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lunes, 9 de diciembre de 2013
El “desconocido” libro de Job.
Uno de los libros “perdidos” de las Escrituras es el libro de Job, pues quizás es el menos mencionado por los autores bíblicos y por supuestísimo, el menos leído por el cristiano de a pie y para quién no tiene atractivo alguno, cuando resulta que en el mismo se encierra la clave del porqué la persona que desea servir a Dios y seguir los pasos de Su Hijo Jesucristo, el ejemplo o modelo perfecto (1 Ped. 2:21), lo tiene tan “crudo” para llevar a buen término dicho propósito. Y aunque todo el libro es bellísimo, por las interesantes conversaciones mantenidas entre cinco actores principales, eso es, Job por una parte, Elifaz el temanita, Bildad el suhita y Zofar el naamatita por otra y ya en una tercera, por el joven Elihú, la cosa cobra su máximo esplendor cuando interviene Jehová y pone las cosas en su sitio, llamando “al orden” a los cuatro primeros. Pero dicho lo cual, centrémonos en los dos primeros capítulos del citado libro y en dónde se encuentra el “meollo” de la cuestión que hoy nos ocupa, viendo en primer lugar lo que nos cuenta el relato acerca de quién era el personaje en cuestión:
“Sucedió que en la tierra de Uz hubo un hombre cuyo nombre era Job; y aquel hombre resultó sin culpa y recto y temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Y llegaron a nacerle siete hijos y tres hijas. 3 Y su ganado llegó a ser siete mil ovejas y tres mil camellos y quinientas yuntas de reses vacunas y quinientas asnas, junto con una servidumbre muy grande; y aquel hombre llegó a ser el más grande de todos los orientales.” (Job 1:1-3).
No obstante, esta idílica situación de hombre afortunado y tenedor de la aprobación divina, estaba por llegar a su fin debido a un suceso ocurrido en la región celestial y a la que el ser humano no tiene acceso, pero que nuestro Creador y en su bondad inmerecida pone a nuestro alcance, para que tengamos información de primera mano del porque nos ocurre lo que nos ocurre a aquellos que aplicamos en nuestras vidas el consejo divino. Y que muchos, por falta de dicha información (no porque esta no esté disponible y como acabamos de señalar, sino porque no se han preocupado de buscarla), se encuentran totalmente perplejos ante lo que les viene encima y como señaló el apóstol Pedro “como si algo extraño les sobreviniera” (1 Ped. 4:12), cuando eso es de lo que nos pone sobre aviso el registro escritural; dicho lo cual, continuemos con el relato de cómo se le complicó la vida al bueno de Job:
“Ahora bien, llegó a ser el día en que los hijos del Dios verdadero entraban para tomar su puesto delante de Jehová (estaríamos hablando de una reunión asamblearia celestial) y hasta Satanás procedió a entrar allí mismo entre ellos.
7 Entonces Jehová dijo a Satanás: “¿De dónde vienes?”. Ante esto, Satanás contestó a Jehová y dijo: “De discurrir por la tierra y de andar por ella”. 8 Y Jehová pasó a decir a Satanás: “¿Has fijado tu corazón en mi siervo Job, que no hay ninguno como él en la tierra, un hombre sin culpa y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?”.
9 Ante esto, Satanás contestó a Jehová y dijo: “¿Ha temido Job a Dios por nada? 10 ¿No has puesto tú mismo un seto protector alrededor de él y alrededor de su casa y alrededor de todo lo que tiene en todo el derredor? La obra de sus manos has bendecido y su ganado mismo se ha extendido en la tierra. 11 Pero, para variar, sírvete alargar la mano y toca todo lo que tiene y ve si no te maldice en tu misma cara”.
12 Por consiguiente, Jehová dijo a Satanás: “¡Mira! Todo lo que tiene está en tu mano. ¡Solo que contra él mismo no alargues la mano!”. De manera que Satanás salió de ante la persona de Jehová.” (Job 1:6-12). (Acotación nuestra).
