jueves, 4 de junio de 2015

¿De qué “paraíso” nos habla Pablo…… en 2 Cor. 12:4?


Las Escrituras o La Biblia, como ustedes prefieran, inician con una historia que tiene que ver con los orígenes del ser humano en la tierra y conocida en casi todo el mundo cristiano (aunque muchos son los llamados “cristianos” que la considera un mito), en la que se nos relata que nuestros primeros padres, Adán y Eva, tuvieron como primera residencia lo que se ha dado en llamar “el paraíso” y que posteriormente perdieron, debido a la desobediencia al mandato impuesto por su Creador. Y ya saben ustedes de que va la historia: que si el “arbolito” del que no se podía comer; que si el pendón “verbenero” de Satanás enredando por allí; que si el “gusanillo” plantado por dicho sujeto en la mente de la curiosa Eva; que si no comes tú; que si nos han dicho que no comamos; que si solo es un “mordisquito” de nada; que no Eva, que se nos va “a caer el pelo”; que si ya no me quieres como antes…… y todas esas cosas con las que se encuentra un hombre cuando tiene una mujer a su lado. En definitiva, que al “calzonazos” de Adán le pudieron más las curvas de la fémina, que la advertencia de Jehová acerca de las fatales consecuencias de comer el fruto del dichoso “arbolito”…… ¿o de dónde se creen ustedes, entonces, que salió ese dicho tan español (perdonen lo escatológico del mismo) de que “tiran más dos tetas, que dos carretas”? Ya se sabe, por otra parte, que a la mujer se la llama el sexo “débil” porque es la “debilidad” del hombre y hecho que quedó claramente constatado, en lo ocurrido en ese paraje idílico identificado en las Escrituras, generalmente, como “el jardín de Edén”…… en todo caso, se montó la que se montó y aquí estamos sus descendientes “con estos pelos”, sufriendo las consecuencias de los devaneos de nuestros primeros padres con el “arbolito” de marras.

Ya poniéndonos en plan más formal (habrá que echarle un poco de “alegría” al asunto), lo que quizás no saben muchos miembros de la cristiandad, es que la coloquial expresión “paraíso” se deriva del griego “pa•rá•dei•sos” y que no significa otra cosa que un jardín o un parque hermoso y bien cuidado, llamado también “jardín de Dios” ya que Éste lo plantó, o bien “jardín de Edén” en referencia a su lugar de ubicación (Ezeq. 28:13). Jardín o huerto (como también vierten algunas traducciones), que aparte de su belleza se caracterizaba porque en él solo existía la perfección, tanto en la flora como en la fauna, eso es, el llamado medioambiente y por supuesto, en el propio hombre; por lo que en ese momento éste no conocía ni de enfermedades, ni de vejez, ni de la muerte que nos azotan desde el momento en el que se produjo el pecado…… en cualquier caso, jardín de perfección, del que nuestros primeros padres fueron expulsados por su desobediencia. Luego cuando hablamos de retornar al paraíso, no estamos hablando de algo místico o sobrenatural y ubicado en las regiones celestiales, sino sencillamente de un retornar de la tierra y todo lo que esta contiene, a la condición de total perfección que existía dentro de ese “terruño” situado en lo que hoy conocemos como Oriente Medio (concretamente y según expertos en el tema, más o menos en el espacio de terreno en el que hoy confluyen las fronteras colindantes de las actuales Turquía, Irán e Irak) y en el que fueron creados nuestros primeros padres y del que fueron posteriormente expulsados.

Por lo que no hay que deificar el término “paraíso” y que es lo que hacen muchos, pues este no era más que el modelo de lo que se pretendía llegara a ser toda la tierra…… luego queda claro que lo mollar del asunto está en la mencionada condición de total perfección que reinaba en dicho entorno y cuyo máximo exponente era el ser humano; de hecho, ese término “paraíso” como referencia a ese entorno de perfección solo aparece tres veces en las Escrituras, mientras que el resto de ocasiones en las que se alude a dicho enclave, se lo menciona como “el jardín de Dios” o el “jardín de Edén”. La primera de ellas la encontramos en Luc. 23:42-43, en donde un Jesús agonizante respondía a la petición que un malhechor ajusticiado a su lado, le acababa de formular:

Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso.”

