viernes, 21 de marzo de 2014

Pero…… ¿es cierto que todos alcanzamos la “salvación”?


¡Una vez salvo, siempre salvo!” ¿Les suena esa exclamación, queridos amigos que nos leen? De entrada (ustedes ya conocen como nos las gastamos en este blog), no deja de ser una más de las muchas “chorradas” que nos han querido “vender” las distintas denominaciones religiosas, obviamente de tendencia cristiana y que nos rodean por tierra, mar y aire y que se da de bofetadas, con lo que nos dicen las Escrituras…… aunque eso sí, con alguna matización por parte de algunas de ellas, como por ejemplo que ello será así, mientras uno mantenga una conducta acorde con las normas más elementales requeridas en el comportamiento cristiano y como no se entendería de otra manera; ahora bien ¿qué es eso a lo que llaman “salvación” y que según nos cuentan, está al alcance de “to quisqui” como diría un castizo?

En líneas generales, dicho término no significa otra cosa que la liberación de un peligro o de un sufrimiento, pues el sentido último de la expresión “salvado” no es otro que el que uno es liberado o protegido de determinado peligro; dicho vocablo, por otra parte, encierra también connotaciones de victoria, salud, o preservación de cualquier circunstancia adversa a la que uno se enfrente. Bíblicamente y que es el tema que nos interesa, se suelen usar los términos “salvado”, “salvo” o “salvación” para referirse a algo temporal, como cuando Moisés fue “salvado” (rescatado o sacado) de las aguas” (Éxo. 2:10) y que es lo que significa el nombre del personaje en cuestión; o en su defecto, como fue en el caso de la “salvación” del apóstol Pablo y que tenía que ver con su liberación de la prisión en la que estaba recluido (Fil. 1:19). Sin embargo, con más frecuencia la palabra “salvación” y fundamentalmente en el NT, se refiere a una eterna liberación de orden espiritual: por ejemplo, cuando Pablo le dijo al carcelero de Filipos lo que debía hacer para “ser salvo”, se estaba refiriendo al destino eterno de dicho personaje (Hech. 16:30-31)…… y ya extendiéndonos un poco más en la idea, vemos que Jesús pone en un mismo plano el “ser salvo” con la entrada al reino de Dios (Mat. 19:23-25). Lo que ocurre es que se ha hecho una mala interpretación de las palabras de Jesús, al ser sacado dicho pasaje de su contexto temporal y con lo que se está difundiendo una idea falsa para el común de los mortales, acerca de lo que realmente significa la “salvación” y a quiénes aplica…… porque en todo caso, cualquier ser humano de los muchos que han pululado durante siglos por la tierra ¿de qué es salvado? Vamos un texto clave para averiguarlo:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Podríamos resumir entonces la cuestión, diciendo que en la doctrina cristiana de la “salvación”, la humanidad en general es “salvada” de la “ira de Dios”, esto es, del juicio que Este ejecuta sobre el pecado (Rom. 5:9), porque el pecado es el que nos separó de Dios y la consecuencia de dicho alejamiento, fue la muerte (Gén. 2:17). Luego la “salvación” bíblica y merced al sacrificio de Jesús, se refiere básicamente a nuestra liberación de las consecuencias del pecado y que por lo tanto, implica la remisión de dicho pecado…… y en consecuencia, el ser liberado el ser humano de su eterna condena a muerte. Ello conllevará que cuando sea instaurado el reino de Dios aquí en la tierra (y ello está al caer), las personas que estén vivas en ese preciso momento entrarán en el mismo sin haber muerto (Rev. 7:14) y con la posibilidad de jamás experimentar dicha muerte; y en el caso de aquellos que a lo largo de la historia humana hayan muerto hasta ese entonces (excepto aquellos que han sido ejecutados por un juicio divino), se les devolverá a la vida (Hech. 24:15) y con la posibilidad de no volver a morir jamás.

