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lunes, 2 de diciembre de 2013
Los “nacidos de nuevo”…… o el “cuento de la lechera”.
Una de las peculiaridades de este blog y que así se mantendrá mientras un servidor (Armando López Golart y uno de los dos creadores del “invento”) lleve el timón del mismo, es que no nos solemos “arrugar” ante nadie y de ahí que nos hayamos enfrentado a reputados teólogos o autores de prestigio dentro del campo de lo religioso en Internet y de los que aún, en algunos casos, esperamos respuesta a nuestros requerimientos de aclaración sobre algunas cuestiones de diversa índole. Y es que como en este blog tenemos por bandera el deseo de aprender, no nos “asusta” el que alguien nos rectifique (más bien lo agradeceríamos), ya que ello contribuiría a que aprendiéramos algo más de lo poco que sabemos; de ahí el desparpajo que tenemos cuando nos postulamos sobre cualquier tema, pues sería una bendición el que alguien bien documentado nos señalara algún error que hayamos podido cometer, bien sea en la interpretación de un pasaje bíblico, bien sea en su aplicación, pues ello nos llevaría a aprender más de Dios y que en definitiva, es el objetivo que perseguimos. Claro, partiendo de esta posición, comprenderán ustedes y ya personalizando la cosa, que me haya visto sorprendido por el correo que he recibido de un tal “rubeto” y en el que, transcrito tal cual ha sido recibido y como tenemos por costumbre en este blog (solo he añadido “negritas” para subrayar las partes más “jugosas”), se puede leer como sigue:
-rubeto commented on RESPONDIENDO AL Sr. FÉLIX GUTTMANN-
“me parecio interesante la fprma en que exponen su punto de vista pero para mi como cristiano nacido de nuevo lavado con la sangre del coredero y tratando de caminar en santidad, alimentando el espiritu mas que la carne lo menos que meresco es: o ser levantado para no ver destruccion o ser resucitado para vida eterna. Ud sr armando deberia ver su corazon por que lo que yo puedo discernir es una gran falta de humildad ya es suficiente la batalla contra nuestra carne como para ver la cantidad de orgullo y soberbia que ud se carga, eso habla de su falta de humildad los terminos que utiliza contra el sr guttmann solo me pueden llevar a un resultado. SOBERBIA Y ALTIVEZ DE ESPIRITU. no se diga de ignorancia.”
O sea, queridos amigos, que ahí tenemos a una persona que se ha creído el “cuento” que le han contado en la organización a la que probablemente pertenece (no creo que ande por libre), en el sentido de que cuando uno es bautizado en agua y en el nombre de Jesucristo, ya es inmediatamente reconocido como Hijo de Dios, por tanto hecho hermano de Cristo y consecuentemente heredero con este del reino de Dios, en calidad de inmortal rey y sacerdote…… o sea, que le han contado el “cuento de la lechera” y encima se lo ha creído. Y siendo el caso que tal parece ser, que dicho caballero entiende que ello le da un plus de autoridad y se cree con el derecho de ir prejuzgando la actitud de aquellos que no decimos lo que él entiende como correcto de cualquier tema (de hecho parece ser que me califica de ignorante), en este caso, del crédito que me merece a mí el Sr. Félix Guttmann y por lo que pasa a tachar mi actitud para con este, de soberbia y altiva en las respuestas que en su momento le di al caballero en cuestión.
De entrada, decirle a ese comunicante y que se presenta con el seudónimo de “rubeto”, que su opinión sobre el particular no le ha sido requerida y por lo que a lo máximo que podría llegar es a poner en cuestión y si hubiera motivo para ello, el contenido de las respuestas dadas en el tema al que hace referencia, en el sentido de lo acertado o desacertado de ellas y siempre con relación a lo que se me preguntaba……ir más allá de ese terreno, entrando a opinar sobre mi personal forma de ser o actuar, entiendo que es algo gratuito. Sin embargo y como ustedes pueden ver, aunque afirma reconocer como interesante la exposición que hago en el artículo de referencia, el tal “rubeto” me pone a “caldo” al atribuirme lo que él entiende como una actitud “soberbia y altiva” en mi respuesta al ínclito personaje de Félix Guttmann, cuando lo que yo hice (siempre según yo entiendo) fue responder en el mismo tono que me fueron efectuadas las preguntas y algo que todo el que lo desee puede comprobar, leyendo el artículo en cuestión y publicado el 05/03/10 bajo el título Respondiendo al Sr. Félix Guttmann.
Pero es que resulta y algo que por lo visto se le pasa por alto al amigo “rubeto”, que en este blog tenemos como objetivo el desenmascarar a tanto “fantasma” que anda suelto por ahí y que se las dan de “entendidos” en las Escrituras y con ello engañando al “personal”, pero que son capaces de afirmar cosas tan disparatadas (y como hace el Sr. Guttmann) acerca de las mismas, como que estas defienden la idea de que en el cielo existen familias que se reproducen al igual que aquí en la Tierra, o sea, mediante la unión sexual de un miembro del género masculino y otro del género femenino; o que la Torre de Babel era una rampa de lanzamiento de naves espaciales; o que al finalizar el reinado milenario de Cristo, este y en lugar de devolvérselo al que se lo había confiado, o sea Jehová Dios, se lo transfiere a su antepasado el rey David, para que (imagino) continúe reinando en su lugar; o afirmando que antes de la creación de Adán y Eva, la tierra ya estaba poblada por una ingente cantidad de personas…… ¡vamos: que ya teníamos “overbooking”!
