martes, 27 de abril de 2010

Dios recompensa a los que le buscan

Además, sin fe es imposible serle de buen agrado, porque el que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente.” (Heb. 11:6).

Esa era la fuerte convicción de un hombre que amaba profundamente a Dios y que fue sin duda alguna, el más prolífico de los escritores bíblicos y siempre aceptando (aunque hay dudas) que el autor de dicho libro fuera el apóstol Pablo. Y a partir de esa reflexión plasmada en las Escrituras, nos gustaría considerar hasta qué grado usted cree en la veracidad de esas palabras, o sea, que Jehová, nuestro Creador, viene a ser remunerador de aquellos que sinceramente creen en Él y por tanto, le buscan. Veamos.

¿Es usted acaso padre, madre o quizás un miembro de familia, que vive en casa con sus padres? En cualquier caso, ¿no está de acuerdo en que una cosa muy necesaria para que sea feliz la vida de familia, es el que sus miembros puedan expresarse sin reservas según tenga necesidad o deseo? En medio de las condiciones actuales, desgraciadamente, a menudo sucede que tales necesidades y deseos no pueden hallar salida normal y apropiada, quedando por ello reprimidos; pero todavía están ahí y siendo que no es fácil acallarlos, suelen encontrar a menudo una salida, posiblemente por conductos que son perjudiciales sobre todo, en gente de poca edad. Y es que tales necesidades y deseos se hacen plenamente patentes ya desde la niñez más temprana; por ejemplo, un chiquillo llora pidiendo atención por la cosa más pequeña y si algo le deleita, quiere enseñárselo a alguien que responda con comprensión. ¿O quién no ha visto a un niñito sufrir algún accidente leve mientras juega fuera de la casa, entonces silenciosamente contener su dolor, entrar de prisa en ella para hallar a su madre y solo entonces, sentir que puede desahogar sus sentimientos?

Sí, es un hecho que el hombre tiene la necesidad y el fuerte deseo de comunicarse, de compartir con otros las cosas que le preocupan y le interesan. Encarecidamente trata de expresarse, ya sea por el puro placer de ello, para conseguir ayuda cuando la necesita o por el deseo de ayudar a otro que necesite de tal ayuda; pero ¿podemos, en todo caso, determinar la causa de este fuerte deseo? Ciertamente, pues el hombre posee una mente que razona e inquiere, una mente que puede explorar, descubrir y organizar; tiene además, un agudo sentido de lo correcto y lo incorrecto y por ello puede escoger y formar juicio y puede profundizar en entender las cosas y pudiendo por tanto, edificar un profundo aprecio por las mismas y por la gente que le rodea. Lógicamente se desprende que él mismo desee que otros lo comprendan y aprecien, al tiempo que puede amar y tiene un intenso anhelo de que ese amor sea recíproco, lo cual resulta en sentimientos de la mayor satisfacción y estímulo cuando se realiza la reciprocidad de ese amor. ¿No es esto algo que usted conoce por propia experiencia? No hay por tanto ninguna duda, en que estas maravillosas facultades y cualidades existen para que se ejerzan y naturalmente requieren expresión, e impulsan el deseo de que haya comunicación.

Sin embargo, este deseo trae a colación otro factor importante, a saber, el de la relación y por lo tanto, estos dos sentimientos están estrechamente enlazados, pues cada uno depende del otro. Uno no puede disfrutar de comunicación plena y sin reservas, a menos que se mantenga una buena relación; por otra parte, uno no puede edificar una buena relación sin aprender a comunicarse, luego hay que aprender a desarrollar ambos factores cuidadosamente y como prueba, nos referimos de nuevo a los niños. Ellos tienen el deseo natural de expresarse y lo hacen espontáneamente, dando por sentada la atención amorosa que se les otorga, o sea, la buena relación. Pero bastante temprano y si se les entrena apropiadamente, se les enseña a comprender que ni siquiera su madre va a contestar inmediatamente todo lloriqueo suyo. Aprenden que hay veces en que tienen que quedarse callados y es que hay que enseñarles a comprender que una buena relación se puede echar a perder por un comportamiento incorrecto. Así al ir creciendo, aprenden que en todo aspecto de la vida los dos factores de comunicación y relación (o viceversa) desempeñan un papel vital, sea en la escuela, al formar amistades (especialmente con los del sexo opuesto), o cuando se irrumpe al mundo de los negocios, trabajo o el placer. Sí, estos dos factores contribuyen mucho a la felicidad y éxito de uno en la vida y por lo cual, jamás deberíamos dejar de esforzarnos en mejorarlos y así promover y salvaguardar, nuestros propios intereses en la vida.