Lo que Satanás puso en cuestión, realmente, era que la fidelidad de Job hacia el Altísimo era debida, no a un deseo sincero del personaje en cuestión de agradar a Dios, sino a que este buen hombre se sentía “recompensado” por Jehová debido a su actitud de apego a las normas divinas; a partir de ahí y ya con el permiso divino, dicho siniestro personaje (Satanás, no Job ¡siempre hay algún despistadillo por ahí!) se puso en acción y eso es lo que se nos cuenta que ocurrió:
“Y llegó un mensajero a Job y procedió a decir: “Las reses vacunas mismas estaban arando y las asnas pastando al lado de ellas 15 cuando vinieron los sabeos haciendo una incursión y tomándolas y a los servidores los derribaron a filo de espada; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.
16 Mientras este todavía estaba hablando, llegó aquel y procedió a decir: “El mismísimo fuego de Dios cayó de los cielos y fue ardiendo entre las ovejas y los servidores y comiéndoselos; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.
17 Mientras ese todavía estaba hablando, llegó otro y procedió a decir: “Los caldeos formaron tres partidas y fueron lanzándose contra los camellos y tomándolos y a los servidores los derribaron a filo de espada; y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.
18 Mientras este otro todavía estaba hablando, llegó otro más y procedió a decir: “Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito (ver versículos 4-5). 19 Y, ¡mira!, vino un gran viento de la región del desierto y se puso a golpear las cuatro esquinas de la casa, de manera que esta cayó sobre los jóvenes, y murieron. Y yo logré escapar, yo solo, para informártelo”.
20 Y Job procedió a levantarse y a rasgar su vestidura sin mangas y a cortarse el cabello de la cabeza y a caer en tierra e inclinarse 21 y decir: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová mismo ha dado y Jehová mismo ha quitado. Continúe siendo bendito el nombre de Jehová. 22 En todo esto Job no pecó, ni atribuyó nada impropio a Dios.” (Job 1:14-22). (Acotación nuestra).
Tengamos en cuenta la desesperación de Job en ese instante, dado que en un corto espacio de tiempo había recibido noticias que cambiaban radicalmente su vida en un antes y un después…… y lo que fácilmente le podría llevar y como así fue posteriormente, a pensar que puesto que él era justo, no había razón para que “Jehová” (esa era la percepción que tenía Job del asunto) se ensañara con él de esa manera; pero dado que a pesar de todo Job continuó manteniendo su integridad para con Dios, la cosa no se quedó ahí y por lo que volveremos a la región celestial y veamos que ocurrió a continuación:
“Después llegó a ser el día en que los hijos del Dios verdadero entraban para tomar su puesto delante de Jehová y Satanás también procedió a entrar allí mismo entre ellos para tomar su puesto delante de Jehová.
2 Entonces Jehová dijo a Satanás: “¿Y tú, de dónde vienes?”. Ante esto, Satanás respondió a Jehová y dijo: “De discurrir por la tierra y de andar por ella”. 3 Y Jehová pasó a decir a Satanás: “¿Has fijado tu corazón en mi siervo Job, que no hay ninguno como él en la tierra, un hombre sin culpa y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Todavía está reteniendo firmemente su integridad, aunque tú me incitas contra él para que me lo trague sin causa”. 4 Pero Satanás respondió a Jehová y dijo: “Piel en el interés de piel y todo lo que el hombre tiene lo dará en el interés de su alma. 5 Para variar, sírvete alargar la mano y toca hasta su hueso y su carne y ve si no te maldice en tu misma cara”.
6 Por consiguiente, Jehová dijo a Satanás: “¡Allí está en tu mano! ¡Solo ten cuidado con su alma (o con “su vida”) misma!”. 7 De manera que Satanás salió de ante la persona de Jehová e hirió a Job con un divieso maligno desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. 8 Y él procedió a tomar para sí un fragmento de vasija de barro con el cual rasparse; y estaba sentado en medio de ceniza.
9 Finalmente su esposa le dijo: “¿Todavía estás reteniendo firmemente tu integridad? ¡Maldice a Dios y muere!”. 10 Pero él le dijo: “Como habla una de las mujeres insensatas, tú también hablas. ¿Aceptaremos solamente lo que es bueno de parte del Dios verdadero y no aceptaremos también lo que es malo?”. En todo esto Job no pecó con sus labios.” (Job 2:1-8).