Pues bien, si estos son los postulados que defiende el tal “rubeto”, a juzgar por la defensa tan encendida que hace del autor en cuestión, me permito el señalarle que de entrada y desde mi punto de vista, lo que tendría que hacer es identificarse y no esconderse detrás de un seudónimo cuando pasa a criticar actitudes personales y como es el caso que nos ocupa, lo cual le deja a uno en la indefensión más absoluta; pero dicho lo cual y ya metidos “en harina”, pues ya tanto me dan “ocho como ochenta”, veamos algunos errores en los que cae el amigo “rubeto” en el correo en cuestión. Porque en el mismo se identifica y transcribo literalmente de su correo, como “cristiano nacido de nuevo” y lo que significa y como acabo de señalar, que dicho caballero es de los que se cree “ungido” o Hijos de Dios, por tanto hermano de Jesucristo y en consecuencia, heredero con este del reino de Dios en calidad de inmortal rey y sacerdote…… en definitiva, que no tiene ni puñetera idea de lo que habla. Porque una cosa es el sentimiento personal e íntimo de sentirse uno poseedor de dicha condición de Hijo de Dios y que bajo determinadas circunstancias, se podría hasta entender, pero otra muy distinta el que no se haya hecho una comprobación exhaustiva de las Escrituras para comprobar si, efectivamente, ello pudiera ser posible; de hecho, una inmensa mayoría de llamados cristianos se creen “ungidos” o “nacidos de nuevo”, bien porque le hayan “comido el tarro” los dirigentes de la organización religiosa con la que se asocian, bien por su falta de equilibrio emocional, o por cualquier otra circunstancia que se le quiera añadir, pero que en definitiva todo se reduce a lo mismo: una total carencia de fundamentos bíblicos.
Porque claro, dicha afirmación de ser un “nacido de nuevo” y con todo lo que ello implica, como primera providencia nos llevaría a preguntarle al Sr. “rubeto”, quién y con qué autoridad le “bautizó” a él con el espíritu santo, pues solo ese bautismo es el que transmite dicha condición de “nacido de nuevo” (no siendo este el caso del bautismo en agua), dado que a día de hoy nadie ostenta dicha autoridad o poder para llevarlo a cabo…… es más, ni siquiera existe hoy alguien autorizado a bautizar en agua en “el nombre de Jesucristo”, pues ninguna de la denominaciones religiosas que actualmente practican dicho ritual y que son todas las de la llamada “cristiandad”, cuentan con el favor de Dios y algo que explicamos en este blog, en nuestro anterior escrito del 27/11/13, bajo el título “¡Sálganse de ella, pueblo mío!”. Y es que lo que lo primero que habría de tomarse en consideración, es a qué se le llama el ser un “nacido de nuevo” y algo que Jesús dejó claramente establecido cuando, hablando con un tal Nicodemo, le dijo lo siguiente:
“En respuesta, Jesús le dijo: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer el hombre cuando es viejo? No puede entrar en la matriz de su madre por segunda vez y nacer ¿verdad?”. 5 Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.” (Juan 3:3-5).
O sea, que de lo que estaba hablando Jesucristo en cuanto al “nacer de nuevo” y contrario a la expectativa de Nicodemo, tenía que ver con el participar de dos bautismos distintos; de tal manera, que si uno no ha participado de los dos bautismos, eso es, por una parte del bautismo de agua o “bautismo de Juan” y por otra, del bautismo en espíritu santo y que solo podía administrar Jesucristo, según nos reveló Juan “el bautizante” y como veremos a continuación, no se puede considerar uno como un “nacido de nuevo” o lo que es lo mismo, un Hijo de Dios y por tanto heredero del reino junto a Cristo. No obstante, me permito el atrevimiento de exponerle al amigo “rubeto”, en qué me fundamento para hacer semejante afirmación: partamos para ello de la base de que el bautismo en agua era una práctica totalmente desconocida por la nación de Israel, hasta el momento en que apareció en escena Juan “el bautizante” (de ahí el sobrenombre) y afirmó lo siguiente:
“Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: “Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.” (Juan 1:33-34).
Luego Juan se identifica como aquél que fue enviado por el Altísimo para efectuar una clase de bautismo (en agua), pero también nos dice que detrás de él viene otro, que administrará otra forma de bautismo (este ya, en espíritu santo). Entonces lo que tenemos ahí, es a dos distintos personajes “autorizados” directamente por Jehová Dios (detalle este importantísimo) para llevar a cabo dos bautismos totalmente diferentes entre sí, tanto en ritual como en contenido: pues mientras el primero (mediante inmersión en agua) no era más que la manifestación pública del arrepentimiento de los pecados de uno y arreglar con ello, su personal situación con Dios (Luc. 3:3), el segundo (mediante imposición de manos) hacía de uno un Hijo de Dios y recibiendo con ello los poderes que eran consustanciales con dicha condición; y algo constatado por lo que pudieron hacer todos aquellos que accedieron a la misma…… y con el añadido de que ambos eran impartidos por personas “autorizadas” expresamente por Jehová: Juan para el primero y Jesús para el segundo. Y lo que nos lleva a razonar, con referencia al primer bautismo, que no tendría sentido el que Jehová mandara a Juan expresamente a bautizar en agua, si dicha práctica bautismal ya se hubiera estado llevando a cabo en Israel de forma ritual; por lo que hay que suponer, que fue en Juan que inició dicho “primer” bautismo en agua y de ahí, que el tal fuera conocido como “el bautismo de Juan” (Luc. 7:29)…… no olvidemos y en contra de lo que muchos piensan, que Jesús y mientras estuvo en la tierra, impartía también el bautismo en agua o “bautismo de Juan”, pues según propia afirmación, no podía bautizar en “espíritu santo” sino hasta después de su muerte:
“No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo con el que poco después serían bautizados) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación mía).
Por lo tanto, antes de la muerte de Jesús y desde Juan “el bautizante” (Mat. 11:12) en adelante, no existía otro bautismo que el de agua, pues recordemos y en línea con lo que estoy afirmando, que posteriormente y antes de su ascensión a los cielos, las instrucciones que dio a sus apóstoles, fueron las siguientes:
“Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes (luego a diferencia de otros) serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5). (Acotación mía).