Y hablamos de “posibilidad” en ambos casos y aquí está el meollo del asunto, porque si bien es cierto que por haber sido perdonados de su pecado por la sangre de Cristo, ya no se puede volver a morir como consecuencia del pecado adámico, no es menos cierto que sí se puede ver la muerte, al ser uno destruido debido a un castigo divino…… y circunstancia que hay que contemplarla muy seriamente, como algo muy factible. Porque fíjense cómo será la cosa, que ya se nos avisa con casi ¡3.000 años de antelación! (los aproximadamente 2.000 desde que se escribió la Revelación, más los 1.000 del reinado de Cristo), de que al final de dicho período milenial será soltado Satanás de su aprisionamiento y que de nuevo volverá a hacer “el burro”, promoviendo otra rebelión en contra del Dios Altísimo y en la que será seguido por muchísimas personas (Rev. 20:7-10)…… esos rebeldes serán destruidos eternamente mediante intervención divina (v. 9), mientras que los que hayan permanecido leales, continuarán viviendo eternamente. De ahí que en la actualidad y contrario a lo que se nos está diciendo por parte de toda esa patulea de “entendidos” que nos rodea, nadie pueda pensar en alcanzar la “salvación” definitiva que le permitiría vivir eternamente, hasta que no haya sido superada dicha prueba final y que tenemos (no lo olvidemos) a mil años vista como mínimo…… excepción hecha, eso sí, de unos pocos individuos y de los que hablaremos a continuación.

Porque eso que nosotros les hemos planteado es una cosa y lo que nos cuentan la mayoría de denominaciones cristianas, con sus respectivos “teólogos” al frente (amén de aquellos que van por libre), es otra muy distinta acerca de lo que realmente es la “salvación”; porque lo que nos cuentan y tomándose al pie de la letra los relatos del NT, es que cuando uno ejerce fe en Jesucristo y se bautiza, ya desde ese momento adquiere la “salvación” y se convierte en un “ungido” o Hijo de Dios. Condición que de mantenerla mediante una conducta apropiada, le llevará en un futuro a reinar con Cristo en el milenio en calidad de inmortal rey y sacerdote…… y eso no es lo que dice la Biblia: porque mientras uno puede ser “salvado” sin ser Hijo de Dios y por ello no poder heredar el reino en calidad de co-gobernante con Cristo (como ocurre con los sobrevivientes de la “gran tribulación” y que son “salvados” sencillamente de perecer en ella), no se puede, por definición, ser Hijo de Dios si no se es “salvo”. Es cierto que hemos dicho que Jesús relacionó la salvación con el participar en el reino de Dios, o que en muchas de las cartas paulinas se hace referencia a “los que somos salvados”, o “los que están siendo salvados”, o “los que han sido salvados” y frases por el estilo, todas relacionadas con el poder reinar con Cristo en el reino de Dios…… pero las cosas hay que colocarlas en su debido contexto y saber de qué, de cuándo y de quiénes estamos hablando. Porque cuando Jesús estuvo aquí a la tierra, fundamentalmente tenía dos objetivos a cumplir: dar su vida como rescate por la humanidad y localizar a aquellos que tenían que reinar con él en el reino de Dios, a tenor de la oferta que hizo a sus apóstoles:

Sin embargo, ustedes son los que con constancia han continuado conmigo en mis pruebas; 29 y yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, 30 para que coman y beban a mi mesa en mi reino y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Luc. 22:28-30).

Luego el pacto por “un reino” para ser gobernante en el mismo, no se hizo con toda la humanidad, ni siquiera con el numerosísimo resto de seguidores que tenía Jesús en ese momento, a los que podía haber aludido y no lo hizo, sino solo con aquellas personas que en ese momento estaban allí presentes y que no representaban a nadie (contrario a lo que afirman algunos “entendidos”), sino que se representaban a sí mismas y que aceptaron los términos de dicho pacto, mediante el participar del pan y beber del vino. Que dicho pacto tenía que ser extendido a otros y en una cantidad limitada, es obvio a tenor de lo que leemos en Juan 17:20:

Hago petición, no respecto a estos solamente (a los que en ese momento estaban con él), sino también respecto a los que pongan fe en mí mediante la palabra de ellos.” (Acotación nuestra).