Ahora bien ¿es posible elevar esta consideración a un nivel superior? Muchos quedan satisfechos con circunscribir la consideración de estos factores a la simple comunicación humana, pero ¿es correcto o razonable entenderlo así? ¿No será posible que al obrar así perdamos un sentido de satisfacción aún más profundo, con beneficios más duraderos y seguros? Ciertamente, la posesión de cualidades y habilidades tan excelentes como las que ya se han mencionado, son prueba incontrovertible y que no deberíamos pasar por alto, de que el hombre no es el resultado de alguna fuerza ciega e impersonal. O sea, no es el resultado de un mero proceso evolutivo, sino que es el producto de una Mente Magistral suprema, de un Diseñador y Creador inteligente, quien también posee estas mismas cualidades a un grado superlativo. Además, queda claro que el hombre a diferencia de los animales, no es un ser gobernado por el instinto, sino que está libre para usar estos dones o abusar de ellos, según lo prefiera. Sin ir más lejos y cada vez más, tanto individuos como naciones hablan mucho de vivir su propia vida y labrar su propio destino. En realidad y en el libre uso, en este caso abuso, de esos dos factores mencionados, comunicación y relación, optan por pasar por alto la existencia de un Creador que tiene un propósito definido para esta Tierra y para el hombre sobre ella. Pero ¿es correcto o razonable considerar las cosas así y adoptar tal proceder?

Pensando en que ya hemos dado suficiente base para mostrar la sabiduría de no proceder de la manera que procede la humanidad en general, ni el dejarse influir por su espíritu, demos un pasito más. Porque sí uno está de acuerdo con esto y admite como cierta la existencia de un Creador ¿no es razonable que el siguiente paso debería ser el inquirir si Este, no le ha dado al hombre una revelación de sí mismo y de su propósito? Porque el poseer una mente que razona e inquiere, con la capacidad de ejercer fe, amor y devoción, ciertamente nos tendría que dejar claro que el Dador de los mismos, debería de haberle suministrado al hombre la forma más elevada de expresar estas cualidades y recompensaría a los que encarecidamente lo buscaran. Eso solo sería razonable y por demás, habiendo visto cuán importantes son estas cosas en la comunicación entre seres humanos, veamos si los mismos aspectos envueltos en el asunto, aplican cuando elevamos la consideración a un nivel superior, o sea, en la relación con nuestro Creador y por lo tanto, con conclusiones mucho más remuneradoras.

Puesto que la comunicación y la relación desempeñan un papel vital entre nosotros los humanos, ciertamente deberían de ser aún más vitales entre el Creador y nosotros mismos; porque si hasta los niños están conscientes de sus necesidades en cuanto a esto, ¿no es solo natural que personas maduras y formadas, sintamos la necesidad y el deseo de disfrutar de una buena relación y comunicación con nuestro Creador como su prole, su creación en definitiva? La satisfacción de tales deseos depende, por supuesto, enteramente del Creador, ya que solo Él puede hacerlo posible y que para nuestro gozo y felicidad, podemos afirmar que él realmente ha hecho esta mismísima cosa. Sí, ciertamente se ha revelado y ha abierto el camino para que nos pongamos en comunicación con Él por medio de lo que conocemos como la “oración”; de hecho y en su Palabra escrita, la Biblia, Él mismo se presenta como “el oidor de la oración” (Salmo 65:2)...... pero ¿cómo lo ha hecho? Principalmente y como acabamos de decir, por medio de su Palabra escrita, la Biblia y también por medio de una Palabra viva, su amado Hijo Jesucristo y el que también recibe el título de “La Palabra de Dios.” (Rev. 19:13).