Parece obvio, entonces, que el Hijo de Dios y que algo sabría del asunto, en su respuesta estableció con claridad que el reino venidero de Dios es consustancial con la instauración del paraíso y por lo que las dos cosas venían a ser lo mismo o, como se suele decir coloquialmente, que eran las dos caras de una misma moneda; tanto es ello así, que la idea que existía en tiempos de Jesús acerca de dicho paraíso y supuestamente conocida por el malhechor en cuestión (de lo contrario no se entendería su petición), tenía que ver con un lugar o entorno físico, sin enfermedades, vejez o muerte y donde en un futuro los hombres volverían a vivir en paz y felicidad (Sal. 37:11), hasta que llegara el día final y en el que Dios juzgará a todos…… y poder estar en ese lugar, era lo que le pedía el malhechor al Hijo de Dios y al que éste tranquilizó, con las palabras del pasaje citado.

Otro lugar donde nos encontramos con la expresión “paraíso” es en 2 Cor. 12:4 y en palabras del apóstol Pablo:

“…… que fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inexpresables que no le es lícito al hombre hablar.”

Ya en tercer lugar, el que encontramos en Rev. 2:7 y en dónde se lee como sigue:

El que tenga oído, oiga lo que el espíritu dice a las congregaciones: Al que venza, le concederé comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.”

Y dado que el significado de este último pasaje tiene menos que ver con lo que pretendemos plantear (realmente, solo establece la idea de la inmortalidad de la que gozarán aquellos que tienen que reinar con Cristo), vamos a centrarnos en el segundo de los mencionados y que es utilizado por algunos que se las dan de “teólogos”, para apoyar la disparatada idea de que contrario a la promesa del Hijo de Dios al malhechor que agonizaba a su lado y en el sentido de que estaría en el paraíso en que sería convertida la tierra durante su reinado de mil años, afirman que dicho paraíso no será restaurado durante dicho período milenial, sino al término de este…… y que por lo tanto, el paraíso del que le hablo Jesús a su compañero de agonía, tenía que referirse a uno que supuestamente estaba ya en ese mismo momento en el cielo y que al término del reinado milenario de Cristo “descendería” a la tierra y con él su contenido, eso es, todos aquello que en el mismo ya estuvieran residiendo, como sería el caso del malhechor en cuestión si ello fuera realmente así. Y para demostrar la “veracidad” de semejante disparate (ya hay que tener “redaños” para formular semejante planteamiento), señalan al texto de 2 Cor. 12:4 ya mencionado y en el que Pablo hace referencia a un “paraíso” supuestamente situado en el cielo y al que él había sido llevado en una visión…… pero como para entender lo que realmente dijo Pablo en esa porción de su segunda carta, precisamos del contexto en el que colocó sus palabras, leeremos de ese capítulo 12 mencionado, los versos del 1 al 7:

Tengo que jactarme. No es provechoso; pero pasaré a visiones y revelaciones sobrenaturales del Señor. 2 Conozco a un hombre en unión con Cristo que, hace catorce años —si en el cuerpo, no lo sé, o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado como tal hasta el tercer cielo. 3 Sí, conozco a tal hombre —si en el cuerpo o aparte del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe— 4 que fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inexpresables que no le es lícito al hombre hablar. 5 De tal hombre me jactaré, pero no me jactaré de mí mismo, salvo en cuanto a mis debilidades. 6 Porque si alguna vez quiero jactarme, no seré irrazonable, pues diré la verdad. Pero me abstengo, para que nadie me acredite con más de lo que ve que soy u oye de mí, 7 simplemente debido al exceso de las revelaciones (o de las muchas de las que había sido objeto, de parte de Jesucristo).” (Acotación nuestra).