Por lo que tendríamos que entender de esas palabras, que la petición de Jesús se circunscribía a sus apóstoles en ese momento y se extendería posteriormente, a aquellos que por la directa palabra o intervención de estos y que eran los únicos que les podían transmitir el “ungimiento” como Hijos de Dios, aceptarían las condiciones del pacto en cuestión y pasarían también a reinar con él durante su gobernación milenaria; en definitiva, que hasta dónde alcanzaran los apóstoles en su comisión y que concluyó en el momento de su muerte, hasta ahí llegaría la captación de miembros para ese gobierno de hechura celestial…… en todo caso, un número reducido de personas y que las Escrituras nos cuantifican en 144.000 individuos. No olvidemos, que la primera vez que se da el número concreto de aquellos que tenían que reinar con Cristo en el reino de Dios y que hasta ese momento era desconocido, es en Rev. 14:1 donde ya se nos los muestra en su posición de gobernantes:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él, ciento cuarenta y cuatro mil, que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”

Pero pausemos un poco y analicemos este pasaje, pues muchos son los indoctos que afirman que dicha cantidad es simbólica y es “representativa” del total de “ungidos” o Hijos de Dios aparecidos a lo largo de la historia, eso es, desde Jesucristo hasta nuestros días y por lo que actualmente nos salen “ungidos” hasta de debajo de las piedras (algunos “iluminados” incluyen en el lote a los llamados “notables” del AT, eso es, a los Abraham, Moisés, Noé, Isaac, etec. etc. etc.). Que eso no puede ser así, tendría que quedar claro solo por lo leído en Juan 17:20; pero dado que la cosa parece que “no cuela” en las “preclaras mentes” de ese personal citado, intentémoslo con otro argumento: mientras que en Rev. 14:1, Juan y bajo inspiración divina nos dice que “vio” la citada cantidad, en Rev. 7:4 leemos que Juan “oyó” el número “de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil” y lo que ya tendría que despejar cualquier duda sobre la literalidad de dicha cifra. Porque si las Escrituras nos dicen que al bueno de Juan, se le dio dicho número por dos veces, de viva voz primero (lo oyó) y posteriormente le fue dado en una visión (lo vio), ello apunta a la posibilidad de que a lo mejor “alguien” quería que nos enteráramos de la cantidad correcta de aquellos que van a gobernar el mundo al lado de Cristo…… y ese solo puede ser aquél en que se originó la Revelación y que no es otro que el Altísimo Jehová Dios (Rev. 1:1); luego ¿cómo se puede tener el atrevimiento de sostener la idea de que estamos ante una cantidad simbólica y no literal? No olvidemos que el contexto en el que se mueve dicho pasaje nos habla de un reino literal, de un monte Sión literal y de un Jesucristo literal ya ejerciendo en su función de rey, entonces ¿cómo hay que entender esa cantidad de 144.000 individuos que aparecen a su lado y “comprados de entre la humanidad como primicias” (Rev. 14:4)? Todo nos indica, que solo podríamos estar hablando de aquellos que le acompañan en su gobernar y que, obviamente, dicha cantidad tiene que ser tan literal como lo es el propio Jesucristo como rey, el reino de Dios como tal o el monte Sión que está al lado de Jerusalén…… porque dentro de Juan 14:1 o todo es simbólico o todo es literal, pero una cosa sí y la otra no, como que queda algo “rarito”.

Pero es que además, resulta que Juan contrasta a esos 144.000 sellados, con una “gran muchedumbre que ningún hombre podía contar” (que a diferencia de esos “sellados”, se les podía contar), que serían sobrevivientes de la “gran tribulación”…… que además y a diferencia de los primeros no tenían sello alguno en sus frentes; si a ello le añadimos que en Rev. 7: se nos habla de los dos únicos grupos que aparecen en el momento de iniciar su andadura el reino de Dios aquí en la tierra, es obvio que estamos hablando de una cantidad literal y concreta, que gobernará sobre una también literal gran multitud de personas y de la que sí se desconoce su número, pues este no ha sido predeterminado por Dios. A todo esto y como refuerzo de nuestro planteamiento, habría que reseñarse de la visión de Rev. 14:1, que no es más que el cumplimiento por adelantado y mostrado a Juan, del Sal. 2:5-6 y en donde se lee como sigue:

En aquel tiempo les hablará en su cólera y en su ardiente desagrado los perturbará, 6 diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.”

