sábado, 4 de abril de 2015

Una cuestión interesante.


Aunque como en algunas ocasiones hemos comentado, no atendemos correos de forma personalizada, pues nuestra edad ya no nos permite tanto “trajín” (bastante tenemos con publicar y no siempre con la cadencia que sería deseable), ello no quita el que agradezcamos la gentileza de aquellos que tiene a bien el mandarnos los suyos, ya que los tales nos ayudan a plantearnos cuestiones que de no ser así, quizás ni se nos pasarían por la cabeza; ejemplo de ello lo tenemos, en un correo que hemos recibido de uno de nuestros asiduos lectores y que se identifica con el seudónimo de “Centinela”, en el que nos propone la siguiente cuestión:

Hola, siempre disfruto sus contenidos, tengo una pregunta ¿hubo algun hecho astrofisico en el pentecostes del 33? algun eclipse solar o alguna luna de "sangre" digo esto por el texto que uso Pedro de Joel.(Hechos 2:16-20) . . . Por el contrario, esto es lo que se dijo por medio del profeta Joel: 17 ‘“Y en los últimos días —dice Dios— derramaré algo de mi espíritu sobre toda clase de carne, y sus hijos y sus hijas profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus viejos soñarán sueños; 18 y aun sobre mis esclavos y sobre mis esclavas derramaré algo de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán. 19 Y daré portentos presagiosos en el cielo arriba y señales en la tierra abajo, sangre y fuego y neblina de humo; 20 el sol será convertido en oscuridad y la luna en sangre antes que llegue el grande e ilustre día de YHWH.”

Este es el contenido de dicho correo, que como tenemos por costumbre y por aquello de mantener la objetividad más escrupulosa, transcribimos tal cual nos llegó; recalcado este punto, metámonos “en harina” y veamos lo que se puede resumir del mismo. En dicho correo se nos formula una pregunta y que tiene su razón de ser, en la aplicación por parte del apóstol Pedro del pasaje de Joel 2:28-32…… de ahí que se pregunte nuestro amigo si, en cumplimiento de dicha profecía, en el siglo I de nuestra era ocurrieron fenómenos en los cielos físicos como los que se nos mencionan en el libro de Joel; y para averiguar tal cosa, nada mejor que acudir a lo que se nos relata por parte de aquellos contemporáneos de Jesús que vivieron, desde su aparición como el Mesías prometido, hasta los dramáticos sucesos que estuvieron envueltos en el proceso que llevó a la muerte de este, como son los autores de los distintos evangelios. Veamos, por tanto, qué nos dicen dichos personajes, en este caso Mateo, Marcos y Lucas, acerca de lo que ocurrió en ese momento y que sintetizando el contenido de dichos evangelios, se podría resumir diciendo que lo más cercano a un fenómeno astrofísico y por responder a lo que nos pregunta nuestro amigo “Centinela”, fue una oscuridad que sobrevino por espacio de tres horas previa a la muerte de Jesús y un terremoto en el mismo momento de expirar este, así como que la cortina del templo se rasgó en dos partes y eventos que el evangelista Mateo nos relata de la siguiente manera:

Desde la hora sexta (las doce del mediodía) en adelante cayó sobre toda la tierra una oscuridad, hasta la hora nona (las tres de la tarde). 46 Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. 47 Al oír esto, algunos de los que estaban parados allí empezaron a decir: “A Elías llama este”. 48 E inmediatamente uno de ellos corrió y, tomando una esponja, la empapó en vino agrio y poniéndola en una caña, se puso a darle de beber. 49 Pero los demás dijeron: “¡Déjalo! Veamos si Elías viene a salvarlo”. Otro hombre tomó una lanza y le traspasó el costado, y salió sangre y agua. 50 De nuevo clamó Jesús con voz fuerte y cedió su espíritu (o murió).

51 Y, ¡mire!, la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo y la tierra tembló y las masas rocosas se hendieron. 52 Y las tumbas conmemorativas se abrieron y muchos cuerpos de los santos que se habían dormido fueron levantados 53 (y algunas personas, saliendo de entre las tumbas conmemorativas después que él fue levantado, entraron en la ciudad santa) y se hicieron visibles a mucha gente. 54 Pero el oficial del ejército y los que con él vigilaban a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que sucedían, tuvieron muchísimo miedo y dijeron: “Ciertamente este era Hijo de Dios”.” (Mat. 27:45-54). (Acotaciones nuestras).