Por lo que hay que concluir que, obviamente, estamos hablando de dos bautismos totalmente diferentes y siendo el que acababa de anunciar Jesucristo, el “segundo” bautismo mencionado en Juan 3:5; y bautismo que inició su andadura en el Pentecostés de 33 E.C., cuando fue derramado sobre los apóstoles y que conllevó a que los tales fueran reconocidos como Hijos de Dios y con ello, recibiendo los poderes “acreditativos” inherentes a dicha condición…… y poderes que fueron los mismos que Jesús desplegó durante su estancia en la tierra: levantar muertos, expulsar demonios, sanar enfermos, restaurar inválidos, etc. etc. etc. Pero veamos como Jesús ya señaló de antemano, que dicho bautismo en espíritu santo lo que haría es convertir a sus apóstoles en Hijos de Dios y por tanto, en “hermanos” suyos y algo que no podía conseguir en modo alguno el “bautismo de Juan” o bautismo de agua:
“Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”.” (Juan 20:17).
Por lo que ya tenemos en escena a los primeros doce “nacidos de nuevo”, pues reunían el requisito exigido por Jesús, eso es, habían recibido el bautismo en agua de Juan en su momento y el bautismo en espíritu santo de Cristo y que este, en función de la autoridad que le había sido concedida (Mat. 28:18), derramó sobre ellos en el citado día de Pentecostés de 33 E.C. (más adelante hizo lo mismo con Pablo); ahora bien: ¿quiénes fueron los siguientes en reunir este “segundo” bautismo y que los convertía también en “nacidos de nuevo” o Hijos de Dios de pleno derecho y dotados por tanto, de los asombrosos poderes que dicha condición llevaba inherentes y a modo de “tarjeta de presentación”? Pues aquellos que lo recibieron directamente de manos de los apóstoles (y de Pablo, posteriormente) y que eran a los que Jesucristo y en función de la autoridad recibida (Mat. 28:18), había autorizado a impartirlo y acto que se escenificaba con el ritual de la imposición de manos…… y es que mientras que el bautismo en agua mediante en inmersión, no tenía más trascendencia que el ser la declaración pública del arrepentimiento de uno por sus pecados y acto que dependía de la voluntad del bautizado de someterse al mismo o no, el bautismo en espíritu santo dependía directamente de Dios y autoridad que Este delegó en Su Hijo Jesucristo como acabamos de señalar, de concederlo o no y con ello, el que uno adquiriera la condición de Hijo Suyo, eso es, “ungido” o “nacido de nuevo”; pero veamos cómo nos explica esto Pablo, según lo vierte la Traducción en Lenguaje Actual:
“Pero eso no es todo. Aun cuando los dos hijos de Rebeca eran de nuestro antepasado Isaac, Dios eligió sólo a uno de ellos para formar su pueblo. 11 Antes de nacer, ninguno de los niños había hecho nada, ni bueno ni malo. Sin embargo, Dios le dijo a Rebeca que el mayor serviría al menor. 12 Con esto Dios demostró que él elige a quien él quiere, de acuerdo con su plan. Así que la elección de Dios no depende de lo que hagamos (o en su defecto, de lo que emocionalmente sintamos o creamos ser). 13 Como dice la Biblia: “Preferí a Jacob y no a Esaú”.” (Rom. 9:10-13). (Acotación mía).
Entonces queda entendido que el ser un “nacido de nuevo” no depende de nuestro personal punto de vista o convicción interna sobre el asunto, ni del esfuerzo que hagamos para conseguirlo, sino y como dice el pasaje consultado, de que Jehová le elija a uno (Gál. 4:6-7); y algo que al amigo “rubeto” se le pasa por alto y lo que no hace más que confirmar mi opinión, en el sentido de que dicho caballero no tiene muy claro por dónde le sopla el aire en la referido al contenido escritural, De ahí y que como tantos otros, caiga en el error de ajustar lo que este dice a su personal forma de entender las cosas (puesto que cree ser un “nacido de nuevo”, eso es lo que debe de decir el contenido escritural) y no que sea su punto de vista el que se ajuste a lo que realmente dice el registro escrito, en el sentido de si uno puede, o no puede, ser hoy un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios…… y siendo lo que el texto escritural nos dice, que a día de hoy no puede existir dicha clase de personas. Porque lo que nos dicen las Escrituras, según el libro de Hechos de los Apóstoles y en donde se nos habla de cómo funcionaba la congregación cristiana del I siglo, es que solo los apóstoles tenían la “autoridad” para impartir el bautismo en espíritu santo, delegada directamente en ellos por el propio Jesucristo y bautismo que era el que otorgaba la condición de Hijo de Dios al que lo recibiera; sin embargo, aquellos que lo habían recibido de manos de los apóstoles y si bien adquirían la misma condición de Hijos de Dios y con poderes similares a aquellos, ya no podían bautizar a otros en espíritu santo, eso es, no podían transmitir a otros dicha condición de Hijos del Supremo…… un claro ejemplo de que ello es así, lo tenemos en el relato de Hech. 8:4-21:
“No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.
9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (por mano de Felipe; eso es, el propio Simón estaba asombrado de lo que podía hacer el tal Felipe y que él, habiendo sido bautizado por este, no podía hacer).
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos (Pedro y Juan) bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados (obviamente en agua) en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos (ritual para el bautismo en espíritu santo) y ellos empezaron a recibir espíritu santo.
18 Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu (luego no por parte de Felipe, pues de lo contrario no se tendrían que haber desplazado Pedro y Juan a Samaria para impartir dicho bautismo en espíritu), les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad (luego es obvio que Felipe no la tenía, pues de no ser así, el tal Simón se la habría pedido a este, pues era con el que tenía más estrecha relación; de hecho, a Pedro y a Juan no los conocía de nada), para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”. 20 Pero Pedro le dijo: “Perezca tu plata contigo, porque pensaste conseguir posesión de la dádiva gratuita de Dios mediante dinero. 21 No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto a vista de Dios”.” (Acotaciones mías).
