miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Y por qué tenemos que creerles?

Según un reciente artículo publicado por Apologista Mario Olcese, bajo el título de “Yo soy un ungido…. ¿y usted?” y que es el mismo que publicó el 19 de Enero de 2008 (con otro título), el amigo Mario se reafirma en la idea de que es un “ungido” y que nos permitimos recordarles a nuestros queridos lectores, que eso eleva a uno a la categoría de Hijo de Dios, por tanto hermano de Jesucristo y consecuentemente, heredero/co-gobernante en el Reino y por si ello fuera poco, la inmortalidad como propina. Como pueden ustedes apreciar, por pedir que no quede; pero nosotros que somos los “pepito grillo” de esta historia y que en más de una ocasión, desde este blog le hemos rebatido dicha afirmación, le continuamos planteando la misma cuestión: ¿nos lo puede demostrar? Porque claro, pensamos que semejante suceso y por la tremenda importancia del mismo, evidentemente precisa de algo más tangible que una mera afirmación personal. Y eso no significa que dudemos de lo honesto de su convicción, que no es el caso; sencillamente afirmamos que no existen a día de hoy personas enviadas por Dios sobre la tierra y que es lo que significa básicamente ser un “ungido” (una persona enviada por Dios, con un propósito determinado), ya que de ser ello así y como así ha sucedido siempre, según el registro bíblico, tendrían que haber manifestaciones visibles del poder de Dios. Pero por otra parte si le pedimos que nos pruebe su supuesta condición, tampoco le estamos pidiendo algo del otro jueves, sino que sencillamente lo que hacemos es seguir su ejemplo. Porque vean la pregunta y subsiguiente planteamiento, que hacía dicho caballero en el último párrafo del artículo “¿Quiénes son los 144.000 de Apocalipsis 7:4 y 14:1?” del 25 de Abril del 2007 y que reproducimos tal cual:

¿Cómo sabe un "T.J" que es un miembro de los 144,000 y no de la "GRAN MULTITUD" y viceversa? Bueno, aquí aparece el subjetivismo puro. Yo, como ex-"T.J", me hacía la misma pregunta. Una vez le pregunté a uno de la clase de la Iglesia o de los 144,000, lo siguiente: ¿cómo sabe usted que es de la clase ungida?, y me contestó: “Yo siento un llamado celestial" o "Mi corazón me dice que mi paradero final y eterno está en el cielo y no en la tierra". ¡Punto final! Caramba dije: ¡qué fácil es saber si uno es miembro de la iglesia! Como si nuestro destino final dependiera de lo que a uno le guste o le parezca. Los más de los "T.J" dicen no sentir el deseo de vivir en el cielo sino en la tierra. A éstos les corresponde vivir en la tierra, pues así lo han decidido ellos en su corazón. ¡Qué tontería! ¿Acaso se han olvidado los "T.J" que engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; y quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). ¿Acaso no recordamos que el Diablo suele usar "el corazón" de los hombres para engañarlos? (Ver Juan 13:2). Por tanto, debemos basarnos en lo que realmente dice la Biblia sobre algún asunto, y no en nuestras propias elucubraciones.”

Sin embargo y muy a pesar de lo afirmado en esa última frase del citado párrafo, acerca de lo necesario de basarse en lo que dice la Biblia sobre el asunto y no según propias elucubraciones para determinar uno su condición (digamos espiritual), veamos una afirmación del Sr. Olcese, categórica donde las haya y que encontramos en el artículo “No toquéis a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas” (párrafo tres), del 7 de Septiembre de 2007 y que de nuevo, transliteramos tal cual:

Yo soy un UNGIDO del Señor, y nadie debe o puede tocarme a mí, o a usted, si en verdad es un cristiano, sin tener luego que pagar un precio muy caro. Yo me considero un UNGIDO del Señor, y si usted no se considera así, entonces usted no ha entendido lo que significa ser un cristiano o un ungido.” (Negritas nuestras).

