lunes, 22 de marzo de 2010

“...... y hagan discípulos…” ¿hasta cuando?

Cuando Jesús estuvo por primera vez aquí en la tierra y momentos antes de ascender a los cielos, dio el siguiente mandato:

Vayan, por lo tanto y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos………” (Mat. 28:19).

Es aceptado por la inmensa mayoría de doctos y entendidos, que en ese momento, se ponía en marcha una única obra que tendría que extenderse, hasta llegar a los tiempos de la conclusión del sistema de cosas. Lo que ocurre, es que cuando uno analiza detenidamente lo que nos dicen las Escrituras, la cosa no parece estar tan clara. Porque veamos que se nos dice en Mat. 24:14:

Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

Luego se nos está hablando de algo que tenía que ocurrir en un futuro y que nada tenía que ver, por tanto, con la predicación que se llevaba a cabo en tiempos de Jesús y cuando se produjeron las citadas palabras. Corrobora dicha afirmación, el hecho que el fin al que Jesús hacía referencia en ese momento, no llegó en ese entonces. Además, tengamos en cuenta, que fueron dichas en el contexto de unos hechos que se producirían en un futuro distante, en respuesta a una pregunta de los discípulos y que se según leemos en el libro de Revelación, tendrían lugar como parte de los hechos por ocurrir dentro de la última semana de Dan. 9:27 (semana en la que por cierto aún no hemos entrado), luego dicho evento continúa todavía en el futuro. Concretamente y si no entendemos mal (que todo podría ser), antes del sonar de la séptima trompeta. En la Revelación, a Juan le fue dicho lo siguiente:

Y me dicen: “Tienes que profetizar de nuevo respecto a pueblos y naciones y lenguas y muchos reyes.” (Rev. 10:11).

Lo primero que tenemos claro entonces, es que si hoy se estuviera continuando con aquella predicación original, no sería necesario iniciar otra obra de predicación en un futuro ¿no es cierto? Y ello nos lleva a una conclusión: en primer lugar, es que si hay que iniciar una segunda predicación, es que la primera terminó en algún punto de la historia y lo cual también nos llevaría a preguntarnos, en segundo lugar, cual fue el objetivo de dicha primera predicación. Porque de lo que estaríamos hablando, como ya hemos dicho, sería de dos obras con distintos objetivos y finalidad.

Para intentar responder a esas preguntas, centraremos nuestra atención en el siguiente pasaje que tiene lugar durante la apertura del quinto sello del capítulo seis de Revelación:

Y a cada uno de ellos le fue dado un vestido blanco; y se les dijo que descansaran todavía un poco de tiempo, hasta que se completase el número de sus consiervos y sus hermanos que también habían de ser muertos como ellos.” (Rev. 6:11).

Luego según entendemos aquí y para el tiempo del fin, o sea en nuestros días, aún quedaba pendiente de completar un número o cantidad determinada de aquellos que, según nos indica el contexto, tenían que configurar, junto a Jesucristo, el gobierno del reino. Y lo cual nos indicaría que esa era la finalidad de la predicación que inicio Jesús: la recolección de aquellos que fueran merecedores de tal privilegio y que por alguna razón, fue interrumpida y pospuesta su conclusión, hasta el fin de los tiempos. Recordemos que se trataba de los que formaban parte de las primicias (Rev. 14:4), tomadas de la tierra y eso nos dice dos cosas: por una parte, si habían primicias y que aún no se ha completado su recolección, evidentemente habría también una segunda cosecha (todavía por aparecer) de personas que si bien no tendría acceso a los mismos privilegios de los primeros, sin embargo, ahí estarían gozando también del favor de Jehová (Rev. 7:9; 14-16). Y por otra parte, que se trataba de una clase evidentemente preparada y escogida para una comisión en particular.