Y puesto que un caso parecido ocurrió con Pablo (Hech. 19:1-7), es perfectamente entendible que solo aquellos que habían recibido directamente de Jesucristo dicho bautismo en espíritu santo podían impartírselo a otros, mientras que los que lo habían recibido de manos de los apóstoles, si bien adquirían y al igual que estos la condición de Hijos de Dios o “nacidos de nuevo” a una diferente esperanza de vida, así como los poderes que dicha condición llevaba inherentes, ya no podían transferírselo a otros…… porque esto es lo que nos dicen las Escrituras ¿o no es así, amigo “rubeto”? Por lo tanto, ello nos lleva a una conclusión lógica y de sentido común: con la muerte del último apóstol, se acabó la posibilidad de acceder al bautismo en espíritu santo y con ello, el que uno pudiera reunir el requisito dado por Jesús en su momento y que debían de atesorar aquellos que aspiraran a reinar con él, eso es, el de contar con los dos bautismos mencionados en Juan 3:5 y tema sobre el que hemos publicado bastante en este blog. Ello nos tiene que llevar a razonar, en consecuencia, que a día de hoy no puede existir nadie “nacido de nuevo”, o “ungido” o “Hijo de Dios” (términos sinónimos) y por tanto, co-participes con Cristo del gobierno del reino de Dios, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes…… y lo que se diga en sentido contrario, por parte de quién sea, no es más y como hemos dicho, que una nueva versión del “cuento de la lechera”; porque recordemos las palabras de Jesús en el citado pasaje y que no admiten discusión alguna:
“Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua (el bautismo de Juan) y del espíritu (el bautismo de Cristo), no puede entrar en el reino de Dios.” (Acotaciones mías).
Obviamente, está claro que no podían entrar formar parte del gobierno de dicho reino, en calidad de inmortales reyes y sacerdotes para el Dios Altísimo y el Cristo, aquellos que no hubieran participado de los dos bautismos (Rev. 20:6)…… por lo que repito la pregunta, al autor del correo que he recibido, el tal “rubeto”: ¿Quién y con qué autoridad, le bautizó a él en espíritu santo y que le diera la condición de “nacido de nuevo”? Es más, ¿quién y con qué autoridad, le bautizó en agua en “el nombre de Jesucristo” (Hech. 10:48), siendo como es el caso de que no existe actualmente en la tierra organización religiosa alguna que tenga el favor de Dios y por tanto, que pueda hacer uso del mismo? Es más ¿dónde están esos poderes que dicha condición de “nacido de nuevo” y según las Escrituras, lleva aparejados…… o se cree al amigo “rubeto” que con su palabra de ser lo que afirma ser, es suficiente?
Pero dicho lo cual y ya que viene a cuento, puesto que en dicho correo se me habla de soberbia y altanería (obviamente la mía, según apunta el amigo “rubeto”), me permitirá dicho caballero que le haga una pequeña observación: y la tal tiene que ver con la soberbia y altanería que él mismo manifiesta, cuando después de relatarnos los esfuerzos que hace para, supuestamente, mantener dicha fantasiosa e inexistente condición de “nacido de nuevo”, nos dice lo siguiente y a lo que me permito hacer algún resalte en “negrita”:
“……y tratando de caminar en santidad, alimentando el espíritu más que la carne, lo menos que merezco es: o ser levantado para no ver destrucción o ser resucitado para vida eterna.” (Corrección ortográfica mía).
¡Fíjense ustedes…… y yo “con esos pelos”, pues en mi “soberbia y altanería” pensaba que el que determina lo que nos meremos o no, es Jehová Dios y no uno mismo! Es más, apoyándome en dicha congénita “soberbia y altanería” y que según dicho caballero es lo que me caracteriza, siempre he pensado que no nos merecemos nada, sino que lo que tenemos, eso es, el poder beneficiarnos del sacrificio de Su Hijo Jesucristo, es por la infinita bondad y misericordia inmerecidas que el Dios Altísimo nos tuvo desde el principio:
“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).
Yo, sin ir más lejos y por aquello de enfatizar en asunto, en mi “soberbia y altanería” no creo merecerme nada por pasarme muchísimas horas al día ante el ordenador, bien sea analizando información, o contrastando textos bíblicos, o escribiendo los artículos o respondiendo a preguntas que se me formulan, sencillamente para que otros se puedan beneficiar de lo que buenamente voy aprendiendo acerca de Dios…… y jugándome además el “físico”, en el sentido de que en un momento determinado y como es el caso que ahora nos ocupa, salga alguien que intente ponerme la cara “colorada”; más bien lo que siempre he tenido presente y quizás de ahí, la “soberbia y altanería” de la que supuestamente soy poseedor, son la palabras que dijo Jesús en su momento a los apóstoles y que entiendo nos aplican a todos por igual, de nuevo tomadas de la Traducción en Lenguaje Actual:
“De modo que, cuando ustedes hayan hecho todo lo que Dios les ordena, no esperen que él les dé las gracias. Más bien, piensen: “Nosotros somos sólo sirvientes; no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación”.” (Luc. 17:10).
Sin embargo, hete aquí que nos sale ese caballero dándonos lecciones de “humildad” y diciéndonos que “lo menos” que puede darle Dios a él, por su “personal esfuerzo y merecimiento”, es el reinar con Su Hijo Jesucristo en el reino venidero, ya que el hombre se considera a sí mismo como un “nacido de nuevo” o Hijo de Dios. Aunque tal parece, que Jehová no se ha enterado aún de que le ha “aumentado la familia”, pues no le ha hecho depositario de los grandes poderes que a modo de acreditación, según las Escrituras y si estas no nos mienten, son inherentes a dicha condición de Hijo de Dios o “nacido de nuevo”; pero en todo caso, amigo “rubeto”…… ¡lo que usted diga, oiga!
Armando López Golart
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domingo, 13 de octubre de 2013
Hijos de Dios ¡imposible!……. hijos del diablo ¡probable!