Luego y resumiendo, lo que el Sr. Olcese nos viene a decir, es que él se considera a sí mismo un ungido y si no nos lo creemos…… pues eso, que nos den; porque resulta que el problema está en nosotros, que no entendemos nada de nada. Y nos tendrá que reconocer dicho caballero, que cómo mínimo y por aquello de ser suaves, es víctima del mismo subjetivismo que les imputa a los ungidos de los TJ, porque ¿cómo ha averiguado él, de forma tan convincente, su condición de “ungido”? Es cierto que él afirma estar convencido de su pertenencia, pero ¿no le podría engañar su corazón lo mismo que, según dice, les ocurre a los TJ? Porque estos, les aseguramos a ustedes, tienen el mismo convencimiento personal que el Sr. Olcese y que por otra parte, no hay razón objetiva alguna para dudar que ello sea así. ¿O es que a él no le aplican las palabras de Jer. 17:9 y su corazón está “blindado”, frente a un engaño potencialmente perverso? ¿O quizás inmune, a las peligrosas maquinaciones del diablo? Si Satanás ya consiguió influir en el corazón de un discípulo directo de Jesús, según Juan 13:2 (y solo citamos textos que él mismo usa), ¿se cree a salvo de dicha maligna influencia el Sr. Olcese? Porque claro, el que dicho caballero se considere a sí mismo, como depositario de semejante privilegio (ser un “ungido”), lo pone exactamente en la misma posición que los TJ (entre otros) y que de forma tan vehemente critica. Porque debemos de tener en cuenta, por otra parte, que aunque nos diga apoyarse en las Escrituras para llegar a semejante convencimiento, no es menos cierto, que los textos que usa el Sr. Olcese para avalar su afirmación de pertenencia, son exactamente los mismos que usan los miembros supuestamente “ungidos” de dicha organización, secta o como quieran llamarla y de la que, dicho sea de paso, los dos autores de este blog fuimos miembros por más de treinta años cada uno, por lo que fíjense si sabremos de qué les estamos hablando. Luego y resumiendo ¿por qué tenemos que creerle a él y a los TJ no?

Por otra parte ¿en que basa Apologista su arriesgada afirmación de que si uno no se considera un “ungido”, es porque no ha entendido lo que significa ser cristiano? ¿Nos podría explicar el Sr. Olcese, qué realmente significa para él, el ser cristiano? Porque no está nada claro, ese argumento que se desprende de su afirmación, en el sentido de que la palabra “cristiano” tenga el mismo significado que la palabra “ungido” y que, aseveramos nosotros, se parecen como un huevo a una castaña. Porque además con su planteamiento, está afirmando que aquellas personas que no nos consideramos como “elegidos” por Dios, para tan alto privilegio de gobernar con su Hijo en el reino, no nos hemos enterado de la película, acerca de lo que significa ser cristiano ¿o no es así? ¿No será tal vez, que el que no se ha enterado de qué va la cosa, es el propio Sr. Olcese? Porque la realidad, es que la citada afirmación del caballero en cuestión, acerca de su pertenencia al grupo de ungidos (o miembros de la Iglesia de Cristo) y a tenor de los dos párrafos de su autoría que hemos transliterado, de ninguna manera es más creíble que la de cualquier otro, sea TJ o no; a menos eso sí, de que nos lo pueda probar de una manera razonable. Y que por otra parte, por supuestísimo que puede haber seguidores de Jesucristo, o sea, cristianos, sin necesidad de ser “ungidos”. Es más, estamos en condiciones de afirmar y para conocimiento del Sr. Olcese, que ese estado de “no ungimiento”, es la condición natural del cristiano y que lo excepcional, es ser un “elegido” o “escogido” y que es lo que realmente significa el término “ungido”. O sea, exactamente todo lo contrario de lo que cree y enseña el Sr. Olcese.

Pero volviendo a lo de poder demostrarlo, una forma de hacerlo, sería probar que en su caso se hacen realidad las siguientes palabras de Jesús:

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado será salvo, más el que no crea será condenado. 17 Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas, 18 y con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán.” (Mar. 16:15-18).