Un error del que parten esos “teólogos” mencionados y que les impide el tener una idea clara de lo que el apóstol estaba explicando, es entender que esa expresión “arrebatado hasta el tercer cielo”, significa que Pablo estaba hablando de cielos superpuestos existentes en el ámbito celestial, e idea que procede del punto de vista de los primitivos rabinos judíos y que afirmaban que habían diferentes niveles en el cielo (hasta un total de “siete cielos” o estratos)…… sin embargo, la realidad es que este punto de vista no tiene ningún apoyo en las Escrituras y por lo que Pablo no podía estar hablando de eso, sino que tenía que estar hablando de otra cosa. Porque cuando en las Escrituras se nos habla de “los cielos”, no se habla de estos como si tuvieran un progresión lineal subdividida en diferentes plataformas o niveles, sino de tres supuestos y que el contexto en el que se encuentra la expresión citada, es el que nos determina si se está hablando del “cielo” que está en la expansión atmosférica de la tierra, del “cielo” del espacio interestelar o del “cielo” como referencia al ámbito de lo espiritual.

De lo expuesto tendríamos que concluir, que en este caso la expresión “tercer cielo” se usaría probablemente para indicar el grado extremo de arrobamiento al que estuvo sometido Pablo en esta visión y ante la magnificencia de lo que le fue mostrado…… al respecto tenemos que resaltar y algo que corroboraría nuestro razonamiento, como ya en las mismas Escrituras ciertas palabras y expresiones se repiten tres veces en pasajes como Isa. 6:3, o Ezeq. 21:27, o Juan 21:15-17 y en Rev. 4:8, con el único propósito de intensificar cierta cualidad o idea y como parece ser en el caso del apóstol. Por tanto, se debería de entender que es lo mismo decir “Santo, Santo, Santo es Jehová”, que decir que Jehová es “tres veces Santo”…… más o menos la cosa es así y para que se vaya entendiendo la expresión de Pablo; de hecho, cuando alguien dice estar en el “tercer cielo”, a nadie se le ocurre pensar que está hablando de un “lugar” determinado, sino que lo que está haciendo es manifestar un “estado” de placer y agradabilidad más allá de lo que es capaz de explicar y lo que nos da una idea de lo que Pablo quería dar a entender.

Establecido este principio y sustentado por el hecho de que en las Escrituras se hace referencia al paraíso, como de un huerto o jardín que Dios plantó en Edén, o sea, en esta tierra que pisamos todos los días, para extenderlo por todo el orbe (material y no espiritual) y como lugar de morada para el ser humano (Sal. 115:16), no se entendería la existencia de “otro” paraíso en los cielos, máxime cuando en el plano espiritual no tiene cabida lo material ¡vamos, que en el cielo no se pueden plantar lechugas y por aquello de decir algo! Luego queda claro, que la expresión de Pablo en el sentido de haber sido llevado a un “tercer cielo”, no significa otra cosa que pasó por un momento de arrobamiento más allá de lo imaginable y del que él mismo siquiera era capaz de asimilar…… pero en todo caso ¿de cuál paraíso, nos hablaba el genial Pablo? Pues sencillamente, del paraíso ya restaurado en la tierra (recordemos que estamos ante una visión sobrenatural), eso es, que en una visión fue trasladado al futuro y en el momento en que el paraíso ya dominaba la tierra; y es que al igual que a Juan se le mostró en visión las cosas que había en los cielos (Rev. 4:11), así como imágenes secuenciales de cosas que tenían que suceder siglos después de ser escritas, a Pablo se le concedió una visión de lo que sería el paraíso ya restaurado en la tierra y lo que en él se producirían. Noten que el apóstol hace mucho hincapié en el hecho de haber recibido “revelaciones” sobrenaturales, eso es, que le fueron mostradas cosas que en un futuro llegarán a ser aquí en la tierra y como es en el caso de la restauración de la condición paradisíaca a la que volverá el hombre durante el reinado milenario de Cristo en ésta…… y cuestión que ya nos lleva a Hech. 3:20-21:

“…… y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, 21 a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo.”