Tengamos en cuenta, que fue a Juan que se le dijo “que tendría que volver a profetizar” lo cual nos indica, puesto que es evidente que Juan no podía cumplir con aquella comisión por razones obvias, que ello tenía que significar que en el momento señalado, aparecerían personas con idénticas características en cuanto a atributos y poderes, como los que caracterizaron a los primeros discípulos de Jesús y que les llevó a poder desempeñar cabalmente la asignación encomendada. Tengamos en cuenta también, que estamos hablando de una predicación persona a persona, dado que nadie tiene que quedar en ignorancia de la voluntad del Creador de ofrecer la posibilidad de salvarse a todo aquél que lo desee, del juicio a este mundo inicuo. Recordemos que esa predicación se extenderá por toda la tierra habitada, lo cual implica una gigantesca obra y que tendrá que efectuarse con rapidez, dada la premura de los tiempos.

En el Plan Divino, hay muchas y distintas etapas y con Jesús aquí en la tierra, se cerró la que tenía que ver con el descendiente legal que tenía que heredar “el trono de David su padre.” (Luc. 1:32). Luego la etapa que habría de seguir a continuación, tenía que ver con la elección de los miembros acompañantes de Jesús en dicha gobernación real; y eso es lo que vino a hacer él, entre otras muchas cosas. Y que ello es así, lo prueba el hecho de que desde el libro de Romanos hasta el libro de Judas y en las introducciones a esas cartas, o durante su desarrollo, solo se hace referencia a aquellos a los que se califica como los llamados; o los elegidos; o escogidos; a los que están en unión con Cristo o los llamados a ser Santos. Todo ello nos muestra que se nos está hablando de un grupo en especial, ya que no sería razonable que de haber habido miembros de las dos condiciones, o sea elegidos y no elegidos, se hubiera relegado a estos últimos a no ser siquiera mencionados.

Al principio hemos hablado acerca de la creencia generalizada de que a ese privilegiado grupo de los elegidos, pertenecen todos aquellos que desde los tiempos de Jesús en adelante y habiendo sido bautizados en su nombre, ya han sido ungidos con Espíritu Santo, declarados como Hijo de Dios, en consecuencia hermanos de Cristo y por tanto, coherederos del Reino con Él. Y para mayor inri y como colmo del disparate, los hay que además incluyen en el lote, a los notables del AT, como Abrahán, Jacob, David, etc., etc., por si acaso éramos pocos. Pero es que de ser eso así, como dicen los defensores de tal enseñanza, se producen algunos contrasentidos. En primer lugar, que quedarían como carentes de significado las palabras de Rev. 6:11, citadas con anterioridad, en el sentido de que queda pendiente por completar un número o cantidad, sea la que sea, pero que no obstante y a tenor de la fraseología empleada, un número perfectamente delimitado. Porque de ser cierta, dicha errónea creencia, más que de completar algún número o cantidad concreta, estaríamos hablando de un proceso continuado de distintas incorporaciones hasta el final de los tiempos y entraran, cuantos sean los que entraran, luego nada que completar...... entonces ¿qué significado tendría ese texto?

Otra de las incongruencias que se producirían, es la siguiente: si ello fuera como nos dicen, la cantidad resultante de cogobernantes con Cristo sería casi infinita, o como dice algún estudioso: “millones, miles de millones” de componentes. Sin embargo, dicha posibilidad chocaría frontalmente con unas palabras que pronunció Jesús, dirigiéndose a sus discípulos más allegados y haciendo referencia a los que con él tenían que gobernar:

No teman, rebaño pequeño (manada pequeña, según versiones) porque su Padre ha aprobado darles el reino.” (Luc. 12:32). (Acotación nuestra).