Fijémonos y ello es de vital importancia para aquellos que somos fieles a Dios, que si bien Este autorizó a Satanás a tocar hasta el físico de Job, le puso una restricción y que tenía que ver con no ponerle frente a la muerte…… lo que significa, que si bien el Diablo puede usar todo lo que tenga a su alcance para “darnos el día”, eso es, para someternos a prueba y lo que incluye a familiares directos (vean como actuó la esposa de Job, en un momento tan delicado). Y siendo cierto que no se nos plaga con úlceras o diviesos malignos que afecten nuestro físico, como en el caso de Job, no es menos cierto que los sufrimientos por los que pasamos a través del tiempo nos afectan emocionalmente y de ahí a que nuestro organismo se resienta al cabo del tiempo…… pero en cualquier caso, no se le permite llegar al grado de probarnos enfrentándonos a la pérdida de la vida, como en el caso de aquellos que tienen que reinar con Cristo. Por lo que queda claro y siempre a nuestro entender, que Job prefiguró a aquellos que siendo seguidores de Cristo, tenemos la esperanza de acceder al reino de Dios como súbditos del mismo y no como reyes (algo imposible, según muchos “entendidos” en la materia), pues a estos sí le concedió Jehová a Satanás y a diferencia de los primeros, el que les pudiera probar hasta el grado de enfrentarlos a la muerte en su resistencia a no violar la voluntad divina; y algo que en su momento ya Jesús les señaló a sus más directos seguidores del primer siglo, con las siguientes palabras:
“Simón, Simón, ¡mira! Satanás ha demandado tenerlos para zarandearlos como a trigo.” (Luc. 22:31).
Y que ello tenía que ser así, queda probado no solo por el trato que sufrió Jesús, sino por las palabras que este y en la Revelación a Juan, dijo acerca de aquellos que con él tenían que participar del gobierno del reino, en el sentido de que su aguante había de llegar hasta sufrir la misma muerte en defensa de su lealtad a Dios:
“Al que venza, le concederé sentarse conmigo en mi trono, así como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” (Rev. 3:21).
La pregunta, por tanto, sería ¿y cómo venció Jesús, para sentarse en el trono de Jehová? Pues sencillamente y como todos sabemos, aguantando hasta la misma muerte en un madero de ejecución; de hecho y en Rev. 20:4, a Juan se le muestran a aquellos que ocuparán los tronos del reino, como los que “fueron ejecutados con hacha (o “asesinados”, según versiones) por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios.”
De ahí que en palabras de Pablo y que sabía muy bien de lo que hablaba, leamos lo siguiente:
“Porque si hemos sido unidos con él en la semejanza de su muerte (asesinados por su integridad), ciertamente también seremos unidos con él en la semejanza de su resurrección (eso es, en gloriosos cuerpos inmortales).” (Rom. 6:5). (Acotaciones nuestras).
Es cierto que hay algunos indoctos por ahí y que se las dan de “ungidos”, que afirman que con esas palabras tan claras y concretas, Pablo no quería señalar una igualdad de muerte con Jesús, sino otra cosa distinta; sin embargo, que lo que quería decir Pablo en sus palabras es exactamente lo que nosotros proponemos, queda claro cuando uno lee Fil. 3:10-11:
“…… a fin de conocerlo a él y el poder de su resurrección y una participación en sus sufrimientos, sometiéndome a una muerte como la de él (no tanto por la “forma” de ejecución, sino por la “razón” de la misma, eso es, una muerte de sacrificio o martirio, en defensa de su integridad a Dios), 11 para ver si de algún modo puedo alcanzar la resurrección más temprana (la de Rev. 20:6 y que solo sufriendo una muerte en sacrificio se puede acceder a ella, según palabras de Jesucristo ya leídas) de entre los muertos.” (Acotaciones nuestras).