Hace unos pocos días, recibimos un correo que nos sorprendió, pues se refería a un tema del que recientemente y desde diferentes ópticas, nos hemos ocupado profusamente y por lo que pensábamos estaba ya entendido por nuestra entendida “concurrencia”, que tiene que ver con la existencia o no y en el momento actual, de supuestos “ungidos” o Hijos adoptivos de Dios; cuestión ésta en donde el más tonto hace relojes, eso es, que cualquiera y porque se haya bautizado ya se considera como tal, bien sea por que se lo han dicho “de buena fuente” los dirigentes de su iglesia u organización religiosa con la que se asocie, bien porque haya tenido un subidón de emotividad en el momento de su bautismo y se haya “sentido” llamado por Dios para tan alto privilegio…… sea como fuere, estaríamos ante una cuestión que no es de menor cuantía.
Porque no podemos olvidar y de ello la tremenda importancia que tiene el ostentar dicha condición, que la misma eleva a uno a la condición de hermano de Jesucristo y en consecuencia, a heredar con éste el reino de Dios venidero en calidad de inmortal rey y sacerdote por mil años, eso es, que en lugar de ser un súbdito de dicho reino, ocupará uno el cargo de inmortal rey y sacerdote en el mismo…… obviamente, una “pequeña” diferencia. Pero de ello se genera una derivada y que hace que dicha cuestión no quede circunscrita solo a los que sienten tal llamado, sino a todos aquellos que deseamos conocer las cosas que tienen que ver con nuestro Creador, pues tenemos el hecho de que un Hijo de Dios y según las Escrituras, está “guiado por el espíritu de Dios” (Rom. 8;14) y por lo que al modo de los Pedro, Pablo, Juan y tantos otros que en su momento gozaron de tal privilegio, habría que presuponer que las “enseñanzas” de estos actuales personajes supuestamente “ungidos”, están revestidas de la autoridad divina y con ello, adquieren rango de “palabra de Dios”…… con lo que todos, repetimos, nos vemos afectados por tan disparatada creencia, que no tiene fundamento bíblico alguno como veremos a lo largo de este escrito. Y con el añadido, de que los que no nos consideramos poseedores de dicha relación paterno/filial con el Altísimo, por ejemplo los autores de este blog y que plantamos cara a las barbaridades que como “enseñanzas” publican dichos supuestos “ungidos” actuales, lo que realmente estaríamos haciendo es discutir información proveniente de Dios, por medio de esos canales o personajes y con lo que no nos negarán que ello nos pondría en una muy grave posición ante el Creador, por lo que es del todo necesario aclarar esta cuestión…… dicho lo cual y reconocida la importancia del tema, veamos el correo recibido y del que solo transcribiremos la pregunta que en el mismo se nos formula, que como tenemos por costumbre será sin retoque alguno:
“…… usted como se considera hijo de Dios o hijo del diablo,en la actualidad por quien somos guiados por el E.S.o por el espíritu del diablo.”
Y dejando aparte otras consideraciones, entremos a analizar en primer lugar la pregunta acerca de qué nos consideramos ser nosotros, si hijos de Dios o hijos del Diablo y, en segundo lugar, por quién en la actualidad está guiado el “personal”…… si por el espíritu santo de Dios o por el contrario, por el espíritu de Satanás. Pero para lograr un entendimiento claro de esa primera cuestión planteada, eso es, si uno y prescindiendo lo que piense a nivel particular, es o no es realmente un “ungido” o Hijo de Dios (por supuesto, nadie se arroga el dudoso privilegio de ser un hijo del diablo, como no se trate de algún “pirao” y que de todo hay en la viña del Señor), tendríamos que llegar a un entendimiento cabal del siguiente pasaje y que dicho sea de paso, es totalmente desconocido por esos personajes que afirman ser “ungidos”…… no el pasaje como tal y que es usado con profusión por dichos personajes para apoyar su grotesca afirmación, sino el entendimiento del mismo y lo cual ya es harina de otro costal:
“Todos ustedes, de hecho, son hijos de Dios mediante su fe en Cristo Jesús. 27 Porque todos ustedes los que fueron bautizados en Cristo se han vestido de Cristo.” (Gál. 3:26-27).
De ahí que en Rev. 16:15, Jesucristo dijera que uno debe mantenerse despierto y guardar “sus prendas de vestir exteriores, para que no ande desnudo y la gente mire su vergüenza” y lo que equivaldría a mantenerse “vestido de Cristo”, eso es, el mantener la condición de aprobación ante Jehová por parte de aquellos a los que les había sido concedida; pero dicho lo cual, vayamos al punto focal del texto y que tenemos condensado en las palabras “bautizados en Cristo”, porque ¿qué significa estar “bautizado en Cristo”? Y es que lo que queda claro en dicho pasaje, es la estrecha relación existente entre ser uno un “ungido” o Hijo adoptivo de Dios, con el estar “bautizado en Cristo” y lo que nos lleva a tener que averiguar, de cuántos bautismos nos hablan las Escrituras esencialmente; por lo que veamos cuál es, el primero de los bautismos que se nos menciona en la Biblia:
“Ni siquiera yo lo conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: “Sobre quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que bautiza en espíritu santo”.” (Juan 1:13).
Luego el primer bautismo como tal de la historia, lo impartió Juan “el bautizante” (de ahí el sobrenombre que se le dio) bajo la directa dirección dada por el propio Dios y que consistía en sumergir a uno en agua, como público reconocimiento de éste del arrepentimiento por sus pecados cometidos…… y a este bautismo en agua, se le conoció como “el bautismo de Juan” (Mar. 11:30; Luc. 20:3). Ahora bien, no es menos cierto que el pasaje que estamos analizando ya apunta a la idea de que había otro bautismo por venir, pues a Juan le fue dicho acerca de Jesús que “este es el que bautiza en espíritu santo” y por lo que solo es razonable, que este nuevo bautismo en espíritu santo fuera reconocido como el “bautismo de Cristo”, dado que en el pasaje citado queda claro que solo Jesús podía administrarlo; luego ya tenemos otro bautismo en marcha, lo que nos lleva a plantearnos unas cuantas cuestiones sobre el mismo: por ejemplo, cuando se instauró dicho bautismo; o si el tal, anuló o dejó sin efecto al “bautismo de Juan”; por otra parte, cómo se impartía y ya, finalmente, que finalidad u objetivo tenía ese nuevo bautismo.
