viernes, 18 de marzo de 2016

¿Quiénes son…… los “hijos” de la resurrección?


Hay quienes afirman y por aquello de resumir el tema, que dicha condición de “hijos de la resurrección” afecta a todos aquellos que habiendo sido (o siendo actualmente) fieles a Dios, tengan la perspectiva de en un futuro y después de la muerte, alcanzar la resurrección de los muertos; pero idea que parte de un principio equivocado, como es el especificar que solo los creyentes serán resucitados, cuando en realidad la resurrección es un derecho que concede gratuitamente el Dios Altísimo a todo ser humano, en virtud del sacrificio vicario de Su Hijo, Jesucristo…… es cierto que todo parece indicar, que tal derecho no aplicaría a aquellas personas que en algún momento de la historia fueron destruidas por un castigo divino y según se desprende de lo que se lee en Judas 5 y 7:

Deseo recordarles, a pesar de que saben todas las cosas de una vez para siempre, que Jehová, aunque salvó a un pueblo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no mostraron fe. (……) 7 Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas –después que ellas de la misma manera como los anteriores hubieron cometido fornicación con exceso, e ido en pos de carne para uso contranatural– son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador al sufrir el castigo judicial de fuego eterno (sinónimo de destrucción eterna).” (Acotación nuestra).

Ejemplos que bien se podrían extender a los muertos por medio del diluvio del día de Noé, o a aquellos que cayeron en las llanuras del desierto del Sinaí, destruidos por la ira de Dios ante su crasa desobediencia, como los Coré, Datán y Abiram, así como al resto de sus seguidores y según se nos relata en el capítulo 16 del libro de Números. Pero volviendo a donde estábamos, en el sentido que la resurrección es universal (no confundir con la llamada “primera resurrección” de Rev. 20:6 y que es otra cosa totalmente diferente, por ser esta de índole selectiva), eso es, tanto para cristianos como para no cristianos, ello queda probado por las siguientes palabras de Jesús:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas (o en el recuerdo de Jehová y lo que excluye, repetimos, a aquellos que hayan sido expresamente destruidos por Él, pues sus juicios son inapelables) oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:28-29). (Acotación nuestra).

Luego dado que la resurrección se nos dice que alcanza a “todos”, ciertos autores bíblicos indoctos utilizan dicha circunstancia para afirmar que, en consecuencia, “todos” serán considerados como “hijos de la resurrección” y por extensión, constituidos en Hijos de Dios, apoyándose para ello en una estrafalaria interpretación del pasaje de Luc. 20:34-38:

Jesús les dijo: “Los hijos de este sistema de cosas se casan y se dan en matrimonio, 35 pero los que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni se dan en matrimonio. 36 De hecho, tampoco pueden ya morir, porque son como los ángeles y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección. 37 Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso, en el relato acerca de la zarza, cuando llama a Jehová “el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob”. 38 Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos ellos viven”.”

Por lo tanto, la clave está en entender qué significa la expresión “hijos de la resurrección” y que, no lo olvidemos, le da a uno la condición de Hijo de Dios y por ello, el derecho a heredar el reino en calidad de inmortal rey y sacerdote de Dios (Rev. 20:6), siempre a tenor del versículo 36 y en donde lo que se lee es que “son Hijos de Dios por ser hijos de la resurrección”…… pero afirmar a partir de ahí, que “todos” aquellos que sean levantados en la resurrección serán Hijos de Dios y por tanto coherederos del reino milenario, es una salvajada que solo pueden cometer personajes tan desnortados como el “teólogo” peruano Apologista Mario Olcese y como pueden comprobar en su video del 05/03/16. Pero como los autores de este blog nos tomamos un poco más en serio las cosas de Dios y no como lo que hace tan caricaturesco personaje, vamos a intentar “desguazar” el pasaje sobre el que se apoya tan disparatada proposición, eso es, Luc. 20: 34-38 y mediante un análisis serio, explicar la historia como realmente es y no como nos la pretenden “vender” algunos indoctos de la “calaña” del personaje mencionado; para ello empezaremos por los versículos 34-36 y en donde, recordemos, se lee como sigue:

Jesús les dijo: “Los hijos de este sistema de cosas se casan y se dan en matrimonio, 35 pero los que han sido considerados dignos de ganar aquel sistema de cosas y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni se dan en matrimonio. 36 De hecho, tampoco pueden ya morir, porque son como los ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección”.”