Y eso, al menos y hasta donde sabemos, algo que no está al alcance del Sr. Olcese pero que sin embargo, queda claro que eso fue lo que dijo precisamente Jesús y que por lo tanto, se debiera de requerir de aquellos que afirman ser sus “ungidos”. Y es que no debemos olvidar, que esas fueron sus últimas palabras (según Marcos) antes de ascender al cielo y que hasta donde nos consta, no han sido rectificadas. Luego, si continúan estando en vigor y esas muestras de poder, nadie alcanza a poderlas manifestar, pues nadie a día de hoy y por mucho que lo afirme e intente convencernos de ello, es un “ungido” de Dios. Entonces, ¿cómo solventan esta “pequeña” cuestión, las personas que se consideran como tales, en este caso el Sr. Olcese?

Pues diciendo que hoy día, ya no hacen falta dichas manifestaciones poderosas para probar la condición de uno como escogido de Dios y la cual afirmación, ¡faltaría más!, es en lo único en que están de acuerdo los distintos “ungidos” de todos los sectores. Pero curiosamente de estas palabras de Jesús, al parecer para ellos ya obsoletas, lo único que no han considerado prescrito, es aquello que sí les interesa y que está contenido en el versículo 16: “El que crea y sea bautizado será salvo…...” Y eso sí se lo aplica el Sr. Olcese (y compañía), como ha reflejado en sus artículos hasta la saciedad; pero claro, se le olvida que Jesús inicia el siguiente verso 17 diciendo que las citadas señales acompañarían a los que creyeran y afirmación que tiene cierto parecido a lo que en física se denomina, reacción causa/efecto. Luego un verso (el 16) es consustancial con el otro (el 17), ya que ambos están estrechamente relacionados: entonces, o está en vigor el contenido de todo el pasaje, o no lo está dicho pasaje al completo. Entonces si hay actualmente creyentes verdaderos (entiéndase ungidos), tienen que existir las citadas manifestaciones de poder señaladas por Jesús y si no se pueden dar dichas manifestaciones, es que a día de hoy no existen personas ungidas: tan simple como eso. Y permítasenos repetir la idea de que puede haber cristianos, sin necesariamente tener que ser “ungidos”, circunstancia que no hay que olvidar para poder entender correctamente muchas de las cosas que nos dicen las Escrituras y no liarnos, como desafortunadamente suele ocurrir con algunos no demasiado versados en el tema, víctimas de esas más que dudosas afirmaciones.

Pero es que aun aceptando ese planteamiento, o sea, el no necesitarse de tales manifestaciones de poder para ser reconocido uno (o una, por supuesto) como persona “ungida”, según las Escrituras todavía quedaría algo que les puede ayudar a identificarse como tales y que lógicamente, deberíamos de exigirles. Vean que nos lo explica el propio Sr. Olcese en el primer artículo señalado y objeto de este debate, en su quinto párrafo y que en parte dice lo siguiente, también transliterado tal cual:

Ahora bien, “Ungidos con el Espíritu Santo” resalta otras bendiciones colaterales que Dios nos añade cuando nos entrega el Espíritu Santo, PERO LO MÁS IMPORTANTE ES QUE NOS GUÍA A LA VERDAD (Ver Juan 16:13). NADIE PUEDE SER GUIADO A LA VERDAD SIN EL ESPÍRITU OBRANDO EN ÉL.” (Negritas nuestras).

Luego uno tendría que estar de acuerdo, tras esta declaración de parte, que toda afirmación sobre temas bíblicos que de esas personas procediera, tendría que ajustarse perfectamente a la verdad escritural y sin alterar en absoluto su sentido o significado, ya que en definitiva serían guiadas por el único y mismo espíritu que guió a los que la escribieron. Por lo tanto y ya pensando que el Sr. Olcese tendría que estar de acuerdo, en aquello que el mismo publica, vamos a continuar por ese camino que él nos ha marcado. En el citado artículo del 25 de Abril de 2007 y en su párrafo cinco, se nos dice literalmente lo siguiente:

Otro detalle: Los "T.J" sostienen que la GRAN MULTITUD ("las otras ovejas") tienen un destino terrenal, en tanto que los 144,000 tienen un destino celestial (Ver "Esto Significa Vida Eterna", págs.237 y 238). Pero la Biblia es clara cuando dice que ambos grupos están FRENTE AL TRONO Y FRENTE AL CORDERO (Apocalipsis 7:9-15 y Apocalipsis 14:1-5). Pero los "T.J" sostienen que estar frente a Dios y frente al Cordero puede tener una connotación simbólica de "aprobación" en el caso de la GRAN MULTITUD, y no necesariamente que estén literalmente frente a Dios como si sucede con los 144,000.”

O sea, que según el Sr. Olcese, el supuesto espíritu de verdad que como “ungido” posee, le dice que la Biblia es clara cuando dice en los citados textos, que ambos grupos están literalmente frente al trono en el cielo. Pero resulta que la cosa de ninguna manera parece estar tan clara, nos permitimos señalarle, porque sencillamente la Biblia y más concretamente en esos dos textos, no dice absolutamente nada de eso. Y pese a que Apologista cita en el párrafo transcrito, de Rev. 7 y 14, es en este último capítulo 14 en donde comete el error de situar a los 144.000, posicionados ante el trono, porque sencillamente lo lee mal (no encontramos otra explicación) y lo cual demuestra que lejos de estar guiado por el espíritu de verdad que debería de caracterizar a un “ungido”, lo que al menos aparentemente resulta ser, es un “falso maestro”, porque ya nos contara cómo llega a semejante conclusión. Y es que la Biblia de ninguna manera y en ningún sitio, sitúa a los 144.000 ni a la gran muchedumbre físicamente delante del citado trono y en el cielo; luego ya tenemos la primera discrepancia, entre el espíritu que supuestamente obra en el “ungido” Sr. Olcese y el espíritu que guió a los escritores bíblicos. Porque tengamos en cuenta y para no perdernos, que la revelación a Juan tenía como propósito el explicarle, mediante visión, aquellas cosas que en un futuro tenían que acontecer aquí en la Tierra, no en el cielo. Y básicamente, desde el capítulo seis y en que todo lo que se nos narra a partir de ahí, o bien ocurre en la tierra, o bien desde la perspectiva de la tierra. Veamos en primer lugar, Rev. 7:9:

Después de estas cosas vi y, ¡miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de largas ropas blancas; y había ramas de palmera en sus manos.”

Noten por favor, que nada en este pasaje, nos indica que esta presencia delante del trono, ocurra en el cielo. Y es que no tiene por qué ser necesariamente así, dado que hay infinidad de textos que nos muestran que todos constantemente y aun estando físicamente sobre la tierra, estamos delante del Trono de Jehová, como reconoció el propio escritor de Hebreos (4:13):

Y no hay creación que no esté manifiesta a la vista de él, sino que todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas (personas incluidas) a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Acotación nuestra).

Y por si no le parecen demasiado concluyentes esas palabras, veamos que dice el propio Jehová:

¿O puede cualquier hombre estar ocultado en escondrijos y yo mismo no verlo?”, es la expresión de Jehová. ¿No lleno realmente yo mismo los cielos y la tierra? es la expresión de Jehová? (Jer. 23:24).

Luego es obvio que todos y de forma objetiva, estamos permanentemente delante Jehová sin necesidad de movernos de esta tierra, como es el caso que nos ocupa. Y conste, repetimos, que hay innumerable cantidad de textos que nos transmiten dicha idea y lo cual nos permite señalarle al Sr. Olcese, que eso no lo dicen los TJ, sino que está escrito en la Biblia. Y que la escena relatada de Rev. 7:9, ocurre aquí en la tierra, queda probado cuando más adelante en el versículo 14, se le explica a Juan quiénes son esa “gran muchedumbre” que contempla en la visión:

De modo que le dije inmediatamente: “Señor mío, tú eres el que sabe”. Y me dijo: “Estos son los que salen de la gran tribulación y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