Circunstancia esta y ya que viene de paso, que prueba la diferente exigencia que se les hace a aquellos a los que a nuestro entender, repetimos, prefiguró Job y que serían los súbditos del reino de Dios, con respecto de aquellos que gobernarían junto a Cristo en el mismo. Y la cual tendría que hacer reflexionar a aquellos que afirman que no existen dos “clases” de personas con dos distintas retribuciones (unos pocos que gobernarán, sobre unos muchos que serán gobernados), porque lo que vemos es exactamente lo contrario: mientras a los primeros Dios los entrega en manos del opositor para que los pruebe hasta la muerte (si no mueren asesinado por su fe, no heredan el reino en calidad de inmortales reyes y sacerdotes, según Rev. 20:4; 6), los segundos somos salvaguardados por Jehová y Satanás no puede tocarnos “un pelo” (de lo contrario ya no quedaríamos ni uno)…… y dándose la circunstancia de que todos, tanto los unos como los otros, son simplemente seguidores de Jesús. Y es que no hay diferencia alguna entre los Pedro, Juan, Pablo y compañía, con los que actualmente somos seguidores de Jesucristo, salvo en que ellos estuvieron en el lugar apropiado, en el momento oportuno y el resto nacimos años o siglos después de que dicha oportunidad de reinar con Cristo, fuera ofertada a la humanidad…… que ello es así, queda claro por el hecho de que el “resto ungido” por aparecer, prefigurado por los “dos testigos” de Rev. 11:3 y depositarios de grandísimos poderes, será escogido de entre los actuales seguidores del Hijo de Dios ¡más prueba que esta no creemos que haya!
Volviendo al tema central de este escrito y que tiene que ver con el relato de Job, lo que ha quedado claro es que todos seremos probados de una u otra forma por Satanás, en su intento de que nos apartemos de nuestra fe. Y aunque no se le permite, en nuestro caso, llegar al límite de enfrentarnos con la muerte, no es menos cierto que si nos somete a prueba es porque sabe que podemos sucumbir a la misma, pues de lo contrario no lo haría…… de ahí que, vez tras vez, lo intente de diversas maneras como lo hizo con el bueno de Job e incluso en el caso de Jesucristo (Luc. 4:13). En definitiva y dado que la prueba no podemos soslayarla, ello nos lleva a preguntarnos cómo hacer para aguantarla sin que esta se nos lleve por delante; veamos para ello, unas palabras de Pablo que nos animan a profundizar más en las Escrituras:
“Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado, fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).
Luego la pregunta que nos podríamos plantear, es la siguiente: ¿hay en la Escrituras algún relato de “tiempo pasado”, que nos lleve a entender lo que hay que hacer para salir victoriosos en nuestro particular enfrentamiento, ante un rival tan poderoso como es Satanás? Por supuesto que lo hay, pues mientras en el relato de Job se nos enseña que nuestro enemigo tiene un límite impuesto por Jehová y lo que nos da cierto margen de maniobra, hay otro que nos habla de la táctica a usar en ese enfrentamiento y que, encontrándose en 1 Sam. 17:1-58, nos habla de lo que conocemos como la victoria de David contra Goliat; y relato que marcando un antes y un después en la historia de Israel, fue preservado en las Escrituras y como hemos leído en las palabras de Pablo, para “nuestra instrucción” si lo analizamos con el detenimiento requerido. Historia que va más allá de lo que siempre se nos ha contado, eso es, de la victoria del débil sobre el poderoso…… y va más allá, dado que lo que se nos cuenta es porqué el débil venció al poderoso; y es que desde luego, para hablarnos solo de la valentía de David, no creemos que el tal relato fuera guardado en el libro sagrado, por lo que algún sentido práctico y aplicativo debe de tener para nosotros a día de hoy.
Y es que si el caso de Job nos es extremadamente instructivo, igualmente este episodio de la vida de la nación de Israel y protagonizado por el pastor David, cuya enseñanza práctica trasciende al relato en sí mismo…… por ello, queridos amigos y dado que el tema tiene “tela”, le dedicaremos un capítulo aparte para tratarlo en profundidad; mientras tanto, recréense con esa joya que es el libro de Job y sáquenle el máximo provecho.
MABEL
sábado, 5 de octubre de 2013
¡Antes de que lleguen “los días calamitosos”……!
Uno de los principales activos que tiene el ser humano, de forma innegable es la esplendorosa juventud por la que pasa en la primera etapa de su vida, la cual es seguida por la madurez y que nos lleva de cabeza a la vejez, o y por aquello de suavizar las cosas (ya se sabe que las penas con pan, son menos), lo que se ha dado en llamar “la tercera edad” y que se distingue del resto de la vida de uno, por los mismos achaques, traumas, limitaciones, deficiencias e impedimentos de todos tipo que tiene la vejez, con lo que resulta que estamos en las mismas; claro, ello lleva a pensar al “homo sapiens” (¡quién lo diría, viendo sus “éxitos”!) aquello de que si la vida nacer, crecer, envejecer y todo ello sufriendo, para al final tener que morir y desaparecer de la existencia…… ¿qué sentido, entonces, tiene la vida?
