiosa es la Biblia, la Palabra escrita de Dios (Juan 17:17); y para que su forma de adoración le sea acepta a Dios, entonces tiene que estar en armonía con la verdad bíblica, pues la adoración que está enlazada con enseñanzas desorientadoras acerca de la muerte y la esperanza para los muertos, no puede agradar a Dios. Entonces, cuán importante es, que los que quieran obtener el favor y las bendiciones de Dios, averigüen lo que Su libro/carta a la humanidad, verdaderamente dice sobre esos asuntos vitales y que tienen que ver directamente con nuestra esperanza futura.

La Biblia declara que toda “alma que esté pecando, morirá” (Eze. 18:4; 20); y en la Biblia, la palabra “alma” muy a menudo se usa en el mismo sentido que las palabras: ser, persona o criatura. La Palabra de Dios se refiere a un “alma difunta” o a un “alma viviente” tal como hablaríamos acerca de una persona muerta o una persona viva (Vea Lev. 23:30; 21:1, 11; Núm. 5:2 y Gén. 2:7, versículos en los cuales y en la mayoría de las versiones, la misma palabra hebrea para alma, se traduce diversamente como: persona, muerto, cuerpo o alma). Así mismo usted pudiera referirse a alguien como “pobre alma” y realmente querer referirse a la persona en sí misma y no algo que haya dentro de la persona. Pero aparte de eso ¿le ha inquietado alguna vez, el por qué mueren las almas o personas?; la respuesta bíblica, según se da en Rom. 5:12, es la siguiente:
Por medio de un solo hombre (Adán) el pecado entró en el mundo y la muerte por medio del pecado y así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos habían pecado.”

De modo que inevitablemente la gente muere: los jóvenes y los ancianos, los sabios y los ignorantes, los pobres y los ricos y todo ello, debido a la inevitable herencia del pecado. Y cuando mueren, resulta que realmente están muertos, fuera de cualquier existencia, pues no están conscientes de nada en absoluto. Veamos cual es la cruda realidad del hombre, en su actual situación de alejamiento de su creador:

Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. 20 Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.” (Ecl. 3:19-20).

Y es que no existe ninguna diferencia biológica entre la muerte del uno (el hombre) sobre la otra (la bestia); todos los cuerpos se descomponen y pasan a fundirse con la tierra, luego cualquier otro tipo de pensamiento o idea que tenga el hombre, es sencillamente eso: vanidad. Porque en ese texto, no se nos habla de que seamos trasladados a ningún otro sitio; por otra parte, a los muertos se les representa en las Santas Escrituras como dormidos en un sueño profundo, sin soñar, o sea, en una total inconsciencia. No saben nada, ni experimentan nada, ni volverán a estar conscientes de nada en absoluto, sino hasta el día que sean resucitados; y en prueba de la certeza de esas declaraciones, considere estos textos bíblicos significativos:

Porque los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no están conscientes de nada en absoluto, ni tienen ya más salario, porque el recuerdo de ellos se ha olvidado.” (Ecl. 9:5).

Y eso es lo que ocurrió, según Pablo, con el propio rey David:

Porque David, por una parte, sirvió según la voluntad expresa de Dios en su propia generación y se durmió en la muerte y fue puesto con sus antepasados y sí vio corrupción.” (Hech. 13:36).

Por otra parte, analice las palabras de un hombre que gozó del favor de Jehová:

¡Oh que en el Seol (hebreo para “sepulcro”) me ocultases, que me mantuvieses secreto hasta que tu cólera se volviera atrás, que me fijaras un límite de tiempo y te acordaras de mí! Si un hombre físicamente capacitado muere ¿puede volver a vivir? Todos los días de mi servicio obligatorio (el tiempo de estancia en el sepulcro) esperaré , hasta que llegue mi relevo. Tú llamarás y yo mismo te responderé.” (Job 14:13-15). (Acotaciones nuestras).

La esperanza contenida en esas palabras de Job, están en completo acuerdo con la profecía que Jesús pronunció, a saber:

Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán mi voz y saldrán.…..” (Juan 5:28-29).

Todos los humanos muertos que Dios tenga en su memoria y que por medio de Cristo, levante misericordiosamente para que vivan de nuevo en la Tierra, tal como Lázaro fue levantado a la vida, no se acordarán de su sueño en la muerte, sea que haya durado cuatro días o cuatro mil años. (Juan 11:11-17, 43-44). Sin embargo, tenemos que notar que los resucitados volverán a la vida bajo un estado enteramente diferente de las cosas, o sea, totalmente distinto de cómo lo conocemos ahora.

Porque para ese entonces, habrá comenzado en esta Tierra el reinado de mil años de Cristo, habiendo ya vencido y eliminado a todos los enemigos de la paz y la justicia. Bajo su gobierno perfecto, se efectuarán cosas maravillosas en la Tierra, impensables en condiciones normales para el ser humano; por ejemplo, la Tierra habrá iniciado un proceso de transformación hacia lo que conocemos como un paraíso, eso es, un marco de belleza incomparable, en dónde la paz y seguridad serán la regla y no la excepción; en donde la enfermedad o las deficiencias físicas de cualquier tipo, la vejez y la muerte con sus amargas consecuencias, serán cosa del pasado y en dónde ni siquiera las penas, amarguras y sufrimientos anteriores “no serán recordadas, ni subirán al corazón” (Isa. 65:17). Todos los “escombros” que resulten de la “guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” serán eliminados y el suelo, con la bendición de Dios, llegará a ser productivo y sus frutos seguramente, ayudarán a la humanidad a lograr la salud perfecta (Rev. 16:14; 20:4; 21:1-4).

