lunes, 12 de abril de 2010

A una persona muy querida

Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a permitirme el dirigir un artículo a cierta personita a la que quiero mucho, así como también lo hago extensivo a todas aquellas que teniendo a su lado a alguien que ha pretendido ayudarles, sencillamente no le han creído y lo que es peor, ni siquiera han querido escucharle. Y es que casi podríamos considerarlo como una maldición que persigue a aquellos que conociendo de Jehová, sus propósitos y los planes que tiene para con nosotros, cuando hemos intentado darlo a conocer a personas cercanas, han sido estas, las que más amamos, las que menos nos han creído. Cierto es que no fue menos en el caso de Jesús, pues sus propios hermanos “...... de hecho, no ejercían fe en él.” (Juan 7:5). Y tengamos en cuenta que estamos hablando de Jesús y de unos hermanos y hermanas que conocían de sus obras poderosas (ver. 3): sin embargo...... no creían. Con eso en mente y como reconocimiento a cuantos hemos pasado por esa amarga experiencia, vamos a intentar que, aunque sea solo por casualidad, algunas de esas personas que no nos hicieron caso en su momento, reconsideren su actitud y después de un tiempo, quizás releyendo este escrito, contemplen la posibilidad de darnos, de corazón, una segunda oportunidad y empiecen a leer nuestros escritos, pues quizás y por circunstancias de la vida, ya no nos tengan a su lado (donde uno desearía estar) y podérselo explicar de viva voz.

¿Y qué mejor que empezándoles a hablar del tema principal de las Escrituras, o sea, del reino de Dios? Es cierto que lo primero que quizás a uno o a una se le venga a la cabeza, al oír de ese tema, es lo siguiente: “Pero ¿de qué me están hablando? ¿Qué es el reino de Dios?” Porque es tan cierto como lamentable, que en la iglesias de la cristiandad, bien poco se nos habla de ello, si es que acaso se nos habla algo de dicho reino...... y sin embargo, fue el tema principal de la actividad de Jesús cuando estuvo por primera vez aquí en la tierra y razón fundamentalísima para la que fue enviado; miren como lo expresó él:

Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.” (Luc. 4:43).

Luego la importancia de ese Reino de Dios en la vida de las personas, tiene que ser fundamental, es más, tiene que ser vital para el ser humano, al grado que el propio Jehová comisiono a Jesús precisamente para ese cometido. Cierto es que también era necesario que diera su vida por todos nosotros y así, abrir una vía de esperanza a una humanidad condenada irremisiblemente a la destrucción eterna; sin embargo, la parte fundamental de su labor tenía que ver con enseñar que era el reino y lo que este haría por la humanidad, eso es, por cada una de las personas que se lo creyeran y actuaran en consecuencia. Por lo tanto vamos a repetir la idea: tenía que enseñar que era el reino y lo que este haría por la humanidad; luego eso enfatiza la idea de que era fundamental, es más y como ya hemos dicho, vital para el ser humano, la realidad de ese reino. Porque y gracias a la gran misericordia de Dios, dicho arreglo del reino, por mucho significa el final de absolutamente todos los problemas del ser humano...... pero veamos que ocurrió para que eso tuviera que ser así.

Cuando Jehová colocó a la primera pareja humana sobre la tierra y como culminación de Su majestuosa obra creativa, hizo la siguiente observación:

Después de eso vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno. Y llegó a haber tarde y llegó a haber mañana, un día sexto.” (Gén. 1:31).

El ser humano tenía ante sí un maravilloso futuro: vivir eternamente en un extraordinario y delicioso entorno de paz y felicidad ilimitados y dando adelanto al propósito encomendado por su Creador, además de gozar de una perfecta relación con Él:

Además, los bendijo Dios y les dijo Dios:Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra.”(Gén. 1:28).