Luego estamos hablando de las personas que pasan con vida a través de la “gran tribulaciónaquí en la tierra y entran directamente al reino milenario de Cristo sin experimentar la muerte, por lo cual no pueden estar en el cielo y que además en ningún sitio se nos dice, ni mínimamente se nos sugiere, que fueran transferidas a dicho lugar, ya que obviamente no pueden estar en él según 1 Cor. 15:50; luego ¿de dónde se saca esta idea? El resto de versos, del 10 al 15, continúan haciendo referencia a los mismos personajes, o sea, a esta gran muchedumbre, si bien para nada nos hablan de los 144.000. Recordemos por otra parte, que en las Escrituras solo en dos sitios, se nos menciona acerca de ese reducido grupo: en Rev. 7:4, en donde se nos da un número o cantidad y en Rev. 14:1-5, en donde se nos dice dónde están y se nos dan algunas de sus características. Luego ahora veamos donde están estos 144.000, según Rev. 14:1-3, que es en los únicos versículos en donde podemos averiguar en qué sitio o lugar se hallan ubicados y versos que vamos a analizar individualmente; pero veamos el verso 1:

Y vi y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen escritos en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre.”

Luego lo que Juan estaba viendo en el momento de esta visión en concreto, era el cumplimiento de las palabras de Jehová, registradas en el Salmo 2:6: “…… diciendo: “Yo, sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña”.” Ahora bien, ¿dónde estaba o está, ese monte Sión? Pues aquí en la Tierra, cerca de Jerusalén y donde en la antigüedad estaba ubicado el trono, llamado de Jehová (1 Crón. 29:23) y en el cual se sentaba un rey delegado, mediante el que Dios gobernaba sobre su pueblo Israel. Pero ¿porque estamos tan seguros de que la acción que estaba contemplando Juan en ese momento, transcurría aquí en la tierra? Pues no solo porque, como hemos dicho, las cosas mostradas a Juan tenían por marco la Tierra, ni siquiera por la ubicación geográfica de dicho monte aquí en la misma, sino por lo que se nos dice el siguiente versículo a considerar, el número 2 y que es muy concluyente:

Y oí un sonido procedente del cielo como el sonido de muchas aguas y como el sonido de fuerte trueno; y el sonido que oí fue como el de cantantes que se acompañan con el arpa, tocando sus arpas.”

Otras traducciones vierten “Y oí un sonido del cielo…...”, pero que tiene la misma connotación: el sonido evidentemente tenía que proceder de un lugar distinto del que estaba desarrollándose la escena contemplada por Juan y que como hemos dicho, era aquí en la tierra. Luego en ese momento y en la profética visión, los 144.000, comandados por Jesucristo, estaban en la tierra y pre-figurativamente ocupando ya su posición como gobierno entrante o en funciones y no en el cielo y que es de donde procedía dicho sonido de cantantes que se acompañaban con arpas. Pero veamos el interesante versículo 3 y que nos lleva a formularnos una lógica pregunta:

Y están cantando como si fuera una canción nueva delante del trono y delante de las cuatro criaturas vivientes y de los ancianos; y nadie pudo aprender aquella canción sino los ciento cuarenta y cuatro mil, que han sido comprados de la tierra.”

