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sábado, 27 de septiembre de 2014

Sin huevos…… no se pueden hacer tortillas.


Probablemente uno de los planteamientos más disparatados en estos últimos tiempos (pongámosle de 200 a 150 años para acá), a cargo de los teólogos que durante esa época han vivido y sean estos de la tendencia que sean, tiene que ver con lo que se ha dado en llamar el “arrebatamiento de la iglesia” o “cuerpo de Cristo”, eso es, el conjunto de personas que supuestamente han sido “ungidas” con el espíritu santo de Dios para reinar en el reino milenario al lado de Jesucristo en calidad de inmortales reyes y sacerdotes (Rev. 20:6) y que durante la llamada “gran tribulación” son llevadas al cielo para, posteriormente y acabada esta, ser devueltas a la tierra como seres inmortales. Por lo que tenemos a los teólogos actuales y prescindiendo de la “ganadería” a la que pertenezcan, empeñados en convencernos de que antes de que inicien los siete últimos años del mundo tal como lo conocemos, lo que se conoce como la 70 semana de Daniel y que concluirá con la mencionada “gran tribulación”, se producirá dicho arrebatamiento; cierto es, que están otros que colocan dicho suceso a mediados de esa profética semana de años (en mucha menor cuantía, estarían aquellos que colocan dicho evento al final de esos siete años), pero que en todo caso el resultado viene a ser el mismo: millones de personas supuestamente “ungidas” serán instantánea y sorpresivamente arrebatadas al cielo (con el consiguiente caos que tal desaparición repentina causará en su entorno) y así ser libradas de sufrir los rigores de tan singular desastre y que acabará, como ya hemos señalado, con el mundo tal como lo conocemos ahora…… finalizados esos siete años y ya limpiada la tierra por el juicio divino, serán devueltas a la misma para vivir en el reino de Dios, ya en calidad de inmortales reyes y sacerdotes (Rev. 20:6).

Disparate donde los haya, como ya hemos apuntado, pero que se lo cree un montón de gente merced a que el atrevimiento de esos personajes mencionados (que van desde aquellos que dirigen las más importantes organizaciones religiosas de la cristiandad, hasta aquellos que son seguidos solo por su mamá y algún que otro familiar que está en el paro), va más allá de la simple afirmación de que ellos son los “ungidos”, pues su paranoia llega al grado de afirmar y ello con gran énfasis, que aquellos que les escuchan y les siguen, en el momento de bautizarse también recibirán dicho ungimiento…… y, obviamente con el mismo, los privilegios de los que ya les acabamos de hablar. Pero claro, dicho planteamiento se cae por su base, pues como ya hemos apuntado en el titular de este escrito, sin huevos no se pueden hacer tortillas o, dicho de otra manera y para entendernos, que para que toda esa historia del “arrebatamiento de la iglesia” que nos cuentan esos “iluminados” y que así mismos se auto proclaman como Hijos de Dios o “ungidos” pudiera ser verdad, tendrían que existir sobre la tierra personas “ungidas” (eso es, una “iglesia” a la que arrebatar) y lo cual no es el caso, como intentaremos demostrar en este escrito…… y siempre partiendo de lo que se nos cuenta mediante el relato bíblico y tarea que podríamos iniciar, considerando el siguiente y clarificador pasaje:

Porque no el que a sí mismo se recomienda es aprobado, sino el hombre a quien Jehová recomienda.” (2 Cor. 10:18).

Si analizamos con atención estas palabras, veremos que lo que las mismas nos sugieren es que no basta con afirmar algo, sino que hay que poder demostrar la veracidad de lo afirmado…… o dicho de otra forma, que uno tiene que demostrar que ha sido escogido por Dios para representarle y lo que no resulta ser en el caso que nos ocupa, con lo que la moraleja es la siguiente: no se fíen un pelo de aquel predicador que se presenta ante ustedes, solo afirmando ser tal o cual cosa, sino de aquellos que puedan probar su afirmación acerca de ser “algo” que tenga que ver con Jehová Dios y razonamiento que nos lleva a preguntarnos lo siguiente ¿de qué forma podría el Altísimo señalarnos que ha “recomendado” a una determinada persona, eso es, que esta actúa en Su Nombre (como en los casos de Moisés, Elías, Pedro, Pablo y por mencionar solo algunos), si no es por medio de permitirle llevar a cabo obras poderosas fuera del alcance del ser humano común? Así ha sido, al menos hasta donde nosotros conocemos, a lo largo de toda la historia bíblica sin excepción alguna y afirmación que queda refrendada, especialmente aplicativa en nuestros tiempos, por las palabras que un Jesucristo resucitado dirigió a aquellos a los que envió a predicar las buenas nuevas, poco antes de ser elevado a los cielos:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas, 18 con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:15-20).

Y decimos que estas palabras aplican principalmente en nuestros días, por el hecho de que todos esos “iluminados” que se las dan de “ungidos”, afirman ser continuadores en el tiempo de esa obra de predicación que inició Jesús y encomendó proseguir a sus apóstoles, con lo que nos están diciendo que dicha obra ha estado vigente a través de los siglos hasta llegar a nuestros días…… ahora bien, si ello es así, la pregunta es obvia ¿por qué entonces, los actuales “continuadores” de esa obra de evangelización encomendada por Jesucristo, no pueden hacer parecidas demostraciones de poder a las que llevaban a cabo aquellos seguidores de Jesucristo del primer siglo? Dicho de otra manera ¿en qué momento de la historia cristiana, dejó Jesucristo de apoyar “el mensaje” y dejar a sus seguidores abandonados a su suerte, teniéndose estos que buscarse la “habichuelas” por su cuenta? Es cierto que esos supuestos “ungidos” que nos rodean por tierra, mar y aire, pues son legión, afirman que actualmente ya no hacen falta las demostraciones de poder para predicar el evangelio de Cristo, lo que nos lleva a hacernos la siguiente reflexión: si a lo largo de la historia bíblica y como ya hemos adelantado, Jehová siempre dio a sus siervos los poderes necesarios para llevar adelante la comisión asignada ¿por qué razón y teniendo en cuenta que estos supuestos “ungidos” actuales afirman ser los continuadores de la obra que inició Jesús en su momento, Jehová dio a los “ungidos” del primer siglo el poder de hasta levantar muertos y a los actuales no les permite ni curar un simple catarro, siendo como es el caso y según afirmación de parte, que están haciendo la misma obra? ¿Alguien lo entiende y nos lo puede explicar? ¿Por qué a unos tanto y a otros tan poco, si en teoría se está haciendo exactamente el mismo trabajo?

Lo que ocurre realmente, es que nada hay en las Escrituras que nos dé a entender que esta comisión se mantendría por siglos, sino más bien nos muestran que tal como esa obra de selección tuvo un inicio, también tuvo un final y como explicaremos más adelante; de lo contrario tampoco se entendería lo que leemos en Rev. 11:3-7, acerca de la futura aparición de unos poderosos personajes (los “dos testigos”) y dotados de grandísimos poderes a la manera de los primeros apóstoles, que tendrán a su cargo el llevar la delantera en una gran predicación que ya fue anunciada por Jesús en Mat. 24:14…… luego la cuestión que se nos plantea es la siguiente: si los supuestos “ungidos” actuales son “continuadores” en el tiempo de la obra que inició Jesús y que según nos dicen, mediante el ejercer fe en el evangelio por ellos predicado y previo el bautismo en agua que ellos imparten, ya se alcanza la salvación ¿qué necesidad habría, entonces, de que el Altísimo levantara a otras personas a la manera de los Juan, Pablo, Pedro, etc., para iniciar una “nueva” predicación? Luego solo es razonable pensar, que el propio hecho de que Jesús anunciara esa nueva predicación para un futuro distante, implícitamente estaba dando a entender que la que él había iniciado en su momento tenía fecha de caducidad, eso es, que no se dilataría en el tiempo.

Predicación futura que además y según leemos en Rev. 11:3, tiene una duración de tan solo 1.260 días o lo que es lo mismo, por tres años y medio…… pregúntense ahora, queridos lectores, cuanto tiempo hace que las actuales denominaciones de la “cristiandad” (TJ, adventistas, mormones, pentecostales, etc. etc. etc.) llevan dándonos “la vara” y verán que nada tiene que ver la predicación que estas están llevando a cabo, con la que Jesús anunció. Período de tiempo, por otra parte, que coincide con la primera mitad de la profética semana 70 de Daniel, por lo que la aparición de esos “dos testigos” o “resto ungido” y por razones que ya han sido publicadas en este blog, tiene que coincidir con la aparición del personaje “anticristo”…… y dado que dicha figura aún no ha aparecido, tampoco lo pueden haber hecho dichos personajes enviados por Dios y lo que significa que la predicación anunciada por Jesús tampoco se ha puesto en marcha.

Luego si esta es la situación (y esta es) a la luz del registro escritural, lo que tenemos que preguntarnos es lo siguiente: ¿quiénes son, entonces, esa pandilla de “engañabobos” actuales que se arrogan 1º, el ser representantes de Dios en calidad de hijos “ungidos” a la manera de Jesucristo, por tanto sus hermanos y en consecuencia, herederos del reino en calidad de inmortales reyes y sacerdotes; 2º, el estar predicando el “verdadero” evangelio salvador de Cristo y 3º, tener el poder de transmitir a otros la condición de Hijos de Dios…… pero que, sin embargo, de ninguna manera y en clara diferencia con los seguidores de Jesucristo del primer siglo, son capaces de hacer nada “del otro jueves” y con lo que poder demostrar la veracidad de su afirmación de tener dicha relación paterno/filial con Dios. No podemos olvidar y en otro orden de cosas, que las Escrituras ya nos advierten de la auténtica plaga de falsarios agentes de Satanás que nos invadiría en los últimos días y ello en palabras del propio Hijo de Dios, según se lee en Mat. 24:3:

Y en contestación, Jesús les dijo: “Cuidado que nadie los extravíe; 5 porque muchos vendrán sobre la base de mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo” (o somos de Cristo, eso es, “ungidos”) y extraviarán a muchos.” (Acotación nuestra).

Y palabras corroboradas por el envejecido apóstol Pedro en su segunda carta:

Sin embargo, llegó a haber también falsos profetas entre el pueblo, como también habrá falsos maestros entre ustedes. Estos mismísimos introducirán calladamente sectas destructivas y repudiarán hasta al dueño que los compró, trayendo sobre sí mismos destrucción acelerada.” (2 Ped. 2:1).

Solo hay que ver cómo está actualmente el “patio” dentro de la denominada “cristiandad”, fraccionada esta en más de 30.000 denominaciones distintas y cada una de ellas con sus diferentes doctrinas, ritos, dirigentes, etc., algo totalmente contrario a la admonición del apóstol Pablo que en su momento y bajo inspiración, dijo lo siguiente:

Ahora los exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos hablen de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar.” (1 Cor. 1:10).

Con lo que cualquier parecido con el grotesco espectáculo contemplado hoy, es pura coincidencia y por lo que cuando hablamos de la “cristiandad”, estamos hablando del sistema religioso más corrupto y reprensible del orbe (ellos son los que han apostatado de la verdadera enseñanza de Dios) y por lo que de ninguna manera puede brotar de entre ella algo parecido a un “ungido” que represente a Dios y en el que se pueda confiar. Pero dicho lo cual, estamos de acuerdo con usted, querido lector, en que las cosas no solo basta con decirlas sino que hay que demostrarlas, pues de lo contrario los autores de este blog caeríamos en el mismo error que estamos criticando a los supuestos “ungidos actuales: el afirmar algo, pero sin demostrar que lo afirmado es cierto; por lo tanto vamos a probar con las Escrituras en la mano lo veraz nuestra afirmación, en el sentido de que es del todo imposible que actualmente existan hoy “ungidos” sobre la tierra y en el bien entendido, como hemos señalado al inicio de este escrito, que al conjunto de esos personajes se les identifica como la “iglesia” o “cuerpo de Cristo” y de los que se nos dice que son los que serán “arrebatados” al cielo (lo que se conoce como el “arrebatamiento de la iglesia”), mientras aquí en la tierra se monta “la mundial”. Por tanto, veamos que nos dice la Biblia de todo esto y partiendo de lo que Jesús vino a hacer aquí en la tierra y en lo que hay unanimidad entre todos los autores bíblicos: este vino a buscar a aquellos que tendrían que reinar con él en el reino de Dios, en cumplimiento de la promesa divina contenida en Éxo. 19:3-6:

Y Moisés subió al Dios verdadero y Jehová empezó a llamarlo de la montaña, diciendo: “Esto es lo que has de decir a la casa de Jacob y anunciar a los hijos de Israel: 4 Ustedes mismos han visto lo que hice a los egipcios, para llevarlos a ustedes sobre alas de águilas y traerlos a mí mismo. 5 Y ahora si ustedes obedecen estrictamente mi voz y verdaderamente guardan mi pacto, entonces ciertamente llegarán a ser mi propiedad especial de entre todos los demás pueblos, porque toda la tierra me pertenece a mí. 6 Y ustedes mismos llegarán a ser para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel.”