Pero algo ocurrió que vino a turbar tan prometedor futuro y ese algo, no tuvo su origen aquí en la tierra, aunque fuera ella en última instancia la victima de tan rebelde actitud y por supuesto, el ser humano junto a ella y como responsable, por la parte que le correspondía en tal desaguisado. Tengamos en cuenta que así como los animales como seres inferiores, actúan guiados por instinto, o sea, guiados por impulsos colocados en sus genes, no así el ser humano y al que Jehová le dio el más hermoso de todos los regalos y que en algún sentido, lo hacía igual a los ángeles: el libre albedrío, eso es, la capacidad de libremente escoger entre dos o más opciones. Y eso fue lo que se le ofertó de forma engañosa al hombre: la posibilidad de escoger otra opción que la de estar en sujeción a su Creador...... pero veamos cómo se produjo este hecho.

Un poderoso ser angelical y que más tarde conocimos como Satanás y Diablo, anheló el conseguir para sí la adoración y obediencia que la primera pareja humana le debía a su Creador y planteo la oferta en estos términos:

Ahora bien, la serpiente resultó ser la más cautelosa de todas las bestias salvajes del campo que Jehová Dios había hecho. De modo que empezó a decir a la mujer: “¿Es realmente el caso que Dios ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?”. 2 Ante esto, la mujer dijo a la serpiente: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. 3 Pero en cuanto a comer del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios ha dicho: “No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran”. 4 Ante esto, la serpiente dijo a la mujer: “Positivamente no morirán. 5 Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo”.

Recordemos que Jehová había dicho que el precio de la desobediencia sí era la muerte, por lo tanto, que Satanás mintió queda probado por un hecho irrefutable que vemos a nuestro alrededor constantemente: las personas sí mueren.

Sin embargo y si bien Adán y Eva tuvieron que pagar el precio impuesto a su desobediencia, de muerte eterna (Gén. 2:17), Jehová en su infinita misericordia, tuvo a bien mostrar favor a la descendencia de ellos y preparar el terreno para que en un futuro, aunque lejano en el tiempo, pudieran tener la oportunidad que les fue hurtada por sus primeros padres, de poder decidir por ellos mismos a quién servir: si a Jehová su Creador, o a su mentiroso opositor Satanás. Ello implicaba un plan por parte de Jehová y que fue elaborado de inmediato:

Y pondré enemistad entre ti y la mujer y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Él te magullará en la cabeza y tú le magullarás en el talón.” (Gén. 3:15).

Pero claro, el desarrollo de este Plan Divino, requería de un requisito muy doloroso para Jehová, porque con Adán, lo que se perdió fue un hombre perfecto, o sea, una vida perfecta y por lo tanto y según la Justicia Divina, se requería un equivalente de esa condición:

Pero si ocurre un accidente mortal, entonces tienes que dar alma por alma, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25 marca candente por marca candente, herida por herida, golpe por golpe.” (Exo. 21:25).

Y el problema estaba en que los descendientes de Adán, nacieron después del pecado cometido, por lo cual habían heredado la imperfección y en consecuencia, ninguno de ellos reunía los requisitos necesarios de perfección, exigidos para un rescate equivalente; veamos cómo nos lo explicó el salmista:

“…... ninguno de ellos puede redimir a su hermano, ni pagar a Dios por su rescate. 8 La redención de su vida es muy costosa; se ha de abandonar para siempre el intento 9 de vivir eternamente y jamás ver corrupción.” (Sal. 49:8-9).

Y eso era lo que esperaba al hombre: la muerte como el final de todo...... de no haber intervenido Jehová, claro; pero ¿cómo lo hizo? Realmente solo hay una manera de explicarlo de forma convincente y es como lo hizo el apóstol Juan:

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Quizás nunca tanto, fue dicho con tan pocas palabras, pero ahora hay que saber entenderlas y a lo mejor, eso ya no es tan fácil; pero en fin, ese hijo nació, creció, llego a la edad adulta y se presento ante su Padre Celestial dispuesto a llevar a cabo la comisión asignada: la predicación de las buenas nuevas del reino de Dios (Luc. 4:43). Luego entendiendo la importancia de este reino de Dios, la pregunta es clara: ¿qué es el reino de Dios?

