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sábado, 5 de octubre de 2013

¡Antes de que lleguen “los días calamitosos”……!


Uno de los principales activos que tiene el ser humano, de forma innegable es la esplendorosa juventud por la que pasa en la primera etapa de su vida, la cual es seguida por la madurez y que nos lleva de cabeza a la vejez, o y por aquello de suavizar las cosas (ya se sabe que las penas con pan, son menos), lo que se ha dado en llamar “la tercera edad” y que se distingue del resto de la vida de uno, por los mismos achaques, traumas, limitaciones, deficiencias e impedimentos de todos tipo que tiene la vejez, con lo que resulta que estamos en las mismas; claro, ello lleva a pensar al “homo sapiens” (¡quién lo diría, viendo sus “éxitos”!) aquello de que si la vida nacer, crecer, envejecer y todo ello sufriendo, para al final tener que morir y desaparecer de la existencia…… ¿qué sentido, entonces, tiene la vida?

Esfuerzo por despejar dicha incógnita, que nos lleva a uno de los libros que componen el canon bíblico y que más nos instruyen en cuanto a sabiduría práctica y que es sin duda alguna el libro conocido como Eclesiastés en español; libro escrito por el rey Salomón hará más o menos unos 3.000 años y que es un llamado al sentido común de las personas jóvenes, en cuanto a tener muy en cuenta al Creador durante ese tramo de su vida de plenitud, pues llegarán los días “calamitosos” en que ya no podrán hacerlo. Cierto es que algunos dirán que viniendo la cosa de Salomón, que en sus últimos años fue un “pendón verbenero” de mucho cuidado, como que habría que tomar con cierta cautela sus afirmaciones…… pero no es menos cierto, que por casi una vida sirvió al Dios Verdadero y que Este ha tenido a bien el permitir que sus palabras fueran incluidas en el conjunto de las Escrituras. Luego quedémonos con lo bueno y omitamos lo malo (no llamemos al mal tiempo, que este ya viene sin necesidad de que le llamen), pues la realidad del día a día nos muestra la veracidad y sabiduría de dichas palabras, porque ¿quién no ha visto el espectáculo, lamentable por más señas, de las plazas o jardines públicos de nuestras ciudades llenas de ancianos sentados en sus bancos, eso es, personas encorvadas y llenas de achaques, que temblorosas sus manos y débiles sus piernas, contemplan pasar la vida ante sus ojos sin esperanza alguna y aguardando una muerte que, implacable, al final termina alcanzándonos a todos? Y es sobre esto, de lo que nuestro Supremo Creador nos invita a meditar a través de la expresivas palabras del sabio rey Salomón, en el último capítulo de ese libro mencionado de Eclesiastés y que en esta ocasión citaremos de la traducción Palabra de Dios para Todos, en donde leemos como sigue y que para una mayor entendimiento, intercalaremos alguna acotación en sus versos, así como párrafos aclarativos a continuación de cada uno de ellos…… pero leámoslos:

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los malos tiempos (o “días calamitosos” según versiones) y te aflija la vejez. Así no tendrás que decir: “Desperdicié mi vida”.

Porque ello es lo que resulta de no dedicar parte de la vida vigorosa de uno a inquirir acerca de Dios, lo que lleva al final de la carrera del individuo en este valle de lágrimas, a la característica falta de ilusión y esperanza que deriva de la ignorancia en cuanto a conocer el propósito que Dios tiene para con nosotros y que es muy distinto, del panorama al que nos enfrentamos actualmente; pero veamos el siguiente verso:

2 Ten siempre presente a tu Creador mientras eres todavía joven, antes de que llegue el momento en que el sol, la luna y las estrellas se oscurezcan para ti y te lleguen los problemas una y otra vez, como una tormenta tras otra.”

¿Qué significan estas palabras? Bien, probablemente Salomón comparó la época de la juventud o etapa de plenitud del hombre, al clásico verano palestino en el que el Sol, la Luna y las estrellas (en sus respectivos momentos) emitían su radiante luz en el cielo despejado de negros nubarrones y todo lucía muy brillante en ese momento…… sin embargo y en contraposición, en la vejez los días son tristes como la temporada fría y lluviosa del invierno, con un “aguacero” de problemas uno tras otro; porque la realidad es que en el “invierno” de la vejez, todo se oscurece o pierde brillo por la mencionada falta de ilusión, especialmente para los que han desaprovechado las oportunidades de aprender en su juventud, sobre aquello que nos tiene preparado Jehová ya para un futuro inmediato y habiendo malgastado la misma en actividades vanas.

3 Cuando te llegue esa época, tus brazos perderán la fuerza; tus piernas se debilitarán y se doblarán; se te caerán los dientes y no podrás morder bien la comida y tu visión será borrosa.4 No oirás bien, no escucharás el ruido en las calles, ni siquiera el de la piedra que muele tu trigo. No oirás cantar a las mujeres, pero el canto de un pájaro te despertará en la madrugada, porque no podrás dormir.”

¿Y quién puede negar estas nefastas consecuencias que acarrea la vejez y que le amargan la vida a uno? Y es que, por ejemplo, el tener una capacidad auditiva tan seriamente mermada que nos impida siquiera oír el ruido característico de las muelas masticando la comida o “la piedra que muele tu trigo”, causa mucha inseguridad en la persona en su día a día. Y qué decir del insomnio tan característico en las personas ancianas y lo que resulta (para acabar de arreglar la cosa) en que tengan más tiempo en el que pensar sobre su negro futuro.

5 Temerás a las alturas y a tropezar con algo en el camino. Tu cabello se volverá blanco como las flores de un árbol de almendro. Te arrastrarás como un saltamontes cuando camines. Perderás el deseo de vivir. Luego, irás a tu hogar eterno y los dolientes se reunirán en las calles para llevarte a enterrar.”