Luego Jesús inicio una obra de búsqueda para encontrar a esas personas y obra que tendrían que continuar sus más directos seguidores, eso es, los apóstoles…… y si dicha obra tuvo un inicio, obviamente habría que pensar que también tendría un final y como queda claramente expresado en la petición que el Hijo de Dios hizo en favor de sus seguidores a su Padre Celestial y en la que, implícitamente, ya habló del final de la misma:

Hago petición, no respecto a estos (sus apóstoles) solamente, sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.” (Juan 17:20). (Acotación nuestra).

Si analizamos debidamente estas palabras, veremos que la comisión de continuar la obra de encontrar a aquellos que eran merecedores del reino, quedaba limitada a sus apóstoles y a aquellos que recibían directamente de estos el mensaje de Jesús. Ahora bien, es cierto que alguien podría decir que esto no es más que la interpretación personal e interesada del contenido de un texto bíblico para que las cosas parezcan ser como nosotros las “pintamos”…… por lo que permítannos razonar nuestro argumento y así probar la veracidad de lo que les decimos, acudiendo para ello al capítulo ocho del libro de Hechos de los Apóstoles. No obstante, para conseguir dicho objetivo tenemos que partir de la idea y que es asumida por cualquier teólogo actual, de que para heredar el reino de Dios en calidad de inmortal rey y sacerdote (Rev. 20:6), uno tiene que ser reconocido como Hijo de Dios, eso es, haber recibido el bautismo en espíritu santo…… y que es algo muy distinto del bautismo de agua, pues este por sí mismo no concede dicha condición, por mucho que los “entendidos” en la materia nos juren y perjuren que eso es así; dicho lo cual, analicemos una porción de lo que se lee en el capítulo mencionado:

En aquel día se levantó gran persecución contra la congregación que estaba en Jerusalén; todos salvo los apóstoles fueron esparcidos por las regiones de Judea y de Samaria (……)

4 No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.

9 Ahora bien, en la ciudad había cierto varón, Simón por nombre que, antes de esto, había estado practicando artes mágicas y asombrando a la nación de Samaria, mientras decía que él mismo era alguien grande. 10 Y todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: “Este hombre es el Poder de Dios, que puede llamarse Grande”. 11 De modo que le prestaban atención porque los había asombrado durante mucho tiempo con sus artes mágicas. 12 Pero cuando creyeron a Felipe (sus obras eran por mucho más poderosas que las de Simón), que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres. 13 Simón mismo también se hizo creyente y, después de bautizarse, atendía constantemente a Felipe; y quedaba asombrado al contemplar las señales y grandes obras poderosas que se efectuaban (por medio del tal Felipe).” (v. del 1 al 13). (Acotaciones nuestras).

Ahora analicemos lo que hemos leído y notemos tres aspectos fundamentales en su contenido: lo primero que notamos en este pasaje, es que el tal Felipe no era un “pelanas” como los actuales “ungidos”, sino que sus obras probaban que era un ser poderoso en espíritu santo; recordemos que fue una de las siete primeras personas que recibieron dicho espíritu santo por manos de los apóstoles (Hech. 6:1-6) y por tanto, el reconocimiento como Hijos de Dios. En segundo lugar y en armonía con las palabras de Jesucristo en Mar. 16:15-20, que la difusión del evangelio verdadero iba acompañada, ineludiblemente, de grandes manifestaciones de poder y que daban legitimidad a los que las proclamaban, en clara diferencia de lo que ocurre a día de hoy entre esa pandilla de charlatanes que se las dan de “ungidos”. Y, tercero y más importante, pues aquí está el quid de la cuestión, que el bautismo en agua en nombre de Jesucristo y que era el que impartía Felipe, no transmitía la condición de Hijo de Dios al que lo recibía y contrario a lo que esos “entendidos” actuales nos están diciendo…… porque veamos como continúa dicho relato, en sus versos 14 al 17:

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo (luego queda claro que pese a estar bautizados en agua, aún no lo habían recibido). 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados (obviamente en agua) en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron (Pedro y Juan) a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.” (Acotaciones nuestras).

Lo que se nos está diciendo en esta porción escritural, es fundamental para sostener nuestra afirmación en el sentido de que actualmente no pueden existir personas “ungidas” o Hijos de Dios, porque veamos: si bien Felipe podía llevar a cabo obras poderosísimas como los apóstoles, lo que no podía era impartir el bautismo en espíritu santo y como sí podían hacer estos, algo que queda probado por lo que acabamos de leer; de ahí, que las personas que creyeron en el mensaje de Felipe y aunque bautizadas en agua correctamente en el nombre de Jesucristo, solo “empezaron” a recibir espíritu santo cuando los apóstoles Pedro y Juan les impusieron las manos, o dicho de otra manera, cuando fueron bautizadas en espíritu santo. Lo que ello nos muestra es que si bien los apóstoles sí podían impartir dicho bautismo de espíritu, pues lo había recibido directamente de Jesucristo, aquellos que como Felipe lo habían recibido de manos de los apóstoles, ya no podían transmitírselo a otros y lo cual, evidentemente, limitaba el tiempo de duración de la obra encomendada por Jesús; pero continuemos con el relato de ese capítulo ocho, leyendo ahora los versos 18-19:

Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad (o "poder", según versiones), para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo”.” (Hech. 8:18-19). (Acotación nuestra).

Lo que queda claro de estas palabras, es que Simón se dio cuenta de que los apóstoles podían hacer algo que Felipe no podía hacer, como era el transmitir a otros la condición de Hijos de Dios o lo que es lo mismo, el bautizar en espíritu santo…… de ahí que lo que Simón les pidiera a Pedro y Juan (a cambio de dinero), no fue que le dieran dicho espíritu santo, sino “la autoridad” de poderlo impartir a otros y que Felipe no tenía. Todo lo considerado nos lleva al punto crucial del tema que estamos analizando, como es el averiguar en qué momento se interrumpió dicha capacidad o autoridad aquí en la tierra de poder impartir el bautismo en espíritu santo y con ello el poder ungir a otros como Hijos de Dios, lo que nos lleva de nuevo a lo leído en Juan 17:20 y que nos marca el punto de inflexión o momento, en que desapareció de sobre la tierra el poder transmitir a otros la condición de Hijo de Dios y con ello, el fin de la obra iniciada por Jesús, dirigida a seleccionar a aquellos que tendrían que gobernar a su lado en el reino de Dios:

Hago petición, no respecto a estos solamente, sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.”

Como ya hemos dicho, la petición de Jesús tenía que ver con sus más directos seguidores (los apóstoles) y a los que a su vez, aceptarían el mensaje de la boca de los propios apóstoles…… en llegando aquí, la obra de selección se paraba por la razón que ya hemos apuntado y que repetimos para que la cosa quede clara: ha quedado probado por el contenido escritural y personalizado en el caso de Felipe, que si bien aquellos que recibieron a través de los apóstoles el bautismo en espíritu santo (no fue así en el caso de Pablo y que también lo recibió directamente de Jesucristo), podían desarrollar obras poderosas como los apóstoles, lo que ya no podían hacer era el transmitírselo a otros y como ha quedado evidenciado en ese relato analizado de Hech. 8:1-20 y hecho que sienta un precedente…… por lo que es obvio concluir, entonces, que con la muerte del último apóstol (Juan) sobre el año 99 E.C., desapareció de sobre la tierra la posibilidad de recibir dicho espíritu santo de adopción, pues ya no existía quien lo pudiera impartir y con ello, finalizó la obra de selección iniciada por Jesús y así, hasta nuestros días.

Por ello, todos y cada uno de esos “mandangas” que a día de hoy nos quieren vender “la burra coja” de su ungimiento como Hijos de Dios, nos tendrían que decir en primer lugar quién les ha bautizado en espíritu santo para adquirir tal condición y, en segundo lugar, con qué autoridad lo ha hecho la persona o denominación religiosa que haya intervenido en el acto; porque en ningún lugar de las Escrituras y contrario a lo que nos proponen los falsos “ungidos” actuales, se encuentra afirmación alguna en el sentido de que solo con el bautismo en agua, sea suficiente para adquirir la condición de “ungido” o Hijo de Dios…… recordemos lo que acabamos de leer, en el sentido de que todo un poderoso Hijos de Dios como era Felipe, no pudo mediante el bautismo en agua, conseguir que los bautizados recibieran el espíritu de adopción como Hijos de Dios, sino que esto no ocurrió hasta que intervinieron los apóstoles. Más bien lo que las Escrituras nos dicen y esto en palabras del propio Jesús, es exactamente todo lo contrario, por que veamos lo que este dijo y relacionado con dos bautismos totalmente diferentes entre sí:

En respuesta, Jesús le dijo: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer el hombre cuando es viejo? No puede entrar en la matriz de su madre por segunda vez y nacer ¿verdad?”. 5 Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua (bautismo de agua) y del espíritu (bautismo en espíritu santo), no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3-5). (Acotaciones nuestras).

Ello nos lleva a unas palabras dirigidas también por Cristo a sus apóstoles, momentos antes de ser elevado a los cielos:

Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí; 5 porque Juan, en verdad, bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en espíritu santo no muchos días después de esto”.” (Hech. 1:4-5).

De nuevo vemos que se nos está hablando de distintos bautismos, pues no pasemos por alto que los apóstoles, aunque ya hacía años que habían recibido el bautismo de Juan (bautismo de agua), este no los convirtió en Hijos de Dios, sino que solo alcanzaron dicha condición cuando en el Pentecostés de 33 E.C. recibieron el otro bautismo anunciado por Jesús, eso es, el bautismo en espíritu santo y el que sí les concedió esa relación paterno/filial con Dios y por tanto pasaron a convertirse en hermanos de Cristo, hecho reconocido por este, poco antes de ascender al cielo:

Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: “Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”.” (Juan 20:17).

Luego vemos que el bautismo en agua y que es el único que se puede impartir hoy en día (y de forma fraudulenta, pues no tiene validez alguna), no puede dar a uno la condición de Hijo de Dios, pues ello nunca ha sido así y como queda perfectamente reflejado en el contenido escritural; por otra parte, nada en el registro sagrado nos habla de que la cosa y en algún momento de la historia de la primitiva congregación cristiana hubiera cambiado, en el sentido de que a partir de determinado momento ya con solo el bautismo de agua fuera suficiente para adquirir el ungimiento como Hijo de Dios, como si dicho bautismo hubiera asumido ambos roles. Por lo tanto, continúan en vigor las palabras de Jesús en Juan 3:5, en el sentido de que para adquirir dicha condición continúan siendo necesarios dos bautismos: el de agua y el de espíritu santo; y lo que nos lleva a recordar un “pequeño” detalle: el bautismo en espíritu solo lo pudo administrar Jesucristo después de haber resucitado y posteriormente, después de haberlo recibido directamente de este, sus apóstoles…… nadie más y según nos cuenta el registro sagrado, estuvo en disposición de poderlo administrar y por lo que repetimos la pregunta ¿de quién y con qué autoridad, han recibido los supuestos “ungidos” actuales, la condición de Hijos de Dios? Y pregunta de la que surge una derivada ¿por qué el espíritu santo recibido en el primer siglo, movía inmediatamente a las personas a actuar de forma poderosa…… y hoy no lo hace, si en teoría estaríamos hablando del mismo espíritu santo de Dios?