Ahora, quizás usted pueda entender por qué Jesús contestó de la manera que lo hizo cuando un malhechor que estaba siendo ejecutado junto a él, le hizo esta petición:

Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”.” (Luc. 23:42-43).

Note que Jesús no le prometió nada en especial, como que tendría la oportunidad de formar parte del gobierno de un reino, que sería un rey, o un sacerdote de Dios (Rev. 20:6)...... un privilegio que se otorga solo a unos cuantos escogidos de entre la humanidad (Luc. 12:32); no, no, lo que Jesús le prometió a aquel malhechor simplemente, es que estaría en el paraíso. Y Jesús, con eso, no mencionó nada parecido a un infierno o purgatorio, aunque se estaba dirigiendo a una persona “injusta”; luego su promesa está en plena armonía con el hecho de que aun las personas injustas serán resucitadas del sepulcro y se les ofrecerá la oportunidad, bajo condiciones paradisíacas, de probar si son dignas de alcanzar la vida eterna (Hech. 24:15). ¿No es ésta una expectativa maravillosa, que cautiva, que atrae y da consoladora esperanza? ¡Imagínese a sus personas amadas, en un tiempo fallecidas, restauradas a la vida y a su lado, sobre una tierra en medio de esas magníficas condiciones! Así se abre todo un nuevo futuro para inmensas multitudes que han entrado en el sueño de la muerte; y el hecho de que habrá una inmensa muchedumbre de justos, así como de injustos, resucitados del sepulcro lo confirman también estas palabras de Rev. 20:13:

Y el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades (griego para “sepulcro”) entregaron los muertos que había en ellos y fueron juzgados individualmente según sus hechos.” (Acotación nuestra).

Debe notarse que no será un juicio en masa, sino de cada uno individualmente y eso requerirá tiempo y que para nada y contrario a lo que muchos creen, es más, afirman como enseñanza algunos “entendidos”, serán juzgadas las personas según su registro del pasado, porque sobre esa base, el malhechor que recibió la promesa de Cristo tendría poca o ninguna oportunidad. Además, no olvidemos que el registro bíblico va en la siguiente dirección: “el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado” (Rom. 6:7); o sea, que la persona que murió, ya pago con su muerte, por todo lo que había hecho antes de la misma:

Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” (Rom. 6:23).

Luego todas aquellas personas que habiendo muerto, estén en el recuerdo de Jehová, recibirán de nuevo una oportunidad para alcanzar la vida eterna y siendo la base para el resultado final de su resurrección, bien para vida o bien para destrucción eterna, la manera en que respondan al régimen amoroso del reino milenario de Cristo después de su resurrección. Los que se sometan voluntariamente a la dirección de ese gobierno auspiciado por Dios y sepan aprovecharse de sus provisiones, progresarán maravillosamente hacia la perfección humana y hacia el don de vida eterna; por el contrario, aquellos que continúen resistiéndose tercamente, su final será la destrucción eterna (Rev. 20:15) y asunto que quedará resuelto definitivamente, al final de los mil años del reinado de Cristo, cuando sea soltado Satanás y la entera humanidad se enfrente a la prueba final:

Ahora bien, luego que hayan terminado los mil años, Satanás será soltado de su prisión 8 y saldrá a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos para la guerra. El número de estos es como la arena del mar. 9 Y avanzaron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada. Pero descendió fuego del cielo y los devoró. 10 Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde ya estaban tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.” (Rev. 20:7-10).

¿Alcanza usted discernir, lo consolador que puede ser para las multitudes afligidas por el letal enemigo del ser humano y que conocemos como “la muerte”, este mensaje de la verdad bíblica? Sin embargo, solo los que creen y aceptan la Palabra de Dios, pueden estar convencidos de estas verdades y transmitir un mensaje de esperanza; mientras que los que continúen en asociación con las organizaciones eclesiásticas que siguen enseñando doctrinas que ocultan o niegan esta esperanza maravillosa, no pueden transmitir este mensaje esperanzador a otros. Ciertamente, usted puede razonar que no puede haber nada en común entre los que aceptan la Palabra de Dios como la base de la verdad y los que mezclan sus enseñanzas con tradiciones humanas y teorías filosóficas originadas en el hombre...... al menos, eso es lo que dio a entender Pablo:

No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Cor. 6:14).