Entonces razonemos: si lo que se le mostró a Juan en una visión, fue a Jesucristo ya entronizado y ejerciendo como rey desde el monte Sión, como cumplimiento de la profecía mencionada ¿en función de qué, están junto a él 144.000 individuos como acompañantes, que “tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre”? Es obvio que estamos ante un número o cantidad concreta y literal de aquellos que ocuparán un puesto en esa gobernación de hechura divina y que se corresponde, con los 144.000 de Rev. 7:4, que han sido sellados con el “sello del Dios vivo” en sus frentes, como muestra de pertenencia. Es cierto que hay mucha confusión acerca del origen de esos 144.000 resultantes de las 12 tribus de Israel, del que muchos afirman sobre su simbolismo y que lo repercuten al contenido de Rev. 14:1, cuando es este último pasaje y como cumplimiento de una profecía, el que prevalece y nos tiene que orientar acerca del significado de Rev. 7:4-8…… pero que en todo caso, eso ya sería tema para otro debate. Pero retomando el hilo conductor de este escrito, vemos que los únicos que alcanzan la “salvación” en el más estricto sentido bíblico del término, son esas personas, pues veamos lo que se nos dice de ellas:

Feliz y santo es cualquiera que tiene parte en la primera resurrección; sobre estos la muerte segunda no tiene autoridad (eso significa la inmortalidad), sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con él por los mil años.” (Rev. 20:6). (Acotación nuestra).

Luego estos personajes, que murieron “ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios” (Rev. 20:4), eso es, asesinados por defender su lealtad a Dios y al “cordero”, cuando se levantan en esa “primera” resurrección ya lo hacen vestidos de inmortalidad y por lo que ya no pueden volver a morir…… luego están por encima de cualquier prueba o juicio que se efectúe, pues ya en vida fueron probados hasta la misma muerte y de ahí que reciban dicho galardón:

Al que venza, le concederé sentarse conmigo en mi trono, así como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” (Rev. 3:21).

Y siendo que esas personas, cuyo número final es de 144.000 individuos y que aún no se ha completado, son las únicas de entre la humanidad que sí alcanzan la “salvación” como tal, pues les es concedida en el mismo momento de su muerte en sacrificio, según se sobreentiende de Rev. 2:10; y decimos que aún no se ha completado dicha cantidad, porque lo que leemos en las Escrituras es esto:

Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener. 10 Y clamaban con voz fuerte y decían: “¿Hasta cuándo, Señor Soberano santo y verdadero, te abstienes de juzgar y de vengar nuestra sangre en los que moran en la tierra?”. 11 Y a cada uno de ellos se dio una larga ropa blanca; y se les dijo que descansaran por un poco de tiempo más, hasta que se completara también el número de sus coesclavos y de sus hermanos que estaban a punto de ser muertos como ellos también lo habían sido.” (Rev. 6:9-11).

Por lo que de este pasaje se pueden sacar algunas conclusiones interesantes: primero, que existe un número de “salvos” predeterminado por Jehová y que aún se tiene que completar; lo que elimina de golpe la idea que nos quieren vender algunos “entendidos”, en el sentido de que todos los seguidores de Cristo a lo largo de la historia desde el siglo I hasta el momento actual, que se pueden contar por cientos de millones y que como “salvos” supuestamente tengan que reinar con él, pues dicha posibilidad no se contempla en las Escrituras. En segundo lugar, si como nos da a entender el pasaje que acabamos de citar, aún queda un resto de “ungidos” o Hijos de Dios por aparecer, dotados de grandes poderes y prefigurados por los “dos testigos” de los que se nos habla en Rev. 11:3-6, ello solo puede significar que en el momento actual no existen “ungidos” sobre la tierra, pues nadie y hasta donde sabemos nosotros responde a las características que se nos señalan en dicho pasaje…… lo que nos lleva a pensar, que todos aquellos que a día de hoy (y son legión) se identifican como tales y que se auto proclaman directos candidatos a la “salvación”, no son más que unos “fantasmas” que no saben ni de lo que hablan.