Todo considerado, solo se puede concluir que todo aquél que actualmente se identifique como un “ungido”, no es más que un “mandangas” ignorante y del cual no se puede creer nada de lo que diga, ni siquiera si nos da la hora; porque a día de hoy, sencillamente no existen personas que tengan la condición de Hijos de Dios y por lo que, por extensión, no puede existir un arrebatamiento “de la iglesia” porque no hay “iglesia” a la que arrebatar. Ello significa que todas aquellas organizaciones religiosas que por medio de sus pastores, evangelistas, maestros, predicadores o como quiera que les llamen, nos hablan de un arrebatamiento como tal y del que uno pudiera ser beneficiario, no solo son miembros del sistema mundial de religión falsa que nos está intentando extraviar, sino lo que es peor, que no tienen la menor idea de lo que realmente dicen las Escrituras y por lo que no se les puede creer en nada de lo que nos cuenten relacionado con estas; porque después de lo considerado y haciendo uso de la lógica más elemental acerca de todo lo considerado y a modo de conclusión, si no hay “ungidos” (y no los hay) tampoco puede haber un “arrebatamiento de la iglesia” o, lo que es lo mismo y como señalamos en el titular de este escrito, sin huevos…… no se pueden hacer tortillas.

MABEL

martes, 29 de noviembre de 2011

Doce apóstoles…… ¿+ uno?

Luego serían trece, con lo que los números dejarían de cuadrarnos, pues en Rev. 21:14, leemos lo siguiente:

El muro de la ciudad también tenía doce piedras de fundamento y sobre ellas los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”

Por lo que de nuevo, como solemos tener por costumbre en este blog, romperemos un poco los moldes y nos vamos a meter en un “fregao” (que diría el castizo), en el que nadie y hasta donde nosotros sabemos, se ha atrevido hasta el momento a meterse. Y la cuestión tiene que ver, como habrán podido deducir del titular de este escrito, en si realmente hubo en su momento doce…… o trece Apóstoles. Y entendiendo por Apóstoles (con mayúsculas), aquellos que en su momento fueron escogidos por el propio Jesucristo y que conformaron el núcleo de su incipiente congregación de seguidores bautizados con el espíritu santo, que los convertía en Hijos de Dios…… circunstancia que no concurrió con el grueso de todos aquellos que se hicieron sus seguidores y a partir de lo que se empezó a conformar, lo que Pablo denominó como el “cuerpo de Cristo” (Rom. 12:5; Efe. 1:22-23). Y que tiene que ver con el reducido grupo de los que con él tienen que gobernar en el reino de Dios (Luc. 12:32), en clara diferencia o contraste (como hemos mencionado), con aquellos otros que no siendo este su caso, pasarán a ser súbditos del mismo y que para más información, pueden ver nuestro artículo compuesto “Esa maravilla llamada “Hechos de los Apóstoles” ” de fecha 17/11/11 y 24/11/11.

Sin embargo, la tendencia generalizada es a dar poca o ninguna importancia a los escritos sagrados, por parte de aquellos que profesan tener determinada forma de creencia dentro del cristianismo y aceptar simplemente las afirmaciones que cualquiera les hace referentes a las Escrituras, bien sea del cura de nuestra parroquia, del pastor de nuestra iglesia, o del anciano de nuestra congregación y según sea el caso de cada uno. Inclusive, aceptando las enseñanzas de alguno de esos “iluminados” que se auto-identifican como Hijo de Dios y que publican en Internet, por disparatadas e increíbles que estas sean, sin detenernos siquiera por un momento, en el sano ejercicio de comprobar por nosotros mismos, si aquello que nos dicen (quién sea que lo haga) se ajusta al contenido escritural…… o no. Y aún en el caso de que la respuesta sea afirmativa, comprobar si el contenido del texto que se nos cita como apoyo de determinada afirmación, se ajusta al contexto, tanto al suyo más inmediato, como al general de las Escrituras y que en definitiva, es lo que nos confirma la veracidad del mismo. Por lo tanto, analicemos lo que nos dicen los hechos relacionados con el tema que hoy vamos a tratar, siempre según la Biblia y veamos a que conclusión podemos llegar:

Y lo primero que notamos, es que Jesús en un primer momento, escogió a doce apóstoles, según se nos menciona en Luc. 6:12-16 y puesto que se nos da el nombre de cada uno de ellos, aquí no hay error o discusión posible:

En el transcurso de aquellos días él salió a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. 13 Pero cuando se hizo de día llamó a sí a sus discípulos y escogió doce de entre ellos, a los cuales también dio el nombre de “apóstoles”: 14 Simón, a quien también dio el nombre de Pedro y Andrés su hermano y Santiago y Juan, y Felipe y Bartolomé, 15 y Mateo y Tomás, y Santiago, hijo de Alfeo y Simón, que es llamado “el celoso” 16 y Judas, hijo de Santiago y Judas Iscariote, que se volvió traidor.”

También sabemos (el pasaje en cuestión ya nos lo indica) que uno de ellos traicionó a Jesús y “tuvo” que ser sustituido por otro…… luego procede conocer, lo que nos dicen las Escrituras acerca de cómo se produjo dicha sustitución y las circunstancias que en ella se vieron envueltas:

“Ahora bien, durante estos días Pedro se levantó en medio de los hermanos y dijo (la muchedumbre de personas era en conjunto como de ciento veinte): 16 “Varones, hermanos, era necesario que se cumpliera la escritura, que el espíritu santo habló de antemano por boca de David acerca de Judas, que se hizo guía de los que arrestaron a Jesús, 17 porque él había sido contado entre nosotros y obtuvo participación en este ministerio. 18 (Este mismo hombre, por tanto, compró un campo con el salario de la injusticia y cayendo de cabeza, reventó ruidosamente por en medio y todos sus intestinos quedaron derramados.

19 También llegó a ser conocido de todos los habitantes de Jerusalén, de modo que aquel campo fue llamado en su lenguaje Akéldama, es decir, Campo de Sangre.) 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: “Quede desolado su alojamiento y no haya morador en él” y: “Su puesto de superintendencia tómelo otro”. 21 Por lo tanto, es necesario que de los varones que se reunieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, 22 comenzando con su bautismo por Juan y hasta el día en que fue recibido arriba de entre nosotros, uno de estos hombres llegue a ser testigo, con nosotros, de su resurrección”.


23 De modo que propusieron a dos: a José llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo y a Matías. 24 Y oraron y dijeron: “Tú, oh Jehová, que conoces los corazones de todos, designa cuál de estos dos hombres has escogido, 25 para que tome el lugar de este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para ir a su propio lugar”. 26 De modo que echaron suertes sobre ellos y la suerte cayó sobre Matías; y él fue contado junto con los once apóstoles.” (Hech. 1:15-26).

Aunque ya de entrada y como detalle anecdótico, observemos que un asunto tan delicado como era la elección de un apóstol y que a Jesús ¡nada menos que el Hijo de Dios!, le tomo una noche entera de oración y meditación (Luc. 6: 12), Pedro la solventó con un simple sorteo…… pero volvamos a lo nuestro.

Tenemos que con la incorporación del tal Matías, de nuevo se redondeó el número de doce apóstoles; y la cosa quizás no habría tenido más trascendencia, si no fuera por el hecho de que más adelante, unos tres años después, Pablo fue nombrado apóstol por el propio Jesucristo, cuando se dirigía a Damasco en persecución de los cristianos y relato que encontramos en Hech. 9:1-19. En fin, que sea como fuere y puesto que todos conocemos la historia de Pablo, sin duda alguna el más destacado de entre los seguidores de Jesucristo, nos encontramos ya con trece de esos apóstoles, cuando el caso es que Jesucristo nos afirma tener solo doce, como hemos leído en Rev. 21:14…… luego ¿cómo solventamos este problema? Porque lo que está claro es que estamos hablando de hechos y todos ellos registrados en la propia Biblia, lo cual los hace verídicos……pero por otra parte, es evidente que nos “sobra” un apóstol; es más, lo que realmente afirmó Jesucristo en la Revelación al envejecido apóstol Juan y si leemos con atención el pasaje citado, es que solo tuvo doce apóstoles y no que de trece hubiera prescindido de uno y lo cual, ya sería distinto; luego lo que tenemos que entender es que uno de ellos, realmente no fue considerado un apóstol. Y por lo que a cualquier detractor de la Escrituras, con pocas ganas de razonar, le sería fácil decir que estas se contradicen, pues por un lado aparentemente Jehová designó a Matías y por lo que junto a Pablo, el grupo de apóstoles se elevaría a trece, mientras Jesucristo, afirma la existencia de un grupo compuesto por solo doce miembros elegidos expresamente por él; luego ¿cómo conciliar esa aparente discrepancia? ¿Qué es lo que realmente ocurrió, para que se produjera esta controvertida situación?

Para averiguarlo, tendríamos que profundizar un poco sobre el temperamento del personaje que toma el protagonismo en ese momento determinante, o sea, el apóstol Pedro y ya después, analizar con un poco más de detenimiento, el pasaje en donde se nos habla de la elección del tal Matías y de la supuesta “participación” por parte de Jehová, en dicho evento. Y ya centrándonos en Pedro, vemos de inicio que los evangelios recogen más declaraciones del personaje en cuestión, que de cualquiera de los otros once apóstoles, por lo que se ve con claridad que no era tímido ni indeciso, sino de carácter más bien extravertido; este hecho hizo que hablara antes que los demás y que expresara su parecer, cuando los otros prudentemente permanecían en silencio…... y actitud que propició, lógicamente, que se metiera el algún que otro “problemilla”. Sin embargo y por otra parte, vemos que en algunas ocasiones su particular forma de ser, planteó cuestiones que hicieron que Jesús aclarase y ampliase sus ilustraciones, aunque a veces fuera excesivamente impulsivo e impetuoso al hablar: por ejemplo, fue él quien sintió la necesidad de decir algo al presenciar la transfiguración, en un comentario un tanto irreflexivo, sobre lo provechoso de estar allí y su proposición de “edificar” tres tiendas (Mat. 17:4).

En línea con lo que estamos diciendo, vemos que la noche de la última Pascua, si bien en un principio se negó enérgicamente a que Jesús le lavase los pies, al ser “reprendido” por este, quiso también que le lavase la cabeza y las manos (Juan 13:5-10); luego vemos que fácilmente pasaba del blanco al negro, o sea, de un extremo al otro. Sin embargo, se puede ver en el relato conjunto de los evangelios, que en el fondo, las expresiones un tanto intempestivas de Pedro nacían de sus buenos deseos e intenciones, así como de sus fuertes sentimientos hacia Jesús. Por ejemplo, cuando muchos discípulos tropezaron por la enseñanza de Jesús y lo abandonaron, Pedro, en nombre de todos los apóstoles, manifestó su determinación de permanecer con su Señor, quien tenía, a su juicio “dichos de vida eterna (…...), el Santo de Dios.” (Juan 6:66-69). En otro momento y después que los apóstoles respondieran a la pregunta de Jesús acerca de lo que opinaba la gente sobre su identidad, de nuevo fue Pedro quien expresó impulsivamente y con firme convicción “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, por lo que Jesús lo pronunció bienaventurado o “feliz” (Mat. 16:13-17).

Evidentemente y como hemos dicho, Pedro fue quien más veces habló, pero también fue a quien con más frecuencia se corrigió, reprendió o censuró. En una ocasión, movido por la compasión, cometió el error de atreverse a llevar a Jesús aparte y reprenderlo por haber predicho sus propios sufrimientos y su muerte como Mesías, provocando el que Jesús le diera la espalda y le dijera que era un opositor (o un Satanás), pues ponía los razonamientos humanos por delante del propósito de Dios registrado en la profecía (Mat 16:21-23). Sin embargo, debe notarse que Jesús y según el relato paralelo de Mar. 8:32-33 “miró a los otros discípulos”, lo cual parece dar a entender, que sabía que Pedro expresaba sentimientos que los demás compartían. En otra ocasión, cuando Pedro se tomó la libertad de hablar en nombre de Jesús respecto al pago de cierto impuesto, este, de manera muy paciente y bondadosa, le ayudó a reconocer la necesidad de ser más reflexivo antes de hablar (Mat 17:24-27). Y es que Pedro, adolecía de mostrar exceso de confianza en sí mismo y cierto sentimiento de superioridad sobre los otros once, como quedó patente cuando afirmó, que aunque “los demás” tropezaran con relación a Jesús, él nunca lo haría y estaría dispuesto a ir a prisión e incluso a morir con él. Es cierto que todos los demás respaldaron esta afirmación, pero no es menos cierto que Pedro fue el primero en hacerla y reafirmarse en ella con marcada “insistencia”…… siendo entonces, cuando Jesús le dijo a Pedro que le negaría tres veces (Mar. 14:30-31; Luc. 22:33-34). E insistente afirmación, que le podía haber costado muy cara al impulsivo Pedro, porque no hacía mucho que Jesús había afirmado lo siguiente:

Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (Mat. 10:32-33).