De entrada diremos, que este bautismo en espíritu santo solo se pudo dispensar a partir de la muerte y resurrección de Jesús, pues este hizo mención de ello en algunas ocasiones a sus apóstoles y lo que significaba (detalle muy importante, para entender el alcance de lo queremos explicar) que cuando el propio Jesús durante su ministerio y a través de sus apóstoles, bautizaba en agua, no hacía más que impartir el “bautismo de Juan” y con el mismo significado que siempre había tenido: bautismo de arrepentimiento público de los pecados cometidos por el que se sometía al mismo; pero veamos lo que el propio Jesús dijo a sus apóstoles y que confirma nuestra afirmación al inicio de este párrafo, acerca del cuándo se iba a poder impartir dicho bautismo y circunstancia que tenía que ver, con el que él siguiera su camino al padre, eso es, que muriera como murió:
“No obstante, les digo la verdad: Es para provecho de ustedes por lo que me voy. Porque si no me voy, el ayudante (el espíritu santo) de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, lo enviaré a ustedes.” (Juan 16:7). (Acotación nuestra).
Una vez muerto y ya resucitado, veamos cuales fueron las últimas instrucciones que Jesucristo dio a sus apóstoles, antes de ascender al cielo:
“Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes (los apóstoles y no otros) serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5). (Acotación nuestra).
Está claro, entonces, que Jesucristo estaba hablando de un bautismo distinto al de Juan (realizado en agua), pues los apóstoles ya hacía años que había sido bautizados en el mismo, por lo que tendríamos que estar hablando de otra cosa y lo que nos lleva a la segunda de las cuestiones planteadas…… ésta en el sentido de si con ello se dio por finiquitado o anulado el “bautismo de Juan”, al aparecer el nuevo bautismo. Que no fue así, al menos de momento, queda claro por las palabras que Jesús en cierta ocasión habló con un tal Nicodemo y relacionadas con los dos requisitos fundamentales que tenía que reunir todo aquél que deseara alcanzar un puesto en el gobierno del reino de Dios, en calidad de inmortal rey y sacerdote:
“Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5).
O lo que es lo mismo, que uno hubiera sido bautizado en el “bautismo de Juan” (Mar. 11:30), que se administraba mediante agua y que hubiera sido bautizado también, en el “bautismo de Cristo” (Gál. 3:27) y que se administraba mediante el espíritu santo…… a eso se le llamaba y se le sigue llamando “nacer de nuevo” (Juan 3:3). Dicho lo cual, veamos ahora la tercera de las cuatro cuestiones formuladas y que nos lleva a averiguar el cómo se administraba dicho bautismo, algo que las Escrituras nos muestran claramente: se administraba mediante el ritual de la imposición de manos por parte de los apóstoles (Hech. 8:17: 19:6), cómo únicas personas autorizadas para ello (señalemos, no obstante, que dentro de la congregación cristiana primitiva, no todas las imposiciones de manos tenían como finalidad última el transmitirle a uno el ungimiento como Hijo de Dios) y que nos lleva a la cuarta cuestión planteada, acerca de la finalidad u objetivo perseguido por ese nuevo bautismo…… lo cual implica el hacernos la siguiente pregunta: ¿qué efecto tuvo en los apóstoles, ese bautismo en espíritu santo o “bautismo de Cristo” y que lo hizo totalmente diferente de su anterior bautismo en agua o “bautismo de Juan”? Pues que les dio una condición que no recibieron con el bautismo en agua y que tenía que ver con el declararles Hijos adoptivos de Dios y condición que se manifestaba públicamente, por los poderes sobrenaturales que tras dicho “bautismo en Cristo”, podían llevar a cabo aquellos que lo había recibido (Hech. 2:4; 19:6)…… y que no se les permitía desplegar, sin embargo, a los que solo habían recibido el “bautismo de Juan”.
Por ejemplo, un seguidor de Jesucristo llamado Felipe y que había recibido dicha condición de manos de los apóstoles, revolucionó Samaria con los poderes que podía desarrollar en su condición de “ungido” o Hijo de Dios (Hech. 8:6-7; 13); ahora bien, hemos dicho que solo los apóstoles podían bautizar en espíritu santo y con ello conceder el don de la adopción de uno como Hijos del Altísimo y siendo el tal Felipe el máximo exponente de lo que afirmamos; porque si bien y en función de su condición de “ungido” podía bautizar a otros en el “bautismo de Juan”, eso es, en agua y además, podía efectuar obras poderosas lejos del alcance del común de los mortales, no podía sin embargo impartir dicho bautismo en espíritu santo y con ello, transmitir la condición mencionada de Hijo de Dios a otros…… ello queda claro, por el hecho de que los apóstoles se tuvieron que trasladar desde Jerusalén a Samaria, para consumar dicho bautismo (Hech. 8:14-17). Otro punto en cuestión, es el de que solo pueden bautizar aquellas personas autorizadas por Dios y que a día de hoy no las hay, algo que explicamos en su momento en uno de nuestros artículos (02/11/11) y que titulamos “Pero…… ¿y quién nos bautiza?”.
Recordemos y volviendo a lo que nos ocupaba, que hemos dicho que solo Jesús y después de su ascensión a los cielos, pudo impartir dicho bautismo en espíritu santo y acto que se llevó a cabo el Pentecostés de 33 E.C. y únicamente sobre los 12 apóstoles (grupo al que posteriormente fue incorporado Pablo), con lo que se convirtieron, por tanto, en depositarios únicos de la autoridad de podérselo transmitir a otros, como hemos demostrado bíblicamente en el párrafo anterior. Ello nos lleva al punto clave de la cuestión que estamos analizando, pues se entiende que con la muerte del último de dichos apóstoles, se acabó la posibilidad de habilitar a más personas el acceso a la condición de Hijo de Dios, dado que no existía ya sobre la tierra quien pudiera transmitirla; que la situación era esta, se deduce también por unas palabras que Jesús dirigió a su Padre Celestial y en directa alusión a sus seguidores, en donde dijo lo siguiente:
“Hago petición, no respecto a estos solamente, sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.” (Juan 17:20).