En tercer lugar y por aquello de que “para que falte, más vale que sobre” podríamos señalar que el pasaje citado nos habla de que los miembros de ese “resto” por aparecer, tienen que morir como habían muerto sus hermanos, eso es, “degollados a causa de la palabra de Dios y a causa de la obra de testimonio que solían tener”, en definitiva asesinados por llevar adelante su comisión divina y que es lo que se nos dice que les ocurrirá también a ese “resto por aparecer, en Rev. 11:7. Sin embargo y para desmentir la enseñanza mencionada de que todos los cristianos bautizados son “salvos” y reinarán con Cristo, lo que vemos actualmente y ello desde hace un par de siglos en que aparecieron esa “marabunta” de denominaciones religiosas llamadas cristianas y que nos quieren vender esa “milonga”, es que sus respectivos “ungidos” han vivido y viven hoy día como “reyes”, mientras que una innumerable cantidad de ellos han muerto a causa de la edad, enfermedad, accidentes u otras circunstancias, pero no asesinados por desarrollar su ministerio…… luego ello no se ajusta a lo leído, ni por supuesto a la exigencia que estableció Jesucristo para aquellos que quisieran reinar con él: que murieran como él murió, eso es, asesinado por su lealtad a Dios y en el cumplimiento de su asignación. (Rev. 3:21).

Es cierto que alguien y si no entiende demasiado de qué va la “película” (¡y que no son pocos!), nos podría decir que a lo largo de la historia del mundo muchos “cristianos” han muerto simplemente por serlo, bien hayan sido protestantes, católicos, ortodoxos, etc. y por lo que a estas personas sí les aplicaría la condición de “salvos”, pues reúnen dicho requisito; pero hay que tener en cuenta que estaríamos hablando de miembros seguidores de religiones falsas (todas las iglesias cristianas actuales son escisiones de lo que a partir de inicios del siglo II degeneró en la apóstata Iglesia Católica o escisiones de dichas escisiones) y por lo que obviamente, no pueden haber muerto “por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios” (Rev. 20:4), sino por otra cosa distinta y por tanto, nada que ver con lo que nos quieren “vender”. Hay otro factor a tener en cuenta y que es muy importante, que normalmente suele ser pasado por alto dentro de la inmensa mayoría de los llamados “teólogos” y que señalan a esas personas mencionadas como “los mártires de todas las épocas”; sin embargo, solo puede aplicar dicha condición, eso es, el morir como mártir al servicio de Dios, eso es, en “acto de servicio” y para entendernos, a aquellos que han sido divinamente elegidos o comisionados para hablar en nombre de Este o, dicho de otra forma, “enviados” por Él para una comisión determinada. Recordemos que el propio Jesús aseguró haber sido “enviado” por Jehová (Juan 5:30), así como él a su vez y en función de la autoridad que le fue dada (Mat. 28:18-19 a), “envió” o comisionó a sus apóstoles a continuar con la obra que le fue asignada y que como hemos dicho, tenía que ver con el buscar al grueso de aquellos que con él tenían que reinar:

¡Miren! Los estoy enviando como ovejas en medio de lobos; por lo tanto, demuestren ser cautelosos como serpientes y, sin embargo, inocentes como palomas.” (Mat. 10:16).

Y estos a su vez, cuando recibieron el bautismo en espíritu santo y con ello los poderes y autoridad que les fueron conferidos, “enviaron” o comisionaron a aquellos que les escucharon a ellos…… y ahí se acabó la historia, pues estos últimos “enviados” ya no tenían autoridad para enviar a otros. Que ello es como lo decimos, queda claro cuando leemos lo que Jesucristo les dijo a sus apóstoles, momentos antes de su ascensión a los cielos:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18 y con las manos tomarán serpientes; y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este.” (Mar. 16:15-20).