Algo característico de la vejez, es el perder los reflejos o la capacidad de reacción y el no controlar debidamente nuestro sistema motriz, pues nuestra piernas se vuelven torpes y no controlamos sus movimientos y lo que puede llevar a uno a una caída con graves consecuencias; de ahí que tomemos todo tipo de precauciones y siempre intentemos estar agarrados a algo…… ¿y quién no ha visto a ancianos encorvados y con los codos por detrás de cuerpo, prácticamente arrastrando sus pies y lo que realmente nos recuerda la figura de un saltamontes? Y cuando uno mira a las personas de su alrededor, inevitablemente se pregunta cuántos de ellos asistirán a su funeral y que no es un pensamiento muy animador que digamos…… pero es que la cosa no da para más, por lo cual y como dice el pasaje, uno pierde “el deseo de vivir”.

6 Acuérdate de tu Creador antes de que se rompan las cuerdas de plata y se quiebre la copa de oro; y se rompa el cántaro contra la fuente y se despedace la polea del pozo.”

Texto en el que “las cuerdas de plata” no son otra cosa que nuestra médula espinal y por medio de la cual y como cuerdas de tan preciado metal, son transmitidos los impulsos nerviosos que mueven nuestro cuerpo, mientras que el “tazón de oro” no es otra cosa que nuestro cráneo que guarda y protege esa inconmensurable maravilla de la creación, que es el cerebro; siendo en este caso y como un todo, el “cántaro” que se rompe y “la polea del pozo” que deja de funcionar, esa maravillosa “bomba” que mantiene constantemente nuestro vital riego sanguíneo y que es el corazón…… “polea” que cuando se para, se acabó lo que se daba.

7 Tu cuerpo vino de la tierra y cuando mueras, regresará a la tierra. Pero tu espíritu vino de Dios y cuando mueras, regresará a Dios.”

Con lo que uno sencillamente, vuelve a la inexistencia de la que vino y lo que lleva a pensar a la persona reflexiva, eso de…… ¿y para esto, tanto sufrimiento y agonía? Parecida conclusión a la que llega el sabio rey Salomón, cuando dice lo siguiente:

8 El Maestro dice: “Nada tiene sentido, nada en absoluto tiene sentido.” (Ecle. 12:1-8).

Pero veamos otro aspecto de la cuestión y por aquello de que “no hay dos sin tres”, que tiene que ver con la falta de respeto y consideración que a día de hoy se les tiene a las personas ancianas y que no hace más que hacernos sentir peor y que se nos agrie el carácter (con lo que ya entramos en una dinámica, que nos convierte en unos gruñones insoportables), pues nos damos cuenta en que nos hemos convertido en una carga para nuestros familiares, que bastante tienen con poder trabajar (en el supuesto que tengan trabajo, claro), por lo que lógicamente no pueden cuidarnos y, obviamente, en una carga para los sistemas de servicios sociales, como puedan ser los sistemas de pensiones o los de dispensación sanitaria en los centros médicos de la Seguridad Social, pues se nos considera como “elementos improductivos” y por lo tanto, sujetos de una inversión “no rentable”…… en definitiva y algo de lo que somos conscientes: en un estorbo para todo el mundo y sobre todo, para la economía de un país y lejos por tanto, de la visión que tiene Jehová del anciano:

Ante canas debes levantarte (o mostrar respeto) y tienes que mostrar consideración a la persona del envejecido y tienes que estar en temor de tu Dios. Yo soy Jehová.” (Lev. 19:32). (Acotación nuestra).

En fin, el mismo parecido del huevo a la castaña, lo ordenado por Jehová con lo que ocurre actualmente en nuestra sociedad mal llamada “cristiana”. Pero siguiendo en lo que estábamos, vayan sumando a lo dicho, el hecho que tal parece que las personas ignoran que los “abuelos” tenemos sentimientos como todos y que, conscientes como somos de que se nos “aguanta” por la pequeña aportación económica con la que contribuimos al sostén familiar y de la que somos (de momento) perceptores, nuestra situación anímica empeora; porque lo que la gente no sabe o no quiere saber, es que un anciano también tiene su “corazoncito” y que no deja de ser, en definitiva, un conjunto de sentimientos encerrados en un cuerpo físico que no responde a dichos estímulos. Porque nuestra capacidad interior de producir afectos, sentir emociones, enamorarnos…… sí, sí, hemos dicho de enamorarnos ¿o no han oído ustedes de parejas de ancianos, que se han enamorado y se han casado? Y es que los hay de aquellos del “genio y figura, hasta la sepultura” y que tiene todo el derecho del mundo en llevar a cabo dicha unión; es cierto que cuando eso ocurre, lo primero que se le ocurre pensar al común de los mortales es aquello de “son dos viejos chochos”…… pero no es menos cierto que quienes tal opinión manifiestan, pasan por alto una cosa: y es que en el ser humano hay una cosa que no envejece y que es nuestro corazón, que tal parece ser algo mucho más complejo que un simple órgano para bombear sangre a nuestro cuerpo, pues esto es lo que Jesús dijo del mismo:

Sin embargo, las cosas que proceden de la boca salen del corazón y esas cosas contaminan al hombre. 19 Por ejemplo, del corazón salen razonamientos inicuos, asesinatos, adulterios, fornicaciones, hurtos, testimonios falsos, blasfemias.” Mat. 15:18-19).