Esfuerzo por despejar dicha incógnita, que nos lleva a uno de los libros que componen el canon bíblico y que más nos instruyen en cuanto a sabiduría práctica y que es sin duda alguna el libro conocido como Eclesiastés en español; libro escrito por el rey Salomón hará más o menos unos 3.000 años y que es un llamado al sentido común de las personas jóvenes, en cuanto a tener muy en cuenta al Creador durante ese tramo de su vida de plenitud, pues llegarán los días “calamitosos” en que ya no podrán hacerlo. Cierto es que algunos dirán que viniendo la cosa de Salomón, que en sus últimos años fue un “pendón verbenero” de mucho cuidado, como que habría que tomar con cierta cautela sus afirmaciones…… pero no es menos cierto, que por casi una vida sirvió al Dios Verdadero y que Este ha tenido a bien el permitir que sus palabras fueran incluidas en el conjunto de las Escrituras. Luego quedémonos con lo bueno y omitamos lo malo (no llamemos al mal tiempo, que este ya viene sin necesidad de que le llamen), pues la realidad del día a día nos muestra la veracidad y sabiduría de dichas palabras, porque ¿quién no ha visto el espectáculo, lamentable por más señas, de las plazas o jardines públicos de nuestras ciudades llenas de ancianos sentados en sus bancos, eso es, personas encorvadas y llenas de achaques, que temblorosas sus manos y débiles sus piernas, contemplan pasar la vida ante sus ojos sin esperanza alguna y aguardando una muerte que, implacable, al final termina alcanzándonos a todos? Y es sobre esto, de lo que nuestro Supremo Creador nos invita a meditar a través de la expresivas palabras del sabio rey Salomón, en el último capítulo de ese libro mencionado de Eclesiastés y que en esta ocasión citaremos de la traducción Palabra de Dios para Todos, en donde leemos como sigue y que para una mayor entendimiento, intercalaremos alguna acotación en sus versos, así como párrafos aclarativos a continuación de cada uno de ellos…… pero leámoslos:
“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los malos tiempos (o “días calamitosos” según versiones) y te aflija la vejez. Así no tendrás que decir: “Desperdicié mi vida”.
Porque ello es lo que resulta de no dedicar parte de la vida vigorosa de uno a inquirir acerca de Dios, lo que lleva al final de la carrera del individuo en este valle de lágrimas, a la característica falta de ilusión y esperanza que deriva de la ignorancia en cuanto a conocer el propósito que Dios tiene para con nosotros y que es muy distinto, del panorama al que nos enfrentamos actualmente; pero veamos el siguiente verso:
“2 Ten siempre presente a tu Creador mientras eres todavía joven, antes de que llegue el momento en que el sol, la luna y las estrellas se oscurezcan para ti y te lleguen los problemas una y otra vez, como una tormenta tras otra.”
¿Qué significan estas palabras? Bien, probablemente Salomón comparó la época de la juventud o etapa de plenitud del hombre, al clásico verano palestino en el que el Sol, la Luna y las estrellas (en sus respectivos momentos) emitían su radiante luz en el cielo despejado de negros nubarrones y todo lucía muy brillante en ese momento…… sin embargo y en contraposición, en la vejez los días son tristes como la temporada fría y lluviosa del invierno, con un “aguacero” de problemas uno tras otro; porque la realidad es que en el “invierno” de la vejez, todo se oscurece o pierde brillo por la mencionada falta de ilusión, especialmente para los que han desaprovechado las oportunidades de aprender en su juventud, sobre aquello que nos tiene preparado Jehová ya para un futuro inmediato y habiendo malgastado la misma en actividades vanas.
“3 Cuando te llegue esa época, tus brazos perderán la fuerza; tus piernas se debilitarán y se doblarán; se te caerán los dientes y no podrás morder bien la comida y tu visión será borrosa.4 No oirás bien, no escucharás el ruido en las calles, ni siquiera el de la piedra que muele tu trigo. No oirás cantar a las mujeres, pero el canto de un pájaro te despertará en la madrugada, porque no podrás dormir.”