Las cosas de que habló Jehová Dios “por boca de estos profetas de tiempo antiguo” y que según el pasaje leído, tienen que ser restauradas a partir del momento en sea instaurado el reino, son las siguientes y según les hemos reseñado en artículos anteriores…… pero que no está nada mal el recordarlas, por aquello de refrescar la memoria y en las que encontramos, por ejemplo, la restauración física del hombre tal cual era en el paraíso de Adán y Eva:

En aquel tiempo (eso es, a partir del momento en que Jesucristo tome posesión del gobierno del reino de Dios) los ojos de los ciegos serán abiertos y los oídos mismos de los sordos serán destapados. 6 En aquel tiempo el cojo trepará justamente como lo hace el ciervo y la lengua del mudo clamará con alegría...”. (Isa. 35:5-6a). (Acotación nuestra).

También se nos habla del recobro de nuestro entorno medioambiental, incluyendo los parajes más extremos y devolviendo con ello, el planeta a una anterior condición paradisíaca:

“… pues en el desierto habrán brotado aguas y torrentes en la llanura desértica. 7 Y el suelo abrasado por el calor se habrá puesto como un estanque lleno de cañas; y el suelo sediento, como manantiales de agua. En el lugar de habitación de los chacales, un lugar de descanso para ellos, habrá hierba verde con cañas y papiros.” (Isa. 35:6b-7)

Restauración que no sería total, sin la eliminación de las enfermedades:

Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error (recordemos que las enfermedades son resultado del pecado heredado).” (Isa. 33:24). (Acotación nuestra).

Por otra parte, tampoco podríamos hablar de restauración de las condiciones existentes en el paraíso original, si no fuera eliminada la vejez que tanto nos limita y antesala de la muerte:

Que su carne se haga más fresca que en la juventud; que vuelva a los días de su vigor juvenil.” (Job 33:25).

Pero que todo lo dicho quedaría en nada, si no fuera eliminada la muerte y que tampoco existía en el principio:

Él realmente se tragará a la muerte para siempre (eso es, la muerte como tal dejará de existir) y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro (causadas fundamentalmente por el dolor ante tan luctuoso suceso). Y el oprobio de su pueblo quitará de toda la tierra, porque Jehová mismo lo ha hablado.” (Isa. 25:8). (Acotaciones nuestras).

Cumplimiento cabal de ese “tragarse la muerte”, que no sería tal si los muertos no fueran devueltos a la vida y restaurados a las condiciones existentes en el “jardín” o “huerto de Dios”, mediante lo que conocemos como la “resurrección de los muertos”:

Tus muertos vivirán. Cadáver mío... se levantarán. ¡Despierten y clamen gozosamente, residentes del polvo! Porque tu rocío es como el rocío de malvas y la tierra misma dejará que hasta los que están impotentes en la muerte caigan en nacimiento (eso es, que vuelvan a la vida mediante una resurrección).” (Isa. 26:19). (Acotación nuestra).

Todo este conjunto de cosas, la restauración física, la eliminación de las enfermedades, la restauración del medio ambiente, el devolver al hombre la juventud interminable, el eliminar la muerte y el devolver la vida a los que han sido afectados por esta y que es solo una parte de “las cosas” a restaurar, son las que fueron dichas por Jehová Dios por “boca de sus santos profetas de tiempos antiguos” (a ocurrir, repetimos, a partir del momento en que Jesucristo empiece su reinado de mil años) y que en su momento hicieron de esa porción de tierra preparada por el Altísimo para el primer hombre, un “paraíso” o “jardín de placer”.

No obstante y volviendo a las palabras de Pablo en 2 Cor. 12:1-7, alguien nos podría argumentar que lo dicho en el verso 4 de dicho pasaje, pone un poco en entredicho el que realmente el apóstol al hablar del “paraíso” en esa visión o revelación que le fue dada, se refiriera a que en dicha visión fue transferido (en el cuerpo, o fuera de él) a un paraíso “ya restaurado” en la tierra y como nosotros sostenemos, sino que más bien parece que, efectivamente, Pablo estaba hablando de otra cosa, pues veamos qué es lo que se nos dice en dicho verso 4:

“…… que fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inexpresables que no le es lícito al hombre hablar.”