Posibilidad que ya barajaban los antiguos egipcios, pues afirmaban que el corazón físico era el asiento de la inteligencia y de las emociones, así como creían que tenía voluntad propia; por otra parte, los babilonios decían que el corazón abrigaba tanto el intelecto como el amor y pensamiento que compartía también el propio pueblo semita, para quienes el corazón implicaba todo lo que es propio del hombre, tanto en la esfera de los sentimientos como en la de la inteligencia y la voluntad…… y siendo el filósofo griego Aristóteles, posteriormente, el que afirmó que el corazón era el asiento de los sentidos y el ámbito del alma. Pero a medida que pasó el tiempo y aumentó el conocimiento científico, en detrimento del concepto religioso, estos puntos de vista se fueron descartando paulatinamente y ganando con ello de manera progresiva, la idea de que el corazón no es más que una bomba que hace circular la sangre a través del cuerpo…… sin embargo, ahí están las Escrituras señalando y casi siempre que nos hablan del corazón, a este como fuente directa de nuestros sentimientos y motivaciones, por lo que es obvio que tiene que haber una parte del corazón desconocida por la ciencia actual, en donde originan nuestras emociones y a la que se suele denominar como el “corazón figurativo”. Y reducto este, de nuestros más recónditos sentimientos, tanto buenos como malos (Jer. 17:10), que no envejece y por lo que como hemos dicho, está prisionero en un cuerpo maltrecho y deteriorado que ya no puede responder a sus estímulos…… y que lleva al “abuelete” en cuestión, a la conclusión manifestada por Salomón en el sentido de que “todo es absurdo” y que esta vida no tiene sentido ¡vamos, que “pa eso mejor no haber venio”!, que diría nuestro amigo el castizo.

A menos, eso sí, de que uno esté informado de la respuesta a las tres preguntas que el ser humano y dependiente de su propia “sabiduría”, no nos ha podido responder aún: quiénes somos, porque somos y hacia dónde vamos…… y respuesta a las tales cuestiones, que encontrándose en las Escrituras, llenan de esperanza a esas personas de la mal llamada “tercera edad” y hace que nos sobrepongamos a nuestros achaques (¡tampoco se crean que es como para tirar cohetes, pero menos da una piedra!); pues sabemos lo que nos aguarda a aquellos que, viviendo como los demás y pasando por las mismas dificultades a lo largo de nuestras vidas respectivas, sí hemos dejado un “huequecito” en la misma para interesarnos en el propósito de nuestro Creador para con Su Creación y encontrar con ello el consuelo necesario, fruto de la esperanza puesta ante nosotros: la ya pronta restauración de la humanidad obediente a su anterior condición de perfección, ya sin vejez, ni enfermedades, ni muerte, pues esto es lo que ha dicho Jehová:

Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.” (Isa. 65:17).

Entonces lo que nuestro Creador nos está ofreciendo es un mundo nuevo, con personas restauradas al mismo estado de perfección que en su día y antes del pecado disfrutaron Adán y Eva, eso es, un paraíso en el que la enfermedad, la vejez y la muerte no existirán, por lo que el ser humano tendrá ante sí la posibilidad de vivir eternamente en paz, felicidad y en un entorno, como hemos señalado, paradisíaco. Entorno en el que la violencia, el hambre, el delito, las guerras, el odio y tantas otras cosas que hoy nos causan perturbación y nos hunden en un profundo desequilibrio emocional, serán sencillamente cosas del pasado y por tanto, olvidadas…… y algo que la inmensa mayoría de todos esos “abueletes” que encontramos en nuestras plazas y parques sentados al sol, ignoran; y por lo que se puede decir que en el pecado llevan la penitencia, pues es la justa retribución por no haber puesto uno a Dios en su vida cuando era el momento apropiado y con lo que se encuentran, acorde a las palabras mencionadas por el sabio rey Salomón, en que han “malgastado” miserablemente su vida. Porque todo esto que hemos mencionado, es lo que nos explica la Biblia con detalle, pues en ella se nos pone en antecedentes de cómo ha maniobrado Jehová a través del tiempo para que las cosas vuelvan a su estado anterior, con la intención de que lo leamos y cuando nos lleguen “los días calamitosos” y en los que parece que el “sol” de nuestra vida ya se está poniendo, tengamos asida firmemente la confianza en que Él revertirá cualquier mal que nos haya podido ocurrir, incluso la propia muerte (Juan 5:28-29)…… y algo que todo aquél que esté interesado en obtener más  información, puede hacerlo leyendo uno de nuestros más celebrados artículos y que pueden encontrar en este link http://armandolopezgolart.wordpress.com/2012/04/09/; no obstante y siguiendo con lo que íbamos, vean como nos expone la idea el apóstol Pablo en el siguiente pasaje:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado, fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).

Algo que como ya hemos señalado en este escrito, marca la imperiosa necesidad de que el ser humano y ya desde el principio de su existencia conozca dicha información, pues ésta indudablemente condicionará su forma de ver las cosas y, lógicamente, su forma de afrontar y actuar en la vida. No olvidemos que ante la total ignorancia del contenido escritural por parte del ser humano en general, hay los que aplican la filosofía de que puesto que las cosas están como están “comamos y bebamos, porque mañana tenemos que morir” (1 Cor. 15:32)…… y lo que les lleva a adoptar una conducta o forma de vida, que les coloca en una situación de frontal oposición al Dios Altísimo. No obstante y como dicen que “arrepentidos los quiere Dios”, aunque Salomón hiciera directa referencia a la etapa de más vigor del ser humano, está claro que cualquier momento es bueno para empezar a ocuparse en las cosas de Dios y enderezar uno su vida, poniéndola en línea en lo demandado por Este; por ello y como diría el castizo, “pelillos a la mar” o para entendernos, “que lo pasado, pasado está” y pongámonos manos a la obra, en averiguar que nos cuenta nuestro Creador acerca de cómo están las cosas…… y es que ya sabe usted: nunca es tarde, cuando el propósito es bueno. Y para ello contamos con la favorable actitud por parte de nuestro Excelso Creador, todo bondad, misericordia y buena predisposición para con su creación, de la que nos habló el apóstol Pedro con las siguientes palabras:

Jehová no es lento respecto a su promesa, como algunas personas consideran la lentitud, pero es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento.” (2 Ped. 3:9).

Luego ¿podría ser quizás, que Jehová Dios estuviera esperando precisamente eso de algunos de los que probablemente van a leer este escrito? Nosotros, obviamente no lo sabemos, por lo que nuestra recomendación al “personal”, es que cada uno haga su particular examen acerca de su situación actual y actúe en consecuencia…… antes de que “los días calamitosos” le alcancen del todo y la cosa ya no tenga remedio.