Y eso, exactamente, es lo que Pedro hizo hasta tres veces (Luc. 22:55-62), por lo que solo el perfecto conocimiento que de sus motivos tenía Jesús, de la clase de persona que era y del afecto que tenía por él (Luc. 22:31-32), fueran factores determinantes para salvar tan difícil situación; es más, al primero que se apareció Jesucristo después de resucitar, fue al propio Pedro, obviamente para animarlo y fortalecerlo (Luc. 22:60-62; Cor. 15:5; Luc. 24:34). Y ese era el personaje llamado Pedro: impulsivo, hombre de acción que primero actuaba y después pensaba, excesivamente confiado de sus posibilidades, por tanto impetuoso y temerario, lo que le llevaba a tomar la delantera entre los demás apóstoles y adquiriendo con ello, cierto “status” de líder…… y lo que llevó a que se montara el “cirio” que ahora estamos intentando resolver.

Porque recordemos que fue a instancias de Pedro, que se tomó la decisión de elegir a otro apóstol que remplazara al traidor Judas, cuando lo lógico en ese crítico momento, hubiera sido dejar las cosas en manos de Jesucristo y que él hubiera determinado que hacer, pues él era el cabeza de la congregación. Además, él había sido quien eligió a sus apóstoles, por lo que nada más razonable que pensar que ya él decidiría en su momento, sobre quién tenía que ser el sucesor de Judas; pero es que encima, Jesucristo antes de ascender al cielo, había dicho lo siguiente:

Y estando reunido con ellos, les dio las órdenes: “No se retiren de Jerusalén, sino sigan esperando lo que el Padre ha prometido, acerca de lo cual oyeron de mí”.” (Hech. 1:4).

Luego nada en esas palabras da a entender que se tuviera que actuar en el sentido que lo hizo Pedro, sino que la orden era clara y contundente: seguir “esperando”…… nada más; pero una vez más, el citado apóstol se dejó llevar por su impulsivo carácter, se lió la manta a la cabeza y dio por sentado que lo que hacía falta, de hecho a su entender era “necesario” según propias palabras (Hech. 1:21), elegir sustituto para Judas. Y es cierto que hizo referencia a un pasaje de los escritos que en ese entonces tenían, que hablaba sobre la situación presentada, como es el hoy conocido por Sal. 109:8:

Resulten pocos sus días; su puesto de superintendencia tómelo otro.”

Como también es cierto, que se elevó a Jehová una oración para que bendijera dicho selección y es de ahí, de donde se parte del supuesto que Jehová “dirigió” aquella elección y decidió sobre quién tenía que recaer la “suerte”…… pero si leemos el pasaje en cuestión, nada se nos dice que dé a entender una actuación directa de Jehová o Jesucristo en ese proceso; veámoslo otra vez:

De modo que propusieron a dos: a José llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo y a Matías. 24 Y oraron y dijeron: “Tú, oh Jehová, que conoces los corazones de todos, designa cuál de estos dos hombres has escogido, 25 para que tome el lugar de este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para ir a su propio lugar”. 26 De modo que echaron suertes sobre ellos y la suerte cayó sobre Matías; y él fue contado junto con los once apóstoles.” (Hech. 1:23-26).

Ahora bien ¿por parte de quiénes fue contado Matías, entre los doce? Pues entre aquellos que estuvieron presentes en ese “sorteo” y que dieron por bueno su resultado…… porque no fue más que eso: un cara o cruz entres dos personas y del que lógicamente una de ellas salió favorecida, en este caso Matías, así como también podía haber salido el otro, Barsabás y que de igual manera, habría sido considerado como el “elegido” por el Altísimo; pero que ni Jehová ni Jesucristo tomaron parte alguna en esa decisión, queda probado por el hecho de que tres años después, se eligió divinamente a Pablo como apóstol, para ser enviado a las naciones, con las siguientes palabras y pronunciadas por el mismo (Jesucristo) que posteriormente afirmaría tener solo doce apóstoles:

Pero el Señor le dijo: “Ponte en camino, porque este hombre me es un vaso escogido para llevar mi nombre a las naciones así como a reyes y a los hijos de Israel. 16 Porque le mostraré claramente cuántas cosas tendrá que sufrir por mi nombre.” (Hech.9:15-16).

De hecho, las propias Escrituras identifican al citado Pablo como “apóstol a las naciones” (Rom. 11:13) y sí citándose ya aquí, intervención directa divina, algo que no se nos dice en el caso de Matías:

Pablo, apóstol, ni de parte de hombres ni mediante algún hombre, sino mediante Jesucristo y Dios el Padre, que lo levantó de entre los muertos.” (Gál. 1:1).

Luego ello nos muestra que Matías, no pudo ser reconocido como miembro del grupo de los doce por parte de Jehová, aunque recibiera el bautismo en espíritu junto a los once restantes apóstoles en Pentecostés de 33 E.C. y así, el reconocimiento como Hijo de Dios, pues de lo contrario Jesucristo le habría mentido a Juan, en las palabras que se citan en Rev. 21:14:

El muro de la ciudad también tenía doce piedras de fundamento y sobre ellas los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”

Lo que deja claramente establecido, que Jesucristo en ese momento de la historia, reconoció categóricamente el haber tenido solo doce apóstoles y desautorizando con ello, la apresurada acción de Pedro y que una vez más, se “pasó de rosca”. Por lo tanto y como siempre, vemos que el contexto pone las cosas en su sitio y que si sabemos aplicar la lógica y sentido común, todo tiene una explicación razonable; porque algo que no podemos olvidar, es que las Escrituras también son la historia escrita de muchos personajes que cometieron errores y que quedaron ahí reflejados, para tiempos posteriores, como una clara muestra de aquello que es correcto hacer y de aquello…… que ya no lo es tanto (1 Cor. 10:11).

Y es cierto que uno podría pensar qué poca o ninguna importancia tienen esos sucesos en los tiempos actuales y ya tan lejos del episodio analizado, estando como está ya está todo resuelto y las cosas determinadas y ya colocadas en su sitio correspondiente…… pero no deja de ser una advertencia para nosotros, que vivimos en estos últimos y dificultosos tiempos. Pues nos enseña a ser cautos y no dar crédito a determinadas enseñanzas que se nos quieren hacer creer, aunque aparentemente las Escrituras “parezcan” confirmar las mismas, pues ello si tiene importancia de cara a nuestro futuro más inmediato. Por ejemplo, es importantísimo averiguar si realmente los cristianos de todos los tiempos, así como los notables del AT, sumándose a ellos los sobrevivientes de la “gran tribulación” de Rev. 7:14, están destinados a reinar al lado de Jesucristo o sencillamente nos corresponde, el ser súbditos de dicho reino…… pues según sea nuestra creencia personal al respecto, la misma nos llevará en un momento determinado, a actuar de una manera o de otra y lo cual puede establecer la diferencia entre la vida o la muerte. Porque esta fraudulenta enseñanza (la de ser reyes con Cristo) existe y siendo uno de sus más destacados promotores (que no el único, por supuesto), Apologista Mario Olcese, mediante la que se transmite un mensaje distorsionado acerca de cuál es el verdadero propósito del Altísimo, con respecto a todos nosotros y por tanto, una enseñanza de demonios con la destrucción como perspectiva:

Sin embargo, la expresión inspirada dice definitivamente que en períodos posteriores algunos se apartarán de la fe, prestando atención a expresiones inspiradas que extravían y a enseñanzas de demonios.” (1 Tim. 4:1).

Por eso desde este blog, se recomienda continuamente el asegurarse personalmente de que las cosas son como a uno se las cuentan, incluso en algunos casos y ya yendo más allá, si son como aparentemente “parecen ser” según las mismas Escrituras (circunstancia que muchos aprovechan para engañar), mediante un diligente estudio de las mismas y emulando con ello, a aquellas personas que en su momento fueron ensalzadas por Jehová, por el celo y esfuerzo que ponían en su empeño, con el único objetivo de conocer la verdad:

Ahora bien, estos eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así.” (Hech. 17:11).

Fijémonos en el hecho de que las Escrituras (las que tenían a su alcance en esos momentos), eran examinadas por esas personas con cuidado, eso es, analizando los detalles con minuciosidad y sobre todo, contrastándolos con el mensaje de los contextos, que es lo que en definitiva determina la veracidad del texto del que se trate…… y eso lo hacían a diario, en una más que evidente muestra de la importancia que en sus vidas tenía la Palabra de Dios; por ello la pregunta que se impone, es si en nuestro caso, tenemos tal interés en dicha palabra escrita, que es la Biblia. Y es que no olvidemos, que solo Jehová nos puede sacar de esa terrible situación que estamos viviendo y que se va agravando día a día, siempre que uno lo busque con empeño, mediante la consideración de Su Palabra, la Biblia y antes, de que la cosa no tenga remedio:

Antes que el estatuto dé a luz algo, antes que el día haya pasado justamente como el tamo, antes que venga sobre ustedes la cólera ardiente de Jehová, antes que venga sobre ustedes el día de la cólera de Jehová, 3 busquen a Jehová, todos ustedes los mansos de la tierra, los que han practicado Su propia decisión judicial. Busquen justicia, busquen mansedumbre. Probablemente se les oculte en el día de la cólera de Jehová.” (Sof. 2:2-3).

MABEL

domingo, 23 de octubre de 2011

Más respuestas para Apologista

Y es que tal como me comprometí (en este blog solemos tener la sana costumbre de ser formales y cumplir con nuestros compromisos), voy a continuar con la serie de respuestas a las preguntas de D. Mario Olcese contenidas en su artículo del 16/10/11 “Don Armando: el “correcaminos”.” Luego para abreviar y ya atendida la primera, en el artículo anterior a este que están ustedes leyendo, pasemos al contenido de la segunda pregunta y que como es costumbre, transcribimos tal cual:

2.- Si Ud., Don Armado, no es miembro del cuerpo de Cristo, cuya cabeza es obviamente Cristo mismo, ¿Por qué sigue usted los mandamientos de Jesús, si usted no es miembro de su cuerpo?¿No dirige Jesús (la cabeza) sólo a su cuerpo (la iglesia)?

En primer lugar, decirle al Sr. Olcese, que esta pregunta carece de sentido, porque los seguidores de Cristo, no siguen los mandamientos de este, sino los de Jehová…… al menos eso es lo que se deduce de las palabras de Jesús:

El que me desatiende y no recibe mis dichos tiene quien lo juzgue. La palabra que he hablado es lo que lo juzgará en el último día; 49 porque no he hablado de mi propio impulso, sino que el Padre mismo, que me ha enviado, me ha dado mandamiento en cuanto a qué decir y qué hablar. 50 También, sé que su mandamiento significa vida eterna. Por lo tanto, las cosas que hablo, así como el Padre me las ha dicho, así las hablo.” (Juan 12:48-50).

Y algo que el apóstol Juan tenía perfectamente claro, pues reconoció que “aquel a quien Dios envió habla los dichos de Dios” (Juan 3:34) y por eso, casi al final de su vida, pudo decir lo siguiente:

Pues esto es lo que el amor a Dios significa: que observemos sus mandamientos; y, sin embargo, sus mandamientos no son gravosos.” (1 Juan 5:3).

Entonces, como estamos sometidos a los mandamientos del Altísimo y puesto que entiendo que ese es el deber de todo bien nacido, el obedecer a Dios, por eso obedezco Sus mandamientos (llegados a nosotros, a través de Su Hijo Jesucristo), en cumplimiento de Ecle. 12:14:

La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre (o “de la humanidad”, según traducción literal). 14 Porque el Dios verdadero mismo traerá toda clase de obra a juicio con relación a toda cosa escondida, en cuanto a si es buena o es mala.” (Acotación mía).

Y me permito rogar a dicho caballero, que antes de formular una pregunta, se asegure de que está planteada correctamente, porque tal da la sensación de que ni para eso alcanza; pero veamos ahora, la tercera pregunta:

3.- Si usted no es ungido por el espíritu santo, ¿cómo puede usted producir buenos frutos como el amor, gozo, paz, mansedumbre, etc, etc?