En la Palabra escrita, encontramos buen apoyo para el argumento que acabamos de dar, pues cuando el apóstol Pablo habló a los atenienses, que estaban entregados “al temor de las deidades” y cuya ciudad estaba llena de ídolos, aprovechó la oportunidad para explicar acerca del Creador. Dijo que era el “Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él” y confirmó cuál era la voluntad del Creador para con los hombres:

E hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra y decretó los tiempos señalados y los límites fijos de la morada de los hombres, 27 para que busquen a Dios, por si buscaban a tientas y verdaderamente lo hallaban, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque por él tenemos vida y nos movemos y existimos, aun como ciertos poetas de entre ustedes han dicho: “Porque también somos linaje de él”.” (Hech. 17:22-28).

Por ello, deberíamos pasar a inquirir si la Biblia da información específica para nuestra guía, en cuanto a la comunicación y la relación apropiada en este caso, de tal modo que realmente podamos hallar a Dios y aprender a comunicarnos con Él de manera acepta. Y aunque como los niños, a menudo estamos más conscientes de la necesidad de mantener abiertas las líneas de comunicación, no obstante y en este caso, la cuestión de la relación es mucho más importante, por lo que la consideraremos en profundidad. Por lo tanto y como primera providencia, nos haremos la siguiente pregunta ¿nos dice la Biblia cuáles son los pasos iniciales necesarios para establecer una buena relación, que nos permita hallar favor con Dios y agradarle?

El primero de estos requisitos es el de la fe. Pablo aclara esto cuando dice a los hebreos lo que hemos leído al inicio, en el sentido de que “sin fe es imposible serle de buen agrado, porque el que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que llega a ser remunerador de los que le buscan solícitamente.” (Heb. 11:6). Y para una mente que es honrada y que inquiere, no debería ser difícil creer en la existencia de Dios, aunque él sea invisible al hombre; vean cómo nos expone Pablo esa cuestión:

“...... porque lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. 20 Porque sus cualidades invisibles se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por medio de las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que son inexcusables (los hombres que quieren pasar por alto a Dios y suprimir por tanto la verdad).” (Rom. 1:19-20). (Acotación nuestra).

Por lo tanto y tomando en cuenta nuestro conocimiento actual en constante aumento de la energía ilimitada que está difundida en el espacio y que opera bajo leyes que indican una fuente y control centrales, fácilmente podríamos estar de acuerdo con esto. Sin embargo ¿qué seguridad tenemos de que Dios sea el “que recompensa a los que le buscan” y cómo nos ayuda esto en cuanto a esta relación? Y aquí de nuevo el registro bíblico nos ayuda, pues tan temprano como en Gén. 15:1, 6, ya se nos habla de un hombre que buscó encarecidamente a Dios, que ejerció fe en él y a quien se le prometió un galardón grande, llamado Abrán, nombre que más tarde fue cambiado a Abrahán. Ahora bien, ¿cómo llegó éste hombre a tener fe en Jehová como el Dios verdadero, en primer lugar? Y esto es muy importante, ya que señala a un segundo requisito, el del conocimiento:

Esto es excelente y acepto a vista de nuestro Salvador, Dios, 4 cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto (“pleno” o “completo”, según versiones) de la verdad. ” (1 Tim. 2:3-4). (Acotación nuestra).

Abrahán estaba familiarizado con el registro escrito que fue transmitido por medio de sus antepasados, probablemente Noé y Sem y que más tarde formó la primera parte del Pentateuco y que ahora, constituyen los capítulos de apertura de Génesis; y esta información confiable le dio a Abrahán conocimiento exacto (o pleno), lo cual suministra la base esencial para la fe verdadera. Para nuestro propio provecho, así como para facilitar el que nos pongamos en el lugar de Abrahán y apreciemos mejor su ejemplo excelente, daremos un vistazo a algunos de aquellos hechos registrados en esos primeros libros.