MABEL

martes, 11 de diciembre de 2012

El “error” de Pedro

Uno de los problemas que solemos tener las personas, fiel exponente de nuestra condición imperfecta y dicho sea en plan un tanto desenfadado, es que “o no llegamos…… o nos pasamos”; o dicho de otra manera y ya para centrar el tema, que hay aquellos que están hasta tal grado convencidos de tener la aprobación de Dios y en consecuencia, de que recibirán sus favores, que de hecho ya se nos presentan como “ungidos” o Hijos adoptivos de Dios y por tanto, poseedores del espíritu santo de verdad (Juan 16:13)…… luego lo que ellos dicen está guiado por dicho espíritu y lo que más o menos nos llevaría a tener que aceptar y siempre según el particular entender de dichos personajes, que sus afirmaciones equivalen a ser Palabra de Dios. Pero por el contrario tenemos a aquellos que militan en el otro extremo (a estas dirigimos este escrito) y que se hunden en la miseria más absoluta, en su completa convicción de que debido a su condición de pecadores, jamás alcanzarán el favor del Altísimo…… a los primeros, por su altanería y prepotencia, dejaremos que sea el propio Creador el que les lea la cartilla en el momento oportuno; pero a los segundos y por su humildad, quizás excesiva, cierto es, pero que en estos casos siempre suele ser mejor pecar por exceso, que por defecto, nos permitiremos hacerles una pequeña reflexión y en un intento de elevar su ánimo, al tiempo de que procuraremos hacerles ver a esas personas que el amor de Jehová hacia nosotros, va mucho más allá de lo que ellas suponen y siempre a tenor de su negativa forma de pensar…… y siendo el caso que nuestra afirmación la podríamos sostener, mediante el siguiente texto bíblico:

Porque tanto amó Dios al mundo (o a la humanidad caída) que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16). (Acotación nuestra).

O dicho de otra manera y para continuar fijando el tema, que tanto le amó Dios a usted querido amigo o amiga que nos lee (pues obviamente forman tanto el uno como la otra, parte de esa humanidad mencionada) y que piensa de manera tan negativa hacia la consideración que cree Dios le pueda tener, que el Altísimo sacrificó a su Hijo para que usted pueda alcanzar la posibilidad de volver a vivir eternamente. Luego si Jehová llegó hasta ese extremo por usted ¿a qué viene ese miedo morboso a no poder alcanzar el favor de Dios, debido a nuestra pecaminosa imperfección, como si nuestro buen Dios fuera un Ser inflexible e intransigente, cuando el caso es que es todo lo contrario, pues es puro amor y misericordia? Porque dado que nuestro Creador conoce nuestra imperfección, el sacrifico de Cristo no solo cubrió el pecado heredado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, sino todas aquellas malas acciones producto de esa imperfección que nos vino impuesta a través de dicho pecado y en las que inevitablemente caemos todos; y actitud la del Altísimo hacia nosotros, que se pone de manifiesto en la manera en que Este se dio a conocer a Moisés:

Y Jehová fue pasando delante del rostro de él y declarando: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, 7 que conserva bondad amorosa para miles, que perdona error y transgresión y pecado, pero de ninguna manera dará exención de castigo……” (Éxo. 34:6-7).

Algo por demás razonable, pues quien ha cometido un error debe asumir no solo la culpa, sino las posibles consecuencias derivadas del mismo; por ejemplo: si uno roba en un acto inconsciente y sinceramente arrepentido acude a Jehová en demanda de Su perdón, este y como hemos leído en el texto citado, obviamente le perdonará…… siempre que haya de por medio la devolución o restauración del bien robado cuando eso sea posible; pero que en todo caso no habrá “exención de castigo”, pues no será eximido de sufrir las consecuencias o castigo que un juez y acorde a lo que disponga la ley que ha infringido, le imponga como condena. Pero leamos otro texto, que obviamente nos tendría que tranquilizar en cuanto a esa actitud del Altísimo hacia nosotros y en palabras del apóstol Pablo, al que se le supone algo enterado de cómo estaría de la cosa:

Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores (y que aún lo continuamos siendo), Cristo murió por nosotros.” (Rom. 5:8). (Acotación nuestra).

Tan clara tenía esa idea Pablo, que en otro momento llego a decir y ya personalizando el asunto, que la vida que en ese momento vivía en la carne la vivía según dijo:

“…… por la fe que es para con el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál. 2:20b).

Cierto es que con esas palabras y las anteriores de Rom. 5:8, Pablo se estaba refiriendo a los que como él eran “ungidos” o personas elegidas por Dios para formar parte junto a Cristo, de ese gobierno divino que conocemos como “el reino de Dios” y que son los reales protagonistas del llamado NT (exceptuando la Revelación). Por lo que todo lo que en el mismo está escrito está dirigido a ellos, pues solo a esos fue a los que vino a buscar Jesús en su primera venida; porque de la “gran muchedumbre” que sobrevive a los eventos finales y que entra con vida al nuevo mundo u orden de cosas ya bajo el reino de Dios y protegidos de la “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14), de ella solo se nos habla en el citado libro de Revelación o Apocalipsis…… pero no es menos cierto, que el apóstol Juan mencionó unas palabras que añaden luz a la cuestión, pues corrobora la idea subyacente en las palabras de Pablo y que nos ponen ante una feliz realidad:

Y él es un sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, pero no solo por los nuestros (los “elegidos” para reinar con Cristo mencionados y de los que el propio Juan formaba parte), sino también por los de todo el mundo.” (1 Juan 2:2). (Acotación nuestra).

De hecho, las palabras con las que Juan el Bautista identificó a Jesús fueron “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) y no solo de aquellos pocos “redimidos” o “comprados” de entre la humanidad para reinar con Cristo en el reino de Dios (Rev. 14:3-4).