En un intento por no extendernos en demasía, no olvidemos que nos dirigimos particularmente a personas no demasiado dispuestas a escucharnos, vamos a intentar resumirlo a un grado aceptable: el reino de Dios es un período de tiempo que durará mil años y que tendrá como gobernante y representante directo de Jehová, al propio Jesucristo que será acompañado en dicho gobierno por gobernantes asociados y también elegidos directamente por Dios de entre los hombres (Rev. 14:4b) para colaborar con él. Durante ese tiempo, el ser humano progresivamente volverá a su estado original de perfección, lo cual evidentemente implicará, la plena restauración de nuestras capacidades físicas:

En aquel tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría. Pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica.” (Isa. 35:5-6).

También el medio ambiente y como nos indica la parte final del texto, tan maltratado hoy día, volverá a ser restaurado a su perfección original. Así mismo se dará inicio a un período de paz, que irá más allá de los límites de la relaciones entre los seres humanos, puesto que alcanzará hasta la creación animal y su relación con el hombre:

Y el lobo realmente morará por un tiempo con el cordero y el leopardo mismo se echará con el cabrito y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. 7 Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. 8 Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado. 9 No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar.” (Isa. 11:6-9).

¿Y qué hay de esas personas que hoy tenemos una edad avanzada y que consigamos pasar con vida a través del inminente juicio de Dios a la humanidad? ¿Qué esperanza habrá para nosotros? Fíjense la promesa que nos hace nuestro Creador:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).

Y esa es la bendición que nos ofrece nuestro Dios, dado que el hombre y por supuesto la mujer, volverán a gozar de la plenitud de sus facultades físicas, emocionales, reproductivas y sobre todo espirituales, en unos cuerpos plena y perfectamente desarrollados y estables, que no se deteriorarán o envejecerán con el tiempo. Y con ello, para establecer un ejemplo gráfico de hasta qué grado las cosas cambiarán, también desaparecerá y aunque no parezca tener importancia, un problema que es causa de alguna que otra amargura, porque ¿qué hay de ese hombre y esa mujer que se sienten atraídos el uno hacia el otro, pero existe una tremenda diferencia de edad entre ambos, pongamos 30, 40 o más años? Y todos sabemos que casos de estos los hay y como se solventan todos ellos: las circunstancias y prejuicios sociales y sobre todo, la barrera física, impiden dicha relación convirtiendo tal situación y como hemos señalado, en una posible fuente de amargura y frustración.

Ahora bien, ¿cómo será la cuestión allí, en el Reino de Dios? Totalmente diferente, porque la edad no será ninguna barrera dado que se vivirá eternamente, luego aunque tal diferencia de años fuera la ya citada, o más, no importará: la diferencia de edad jamás se volverá a interponer entre los sentimientos de las personas. Y ello va implícito en otra promesa que Jehová nos ha hecho:

Estás abriendo tu mano y satisfaciendo el deseo de toda cosa viviente.” (Sal. 145:16). Nada, absolutamente nada que en ese tiempo y lugar nos cause perturbación, será desatendido, sino muy al contrario, será tenido en cuenta y recibirá la oportuna atención, porque fijémonos que es lo que realmente se nos dice en ese salmo: que lo que nuestro buen Dios Jehová, va a satisfacer, es el deseo y no una necesidad concreta de la persona y que por otra parte, esa ya fue atendida con anterioridad. Veamos un hipotético ejemplo: imaginémonos que vivimos espléndidamente en ese paraíso, pero que una jovencita entiende que su nariz no le gusta...... eso no sería una necesidad, obviamente, como la capacidad de visión o de audición, etc.; luego sin tocar esa nariz se puede vivir perfectamente y hasta Jehová nos podría decir que eso es una tontería. Pero no, Su promesa es la de satisfacer “el deseo” de toda cosa viviente y prescindiendo de que la cosa sea literalmente así.….. o no, lo que se nos está diciendo realmente, es que nuestro Creador va a atender hasta el más mínimo de nuestros deseos para que nuestra felicidad sea completa.