En apoyo de nuestro argumento más temprano, se dice claramente que el hombre fue creado a la imagen de Dios y fue dotado de cualidades y habilidades que le permitirían sojuzgar la Tierra y tener todas las cosas en sujeción. Estaba en estrecha comunicación con su Creador y tenía Su bendición, pues disfrutaba de una buena relación con Él. No solo sabía del “poder...... y Divinidad” de su Creador, sino que tenía abundante evidencia de sus muchas provisiones amorosas, con la dádiva culminante entre todas ellas, como fue una ideal consorte y ayudadora que completaba la felicidad del hombre y hacía accesible, otra fuente de comunicación y relación deleitables (Gén. 1:26-31; 2:18-23). Sin embargo lamentablemente, primero la mujer y luego el hombre, no siendo robots, usaron su libre albedrío en un derrotero de desobediencia voluntariosa al mandato expreso de Jehová, pues optaron por vivir su propia vida y labrar su propio destino...... ¿y con qué resultado? Pues entre otras cosas, la relación y comunicación con su Creador y también, entre ellos dos, resultaron seriamente perjudicadas, al grado que “el hombre y su esposa procedieron a esconderse del rostro de Jehová Dios” y el hombre, al ser interrogado, intentando justificarse, trató de culpar a Dios y a la mujer, diciendo:

La mujer que me diste para que estuviese conmigo, ella me dio fruto del árbol y así es que lo comí.” (Gén. 3:8, 12).

Luego aquí, podemos aprender una lección sumamente importante, como sin duda la aprendió Abrahán: Adán y Eva sabían que estaban endeudados con Jehová por la vida y toda cosa buena de que disfrutaban. Mientras reconocieron esto y permanecieron sujetos a su Creador con un espíritu de devoción y dedicación, disfrutaron de las bendiciones de una buena relación y comunicación con él; pero tan pronto como perdieron ese espíritu y se pusieron a hacer su propia voluntad, inmediatamente perdieron esas bendiciones...... y eso fue cierto entonces y es cierto ahora. Así podemos entender que hay un tercer requisito vital, que es concomitante con la fe y el conocimiento pleno, a saber, el de la devoción de toda alma a Jehová:

No debes inclinarte ante ellas ni ser inducido a servirlas, porque yo Jehová tu Dios soy un Dios que exige devoción exclusiva…...” (Exo. 20:5).

Estos tres requisitos están estrechamente relacionados, porque la fe no es simplemente el asentir mentalmente o creer en algo invisible, o sea, que no es algo que pueda llamarse fe ciega. Actualmente existe la creencia de que fe, es sencillamente creer en lo que no se ve, pero eso es sencillamente credulidad y que nada tiene que ver con la fe verdadera; más bien, la verdadera fe es la convicción segura de cosas que, aunque invisibles, no obstante tienen la marca de verdad y realidad. Esto entraña, evidentemente, la necesidad de tener conocimiento exacto como la base para tal fe y que la misma derive, en devoción sin condiciones a nuestro Creador. Pablo, en su exposición, definió la fe de la siguiente manera:

Fe es la expectativa segura de las cosas que se esperan, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplen.” (Hebr. 11.1).

La más grande realidad invisible de la que tenemos constancia, es Jehová, pues Sus “cualidades invisibles se ven claramente” y se demuestran mediante las cosas hechas (Rom. 1:20). Su Palabra, la Biblia, tiene la marca de verdad tal como dijo Jesús:

Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad.” (Juan 17:17).

Tal fe o convicción segura, es algo potente, vivo y forzosamente lleva fruto de acuerdo con su base de conocimiento exacto o pleno y de entendimiento que se consigue a través de la Palabra de Dios: quien posee tal fe está plenamente convencido de que Dios es el recompensador de los que le buscan solícitamente. De eso emanan la dedicación, el deseo y la determinación de continuamente buscar a Jehová, en definitiva, de deleitarse en hacer su voluntad según se registra en su Palabra; y esta fue la propia actitud de Jesús, como se registró proféticamente de él:

En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado y tu ley (o su palabra) está dentro de mis entrañas.” (Sal. 40:8). (Acotación nuestra).

Sin embargo, hay otra cosa que Abrahán aprendió de aquel registro temprano que aumentó grandemente su fe en la promesa de un galardón y también la devoción amorosa, que le tenía a Aquel que le dio esa promesa. La propia fe y devoción de usted hacia su Creador, también pueden ser aumentadas, ya que cuando se pronunció juicio en Edén después de estallar la desobediencia voluntariosa de Adán y Eva, Jehová y a renglón seguido, por decirlo así, expresó una notable profecía que nos aplica a todos: a Abrahán y a todo ser humano que la tomara en cuenta, incluido usted. De forma enigmática, Jehová pronunció unas palabras en donde se ofrecía la esperanza segura de una recompensa; veamos que dijo Jehová:

Y pondré enemistad entre ti y la mujer y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Él te magullará en la cabeza y tú le magullarás en el talón.” (Gén. 3:15).