Noten en primer lugar, que con esa afirmación lo que estaba haciendo Jesús, era poner en contraste (de lo contrario no se entendería la frase) dos tipos de personas: los “hijos de este sistema de cosas” que se casan y se dan en matrimonio, eso es, el común de los mortales que habitamos este planeta y de otros, que sacados de entre estos (luego en principio son tan humanos como los anteriores), son considerados “dignos” (Rev. 3:4) de ganar en el futuro sistema de cosas la “resurrección de entre los muertos” y que, semejantes a los ángeles, no pueden morir y además, ni se casan ni se dan en matrimonio (y lo que podría significar que no pueden reproducirse y perpetuar con ello la especie). Obviamente esto pudiera llegar a ser un auténtico galimatías, si uno pasa por alto el más ínfimo de los detalles del pasaje mencionado y como pudiera ser, la expresión que figura al final del verso 36 en donde se nos aclara que “son hijos de Dios, por ser hijos de la resurrección”…… lo que vendría a significar, que su resurrección les da una calidad o condición, que no tenían antes de morir; ello nos lleva a considerar las repercusiones que resurrecciones que están perfectamente documentadas en las Escrituras, produjeron en cada una de las personas afectadas.

Tenemos resurrecciones relatadas en el AT, como las registradas en 1 Rey. 17:17-24, en 2 Rey. 4:32-37 y 13:20- 21; y tenemos por otra parte, las registradas en el NT y protagonizadas por Jesús, como en el caso del hijo de la viuda de Naín (Luc. 7:11-15), o la de la hija del presidente de la Sinagoga (Mar. 5:38-429 y la más conocida de todas, la de Lázaro y relatada en Juan 11:38-44. También se nos habla de la llevada a cabo por Pedro en Jope (Hech. 9:40-41) y Pablo en Troas (Hech. 20:8-10)…… en todo caso, estaríamos hablando de las más conocidas, pues es obvio que tuvo que haber muchas otras en el transcurso de la actividad desarrollada por los apóstoles en sus largos años de actividad evangelizadora; sin embargo y volviendo al tema que nos ocupa, nada cambió en las circunstancias de esas personas resucitadas ya que después de ello volvieron a sufrir enfermedades, el proceso de vejez y finalmente de nuevo la muerte, en espera de una futura nueva resurrección que acontecerá en la próxima venida del Hijo de Dios a la tierra y según éste mismo afirmó:

No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” (Juan 5:28-29).

No obstante, en las Escrituras se nos habla de una resurrección que sí cambió totalmente la perspectiva futura del que participó de la misma y que fue la del propio Jesús; porque este, recordemos, también era un ser humano que murió y fue resucitado…… pero ya se levantó con la condición de hombre inmortal ¡el primer y único resucitado hasta el momento, en disfrutar de esa condición! Luego vemos que de tantas resurrecciones de las que se nos habla en las Escrituras, en solo una de ellas y lo que denota selectividad, se concedió a su beneficiario el derecho a la inmortalidad y condición a la que posteriormente se añadirían otros (Rom. 6:5); de hecho, el que otros le seguirían en ese camino del que Jesús fue precursor, queda confirmado por las siguientes palabras:

“…… porque a los que dio su primer reconocimiento también los predeterminó para que fueran hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.” (Rom. 8:29).