Quedándonos entonces con lo relatado, lo más parecido a un fenómeno astrofísico lo tenemos en la oscuridad que por espacio de tres horas dominó sobre Jerusalén y que a nuestro entender, no tenía las trazas de ser un eclipse de Sol (no se entiende dicho fenómeno en fase de Luna llena y que es como se encuentra nuestro satélite en el tiempo de la Pascua Judía), como no fue natural el rasgamiento del cortinaje del templo, o en su caso el terremoto tan “oportuno” en el mismo momento de morir Jesús y de otras cosas que ocurrieron aunque no se nos especifiquen, pero que sí quedan denunciadas por la actitud del oficial romano que “al ver el terremoto y las cosas que sucedían” entró en temor. Luego pasaron otras cosas aparte de la repentina oscuridad, así como el terremoto y en el bien entendido que dicho oficial aún no se había enterado en ese momento, de lo ocurrido con los cortinajes del templo…… sin embargo, él señala a “otras cosas” pero que no nos son reseñadas por los evangelistas (entre estas “otras cosas” y según las crónicas seglares de la época, podría estar una inusual y fuerte tormenta de arena que incluso tornó el color blanquecino de la Luna en rojizo, claro está, desde el punto de vista del espectador); por lo que todo parece indicar una directa intervención sobrenatural en el asunto por parte de Jehová y algo que bien se podría deducir de lo que leemos en la profecía de Amos:

Y en aquel día tiene que ocurrir —es la expresión del Señor Soberano Jehová— que ciertamente haré que el sol se ponga en pleno mediodía (y que es exactamente lo que ocurrió); y ciertamente causaré oscuridad para la tierra en un día brillante.” (Amos 9:9). (Acotación nuestra).

Por lo tanto y volviendo a la cuestión planteada por nuestro amigo “Centinela”, nada parece indicar en el relato sagrado (los escritos seglares tampoco parecen hacer referencia a ello) que hubiera habido fenómenos astrofísicos dignos de mención, que se pudieran relacionar con un cumplimiento de la profecía de Joel en toda su extensión durante el tiempo del ministerio de Jesús y que señalara a lo ocurrido en el Pentecostés de 33 E.C; luego…… ¿por qué cito Pedro de la profecía de Joel? Porque no podemos perder de vista el hecho de que los elementos contenidos en la profecía de Joel, tenían que ver con sucesos que “señalarían” o enfocarían la atención del “personal” a un tiempo determinado posterior a los ocurridos en el primer siglo…… pero leamos dicha profecía:

Y después de eso tiene que ocurrir que derramaré mi espíritu sobre toda clase de carne y sus hijos y sus hijas ciertamente profetizarán. En cuanto a sus viejos, sueños soñarán. En cuanto a sus jóvenes, visiones verán. 29 Y aun sobre los siervos y sobre las siervas derramaré en aquellos días mi espíritu.

30 Y ciertamente daré portentos presagiosos en los cielos y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. 31 El sol mismo será convertido en oscuridad y la luna en sangre, antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor. 32 Y tiene que ocurrir que todo el que invoque el nombre de Jehová escapará salvo…….”

Y dado que lo que sí sabemos, es que esos días en los que Pedro hizo referencia a la profecía de Joel (¡nada menos que 50 días después de la muerte de Jesús!), nada tenían que ver con “la venida del día de Jehová, grande inspirador de temor” y que hace referencia a la futura “gran tribulación” de Rev. 7:14, lo que queda claro es que esos versos 30-32 aún quedaban en el futuro y que queda constatado por lo que se nos dice en el sentido de que esos fenómenos astrofísicos suceden “antes” de la venida del definitivo día de juicio divino y que aún no ha llegado, por lo que no pudieron ocurrir en tiempos de Jesús…… fenómenos y que como señales claras de que algo “gordo” está por ocurrir, ya sí los estamos observando en nuestros días y de los que hemos hablado en nuestro artículo del 20/02/15, entre otros. Pero para responder a la pregunta formulada en el sentido de por qué Pedro hizo referencia a la profecía de Joel, tenemos que retrotraernos en el tiempo hasta ese momento del Pentecostés de 33 E. C. y ya después de haber recibido el bautismo en espíritu santo los apóstoles (Hech. 1:4-5), para ver lo que estaba ocurriendo y que pudo provocar la alusión del apóstol a la profecía de Joel:

Y lenguas como de fuego se les hicieron visibles y fueron distribuidas en derredor y una se asentó sobre cada uno de ellos; 4 y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse.