Todos los desenvolvimientos de estos tiempos convulsos, muestran que se acerca el día en que Jehová Dios pondrá fin a este satánico imperio mundial (Dan. 2:44), junto a su conjunto de organizaciones religiosas satánicas y que nos pintan a Dios con falsos colores. Los que quieran alcanzar la vida en una Tierra paradisíaca, tienen que obrar rápidamente para salirse de sus muchos sistemas religiosos, sean éstos designados “paganos” o “cristianos”, pero todos tendentes a la confusión y al engaño satánico. Todos estos han estado presentando falsamente la única verdad y con ello, deshonrado al Dios verdadero, al no haber suministrado consuelo genuino a los habitantes de la Tierra que están, por una u otra razón, de duelo. Por lo tanto, usted también tiene que huir de en medio de esas organizaciones religiosas de características babilónicas, según advertencia del profético libro de Revelación:

Y oí otra voz procedente del cielo decir: “Sálganse de ella, pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados y si no quieren recibir parte de sus plagas. 5 Porque sus pecados se han amontonado hasta llegar al cielo y Dios ha recordado sus actos de injusticia” (Rev. 18:4-5).

¿Pero cómo salirse y lo que es más importante: a dónde ir? Una opción que le ofrecemos de momento, es que continúe leyéndonos, pero no dejando en ningún momento de continuar comprobando por usted mismo, si lo que nosotros le decimos, es exactamente aquello que dice la Biblia. Porque si no lo hiciera así, habría dejado de seguir a unos, para seguir a otros y eso, de ninguna manera es lo que pretendemos; porque a quién tiene que seguir usted, es a Jehová mediante Jesucristo, a través de la consideración de Su Palabra, la Biblia y no a nosotros o algún otro. Porque solo de Él y si así lo hace, recibirá todas esas bendiciones de las que le hemos hablado.

Luego si toma esa decisión que le hemos apuntado, pasará a engrosar ese número de personas que a lo largo y ancho del mundo, solo tienen como referente y guía en su vida a las Escrituras; y personas que sin necesariamente estar identificadas con algún tipo de organización religiosa de hechura humana, sin siquiera conocerse entre ellas, son fieles a Jehová y obedientes seguidores de Su Hijo Jesucristo, confiando plenamente en su propósito. Y recuerde, que los discípulos de Jesús, también tuvieron que abandonar la organización religiosa a la que pertenecían para poder ser seguidores Jesús, que no recordamos que en ningún momento mencionara nada acerca de adherirse a otra organización sustitutoria, sino que lo que él dijo fue otra cosa:

Jesús le dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por .” (Juan 14:6).

Luego si usted también toma la decisión de obrar en consecuencia...... pues enhorabuena ¡y bienvenido al club!

MABEL

martes, 27 de abril de 2010

Dios recompensa a los que le buscan

Además, sin fe es imposible serle de buen agrado, porque el que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente.” (Heb. 11:6).

Esa era la fuerte convicción de un hombre que amaba profundamente a Dios y que fue sin duda alguna, el más prolífico de los escritores bíblicos y siempre aceptando (aunque hay dudas) que el autor de dicho libro fuera el apóstol Pablo. Y a partir de esa reflexión plasmada en las Escrituras, nos gustaría considerar hasta qué grado usted cree en la veracidad de esas palabras, o sea, que Jehová, nuestro Creador, viene a ser remunerador de aquellos que sinceramente creen en Él y por tanto, le buscan. Veamos.

¿Es usted acaso padre, madre o quizás un miembro de familia, que vive en casa con sus padres? En cualquier caso, ¿no está de acuerdo en que una cosa muy necesaria para que sea feliz la vida de familia, es el que sus miembros puedan expresarse sin reservas según tenga necesidad o deseo? En medio de las condiciones actuales, desgraciadamente, a menudo sucede que tales necesidades y deseos no pueden hallar salida normal y apropiada, quedando por ello reprimidos; pero todavía están ahí y siendo que no es fácil acallarlos, suelen encontrar a menudo una salida, posiblemente por conductos que son perjudiciales sobre todo, en gente de poca edad. Y es que tales necesidades y deseos se hacen plenamente patentes ya desde la niñez más temprana; por ejemplo, un chiquillo llora pidiendo atención por la cosa más pequeña y si algo le deleita, quiere enseñárselo a alguien que responda con comprensión. ¿O quién no ha visto a un niñito sufrir algún accidente leve mientras juega fuera de la casa, entonces silenciosamente contener su dolor, entrar de prisa en ella para hallar a su madre y solo entonces, sentir que puede desahogar sus sentimientos?

Sí, es un hecho que el hombre tiene la necesidad y el fuerte deseo de comunicarse, de compartir con otros las cosas que le preocupan y le interesan. Encarecidamente trata de expresarse, ya sea por el puro placer de ello, para conseguir ayuda cuando la necesita o por el deseo de ayudar a otro que necesite de tal ayuda; pero ¿podemos, en todo caso, determinar la causa de este fuerte deseo? Ciertamente, pues el hombre posee una mente que razona e inquiere, una mente que puede explorar, descubrir y organizar; tiene además, un agudo sentido de lo correcto y lo incorrecto y por ello puede escoger y formar juicio y puede profundizar en entender las cosas y pudiendo por tanto, edificar un profundo aprecio por las mismas y por la gente que le rodea. Lógicamente se desprende que él mismo desee que otros lo comprendan y aprecien, al tiempo que puede amar y tiene un intenso anhelo de que ese amor sea recíproco, lo cual resulta en sentimientos de la mayor satisfacción y estímulo cuando se realiza la reciprocidad de ese amor. ¿No es esto algo que usted conoce por propia experiencia? No hay por tanto ninguna duda, en que estas maravillosas facultades y cualidades existen para que se ejerzan y naturalmente requieren expresión, e impulsan el deseo de que haya comunicación.