Luego si no entendemos mal, era Jehová quien había dispuesto el arreglo de dar el Reino o el gobierno del mismo, a un grupo de reducido tamaño. Y es digno de destacar, que los seguidores y por demás, divulgadores de dicha disparatada idea y que faltaría más, todos ellos se creen ungidos y por tanto, escogidos para tan alto privilegio, huyen de ese texto como el gato del agua caliente. Porque de ninguna manera son capaces de explicarnos, según su opinión, que quiso decir Jesús con esas palabras; y si en todo caso alguno se atreve, retorciendo dicho texto con una cantidad de argumentos tales, para que diga lo que no dice y alejándose por tanto, de la sencillez de lo expresado por Jesús. Por lo tanto, deberíamos pensar que aquella primera predicación, llegó a su fin cuando el objetivo fue parcialmente cumplido y que como hemos leído, se tendría que esperar a un futuro lejano, para completar el número de ese rebaño pequeño, fuere cual fuere su número total.

Entonces y puesto que en Rev. 7:1-8 y 14:1-3, Jesucristo reveló a Juan que 144.000 israelitas espirituales han de ser coherederos con él en el reino celestial, ¿no estableció así un límite para el número de personas que habrían de ser bautizadas como discípulos suyos, en ese tiempo? Y ya sabemos que esos dos pasajes levantan ampollas, pero que quieren que les digamos, eso es lo que está escrito en la Biblia y no otra cosa, como intentan hacernos creer los “entendidos” en la materia. Respondiendo por otra parte a la pregunta formulada, vemos que no necesariamente se había de completar ese número, porque en Mat. 28:19-20, él no le puso límite al número, sino que dijo simplemente: “Vayan y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos..….” Ciertamente él podía saber y sabría, cuándo detener el bautismo de aprendices, alumnos o discípulos de él, como quieran llamarles, porque él es el un solo Maestro de ellos y sabría cuándo tendría la cantidad de ellos que quisiera para acomodarlo a su propósito y reservando un resto, que tendría que aparecer en los tiempos finales para la gran predicación pendiente. Con lo que evidentemente concluiría temporalmente la primera gran predicación, cuyo objetivo y como hemos visto, era la composición del grupo de miembros cogobernantes del Reino. En consecuencia, sus seguidores obedientes solo podían continuar haciendo y bautizando seguidores de él mientras él lo permitiera...... ¿y hasta cuando parece haberlo permitido? Veamos.

Para mediados del siglo I d.C., ya la joven e incipiente congregación cristiana, empezó a sufrir los primeros embates de la apostasía, solo refrenados por la autoridad moral que ejercían los apóstoles de Jesús. Aquellas jóvenes congregaciones se enfrentaban a las fuertes corrientes filosóficas griegas, emanadas de Platón, casi cuatro siglos antes y que iban aumentando, a medida que disminuía la fuerza restrictiva de los mencionados apóstoles y que tenía como consecuencia, un número cada vez más notable de deserciones. Ya con la muerte de Juan, el último de ellos casi en el año 100 E.C., llegó temporalmente a su fin la comisión dada por Jesucristo o al menos, eso es lo que nos dice la lógica; la citada apostasía tomó auge y ya para mitad del siglo segundo, poco o nada quedaba de la adoración verdadera. Luego en estos días que estamos viviendo, continuamos entre ese momentáneo parón y la conclusión final de dicha comisión, a seguir por otra de distinta naturaleza u objetivo.

Y una vez completado ese número determinado (el que sea) con la aparición del resto ungido aún pendiente ¿qué sería lo último por aparecer? Pues evidentemente, los primeros súbditos de este gobierno del reino y que serán recogidos mediante la predicación anunciada en Mat. 24:14, o sea, la segunda gran predicación. Luego vemos que nada tiene que ver su finalidad, con la de la primera: son dos objetivos totalmente distintos. Ya no es para escoger a personas con vistas a ser adoptados como Hijos por Dios y herederos del reino en calidad de gobernantes, sino que lo que aquí se estará dando inicio, será a recoger a aquellas personas que heredaran el reino en calidad de súbditos o gobernados y de las que se nos habla en el pasaje acerca de las ovejas y las cabras, citado en Mat. 25:31-46. Leamos un texto de ese pasaje:

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.” (Verso 34).