Claro, visto así y desde una posición limitada en cuanto a entendimiento escritural, como es el caso de muchos “expertos” en la materia, cualquiera podría entender que no estaríamos hablando de un lugar que fuera habitable por el hombre (ya que lo que allí se decía no le era lícito a éste hablar), luego tendríamos que estar hablando de otra cosa y que muy bien pudiera ser un paraíso temporalmente establecido en el cielo…… pero claro, cuando empiezas a “rascar” un poquito te das cuenta de que ese paraíso del que hablaba Pablo era la reedición del mismo paraíso que había estado en el principio en la tierra y que merced al pecado, desapareció de sobre ella, porque veamos: la pregunta sería ¿si para el hombre las expresiones que allí se oyeron, eran inexpresables (presumiblemente tan elevadas en pureza que eran inentendibles para este), porque Pablo las oyó, las entendió y de ahí que pudiera decir que no le era propio o “lícito” y por usar el mismo término, al ser humano el hablar de ellas? Dicho de otra manera, que el hombre común no estaba preparado para entenderlas ni ponerlas en su boca; y decimos “hombre común” porque Pablo no era un hombre común, sino que tenía la condición de Hijo de Dios, por tanto el alcance espiritual suficiente como para poder escuchar, entender, aunque no revelar, lo que oyó en ese entorno…… y lo que nos lleva a la segunda cosa que tiene que ser restaurada y de la que muy pocos hablan, pero que es la fundamental y también la más complicada; porque si bien hemos expuesto acerca de la restauración física unos párrafos atrás y que es de la única que nos hablan los profetas, queda pendiente la restauración espiritual y que como hemos señalado, es algo más “complicadilla”.

Y es algo más “complicadilla” que la restauración física, porque mientras esta depende exclusivamente del infinito poder de Jehová Dios, al igual que la resurrección de los muertos, la restauración espiritual dependerá única y exclusivamente de lo que cada uno decida hacer durante esos mil años de gobierno teocrático y cuestión que nos lleva de nuevo a 2 Cor. 12:4, en donde Pablo, recordemos, nos habla de las cosas “inexpresables” o “inefables” (que no se pueden expresar con palabras) que oyó en ese entorno durante su visión de un paraíso ya restaurado y, por tanto, fuera del alcance del hombre imperfecto…… pero entonces ¿en dónde encajaría esa información acerca de una futura restauración “espiritual” en las actuales Escrituras, teniendo en cuenta que su contenido tiene que ver fundamentalmente con las cosas a ocurrir en este “terruño” de nuestras entretelas, eso es, en la tierra y supuestamente, llevada a cabo con hombres manchados por el pecado? Pues sencillamente en algo que leemos en Rev. 20:12 y que tiene que ver con lo siguiente:

Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos.”

La pregunta es ¿qué son esos “rollos”? De entrada, decir que esos “rollos” no son y a diferencia de lo que dicen algunos indocumentados sueltos por ahí, “nuevas leyes” a añadir a las dadas a Moisés (parece que quienes defiende semejante disparate, se les olvida lo dicho en Col. 2:14), sino que son nueva información que se abrirá de parte de Jehová Dios por medio de su gobernación real establecida en la tierra, para conseguir la restauración espiritual mencionada que se llevará a cabo a lo largo de esos mil años con aquellos que sobrevivirán a la “gran tribulación” y con aquellos que posteriormente irán resucitando, algo que se corresponde con lo que se lee en Rev. 7:17:

“…… “porque el Cordero, que está en medio del trono, los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos”.”

Tal “pastorear” y “guiar”, se hará por medio de esa nueva información que nos será dada en los citados “rollos” y en la que uno se tendrá que aplicar durante su estancia en el milenio para poder sacar el máximo rédito posible de los tales, pues de ello dependerá el que uno alcance la vida eterno…… o no; pero veamos un ejemplo de lo que queremos transmitir con nuestro planteamiento: a partir del pecado, Jehová Dios maniobró para que fuéramos “guiados” hasta el mismo umbral del reino de Dios, mediante los “rollos” que conocemos actualmente y a los que llamamos La Biblia; esta información no nos fue dada directamente por Jehová, sino mediante ángeles que la transmitieron a humanos imperfectos escogidos por Dios. Y una vez dicha información entró en el ámbito humano, estos ya la pudieron transmitir a sus congéneres de forma que pudiera ser entendida...... o dicho de otra manera, Jehová Dios transmitió una idea a personas escogidas y a las que permitió asimilarla, para que estos la bajaran ya al plano de la imperfección humana y nos fuera entendible al resto del “personal”.