Sin embargo, este deseo trae a colación otro factor importante, a saber, el de la relación y por lo tanto, estos dos sentimientos están estrechamente enlazados, pues cada uno depende del otro. Uno no puede disfrutar de comunicación plena y sin reservas, a menos que se mantenga una buena relación; por otra parte, uno no puede edificar una buena relación sin aprender a comunicarse, luego hay que aprender a desarrollar ambos factores cuidadosamente y como prueba, nos referimos de nuevo a los niños. Ellos tienen el deseo natural de expresarse y lo hacen espontáneamente, dando por sentada la atención amorosa que se les otorga, o sea, la buena relación. Pero bastante temprano y si se les entrena apropiadamente, se les enseña a comprender que ni siquiera su madre va a contestar inmediatamente todo lloriqueo suyo. Aprenden que hay veces en que tienen que quedarse callados y es que hay que enseñarles a comprender que una buena relación se puede echar a perder por un comportamiento incorrecto. Así al ir creciendo, aprenden que en todo aspecto de la vida los dos factores de comunicación y relación (o viceversa) desempeñan un papel vital, sea en la escuela, al formar amistades (especialmente con los del sexo opuesto), o cuando se irrumpe al mundo de los negocios, trabajo o el placer. Sí, estos dos factores contribuyen mucho a la felicidad y éxito de uno en la vida y por lo cual, jamás deberíamos dejar de esforzarnos en mejorarlos y así promover y salvaguardar, nuestros propios intereses en la vida.

Ahora bien ¿es posible elevar esta consideración a un nivel superior? Muchos quedan satisfechos con circunscribir la consideración de estos factores a la simple comunicación humana, pero ¿es correcto o razonable entenderlo así? ¿No será posible que al obrar así perdamos un sentido de satisfacción aún más profundo, con beneficios más duraderos y seguros? Ciertamente, la posesión de cualidades y habilidades tan excelentes como las que ya se han mencionado, son prueba incontrovertible y que no deberíamos pasar por alto, de que el hombre no es el resultado de alguna fuerza ciega e impersonal. O sea, no es el resultado de un mero proceso evolutivo, sino que es el producto de una Mente Magistral suprema, de un Diseñador y Creador inteligente, quien también posee estas mismas cualidades a un grado superlativo. Además, queda claro que el hombre a diferencia de los animales, no es un ser gobernado por el instinto, sino que está libre para usar estos dones o abusar de ellos, según lo prefiera. Sin ir más lejos y cada vez más, tanto individuos como naciones hablan mucho de vivir su propia vida y labrar su propio destino. En realidad y en el libre uso, en este caso abuso, de esos dos factores mencionados, comunicación y relación, optan por pasar por alto la existencia de un Creador que tiene un propósito definido para esta Tierra y para el hombre sobre ella. Pero ¿es correcto o razonable considerar las cosas así y adoptar tal proceder?

Pensando en que ya hemos dado suficiente base para mostrar la sabiduría de no proceder de la manera que procede la humanidad en general, ni el dejarse influir por su espíritu, demos un pasito más. Porque sí uno está de acuerdo con esto y admite como cierta la existencia de un Creador ¿no es razonable que el siguiente paso debería ser el inquirir si Este, no le ha dado al hombre una revelación de sí mismo y de su propósito? Porque el poseer una mente que razona e inquiere, con la capacidad de ejercer fe, amor y devoción, ciertamente nos tendría que dejar claro que el Dador de los mismos, debería de haberle suministrado al hombre la forma más elevada de expresar estas cualidades y recompensaría a los que encarecidamente lo buscaran. Eso solo sería razonable y por demás, habiendo visto cuán importantes son estas cosas en la comunicación entre seres humanos, veamos si los mismos aspectos envueltos en el asunto, aplican cuando elevamos la consideración a un nivel superior, o sea, en la relación con nuestro Creador y por lo tanto, con conclusiones mucho más remuneradoras.

Puesto que la comunicación y la relación desempeñan un papel vital entre nosotros los humanos, ciertamente deberían de ser aún más vitales entre el Creador y nosotros mismos; porque si hasta los niños están conscientes de sus necesidades en cuanto a esto, ¿no es solo natural que personas maduras y formadas, sintamos la necesidad y el deseo de disfrutar de una buena relación y comunicación con nuestro Creador como su prole, su creación en definitiva? La satisfacción de tales deseos depende, por supuesto, enteramente del Creador, ya que solo Él puede hacerlo posible y que para nuestro gozo y felicidad, podemos afirmar que él realmente ha hecho esta mismísima cosa. Sí, ciertamente se ha revelado y ha abierto el camino para que nos pongamos en comunicación con Él por medio de lo que conocemos como la “oración”; de hecho y en su Palabra escrita, la Biblia, Él mismo se presenta como “el oidor de la oración” (Salmo 65:2)...... pero ¿cómo lo ha hecho? Principalmente y como acabamos de decir, por medio de su Palabra escrita, la Biblia y también por medio de una Palabra viva, su amado Hijo Jesucristo y el que también recibe el título de “La Palabra de Dios.” (Rev. 19:13).