Luego con lo que nos encontramos, es con dos tipos de resurrecciones entre las que movernos: una, la del común de los mortales y merced al sacrificio de Jesús, pero que no cambia nuestra condición de mortales y en la que participarán todos los muertos, a producirse ello después de ser entronizado Jesucristo y puesto ya en marcha el reino de Dios (Rev. 20:11-13) y otra de carácter selectivo, insistimos, anterior a la ya mencionada y conocida en las Escrituras como la “primera” resurrección (Rev. 20:6), en la que participan todos aquellos que han sido considerados “dignos” o merecedores de alcanzarla (Rev. 3:4) y en la que ya se levantan con una nueva condición, eso es, como poseedores de la inmortalidad. De ahí que se nos diga en Luc. 20:36 que son “hijos” de la resurrección, pues de ella ya salen o “nacen” a una nueva forma de vida inmortal que antes de morir no tenían y circunstancia que no concurre entre los participantes de la “segunda” resurrección (si se nos habla de una “primera”, ello ya presupone la existencia de una “segunda”) y a producirse, como hemos señalado, después de esta “primera” y a partir del mismo inicio del reinado de Jesucristo en la tierra; sin embargo, tenemos que la “primera” se produce aún dentro del actual sistema de cosas y por lo que, insistimos, estamos ante dos resurrecciones totalmente distintas entre sí y en dos momentos distintos en la corriente del tiempo, según se deduce de las siguientes palabras:

Y los diez cuernos que viste significan diez reyes, que todavía no han recibido un reino, pero sí reciben autoridad como reyes por una hora con la bestia salvaje. 13 Estos tienen un solo pensamiento y por eso dan su poder y autoridad a la bestia salvaje. 14 Estos combatirán contra el Cordero, pero porque es Señor de señores y Rey de reyes, el Cordero los vencerá. También, los llamados y escogidos y fieles que con él están lo harán.” (Rev. 17:12-14).

Entonces esas personas “llamadas, escogidas y fieles” que acompañan a Jesucristo en su cruzada contra los desobedientes reyes de la tierra y con lo que inicia la “gran tribulación” (luego aún dentro del actual sistema inicuo de cosas), es porque han tomado parte en esa “primera” resurrección ya con la inmortalidad concedida y momento circunstancial que se produce, según Rev. 11:3-12, como conclusión de los primeros tres años y medio de la profética “semana 70” de Dan. 9:27, eso es, que dicho período de tiempo concluye con dicha “primera” resurrección; y ello se nos explica de esta manera:

Y haré que mis dos testigos profeticen mil doscientos sesenta días (o tres años y medio) vestidos de saco”. 4 Estos son simbolizados por los dos olivos y los dos candelabros y están de pie delante del Señor de la tierra (……). 7 Y cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestia salvaje que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará (……). 11 Y después de los tres días y medio, espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie (o resucitaron) y gran temor cayó sobre los que los contemplaban. 12 Y oyeron una voz fuerte procedente del cielo decirles: “Suban acá”.” (Acotaciones nuestras).

Y ese volver a la vida de los enigmáticos personajes señalados, que marca el momento en que se produce la “primera” resurrección ocurre, insistimos en la idea, al término y como colofón, de esos primeros tres años y medio en que se ha llevado a cabo la gran predicación de Mat. 24:14 liderada por esos personajes y a los que Jesús identificó como sus “hermanos más pequeños” (Mat. 25:40;46)…… ya a partir de ese momento, es cuando inicia el restante ciclo de tres años y medio más y que tiene que ver con el período de tiempo en el que se produce lo que se denomina como la “gran tribulación” o “día de la ira de Dios” en contra de aquellos que han rechazado lo ofertado durante ese tiempo de predicación anterior (2 Tes. 1:6-9). Llegados a este punto y con el ánimo de pensar que más o menos hemos aclarado el primer asunto objeto de consideración, vayamos ahora ya a los versos 37-38 de ese capítulo 20 del evangelio de Lucas que estamos analizando y en los que se lee como sigue:

Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso, en el relato acerca de la zarza, cuando llama a Jehová ‘el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob’. 38 Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos ellos viven.”

Luego es obvio el cambio de línea argumental que lleva a cabo Jesús y ya respondiendo directamente a la pregunta que los saduceos le habían formulado, con respecto de lo hablado en los tres anteriores verso considerados (34-36), eso es, que en estos nos habla del contraste existente entre aquellos que siendo hijos de este “sistema de cosas” se casan y se dan en matrimonio, luego se reproducen, con respecto de aquellos que son “dignos” de ganar otro “sistema de cosas” (v. 34-35), luego diferente al que contemplamos en nuestros días. De nuevo nos encontraríamos ante un escollo insalvable, eso es, el saber de qué diferentes sistemas de cosas se nos está hablando, si pasáramos por alto un “pequeño” detalle: en el “sistema actual” de cosas, con lo que nos encontramos por un lado es con seres humanos mortales que están capacitados para perpetuar la especie y, por otro, con seres espirituales (los ángeles) que no pueden morir y que además, como tales, no pueden reproducirse…… por lo tanto, en este “sistema de cosas” estamos ante dos creaciones distintas: los seres terrenales y los seres celestiales, cada uno con sus diferentes características; entonces la pregunta es ¿en qué sentido, es diferente al actual, el venidero “sistema de cosas”? Para poder entender la diferencia tenemos que acudir a unas palabras de Pablo, registradas en 2 Cor. 5:17 y que nos aportan la solución al problema; veámoslas:

Por consiguiente, si alguien está en unión con Cristo, es una nueva creación; las cosas viejas (los patrones que caracterizan a este actual “sistema de cosas”) pasaron, ¡miren!, cosas nuevas han llegado a existir.” (Acotación nuestra).

Y es cierto que uno podría preguntarse ¿cuáles son, esas “cosas nuevas” que van a hacer diferente al nuevo “sistema de cosas”, del anterior y en el que aún estamos inmersos? Pues de entrada y por seguir el ritmo del relato, que pasaremos de las dos “creaciones” conocidas hasta el momento y de las que les acabamos de hablar, a tres: eso es, que a las dos ya conocidas, seres humanos por un lado y seres celestiales por otro, se añade otra creación hasta ese momento desconocida e infinitamente superior a las anteriores, como serán esos hombres adoptados como Hijos de Dios y por tanto, inmortales, que no se pueden reproducir para perpetuar dicha especie de nueva creación. Recordemos que en el verso 36, Jesús los compara con los ángeles, cuando acabamos de señalar que en realidad son infinitamente superiores en dignidad y poder a estos, por ser hechos esos hombres directamente Hijos de Dios, pero ello tiene su explicación: para el entendimiento de la época, decir que no podían morir, era una forma entendible de decir que serían superiores al común de los hombres; por otra parte, al decir que esos futuros hombres y al igual que los ángeles, tampoco se casaban ni se daban en matrimonio y en una época en donde la procreación solo se concebía en el ámbito del matrimonio, era lo mismo que decirles a aquellos judíos del I siglo, que esos personajes no se podrían reproducir.

Súmenle a lo dicho, que en ese venidero “sistema de cosas” y a diferencia del actual, gobernado por el propio hombre y “para perjuicio” de este (Ecle. 8:9), será regido por esos seres de nueva creación en su condición de inmortales reyes y sacerdotes Hijos de Dios y lo que cambia sustancialmente las cosas de cómo las conocemos hoy; entonces era lógico que Jesús contrapusiera el actual “sistema de cosas” con uno que está por venir y donde veremos cosas inimaginables. Luego parece quedar claro, que de las palabras de Jesús registradas en el pasaje de Luc. 20:34-38, nada hace pensar que a todos aquellos resucitados durante el reinado de Cristo en la tierra y de los que habrá “la tira”, les aplique el versículo 35 en el sentido de “ser Hijos de Dios, por ser hijos de la resurrección”, ya que resucitarán con las mismas características humanas que el día en que murieron…… ya otro cantar, es la de aquellos que participan de la llamada “primera” resurrección, pues ya salen o “nacen” de ella con la condición de inmortalidad y que no tenían antes de morir: de ahí, repetimos, que Jesús les considerara como “hijos de la resurrección”, pues nacían a una forma de vida totalmente distinta de la que en su vida anterior tuvieron.

Ya para concluir, decir que es muy probable que en un análisis tan “complicadillo” como en el que nos hemos metido, algo se nos haya quedado “en el tintero” (aunque más propio sería decir “en el teclado) y que fuera necesario para una mejor comprensión del tema…… pero es que aquí los “nenes”, alcanzamos hasta dónde alcanzamos. Por lo tanto y con el ánimo de pensar que la cosa la hemos dejado medio orientada, por nuestra parte ahí lo dejamos; ya a partir de aquí y tomando como punto de partida los datos expuestos, así como la orientación planteada, que cada uno se busque “las habichuelas” por su cuenta, pues como en algunas ocasiones les hemos señalado, nosotros…… también nos podemos equivocar.

MABEL


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