Por lo que si a partir de inicios del siglo II hasta nuestros días (para cuando ya habían desaparecido los directos seguidores de los apóstoles y que habían recibido de estos la condición de Hijos de Dios, pero que ya no la pudieron transmitir a otros y con ella, la autoridad para continuar con dicha obra), no vemos estas señales en aquellos que afirmaron en su momento y afirman hoy día hablar en nombre de Dios al predicar el evangelio, ello solo puede significar que o bien Jesucristo nos mintió, o que nosotros tenemos razón al afirmar que desde ese siglo I en adelante dejaron de aparecer sobre la tierra personas “enviadas” por el Altísimo (por medio de aquellos que estaban autorizados para hacerlo y que habían desaparecido de la escena), para llevar a cabo comisión divina alguna; pero es que además, si fuera cierto lo que afirman esos llamados “ungidos” actuales en el sentido de que ellos son “continuadores” de la comisión dada por Jesucristo para predicar el verdadero evangelio del reino ¿por qué no se cumplen en ellos las palabras de éste y que acabamos de citar? Es más ¿para qué tendría Jehová que “enviar” a alguien como los mencionados “dos testigos” (poderosísimos personajes, no lo olvidemos), con la comisión de “profetizar (o predicar) por 1.260 días” (Rev. 11:3), si ya tuviera la tierra llena de Hijos Suyos dando “la vara al personal”? Todo considerado, queda claro que nadie a día de hoy puede arrogarse el actuar en nombre de Jehová Dios (en su defecto, en nombre de Jesucristo y en quién el Altísimo delegó toda autoridad en el cielo y sobre la tierra, como ya hemos señalado), esto es, que no existen actualmente “ungidos” o “enviados” por Este y por lo que no pueden haber personas entre la humanidad actual que tengan acceso a la “salvación” y que como hemos planteado, solo alcanza un reducido grupo de personas que murieron como consecuencia directa del cumplimiento de la comisión que tenían asignada.

Ya otra cosa es el que uno y en función de sus creencias personales lo haga por su cuenta y riesgo y que está muy bien, pero que ello en modo alguno obliga a Jehová a reconocerlo como “enviado” Suyo y en consecuencia, premiarlo con la “salvación”; por lo que en el caso de que muriera por llevar a cabo dicha tarea y como ejemplo de lo que pretendemos mostrar, no se levantaría en la “primera” resurrección y que es la que da la inmortalidad, pues Dios no le comisionó para llevar a cabo tarea alguna; pero veamos cómo se nos explica este importante punto en las Escrituras:

Sin embargo, el profeta que tenga la presunción de hablar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hable en el nombre de otros dioses, ese profeta tiene que morir.” (Deut. 18:20).

Y puesto que en Jehová no existe “la variación del giro de la sombra” (Sant. 1:17), lo que valía para esos tiempos de igual manera aplica en los nuestros. Por lo que todo aquel que se las dé “profeta” o “ungido”, eso es, “enviado” de Jehová para hablar en Su nombre y ello no sea cierto, según el juicio divino no merece más recompensa que la muerte…… así es de serio el asunto; luego malamente pueden esos “evangelistas” o “predicadores” actuales y las denominaciones religiosas a las que estos representan, así como aquellos las siguen, recibir la llamada “salvación” si lo que están haciendo es violar un mandamiento directo de Dios. Luego la “historia” la podríamos resumir de la siguiente manera: cuando el pecado entró en el mundo, Dios estructuró un plan para desbaratar la obra del diablo; ello pasaba por la aparición de una descendencia y la elección de un pueblo del que saliera dicha descendencia; además de entre ese pueblo, se tenía que sacar un grupo de reyes y sacerdotes y que junto a la descendencia prometida, tendrían a su cargo y por espacio de mil años y lo que conocemos por “el reino de Dios”, el restaurar las condiciones de la humanidad a su origen de perfección y santidad ante Dios…… más o menos y a grosso modo la cosa va por ahí. Todo esto formaba parte del plan de Dios y para la consecución de un objetivo concreto: la restauración de la humanidad; luego estaríamos hablando de que todas las partes que conforman dicho Plan Divino, incluyendo al milenio, o al propio Jesucristo y a sus hermanos (aquellos que recibieron la condición de Hijos de Dios), no son más y en conjunto que el medio o “instrumento” que Jehová usa para la consecución de un logro y no el logro en sí mismo y que es la idea que nos venden los teólogos actuales: eso es, que el fin de todo cristiano pasa por ser Hijo de Dios y reinar junto a Cristo en el milenio y sobre no sabemos quién…… y eso sencillamente es una burrada. Que ello es como se lo planteamos, en el sentido de que no todos, eso es, una inmensísima mayoría de cristianos o seguidores de Cristo no gobernarán con éste, queda claro cuando se lee lo que el propio Jesús explicó a sus apóstoles en la que se conoce como la parábola de “las ovejas y las cabras”, en la que dijo lo siguiente:

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.” (Mat. 25:34).

Obviamente no preparado para los 144.000, sino para la humanidad en general, que es la que será ayudada por esos personajes a los que Jehová usa como magnífico “instrumento” (Sus Hijos) para guiar hasta la perfección a dicha humanidad; ello queda claro, porque en dicha parábola y si se lee con la atención debida (algo que no hacen la inmensa mayoría de “teólogos”), vemos que el reino fue preparado para aquellos que habían actuado en favor de otros y a los que Jesucristo identifica como “los más pequeños de estos hermanos míos” (v. 40), que por tanto, no podían ser parte del grupo de esos hermanos de Jesucristo y por lo que no podían coheredar el reino con él, en calidad de gobernantes…… y es que unos (las ovejas) son los que actúan en favor de otros y estos otros (los hermanos de Cristo), el referente sobre el que se actúa y por lo que no pueden ser la misma cosa. Y con ello se hace alusión, a los que durante el profetizar de esos “dos testigos” (o “resto” de Hijos de Dios por aparecer y “hermanos más pequeños” de Jesucristo) de Rev. 11:3, colaborarán con ellos en extender el mensaje divino por toda la tierra…… estos y los que acepten su mensaje serán salvaguardados por Jehová de la gran tribulación y pasarán con vida al reino de Dios, en tanto que los que lo rechacen serán destruidos eternamente, junto a la “bestia” y al “falso profeta” (Rev. 19:20-21), mientras que Satanás será apresado por mil años y a continuación, se establece el reino de Dios sobre la tierra (Rev. 20:1-4). Y reino que, como hemos dicho, inicia su andadura con esos 144.000 gobernantes como acompañantes de Jesucristo por una parte y los componentes de la “gran muchedumbre” que sobrevive a la “gran tribulación” por otra, directa beneficiaria esta de la labor salvificadora de Jesucristo y sus hermanos…… y sin nadie más “en el ruedo”, hasta que aparezcan los primeros resucitados; de ahí, que en el párrafo anterior hayamos señalado que no sabemos sobre quiénes reinarán, esa supuesta infinidad de cristianos que supuestamente han de alcanzar la “salvación”.

Pero retomando el tema central de esta escrito, estos colaboradores necesarios (una “gran muchedumbre” según las Escrituras), junto con aquellos que vayan resucitando durante el milenio, no adquirirán la “salvación”, eso es, el derecho a vivir eternamente, hasta que transcurran los mil años y enfrenten la prueba final con la suelta de Satanás, que sale “a extraviar a aquellas naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra”…… y si lo que les explicamos no fuera como se lo explicamos, ya nos contarán ustedes para qué serviría entonces el guardar a Satanás por mil años y el “show” que se montará al final de estos. Por lo tanto y resumiendo, excepto esos 144.000 gobernantes que adquirirán la inmortalidad en el mismo momento de su resurrección, cuya inmensa mayoría desaparecieron de la tierra hace más de 19 siglos y un pequeño resto de ellos aún está por aparecer, no existe entre la humanidad nadie ni vivo ni muerto, que tenga acceso a la “salvación” o a la vida eterna (que no inmortal y que esta es otra) hasta pasados los mil años del reino de Dios, les digan lo que les digan esa pandilla de “enteraos” que andan sueltos por ahí…… y estén “atentos a la pantalla”, porque en el próximo artículo les hablaremos de los “intríngulis” de dicha prueba final y a la que será sometida la humanidad, así como cosas relacionadas con la misma.

MABEL

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