En la Palabra escrita, encontramos buen apoyo para el argumento que acabamos de dar, pues cuando el apóstol Pablo habló a los atenienses, que estaban entregados “al temor de las deidades” y cuya ciudad estaba llena de ídolos, aprovechó la oportunidad para explicar acerca del Creador. Dijo que era el “Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él” y confirmó cuál era la voluntad del Creador para con los hombres:

E hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra y decretó los tiempos señalados y los límites fijos de la morada de los hombres, 27 para que busquen a Dios, por si buscaban a tientas y verdaderamente lo hallaban, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque por él tenemos vida y nos movemos y existimos, aun como ciertos poetas de entre ustedes han dicho: “Porque también somos linaje de él”.” (Hech. 17:22-28).

Por ello, deberíamos pasar a inquirir si la Biblia da información específica para nuestra guía, en cuanto a la comunicación y la relación apropiada en este caso, de tal modo que realmente podamos hallar a Dios y aprender a comunicarnos con Él de manera acepta. Y aunque como los niños, a menudo estamos más conscientes de la necesidad de mantener abiertas las líneas de comunicación, no obstante y en este caso, la cuestión de la relación es mucho más importante, por lo que la consideraremos en profundidad. Por lo tanto y como primera providencia, nos haremos la siguiente pregunta ¿nos dice la Biblia cuáles son los pasos iniciales necesarios para establecer una buena relación, que nos permita hallar favor con Dios y agradarle?

El primero de estos requisitos es el de la fe. Pablo aclara esto cuando dice a los hebreos lo que hemos leído al inicio, en el sentido de que “sin fe es imposible serle de buen agrado, porque el que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente.” (Heb. 11:6). Y para una mente que es honrada y que inquiere, no debería ser difícil creer en la existencia de Dios, aunque él sea invisible al hombre; vean cómo nos expone Pablo esa cuestión:

“...... porque lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. 20 Porque sus cualidades invisibles se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por medio de las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que son inexcusables (los hombres que quieren pasar por alto a Dios y suprimir por tanto la verdad).” (Rom. 1:19-20). (Acotación nuestra).

Por lo tanto y tomando en cuenta nuestro conocimiento actual en constante aumento de la energía ilimitada que está difundida en el espacio y que opera bajo leyes que indican una fuente y control centrales, fácilmente podríamos estar de acuerdo con esto. Sin embargo ¿qué seguridad tenemos de que Dios sea el “que recompensa a los que le buscan” y cómo nos ayuda esto en cuanto a esta relación? Y aquí de nuevo el registro bíblico nos ayuda, pues tan temprano como en Gén. 15:1, 6, ya se nos habla de un hombre que buscó encarecidamente a Dios, que ejerció fe en él y a quien se le prometió un galardón grande, llamado Abrán, nombre que más tarde fue cambiado a Abrahán. Ahora bien, ¿cómo llegó éste hombre a tener fe en Jehová como el Dios verdadero, en primer lugar? Y esto es muy importante, ya que señala a un segundo requisito, el del conocimiento:

Esto es excelente y acepto a vista de nuestro Salvador, Dios, 4 cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto (“pleno” o “completo”, según versiones) de la verdad. ” (1 Tim. 2:3-4). (Acotación nuestra).

Abrahán estaba familiarizado con el registro escrito que fue transmitido por medio de sus antepasados, probablemente Noé y Sem y que más tarde formó la primera parte del Pentateuco y que ahora, constituyen los capítulos de apertura de Génesis; y esta información confiable le dio a Abrahán conocimiento exacto (o pleno), lo cual suministra la base esencial para la fe verdadera. Para nuestro propio provecho, así como para facilitar el que nos pongamos en el lugar de Abrahán y apreciemos mejor su ejemplo excelente, daremos un vistazo a algunos de aquellos hechos registrados en esos primeros libros.

En apoyo de nuestro argumento más temprano, se dice claramente que el hombre fue creado a la imagen de Dios y fue dotado de cualidades y habilidades que le permitirían sojuzgar la Tierra y tener todas las cosas en sujeción. Estaba en estrecha comunicación con su Creador y tenía Su bendición, pues disfrutaba de una buena relación con Él. No solo sabía del “poder...... y Divinidad” de su Creador, sino que tenía abundante evidencia de sus muchas provisiones amorosas, con la dádiva culminante entre todas ellas, como fue una ideal consorte y ayudadora que completaba la felicidad del hombre y hacía accesible, otra fuente de comunicación y relación deleitables (Gén. 1:26-31; 2:18-23). Sin embargo lamentablemente, primero la mujer y luego el hombre, no siendo robots, usaron su libre albedrío en un derrotero de desobediencia voluntariosa al mandato expreso de Jehová, pues optaron por vivir su propia vida y labrar su propio destino...... ¿y con qué resultado? Pues entre otras cosas, la relación y comunicación con su Creador y también, entre ellos dos, resultaron seriamente perjudicadas, al grado que “el hombre y su esposa procedieron a esconderse del rostro de Jehová Dios” y el hombre, al ser interrogado, intentando justificarse, trató de culpar a Dios y a la mujer, diciendo:

La mujer que me diste para que estuviese conmigo, ella me dio fruto del árbol y así es que lo comí.” (Gén. 3:8, 12).