No olvidemos un detalle que nos permitirá acabar de ver el panorama completo, como es el de que cuando el ser humano fue expulsado del “jardín de Dios”, no solo fue erradicado de ese lugar físico, sino que fue totalmente repudiado por Jehová Dios y apartado de Su Presencia sin solución de continuidad y por ello condenado a muerte eternamente, como se nos expone claramente en el Sal. 49:7-9:

“…… ni uno de ellos puede de manera alguna redimir siquiera a un hermano, ni dar a Dios un rescate por él; 8 y el precio de redención del alma de ellos es tan precioso que ha cesado hasta tiempo indefinido, 9 para que todavía viva para siempre y no vea el hoyo.”

Recordemos que lo que se había perdido era una vida perfecta y según la ley de Dios (Éxo. 21:23-24), para recuperar dicha condición había que pagar un precio equivalente, eso es, otra vida humana perfecta y lo que hacía del precio algo totalmente impagable, pues los descendientes de Adán al nacer bajo el pecado, por tanto “imperfectos”, quedaban por debajo de lo exigido y lo que colocaba al ser humano “hasta tiempo indefinido”, eso es, por toda la eternidad, como reo de muerte…… a menos, claro está, que el propio Dios Altísimo interviniera y que, en su infinita misericordia hacia la descendencia del pecador Adán, eso es precisamente lo que hizo y que en las Escrituras se nos razona de la siguiente manera:

Porque tanto amó Dios al mundo (los descendientes de Adán) que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido (pues ese era el miserable final que esperaba al ser humano, sin la intervención divina), sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16). (Acotaciones nuestras).

Sustancial diferencia y algo que jamás el ser humano le podrá agradecer suficientemente a su Creador y que según las Escrituras, excede por mucho a lo imaginable para el hombre, el grado de su amor, justicia, poder, sabiduría y misericordia hacia nosotros, excelsas cualidades que siempre usa a nuestro favor (Rom. 8:28).

Pero volviendo a lo de los “rollos” mencionados, recuerden que hemos dicho que la Biblia es el conjunto de “rollos” que como un todo conforman lo que también conocemos como las Escrituras y que Jehová preparó para que nos guiaran hasta las puertas del reino de Dios; conseguido dicho objetivo, es del todo razonable que a partir del momento en que se entre en dicho espacio temporal, se nos de nueva información (la Biblia actual ya cumplido su propósito, habrá quedado obsoleta) que nos prepare para llegar al final de los mil años y enfrentar la prueba que determinará finalmente si uno accede a la vida eterna o, por el contrario, es destruido eternamente (Rev. 20:7-10). Luego los “rollos” que se nos mencionan en Rev. 20:12, no son más que una forma de “nueva biblia” que se nos dará, para que nos guie hasta la consecución de la vida eterna, como la actual nos guía hasta la puerta de acceso al reino de Dios y con las mismas consecuencias que nos deparará el final de este sistema de cosas.

Porque aquellos que no hayan aprovechado la información contenida en los “rollos” actuales para sortear los obstáculos que Satanás nos pone en el camino y poder acceder al reino de Dios, sencillamente serán destruidos en el día del juicio divino durante la “gran tribulación”…… de igual manera, aquellos que durante el reinado de mil años no se hayan preparado lo suficiente, eso es, que hayan prestado más atención a disfrutar de las bondades del paraíso y dejando a un lado el instruirse adecuadamente (más o menos y salvando las distancias, lo que hace el general de las personas hoy en día) y lo que tiene que ver con la “restauración” espiritual y fundamental para resistir a Satanás en su ataque final, serán las extraviadas por este y destruidas eternamente…… pero cuestión, como hemos señalado, que ya no depende de Jehová Dios, sino de uno mismo y al igual que ahora; pero veamos cómo se nos expone la cuestión:

Él te ha dicho, oh hombre terrestre, lo que es bueno (eso es, aquello que nos ayudará a alcanzar la meta, actualmente mediante Su Palabra, la Biblia). ¿Y qué es lo que Jehová está pidiendo de vuelta de ti (para darnos la vida eterna), sino ejercer justicia, amar la bondad y ser modesto al andar con tu Dios?” (Miq. 6:8). (Acotaciones nuestras).