5 Sucedía que moraban en Jerusalén judíos, varones reverentes, de toda nación de las que hay bajo el cielo. 6 De modo que, cuando este sonido ocurrió, la multitud se juntó y se azoraron, porque cada uno los oía hablar en su propio lenguaje. 7 En verdad, estaban pasmados y empezaron a admirarse y a decir: “Pues miren, todos estos que están hablando son galileos, ¿verdad? 8 Y sin embargo, ¿cómo es que oímos, cada uno de nosotros, nuestro propio lenguaje en que nacimos? 9 Partos y medos y elamitas y los habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, de Ponto y del distrito de Asia 10 y de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las partes de Libia, que está hacia Cirene y residentes temporales procedentes de Roma, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas acerca de las cosas magníficas de Dios”. 12 Sí, todos estaban pasmados y perplejos y se decían unos a otros: “¿Qué querrá decir esto?”. 13 Sin embargo, otros se mofaban de ellos y decían: “Están llenos de vino dulce (eso es, borrachos)”. (Hech. 2:3-13). (Acotación nuestra).

Ante ese panorama, bien se podría contemplar la posibilidad de que la intención de Pedro, al hacer referencia a la profecía de Joel en ese momento, no tuviera más intención que la de mostrar la intervención divina en dicho espectacular suceso (luego nada que ver con un estado de embriaguez, como se les atribuyó) y lo que podríamos entender como un primer cumplimiento de la primera parte de dicha profecía, aunque de alcance “reducido” (pues pocas fueron las personas beneficiadas con dicho derramamiento de espíritu santo y contrario a lo que se afirma en Joel) y que comprende lo dicho en los versículos 28-29, aunque Pedro la mencionara al completo, eso es, añadiendo de forma gratuita lo relativo a las señales astrofísicas de los versos 30-32 y que no se cumplieron en ese tiempo…… al menos, hasta dónde nosotros sabemos ¡claro!

Sin embargo, lo que sí tenemos en las Escrituras son unas palabras de Jesús que bien pudieran probar que, efectivamente, durante su ministerio no ocurrió nada de lo afirmado en Joel 2:30-31, eso es, un sol convertido en oscuridad o la luna en sangre como señales para identificar un momento determinado en la corriente del tiempo y que encontramos en Mat. 16:1-4, en dónde se lee como sigue:

Aquí se le acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarlo, le pidieron que les mostrara alguna señal del cielo. 2 En respuesta, él les dijo: “Al anochecer ustedes acostumbran decir: “Habrá buen tiempo, porque el cielo está rojo encendido”; 3 y a la mañana: “Hoy habrá tiempo invernal y lluvioso, porque el cielo está rojo encendido, pero de aspecto sombrío”. Saben interpretar la apariencia del cielo, pero las señales de los tiempos no las pueden interpretar. 4 Una generación inicua y adúltera sigue buscando una señal, pero no se le dará señal alguna sino la señal de Jonás”. Con eso se fue, dejándolos atrás.”

Es cierto que lo que realmente se le pedía a Jesús es que hiciera algún “milagro” que le identificara como enviado de Dios, cuando la realidad es que las “señales de los tiempos” a las que se refería Jesús, precisamente tenían que ver con su propia presencia y las obras poderosas que llevaba a cabo, más que suficientes para identificarlo como el Mesías enviado por Jehová Dios; sin embargo, lo sustancial del asunto es que el Hijo de Dios afirmó que a aquella “generación adultera” no le sería dada otra señal que identificara los tiempos en los que se encontraban…… contrario a lo que ocurre en el caso actual, en donde Joel profetizó señales en el Sol, la Luna y las estrellas “antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor” y que nos anunciarían dónde estamos situados en la corriente del tiempo aquellos que esperamos en Dios. En todo caso, fue el propio Jesús el que mencionó que cuando “viéramos” dichas señales (las actuales), teníamos que entender que nuestra liberación estaba “cerca”…… luego hay que presuponer que lo que nos quería dar a entender el Hijo de Dios, era que teníamos que estar al tanto de “señales” que alertarían de sucesos a ocurrir en un futuro cercano a su realización.