Luego aquí, podemos aprender una lección sumamente importante, como sin duda la aprendió Abrahán: Adán y Eva sabían que estaban endeudados con Jehová por la vida y toda cosa buena de que disfrutaban. Mientras reconocieron esto y permanecieron sujetos a su Creador con un espíritu de devoción y dedicación, disfrutaron de las bendiciones de una buena relación y comunicación con él; pero tan pronto como perdieron ese espíritu y se pusieron a hacer su propia voluntad, inmediatamente perdieron esas bendiciones...... y eso fue cierto entonces y es cierto ahora. Así podemos entender que hay un tercer requisito vital, que es concomitante con la fe y el conocimiento pleno, a saber, el de la devoción de toda alma a Jehová:

No debes inclinarte ante ellas ni ser inducido a servirlas, porque yo Jehová tu Dios soy un Dios que exige devoción exclusiva…...” (Exo. 20:5).

Estos tres requisitos están estrechamente relacionados, porque la fe no es simplemente el asentir mentalmente o creer en algo invisible, o sea, que no es algo que pueda llamarse fe ciega. Actualmente existe la creencia de que fe, es sencillamente creer en lo que no se ve, pero eso es sencillamente credulidad y que nada tiene que ver con la fe verdadera; más bien, la verdadera fe es la convicción segura de cosas que, aunque invisibles, no obstante tienen la marca de verdad y realidad. Esto entraña, evidentemente, la necesidad de tener conocimiento exacto como la base para tal fe y que la misma derive, en devoción sin condiciones a nuestro Creador. Pablo, en su exposición, definió la fe de la siguiente manera:

Fe es la expectativa segura de las cosas que se esperan, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplen.” (Hebr. 11.1).

La más grande realidad invisible de la que tenemos constancia, es Jehová, pues Sus “cualidades invisibles se ven claramente” y se demuestran mediante las cosas hechas (Rom. 1:20). Su Palabra, la Biblia, tiene la marca de verdad tal como dijo Jesús:

Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad.” (Juan 17:17).

Tal fe o convicción segura, es algo potente, vivo y forzosamente lleva fruto de acuerdo con su base de conocimiento exacto o pleno y de entendimiento que se consigue a través de la Palabra de Dios: quien posee tal fe está plenamente convencido de que Dios es el recompensador de los que le buscan solícitamente. De eso emanan la dedicación, el deseo y la determinación de continuamente buscar a Jehová, en definitiva, de deleitarse en hacer su voluntad según se registra en su Palabra; y esta fue la propia actitud de Jesús, como se registró proféticamente de él:

En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado y tu ley (o su palabra) está dentro de mis entrañas.” (Sal. 40:8). (Acotación nuestra).

Sin embargo, hay otra cosa que Abrahán aprendió de aquel registro temprano que aumentó grandemente su fe en la promesa de un galardón y también la devoción amorosa, que le tenía a Aquel que le dio esa promesa. La propia fe y devoción de usted hacia su Creador, también pueden ser aumentadas, ya que cuando se pronunció juicio en Edén después de estallar la desobediencia voluntariosa de Adán y Eva, Jehová y a renglón seguido, por decirlo así, expresó una notable profecía que nos aplica a todos: a Abrahán y a todo ser humano que la tomara en cuenta, incluido usted. De forma enigmática, Jehová pronunció unas palabras en donde se ofrecía la esperanza segura de una recompensa; veamos que dijo Jehová:

Y pondré enemistad entre ti y la mujer y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Él te magullará en la cabeza y tú le magullarás en el talón.” (Gén. 3:15).

Eso significaría un gran galardón para la descendencia fiel de la citada mujer y que dicho sea de paso, no hacía referencia a Eva; porque implicaba la esperanza de liberación del cautiverio al pecado y la muerte, resultado de aquella rebelión original, a los que mostraran fe y devoción a Jehová. El primero de estos fue Abel, el primero de una larga línea de hombres y mujeres de fe alistados en el capítulo 11 de Hebreos, así como también se menciona a Abrahán y se describe el galardón que él y los demás citados, recibirán como un lugar permanente en la futura restauración (Hech. 3:21) de la humanidad, donde se disfrutarán de las bendiciones de la relación y comunicación plenamente restauradas con nuestro Creador y en un total estado de perfección humana. En realidad, debido a su fe, aquellos hombres y mujeres ya disfrutaron de esas bendiciones a un grado grande en su propio día, mientras todavía eran imperfectos, tal como nosotros también lo podemos hacer de igual manera. Porque prescindiendo de lo que nos depare el futuro más inmediato, sea lo que sea, jamás nadie nos privará de la bendición de un nuevo mundo, en donde la justicia habrá de morar:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.” (2 Pedro 3:13).

En este mismo sentido y hablando de Abrahán, el registro de Génesis 22:1-18, muestra que a Jehová le agradó darle un galardón muy especial y que nos afectaba directamente a nosotros. Después de pasar una prueba severa de su fe y devoción, aun al grado de demostrar que estaba dispuesto, si fuese necesario, a ofrecer su amado hijo Isaac en sacrificio, entonces Jehová reveló que la descendencia prometida en Edén, vendría por medio de su línea de descendencia:

Por mí mismo de veras juro, es la expresión de Jehová, que por motivo de que has hecho esta cosa y no has retenido a tu hijo, tu único, 17 yo de seguro te bendeciré y de seguro multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar; y tu descendencia tomará posesión de la puerta de sus enemigos. 18 Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz.” (Gén. 22:18).