Pero ¿quiénes estaban cantando? ¿Quiénes eran esos que delante del trono de Jehová y en el cielo, estaban cantando una canción que solo los 144.000, podían aprender? Porque aquí es donde se produce la confusión, ya que casi todo el mundo mundial, Olcese incluido y a tenor de su afirmación, entiende sin lugar a dudas que los que están cantando son los 144.000. Pero recordemos que en el contexto de dicha visión, ellos se encontraban situados sobre el terrenal monte Sión y el sonido procedía de otro sitio en el que ellos no estaban: del cielo. Luego ellos de ninguna manera, podían estar en el cielo cantando y que eso es lo que nos dice una lectura correcta del pasaje, luego ¿quiénes eran los que estaban cantando delante del trono? Los 144.000 evidentemente no, ya que ellos, repetimos, no estaban en el cielo, sino en la tierra sobre el monte Sión y en el ejercicio de sus funciones gubernamentales, por lo cual y al igual que Juan, como mucho solo podían oírla. Luego ¿quién cantaba? Pues los cantantes que se acompañaban con arpa y que eran los que sí estaban delante del Trono de Jehová y que dicho sea de paso, si usted lee los capítulos 4 y 5 de Revelación y en donde Juan nos explica lo que vio en el cielo, notará que si bien nos habla de las 4 criaturas vivientes, de los 24 ancianos a su alrededor y de un sinnúmero de ángeles alabando al Creador, de ninguna manera Juan, que tan meticuloso es en explicarnos la apariencia de esos personajes y detalles adyacentes, nos dice absolutamente nada de los 144.000, ni de la gran muchedumbre como grupos diferentes situados frente al trono: sencillamente, no los vio porque no estaban allí, de lo contrario se trataría de un olvido imperdonable.

Y es que una cosa es lo que Juan vio en el cielo y otra muy distinta, las cosas que le mostraron y que tenían que ocurrir en la tierra. Pero es que por otra parte, resulta que los 144.000 de ninguna manera podían estar cantando dicha canción, como dicen los “entendidos”, por la sencilla razón de que no la conocían, ya que el texto nos dice claramente que ellos eran los únicos que podían aprenderla. O sea y para aclarar la idea, ellos estaban aprendiendo la canción que otros y en otro lugar, estaban cantando. Y ya puestos a ir más allá, resulta que según Rev. 5:8-10, los que están cantando son los cuatros seres vivientes y los 24 ancianos y coro al que posteriormente, se añaden las miríadas de miríadas de ángeles que también están alrededor del trono. Sin embargo y en ese contexto, el más absoluto silencio acerca de los 144.000 o la “gran muchedumbre”, uniéndose a ese coro celestial. Es más, una lectura atenta y analítica de los versículos 13 y 14 de ese capítulo cinco de Revelación, nos muestra lo disparatado de la interpretación del Sr. Olcese.

Luego evidentemente, de ninguna manera nos dicen los pasajes de Rev. 7:9-15 y 14:1-5, nada que tenga que ver con la presencia literal y física ante el trono de Jehová en el cielo, del grupo de los 144.000 ni de la gran muchedumbre y lo cual nos lleva a concluir, que Mario Olcese está en un grave error. Porque todo, absolutamente todo lo que ocurre en el libro de Revelación y que tenga relación con la tierra, tiene por escenario a la misma tierra. Y es grave, porque si ello es así como nosotros afirmamos, está enseñando algo que no es verdad y por lo tanto, el citado espíritu de verdad no está obrando en él, por lo que solo podemos concluir, que no es un “ungido”, por mucho que él nos lo asegure. Porque recordemos su propia afirmación: “Nadie puede ser guiado a la verdad, sin el espíritu obrando en él.” Luego si la interpretación y posterior razonamiento por él expuesto, de los citados textos de Rev. 7:9-15 y 14:1-5, no se ajusta a la verdad y evidentemente no lo hacen, es prueba concluyente de no tiene dicho espíritu obrando en él, porque está diciendo lo contrario de lo que dice la Biblia; luego blanco y en botella: no puede ser un ungido, sino que es un impostor. Y que quede claro que no le damos al término “impostor”, ninguna connotación peyorativa, sino que simplemente nos referimos a la persona que dice ser algo que realmente no es; y sin que ello signifique, por supuestísimo, la existencia de mala fe o mala intención y de lo que estamos completamente seguros que no es así.