Erróneamente, la mayoría de los “entendidos” en la materia, afirman que esas palabras aplican a aquellos que tienen que gobernar con Cristo, lo cual no solo es un error de interpretación, sino una manifiesta incapacidad para leer correctamente lo que se relata en ese pasaje y discúlpennos esta muestra de sinceridad. Pero veamos dos puntos por los cuales, eso de ninguna manera puede ser así.

El primero de ellos, tiene que ver con la siguiente cuestión: la razón por la cual estas personas han sido bendecidas por el Padre Celestial, se nos muestra en las palabras que siguen a ese texto. En ellas, Jesucristo hace mención a determinados actos realizados en su favor por parte de ellas y a lo cual esas personas, asombradas, le responden preguntando, cuándo ellas le han hecho esas cosas a él. Vean la respuesta:

Y en respuesta el rey les dirá: “En verdad les digo: Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron”.” (Verso 40).

Luego lo que queda aquí claro y según nuestro entender, es que no se está hablando del mismo grupo de personas: unos son los hermanos de Cristo y otros, los que son encomiados y premiados, por lo que hicieron a los primeros. Luego obviamente, repetimos, no pueden ser lo mismo, sino que estaríamos hablando de dos grupos distintos. Difícilmente uno puede ser encomiado y premiado, por lo que se ha hecho a sí mismo ¿no es cierto?

El segundo punto, tiene que ver con las palabras: “…... preparado para ustedes desde la fundación del mundo.” (Verso 34b). ¿Y qué es lo que Jehová había preparado y con qué propósito?; analicemos detenidamente estas palabras. El propósito de Jehová tiene que ver con el restaurar las cosas como estaban al principio de su creación, en los tiempos felices de Adán y Eva en el paraíso (Hech. 3:21); y para eso fue que Jehová, estableció el arreglo del reino: para restaurar a la humanidad a la perfección de la que un día gozaron nuestros primeros padres...... luego ¿para quién realmente “preparó” el reino? Para los hermanos y cogobernantes con Jesucristo, evidentemente no, pues estos ya resucitan con vida perfecta e inmortal y no tienen ya necesidad de ninguna restauración, sino que ellos mismos forman parte de dicha “preparación” como gobierno bajo Cristo y que reciben la comisión en su calidad de reyes y sacerdotes, de ayudar a la humanidad caída a alcanzar la perfección durante el reinado milenario. Todo ese arreglo del que ellos forman parte, fue preparado para otros. De ahí, las siguientes palabras de Jesús, dirigidas a aquellos que con él tenían que gobernar:

Entonces Jesús los llamó a todos y les dijo: “Ustedes saben que los que gobiernan a los pueblos se portan como sus amos y que los grandes señores imponen su autoridad sobre esa gente. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. 27 Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. 28 Yo, el Hijo del hombre, lo hago así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para dar mi vida por la salvación de muchos”.” (Mat. 20:25-28).

Entonces, repetimos, ¿para quién fue “preparado” dicho reino, gobernantes incluidos? Pues evidente que para aquellas personas que reciben, por su actitud, el beneplácito divino para sobrevivir a la Gran Tribulación final, así como a aquellos que de forma progresiva y durante el milenio, irán resucitando y recibiendo los beneficios restauradores de dicha gobernación, auspiciada por nuestro Creador. Otra cosa no se entiende, muy a pesar de lo que puedan afirmar otras líneas de pensamiento.

Y así más o menos, es como son y serán las cosas, a nuestro entender. Probablemente una buena idea, quizás no del todo bien desarrollada. Pero en fin, ahora ya les toca a ustedes, queridos lectores, comprobar mediante su propia traducción de las Escrituras, en cuanto si realmente las cosas son así como se las contamos...… o no. Y ya saben, si en algo nos hemos equivocado y tienen a bien hacérnoslo saber, se lo agradeceremos infinito.

MABEL

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