No olvidemos por otra parte, que si bien las Escrituras nos dicen que entre los cuatro atributos principales de Jehová están el amor, la sabiduría, el poder y la justicia, además de todos los que se le pudieran ocurrir añadir a uno y seguro que se quedaría corto, del único atributo que no se nos dice (y lo mencionamos simplemente como un detalle) que el Altísimo “tenga” sino que el Altísimo “es”, tiene que ver con el del amor y por lo que habría que entender que Jehová es la personificación del mismo…… porque se nos dice de Él que “tiene” poder, que “tiene” sabiduría, que “actúa” en justicia, pero no que actúe con amor o que tenga amor, sino que Él es el amor (1 Juan 4:8). Pero puesto que dicen que una imagen vale más que mil palabras, vamos a intentar usar a modo de imagen una historia que se nos cuenta en las Escrituras, acerca de un hombre impetuoso, algo tosco, inestable, un tanto irreflexivo y lo que le llevó a cometer muchos actos que merecieron la reprobación del propio Jesús, pero al que este amaba por la condición de corazón que ese personaje del que les vamos a hablar tenía y que llegó a ser un puntal en la primitiva congregación cristiana…… y que no es otro que el apóstol Pedro.

Ya en el artículo anterior a este, hicimos mención de él cuando les hablábamos acerca de unas intrigantes palabras que Jesús le dirigió a este personaje, precisamente por esa especial forma de ser que hemos señalado y tema (el anterior) que esperamos haber dejado perfectamente aclarado; pero hoy vamos a convertirle a él en el protagonista de nuestro relato, pues es un claro ejemplo de cómo nos evalúa Jehová y por tanto (entendemos nosotros), como un referente gratificante y animador para aquellos que están llenos de dudas en cuanto a su personal posición ante el Altísimo. Por lo que para ello, empezaremos narrando unos pocos episodios de los muchos que protagonizó Pedro y que nos muestran el controvertido carácter del personaje, pero que a pesar de ello llegó a convertirse en uno de los referentes entre el resto de los apóstoles…… y sí mucho nos apuran, hasta pieza fundamental en el “organigrama” de Jesús, dentro del conjunto de seguidores a los que él vino a buscar. Y que Pedro tenía cierto ascendente sobre Jesús, queda probado por el hecho que en tres ocasiones destacadas en el ministerio del Hijo de Dios, dicho apóstol figuró entre los tres que este escogió para que le acompañaran en esos momentos críticos, como fue la de la resurrección de la hija de Jairo (Mar. 5:35-42); o en la que se conoce como la de la “transfiguración” de Jesús (Luc. 9:28-30), así como en la dramática ocasión de la noche en que este fue arrestado y en donde una vez más, se hizo acompañar por Pedro y dos apóstoles más (los hijos de Zebedeo) en su agónica oración en el jardín de Getsemaní (Luc. 22:39-46).

Y ocasión en donde de nuevo Pedro dio muestras de su impetuosidad, cuando en el momento de la detención de Jesús, sacó una espada y en defensa de este cortó de un tajo la oreja del esclavo del Sumo Sacerdote (Juan 18:10)…… y que nunca sabremos si lo de darle en la oreja fue premeditado o sencillamente un error y lo que Pedro pretendía, era cortar “algo más”. Y decimos que “de nuevo” porque dicho ímpetu y actitud irreflexiva, le llevo (entre otras) en una ocasión anterior a “reprender” al propio Hijo de Dios, por haber predicho este sus futuros sufrimientos y muerte como Mesías y por lo que Jesús, se vio obligado a “cantarle las cuarenta”:

Desde ese tiempo en adelante Jesucristo comenzó a mostrar a sus discípulos que él tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos y de los sacerdotes principales y de los escribas y ser muerto y al tercer día ser levantado. 22 Con eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este destino”. 23 Pero él, dándole la espalda, dijo a Pedro: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Me eres un tropiezo, porque no piensas los pensamientos de Dios, sino los de los hombres.” (Mat. 16:21-23).

Sin embargo, es significativo el hecho de que en el relato paralelo de tal situación en el evangelio de Marcos (cap. 8 y verso 33), se nos hace la aclaración de que antes de reprender a Pedro, Jesús “miro a sus discípulos” y lo que nos podría dar a entender que lo expresado por Pedro, era pensado también por el resto de apóstoles y que solo este, en su vehemente personalidad, se atrevió a decir…… y llevándose por supuesto el “broncazo” que Jesús le soltó (y que es lo que significa en el refranero español, el “cantarle las cuarenta” a uno).

En otra ocasión, Pedro se tomó la libertad de hablar en nombre de Jesús respecto al pago de cierto impuesto exigido en el templo (dos dracmas en moneda griega) y que por ley se requería de cada varón adulto para el mantenimiento del templo, los servicios que se efectuaban allí y los sacrificios diarios a favor de la nación entera. Y es que muy probablemente y en un afán de implicar a Jesús en una violación de la costumbre establecida, los hombres que se encargaban de cobrar el impuesto del templo abordaron a Pedro y le preguntaron: “¿No paga el maestro de ustedes, el impuesto de los dos dracmas para el templo?”…… con lo que quedó claro que la preguntita iba con muy mala “gaita” y a lo que Pedro, siempre fiel a su estilo y para “variar”, respondió imprudentemente lo primero que se le vino a la cabeza y de nuevo metió la pata (claro está); y por lo que otra vez, Jesús tuvo que reconvenir a Pedro, intentando refrenar la natural precipitación del personaje (Mat. 17:24-27). Pero aparte de estas cosas, a las que se podrían sumar otras muchas de “menor cuantía” (por decirlo de alguna manera) y por aquello de abreviar, vamos a dirigirnos a la más grave de las que cometió y que le pudo haber costado muy cara, siendo este el ejemplo que queremos citar para señalar el grado de misericordia que nos tiene Jehová cuando a pesar de nuestros errores, lo que predomina en uno y al igual que ocurría en el caso del apóstol Pedro, es un corazón completamente entregado al Creador (o en su defecto a Jesús) y que es lo que estaba detrás de sus muchas precipitaciones…… pero veamos cómo fue la cosa:

Entonces Jesús les dijo: “A todos ustedes se les hará tropezar respecto a mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y las ovejas del rebaño serán esparcidas. 32 Pero después que yo haya sido levantado iré delante de ustedes a Galilea”. 33 Pero Pedro, en respuesta, le dijo: “Aunque a todos los demás se les haga tropezar respecto a ti, ¡a mí nunca se me hará tropezar!”. 34 Jesús le dijo: “En verdad te digo: Esta noche, antes que un gallo cante, me repudiarás tres veces”. 35 Pedro le dijo: “Aun cuando tenga que morir contigo, de ningún modo te repudiaré”. Todos los demás discípulos también dijeron lo mismo.” (Mat. 26:31-35).