¿Y quién puede negar estas nefastas consecuencias que acarrea la vejez y que le amargan la vida a uno? Y es que, por ejemplo, el tener una capacidad auditiva tan seriamente mermada que nos impida siquiera oír el ruido característico de las muelas masticando la comida o “la piedra que muele tu trigo”, causa mucha inseguridad en la persona en su día a día. Y qué decir del insomnio tan característico en las personas ancianas y lo que resulta (para acabar de arreglar la cosa) en que tengan más tiempo en el que pensar sobre su negro futuro.
“5 Temerás a las alturas y a tropezar con algo en el camino. Tu cabello se volverá blanco como las flores de un árbol de almendro. Te arrastrarás como un saltamontes cuando camines. Perderás el deseo de vivir. Luego, irás a tu hogar eterno y los dolientes se reunirán en las calles para llevarte a enterrar.”
Algo característico de la vejez, es el perder los reflejos o la capacidad de reacción y el no controlar debidamente nuestro sistema motriz, pues nuestra piernas se vuelven torpes y no controlamos sus movimientos y lo que puede llevar a uno a una caída con graves consecuencias; de ahí que tomemos todo tipo de precauciones y siempre intentemos estar agarrados a algo…… ¿y quién no ha visto a ancianos encorvados y con los codos por detrás de cuerpo, prácticamente arrastrando sus pies y lo que realmente nos recuerda la figura de un saltamontes? Y cuando uno mira a las personas de su alrededor, inevitablemente se pregunta cuántos de ellos asistirán a su funeral y que no es un pensamiento muy animador que digamos…… pero es que la cosa no da para más, por lo cual y como dice el pasaje, uno pierde “el deseo de vivir”.
“6 Acuérdate de tu Creador antes de que se rompan las cuerdas de plata y se quiebre la copa de oro; y se rompa el cántaro contra la fuente y se despedace la polea del pozo.”
Texto en el que “las cuerdas de plata” no son otra cosa que nuestra médula espinal y por medio de la cual y como cuerdas de tan preciado metal, son transmitidos los impulsos nerviosos que mueven nuestro cuerpo, mientras que el “tazón de oro” no es otra cosa que nuestro cráneo que guarda y protege esa inconmensurable maravilla de la creación, que es el cerebro; siendo en este caso y como un todo, el “cántaro” que se rompe y “la polea del pozo” que deja de funcionar, esa maravillosa “bomba” que mantiene constantemente nuestro vital riego sanguíneo y que es el corazón…… “polea” que cuando se para, se acabó lo que se daba.
“7 Tu cuerpo vino de la tierra y cuando mueras, regresará a la tierra. Pero tu espíritu vino de Dios y cuando mueras, regresará a Dios.”
Con lo que uno sencillamente, vuelve a la inexistencia de la que vino y lo que lleva a pensar a la persona reflexiva, eso de…… ¿y para esto, tanto sufrimiento y agonía? Parecida conclusión a la que llega el sabio rey Salomón, cuando dice lo siguiente:
“8 El Maestro dice: “Nada tiene sentido, nada en absoluto tiene sentido”.” (Ecle. 12:1-8).
Pero veamos otro aspecto de la cuestión y por aquello de que “no hay dos sin tres”, que tiene que ver con la falta de respeto y consideración que a día de hoy se les tiene a las personas ancianas y que no hace más que hacernos sentir peor y que se nos agrie el carácter (con lo que ya entramos en una dinámica, que nos convierte en unos gruñones insoportables), pues nos damos cuenta en que nos hemos convertido en una carga para nuestros familiares, que bastante tienen con poder trabajar (en el supuesto que tengan trabajo, claro), por lo que lógicamente no pueden cuidarnos y, obviamente, en una carga para los sistemas de servicios sociales, como puedan ser los sistemas de pensiones o los de dispensación sanitaria en los centros médicos de la Seguridad Social, pues se nos considera como “elementos improductivos” y por lo tanto, sujetos de una inversión “no rentable”…… en definitiva y algo de lo que somos conscientes: en un estorbo para todo el mundo y sobre todo, para la economía de un país y lejos por tanto, de la visión que tiene Jehová del anciano:
“Ante canas debes levantarte (o mostrar respeto) y tienes que mostrar consideración a la persona del envejecido y tienes que estar en temor de tu Dios. Yo soy Jehová.” (Lev. 19:32). (Acotación nuestra).