Pues porque una cosa es desarrollar esos frutos del espíritu y que no nos vienen dados, sino que hay que esforzarse en desarrollar, como queda claro de las palabras de Pablo en Rom. 7:21-25 y otra muy distinta, el ser “elegido” directamente por Dios, para pasar a formar parte del grupo de Sus Hijos Adoptivos y algo que ya no depende de uno mismo, sino de la voluntad expresa de Jehová:

Y no solo ese caso, sino también cuando Rebeca concibió gemelos de un solo hombre, de Isaac nuestro antepasado: 11 pues cuando todavía no habían nacido ni practicado cosa buena ni vil, para que el propósito de Dios tocante a la selección continuara dependiendo, no de obras, sino de Aquel que llama, 12 se le dijo a ella: “El mayor será esclavo del menor”. 13 Así como está escrito: “Amé a Jacob, pero odié a Esaú”.” (Rom. 9:10-13).

Y para un mayor entendimiento de lo que pretendo decir, veamos cómo nos expresa la idea el escritor del libro de Hebreos y refiriéndose en este caso al sacerdocio, según una versión de las Escrituras, muy fácil de entender y que suele aclarar muchas dudas, como es La Biblia en lenguaje actual:

Dios elige a los jefes de los sacerdotes para que ayuden al pueblo y para que presenten las ofrendas y sacrificios, para que Dios los perdone. 2 Y como a esos sacerdotes también les resulta difícil obedecer a Dios, pueden mostrarse pacientes con los ignorantes y pecadores. 3 Por eso tienen que presentar ofrendas y sacrificios, para que Dios perdone los pecados del pueblo y también los de ellos.

4 Pero nadie puede ser jefe de los sacerdotes sólo porque así lo quiere, sino que Dios es quien lo elige y le da ese honor. Así lo hizo Dios cuando escogió a Aarón como jefe de los sacerdotes.

5 Cristo no llegó a ser Jefe de sacerdotes porque así lo quiso, sino que Dios lo eligió y le dio ese honor. Fue Dios quien le dijo: “Tú eres mi Hijo; desde hoy soy tu padre.” 6 En otra parte de la Biblia también le dijo: “Tú eres sacerdote para siempre, como lo fue Melquisedec.”

Luego la idea queda perfectamente establecida, pues si así era en el caso de la elección del Sumo Sacerdote, cuanto más en el caso de ser declarado uno Hijo de Dios y cuestión que queda perfectamente interrelacionada en el versículo 5. Y lo cual no sería así, de ser cierta esa chorrada que D. Mario defiende, en el sentido que cuando uno se bautiza, automáticamente ya es “ungido” y reconocido como Hijo adoptivo de Dios (con todo lo que eso conlleva), pues entonces la cosa quedaría en manos de la voluntad de cada cual: la de bautizarse o de no bautizarse y viéndose por tanto obligado Jehová, a reconocer como Hijo Suyo al primero que le diera la ventolera de decantarse por el bautismo...... dicho sea de forma coloquial y para entendernos; y veamos ahora la cuarta pregunta:

4.- Si usted no es un hijo de Dios y tampoco un hermano de Cristo, ¿Por qué se dirige usted a Dios como “Padre celestial” cuando le ora? Por otro lado, ¿acaso no dice Jesús que los que hacen la voluntad del Padre esos son sus hermanos?¿Si usted no es hermano de Cristo e hijo de Dios, entonces la voluntad de quién está haciendo usted, Don Armando?

¿Y al Sr. Olcese, quién le ha dicho de qué manera me dirijo a Dios en mis oraciones? ¿No cree dicho caballero, que en su intento de torcer las cosas según su conveniencia y en su inaudito atrevimiento, va un poco “más allá” de dónde puede llegar? Y es que desde que inicie mi andadura con los TJ y hasta mi expulsión, el 99% de las oraciones que he escuchado (y en más de 30 años de militancia ¡cuidadito que habré escuchado oraciones y a diferentes oradores!) se dirigían al Altísimo bajo la fórmula de “Señor Soberano Jehová……” y no como les imputa dicho caballero (la fórmula que menciona en la pregunta) en algunos de sus artículos. Y ese uno por ciento restante, siempre a cargo de personas que se iniciaban en el dirigir a la congregación en oración y usaban el consabido inicio “Padre nuestro que estás en los cielos……” y lo que dijeran a continuación, pero siempre en su condición de inexpertos y que con el tiempo rectificaban dicha frase inicial…… y en mi caso particular y si a D. Mario le parece bien ¡faltaría más! suelo dirigirme a mi Creador, con la frase “Señor y Dios mío……” y lo que siga, para cerrar la oración rogándole que la misma le sea acepta en el nombre de Su Hijo Jesucristo, en su posición de actual mediador (1 Tim. 2:5) y según nos enseñó él mismo:

En aquel día ya no me preguntarán nada. De cierto, de cierto les digo, que todo lo que pidan al Padre, en mi nombre, él se lo concederá. 24 Hasta ahora nada han pedido en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría se vea cumplida.” (Juan 16:23-24-RVC).

Y habida cuenta que es Jehová y no Jesucristo, el “oidor” de la oración (Sal. 65:2), a Él nos tenemos que dirigir; y como a mi edad y diga lo que el Sr. Olcese diga, ya no voy a cambiar…… pues así lo vamos a dejar. Y en cuanto la voluntad de quién estoy haciendo ¿pues la de quién va a ser? La de Jehová y es que según Jesús, si queremos ser sus “amigos” (Juan 15:14), tenemos que hacer las cosas que nos manda y si como hemos visto en la primera respuesta que hemos dado, Jesús solo manda lo que a su vez le fue mandado a él, la conclusión es clara: podemos tener una buena relación con nuestro Creador y sin necesidad de ser reconocidos como Hijos suyos, al igual que muchísimas personas del AT, si hacemos lo que nos manda (1 Sam. 15:22; Hech. 20:35)…… en nuestro caso, por boca de su Hijo Jesucristo, Su mediador; y pasemos a la quinta pregunta:

5.- ¿Si la congregación o iglesia de los primogénitos están inscritos en los cielos, según Heb. 12:23, ¿por qué dice usted que el rey David será un mero súbdito del reino en la tierra, si él mismo es también llamado por Dios como “mi primogénito” en Salmo 89:20,27?¿No debería estar David también incluido dentro de la iglesia o congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos?

Y en cuanto a esta pregunta, decirle a ese caballero que su ignorancia solo es superada por su propia ignorancia, pues de ninguna manera en este profético salmo que nos cita, se puede hacer referencia con esa expresión “mi primogénito”, literalmente al personaje David…… pues resulta que este Salmo 89, fue escrito después de la muerte de éste, por un tal Etán, el ezrahíta y uno de los cuatro hombres cuya sabiduría, aunque considerable, fue superada por la del rey Salomón:

Y Dios continuó dando a Salomón sabiduría y entendimiento en medida sumamente grande y una anchura de corazón, como la arena que está sobre la orilla del mar. 30 Y la sabiduría de Salomón era más vasta que la sabiduría de todos los orientales y que toda la sabiduría de Egipto. 31 Y era más sabio que todo otro hombre, más que Etán el ezrahíta y Hemán y Calcol y Dardá, hijos de Mahol; y su fama llegó a estar en todas las naciones todo en derredor.” (1 Rey. 4:29-31).

Luego estaríamos hablando de un contemporáneo del reinado de Salomón y por lo tanto, su salmo no podía ir dirigido al rey David, que como hemos dicho ya había muerto para cuando el citado salmo fue escrito, por lo que y de forma profética, solo podía hacer referencia a Jesucristo y algo que ya le expliqué al Sr. Olcese en mi artículo del 11 de Agosto pasado “Luego es mentira que……”; porque veamos que nos dicen los versos 26-27:

El me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios y la roca de mi salvación. 27 Yo también le pondré por primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra.”

Y lo que vemos, es que el citado pasaje está escrito en tiempo futuro, por lo que no podía aplicar de ninguna manera a un David que ya había muerto, ni a su hijo Salomón, que en ese momento ya estaba ejerciendo de rey sobre Israel. Luego con la referencia del verso 20 al nombre “David” y como ya le expliqué en mi reciente artículo “Apologista…… y Oseas 3:4-5” (10/10/11), tenemos que tener en cuenta que cuando en las Escrituras se hace proféticamente referencia al nombre del rey David y más en este caso, que dicho personaje hacía tiempo que había desparecido de la escena, se nos está hablando del llamado David Mayor, o sea, de Jesucristo. Por otra parte (y ello valida mi afirmación), el hecho de que tenía que ser “el más excelso” de entre los reyes de la tierra, obviamente nos muestra que solo se podía referir a Jesucristo, pues de aplicar al rey David esas palabras, como erróneamente afirma el Sr. Olcese, lo colocarían en una posición superior al propio Hijo de Dios, que razonablemente ya no podría ser “el rey de reyes y señor de señores” (Rev. 19:16).

Luego, resumiendo, dicho Salmo 89 no se podía referir de ninguna manera al literal rey David y por lo tanto, el verso 20 se dirigía proféticamente al futuro heredero del trono que había ocupado en su día David, eso es, al David Mayor, Jesucristo y no al propio David…… con lo que de nuevo y a pesar de estar advertido en el artículo citado, D. Mario ha vuelto a meter la pata hasta el corvejón, lo que hace patente la errática deriva que está tomando últimamente. Recordemos que en ese momento de la profecía, no había ni hombre ni nombre (pues Jesús aún no existía), por lo que Jehová y a fin de transmitir la idea a su pueblo, hace uso de esa alegoría para presentar al desconocido personaje y que tendría que ser el artífice de la verdadera y definitiva restauración del reino, en que un día fungió como rey su antepasado David, en calidad de legítimo heredero del mismo y de las bendiciones que este derramaría sobre la humanidad obediente…… y qué mejor que personalizarlo en un personaje prominente y por todos reconocido, como el anterior rey David. Dicho esto, pasemos a la pregunta número seis:

6.- Si usted cree que es necesario el bautismo para la salvación, y sabemos que Cristo salva a su cuerpo o iglesia, ¿por qué dice usted que no es miembro del cuerpo o iglesia de Cristo si usted es un bautizado?

Pues porque yo fui bautizado en agua, como seguidor de Jesucristo, pero no con el Espíritu Santo de adopción como Hijo de Dios, porque no había ( ni hay) nadie con la autoridad para dar ese bautismo, como en su día fueron los apóstoles (para más información al respecto, vean por favor “La Iglesia de Cristo…… ¿dónde está?” (12/07/11). Luego si bien nací del agua, no así del espíritu (Juan 3:5) y por lo tanto, no tengo la unción como Hijo de Dios; y es que esta milonga que nos cuenta D. Mario y “cuatro iluminados” más (obviamente porque les interesa, pues se creen Hijos de Dios), de que inmediatamente después de ser uno bautizado con agua, ya de forma automática es “ungido” o declarado Hijo de Dios…… pues que quieren que les diga, como no sea que las Escrituras no nos dicen nada de ello, sino exactamente todo lo contrario; y si alguien desea enterarse de ello con todo detalle, incluido el Sr. Olcese, que lea mi artículo “No es eso, Sr. Olcese…… no es eso” del 14/09/10, en el que aclaro la cuestión punto por punto…… y si procede, que D. Mario nos demuestre lo contrario (si puede, claro, porque hasta el momento no ha sido así). No obstante, esa pregunta acerca de la cuestión del bautismo en la actualidad, tiene un trasfondo en el que llevo pensando mucho tiempo (aún no lo tengo del todo claro), por lo que me reservo el hablarles más delante de este tema. Pero pasemos ya a la séptima pregunta y última para hoy:

7.- Si los santos recibirán el reino, y éstos gobernarán con Cristo, según Daniel 7:13,14,21, ¿debemos concluir que usted no es un santo puesto que dice que no reinará con Cristo en su reino? Si no es un santo, ¿qué es entonces? ¿No dice la Biblia que quién no es un santo es un inmundo (ver 1 Tes. 4:7)?