Y siendo cierto que todos los demás respaldaron esta afirmación, no es menos cierto que Pedro fue el primero en manifestarse y reafirmarlo “con insistencia” en el relato paralelo de este suceso y que encontramos en Mar. 14:31…… fue entonces cuando Jesús predijo que Pedro negaría a su Señor “tres veces”; pero veamos cómo acontecieron los hechos, una vez que temerariamente e impulsado por el inmenso amor y preocupación que tenía por Jesús, desde la distancia Pedro fue siguiendo a la muchedumbre que llevaba preso a este y consiguió introducirse en el patio de la residencia del sumo sacerdote y, después de entrar, se quedó sentado con los servidores de la casa para ver el desenlace final de tan grave situación:

Ahora bien, Pedro estaba sentado fuera en el patio; y una sirvienta se le acercó y dijo: “¡Tú también estabas con Jesús el galileo!”. 70 Pero él lo negó ante todos, diciendo: “No sé de qué hablas”. 71 Después que él hubo salido al portal, otra muchacha lo observó y dijo a los que estaban allí: “Este hombre estaba con Jesús el Nazareno”. 72 Y otra vez él lo negó, con juramento: “¡No conozco al hombre!”. 73 Un poco después se acercaron los que estaban parados por allí y dijeron a Pedro: “Ciertamente tú también eres uno de ellos, porque, de hecho, tu dialecto te denuncia”. 74 Entonces él empezó a maldecir y a jurar: “¡No conozco al hombre!”. E inmediatamente un gallo cantó. 75 Y Pedro se acordó del dicho que Jesús habló, a saber: “Antes que un gallo cante, me repudiarás tres veces”. Y salió fuera y lloró amargamente.” (Mat. 26:69-75).

Luego no quedó ninguna duda y ante la reiterada y enfática actitud de Pedro, del cumplimiento de las palabras de Jesús…… y de nuevo habría que señalar, que según el relato paralelo de este grave suceso y que se encuentra en el evangelio de Lucas, se nos dice lo siguiente de lo que ocurrió tras el canto del gallo:

Y el Señor se volvió y miró a Pedro y Pedro recordó lo que el Señor había expresado cuando le dijo: “Antes que el gallo cante hoy, me repudiarás tres veces”. 62 Y salió fuera y lloró amargamente.” (Luc. 22:61-62).

Bien, pero ¿dónde estaba lo grave del asunto, siendo ya gravísimo el hecho de traicionar a Jesús en ese momento y encima, mintiendo como un bellaco? Pues sencillamente en una afirmación que había hecho Jesús con anterioridad y refiriéndose a la posible actitud que distintas personas adoptarían con respecto a él y que encontramos en Mat. 10:32-33:

En cuanto a todo aquel, pues, que confiese unión conmigo delante de los hombres, yo también confesaré unión con él delante de mi Padre que está en los cielos; 33 pero en cuanto a cualquiera que me repudie delante de los hombres, yo también lo repudiaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Y palabras que por extensión, nos aplican a cada uno de nosotros actualmente…… y que no lo decimos por nada en especial: solo para advertir al personal de cómo está el patio; pero es que además y no sabemos si a alguien se le habrá ocurrido pensar en ello, está la siguiente cuestión de fondo y que no hace más que complicar el asunto: o Jesús se retractaba de sus palabras…… o Pedro y como mínimo, tenía que ser rechazado de ser apóstol ¿o no van las cosas por ahí? Porque además, también Jesús afirmó en su momento, que él solo podía decir aquello que su Padre Celestial le había mandado (Juan 12:49); luego habría que razonar que dicho pensamiento expresado por Jesús, estaría también en la mente del Altísimo y con lo cual, la cosa adquiría para Pedro color hormiga, eso es, marrón oscuro tirando a negro…… y más recordando el precedente de Judas Iscariote ¡y que no iba en favor de Pedro, precisamente! Sin embargo, resulta que contrario a todos esos negros presagios, un Jesús resucitado e investido por su Padre Celestial del máximo poder y autoridad (Mat. 28:18), a la primera persona que se le aparece para animarlo y confortarlo, es al propio Pedro; y algo que nos aparece relatado en el evangelio de Lucas, capítulo 24 y versos del 15 en adelante, dónde se nos explica que dos discípulos de Jesús (uno de nombre Cleopas y otro no identificado, pero que no formaban parte de los doce), después de encontrarse con este e identificarlo, corrieron a donde estaban los apóstoles y entre los que aún no había regresado Pedro, pero que ya sabían que Jesús se le había aparecido a Pedro, dándoles la noticia de lo que les había ocurrido:

Y en aquella misma hora se levantaron y volvieron a Jerusalén y hallaron congregados a los once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: “¡Es un hecho que el Señor ha sido levantado y se ha aparecido a Simón! 35 Entonces ellos mismos contaron lo que había sucedido en el camino y cómo se les dio a conocer en el acto de partir el pan.” (Luc. 24:33-35).

Luego confirmada la resurrección de Jesús y aun dentro del revuelo causado por dicha noticia, es cuando se produce la aparición de este a esos once también (v. 36) y secuencia de hechos que confirma posteriormente el apóstol Pablo:

“…… y que fue enterrado, sí, que ha sido levantado al tercer día según las Escrituras; 5 y que se apareció a Cefas (o Pedro), entonces a los doce. 6 Después de eso se apareció a más de quinientos hermanos de una vez, de los cuales la mayoría permanece hasta ahora, pero algunos se han dormido en la muerte.” (1 Cor. 15:4-6). (Acotación nuestra).