Por lo tanto, parece quedar claro que la profecía de Joel 2:28-32 tuvo un parcial y limitado cumplimiento en los tiempos posteriores a Jesús (el derramamiento de espíritu santo ocurrió 50 días después de la muerte de este) de su primera parte, que implica a los versos 28-29 y ya para un futuro más lejano en el tiempo (en nuestros días), el cumplimiento total y pleno de dicha profecía, ya con un derramamiento de dicho espíritu de Dios descomunal y jamás visto en la tierra, pero necesario para el cumplimiento cabal de Mat. 24:14, eso es, de la gran y última predicación a nivel mundial:

Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La razón de tan descomunal derramamiento de espíritu divino (y a diferencia del primer siglo, en el que solo unos pocos disfrutaron del privilegio de ser receptores del mismo), adquiere su razón de ser cuando analizamos los pormenores de dicha predicación anunciada por Jesús; uno de los cuales tiene que ver con el hecho de que estamos hablando de un proceso de predicación a escala mundial y que tiene que ser terminado en un plazo de 1.260 días o tres años y medio, por un pequeño resto de poderosos personajes enviados por Dios a la manera de los apóstoles y de los que se nos habla en Rev. 11:3-6:

Y haré que mis dos testigos (desconocemos si estamos ante un número real, pero en todo caso, estaríamos hablando de un número ínfimo de personas enviadas) profeticen mil doscientos sesenta días vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros y están de pie delante del Señor de la tierra.

5 Y si alguien quiere hacerles daño, de la boca de ellos sale fuego y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, tiene que ser muerto de esta manera (lo que parece indicar capacidad de autodefensa, similar a lo relatado en 2 Rey. 1:9-14). 6 Estos tienen la autoridad para cerrar el cielo de modo que no caiga lluvia durante los días de su profetizar y tienen autoridad sobre las aguas para tornarlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plaga cuantas veces deseen.” (Acotaciones nuestras).

Por lo que si estamos hablando de un reducido grupo de personas enviadas ¿para qué tan gran derramamiento de espíritu santo, señalado en Joel 2:28-29? Pues porque se nos está sugiriendo en las Escrituras que toda aquélla persona que acepte o crea en el mensaje de esos enviados, tiene que tomar acción y a su vez, emprender la tarea de divulgación de dicho mensaje y en una clara actitud de colaboración con esos personajes enviados por Jehová Dios…… y así, sucesivamente y en una especie de reacción “dominó”, hasta abarcar la tierra entera en dicho corto espacio de tiempo; colaboradores que a su vez y sin distinción de sexo, raza o edad, también les será concedido dicho espíritu santo para capacitarlos en el desempeño de su papel en dicha obra de divulgación. De ahí, que en la profecía de Joel se afirme que dicho espíritu de poder será derramado sobre “toda clase de carne” y que permitirá a las personas implicadas, no solo el hablar en lenguas (aspecto fundamental si se quiere trasmitir un mensaje), sino también el poder sanar a personas o realizar cualquier obra poderosa lejos del alcance del común de los mortales, que sirva de “acreditación” como enviadas por Jesucristo (en última instancia por Jehová Dios), en el desempeño de su comisión…… y circunstancia de la razonable necesidad de dicha “acreditación”, que ya dejó clara el Hijo de Dios en unas palabras dirigidas a sus más inmediatos seguidores del I siglo, pero extensibles, lógicamente, a todos aquellos que le representarían en un futuro lejano:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación (en el caso que nos ocupa y según Rev. 14:6-7, del establecimiento definitivo del reino de Dios en la tierra). 16 El que crea y sea bautizado (en nuestro caso, que reciba dicho espíritu de poder en cumplimiento de la profecía de Joel) será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas, 18 con las manos tomarán serpientes (probablemente signifique el tener poder sobre los animales dañinos) y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán”.