En fin, el mismo parecido del huevo a la castaña, lo ordenado por Jehová con lo que ocurre actualmente en nuestra sociedad mal llamada “cristiana”. Pero siguiendo en lo que estábamos, vayan sumando a lo dicho, el hecho que tal parece que las personas ignoran que los “abuelos” tenemos sentimientos como todos y que, conscientes como somos de que se nos “aguanta” por la pequeña aportación económica con la que contribuimos al sostén familiar y de la que somos (de momento) perceptores, nuestra situación anímica empeora; porque lo que la gente no sabe o no quiere saber, es que un anciano también tiene su “corazoncito” y que no deja de ser, en definitiva, un conjunto de sentimientos encerrados en un cuerpo físico que no responde a dichos estímulos. Porque nuestra capacidad interior de producir afectos, sentir emociones, enamorarnos…… sí, sí, hemos dicho de enamorarnos ¿o no han oído ustedes de parejas de ancianos, que se han enamorado y se han casado? Y es que los hay de aquellos del “genio y figura, hasta la sepultura” y que tiene todo el derecho del mundo en llevar a cabo dicha unión; es cierto que cuando eso ocurre, lo primero que se le ocurre pensar al común de los mortales es aquello de “son dos viejos chochos”…… pero no es menos cierto que quienes tal opinión manifiestan, pasan por alto una cosa: y es que en el ser humano hay una cosa que no envejece y que es nuestro corazón, que tal parece ser algo mucho más complejo que un simple órgano para bombear sangre a nuestro cuerpo, pues esto es lo que Jesús dijo del mismo:
“Sin embargo, las cosas que proceden de la boca salen del corazón y esas cosas contaminan al hombre. 19 Por ejemplo, del corazón salen razonamientos inicuos, asesinatos, adulterios, fornicaciones, hurtos, testimonios falsos, blasfemias.” Mat. 15:18-19).
Posibilidad que ya barajaban los antiguos egipcios, pues afirmaban que el corazón físico era el asiento de la inteligencia y de las emociones, así como creían que tenía voluntad propia; por otra parte, los babilonios decían que el corazón abrigaba tanto el intelecto como el amor y pensamiento que compartía también el propio pueblo semita, para quienes el corazón implicaba todo lo que es propio del hombre, tanto en la esfera de los sentimientos como en la de la inteligencia y la voluntad…… y siendo el filósofo griego Aristóteles, posteriormente, el que afirmó que el corazón era el asiento de los sentidos y el ámbito del alma. Pero a medida que pasó el tiempo y aumentó el conocimiento científico, en detrimento del concepto religioso, estos puntos de vista se fueron descartando paulatinamente y ganando con ello de manera progresiva, la idea de que el corazón no es más que una bomba que hace circular la sangre a través del cuerpo…… sin embargo, ahí están las Escrituras señalando y casi siempre que nos hablan del corazón, a este como fuente directa de nuestros sentimientos y motivaciones, por lo que es obvio que tiene que haber una parte del corazón desconocida por la ciencia actual, en donde originan nuestras emociones y a la que se suele denominar como el “corazón figurativo”. Y reducto este, de nuestros más recónditos sentimientos, tanto buenos como malos (Jer. 17:10), que no envejece y por lo que como hemos dicho, está prisionero en un cuerpo maltrecho y deteriorado que ya no puede responder a sus estímulos…… y que lleva al “abuelete” en cuestión, a la conclusión manifestada por Salomón en el sentido de que “todo es absurdo” y que esta vida no tiene sentido ¡vamos, que “pa eso mejor no haber venio”!, que diría nuestro amigo el castizo.
A menos, eso sí, de que uno esté informado de la respuesta a las tres preguntas que el ser humano y dependiente de su propia “sabiduría”, no nos ha podido responder aún: quiénes somos, porque somos y hacia dónde vamos…… y respuesta a las tales cuestiones, que encontrándose en las Escrituras, llenan de esperanza a esas personas de la mal llamada “tercera edad” y hace que nos sobrepongamos a nuestros achaques (¡tampoco se crean que es como para tirar cohetes, pero menos da una piedra!); pues sabemos lo que nos aguarda a aquellos que, viviendo como los demás y pasando por las mismas dificultades a lo largo de nuestras vidas respectivas, sí hemos dejado un “huequecito” en la misma para interesarnos en el propósito de nuestro Creador para con Su Creación y encontrar con ello el consuelo necesario, fruto de la esperanza puesta ante nosotros: la ya pronta restauración de la humanidad obediente a su anterior condición de perfección, ya sin vejez, ni enfermedades, ni muerte, pues esto es lo que ha dicho Jehová:
“Porque, ¡miren!, voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón.” (Isa. 65:17).