Eso significaría un gran galardón para la descendencia fiel de la citada mujer y que dicho sea de paso, no hacía referencia a Eva; porque implicaba la esperanza de liberación del cautiverio al pecado y la muerte, resultado de aquella rebelión original, a los que mostraran fe y devoción a Jehová. El primero de estos fue Abel, el primero de una larga línea de hombres y mujeres de fe alistados en el capítulo 11 de Hebreos, así como también se menciona a Abrahán y se describe el galardón que él y los demás citados, recibirán como un lugar permanente en la futura restauración (Hech. 3:21) de la humanidad, donde se disfrutarán de las bendiciones de la relación y comunicación plenamente restauradas con nuestro Creador y en un total estado de perfección humana. En realidad, debido a su fe, aquellos hombres y mujeres ya disfrutaron de esas bendiciones a un grado grande en su propio día, mientras todavía eran imperfectos, tal como nosotros también lo podemos hacer de igual manera. Porque prescindiendo de lo que nos depare el futuro más inmediato, sea lo que sea, jamás nadie nos privará de la bendición de un nuevo mundo, en donde la justicia habrá de morar:

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa y en estos la justicia habrá de morar.” (2 Pedro 3:13).

En este mismo sentido y hablando de Abrahán, el registro de Génesis 22:1-18, muestra que a Jehová le agradó darle un galardón muy especial y que nos afectaba directamente a nosotros. Después de pasar una prueba severa de su fe y devoción, aun al grado de demostrar que estaba dispuesto, si fuese necesario, a ofrecer su amado hijo Isaac en sacrificio, entonces Jehová reveló que la descendencia prometida en Edén, vendría por medio de su línea de descendencia:

Por mí mismo de veras juro, es la expresión de Jehová, que por motivo de que has hecho esta cosa y no has retenido a tu hijo, tu único, 17 yo de seguro te bendeciré y de seguro multiplicaré tu descendencia como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar; y tu descendencia tomará posesión de la puerta de sus enemigos. 18 Y mediante tu descendencia ciertamente se bendecirán todas las naciones de la tierra debido a que has escuchado mi voz.” (Gén. 22:18).

Como Jehová le había dicho antes a Abrahán: “Tu galardón será muy grande.” (Gén. 15:1).

Aunque hemos examinado los pasos preliminares que conducen a una buena relación con Jehová, todavía subsiste la pregunta de cómo establecer y mantener abiertas las líneas de comunicación con él; y esto que alguien pudiera pensar que es un problema grande, resulta que es el deseo casi instintivo de cada uno de nosotros. Se ha sabido que hombres endurecidos, ateos reconocidos, invocan a Dios cuando se encuentran en necesidad o peligro desesperado; a este respecto, se cuenta que un almirante inglés y durante la segunda guerra mundial, a preguntas de un reportero, afirmo que en un barco de guerra que se está hundiendo “no hay ateos”. Hasta Caín, el primer asesino de la historia humana, clamó a Jehová:

Por lo cual Caín dijo a Jehová: “Mi castigo por el error es demasiado grande para llevarlo. 14 Aquí efectivamente estás expulsándome hoy de sobre la superficie del suelo y de tu rostro estaré oculto; y tendré que llegar a ser errante y fugitivo en la tierra y es cosa segura que cualquiera que me halle me matará”.” (Gén. 4:14-15).

Así mismo Eva, aunque estaba condenada, se mostró deseosa de poner en el cuadro a Jehová al tiempo de nacer sus hijos, diciendo:

Ahora bien, Adán tuvo coito con Eva su esposa, y ella quedó encinta. Con el tiempo ella dio a luz a Caín y dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová.