Como Jehová le había dicho antes a Abrahán: “Tu galardón será muy grande.” (Gén. 15:1).

Aunque hemos examinado los pasos preliminares que conducen a una buena relación con Jehová, todavía subsiste la pregunta de cómo establecer y mantener abiertas las líneas de comunicación con él; y esto que alguien pudiera pensar que es un problema grande, resulta que es el deseo casi instintivo de cada uno de nosotros. Se ha sabido que hombres endurecidos, ateos reconocidos, invocan a Dios cuando se encuentran en necesidad o peligro desesperado; a este respecto, se cuenta que un almirante inglés y durante la segunda guerra mundial, a preguntas de un reportero, afirmo que en un barco de guerra que se está hundiendo “no hay ateos”. Hasta Caín, el primer asesino de la historia humana, clamó a Jehová:

Por lo cual Caín dijo a Jehová: “Mi castigo por el error es demasiado grande para llevarlo. 14 Aquí efectivamente estás expulsándome hoy de sobre la superficie del suelo y de tu rostro estaré oculto; y tendré que llegar a ser errante y fugitivo en la tierra y es cosa segura que cualquiera que me halle me matará”.” (Gén. 4:14-15).

Así mismo Eva, aunque estaba condenada, se mostró deseosa de poner en el cuadro a Jehová al tiempo de nacer sus hijos, diciendo:

Ahora bien, Adán tuvo coito con Eva su esposa, y ella quedó encinta. Con el tiempo ella dio a luz a Caín y dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová.

Como evidencia adicional de que este deseo de relacionarnos con nuestro Creador, está profundamente arraigado entre la humanidad, considere lo siguiente: ¿no es verdad que en la mayoría de las religiones de cualquier signo, si es que no en todas, la oración ocupa un lugar prominente de alguna u otra forma en sus servicios religiosos? ¿O conoce usted alguna religión, que no tenga eso que llamamos oración, para dirigirse a un Ser Supremo, en demanda de ayuda? Pero, sin embargo ¿no es también verdad que por lo general, sea que dichas religiones sean cristianas o de otro signo, a lo que se da énfasis es a la rutina y el formalismo y solo se varía de esto en ocasiones especiales y en señaladas festividades? Y siendo el caso, que esta rutina y formalismo, incluye también a sus oraciones, que a menudo o se salmodian o recitan de un devocionario, con monotonía insulsa; aunque muchísimas personas, especialmente dentro de la cristiandad y que desde la niñez jamás han conocido otra clase de servicio religioso, es posible que no pongan en tela de juicio esto o lo encuentren anormal. A los que están acostumbrados a ello, probablemente esto les suministra una satisfacción emocional, ya que todo está diseñado con ese fin, incluso el edificio, la música y la indumentaria y que a menudo resulta en cierto misticismo, todo lo cual en conjunto crea un ambiente de exaltación emocional y serenidad; y esto para ellos, es sinónimo de haber estado en contacto con cosas sagradas...... en definitiva, con otro mundo más elevado.

Y claro, cuando se trata de oraciones individuales ¿no son afectadas estas a menudo por las mismas características, debido a que los que las rezan han sido enseñados a hacerlo así desde la niñez? Al pequeño se le enseña a repetir ciertas palabras como oración a la hora de las comidas o cuando se va a acostar, así como a menudo los adultos adoptan el mismo método, leyendo rezos de un libro o aprendiéndolos de memoria, acompañado esto posiblemente con el contar las cuentas de un rosario o algún otro formalismo, como el uso de una rueda de oración. Esto y partiendo de la base que al llevarlo a cabo, la persona lo hace con toda sinceridad, nos podría llevar a plantearnos la siguiente cuestión: ¿es eso realmente orar en el sentido verdadero de la palabra? Y es que quizás le suministre un cierto sentido de satisfacción al individuo que así procede...... pero ¿le agrada eso a Dios? ¿Dice Él que oirá y contestará cualquier forma de oración, con tal que sea pronunciada con reverencia? ¿Nos deja Jehová decidir a nosotros lo que es acepto en cuanto a esto? Además, colectivamente ¿tiene alguna organización religiosa, prescindiendo de lo grande y antigua que sea, el derecho de decidir tales asuntos por su propia autoridad y confiando fuertemente en la tradición, como a menudo sucede?

Porque vamos a ver, ¿cuándo usted tiene una pena, algún problema o algo que tenga necesidad de contar a alguien y se encuentra con su amigo o amiga del alma, en quien sabe que puede confiar, cómo se lo explica? ¿No es cierto que usted le abre su corazón, contándole eso que le está causando daño? ¿No es cierto además, que espera encontrar comprensión y hasta al grado posible, un poco de ayuda? Pues enhorabuena, querido amigo o amiga, porque acaba usted de encontrar la forma correcta de orarle a su Creador; porque el orar a Dios, no es más que abrirle nuestro corazón y contarle aquello que nos perturba y porque no, también aquello que nos hace felices y deseamos agradecerle. El orar a Jehová, no es más que el simplemente hablarle, confiando con todo su corazón que Él le/a está escuchando. Porque esto entre otra cosas, es lo que significan las palabras antes consideradas de que “llega a ser remunerador de los que le buscan.” (Hebr. 11:6).