Luego lo que Jehová Dios hace es poner a nuestro alcance los medios necesarios (eso es, el consejo contenido en los “rollos” y un entorno favorable, sin la interposición satánica), para alcanzar la restauración espiritual que permitirá al “personal” enfrentar a Satanás con solvencia y alcanzando con ello la tan ansiada vida eterna; ya cada uno en su libre albedrío, tendrá que decidir qué hacer con esos medios, aprovecharlos o no y algo que quedará puesto de manifiesto cuando sea soltado Satanás al término de los mil años, en los que muchos se contarán entre aquellos que serán “extraviados” (Rev. 20:8) y arrojados al “lago de fuego” o destrucción eterna, por no haber aprovechado el tiempo. No pasemos por alto el hecho y que nos habla de este peligro en el que muchos incurrirán (la desidia mostrada sobre su restauración espiritual), que la advertencia del peligro de la suelta de Satanás, nos ha sido dada casi 3.000 años antes de que se produzca dicha suelta: los casi 2.000 que llevamos desde que esta advertencia fue puesta por escrito (año 96 del primer siglo), más los 1.000 del reino de Dios hasta que se cumpla…… ¡no será por falta de tiempo!

Es cierto que alguien nos podría salir con aquello de que las cosas que se decían en el paraíso “visitado” por Pablo no eran lícitas para el ser humano y que lo que va a entrar en el reino de Dios son, precisamente, seres humanos y con lo que estaríamos en las mismas; podrían añadir incluso, que si bien la Biblia nos fue interpretada por hombres elegidos para poner a nuestro alcance su significado, lo que en ese reino de Dios sucederá con la información de esos nuevos “rollos” vendrá directamente de Dios por medio de Su Hijo Jesucristo y lo cual esta continuaría siendo inalcanzable en su entendimiento y como señaló Pablo, con lo cual quién eso dijera no estaría falto de razón. Solo que tenemos un nuevo factor que desbarata dichas objeciones: porque aquellos que sobreviviendo al período de la llamada “gran tribulación” entren con vida al reino de Dios, automáticamente les aplica el sacrificio redentor de la sangre de Cristo y con lo que les es borrado su pecado (Isa. 33:24) y que hemos dicho es la barrera que se interpone entre el Creador y su creación, el hombre…… salvada esta, el hombre ya estará en disposición de entender y aplicar en su vida esa información salvadora contenida en esos nuevos “rollos” y que, debidamente aprovechada, dará el pasaporte directo a la vida eterna.

Y todo eso, queridos amigos que nos leen, es más o menos lo que se esconde detrás de las palabras de Pablo en ese pasaje de 2 Cor. 12:1-7 y que desbaratan el disparate promulgado por algunos que se las dan de “teólogos”, en el sentido de que el paraíso prometido por Jesús al malhechor que moría a su lado, era uno que estaba en el cielo y al que (según supuesta promesa del Hijo de Dios), sería llevado dicho personaje en ese mismo día; paraíso y según dicho indoctos, que bajará al término de los mil años de gobierno teocrático en la tierra y momento en que se produciría la “restauración” de la que se nos habla en Hech. 3:20-21…… y que como salvajada no está nada mal. En todo caso y para quién así piense, la pregunta que procede es la siguiente: siendo ello así ¿cómo se explica, entonces, la existencia de un libro que gira alrededor y como elemento fundamental de dicha existencia, de ese período de tiempo y que llamamos “el reino de Dios”? Luego ¿de qué restauración a ocurrir en el momento del regreso de Cristo a la tierra, se nos habla en Hech. 3:20-21?

Bien, lamentando no tener la suficiente capacidad para hacer más correcta y con ello más entendible nuestra exposición (¡algo tendrá que poner la “parroquia” de su parte!), aquí lo dejamos nosotros y quedamos a la espera que alguno de entre esos “genios” de la teología que proponen dicho planteamiento, nos respondan a esas cuestiones…… si es que pueden ¡claro!

MABEL


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