Como evidencia adicional de que este deseo de relacionarnos con nuestro Creador, está profundamente arraigado entre la humanidad, considere lo siguiente: ¿no es verdad que en la mayoría de las religiones de cualquier signo, si es que no en todas, la oración ocupa un lugar prominente de alguna u otra forma en sus servicios religiosos? ¿O conoce usted alguna religión, que no tenga eso que llamamos oración, para dirigirse a un Ser Supremo, en demanda de ayuda? Pero, sin embargo ¿no es también verdad que por lo general, sea que dichas religiones sean cristianas o de otro signo, a lo que se da énfasis es a la rutina y el formalismo y solo se varía de esto en ocasiones especiales y en señaladas festividades? Y siendo el caso, que esta rutina y formalismo, incluye también a sus oraciones, que a menudo o se salmodian o recitan de un devocionario, con monotonía insulsa; aunque muchísimas personas, especialmente dentro de la cristiandad y que desde la niñez jamás han conocido otra clase de servicio religioso, es posible que no pongan en tela de juicio esto o lo encuentren anormal. A los que están acostumbrados a ello, probablemente esto les suministra una satisfacción emocional, ya que todo está diseñado con ese fin, incluso el edificio, la música y la indumentaria y que a menudo resulta en cierto misticismo, todo lo cual en conjunto crea un ambiente de exaltación emocional y serenidad; y esto para ellos, es sinónimo de haber estado en contacto con cosas sagradas...... en definitiva, con otro mundo más elevado.

Y claro, cuando se trata de oraciones individuales ¿no son afectadas estas a menudo por las mismas características, debido a que los que las rezan han sido enseñados a hacerlo así desde la niñez? Al pequeño se le enseña a repetir ciertas palabras como oración a la hora de las comidas o cuando se va a acostar, así como a menudo los adultos adoptan el mismo método, leyendo rezos de un libro o aprendiéndolos de memoria, acompañado esto posiblemente con el contar las cuentas de un rosario o algún otro formalismo, como el uso de una rueda de oración. Esto y partiendo de la base que al llevarlo a cabo, la persona lo hace con toda sinceridad, nos podría llevar a plantearnos la siguiente cuestión: ¿es eso realmente orar en el sentido verdadero de la palabra? Y es que quizás le suministre un cierto sentido de satisfacción al individuo que así procede...... pero ¿le agrada eso a Dios? ¿Dice Él que oirá y contestará cualquier forma de oración, con tal que sea pronunciada con reverencia? ¿Nos deja Jehová decidir a nosotros lo que es acepto en cuanto a esto? Además, colectivamente ¿tiene alguna organización religiosa, prescindiendo de lo grande y antigua que sea, el derecho de decidir tales asuntos por su propia autoridad y confiando fuertemente en la tradición, como a menudo sucede?

Porque vamos a ver, ¿cuándo usted tiene una pena, algún problema o algo que tenga necesidad de contar a alguien y se encuentra con su amigo o amiga del alma, en quien sabe que puede confiar, cómo se lo explica? ¿No es cierto que usted le abre su corazón, contándole eso que le está causando daño? ¿No es cierto además, que espera encontrar comprensión y hasta al grado posible, un poco de ayuda? Pues enhorabuena, querido amigo o amiga, porque acaba usted de encontrar la forma correcta de orarle a su Creador; porque el orar a Dios, no es más que abrirle nuestro corazón y contarle aquello que nos perturba y porque no, también aquello que nos hace felices y deseamos agradecerle. El orar a Jehová, no es más que el simplemente hablarle, confiando con todo su corazón que Él le/a está escuchando. Porque esto entre otra cosas, es lo que significan las palabras antes consideradas de que “llega a ser remunerador de los que le buscan.” (Hebr. 11:6).

Pero ¿que pedirle, verdad? Y es que necesitamos tantas cosas…... pero fíjese qué Jesús nos enseñó qué pedirle, cuando dirigiéndose a una multitud y en el contexto de lo que se ha dado en llamar “El sermón del monte”, nos expuso un “modelo” de oración, cuando dijo lo siguiente:

Ustedes pues, tienen que orar de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra. 11 Danos hoy nuestro pan para este día; 12 y perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo.” (Mateo 6:9-13).