Pero ¿que pedirle, verdad? Y es que necesitamos tantas cosas…... pero fíjese qué Jesús nos enseñó qué pedirle, cuando dirigiéndose a una multitud y en el contexto de lo que se ha dado en llamar “El sermón del monte”, nos expuso un “modelo” de oración, cuando dijo lo siguiente:

Ustedes pues, tienen que orar de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra. 11 Danos hoy nuestro pan para este día; 12 y perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo.” (Mateo 6:9-13).

Pero fíjense bien en las primeras de ese conjunto de peticiones, porque tienen un gran interés para todos nosotros: “…... santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra.” Después de pedir la santificación del nombre de Dios, como la cosa de más importancia, note que nos enseñó a pedir: venga tu reino. ¿Y qué significa esto? La pregunta viene a cuento, porque aunque esta oración conocida como el “Padrenuestro”, no es más que un modelo o esquema a seguir, los innumerables miembros de la cristiandad la han aprendido desde niños y la recitan a diario y de carrerilla, aunque pocos de ellos si acaso alguno, saben en realidad lo que están pidiendo.

Porque ¿de qué nos estaba hablando Jesús? Pues de aquello que fue el principal objetivo de su primera venida a esta tierra, tan necesitada de un gobierno justo:

Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado”.” (Luc. 4:43).

Porque eso es lo que el Reino de Dios significa: una gobernación que dirigirá los asuntos de la tierra, durante un período de mil años literales y en donde se alcanzarán de manera permanente, todas aquellas bendiciones que disfrutaron en un principio nuestros primeros padres Adán y Eva. Ellos vivían en una paz absoluta y ni siquiera los animales significaban un peligro para ellos; no conocían la enfermedad y muchísimo menos algo parecido a la muerte, ya que ellos tenían la perspectiva de vivir eternamente y lo cual obviamente, significaba que sus cuerpos perfectos no envejecían, sino que habiendo alcanzado su máximo vigor y plenitud, continuarían para siempre así; y lo que es más importante, tenían una total comunicación y perfecta relación con su Dios y Creador. Pues bien, a grandes rasgos, esa es la recompensa que recibirán todos aquellos que busquen con solicitud a Jehová. No obstante, para más información y si nos lo permiten, les recomendamos leer nuestro anterior artículo: El milenio...... ¿solo un sueño? y en donde nos extendemos un poco más acerca de lo que va a ocurrir allí.

Y eso y no otra cosa, es aquello que tenemos que buscar encarecidamente. El escritor del libro de Hebreos, mencionó lo siguiente:

Mas ustedes se han acercado a un monte Sión y a una ciudad del Dios vivo, a Jerusalén celestial..….” (Heb. 12:22).

Aquí y en ese momento, dicho escritor se estaba refiriendo a aquellos que en un futuro tenían que acompañar a Cristo como miembros asociados en esa gobernación milenaria. Pero nosotros nos vamos a quedar con la ubicación de ese gobierno celestial, o sea, sobre el monte Sión y en la ciudad de Jerusalén; y es que lo de celestial, no quiere decir que esté en el cielo, sino que no procede de hombres, sino de Dios. Y es que tiempo después, al apóstol Juan y en una visión que recibió durante la Revelación, se le mostró lo siguiente, según él nos lo relata:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.” (Rev. 14:1).

Lo que Juan vio por anticipado, fue el cumplimiento de esas palabras de Hebreos, o sea, la instauración del Reino de Dios aquí en la tierra y en el lugar donde siempre había estado: en la tierra de Israel y en su ciudad capital, Jerusalén. Y recuerde, lo que Juan vio, fue la profecía ya cumplida, lo cual significa que todo lo escrito, sencillamente se cumplirá.

Por lo tanto apartémonos del mundo con sus engañosas promesas y no nos dejemos seducir por falsas apariencias; como Jesús dijo en su momento, dicho mundo está bajo el poder de Satanás y todo lo que de él provenga, no tiene más objetivo que apartarnos de la posibilidad de conseguir el acceso a ese nuevo mundo por venir. Y no olvide, que Dios tiene un propósito y lo va a cumplir, prescindiendo de lo que crea o haga el ser humano en cuanto a ello...... y si usted no entiende eso tan sencillo, quizás probablemente mientras ha estado leyendo este artículo, lo único que ha hecho ha sido perder el tiempo lamentablemente. Y si algo ya no le queda a este sistema mundial, tal como lo conocemos y padecemos actualmente, es precisamente eso, tiempo. Por lo tanto, es nuestro deseo que utilice el suyo de la manera más provechosa posible: continúe leyéndonos, contraste si lo que le decimos está de acuerdo o no con las Escrituras y tome la mejor decisión para usted y sus seres amados. Porque no olvide que con nosotros o sin nosotros, Jehová llevará a cabo su promesa de dar su recompensa “a los que le buscan encarecidamente.”

MABEL