19 Entonces el Señor Jesús, después de haberles hablado, fue tomado arriba al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Por consiguiente, ellos salieron y predicaron por todas partes, mientras el Señor obraba con ellos y apoyaba el mensaje por las señales que acompañaban a este (a modo acreditativo de su condición de enviados divinos).” (Mar. 16:15-20). (Acotaciones nuestras).

Que la mencionada actitud de colaboración con esos enviados de Jesús, será necesaria para poder acceder al reino de Dios en calidad de súbdito del mismo, queda palmariamente reflejada en lo que se conoce como “la parábola de las ovejas y las cabras” y expuesta en Mat. 25:31-4o, en donde la ayuda prestada a esos “hermanos míos más pequeños” (“más pequeños” en el sentido de que son los últimos en recibir la condición de Hijos de Dios) y que son esas poderosas personas por aparecer, tiene su consecuente recompensa y expresada en el versículo 34, cuando se les dice “hereden el reino preparado para ustedes, desde la fundación del mundo”; noten que dichas palabras no son dirigidas a los “hermanos más pequeños” de Jesucristo y que han de reinar con él, sino a aquellos que con la ayuda del espíritu santo les han prestado su colaboración y que como premio, se les concede el ser los primeros súbditos del reino de Dios y a los que se irán añadiendo aquellos que, de forma progresiva, serán resucitados posteriormente. Sin embargo y a partir del verso 41 hasta el 46, se nos explica lo que reciben aquellos que, no solo han denegado dicha ayuda en forma de colaboración, sino que con dicha actitud han obstaculizado la difusión de dicho mensaje (Mat. 12:30) y que no es otra cosa que la destrucción eterna; de hecho, Pablo añade a dicha circunstancia cuando en 2 Tes. 1:6-9 dice lo siguiente:

Esto toma en cuenta que es justo por parte de Dios pagar con tribulación a los que les causan tribulación, 7 pero a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles 8 en fuego llameante, al traer él venganza sobre los que no conocen (porque no han querido) a Dios y sobre los que no obedecen (en una muestra de flagrante desprecio a la misericordia divina) las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. 9 Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza, 10 al tiempo en que él viene para ser glorificado con relación a sus santos y para ser considerado en aquel día con admiración con relación a todos los que han ejercido fe, porque el testimonio que dimos fue recibido con fe entre ustedes.” (Acotaciones nuestras).

Aclarados esos puntos (reconocemos que nos hemos salido un poco del tema inicial), volvemos a la pregunta planteada por nuestro amigo “Centinela” y cuya respuesta es que no se produjeron en el primer siglo los fenómenos astrofísicos anunciados en Joel 2:30-31 como señales anunciadoras de la inminente venida del Mesías (eso es lo que se “cocía” en esos tiempos, según Luc. 3:15), entre otras cosas, porque no hacía falta; y no hacía falta porque dicha llegada estaba claramente señalada en la corriente del tiempo, pues en la profecía de las “70 semanas” de Dan. 9:24-27, el momento de dicha aparición estaba perfectamente establecido:

Y debes saber y tener la perspicacia de que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas…” (Dan. 9:25).

Aparición del Mesías anunciado que se produjo en el momento en que fue bautizado y reconocido por Jehová Dios como Su Hijo amado (Mat. 3:16-17) e inició su ministerio, momento en que concluyeron las 69 semanas de años decretadas (7+62=69), a partir de “la salida de la palabra de restaurar y reedificar Jerusalén”; y suceso, según los entendidos en la materia, que ocurrió a primeros del vigésimo año del reinado de Artajerjes en el año 455 a. E.C. y lo que nos lleva, restándole a esos 483 años de dicho período de semanas (69 semanas x 7 años cada una=483 años), los 455 que faltaban para entrar en la era actual, al año 28 del siglo I de nuestra era. Pero dado que en ese momento no existía el año cero, hay que sumar a esa cantidad de 28 años dicho año cero y lo que nos lleva al año 29 de la era actual…… año en el que aparece el Mesías (más o menos la cosa va por ahí) y con lo que se termina dicho período profético de 69 semanas de años; lo que significa, que el ministerio de Jesús así como los sucesos que siguieron a continuación, ocurrieron ya fuera de dicho cómputo de semanas y dentro ya, por tanto, de “los tiempos de las naciones” (Luc. 21:24) anunciados por Jesús, que no de la 70 semana de Dan. 9:27 y que aún quedaba en el futuro lejano:

Y después de las sesenta y dos semanas (luego ya fuera de dicho período de tiempo) Mesías será cortado, con nada para sí.” (Dan. 9:26 a). (Acotación nuestra).