Pero fíjense bien en las primeras de ese conjunto de peticiones, porque tienen un gran interés para todos nosotros: “…... santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra.” Después de pedir la santificación del nombre de Dios, como la cosa de más importancia, note que nos enseñó a pedir: venga tu reino. ¿Y qué significa esto? La pregunta viene a cuento, porque aunque esta oración conocida como el “Padrenuestro”, no es más que un modelo o esquema a seguir, los innumerables miembros de la cristiandad la han aprendido desde niños y la recitan a diario y de carrerilla, aunque pocos de ellos si acaso alguno, saben en realidad lo que están pidiendo.

Porque ¿de qué nos estaba hablando Jesús? Pues de aquello que fue el principal objetivo de su primera venida a esta tierra, tan necesitada de un gobierno justo:

Pero él les dijo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado”.” (Luc. 4:43).

Porque eso es lo que el Reino de Dios significa: una gobernación que dirigirá los asuntos de la tierra, durante un período de mil años literales y en donde se alcanzarán de manera permanente, todas aquellas bendiciones que disfrutaron en un principio nuestros primeros padres Adán y Eva. Ellos vivían en una paz absoluta y ni siquiera los animales significaban un peligro para ellos; no conocían la enfermedad y muchísimo menos algo parecido a la muerte, ya que ellos tenían la perspectiva de vivir eternamente y lo cual obviamente, significaba que sus cuerpos perfectos no envejecían, sino que habiendo alcanzado su máximo vigor y plenitud, continuarían para siempre así; y lo que es más importante, tenían una total comunicación y perfecta relación con su Dios y Creador. Pues bien, a grandes rasgos, esa es la recompensa que recibirán todos aquellos que busquen con solicitud a Jehová. No obstante, para más información y si nos lo permiten, les recomendamos leer nuestro anterior artículo: El milenio...... ¿solo un sueño? y en donde nos extendemos un poco más acerca de lo que va a ocurrir allí.

Y eso y no otra cosa, es aquello que tenemos que buscar encarecidamente. El escritor del libro de Hebreos, mencionó lo siguiente:

Mas ustedes se han acercado a un monte Sión y a una ciudad del Dios vivo, a Jerusalén celestial..….” (Heb. 12:22).

Aquí y en ese momento, dicho escritor se estaba refiriendo a aquellos que en un futuro tenían que acompañar a Cristo como miembros asociados en esa gobernación milenaria. Pero nosotros nos vamos a quedar con la ubicación de ese gobierno celestial, o sea, sobre el monte Sión y en la ciudad de Jerusalén; y es que lo de celestial, no quiere decir que esté en el cielo, sino que no procede de hombres, sino de Dios. Y es que tiempo después, al apóstol Juan y en una visión que recibió durante la Revelación, se le mostró lo siguiente, según él nos lo relata:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.” (Rev. 14:1).

Lo que Juan vio por anticipado, fue el cumplimiento de esas palabras de Hebreos, o sea, la instauración del Reino de Dios aquí en la tierra y en el lugar donde siempre había estado: en la tierra de Israel y en su ciudad capital, Jerusalén. Y recuerde, lo que Juan vio, fue la profecía ya cumplida, lo cual significa que todo lo escrito, sencillamente se cumplirá.

Por lo tanto apartémonos del mundo con sus engañosas promesas y no nos dejemos seducir por falsas apariencias; como Jesús dijo en su momento, dicho mundo está bajo el poder de Satanás y todo lo que de él provenga, no tiene más objetivo que apartarnos de la posibilidad de conseguir el acceso a ese nuevo mundo por venir. Y no olvide, que Dios tiene un propósito y lo va a cumplir, prescindiendo de lo que crea o haga el ser humano en cuanto a ello...... y si usted no entiende eso tan sencillo, quizás probablemente mientras ha estado leyendo este artículo, lo único que ha hecho ha sido perder el tiempo lamentablemente. Y si algo ya no le queda a este sistema mundial, tal como lo conocemos y padecemos actualmente, es precisamente eso, tiempo. Por lo tanto, es nuestro deseo que utilice el suyo de la manera más provechosa posible: continúe leyéndonos, contraste si lo que le decimos está de acuerdo o no con las Escrituras y tome la mejor decisión para usted y sus seres amados. Porque no olvide que con nosotros o sin nosotros, Jehová llevará a cabo su promesa de dar su recompensa “a los que le buscan encarecidamente.”

MABEL

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