Pero por si acaso nos equivocáramos en nuestra conclusión y que todo podría ser, hay que concederle como mínimo, el beneficio de la duda y darle la oportunidad de que nos muestre a todos, su capacidad de interpretación de las Escrituras y que, según Juan 16:13, toda persona ungida debe de poseer y algo en lo que el Sr. Olcese estará de acuerdo, ya que el texto citado lo saca a colación él mismo. Veamos entonces: ¿nos podría explicar D. Mario, en que resurrección, será levantado Juan el Bautista? Si realmente es un “ungido” o miembro de la Iglesia de Cristo, no debería de tener ningún problema en respondernos a dicha cuestión, como en su día no lo tuvieron Pedro, Pablo, Juan, etc., para resolver distintas objeciones que les fueron presentadas (sobre todo a Pablo) y que por supuesto, disfrutaban del mismo espíritu de verdad ¿no es así? Porque vale que el Sr. Olcese nos diga que las obras poderosas ya no son necesarias, puesto que la verdad está perfectamente establecida por la completa Escritura y que no precisa por tanto, de señales poderosas que la acompañen. Hasta ahí y con un cierto esfuerzo por nuestra parte, podríamos llegar; pero eso es una cosa y otra muy distinta, que el que afirma ser un “ungido” no tenga que demostrarlo; por lo tanto y como mínimo, algo tendrá que hacer para que nos podamos creer su afirmación de pertenencia al grupo ungido, ya que su única y personal afirmación no nos vale. Y es que resulta y esta es la gravedad del asunto, que hay una gran diferencia entre creerse una enseñanza de un “ungido” contrastado y reconocido por Jehová como tal, que nos hable en Su nombre y guiado por el espíritu de verdad y que en consecuencia, nos podamos creer lo que nos dice (como por ejemplo Pablo), a creernos la de cualquiera que en un momento dado le da la ventolera de afirmar su ungimiento y que sin poseer dicho espíritu, nos enseñe cualquier barbaridad, como es el caso.

Porque vamos a tener que recordarle al Sr. Olcese la máxima bíblica de que “…… por boca de dos o tres testigos, sea establecido todo asunto” (Mat. 18:16) y que por lo tanto, su único testimonio no es suficiente. Y es que el primero en aplicarse a sí mismo dicha regla y precisamente para probar su “ungimiento” como Hijo de Dios, fue el propio Jesús con estas palabras:

Si yo solo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.” (Juan 5:31).

Luego, estará de acuerdo con nosotros el Sr. Olcese, en el sentido de que Jesús lo podría haber dicho más alto, pero más claro imposible; por ello y a pesar de que ya tenía el testimonio de su Padre Celestial por una parte (Luc. 3:22) y tuvo el del propio Juan el bautizante por otra (Juan 1:34), no contento con eso, aportó el de sus obras poderosas:

Pero yo tengo el testimonio mayor que el de Juan, porque las obras mismas que mi Padre me asignó realizar, las obras mismas que yo hago, dan testimonio acerca de mí, de que el Padre me despachó.” (Juan 5:36).

Y conste que estamos hablando ¡del hijo de Dios! nada más y nada menos; sin embargo, el Sr. Olcese incomprensiblemente pretende que nos creamos lo de su ungimiento, sencillamente con su simple afirmación y para más inri, a pesar de haberles criticado a los presuntos “ungidos” de los TJ, tal como hemos leído, el hecho de pretender lo mismo...... y no nos negarán que la cosa tiene guasa. Por lo tanto, algo tendrá que hacer para convencernos y lo menos que podría hacer para ello, pensamos nosotros, es explicarnos con claridad las Escrituras y despejarnos cualquier duda que podamos tener acerca del registro sagrado, ya que eso va implícito en el mandato de Jesús de predicar el reino y al que como supuesto “ungido”, no se puede negar. Dicho lo cual, repetimos la pregunta que tiene que ver con un tema que no tenemos nada claro: ¿en qué resurrección será levantado, Juan el Bautista?

¿Y porque precisamente esta pregunta? Pues porque responda lo que responda, quedará probado que efectivamente no es un “elegido” o ungido y que significa lo mismo. ¿Y por qué, diga lo que diga, quedará probado que no es un “ungido? Bien, si nos lo permiten, eso se lo explicaremos cuando el Sr. Olcese nos responda a dicha pregunta, cosa que puede hacer en tan solo dos renglones…… si nos la responde, claro. El Dr. Javier Rivas Martínez, “erudito y maestro bíblico”, según se auto-define en sus blogs, fue incapaz de hacerlo.

MABEL

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