Con lo que y retomando el hilo de lo que estábamos diciendo, no se precisaban más señales para aquellos tiempos, pues el evento más significativo en ese momento y que era la aparición del Hijo de Dios, estaba perfectamente delimitado en la corriente del tiempo en la profecía de Daniel…… lo que significa que la profecía de Joel (sobre todo en su segunda parte) tenía que ver con otra cosa más lejana en el tiempo; que ello es así, queda confirmado por el hecho de que fue el propio Jesús el que citó de dicha profecía de Joel, cuando respondía a la pregunta de sus discípulos en el sentido de que señales identificarían el momento de su futuro regreso a la tierra:

También, habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas; y sobre la tierra angustia de naciones, por no conocer la salida a causa del bramido del mar y de su agitación, 26 mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada, porque los poderes de los cielos serán sacudidos. 27 Y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con poder y gran gloria.” (Luc. 21:25-27).

Por lo que si fue el propio Jesús el que coloco el cumplimiento de esa parte de la profecía de Joel en un futuro (v. 30-31), es obvio que no pudo tener un cumplimiento en sus días; añade más peso a lo citado, el hecho de que dicho cumplimiento se nos propone en Rev. 6:12 como parte de las cosas que “tenían que suceder” (Rev. 1:1) en un futuro lejano en el tiempo, nada menos que con la apertura del sexto sello. Mención aparte merecería la circunstancia que esos eventos astrofísicos mencionados por Joel, tenían que coincidir en el tiempo, según Lucas, con una situación tan caótica en la tierra que los seres humanos “desmayarían por el temor y la expectación” de las cosas que se les venían encima y algo que coincide con lo que está ocurriendo desde hace muchas décadas y que queda reflejado en una de las expresiones más “familiares” en nuestro entorno cotidiano (al menos por estos lares patrios) y ante el futuro más inmediato, que es aquello de “¡no sé a dónde iremos a parar!”

No queremos pasar por alto, unas significativas palabras de Jesús y en clara alusión a estos tumultuosos tiempos por los que ha transitado la humanidad (prácticamente desde la I Guerra Mundial), en donde se nos da una pista de dónde nos hallamos situados en la corriente del tiempo; vean lo que leemos en Mat. 24:29-30:

Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol será oscurecido, la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos. 30 Y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán en lamento y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.”

Luego si no nos equivocamos en nuestra apreciación, Jesús colocó el cumplimiento de la profecía de Joel para después de un tiempo de gran conflictividad o “tribulación” para el ser humano; luego su ya hemos identificado dicho tiempo y si estamos viendo en nuestros días el cumplimiento de la segunda parte de dicha profecía (las señales astrofísicas), es que estamos ya al término de estos tiempos de “tribulación” y solo nos resta el cumplimiento de Joel 2:28-29, eso es, el derramamiento sin igual del espíritu santo de Dios sobre la tierra y que se cumple en el momento en que inicia la “70 semana” de Dan. 9:27 y última del mundo tal como lo conocemos (para más información al respecto, se pueden dirigir a nuestro artículo del 26/03/15).

Siendo por tanto lo que nosotros entendemos y ya para redondear la respuesta a nuestro amigo “Centinela", que en el primer siglo solo se cumplió la primera parte de la profecía de Joel (v. 29-28) y ello de forma restringida, siendo ahora en nuestros días cuando estamos viviendo el cumplimiento de la segunda parte de la misma (v. 30-31) y que tendrá su culminación el 28 de Septiembre del año en curso, con la aparición de la cuarta y última de las “lunas de sangre” de la tétrada, coincidentes y al igual que el eclipse solar del pasado 20 de Marzo, con fiestas de significado relumbrón para el pueblo de Israel…… ya a partir de ahí…

MABEL


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