Pues por supuesto que no soy un “santo” o persona “elegida” por Jehová para reinar con Cristo, según se desprende de Dan. 7:18, como no lo es ni el Sr. Olcese, ni tantos otros farsantes que andan sueltos por ahí y que presuntuosamente se las van dando de Hijos de Dios y que en su delirio pretenden reinar con Cristo en el reino de Dios…… por la sencilla razón de que actualmente no existe ninguna persona de esas características sobre la tierra, a menos eso sí, que Rev. 11:3-6 nos esté mintiendo:

Y haré que mis dos testigos profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros y están de pie delante del Señor de la tierra. 5 Y si alguien quiere hacerles daño, de la boca de ellos sale fuego y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, tiene que ser muerto de esta manera. 6 Estos tienen la autoridad para cerrar el cielo de modo que no caiga lluvia durante los días de su profetizar y tienen autoridad sobre las aguas para tornarlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plaga cuantas veces deseen.”

En resumidas cuentas, que estamos hablando de personajes poderosísimos. Y puesto que actualmente no hay sobre la tierra personas que manifiesten estos poderes (solo al alcance de los verdaderos Hijos de Dios) y por los que precisamente, tienen que ser reconocidos como tales enviados por el Altísimo…… pues eso, que aún no han aparecido esos personajes y que por lo tanto, con relación a lo que tenemos por aquí abajo, pues estaríamos hablando de unos auténticos charlatanes, digan lo que digan y lo digan como lo digan aquellos que actualmente nos quieren hacer creer, mediante su sola afirmación personal (como el propio Sr. Olcese, o los Rivas, Buzzard, Dávila, los “ungidos” de los TJ y tantísimos otros), que son Hijos de Dios y que reinarán con Cristo. Y si no es así, que nos demuestren esos poderes y que son, como hemos dicho, tarjeta de presentación de todos aquellos que son enviados por Dios…… o en su defecto que nos dejen de dar la lata con sus paranoias: actualmente no hay ungidos” o Hijos de Dios sobre la tierra. Porque todas, absolutamente todas aquellas personas enviadas por Jehová en todos los tiempos, para cumplir con una comisión divina, fueron dotadas de los poderes sobrenaturales necesarios para acreditar la autoridad que les había sido conferida en función de la tarea para la que habían sido enviados por Jehová.

Sin embargo y sorprendentemente, en estos tiempos actuales y siempre según esos farsantes, Jehová tiene a una montonera de sus Hijos sueltos por ahí y sin dar un palo al agua, luego…… ¿para que los tiene aquí? O sea y para entendernos ¿qué tarea les ha sido encomendado de parte de Jehová? Porque si es la de predicar el reino de Dios, como presume dicho caballero y otros tantos como él, en primer lugar ¡anda con el éxito que tienen!...... aparte, por supuesto, de la burradas que continuamente publican; y en segundo lugar, la gran predicación de Mat. 24:14 aún no ha comenzado, porque todavía no ha aparecido ese resto de hermanos de Jesucristo de Rev. 6:9-11 (por tanto Hijos de Dios) y prefigurados por esos “dos testigos” citados, que tienen que llevar la delantera en dicha obra; luego si no hay comisión divina…… no hay obra divina y por lo tanto, lo que están haciendo esos señores, al igual que los TJ y muchos otros, es el “canelo”, eso es, el tonto. Pero dándose el caso además, de que tampoco ha sido cumplida aún la segunda y más completa parte de la profecía de Joel 2:28-29 y derramamiento de dicho espíritu o poder de Dios, que acompañará a aquellos que tomen parte en dicha predicación:

Y después de eso tiene que ocurrir que derramaré mi espíritu sobre toda clase de carne y sus hijos y sus hijas ciertamente profetizarán. En cuanto a sus viejos, sueños soñarán. En cuanto a sus jóvenes, visiones verán. 29 Y aun sobre los siervos y sobre las siervas derramaré en aquellos días mi espíritu.”

Y que eso es así, tal como lo estoy afirmado, que queda una segunda parte de esa profecía por cumplir, queda probado por lo que sigue inmediatamente a continuación, en los versículos 30-32 y que leemos seguidamente:

Y ciertamente daré portentos presagiosos en los cielos y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. 31 El sol mismo será convertido en oscuridad y la luna en sangre, antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor. 32 Y tiene que ocurrir que todo el que invoque el nombre de Jehová escapará salvo; porque en el monte Sión y en Jerusalén resultarán estar los escapados, tal como ha dicho Jehová, y entre los sobrevivientes, a quienes Jehová llama.”

Y señales o “portentos presagiosos” que no ocurrieron en el primer cumplimiento de esta profecía, en el Pentecostés de 33 E.C. ni posteriormente, en aquellos tiempos del primer siglo, sino que además se nos señala el tal derramamiento, para antes de la “venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor” (y que no vino en el primer siglo, como es obvio) e idea que cuadra perfectamente con las palabras proféticas de Luc. 21:25-28 y con la apertura del sexto sello, según Rev. 6:12-17 y que señalan a nuestros días. Y con el agravante que en aquellos tiempos, al que invocaba el nombre de Jehová, se le perseguía y se le ejecutaba (le cortaban la cabeza, para entendernos) y a diferencia de lo que se nos dice que va a ocurrir en la actualidad, en el sentido de que “escaparán” o serán “ocultados” (Sof. 2:3; Isa. 26:20). Luego, puesto que no hay ni rastro de ese resto de Hijos de Dios por aparecer, ni muestra alguna del poder el Espíritu Santo de Jehová en acción, en una gran obra de predicación mundial en marcha, fíjense ustedes sin van errados todos esos farsantes y engañabobos, que tan altaneramente se arrogan el ser Hijos de Dios y por tanto, su condición de reyes en reino milenario, al lado de Jesucristo.

Y por otra parte, que no nos salgan con la monserga de que esas señales llevadas a cabo por esos citados “dos profetas” son “simbólicas”, porque el libro de Revelación está precisamente escrito para mostrar a los siervos del Altísimo, las cosas que han de ocurrir aquí en la tierra:

Y me dijo: “Estas palabras son fieles y verdaderas; sí, Jehová el Dios de las expresiones inspiradas de los profetas envió a su ángel para mostrar a sus esclavos las cosas que tienen que efectuarse dentro de poco.” (Rev. 22:6).

Porque además se da la circunstancia, de que esas poderosas señales ya fueron efectuadas por profetas de la antigüedad, como Elías en el caso del fuego destructor, como sistema de autodefensa (2 Rey. 1:9-15) y en el caso de la falta de lluvia (1 Rey. 7:1); o en el relato acerca de Moisés, con el tornar el agua en sangre y los posteriores derramamientos de plagas mortíferas (Éxo. 7:14 a 11:10) y acciones por las que demostraron ser verdaderos profetas del Altísimo. Y además, que la primera parte del cumplimiento de la profecía de Joel 2:28-29 en el primer siglo, no tuvo nada de simbólica, sino que fue muy real y de lo cual nos hablan las Escrituras.

Y en cuanto a lo que personalmente yo soy y que el señor Olcese parece interesado en saber, se lo expliqué el 14/07/10 en mi artículo “Hijos de Dios…… ¿o del diablo?”; o sea, que si lo quiere averiguar, ya sabe dónde buscarlo. Por otra parte, 1 Tes. 4:7 nada afirma de lo que ese caballero pretende y en su intento, una vez más, de conseguir y mediante torcerlos, que los textos bíblicos digan aquello que él necesita que digan, para conseguir un fin determinado; y es que sencillamente no se entera de la película. Porque de lo que ese pasaje nos habla, no es el que si no se es “blanco”, solo se puede ser “negro”, sino lo que hace y para entendernos, es dar una advertencia o recordatorio a las personas a las que fueron dirigidas dichas palabras, en el sentido de que “Dios no nos ha llamado a seguir pecando, sino a vivir una vida santa”…… o limpia, aclaro yo (La Biblia en lenguaje actual). Eso es, según Pablo, que dicho llamamiento no les concedía a esas personas involucradas en sus palabras, “barra libre” o los hacía inmunes a las consecuencias del pecado, sino que les exigía un cambio de actitud, perceptible y ejemplar para el resto del personal, que se podría sentir atraído hacia ese nuevo derrotero de vida. Ya el apóstol Pedro, posteriormente, lo explicitó de la siguiente manera en 1 Ped. 1:13-16:

Por lo tanto, fortifiquen su mente para actividad, mantengan completamente su juicio; pongan su esperanza resueltamente en la bondad inmerecida que ha de ser traída a ustedes en la revelación de Jesucristo. 14 Como hijos obedientes, dejen de amoldarse según los deseos que tuvieron en otro tiempo en su ignorancia, 15 y más bien, de acuerdo con el Santo que los llamó, háganse ustedes mismos santos (o limpios) también en toda su conducta, 16 porque está escrito: “Tienen que ser santos, porque yo soy santo”.” (Acotación mía).

O sea, que tenían que reflejar y en la medida de sus posibilidades, una conducta acorde con la “personalidad” del Ser Supremo y del cual habían recibido tal llamamiento, o sea, Jehová Dios.

Entonces, con lo que nos hemos encontrado de nuevo en 1 Tes. 4:7, es con un pasaje de las Escrituras “forzado” para que se ajuste a la idea que D. Mario desea exponer, para mantener su torpe razonamiento al proponer la pregunta. Y dicho esto, aquí lo dejo de momento y espero en un par de días, ir a por la octava pregunta y que de nuevo se me antoja que D. Mario tendrá alguna sorpresa, a causa del argumento que demuestra que Abrahán no puede reinar con Cristo…… y que al Sr. Olcese jamás se le habría ocurrido, pues de lo contrario no haría las afirmaciones que hace sobre este particular, por ejemplo, en un reciente video titulado “Abrahán esperaba la ciudad celestial (el tabernáculo permanente)”.

Armando López Golar

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martes, 12 de julio de 2011

La “Iglesia de Cristo”…… ¿dónde está?

Una de las constantes dentro del cristianismo actual, bien entre sus distintas denominaciones religiosas, bien entre aquellas personas que van por libre y no se asocian con ninguna de ellas, tiene que ver con el hecho de todos sin excepción, afirman y sin lugar a duda alguna, pertenecer a la “Iglesia de Cristo” o al “Cuerpo de Cristo” y con lo que estaríamos hablando exactamente de lo mismo. Por lo tanto y para no liarnos, unificaremos los dos conceptos y a partir de ahora en adelante, nos referiremos a esta figura como a la “Iglesia de Cristo”.

Y prescindiendo que la expresión “iglesia” no tiene otro significado que el de una reunión o congregación de personas unidas por una misma fe, también por “Iglesia de Cristo” entendemos, al conjunto de personas “ungidas” por Espíritu Santo y que en su momento, tienen que gobernar con Jesucristo en el reino de Dios venidero, en calidad de reyes y sacerdotes. Por lo tanto, si las afirmaciones de pertenencia a tal iglesia o grupo de personas que antes hemos mencionado fueran ciertas, en la tierra tendría que haber hoy, algo equivalente a un “pueblo de Dios” viviendo entre nosotros…… y eso es lo que intentaremos averiguar. Para ello, vamos a partir de una base que nos puede ser útil más adelante: en la Biblia, hasta el más insignificante signo gramatical, tiene su importancia, o sea, que nada de lo que en ella está escrito, puede ser tomado como de poca importancia y pasado por alto. Partiendo de esta premisa, empecemos leyendo Dan. 7:27:

Y el reino y la gobernación y la grandeza de los reinos bajo todos los cielos fueron dados al pueblo que son los santos del Supremo. Su reino es un reino de duración indefinida y todas las gobernaciones servirán y obedecerán aun a ellos.”

Luego lo que queda meridianamente claro de este texto, es que los que van a reinar con Cristo en el reino de Dios, serán los santos y que en conjunto conforman el pueblo de Dios, o sea, “la Iglesia de Cristo”…… nadie más. Y quizás usted sepa que generalmente la expresión “santo”, en la terminología bíblica significa apartado, separado o escogido para el servicio de Dios. Pero veamos cómo se sustancia esa idea en los siguientes pasajes:

También, cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos conforme a la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo a Jehová, 23 así como está escrito en la ley de Jehová: “Todo varón que abre matriz tiene que ser llamado santo a Jehová.” (Luc. 2:22-23 y citando de Éxo. 13:2).

Porque todo primogénito es mío. El día en que herí a todo primogénito en la tierra de Egipto santifiqué para mí a todo primogénito de Israel, desde hombre hasta bestia. Deben llegar a ser míos. Yo soy Jehová.” (Núm. 3:13).

Porque mío es todo primogénito entre los hijos de Israel, entre hombres y entre bestias. Me los santifiqué el día en que herí a todo primogénito en la tierra de Egipto.” (Núm. 8:17).