Pero claro, hay envueltos aquí asuntos más graves que todo eso y que por ejemplo, hacen referencia a aquellas personas que han perdido a un ser amado en la muerte ¿qué hay de ello? Veamos cómo nos dijo Jesús que se iba a solventar esa cuestión:

No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación.”

Eso es, la resurrección de todos los muertos, de todos aquellos que estén en el recuerdo de Jehová. Los seres humanos y hasta el día de hoy, hemos contemplado un milagro y que tiene que ver con la concepción, desarrollo y posterior nacimiento de un ser humano...... y a eso, alguien lo llamo en su día, “el milagro de la vida” y que con toda seguridad lo es; pero no es menos cierto, que el hombre y quizás por lo repetido o por falta de aprecio, no le da la importancia que tiene, más bien al contrario, puesto que lo ha deformado hasta darle el carácter de indeseado y ha procurado embrutecerlo mediante el aborto o dicho de otra manera, el asesinato sin compasión de seres indefensos. Alegando eso sí, que es un derecho de la mujer e incluso legislando en ese sentido.

Pero en ese reino de Dios, en donde Él nos promete que va a hacer “nuevas todas las cosas” (Rev. 21:5) y no van a existir tales aberrantes prácticas, de nuevo la concepción, desarrollo y posterior nacimiento de una criatura humana volverá a ser “el maravilloso milagro de la vida”, que se va a complementar con el inimaginable hecho “del retorno a la vida” mediante la resurrección de aquellos que la perdieron, desde Abel hasta nuestros días. Es cierto que, cauterizados nuestro corazones por las amarguras de estos brutales tiempos que estamos viviendo, quizás nos es imposible vislumbrar la inimaginable felicidad que reportara al ser humano el cada día ir recibiendo de la muerte a aquellos que en su día fueron presa de ella. Y todo eso que estamos contando, sencillamente ocurrirá exactamente así, porque es una promesa de Dios y el no nos puede mentir:

“…… sobre la base de una esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración.” (Tito 1:2).

Y con lo inimaginable de lo que acabamos de citar y que se va a vivir en ese período de mil años del reino de Dios aquí en la tierra, en cuanto a bendiciones que Jehová derramara sobre la humanidad obediente y que nada tiene que ver con siquiera algo de lo que estamos viviendo ahora, fíjense aún que nos dijo Pablo:

Pero así como está escrito: “Ojo no ha visto, ni oído ha oído, ni se han concebido en el corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman.”(1 Cor. 2:9).

O sea, que si a duras penas, aún podemos medio imaginar y entender algo de todas las cosas que acabamos de citar, aún habrá muchas más cosas que no podemos ni concebir en nuestra mente o corazón y que Jehová va a hacer por nosotros.

Y eso es lo que muchos estamos intentando que entiendan las personas que amamos y que desgraciadamente, ni nos escuchan. Yo puedo dar fe de algunas personas que se pasan todos sus ratos libres mirando telenovelas, una tras otra sin siquiera querer ni oír nada de lo que se intenta decirles. O de otra personita muy querida, que se pasa el tiempo pegada al ordenador hablando con amigos o amigas o en su defecto, con el móvil pegado al oído y haciendo lo mismo. Pero ¿saben?, no tiene tiempo para escucharme o dedicar un solo momento para intentar averiguar, si lo que le estoy explicando es verdad o no. O sea y resumiendo, es la maldición que nos persigue: las personas que más amamos, son las que menos nos creen.

Por ello, me gustaría acabar este artículo con una reflexión, tanto para esas personas como para aquellas otras que en diferentes circunstancias, tampoco quieren escuchar: tenemos por una parte a Jehová, que pudiendo vivir perfectamente sin nosotros, sin embargo dio a su Hijo para que nosotros pudiéramos tener vida; por la otra en cambio, nosotros, que no podemos vivir sin Él, sin embargo lo colocamos a la cola de nuestras actividades diarias, si acaso le damos algún sitio entre ellas. Por eso y si alguien lo entiende, por favor...... ¿me lo podría explicar?

MABEL

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