Entonces lo que nuestro Creador nos está ofreciendo es un mundo nuevo, con personas restauradas al mismo estado de perfección que en su día y antes del pecado disfrutaron Adán y Eva, eso es, un paraíso en el que la enfermedad, la vejez y la muerte no existirán, por lo que el ser humano tendrá ante sí la posibilidad de vivir eternamente en paz, felicidad y en un entorno, como hemos señalado, paradisíaco. Entorno en el que la violencia, el hambre, el delito, las guerras, el odio y tantas otras cosas que hoy nos causan perturbación y nos hunden en un profundo desequilibrio emocional, serán sencillamente cosas del pasado y por tanto, olvidadas…… y algo que la inmensa mayoría de todos esos “abueletes” que encontramos en nuestras plazas y parques sentados al sol, ignoran; y por lo que se puede decir que en el pecado llevan la penitencia, pues es la justa retribución por no haber puesto uno a Dios en su vida cuando era el momento apropiado y con lo que se encuentran, acorde a las palabras mencionadas por el sabio rey Salomón, en que han “malgastado” miserablemente su vida. Porque todo esto que hemos mencionado, es lo que nos explica la Biblia con detalle, pues en ella se nos pone en antecedentes de cómo ha maniobrado Jehová a través del tiempo para que las cosas vuelvan a su estado anterior, con la intención de que lo leamos y cuando nos lleguen “los días calamitosos” y en los que parece que el “sol” de nuestra vida ya se está poniendo, tengamos asida firmemente la confianza en que Él revertirá cualquier mal que nos haya podido ocurrir, incluso la propia muerte (Juan 5:28-29)…… y algo que todo aquél que esté interesado en obtener más información, puede hacerlo leyendo uno de nuestros más celebrados artículos y que pueden encontrar en este link http://armandolopezgolart.wordpress.com/2012/04/09/; no obstante y siguiendo con lo que íbamos, vean como nos expone la idea el apóstol Pablo en el siguiente pasaje:
“Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado, fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Rom. 15:4).
Algo que como ya hemos señalado en este escrito, marca la imperiosa necesidad de que el ser humano y ya desde el principio de su existencia conozca dicha información, pues ésta indudablemente condicionará su forma de ver las cosas y, lógicamente, su forma de afrontar y actuar en la vida. No olvidemos que ante la total ignorancia del contenido escritural por parte del ser humano en general, hay los que aplican la filosofía de que puesto que las cosas están como están “comamos y bebamos, porque mañana tenemos que morir” (1 Cor. 15:32)…… y lo que les lleva a adoptar una conducta o forma de vida, que les coloca en una situación de frontal oposición al Dios Altísimo. No obstante y como dicen que “arrepentidos los quiere Dios”, aunque Salomón hiciera directa referencia a la etapa de más vigor del ser humano, está claro que cualquier momento es bueno para empezar a ocuparse en las cosas de Dios y enderezar uno su vida, poniéndola en línea en lo demandado por Este; por ello y como diría el castizo, “pelillos a la mar” o para entendernos, “que lo pasado, pasado está” y pongámonos manos a la obra, en averiguar que nos cuenta nuestro Creador acerca de cómo están las cosas…… y es que ya sabe usted: nunca es tarde, cuando el propósito es bueno. Y para ello contamos con la favorable actitud por parte de nuestro Excelso Creador, todo bondad, misericordia y buena predisposición para con su creación, de la que nos habló el apóstol Pedro con las siguientes palabras:
“Jehová no es lento respecto a su promesa, como algunas personas consideran la lentitud, pero es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento.” (2 Ped. 3:9).
Luego ¿podría ser quizás, que Jehová Dios estuviera esperando precisamente eso de algunos de los que probablemente van a leer este escrito? Nosotros, obviamente no lo sabemos, por lo que nuestra recomendación al “personal”, es que cada uno haga su particular examen acerca de su situación actual y actúe en consecuencia…… antes de que “los días calamitosos” le alcancen del todo y la cosa ya no tenga remedio.
MABEL
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