Luego entendemos como obvio, que ser “santo” significa ser propiedad del Altísimo y según hemos visto en Daniel, solo estos “santos” conforman el “pueblo de Dios” y pueblo, al que se le da la comisión de ejercer la gobernación real junto a Cristo durante el milenio. Por lo tanto, al hablar de la “Iglesia de Cristo”, del “Cuerpo de Cristo” o del “Pueblo de Dios”, estaríamos hablando de lo mismo: del grupo de “ungidos” o elegidos por Dios, para gobernar con su Hijo Jesucristo en el reino milenario.

Y si usted se fija, querido lector, a quien iban dirigidas las cartas de Pablo que no tenían un destinatario personal, verá que era a “los santos” o como también los llamaba Pablo “la congregación de Dios” o “iglesia de Dios” (según versiones) y que en realidad son “el pueblo” de Dios citado en Dan. 7:27. Veamos como Pablo establece esa relación, en sus palabras de introducción en su segunda carta a la congregación de Corinto:

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”

Pero Pablo no solo establece la relación entre los santos y la iglesia (o congregación, según versiones) de Dios, como “pueblo de Dios”, sino que nos dice algo más. Y aquí ya entramos en la observación que les acabamos de hacer hace un momento, en el sentido que todas las palabras de la Biblia tienen su importancia. Porque fíjense que Pablo llama “hermano” a su joven discípulo Timoteo y lo que significaría que tendrían un padre en común y que no podía ser otro que Jehová, lo cual queda claro, cuando en el verso 2 llama a Dios “nuestro Padre”, o sea, Padre de todos aquellos que se ven implicados en esa carta. Luego es obvio, que aquellos santos que conformaban la iglesia de Dios (o cuerpo de Cristo) y como tal, el pueblo de Dios, eran todos Hijos de Dios, luego todos habían recibido el espíritu santo de adopción. Y puesto que no encontrará usted en todo el NT, que se hable de alguien más que no sea de “los santos”, hemos de llegar a la conclusión, que en ese momento solo estaban aquellos que mediante aceptar a Cristo, eran adoptados por Dios como sus Hijos y aquellos que, al no aceptarlo, eran rechazados:

Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados y pocos escogidos.” (Mat. 22:13-14).

Y para confirmar ese extremo, veamos un ejemplo, de a quiénes dirigía Pablo sus cartas y que en este caso, será la primera que dirigió a la congragación de Corinto; veámoslo:

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y Sóstenes nuestro hermano, 2 a la congregación de Dios que está en Corinto, a ustedes los que han sido santificados en unión con Cristo Jesús, llamados a ser santos, junto con todos los que en todo lugar están invocando el nombre de nuestro Señor, Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: 3 Que tengan bondad inmerecida y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (1 Cor. 1:1-3).

Luego Pablo y no solo en esta carta sino en todas las restantes, está dirigiéndose exclusivamente a personas “ungidas” con el espíritu de adopción divino y por lo tanto, Hijos de Dios, al igual que Jesús y en consecuencia, sus hermanos menores. Que eso es así, lo prueban las palabras de Jesucristo, cuando ya recién resucitado dijo lo siguiente:

“Jesús le dijo: Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes.” (Juan 20:17).

Luego como estábamos diciendo, el NT solo nos habla de esa clase de personas y de absolutamente nadie más, lo cual refuerza la idea que Jesús en su primera venida y en eso están de acuerdo la mayoría de autores bíblicos, tenía como objetico fundamental y único, el seleccionar a aquellos que con él tendrían que compartir gobierno del reino y a nadie más. Y aquellos que formaran parte de ese grupo, eran los “santos” de Daniel y la “Iglesia de Cristo” (o congregación) a la que se dirigía Pablo en todas sus cartas y que son las que configuraban en ese momento (y dato muy importante), el “pueblo de Dios” aquí en la Tierra. Y usted quizás se preguntará, en dónde está la relevancia de esa secuencia lógica y dato de importancia…… pues en que como tal “pueblo de Dios” aquí en la tierra, no pasó desapercibido, sino que se hizo se hizo notar:

Pero los judíos, poniéndose celosos, tomaron como compañeros a ciertos varones inicuos de los haraganes de la plaza de mercado y formaron una chusma y procedieron a alborotar la ciudad. Y asaltando la casa de Jasón, procuraban hacer que los sacaran a la gentuza. 6 Como no los hallaron, arrastraron a Jasón y a ciertos hermanos ante los gobernantes de la ciudad, clamando: “Estos hombres que han trastornado la tierra habitada están presentes aquí también 7 y Jasón los ha recibido con hospitalidad. Y todos estos actúan en oposición a los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”. 8 Verdaderamente agitaron a la muchedumbre y a los gobernantes de la ciudad, cuando estos oyeron estas cosas; 9 y después de primero tomar suficiente fianza de Jasón y de los demás, los dejaron ir.” (Hech. 17:5-9).

Pero ¿cómo podrían unas pocas personas, esparcidas por los cuatro extremos de esa tierra, “trastornarla” por meramente decir que había otro rey más importante que Cesar? Esas situaciones en las colonias ocupadas por los romanos solían ocurrir con frecuencia, sobre todo en Israel, ya que había mucho descontento y continuamente había rebeliones, postulando a otros individuos como reyes y no pasaba nada: se cogía a los cabecillas de la revuelta, se les cortaba la cabeza y asunto resuelto…... muerto el perro, muerta la rabia. Sin embargo, con esas personas “trastornadoras de la tierra” no se podía acabar, sino muy al contrario, cada día eran más ¿por qué? Pues no por el simple mensaje en sí y que bien podría ser considerado como producto de unos simples charlatanes visionarios, sino por las sólidas pruebas que se aportaban sobre la veracidad del mensaje; porque veamos:

Si de pronto se le acerca alguien y le dice que Dios ya ha instalado a Jesucristo como rey en los cielos (luego usted no lo ve) y que para determinada fecha se va a producir el fin del mundo tal como lo conocemos, usted se lo puede creer o no; y en el supuesto que se lo crea, cuando pasado el tiempo no se produce ese fin anunciado, la cosa ya empieza a oler mal. Pero si dicha afirmación se repite en el tiempo y con idénticos resultados, lo razonable es que piense que le han tomado el pelo y deje de hacer caso a esos cantos de sirena, vengan de quien vengan o de donde vengan. Pero si un día le llega alguien, anunciando la inminente toma de posesión del rey nombrado por Dios aquí en la tierra, con el fin de cambiar las cosas y a continuación esa persona expulsa demonios, sana a enfermos de la enfermedad que sea, devuelve la movilidad a personas que toda su vida han estado postrada en una silla de ruedas o resucita a muertos y todo eso, en el nombre de ese Dios que le ha enviado a proclamar el mensaje en cuestión, usted ya empieza a tomarse la cosa en serio. El mensaje podrá ser el mismo o parecido, pero las obras que lo acompañan, son las que realmente le dan la veracidad necesaria para llamar su atención.
Y veamos unos pocos ejemplos lo que ocurría en el primer siglo:

“…… ¿cómo escaparemos nosotros si hemos descuidado una salvación de tal grandeza, puesto que empezó a ser hablada mediante nuestro Señor y nos fue verificada por los que le oyeron, 4 mientras Dios tomó parte en dar testimonio tanto con señales como con portentos presagiosos y con diversas obras poderosas y con distribuciones de espíritu santo según su voluntad?” (Hebr. 2:3-4).

Además, mediante las manos de los apóstoles continuaron efectuándose muchas señales y portentos presagiosos entre el pueblo; y todos estaban de común acuerdo en la columnata de Salomón.” (Hech. 5:12).

No obstante, los que habían sido esparcidos iban por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra. 5 Felipe, uno de estos, bajó a la ciudad de Samaria y se puso a predicarles al Cristo. 6 Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados. 8 De modo que llegó a haber mucho gozo en aquella ciudad.” (Hech. 8:4-8).

“Pero los judíos que no creyeron alborotaron las almas de gente de las naciones contra los hermanos e influyeron en ellas de mala manera. 3 Por lo tanto, ellos pasaron bastante tiempo hablando con denuedo por la autoridad de Jehová, quien daba testimonio de la palabra de su bondad inmerecida, concediendo que mediante las manos de ellos ocurrieran señales y portentos presagiosos
.” (Hech. 14:2-3).

Luego lo que está claro, es que la fuerza primaria del mensaje residía, no tanto en el contenido del mismo, como en las señales poderosas que se ejecutaban por medio de sus portadores. Pero si así ocurrió en el primer siglo ¿ocurre lo mismo en nuestros días? Obviamente no, a tenor de lo que vemos a nuestro alrededor y siendo el caso que mientras el mensaje que se proclama es básicamente el mismo del primer siglo y se atribuye al mismo Dios que lo apoyo de forma activa en ese momento, nada de eso es lo que estamos viendo hoy. Entonces ¿qué ocurre? ¿Es que acaso Jehová ya no considera interesante su mensaje y ha decidido no apoyarlo? ¿O no será quizás que toda esa patulea de presuntos “ungidos” actuales y que se auto proclaman miembros del pueblo de Dios aquí en la Tierra, realmente no le representan y por eso les deja que allá se las apañen ellos solos?

Y otra cuestión relacionada con lo anterior, tiene que ver con la cantidad de “ungidos” o “santos” que tienen que formar parte de ese gobierno milenario, porque si solo las personas “ungidas” como Hijos de Dios o “los santos”, según Daniel, son las que han de gobernar con Cristo y en la visión de Juan en Rev. 14:1 (en cumplimento del profético Samo 2), se ve a Jesucristo ya entronizado, ejerciendo como rey y a su alrededor acompañándole, 144.000 sellados (en señal de pertenencia) con el nombre de Su Padre y de él mismo…… pues blanco y en botella querido lector: los “santos” que con Cristo han de gobernar, son un total 144.000. Y eso, nos permitimos señalarlo de nuevo, no lo decimos nosotros…… ni siquiera los TJ: eso lo dice la Biblia en Rev. 14:1. Luego, ya cada uno le dará la interpretación adecuada a sus personales intereses, pero a nuestro entender, la Biblia dice lo que dice y nosotros lo único que hacemos, es leer con atención los textos de los que se trate, contrastarlos con su contexto más inmediato o en su defecto, con el contexto general de las Escrituras, sacar una conclusión lógica y en línea con el sentido común…… y publicarla; y si estamos equivocados, pues agradecemos infinito el que alguien se tome la molestia de señalárnoslo.

Y es que el tema de los 144.000 (como muchos otros en las Escrituras) no tiene nada de complicado, sino que muy al contrario es sencillísimo, pues solo hay que leer lo que dice la Biblia sin buscarle cinco pies al gato, a diferencia de cómo hacen aquellos que de todas, todas, pretenden presuntuosamente ser “ungidos” o Hijos de Dios y a los que un cantidad tan limitada de 144.000, se carga de golpe todas sus expectativas. Y además, como se han equivocado lamentablemente en su interpretación de Juan 5:28-29, las cuentas no les salen; por eso tenemos por ahí, por ejemplo, al amigo Apologista Mario Olcese diciéndonos (y sin que nadie le corrija, excepción hecha de este blog) que los que gobernarán con Cristo serán “millones, miles de millones” y lo cual, lamentamos tener que expresarlo de esta manera, pero denota un entendimiento de las Escrituras manifiestamente mejorable…… y que es que Jesús, dijo exactamente todo lo contrario:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32).

Luego lo que parece claro y olvidándonos por un momento de la citada cantidad, es que de este pasaje se desprende la idea de que es al Altísimo, a quién le pareció bien dar el reino a un grupo pequeño de personas ¿o acaso usted querido lector, entiende algo diferente? Entonces ¿por qué no aceptar la cifra que nos dan las Escrituras y que más se ajusta al sentido de las palabras de Jesús? ¿O hay en la Biblia algún otro pasaje que hable de otra cantidad en concreto, o que ponga en duda la anteriormente citada o siquiera lo deje entrever?