Y todos sabemos, por otra parte y merced al texto escritural, la importancia que Pedro posteriormente tuvo en la primitiva congregación cristiana y que incluso el propio Pablo reconoció, cuando ya pasado el tiempo afirmó lo siguiente:

Pero, al contrario, cuando ellos vieron que yo tenía encomendadas a mí las buenas nuevas para los incircuncisos, así como Pedro las tenía para los circuncisos; 8 porque El que dio a Pedro poderes necesarios para un apostolado a los circuncisos me dio poderes también a mí para los que son de las naciones. 9 Sí, cuando llegaron a saber de la bondad inmerecida que me había sido dada, Santiago y Cefas (o Pedro) y Juan, los que parecían ser columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la mano derecha de la coparticipación: que nosotros fuéramos a las naciones, mas ellos a los circuncisos.” (Gal.2:7-9). (Acotación nuestra).

Luego estaríamos hablando de dos personajes de referencia dentro de la congregación cristiana del primer siglo y en la que en sus inicios y según el libro de “Hechos de los Apóstoles” Pedro fue un abanderado, aún con todas las meteduras de pata en las que incurrió a lo largo de sus primeros pasos como apóstol de Jesús…… y que por aquello de que “la cabra siempre tira al monte”, la volvió a montar más de 20 años después y cuando ya situados dentro de cierta lógica, razonablemente tendríamos que pensar que el hombre se habría “serenado” un poco ¡pues ni por esas!; pero veamos que pasó y según nos lo cuenta Pablo:

Sin embargo, cuando Cefas vino a Antioquía, lo resistí cara a cara, porque se hallaba condenado (una vez más). 12 Porque, antes de la llegada de ciertos hombres desde Santiago (desde Jerusalén), solía comer con gente de las naciones; pero cuando estos llegaron, se puso a retirarse y a separarse, por temor a los de la clase circuncisa. 13 Los demás de los judíos también se unieron a él en hacer esta simulación, de modo que hasta Bernabé fue llevado con ellos en su simulación. 14 Mas cuando yo vi que no estaban andando rectamente conforme a la verdad de las buenas nuevas, dije a Cefas delante de todos ellos: “Si tú, aunque eres judío, vives como las naciones y no como los judíos, ¿cómo obligas a gente de las naciones a vivir conforme a la práctica judía?”.” (Gal. 2:11-14). (Acotaciones nuestras).

Lo que dicho en “román paladino” sería más o menos, que la que le montó Pablo al bueno de Pedro fue de esas de “agárrate y no te menees”...... pero ¿cómo reaccionó Pedro ante ese “rebote” del casi recién llegado Pablo y que lo puso “a bajar de un burro” delante de todos los presentes? Es cierto que las Escrituras no nos lo dicen explícitamente, pero no es menos cierto que unos diez años después, Pedro escribió dos excelentes cartas y que actualmente figuran en el registro bíblico y donde en la segunda de ellas nos habla de Pablo en los siguientes términos: “…… nuestro amado hermano Pablo” (2 Ped. 3:15), por lo que habría que entender que humildemente aceptó la corrección y la cosa no pasó a mayores. Pero habría que destacar el hecho de que estamos hablando de dos cartas que forman parte del canon bíblico, eso es, de las Escrituras y acerca de cuyo contenido un inspirado Pablo, dijo lo siguiente:

Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).

Y puesto que entre todas las cosas “escritas en tiempo pasado” y que precisamente fueron escritas para nuestra “instrucción”, figuran también las dos excelentes cartas de Pedro y colofón a su vida al servicio del Altísimo, la pregunta es solo necesaria: ¿Cuál sería entonces, la instrucción o enseñanza que podríamos derivar del hecho concreto analizado, así como del relato pormenorizado de los altibajos del bueno de Pedro? Pues bien, de entrada y para poder entender de qué realmente va la cosa, tendríamos que contrastar y que es lo que quizás muchos quizás se estarán preguntando, qué diferencia existía entre lo ocurrido con Judas, con respecto de lo explicado sobre Pedro y en donde subyace la siguiente cuestión: ¿Por qué tan distintos finales, para tan parecidos errores…… puesto que en esencia, ambos traicionaron a Jesús?

Pues sencillamente la diferencia estaba en la actitud de corazón, pues Judas tramó con nocturnidad y alevosía la traición a Jesús y con lo que demostró la maldad que se desarrolló en él, al grado que ya no había cabida dentro de su corazón para pensar en la misericordia de Jehová y buscar un posible perdón por su fechoría. Por ello acabó quitándose la vida como única solución, pues no encontraba lugar ante tanta ruindad, la idea de un genuino arrepentimiento y que pudiera conmover a Dios…… más bien, si hubo un intento de buscar la reparación a la traición llevada a cabo, este fue en la dirección equivocada:

Entonces Judas, que lo había traicionado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los sacerdotes principales y a los ancianos, 4 diciendo: “Pequé cuando traicioné sangre justa”. Ellos dijeron: “¿Qué nos importa? ¡Tú tienes que atender a eso!”. 5 De modo que él tiró las piezas de plata en el templo y se retiró; y se fue y se ahorcó.” (Mat. 27:3-5).

Sin embargo y totalmente al contrario, en el trasfondo de los errores cometido por Pedro no había más que el amor que sentía por Jesús y que en armonía con su natural impulsiva forma de ser, lo llevaba espontáneamente a actuar con precipitación y en muchos casos como hemos visto, a “pasarse de rosca”…… pero nunca hubo premeditación o mala fe en su forma de actuar. En el acto que estamos analizando de Pedro y en el que negó esas tres veces a Jesús, vemos que una genuina preocupación por la suerte que pudiera correr este y porque no, un exceso de confianza en sí mismo, fue lo que le llevo a tomar una acción temeraria y que cuando se vio entrampado en ella y obligado a tomar acción ante la situación que se le había creado…… y que le estaba sobrepasando, la imperfección humana salió a relucir y dominado por el temor, cedió a este y respondió como respondió; pero en su acción y a diferencia del caso de Judas, no hubo en ningún momento premeditación alguna y prueba de ello, es que consumada la negación y dándose cuenta de lo que había hecho “salió fuera y lloró amargamente” (Luc. 22:62).