Lo que nos viene a decir, que Jesús pedía por sus apóstoles y por aquellos que a través de la directa palabra de estos, creyeran también en él; que ello es así, queda claro por lo dicho hasta el momento, porque si con la muerte de los apóstoles se acabó la transmisión del bautismo en espíritu santo y que lo habían recibido directamente de Jesucristo, con la muerte de aquellos que lo recibieron directamente por mano de los apóstoles de Jesús, se acabó lógicamente la razón y objetivo último de la predicación iniciada por Jesús y que no era otra, que el escoger a aquellos que con él tenían que gobernar en el reino de Dios…… y es que con la muerte de los apóstoles, no lo olvidemos, finalizó el tiempo en que el ser humano tuvo la oportunidad de ser elevado a la condición de inmortal Hijo de Dios, para al igual que Jesucristo, servirle como rey y sacerdote durante el milenio. Que ello es así, queda probado por el hecho de que Jesús habló de otra gran predicación, a llevarse a cabo en la parte final de los tiempos (Mat. 24:14) y que sería seguida por “el fin”, obviamente, no del mundo sino del sistema de cosas actual; ello nos deja claro que esa predicación del primer siglo iniciada por Jesús y continuada por sus apóstoles, tenía fecha de caducidad y que coincidió, como hemos señalado, con la muerte del último de ellos en 99 E.C. y que fue el apóstol Juan…… ahí acabó la búsqueda de aquellos que tenían que reinar con Cristo, pues los pocos que quedaban que habían recibido dicho privilegio de manos de los apóstoles, hemos dicho que no se la podían pasar a otros y con lo que razonablemente, como hemos señalado, dicha obra quedó finiquitada.
Pero no es menos cierto que llegado el momento de la muerte del último apóstol y con ello, la desaparición del “bautismo de Cristo”, eso es, la desaparición definitiva de uno de los dos requisitos impuestos por Jesús para alcanzar una plaza en el gobierno del reino (recordemos Juan 3:5 ya leído), el “bautismo de Juan” quedó obsoleto pues ya no tenía sentido alguno el mantenerlo. No olvidemos, que la finalidad del “bautismo de Juan”, era la de atraer hacia Jesús a personas de buena condición (Luc. 1:16-17) y de dónde éste pudiera escoger, a aquellos que con él compartirían la responsabilidad de gobernar en el reino de Dios y algo que hizo, derramando sobre esos escogidos el bautismo de espíritu santo o “bautismo de Cristo” y que los elevaba a la condición de Hijos de Jehová…… pues este era el significado respectivo de cada bautismo: el de Juan en agua, como reclamo para atraer a los dispuestos hasta el Mesías y el de Jesús en espíritu santo, el de señalar a aquellos que finalmente fueron escogidos; ya otra cosa, es todo el montaje que las distintas denominaciones religiosas se han montado a su alrededor. Porque algo que no tenemos que pasar por alto, es que en última instancia lo que han hecho dichas organizaciones religiosas de la mal llamada “cristiandad” con dicho bautismo, no ha sido otra cosa que dividir a las personas en distintas facciones y enfrentándolas entre sí, a lo largo de toda la historia conocida de la religión y eso ya, a partir de la muerte de los apóstoles (1 Juan 2:18)…… prueba concluyente de que tenemos razón en lo afirmado, es que dicho “bautismo de Juan” y que se continúa practicando hoy día, lejos de ser un instrumento al servicio de Dios, no ha sido más que un arma letal en manos de Satanás para dividir al “personal” (crear “sectas” o “herejías” según versiones, enseñanzas falsas en todo caso que dividen y que son “destructivas”, según 2 Ped. 2:1) y llevándolo con ello a violar, el fundamental primer requisito entre aquellos que dicen ser seguidores de Cristo:
“Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar.” (1 Cor. 1:10).
O como solemos decir desde este blog, el mismo parecido de un huevo a una castaña, lo que se pidió a lo que vemos actualmente, porque ¿en cuántas denominaciones diferentes está dividida la “cristiandad” actual? Según hemos podido averiguar, estaríamos hablando de más de 30.000 denominaciones distintas dentro de la misma y que como ejemplo de “unión”, no está nada mal; lo cual no es óbice, sin embargo, para que un inmenso número de “fantasmas” de entre los miembros de las mismas y a los que se suman aquellos que van por libre, se crean señalados por el dedo de Dios para llegar a ocupar un “trono” al lado de Jesucristo en calidad de inmortal rey y sacerdote y para lo cual, recordemos, se precisa ser un Hijo adoptivo de Dios, o lo que se denomina ser un “ungido”. Con lo que nos encontramos con una feroz controversia entre esos supuestos “ungidos”, pues mientras los unos afirman ser los verdaderos y que todos los restantes son los falsos, los de la denominación de enfrente dicen totalmente lo contrario y así recíprocamente, los unos en contra de los otros; ahora bien, en lo que están totalmente de acuerdo los unos y los otros, es en el hecho de que han conseguido su “ungimiento” como Hijos adoptivos de Dios, mediante el bautismo en agua o el “bautismo de Juan”…… algo que jamás en la historia bíblica ha otorgado dicho bautismo en agua, como hemos podido comprobar en lo mencionado hasta el momento.
Luego la respuesta a la pregunta recibida en el correo que transcribimos el inicio de este escrito, es obvia: los autores de este blog no nos consideramos hijos de Dios, porque en este momento y por todo lo considerado, no existe sobre la tierra persona alguna que ostente la condición de “ungido” o Hijos adoptivo de Dios. Que ello es así, queda demostrado por unas palabras que Jesucristo dirigió a sus apóstoles en el mismo momento de partir al encuentro de su Padre en los cielos, registradas en Mar. 16:15-20 y que trascribiremos en la versión Traducción en Lenguaje Actual, pues es la que lo vierte de una forma más sencilla y por tanto, perfectamente entendible:
“Jesús les dijo: “Vayan por todos los países del mundo y anuncien las buenas noticias a todo el mundo. 16 Los que crean en mí y se bauticen, serán salvos. Pero a los que no crean en mí, yo los voy a rechazar. 17 Los que confíen en mí y usen mi nombre podrán hacer cosas maravillosas: Podrán expulsar demonios; podrán hablar idiomas nuevos y extraños; 18 podrán agarrar serpientes o beber algo venenoso y nada les pasará. Además, pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán”.