Pero la realidad es que si lo que nos dicen las Escrituras es verdad y no hay porque dudarlo, no existe a día de hoy y sobre la Tierra, ningún “ungido”, o sea, que la “iglesia de Cristo” o “cuerpo de Cristo” (como prefiera), no tiene presencia física actualmente en la Tierra, por lo que no hay nada parecido a un “pueblo de Dios” existiendo entre nosotros, como si lo había en el primer siglo. Porque razone un poco, amable lector: si el Espíritu Santo de adopción como Hijo de Dios y según nos muestra la Biblia, no podía recibirse sino mediante la directa imposición de manos por parte de los apóstoles , ya que los que así lo recibieron de ellos, si bien podían desplegar los poderes que ese espíritu llevaba inherentes (sanar enfermos, expulsar demonios, hablar en lenguas, etc.), de ninguna manera podían a su vez, transmitírselo a otros, queda claro que con la muerte del último apóstol que aún quedaba con vida (Juan), en el año 99 E.C., se acabó la obra de selección de Hijos de Dios y por tanto, la comisión dada por Jesús a sus apóstoles. Luego con la muerte de aquellos que lo habían recibido de los apóstoles y que, repetimos, no podían transmitírselo a otros, finalizó la presencia de la “Iglesia” o “cuerpo de Cristo”, como representativo “pueblo de Dios” sobre la tierra: habían muerto todos…… y así hasta el día de hoy en que, digan lo que digan algunos, continuamos igual. Y para más información acerca este tema, nos remitimos a nuestro artículo del 14 de Septiembre de 2010 titulado “No es eso, Sr. Olcese…… no es eso?

Pero no es menos cierto, que la promesa divina nos habla que en un futuro inmediato, está por aparecer un resto de esas personas, ya que al envejecido apóstol Juan se le dijo lo siguiente:

Y tomé el rollito de la mano del ángel y me lo comí y en mi boca era dulce como la miel; pero cuando me lo hube comido, se me amargó el vientre. 11 Y me dicen: “Tienes que profetizar de nuevo respecto a pueblos y naciones y lenguas y muchos reyes”.” (Rev. 10:10-11).

Y esa expresión “de nuevo”, solo tendría sentido si la primera predicación iniciada en Jesús y continuada por sus apóstoles, en busca de los merecedores de una plaza de gobernante en el reino de Dios, hubiera terminado en algún momento de la historia y que a nuestro entender, tal como hemos señalado, eso sucedió cuando, al final del primer siglo, murió la última persona (el apóstol Juan) que tenía el poder de transmitir el espíritu santo de adopción como Hijo de Dios, mediante la imposición de manos. Y como por otra parte, está claro que el envejecido Juan, por razones obvias, no podía atender a esa futura comisión, solo la lógica nos dice que en ese pasaje hay un mensaje entre líneas. Y si además esa porción de Revelación, la ponemos en conexión con las palabras que leemos en la apertura del quinto sello en su capítulo seis, razonablemente tenemos que sacar una conclusión de todo ello; pero leamos primero esas palabras:

Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener. 10 Y clamaban con voz fuerte, y decían: “¿Hasta cuándo, Señor Soberano santo y verdadero, te abstienes de juzgar y de vengar nuestra sangre en los que moran en la tierra?”. 11 Y a cada uno de ellos se dio una larga ropa blanca; y se les dijo que descansaran por un poco de tiempo más, hasta que se completara también el número de sus co-esclavos y de sus hermanos que estaban a punto de ser muertos como ellos también lo habían sido.” (Rev. 6:9-11).

Y la conclusión lógica, a nuestro entender y si nos atenemos el contenido de ambos pasajes, es en primer lugar, que estamos hablando de un número o cantidad, perfectamente establecido y cerrado de personas que aún tenían que ser recogidas como primicias (Rev. 14:4) y que lógicamente tenemos que entender, que con ellos se cerraría o completaría el grupo de personas elegidas por Dios, para gobernar con su Hijo Jesucristo y que a tenor de lo dicho por Jesús (Luc. 12:32), en todo caso se trataría de un grupo reducido. Y en segundo lugar, que en un futuro (suponemos que inmediato, por lo avanzado de los tiempos) tienen que aparecer en la Tierra ese resto de personas de la “clase Juan” (verdaderos ungidos) enviadas por Dios e investidas de gran poder (Rev. 11:3-6) para dar inicio a la gran predicación pendiente de Mat. 24:14 y de donde saldrá (ahora sí), la “gran muchedumbre” de sobrevivientes de la “gran tribulación” (Rev. 7:9; 14), que heredan el reino en calidad de súbditos del mismo.

Pero si el grupo de miembros de ese gobierno del reino y que Jesús vino a seleccionar, aún hoy está pendiente de completarse, tenemos que estar de acuerdo en que las cartas dirigidas tanto a congregaciones como a personas individuales y que conforman el grueso del NT, eran dirigidas exclusivamente a personas “ungidas”, o sea, a las personas ya escogidas en aquel tiempo, que con Cristo tenían que reinar y que fue a las que, como clase, vino expresamente a buscar Jesús. Porque siendo este el caso, no existía en ese momento y para entendernos, otra esperanza que no fuera la de reinar con Cristo; recordemos las palabras de Jesús a sus discípulos:

Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; 29 y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, 30 para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Luc. 22:28-30).

Y esa era la oferta o esperanza que los seguidores de Jesús fueron a proclamar y a ofrecer a otros y que unos pocos aceptaron, mientras una inmensa mayoría del pueblo judío rechazó y oferta, que tenía fecha de caducidad (ya lo hemos comentado) pues con la muerte del último apóstol, puesto que ellos eran los únicos que podían extender ese pacto a otras personas, se dio por finalizado dicho ofrecimiento y con ello, la oportunidad de acceder a una plaza de gobernante en ese venidero reino de Dios. Tenga en cuenta, por otra parte, que el propio Juan y cuando en la Revelación el anciano le pregunta acerca de quiénes eran esa “gran muchedumbre” (Rev. 7:13-14) que aparece inmediatamente después del sellamiento de los 144.000, manifiesta una total ignorancia acerca de ello y se lo tienen que explicar. Y lo cual nos indica, que en tiempos apostólicos, probablemente no se tenía ni la más remota idea del propósito de Jehová acerca de este asunto.

Y es que ese período apostólico, fue usado por Jehová para iniciar el desarrollo de lo que Pablo denominó “una nueva creación”:

Por consiguiente, si alguien está en unión con Cristo, es una nueva creación; las cosas viejas pasaron, ¡miren!, cosas nuevas han llegado a existir.” (2 Cor. 5:17).

O sea, algo tan nuevo, como seres humanos pecaminosos adoptados como Hijos de Dios, dotados de poderes y con la capacidad de, al igual que Jesús, soportar la muerte en martirio para mantener esa condición o estatus (Rom. 6:5-7) y lo que les significaría, si “vencían” en la prueba, el levantarse en la resurrección como inmortales Hijos de Dios (Rev. 2:11) y con el privilegio de compartir la herencia del reino con su Hermano Mayor Jesucristo, en calidad de reyes y sacerdotes.

Esa era la oferta para unos pocos y que no disfrutaremos el resto de mortales (solo el pequeño resto mencionado, pendiente de aparecer) y a los que el libro de Revelación nos abrió la puerta a otra esperanza: sobrevivir a la futura gran tribulación (Rev. 7:9; 14) y heredar el reino de Dios, en calidad de súbditos del mismo y en donde por medio de ese instrumento, seremos ayudados a alcanzar la perfección de la que en su momento gozaron nuestros primeros padres, Adán y Eva. Y con las mismas posibilidades de éxito que ellos tuvieron (si no nos descuidamos), al afrontar la prueba final con la suelta del “cabrito” ese de Satanás (Rev. 20:7-10) y que superarla, significará para aquellos que lo consigan la vida eterna.

Sin embargo, querido lector, ese planteamiento que resulta en la co-existencia de dos clases o grupos de personas con distintas esperanzas, es fuertemente objetada por diversos autores bíblicos y bajo el argumento que, de ser eso así, Jehová estaría haciendo acepción de personas. Y demostrando con ello, una estrecha y deformada visión del Plan de Restauración de Dios, que transcurriendo a través de siglos, obviamente distintos acontecimientos implicarían a unos que vivirían en determinado momento, en detrimento de otros que vivirían en otro momento o época distinta. Por ejemplo, mientras los Pedro, Juan, Pablo, Santiago, Bernabé y tantísimos otros, gobernarán con Cristo como inmortales reyes y sacerdotes de Dios, los Abraham, Noé, Moisés, Lot, David, Daniel, etc., etc., etc., no lo podrán hacer y serán solo súbditos, muy cualificados eso sí, pero súbditos al fin y al cabo de ese gobierno del reino de Dios…… luego ¿los discriminó Jehová de alguna manera? No, sencillamente que en la corriente del tiempo, no estuvieron en el lugar adecuado en el momento oportuno, ya que murieron (al igual que Juan el Bautista) antes de que estuvieran accesibles los dos requisitos indispensables establecidos por Jesús, para aquellos que aspiraran a acceder a ese gobierno de Dios, en calidad de gobernantes:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5).

Y como usted, amigo lector, probablemente sabrá, eso dos requisitos, el nacer del agua y el nacer del espíritu, entraron en vigor en el Pentecostés de 33 E.C., con el derramamiento del Espíritu Santo sobre los doce apóstoles y que fueron los encargados de transmitírselo a otros mediante la imposición de manos. Por lo tanto y con la muerte del último de estos, se acabó también dicha posibilidad para aquellos que nacieran después de ellos, sencillamente porque tampoco estuvieron en el lugar adecuado…… en el momento oportuno. Luego no estaríamos hablando de una cuestión de cualidad, calidad o mérito, sino simplemente de oportunidad y algo lógico y razonable, en un Plan o Proyecto Divino que se extiende en el tiempo, desde Adán hasta nuestros días. Y eso tan sencillo de entender en una persona de mediana formación, parece estar lejos de la comprensión de esos “entendidos” que nos ofrecen como carta de presentación, sus elevados estudios académicos y sus muchos títulos o diplomas colgados en la pared de sus hogares.

Luego todo considerado, tenemos que rechazar totalmente la idea de algo parecido a una “Iglesia de Cristo” y que a la manera de “pueblo de Dios”, resida actualmente entre nosotros. Sencillamente y a día de hoy, no hay nada parecido a personas “ungidas” o elegidas por Jehová a nuestro alrededor y que pudieran tener alguna comisión divina que llevar a cabo……. porque de ser así, ya nos habríamos enterado. Lo que si hay, es una gran cantidad de farsantes, que llevados por su presuntuosidad y afán de notoriedad (Internet ha facilitado mucho esta situación), nos bombardean continuamente con ideas disparatadas y contradictorias acerca del propósito de Dios y que no hacen sino apartar a las personas sinceras y con deseos de aprender, de cualquier acercamiento a las Escrituras, ante tanto desconcierto y confusión doctrinal.

Y es que el comprender las Escrituras, querido amigo, es algo bastante más sencillo de lo que nos quieren dar a entender semejantes personajes: solo hay que leer con la debida atención y luego razonar sobre lo leído con lógica y sentido común, algo al alcance del común de los mortales y sin necesidad de elevados estudios en Teología, Hermenéutica o ciencia afines. Es más, si mucho nos apuran y a tenor de las palabras de Jesús, son un estorbo:

En aquella misma hora se llenó de gran gozo en el espíritu santo y dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido cuidadosamente estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos. Sí, oh Padre, porque el hacerlo así, vino a ser la manera aprobada por ti”.” (Luc. 10:21).

Y que estamos en lo correcto en nuestra apreciación, queda patente en nuestro propio caso: todos esos autores a los que nos hemos referido y a los que se les reconoce una gran capacidad intelectual en muchos campos, han sido incapaces hasta el momento y ahí está Internet para comprobarlo, de rebatirnos con textos bíblicos en la mano, ni uno solo de los planteamientos que desde este blog se hacen para objetar a muchas de sus incomprensibles afirmaciones.

Y eso es todo por el momento, querido lector, desde nuestro limitado y humilde punto de vista; ahora y como solemos decir casi siempre al final de nuestros escritos, ya es tarea suya el separar el grano de la paja, mediante contrastar nuestras afirmaciones con lo que lee en su ejemplar de las Escrituras y formarse su propia opinión…… recuerde que será por esta, por la que algún día será llamado a cuentas y no por aquello que “le hayan contado”:

Pero que cada uno pruebe lo que su propia obra es y entonces tendrá causa para alborozarse respecto de sí mismo solo y no en comparación con la otra persona. 5 Porque cada uno llevará su propia carga de responsabilidad.” (Gál. 6:4-5).

MABEL