Por lo que vemos que en el cuadro ya entra a formar parte un sincero y genuino arrepentimiento de la acción llevada a cabo y en dónde estuvo la clave de que Jehová no abandonara a Pedro a su suerte, sino que teniendo en cuenta los claros sentimientos de su corazón, aunque traicionados por la imperfección humana, lo restauró de nuevo y con el tiempo saco lo mejor de él para Su servicio, al grado y como ya hemos mencionado, que Pedro fue un fuerte baluarte dentro de la primitiva congregación cristiana. De hecho, Jesucristo lo comisionó para grandes logros, como fue el concederle las “tres llaves del reino” (Mat. 16:19) y que tenía que ver con el extender a diferentes grupos de personas, la oportunidad de poder acceder a formar parte de esa gobernación real en un futuro aún lejano y auspiciada por el Altísimo…… lo que significaba para el bueno de Pedro, un gran privilegio el recibir tan especial comisión.

Pero volviendo a lo afirmado hace un momento en el sentido que de las Escrituras podemos derivar instrucción consoladora, preguntemos: ¿Qué en esencia nos vendría a enseñar ese relato de la vida de Pedro? Pues algo tan simple y siempre a nuestro entender (insistimos en ello), como el gran poder que un genuino arrepentimiento tiene ante cualquier burrada cometida y detrás de la cual no hubiera premeditación malvada (como en el caso de Judas) y que nos permite mantener una buena relación con nuestro Dios y muy a pesar de lo que nosotros negativamente pudiéramos pensar; que ello es así, es el propio Creador el que nos lo confirma mediante la invitación que nos extiende:

Vengan, pues y enderecemos los asuntos entre nosotros, dice Jehová. Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata (rojo intenso), se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aun como la lana (por su blancura).” (Isa. 1:18). (Acotaciones nuestras).

Y aunque es cierto que alguien podría decir que esa invitación de volver a Él para “enderezar” los asuntos mediante el arrepentimiento de uno, iban dirigidas a su pueblo Israel, no es menos cierto lo que se nos dice en el libro de los Salmos:

Porque así como los cielos son más altos que la tierra (distancia imposible de cuantificar para el ser humano), su bondad amorosa es superior para con los que le temen. 12 Tan lejos como está el naciente del poniente (eso es, diametralmente opuestos), así de lejos ha puesto de nosotros nuestras transgresiones. 13 Como un padre muestra misericordia a sus hijos, Jehová ha mostrado misericordia a los que le temen. 14 Pues él mismo conoce bien la formación de nosotros y se acuerda de que somos polvo.” (Sal. 103:11-14). (Acotaciones nuestras).

Y en el bien entendido que no estaríamos hablando de un temor morboso al castigo, eso es, miedo puro y duro, sino el sano temor de ofenderle en algo, pues eso no es lo que está en nuestro corazón. Y que ese salmo nos aplica a todos, fue lo que llevó el apóstol Pablo a afirmar que Jehová no solo era el Dios de los judíos, sino el de todos los hombres de la tierra:

¿O es él el Dios de los judíos únicamente? ¿No lo es también de gente de las naciones? , de gente de las naciones también.” (Rom. 3:29).

Lo que nos reafirma en la idea de que la invitación de acudir a nuestro Creador en busca de un “enderezar” nuestros asuntos con Él y que siempre tiene que ver con nuestros pecados en contrate con Su perdón, está abierta a todo ser humano…… pues como refleja el versículo final del salmo transcrito, Jehová “se acuerda de que somos polvo” y lo que significa que está consciente de nuestras dificultades por hacer lo correcto (ya que nacimos bajo la carga del pecado) y por ello está presto a pasar por alto nuestras ofensas cuando, repetimos, no hay una actitud premeditada detrás de ellas y son seguidas por un sincero deseo de no continuar en las mismas. Porque no se crea que el pecar o dicho de otra manera, no acertar en la dirección correcta, es cosa en la que solo cae usted, sino que personajes como el ya mencionado Pedro o el mismo Pablo (¡y que ya tenían el ungimiento como Hijos adoptivos de Dios!) estaban en la misma situación que usted o nosotros…… de hecho esto es lo que dijo el propio Pablo de sí mismo:

Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo. 22 Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, 23 pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte?” (Rom. 7:21-24).

Luego y según propia confesión, el apóstol Pablo también tenía sus “pequeños problemillas” con los que lidiar con esfuerzo y tesón, exactamente igual que usted, que nosotros o cualquier hijo de vecino…… y sin embargo ambos, Pedro y Pablo, Pablo y Pedro, llegaron a ser prominentes y valiosos instrumentos dentro del propósito divino. Y en un claro y valioso exponente de que cuando uno ama a Jehová y muestra un genuino arrepentimiento por las malas acciones que, motivadas por la imperfección y no por una “tolerancia” en cuanto al pecado, uno comete, ahí está Jesucristo aplicando el valor de su sangre derramada y abogando por nosotros ante el Creador, para que se nos exculpe de nuestro error.

Por lo que nuestro consejo es que si usted se encuentra en la situación de temor que ha dado lugar a este escrito, compruebe con su ejemplar de las Escrituras si lo que le hemos contado se ajusta a lo dicho en las mismas, medite en ello y saque conclusiones animadoras…… y recuerde aquello tan popular de que “arrepentidos los quiere Dios”; al menos, eso es lo que se podría entender también de las siguientes palabras dichas por el propio Hijo de Dios y que algo sabría del tema:

Les digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento.” (Luc. 15:7).

MABEL