19 Cuando el Señor Jesús terminó de hablar con sus discípulos, Dios lo subió al cielo. Allí, Jesús se sentó en el lugar de honor, al lado derecho de Dios. 20 Y los discípulos, por su parte, salieron a anunciar por todas partes las buenas noticias del reino. El Señor Jesús los acompañaba y los ayudaba por medio de señales milagrosas; y así Dios demostraba que los discípulos predicaban el mensaje verdadero. Amén.”
Entonces la pregunta es obvia: ¿conoce usted a alguien de entre toda esa jauría de “iluminados” que se auto-identifican como Hijos de Dios y afirman predicar el evangelio “verdadero”, que puedan efectuar esas obras poderosas mencionadas y que Jesucristo afirmó sin lugar a duda alguna (no lo olvidemos), que les sería concedido el poder necesario para llevarlas a cabo?...... no ¿verdad? Entonces o Jesucristo nos mintió, o nos están mintiendo todo ese enjambre de petulantes indocumentados, que afirman ser lo que no son y lo que nos lleva al título que da pie a este escrito, en el sentido de que ser Hijo de Dios es actualmente imposible…… pero el ser un hijo de Satanás, es bastante probable; porque veamos lo que en su momento Jesús afirmó con relación a los dirigentes religiosos de su tiempo, eso es, a aquellos que en se momento tenían a su cargo, el enseñar la Ley de Dios a la “parroquia”:
“Ustedes proceden de su padre el Diablo y quieren hacer los deseos de su padre. Ese era homicida cuando principió y no permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44).
Ahora preguntémonos: ¿qué es lo que están haciendo, estas personas que nos dicen presuntuosamente que son “ungidas”, por tanto “guiadas” por el espíritu santo y que nos están predicando que todos aquellos que crean en Jesucristo y se bauticen serán salvos (la primera parte del pasaje de Marcos mencionada) y que por lo tanto, todos ellos pasarán a reinar con Cristo en los cielos, pero omitiendo de forma interesada lo que dice la segunda parte del pasaje citado…… como no sea el mentirnos como bellacos? Vean ustedes una declaración “tipo” de uno de esos “iluminados” y que por caridad cristiana (ya saben ustedes…… la cercanía de la Navidad y todas esas cosas), omitiremos el dar su nombre:
“Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.”
“Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas nuestras).
A tenor de lo considerado y puesto que dichos sujetos se reafirman constantemente en su mentira sobre un supuesto “ungimiento” y algo de lo que parece ser, no se ha enterado Jehová, pues no les da poder ni para curar un simple catarro (recordemos que los poderes eran una identificación del verdadero enviado de Dios, según el pasaje mencionado de Marcos), lo único que podemos pensar es que la mentira y como dijo Jesús, es su predisposición natural y lo que les convierte en hijos de Satanás…… y conste que eso, como hemos visto, lo dijo el propio Jesús y no nosotros, los autores de este blog. Entonces y en una lógica conclusión y atendiendo la segunda cuestión planteada en el correo recibido, la humanidad está “guiada”, no por el espíritu santo de Dios, sino por el espíritu maligno de Satanás, el “gobernante de este mundo” (Juan 14:30), que por medio de esos nefastos personajes que hemos mencionado dirige a la humanidad, en dirección contraria a lo que es la voluntad de Jehová, claramente manifestada en 1 Tim. 2:3-4:
“Esto es excelente y acepto a vista de nuestro Salvador, Dios, 4 cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto (o “pleno” según versiones) de la verdad (luego no de la mentira y que es lo que nos cuentan esos personajes).” (Acotaciones nuestras).
Pues los tales, tergiversan el mensaje de las Escrituras mediante confusas y contradictorias interpretaciones (solo se ponen de acuerdo en lo de ser “ungidos”, como ya les hemos señalado), que acaban confundiendo al “personal” y al grado que consiguen que este desista de intentar entender el mensaje que nuestro Creador nos ha dado mediante Su Palabra, la Biblia…… y lo que hace que el cornúpeta ese llamado Satanás, aplauda hasta con las orejas la siniestra labor de esos miserables que le hacen el juego. Pero que nadie crea que las “victimas” de ese atropello demoníaco, eso es, las que son “engañadas” de algún modo serán excusadas de responder por su responsabilidad en dicha cuestión ante su Creador, en el momento del juicio venidero y que serán también consideradas como hijos de Satanás; vean sino, lo que se nos dice en 2 Tes. 2:9-12:
“Pero la presencia del desaforado es según la operación de Satanás con toda obra poderosa y señales y portentos presagiosos mentirosos 10 y con todo engaño injusto para los que están pereciendo, como retribución porque no aceptaron (luego en el trasfondo de la cuestión, hay una actitud deliberada por parte del “engañado”) el amor de la verdad para que fueran salvos. 11 Por eso, Dios deja que les vaya una operación de error para que lleguen a creer la mentira, 12 a fin de que todos ellos sean juzgados por no haber creído la verdad, sino haberse complacido en la injusticia (pues no “espabilaron” en buscar la verdad en las Escrituras).” (Acotaciones nuestras).
Recordemos, que estas nos ponen como ejemplo a personas de Berea, que se caracterizaban por examinas a diario y con sumo cuidado, las Escrituras que tenían en aquél tiempo a su alcance, para averiguar si lo que Pablo les contaba era cierto o no…… ¡y estamos hablando del apóstol Pablo y no de los “mercachifles” que nos rodean hoy en día! Por lo que dicho lo cual, nos reafirmamos en lo expuesto en el titular de este escrito: Hijos de Dios ¡imposible!…… hijos del diablo ¡probable!
MABEL
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